Por suerte, la intuición de chichi había sido correcta. Los dos Ozarus estaban centrados en Janemba, así que puedo aprovechar ese momento para… sentarse y no hacer nada. La frustración era absoluta. Pero el dolor en el pecho estaba desapareciendo. No. Se negaba a permanecer inactiva.

Entrecerró los ojos y meditó. Su motor no parecía estar funcionando, pero aún podía usar su propia energía aún si no era capaz de usar la forma de bestia. Lanzando un grito de batalla, se unió a los luchadores gigantes en la contienda.

Los Saiyans no estaban actuando en una ira desbocada como sabía que ocurría con Goku y Gohan. Al contrario, estaba actuando de forma coordinada, moviendo sus enormes cuerpos con tino y atacando con ondas de energía. Incluso estaban hablando con una voz rasposa.

— ¿Tenéis algún plan? — Preguntó, cuando se aproximó a ellos.

— Sólo desgastarlo hasta que no se levante.

A Chichi le sorprendió escuchar una voz femenina emergiendo del gran mono. Ella simplemente asintió y comenzó su asalto. Janemba era enorme… y eso le daba una ventaja. Mientras los simios golpeaban teniendo un tamaño superior a la criatura, ella podía lanzarse y golpear como una aguja, presionando puntos concretos de la anatomía de Janemba para agotarlo.

El plan parecía estar funcionando relativamente bien… hasta que la criatura empezó a temblar y cambiar de forma, encogiendo hasta adoptar un aspecto distinto, mucho más amenazador. Lanzó un potente grito y ambos ozarus salieron en direcciones opuestas. Chichi también recibió el impacto y no pudo contrarrestarlo.

Pero lo peor fue que, al elevar la vista, se dio cuenta de que la esfera de luz había desparecido. Pudo ver a ambos Saiyans retirándose y los siguió, manteniendo un perfil bajo. Una vez más, se sentía cansada. ¡Maldita sea! No tenía ni la menor idea de cuanta energía desperdiciaba. Normalmente no tenía un límite y podía abusar de ella sin miedo, incluso cuando entraba en forma de bestia y sus motores se apagaban tardaba menos en cansarse.

Se encontró con los saiyan en una estructura formada por esferas plagadas de espinas, similares a erizos de mar. Iba a presentarse, pero se quedó congelada cuando se aproximó y vio a la mujer atender las heridas del varón. Su rostro se mostró terriblemente confuso mientras lo miraba a él.

— Goku… — Dijo, en un susurro.

El hombre alzó la vista y la miró. Era la vida imagen del padre de sus hijos, a excepción de una cicatriz en su mejilla izquierda, que parecía llevar mucho tiempo allí.

— ¿Qué?

— Es… el nombre de mi marido. — Respondió Chichi, volviendo a la realidad. — Eres igual que él…

— ¿Es un Saiyan? — Preguntó él, moviendo su cola nerviosamente. — Dicen que todos los Saiyan de bajo rango nos parecemos.

— Sí, es un Saiyan pero…

— Bardock, no hagas movimientos bruscos. — Respondió la mujer. — Te abrirás la herida.

— Gine…

— ¿Te llamas Gine? — Los ojos de Chichi se abrieron aún más… eran demasiadas coincidencias. — Es el nombre de mi hija… Goku lo pronunció una vez, en sueños.

— Bardock… — Gine lo miró firmemente a los ojos. — ¿Crees que…?

— ¿Qué esta terrícola tenga que ver con Kakarot? — Bardock iba a añadir algo más, pero Chichi le interrumpió.

— Así es como Vegeta llama a Goku.

— ¿El Rey Vegeta? — Preguntó Gine.

— El príncipe, en realidad.

Bardock se puso en pie, ignorando sus heridas, y la tomó por los hombros.

— Entonces… ¿Eres la esposa de Kakarot?

Gine tenía una gran sonrisa en los labios.

— Raditz dijo que Kakarot tenía un hijo, ¿Recuerdas?

Chichi se tensó ante la mención del nombre de su cuñado. No lo había visto en persona, pero nada de lo que había oído sobre él le daba buena espina.

— ¿Él está aquí, también?

— No. — Gine suspiró. — Temo que él… debe haberse reencarnado. Decían que no tenía redención posible y… no quería seguir aquí, no tenía motivo.

— Mentiría si dijera que quiero verle. — Reconoció Chichi. — Secuestró a mi hijo y mató a mi marido.

