Cumpleaños 18.

Era 9 de febrero del año 2004, 7 de la noche. Gabrielle se había reunido con su familia (grand-mère estaba de visita), y con una amiga en la casa Delacour, después de que terminaron las clases del Sixth Form de ese día.

Gabrielle había llegado a su casa a las 6 y se cambió de ropa, poniéndose un vestido azul. A las 6:30 de la tarde, llegó su amiga llamada Emily a la casa Delacour, también con un vestido, pero el vestido de Emily era de un color y diseño diferente al de Gabrielle.

Este año su cumpleaños no se festejaría en aquel restaurante elegante y caro de Inglaterra, al que acostumbraba a ir su familia, en cada cumpleaños de algún miembro de la familia Delacour. El motivo era curioso, el año anterior que se había buscado celebrar el cumpleaños número 17 de Gabrielle, en el restaurante al que la familia Delacour estaba acostumbrada, cuando llegaron a la recepción, la señorita encargada de atender la recepción, buscó en la libreta el apellido de la familia Delacour, pero no lo encontró, no estaban registrados. Fleur, quién se había encargado de hacer la reservación, se puso furiosa y se puso a discutir con la señorita que atendía la recepción, como si no pareciera suficiente, grand-mère se unió la discusión. Madame y Monsieur Delacour no se unieron a la discusión, Gabrielle tampoco lo hizo. Aquella tarde del 9 de febrero, del año 2003, la familia Delacour fue vetada de su restaurante favorito.

Este día, 9 de febrero del año 2004, era un día muy importante para Gabrielle, no solo porque era su cumpleaños, sino porque hoy se había vuelto mayor de edad, según la ley. Quizá a partir de ahora, George no la rechazaría a ella, cuando le pidiera tener una cita. Gabrielle estaba emocionada, muchos eventos importantes pasarían a partir de ahora, por ejemplo, este mismo año, terminando de cursar el Sixth Form, ella entraría a estudiar la carrera de Diseño de modas, de eso estaba ella convencida.

Gabrielle se sentó en una silla, en frente de la mesa del comedor de la casa Delacour, maman le puso frente a Gabrielle en la mesa, un pastel pequeño con una vela en medio. Gabrielle hizo sus cálculos, en efecto, ese pastel tan pequeño alcanzaría para los seis presentes en la casa Delacour y no sobraría nada. Bien podría haberle rogado Gabrielle a su padre que comprara un pastel muchísimo más grande, y Monsieur Delacour lo habría comprado; Monsieur Delacour tenía la solvencia económica suficiente (y hasta sobrante), cómo para darse el lujo de comprar un pastel de mayor tamaño para el cumpleaños de su hija. No obstante, los interminables discursos de maman, grand-mère y Fleur, acerca de lo importante que era para Gabrielle no consumir tanta azúcar, con el fin de que ella siguiera conservando su bonita figura (y por salud), hicieron que Gabrielle le pidiera para su cumpleaños a su padre un pastel más pequeño de lo que ella tenía en mente. Que lástima, Gabrielle no le podría regalar a George ni un pedacito de pastel, más bien, Gabrielle no le podría regalar a ningún miembro de la familia Weasley un pedacito de pastel.

Maman, papa, Fleur, grand-mère y Emily le cantaron una canción a Gabrielle para celebrar su cumpleaños. Gabrielle sopló la vela y pidió un deseo en su mente. Después de que la vela se hubiera apagado, maman partió el pastel en seis partes iguales. Maman sirvió el pastel en diferentes platos con sus correspondientes cubiertos, los cuales los fue posicionando en la mesa, frente a las sillas vacías y las que se estaban ocupando. Posteriormente grand-mère puso en medio de la mesa una sopera con bullabesa, igualmente grand-mère fue repartiendo platos hondos.

Maman, grand-mère y Fleur hicieron en conjunto la bullabesa para el cumpleaños de Gabrielle. Todos se sentaron a comer. Mientras Gabrielle comía, Gabrielle se puso a pensar sobre lo mucho que su vida había cambiado con el pasar de los años. Gabrielle recordó cómo vivió sus primeros seis años de vida en Francia, luego por motivo del trabajo de su padre, la familia Delacour se tuvo que mover a Inglaterra, y desde los seis años de Gabrielle en adelante, su vida la estaba formando en Inglaterra; algo bonito de la casa dónde se estaba quedando la familia Delacour (desde el punto de vista de Gabrielle), era que sus vecinos de a lado en el vecindario, eran los Weasley.

