La vida de Chichi era incluso más feliz. Ella siempre había sido una mujer familiar. Su felicidad estaba condicionada por pasar tiempo en familia. Cuando se casó con Goku, consideraba que tendrían una pequeña familia formada por ambos y los hijos que pudieran tener. Al principio, pensaba que tendrían un solo hijo, Gohan. Pero ahora no sólo tenía tres, si no que esa familia había crecido más. Tenía a sus suegros y a su padre, que visitaba a menudo. Y por supuesto, a esa alturas ya contaba a Videl como parte de su familia.
No fue ninguna sorpresa para ella cuando Videl anunció su compromiso con Gohan, era algo que Chichi estaba segura de que ocurriría tarde o temprano. Cuatro años de paz no habían cambiado la actitud de Chichi. Había decidido no dormirse en los laureles de nuevo, entrenando continuamente y recibiendo continuas mejoras cibernéticas de mano de Bulma.
Al no estar limitada por la tecnología del Doctor Gero como 17 y 18, las posibilidades eran mucho más amplias. Chichi no quería que se repitiera otro incidente como el que ocurrió en el infierno. Aún tenía pesadillas con eso.
Se había mostrado muy entera en su retorno, pero si había una cosa que la aterraba por encima de todo, era su propia debilidad. Nunca dejaba de pensar en el momento en el que se había relajado, cuando se había permitido ser tan sólo un ama de casa que pasaba sus días en el Monte pazou. Era extraño, porque una parte de ella echaba en falta la serenidad de las montañas y a veces acudía allí a meditar.
Pero, al mismo tiempo, no podía evitar sentir aquel lugar como un recordatorio de una versión de sí misma que ya no quería volver a ser. No podía imaginarse cómo habrían sido los combates contra Bu o Cell si hubiera dejado todo en manos de su marido.
Quizá incluso su relación con Goku sería distinta. Durante aquellos primeros años de matrimonio sentía que se habían distanciado… y que no se mostraban afecto como lo hacían en aquel instante. Se avergonzaba de sí misma por haberlo tratado mal en más de una ocasión… haberle gritado y haberle dado de lado… aunque tampoco es como si no tuviera motivos.
Había tenido mucho tiempo para meditar en todo aquello mientras Bulma deslizaba una inyección de nanobots en su interior. Pensar le ayudaba a aguantar el dolor. Se incorporó y miró sus manos. No se sentía particularmente diferente.
— Apenas ha dolido… — Dijo, con una sonrisa. — ¿Crees que esta vez no me los cargaré?
— Bueno, si te los cargas al menos esta vez no tendré que abrirte en canal. — Bulma sonrió. — Sólo otra inyección y solucionado.
— Suena mejor… creo que me he cansado de operaciones a corazón abierto. — Sonrió Chichi. — Muchas gracias por todo lo que haces por mí.
— Oh, muchas gracias a ti por ser un sujeto de pruebas tan dispuesto. — Bulma dejó escapar una risa. — Estos nanobots son algo distintos a los componentes que solías llevar.
— Te escucho.
— Permanecerán inactivos hasta que los necesites, en carga pasiva. No duran de forma indefinida, pero son tan eficientes que tranquilamente podrían mantenerte en marcha un mes, incluso a tu ritmo. Oh, y no te preocupes por las arrugas, tienen un ciclo nocturno que te seguirá manteniendo joven.
— Bueno, a ti no te va mal, Bulma. Sigues conservándote muy bien. — Chichi sonrió. — Tampoco me molestaría envejecer un poco… Aunque supongo que entonces no sería una gran luchadora.
— Chichi… intenta no perderte, ¿Vale? — Bulma le cogió la mano. — A veces me preocupa que no tengas claro quién eres de verdad.
— Estoy bien, Bulma. — Chichi sonrió. — Entonces… ¿Nos vemos la semana que viene para tu cumpleaños?
— Por supuesto, Chichi. He alquilado un Yate… será encantador.
— Decididamente sabes usar tu dinero con mucho más estilo que yo… creo que, incluso siendo millonaria, sigo sin tener estilo. — Dejó escapar una risa. — Pero… supongo que está bien así. ¿Seguro que no quieres que me ocupe del catering?
— No. Es mi cumpleaños y quiero invitar a comer a todos mis amigos… y eso te incluye a ti. — La miró fijamente. — Me niego a que nadie trabaje ese día.
