Lazuchi era un androide, así que era imposible sentir su Ki, pero Goku tenía la impresión de que su poder debía ser impresionante. Fusión… Dos personas combinadas en una. Nunca se le habría ocurrido que se pudiera conseguir poder así. No le terminaba de convencer. Podía escuchar la voz de Chichi en el sonido mezclado que se producía cuando Lazuchi hablaba.

— ¿Y crees que ese poder será suficiente para...?

Bu no pudo terminar la pregunta. Lazuchi le dio un golpe con la rodilla en el estómago que fue suficiente para deformar su gomosa superficie. Movimiento que terminó en un quiebro que le golpeó con el pie en la cara cuando se separó.

— ¿Quién te crees que eres para dirigirte a mí con tanta ligereza? — Le espetó, torciendo su rostro en una expresión fría. — Mostrarás el debido respeto a mi perfección.

— ¿Perfección?

— Soy el culmen de la humanidad y la tecnología de la capsule corp. — Se señaló con el dedo. — La humana más poderosa del mundo. Si liberas a todos los que has absorbido ahora… quizá te permita ser parte de mi club de fans.

— Parece que la arrogancia de 18 está desatada. — Suspiró 17.

— Deberíais apartaros y dejadme trabajar. — Bufó, mirando a 17 y a Goku. — Yo me haré cargo de esto.

— Sólo porque me hayas dado algunos golpes cuando estaba desprotegido no significa que…

Lazuchi no respondió, simplemente elevó su poder y se transformó en la forma de bestia. Finalmente, Goku pudo sentir el ki de la mujer… y era descomunal. En toda su vida no había sentido un ki semejante. No es que pudiera vencer a Bu, es que podría demolerlo con absurda facilidad.

— 17… apartémonos. — Dijo Goku. —Seríamos un estorbo.

Goku detestaba dejar una batalla, pero sabía que la situación ya era bastante complicada. Si bu los absorbía a ambos estaban condenados. Su poder aumentaría aún más. Y sabía que Chichi no se lo perdonaría si se metía en medio. No cuando Gohan se encontraba en la situación en la que estaba.

Así que debía hacer lo que le correspondía… y en ese momento era confiar en su mujer… y en 18, aunque fue principalmente su conexión con Chichi lo que lo llevó a retirarse. Tenían que estar preparados. Reagruparse para lo que pudiera pasar. Buscar a su familia, porque Chichi no se lo perdonaría si no les protegía.

Lazuchi se lanzó contra bu, golpeándolo con una fuerza tremenda. La criatura no podía rivalizar con ella. La velocidad de Lazuchi, así como su impresionante poder, eran algo con lo que no podía medirse. Era terrible… estaba genuinamente jugando con él.

— ¿Sigues sin querer soltar a los que has absorbido?

— Vete al infierno.

— Muy bien, probemos de nuevo.

Lazuchi concentró su ki formando dos látigos con los que empezó a azotar a Bu, para luego restringir sus manos y usarlos como base de impulso contra su espalda, arrancándolas de cuajo y destruyéndolas después.

— ¿No? Bueno, quizá los saque yo misma si te corto en trozos… probémoslo.

La fusión elevó las manos y formó dos discos de energía que lanzó contra bu, cortándolo en rodajas como si de un pepino se tratara.

— Oh… parece que el corte Rondelle no es suficiente. — Mientras Bu trataba de recomponerse, dos discos más comenzaron a cortarlo en cortes más finos. — Probemos en Juliana… Oh… supongo que podemos pasar directamente a Brunoise.

Lazuchi estaba demostrando sus dotes culinarias en ese combate y aunque parecía que si pudiera convertir a Bu en polvo no serviría para soltar a sus víctimas… causarle dolor parecía acercarla a su objetivo.

— ¡Basta ya! — Exclamó su boca cuando le permitió reformarla. — Yo no soy ningún entrante.

— Es irónico que digas eso cuando crees que puedes convertir a tus oponentes en postres.

Detrás de la sonrisa condescendiente de Lazuchi, la furia de Chichi parecía estar ganando terreno. Combinó sus discos con los látigos, formando un Yoyo con el que estuvo torturando a su víctima durante largos minutos antes de ponerse delante de él, con el brazo extendido, cargando ki.

— Estoy segura de que puedes ver los recuerdos de las personas que te has comido… — Lazuchi se mostró severa. — Así que te lo voy a repetir una vez más… Libera a las personas que has devorado… o te haré exactamente lo mismo que Chichi le hizo a cell.

Bu pareció concentrarse por unos minutos, tratando de recordar los sucesos a través de la mirada de Gohan, y repentinamente, su rostro se convirtió en un rictus de terror. Podía ver el mismo fiero instinto asesino en los ojos rojos de Lazuchi que había visto en esos recuerdos.

— ¿Cómo sé que no me matarás en el acto si lo hago?

