Goku pensó en un principio que Chichi no se lo decía en serio. Pero cuando se abalanzó sobre él, tuvo que esquivarla y lo hizo a duras penas. Chichi se lanzó contra él como si estuviera poseída y Goku tuvo que hacer esfuerzos para esquivarla. Se movía como una centella.

— ¿Qué te pasa? — Preguntó, cuando finalmente atrapó su puño en el aire.

— Calla y pelea. — Gritó, haciendo un quiebro para darle una patada que le lanzó contra la montaña.

Goku se incorporó, comprobando que la figura de su cuerpo había quedado marcada en la montaña. No recordaba que nadie le hubiera pegado tan fuerte nunca, a excepción de Freezer, quizá. Estaba estupefacto, pero al mismo tiempo, no podía evitar que una sonrisa tonta le apareciera en el rostro.

— Está bien… Aún no entiendo qué está pasando, pero lucharé contigo, Chichi.

Esta vez fue Goku el que se lanzó contra la mujer, y fue de forma inconsciente, probablemente debido a su nueva maquinaria, que pudo reaccionar y contraatacar. Goku y Chichi empezaron a elevarse por encima del lago mientras intercambiaban golpes.

El agua temblaba y los peces huían aterrorizados mientras la pareja iba ganando en intensidad durante la batalla. Hacía años que Chichi no se sentía tan viva. Y lo sintió aún más cuando empezó a sentir que estaba dominando la batalla y, con un poderoso envite, arrojó a Goku contra el lago.

— Chichi… eres increíble. — Goku respiró pesadamente cuando salió del agua. — No sé qué te ha pasado, pero…

— No hemos terminado. — Insistió Chichi. — Quiero que lo des todo.

— ¿Todo? Chichi… creo que no sabes lo que me estás pidiendo. Escucha, no quiero hacerte daño.

— ¡O lo das todo ahora mismo o te vas de casa!

Había pocas cosas en el universo que pudieran aterrorizar al Saiyan, pero, entre las pocas que podían hacerlo, y probablemente la que más, era la ira de Chichi.

Y Chichi lo sintió antes de verlo. Cuando no sólo el agua del lago, si no la tierra a su alrededor empezó a temblar. Y finalmente, el brillo dorado característico envolvió a su marido antes de cambiar su cabello y elevarse.

— ¡Maldito delincuente!

Un instinto primario se apoderó de ella. Odiaba aquella transformación. La odiaba con toda su alma. La ferocidad con la que la mujer se lanzó contra Goku fue infinitamente mayor.

Chichi en aquel momento no era capaz de ver a su marido. Estaba cegada por la ira. Se lanzó en un ataque devastador… pero Goku respondió. Los golpes cruentos entre ambos contendientes parecían haber perdido todo el atisbo de piedad.

Alguien que pudiera simplemente oír aquella batalla se estremecería ante la intensidad que provocaban aquellos golpes. Se había desatado una tormenta, y ni siquiera los relámpagos parecían detener la refriega. Chichi estaba completamente desatada.

A lo largo de los años había estado acumulando mucha frustración, y esta finalmente había estallado en una ira desbocada. El hecho de que por mucho que combatiese no se cansara no ayudaba a apaciguarla. No era consciente de si llevaba haciéndolo minutos… horas. Podría llevar días peleando y no se habría dado cuenta.

Sólo una cosa pudo poner fin a aquello, y fue ver a Goku empezar a caer. No por sus golpes, si no por otra cosa. Chichi sintió como "despertaba" de ese frenesí y descendió para recoger a su marido antes de que volviese a hundirse en el lago.

— Chichi… Mi corazón… Siento cómo… — Goku ahogó un grito de dolor, perdiendo su transformación, sin fuerzas para mantenerla.

— Es el virus que me dijo Bulma. — Razonó Chichi.

Chichi actuó deprisa y mantuvo a Goku en sus brazos, volando hasta su casa a toda la velocidad de la que fue capaz. Abrió la puerta de una patada y esta salió de sus goznes, atravesando la cocina. Gohan dio un respingo cuando vio a su madre entrar en la habitación sosteniendo a su padre, que tenía el traje destrozado por la feroz pelea que acababan de tener.