— Supongo que tienes razón… No quisiera ser yo quien te quitara el control de tu día especial. — Chichi bajó la mirada. — ¿Te he contado alguna vez que… estuve celosa de ti?
— ¿Qué? Tú no pensarías que Goku y yo… — Bulma negó con la cabeza.
— No, no en ese sentido. — Chichi sonrió. — Es sólo que… antes sentía que tú le entendías mucho más que yo. Eres su mejor amiga… Sentía que vuestra conexión era… bueno, algo con lo que yo no llegaba a competir. Que tú le entendías.
— Chichi, creo que si alguien entiende a tu marido eres tú y nadie más… la verdad… es todo un ejemplar. Es tan…
— ¿Simple?
— Yo iba a decir inocente, pero supongo que simple le describe.
— Es lo que más me gusta de él, en realidad. No hay una sola gota de malicia en él… Quizá no sea el más inteligente, pero… sé que su corazón está donde tiene que estar…
— Es un buen hombre… — Bulma sonrió. — Y Vegeta también lo es… aunque no quiera admitirlo…
— Sí, supongo que sí… — Suspiró.
— ¿Sigues enfadada con él? ¿Después de tantos años?
— No quiero estarlo… pero… es superior a mí. Cuando Babidi me hizo ver cómo le daba una paliza a Gohan a través de sus ojos… aún tengo pesadillas con eso. — Se levantó de la camilla y se llevó la mano al rostro. — Sé que ya no es ese hombre…
— Pero no es tan simple quitárselo de la cabeza, lo entiendo. — Bulma sonrió. — No te preocupes… Tampoco es como si tuviéramos que sacarlo a la palestra cada vez que os veáis. Deberías irte a casa… Seguro que Gine te echa de menos.
Pero lo cierto es que, cuando Chichi llegó a casa, tuvo la impresión de que su hija estaba bastante entretenida. En el patio trasero, Bardock estaba pasando el tiempo con sus nietos más jóvenes. Goten y Gine, ambos en su forma de super Saiyan, se encontraban empleándose a fondo para tratar de alcanzar el nivel de su abuelo, aunque este aún se mantenía en forma base.
— Nunca imaginé que una niña de nueve años… podría convertirse en la super Saiyan de la leyenda. — Chichi se volvió hacia la que estaba segura de que era una abuela feliz.
Gine se encontraba observando mientras su marido practicaba con sus nietos. Últimamente no se preocupaba demasiado por entrenar, aunque lo hacía de vez en cuando, especialmente con Videl, con la que parecía tener un particular vínculo.
— Sí, me temo que ya eres la única de la familia que no la tiene.
— Supongo que no tengo motivos para enfadarme de verdad, Chichi. — Gine sonrió. — No es que me importe… tampoco soy una combatiente… ya no. A ti el rubio te sentaría bien…
— No… gracias, pero no. El Blanco es, sin duda, mi color.
Volvió la vista hacia su hija menor. Había algo a lo que llevaba un tiempo dándole vueltas con respecto a ella, pero ya pensaría en ello más adelante.
— Hoy no tienes que grabar el programa, ¿No? — Le preguntó Gine, dándole un trago a su bebida.
— No, hoy es día libre. Ni programa, ni patrocinios, ni entrenamientos… es sólo para mí.
— ¿Por qué no te sientas un rato conmigo a descansar? Debes estar agotada.
— Gine, sabes que yo no me canso… — Chichi se encogió de hombros.
— Tu cuerpo no, pero tu mente sí… tienes que relajarte un poco.
— Tal vez... — Chichi se sentó a su lado y observó el entrenamiento de los niños mientras tomaba algo.
— ¿Qué te preocupa?
— Lo de siempre… la siguiente amenaza. — Suspiró Chichi.
— ¿Crees que va a pasar algo? — Preguntó Gine.
— Me da en la nariz que sí… que va a pasar, y pronto… Cuando pasan estas cosas odio tener razón…
— Chichi, tenemos toda una familia de Super Saiyans, dos androides, a los humanos más fuertes de la tierra y, entre ellos, estás tú. Sea lo que sea lo que venga… creo que podremos con ello.
— Quiero pensar que sí, pero tengo un mal presentimiento desde hace semanas… — Chichi bajó la vista y miró a su hija.