— Kakarot… — Bardock estaba tenso. — ¿Él también murió? ¿Está en el cielo?

— No. Él está vivo. Resucitó con las bolas de dragón. — Chichi suspiró. — Le hice prometer que salvaría a nuestros hijos.

— Entonces… Kakarot tiene… ¿Dos hijos? ¿Y una de ellas es una niña con mi nombre? — Gine sonaba emocionada.

— Tres. Tenemos tres hijos. Gohan, Goten y Gine. — Chichi los echaba mucho de menos. — Pero dudo que vuelva a verlos si no acabamos con esa cosa.

— Supongo que por eso estamos aquí. Para eso nos han devuelto nuestros cuerpos. — Bardock pensaba en voz alta. — Para proteger el futuro que Kakarot ha construido.

Gine miró a Bardock. Desde que ambos habían muerto, juraba que no lo había visto sonreír. No había tenido un objetivo como aquel. Uno que ambos compartían. Kakarot estaba vivo, tenía una familia y podían hacer algo para ayudarle.

— Pero no creo que podamos vencer a esa cosa. — Suspiró Gine. — Ni siquiera con nuestra forma de Ozaru éramos rival para él.

— Y yo no puedo acceder a mi forma de bestia. — Bufó Chichi. — Estoy segura de que, si pudiera, tendría una oportunidad… pero mi cuerpo… no me responde.

— ¿Forma de bestia? ¿Los Terrícolas pueden transformarse?

— Normalmente no. — Reconoció Chichi. — Yo soy un caso especial… soy un androide, mejorada con partes mecánicas… pero ahora no funcionan… y me falta poder para acceder a esa forma o usarla.

— ¿Se os ocurre alguna otra idea? — Preguntó Bardock. — No soy ajeno a derrotar a rivales más poderosos que yo… pero la brecha de poder es demasiado grande.

— Supongo que no podréis transformaros en super Saiyan, ¿Verdad? — Preguntó Chichi. — Eso sería muy útil.

— ¿Un Super Saiyan?

— ¿Cómo en las leyendas? — Preguntó Gine.

— ¿Cómo conoces esa leyenda? — Bardok elevó la ceja. — No me estarás diciendo que Kakarot es el legendario Super Saiyan.

— Goku… Vegeta… — Chichi empezó a contar con los dedos. — Gohan, Goten… probablemente Trunks, aunque no lo he visto yo misma… Y estoy convencida de que Gine también será capaz con tiempo.

— ¿Tantos super Saiyans? — Gine abrió mucho los ojos, visiblemente sorprendida. — ¿Cómo es posible?

— Bueno, Goku fue el primero. — Chichi se cruzó de brazos. — Dijo que la clave era la ira, la desesperación. Que esos sentimientos despertaron el poder latente en él. La forma de bestia que yo uso no es muy diferente. Quizá pueda ayudaros. El poder se multiplica en ese estado. Quizá si os transformarais, tendríamos alguna posibilidad.

— Tampoco tenemos otro plan. — Dijo Gine. — No creo que podamos generar otra luna artificial, y puede romperla igual que la primera.

— Ya viene hacia aquí. — Chichi se tensó. — Tenemos que luchar… no importa cómo. Si no acabamos con él, destruirá la realidad entera. Cielo, infierno… y luego el resto del universo.

— Lucharemos por Kakarot. — Sentenció Gine. — Luchar no es mi fuerte, ni es de mi agrado, pero…

— En eso somos iguales. — Reconoció Chichi. — Pero entiendo mejor que nadie cuando se lucha por un hijo. Todo esfuerzo es poco para proteger algo tan preciado.

Gine y Chichi se miraron, sonriendo con un entendimiento mutuo. Salieron fuera, donde Janemba les estaba esperando. Probablemente no tardase mucho más en destruir el lugar en el que se encontraban de todas formas.

Bastó un primer acercamiento para confirmar que, en términos de poder, no tenían ninguna posibilidad. Janemba los superaba ampliamente. Pero… no se rindieron. Porque eran la última línea de defensa. El cielo estaba congelado. ¿Quién iba a ayudarlos en el infierno? ¿Freezer? ¿Cell? Chichi, decididamente, no soportaría tener que volver a ver al segundo.

La paliza continuó. Y los Saiyan estaban mostrando mucha más entereza de la que uno esperaría. Bardock usó toda clase de trucos sucios. Fintas extrañas, mordiscos… le arrojó arena a los ojos al adversario… y toda otra serie de trucos que harían que Goku se ofendiese en una pelea… y, sin embargo, lo que provocó que retrocediera, fue lo más inofensivo de todo.