— Gohan, tráeme la medicina que nos dio Bulma. — Exclamó, apoyando a Goku en la cama. — Goku, como te mueras te voy a revivir sólo para matarte yo, ¿Entendiste?

Goku sólo emitió un quejido hasta que Chichi le dio la medicina y él pudo acomodarse mejor en la cama. Parecía que el efecto más grave estaba remitiendo.

— ¿Se pondrá bien? — Preguntó Gohan, que había observado la escena, atónito. — ¿Qué le ha pasado?

— Supongo que la enfermedad se ha manifestado por hacer un gran esfuerzo…

— ¿Un gran esfuerzo?

— Sí, tú padre y yo hemos… entrenado juntos, no le des importancia.

— ¿Has entrenado con Papá? — Gohan la miró sin entender, pues nunca había visto a su madre practicar artes marciales.

— Como he dicho, no le des importancia, hijo. — Dijo, apartando la mirada. — ¿Podrías ir a buscar los peces que había pescado tu padre? Creo que un poco de caldo le ayudará a encontrarse mejor.

— Voy. La verdad es que a mí también me apetece.

Chichi mantuvo un ojo en Gohan hasta que salió por el agujero que había dejado la puerta.

— Supongo que tendré que arreglar esto… tengo unos goznes en alguna parte, estoy segura… — Después de todo, no era la primera vez que esa puerta se rompía y, decididamente, no era la primera vez que se ponía manos a la obra para repararla.

— Chichi…

— Goku, no hagas esfuerzos. — Le reprochó.

— Entonces, acércate. — Dijo, emitiendo un gimoteo. — Quiero saber qué te ha pasado…

— ¿Ahora te preocupas? ¿Tanto te molesta que pueda zurrarte?

— Chichi… no siento tu ki…

— Eso es porque ahora soy un Androide.

— Espera… ¿Cómo 17 y 18? — Goku ahogó un quejido. — ¿Eso es lo que le pediste a Bulma?

— Sí, justamente. — Admitió. — Supongo que tiene sentido que no sientas mi ki si ahora es un motor lo que me da la energía.

— ¿Por qué has hecho eso? A 17 y 18 los creó Gero como máquinas de combate… sólo para matarme…

— Sí… máquinas de combate… eso no es distinto a lo que sois tú y Vegeta… y peor, no es distinto a aquello en lo que quieres convertir a mi hijo. — Chichi apretó los puños. — Así que, lo siento si te molesta, pero a partir de ahora voy a estar involucrada en todo este asunto. Ningún alienígena ni demonio se va a llevar a mi hijo para entrenarlo. Nadie va a apartarlo de mi lado. Voy a estar con él en cada paso del camino. ¿Tienes algún problema con eso?

— ¿Por qué iba a tenerlo? — Goku sonrió. — Me encanta…

— ¿Te encanta? — Chichi lo miró, estupefacta.

— Claro, ¿Qué esperabas?

— No sé… que estuvieras enfadado por meterme en… tus cosas. — Bufó. — Siempre tengo que quedarme aquí mientras tú haces tus locuras. Te llevaste a nuestro hijo a un planeta alienígena y ni se te pasó por la cabeza llevarme.

— No preguntaste.

— ¿Qué no pregunté?

— No, no preguntaste. — Goku trató de incorporarse, pero el dolor le hizo volver a tumbarse. — Claro que podrías haber venido. ¿Acaso crees que quiero estar separado de ti a propósito?

— A veces lo parece. — Suspiró. — Siento que sólo soy un cero a la izquierda en tu vida.

— No tenías que ser un Androide para pasar más tiempo conmigo.

— Pero sí para proteger a nuestro hijo. — Se cruzó de brazos. — De todas formas ya está hecho.

— Me encantó luchar contigo… — Chichi se sonrojó. — Pero mejor si la próxima vez no me haces creer que vas a matarme. Estaba asustado.

— ¿Tú estabas asustado? ¿De mí? ¿Con las cosas a las que te has enfrentado?

— Freezer no era mi mujer atacándome sin explicación. — Goku se rio, aunque tuvo que detener la carcajada porque le dolía el pecho.

— Lo siento… estaba frustrada y… la verdad es que… me dejé llevar.

— Puedo entender eso perfectamente.

Chichi se acercó, se inclinó sobre Goku y le dio un beso.