Lo que más quería en el mundo era que ella no tuviera que ver ninguna desgracia que pudiera recordar. Para ella, la destrucción de la tierra había sido un mal sueño que no recordaba, pero Goten había tenido que verlo y sufrir como su mejor amigo moría. Quizá sólo tenía un mal presentimiento sin motivo… Quizá sólo estaba siendo paranoica.
Por desgracia, no era cierto. Había muy buenos motivos por los que Chichi debía estar preocupada. En un rincón muy distante del universo, una alarma estaba sonando, y un dios estaba despertando. Beerus estaba preparado para el momento para el que había esperado durante más de cuatro décadas. Estaba listo para conocer a su mayor rival.
Chichi había logrado relajarse. Finalmente había conseguido apartar todas esas ideas apocalípticas de su cabeza y centrarse en la fiesta de cumpleaños de Bulma en aquel lujoso yate. No era más que otra excusa para ver a toda su familia y amigos todos juntos una vez más. Lo cierto es que hacía tiempo que no veía a 17 y quería ponerse al día con su vida. Su nuevo trabajo como guardabosques parecía… interesante.
También había sido una ocasión perfecta para que sus hijos jugaran con Maron en otro lugar que no fuera su casa. Dada su relación con 18, se veían casi como hermanos. Y era un descanso de todo su trabajo, entrenamiento y relaciones públicas. Decididamente, tenía que dedicar un día a organizar esa agenda, porque le costaba mucho estar a todo.
Pero ese descanso no duró demasiado. Bulma, que había tomado alguna copa de más, acompañada de Vegeta, trajo a dos nuevos visitantes que no le dieron muy buena espina. No podía sentir ki alguno en ellos, pero sí una enorme presión con su presencia.
Y, sin embargo, lo que le llamó la atención de verdad fue la reacción de Vegeta detrás de ellos. Estaba… aterrado. Bulma parecía estar demasiado borracha como para percatarse, pero Chichi no podía embriagarse desde que era un androide… aunque tampoco encajaba con su forma de ser beber en exceso.
Así que, mientras el resto de divertían, Chichi se aproximó a Vegeta, que estaba tan tenso que dio un bote cuando se acercó.
— ¿Puedes avisar antes de acercarte así? Sabes que no puedo sentir tu ki.
Chichi negó con la cabeza, decidida a ir directa al grano.
— ¿Quién es el gato?
— ¿Gato? No es un gato. — Vegeta temblaba. — Es Lord Beerus… el destructor.
— ¿Destructor?
— El dios de la destrucción… — Vegeta tragó saliva.
— No necesito los detalles para saber que es peligroso… nunca te había visto temblar así…
Vegeta había temblado así ante Freezer… pero Chichi no lo había visto. Sin embargo, tenía claro que Beerus era una verdadera amenaza.
— Dime qué hago. — Chichi miró fijamente a Vegeta.
El Saiyan asintió. Nunca se habían llevado demasiado bien, pero por una vez tenían un objetivo común. Y ambos se miraron fijamente. Estaban pensando lo mismo.
— No podemos permitir que Goku se le acerque.
— Kakarot le pedirá luchar sin pensárselo dos veces y acabaremos reducidos a polvo de estrellas.
— Deja que yo me ocupe de mi marido. Tú intenta mantener alejado a Beerus de él. Parece que lo que le interesa es la comida… Ahora sí que lamento no haberme encargado del catering.
Su orgullo como Chef estaba saliendo a la luz por una vez. Pero decidió seguir el plan, se mantuvo cerca de Goku, aferrándole al hombro y mirándole con los ojos seductores.
— ¿Quién crees que es el invitado nuevo de Bulma? No siento nada en él…
— Oh… no importa… ¿Te gustaría… pasar un rato a solas?
— ¿Ahora? ¿Con toda esta gente aquí?
— Es que estás tan guapo… con el traje que te he regalado… — Le susurró, aferrando con fuerza su hombro. — Mi amor…
A Chichi aquello empezaba a parecerle más un plan real que una medida de distracción. Quizá era el encanto del peligro, quizá era que sentía que necesitaba salir de la rutina. Pero justo cuando parecía que genuinamente iba a sacar a Goku de allí y llevarlo a un camarote a solas, fueron interrumpidos. Allí, frente a ellos, se encontraba Lord Beerus, mirándolos con curiosidad.
— Por casualidad… ¿Alguno de vosotros tiene alguna idea de lo que es el super saiyan dios?