— ¡Maldito Bastardo!

Janemba había permanecido inalterable durante toda la pelea. Pero en el momento en el que Bardock le insultó, emitió un quejido y un grito de dolor emergió de entre sus labios.

— ¡No me jodas! — Exclamó Chichi.

Aquello provocó que Janemba se estremeciera.

— ¡Escoria! ¡Engendro! — Gritó Gine.

Fue contra ella contra la que Janemba atacó, arrojando un ataque formado por miles de agujas que la golpearon y la empujaron varios metros hacia atrás.

— ¡Cobarde!

Bardock lanzó un grito y se lanzó contra Janemba. Su aura se había tornado dorada y su pelo había tomado el mismo color. Era la transformación que Chichi también conocía y que tanto había criticado por su aspecto criminal. Nunca se había alegrado tanto de ver un Super Saiyan. Bardock comenzó a golpear mientras gritaba insultos sin parar. Chichi se acercó a Gine y la ayudó a sentarse sobre una roca.

— ¿Estás bien?

— No estoy mal para estar muerta. — Gruñó un poco. Sangraba, pero poco. Las agujas mantenían todo en su lugar. — Ayuda a Bardock…

Gine comenzaba a desvanecerse.

— Tengo que volver… supongo que ya he disfrutado suficiente de mi cuerpo. — Bajó la cabeza. — Dile a Kakarot que…

— No. — Replicó Chichi. — Y quiero que me prometas que ni tú ni Bardock os reencarnaréis como hizo Raditz.

— ¿Por qué? — Preguntó.

— Porque me aseguraré de que lo que quieras decirle, se lo puedas decir tú misma. — Chichi la miró con determinación. — Verás a tu hijo, con tus propios ojos. Te lo prometo.

— Me gustaría ver en la clase de hombre que se ha convertido. — Gine sonrió antes de que su espíritu volviese fundirse con el éter.

Chichi lanzó un grito y su aura se intensificó. Su cabello volvió a teñirse de aquel hermoso color plateado que tantas veces había aparecido en las portadas de las revistas de moda aquellos años. Hacía mucho tiempo que Chichi no recordaba lo importante que aquel poder era para ella, lo mucho que lo necesitaba.

Se lanzó a la batalla. Pronunciando unas palabras que jamás confesaría a su hija que había dicho. Todas y cada una de las faltadas y terribles impertinencias que se le ocurrieron surgieron sin parar durante su ataque combinado con Bardock. El Saiyan no era Goku, pero si había algo que Chichi sabía era que la mejor forma de llegar al corazón de un Saiyan era a través del combate. Sentía que conocía a Bardock mucho mejor después de que, al grito de uno de los insultos más terribles que cualquiera de los dos hubieran escuchado nunca, Janemba se desintegró, dejando en su lugar a un chico asustado que salió corriendo en dirección contraria.

— Así que… esto es un Super Saiyan. — Dijo Bardock, mirándose en el suelo que, en aquel momento, resplandecía. — Me resulta increíble que haya sido capaz de convertirme en lo que anunciaban las leyendas. Y tú… ¿Esa es la forma de bestia?

— Así es… — Chichi sonrió.

— Tu poder parece sobrecogedor.

— Tu hijo es más fuerte que yo. — Sonrió. — Pero eso ya lo verás más tarde.

— Gracias… — Bardock tomó su forma base de nuevo. — Ha sido genial luchar a tu lado. Kakarot tiene mucha suerte.

— Lo sé. — Chichi alargó la sonrisa. — Soy un partidazo… y además, soy rica, famosa… y cocino de vicio.

Bardock no se rio, pero Chichi consideró una auténtica victoria que el estoico saiyan le sonriese. Bardock elevó la vista, y Chichi siguió su mirada, que se elevó hacia su halo… o más bien, a donde estaba segundos antes, porque en aquel momento, había desaparecido.

— Parece que estoy viva de nuevo… — Sonrió. — Y pronto lo estaréis Gine y tú.

— Chichi… no somos exactamente buenas personas, ¿Sabes?

— Bardock… si Vegeta y Piccolo son redimibles… te aseguro que tú también. — Se encogió de hombros. — Escucha, todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad… y yo voy a darte la tuya.

— Sí… decididamente… Kakarot ha tenido muchísima suerte contigo…

Y, tras decir aquellas palabras… Bardock se desvaneció igual que lo había hecho su mujer antes que él.