— Que tonto eres a veces… — Susurró.

Chichi escuchó una tos y se percató de que Gohan se encontraba en la puerta con los peces a cuestas. Se sonrojó y tosió, acercándose para recogerlos.

— Gracias, Gohan. — Susurró. — Yo me ocupo de todo, tú puedes volver a tu habitación. Tienes mucho que estudiar.

Mientras Chichi se preparaba para hacer un caldo de pescado que probablemente quitase a Goku todos los males, Vegeta se encontraba tirado en el suelo de su cámara de entrenamiento, respirando con dificultad. Le resultaba imposible superar a 17 y eso le frustraba a unos niveles que eran difíciles de calcular.

— Venga, cariño. Ya has entrenado suficiente.

Vegeta elevó a la vista para ver a Bulma, que se encontraba acunando a Trunks en aquel instante. Evidentemente, había apagado la máquina de gravedad desde fuera antes de entrar.

— Yo decidiré cuando es suficiente, mujer. — Bufó, tratando de incorporarse, sin éxito.

— No, esta vez no. — Contestó Bulma, severa. — 17 se fue hace horas y tú has seguido completamente solo. Tu cuerpo no da más de sí y ni siquiera has visto a tu hijo hoy.

— Esto no es asunto tuyo.

— Si te vas a morir es asunto mío, Vegeta. — Le espetó. — Vamos, pediré algo de comer. Siéntate en el sofá y pasa algún tiempo con tu hijo.

— A veces te odio…

— Yo también te quiero, Vegeta.

17 y 18 llevaban una buena tarde. Habían ido al cine y salido a comer. Después, habían ido de compras y 18 iba bien cargada de bolsas de diversas tiendas.

— 17… un caballero debería llevar las cargas de una señorita.

— Soy tu hermano, no tu novio. — 17 sonrió. — Si tantas ganas tienes de que carguen tus cosas deberías pedirle ayuda al bajito ese con el que sales.

— ¡No esto saliendo con él! — 18 se sonrojó mientras apartaba la mirada.

— Pues no será por falta de ganas.

— Muy gracioso, 17… verás cuando…

Ambos detuvieron su conversación cuando escucharon gritos, y una sensación de tensión los invadió. Tragaron saliva cuando vieron una marabunta de personas emerger de uno de los callejones, a gritos y empujones.

Ambos se elevaron elegantemente, evitando cruzarse en medio de la marabunta. 18, de mala gana, arrojó sus cosas a una de las azoteas y se desplazó hacia el origen del alboroto. Y lo que vio, le provocó una arcada.

Un ser que sólo podría describir como una enorme cucaracha verde estaba usando un enorme aguijón para drenar a una persona hasta dejarla reducida a la misma nada.

— Ah, esperaba tener que rebuscar con más ahínco para encontraros… 17… 18… finalmente voy a poder devoraros y alcanzar mi forma perfecta.

— 17… contacta con Bulma, necesitamos refuerzos…

— ¿Podrás ocuparte tú sola mientras tanto?

— Haré mi mayor esfuerzo. — Dijo, sin apartar las vistas de la criatura, que se tensó cuando 17 salió volando. — ¿Quién se supone que eres tú?

— Soy Cell… un bioandroide diseñado por el Doctor Gero.

— Bulma me habló sobre ti. Me dijo que Vegeta había acabado contigo.

— Fascinante… esta línea temporal es muy distinta a mi lugar de origen…

— Entonces… eres del futuro… — 18 recordó vagamente la conversación que había tenido con Bulma y la versión futura de su hijo.

— Eres inteligente, 18. Espero hacer buen uso de ese cerebro cuando formes parte de mí.

— No estoy interesada, gracias.

— Y yo no te estaba pidiendo permiso.

18 había descuidado sus entrenamientos. Por eso, cuando Cell se lanzó en su contra, no lo vio venir. Fue 17 el que interceptó el golpe y sostuvo a sólo unos centímetros de su hermana. La rubia emitió un suspiro de alivio, pero no sé relajó.

— Si quieres absorbernos vas a tener que esforzarte más, Cell. — Bufó 17.

— ¿Qué hay de esos refuerzos? — Preguntó 18.

— En camino.

— Bien, deberíamos sacar a esta cucaracha de la ciudad para evitar bajas.