— Oh vamos, soy una mujer de palabra… soy perfecta… — Lazuchi, de hecho, sonaba muy parecida a Cell en aquel momento. — No te mataré. Te daré otra oportunidad… si te portas bien.

— Muy bien…

Bu lanzó un quejido. Sabía que debía hacer lo que le pedía. No es que tuviera ninguna intención de reformarse, pero si esperaba tener otra ocasión de combatir y fortalecerse. Vegeta y Gohan cayeron al suelo lentamente, como si fueran hojas de un cuaderno. Pero Lazuchi no bajó su mano.

— El otro Bu, también. — Chichi había visto bondad en él, y tenía esperanzas en eso.

— No puedes pedirme eso. Si lo libero… ya no seré yo mismo… me convertiré en otra cosa. — Bu parecía genuinamente asustado.

Pero parecía aún más asustado ante la mano de Lazuchi iluminándose con un resplandor de ki en su mano.

— Dijiste que no me matarías.

— Dije que no te mataría si liberabas a todos los que habías devorado. Cumple tu promesa y seguirás con vida.

— Si lo hago… te vas a arrepentir.

— Lucharé con ello cuando llegue el momento.

Aquello sí que fue algo drástico, algo que Bu sabía que iba a lamentar, pero el otro bu emergió de su interior, y volvió a cambiar de forma dramática. Esta vez su cuerpo encogió hasta tomar un tamaño casi infantil. En cuanto lo hizo, se lanzó directamente contra su adversaria, lanzando un ataque que Lazuchi no tardó en contrarrestar con suma facilidad, dándole un fuerte puñetazo que lo lanzó por los aires.

— Vaya, eres incluso más débil que antes… — Bufó.

Pero su sonrisa confiada se convirtió en una mueca torcida cuando aquella criatura elevó la mano y generó una devastadora esfera de energía que lanzó directamente contra el suelo. Era más que suficiente como para destruir la tierra entera. Lazuchi ni se lo pensó y se adelantó para retenerla. Se veía con fuerza, podría retenerla, incluso devolverla. Pero entonces… ocurrió.

Un segundo, Lazuchi estaba sosteniendo esa esfera con una sola mano… y al siguiente, Chichi y 18 estaban haciendo un enorme esfuerzo por contenerla… sin éxito. Su poder combinado era arrollador, muy superior a su poder por separado. Y además, ambas se encontraban agotadas.

— Goku… — Susurró Chichi.

— ¡Chichi, apártate! ¡Esa cosa va a matarte!

— Lo sé… — Susurró. — Pero no te preocupes por mí… usa el tiempo que te estoy dando… salva a nuestros hijos, por favor.

Chichi podía sentir cómo el suelo bajo sus pies se quebraba. Pero ni ella ni 18 iban a ceder. Su camino estaba decidido. Chichi sonreía. Porque su hijo estaba vivo. Su hijo estaba a salvo.

— Te traeré de vuelta lo antes posible. — Respondió Goku.

— Más te vale… si no lo haces, te rondaré como un fantasma.

Chichi cerró los ojos cuando escuchó el sonido de la transmisión instantánea producirse. Los Kais se habían llevado a los presentes. Se dejó ir. La enorme esfera la atravesó, las consumió a 18 y a ella… y entonces… llegó la oscuridad.

Goku se encontraba en el mundo Kaioshin, junto al resto de combatientes, Goten y Gine, que lloraba a moco tendido. Había podido salvarlos antes de que el planeta fuera destruido. A todos salvo al otro bu, que debía haber sido consumido junto al resto. Chichi había sido clara. Salvar a sus hijos había sido la máxima prioridad, el resto había sido secundario.

Pero no tuvieron demasiado tiempo para reponerse. Después de Shin los curase, Bu apareció de nuevo en el planeta. Pero esta vez, Goku no estaba de humor. Completamente recuperado, se transformó directamente en Super Saiyan 3 y se lanzó contra él.

— ¡Has matado a Chichi, desgraciado!

Pero si Bu no había tenido suficiente con aquella paliza, Gohan, Vegeta y 17 no tardaron en sumarse. Aquella criatura acababa de quitarle a todos ellos a alguien. Sus familias, su mundo había sido destruido. No fue un combate divertido, no fue una batalla en la que los Saiyans y el androide disfrutasen. Al contrario, fue una auténtica paliza coreografiada para asegurarse de acabar con el enemigo. A fin de cuentas, Goku estaba seguro de que era lo que Chichi habría querido.

Bu acabó atrapado en el suelo, bloqueado por la magia de Shin. No podía retenerlo mucho tiempo, pero sí suficiente para que todos cargasen sus ataques. Dos Kamehamehas, un destello final y un bombardeo de potencia a máximo poder golpearon a Bu en un solo envite y lo destruyeron por completo. No quedó ni una sola partícula de la que pudiera regenerarse.

Mientras tanto, Chichi sentía que caía en la más absoluta oscuridad. Cuando volvió a abrir los ojos se encontraba en un gran salón, siendo observada por un hombre que debía medir… al menos como un edificio.

— Confieso que no era así como me esperaba el otro mundo. — Dijo, elevando la vista hacia el halo que había sobre su cabeza.

— Muy bien, tú vas al cielo. — Le adjudicó el Rey Enma. — Y no ocupes más espacio… tengo todo un planeta de gente que distribuir.

— Pero…

Chichi sabía algunas cosas sobre el otro mundo por las historias que Goku le había contado, pero no estaba preparada. Para ver todo aquello. Estaba confundida.

— ¿No podría continuar entrenando con el Kaio del norte?

Chichi sabía que Goku no tardaría en revivirla, y por eso pensaba entrenar. Si fuera a permanecer muerta, no pasaría la eternidad volviéndose fuerte, pero quería estar preparada para la siguiente amenaza, porque sabía que llegaría. Y su familia estaba viva, así que tampoco podía pasar el tiempo con ellos.

— Si quieres ir al camino de la serpiente, es en esa dirección. — Dijo, señalándola. — Como te dije, tengo mucho trabajo.

— Está bien, pero te agradecería que le indicases el camino a 18 cuando llegue, por favor.

Chichi estaba dispuesta a encaminarse hacia el planeta del Kaio, cuando una explosión la sacó de su ensimismamiento. Sabía que la puerta al otro mundo estaba saturada, pero… ¿Explosiones? Su tensión no hizo más que aumentar cuando se percató de que todo parecía estar empezando a transfigurarse. El paso y el infierno estaban empezando a llenarse de cristales de colorines.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Estaba segura de que Goku ya se habría ocupado de Bu, su corazón se lo decía. Pero quizá aquella criatura hubiese llegado al otro mundo y hubiera encontrado la forma de causar el caos. Ni se lo pensó antes de volver a ponerse en camino.

Al menos estaba vestida con la armadura de combate. Aún se lamentaba por haberse enfrentado a Bu con uno de sus vestidos… quizá las cosas hubieran sido distintas si no hubiera sido así. Aterrizó sobre la recepción, y se dio cuenta de que permanecía atrapada en una de aquellas burbujas. No eran dulces como los de Bu, eran cristales genuinos.

Y entonces lo vio. Una enorme criatura amarilla, un monstruo redondeado y que parecía tener cañones en el estómago. Chichi se preparó. Estaba más que dispuesta a lanzarse al combate. No dudó y se lanzó contra él. La superficie de la criatura fue elástica como la goma y salió rebotando en dirección opuesta.

— ¡Janemba! — Exclamó el monstruo. ¿Sería su nombre?

Pero Chichi tenía otras preocupaciones. Algo andaba mal. Se sentía… extrañamente cansada. ¿Cansada? Pero si ella no podía cansarse. Y le dolía el pecho. Tenía que terminar con aquello deprisa. Así que decidió transformarse.

Acumuló su Ki… y nada ocurrió. Janemba volvió a centrar su atención en ella, se lanzó en su dirección, y la lanzó por los aires de un solo puñetazo. Rebotó contra uno de los cristales y se desplomó, bajando hasta el infierno. Se sentía… débil. Muchísimo más débil de lo que se había sentido en años.

¿Acaso estaban fallando sus componentes internos? ¿Sería debido a la fusión? ¿A su muerte? Cuando estuviera viva de nuevo… y cuando Bulma lo estuviera, podría consultarlo con ella. Pero, decididamente, en aquel momento estaba perdida.

Si no podía acceder a su poder, no tenía nada que hacer. Era demasiado lenta. Janemba la golpeaba y la lanzaba por los aires. Era una pesadilla. Volvía a sentirse como aquella mujer que se quedaba en casa en el monte Pazou sin poder hacer nada. Y lo odiaba. Odiaba aquella sensación de impotencia. No podía soportarla. No quería volver a vivir eso nunca más.

Estaba tirada en el suelo, esperando que aquella criatura volviera a atacar… cuando vio algo. Una esfera de luz que se encontraba sobre ella. Y entonces, un rugido primitivo la hizo temblar. Se incorporó, y vio algo que la dejó patidifusa.

Había dos monos gigantescos frente a ella, posicionándose en posición de combate contra Janemba. Ella había oído hablar de aquella transformación. La forma que los Saiyans adoptaban cuando la miraban a la luna. Sabía que Goku e incluso Gohan eran capaces de adoptar esa transformación, pero nunca la había visto por sí misma. Estaba segura, por los halos de las cabezas, así como por las armaduras Saiyan que llevaban, de que esos dos monos no eran su marido y su hijo.

Pero el ki se sentía… extrañamente familiar. Chichi no podía evitar preguntarse… quienes serían… y ¿Por qué estaban allí? ¿Acaso intentaban ayudar? Porque necesitaba un milagro.