Gabrielle por pura curiosidad, se puso a ver cómo maman, Fleur y grand-mère, le quitaban todo el merengue que cubría a sus rebanadas de pastel correspondientes, y solo procedieron a comerse el pan del pastel, dejando ellas el merengue del pastel, lo más lejos del pan (pan que se encontraba en medio del plato). El merengue lo pusieron ellas en el borde de sus platos. Como Gabrielle sabía que sus familiares podrían voltear a verla en cualquier momento, siguió el ejemplo de ellas. Monsieur Delacour se comió la rebanada de pastel completa, sin quitarle ni un poco del merengue. Emily, que se sentía cohibida de, ver lo que las cuatro mujeres hicieron con sus propias rebanadas de pastel, también siguió el ejemplo de ellas. Gabrielle se vio avergonzada, de que Emily sintiera, que por estar en la casa Delacour, ella también tuviera que estar obligada a seguir el ejemplo de ellas de, cómo comer una rebanada de pastel, en vez de ella comerlo como ella quisiera. Gabrielle estaba segura de que su amiga Emily quería comerse el merengue de su rebanada. Gabrielle había ido con anterioridad a la casa de Emily, para festejar el cumpleaños de su amiga. Los pasteles que había comprado la mamá de Emily, para el cumpleaños de su hija, eran muchísimo más grandes que, el que había comprado Monsieur Delacour para el cumpleaños número 18 de Gabrielle.

Cuando todos terminaron de comer, Fleur, recogió vasos, platos, cucharas y demás, y los llevó al fregadero.

Gabrielle aprovechó el momento para mirar mejor sus alrededores, sí, la casa dónde vivía la familia Delacour no había cambiado mucho con el pasar de los años. Los colores que más predominaban en la casa Delacour (sobre todo en los muebles) eran: el gris, el blanco, el negro, y el azul. Maman, y cuando llegaban de visita Fleur y grand-mère a la casa, parecían hacer en conjunto un esfuerzo para que la casa en su interior y exterior tuviera esa apariencia que denotaba pulcritud y quizás frialdad. Como Gabrielle vivía también en la casa Delacour, ella también debía procurar que la casa siguiera manteniendo esa curiosa apariencia pulcra y fría, como si nadie en la casa viviera ahí, como si la casa fuera una escenografía para alguna fotografía de revista. Uno de los pocos lugares de la casa que entraban en esa excepción de "ridícula pulcritud y frialdad", era la habitación de Gabrielle y eso porque papa había discutido con maman, para que dejara a Gabrielle experimentar la decoración de su habitación, bajo el argumento de que Gabrielle era una chica en formación y estaba en derecho de experimentar con su vestimenta y la decoración de su habitación.

Gabrielle observando sus alrededores sin levantarse de la mesa, notó que en el comedor había otra mesa, un poco más pequeña que la mesa que se usaba para comer en el comedor. En esa mesa más pequeña, había regalos; había cinco cajas de diferente tamaño envueltas en papel de regalo (las cuales Gabrielle podría agarrar con una sola mano): una caja envuelta en papel de regalo blanco, una caja gris, una caja azul, una caja negra y una caja amarilla. Gabrielle estaba segura de que la caja amarilla la había traído su amiga Emily. La caja amarilla desentonaba con la armonía del lugar, aunque esa caja amarilla fuera de un color amarillo pálido. Luego, Gabrielle por unos segundos, ignoró, la enorme caja envuelta con papel de regalo de color verde chillón, que estaba en el suelo, y que estaba varios centímetros alejada de la mesa dónde se encontraban los demás regalos, debía ser una alucinación ¿verdad?, pero no, Gabrielle parpadeó y se dio cuenta que esa caja enorme de color verde, que parecía tener el tamaño de un buró, seguía ahí, en el suelo. Si de por sí, la caja amarilla que había traído su amiga Emily a la casa Delacour, desentonaba con la armonía del lugar, aquella caja enorme de color verde chillón, la rompía.

—Maman ¿y esa caja? —preguntó Gabrielle, con los ojos más abiertos de lo usual, mientras señalaba la caja de color verde chillón.

La cara inexpresiva de Apolline Delacour no tuvo ni un pequeño cambio, pero la de Monsieur Delacour, Fleur y grand-mère sí. La expresión que mostró Monsieur Delacour ante la pregunta de Gabrielle, fue de completo disgusto, era como si Monsieur Delacour se estuviera aguantando las ganas de rechinar los dientes. La cara de Fleur denotaba una ligera irritación mezclada con petulancia, la cara de grand-mère reflejaba petulancia y curiosidad. En cuanto a Emily, la amiga de Gabrielle, su cara reflejaba desconcierto.

—La trajo uno de los hijos de Molly: George Weasley —contestó con monotonía Apolline en francés.

Al escuchar la respuesta de Madame Delacour, un poco de irritación se reflejó en la cara de Emily. Emily sabía lo básico en francés, y el contexto de la situación era obvio.

La respuesta de maman resonó en la mente de Gabrielle ¿George?, ¿George Weasley?, ¿La persona que le gustaba a Gabrielle desde que era una niña?, ¿El mismo George Weasley que, la había rechazado innumerables veces por haber sido ella menor de edad?

Por un momento se le olvidó a Gabrielle como respirar. Gabrielle recordó cómo de niña en cada cumpleaños de George, le había regalado a él dibujos cutres con el supuesto retrato de él, cuando en realidad esos dibujos se asemejaban a una zanahoria, una calabaza o una naranja, pero no a un rostro humano. Cuando George le aceptaba los dibujos a Gabrielle, luego salía Fred a decirle a Gabrielle que no malinterpretara las cosas, que George solo le había aceptado los dibujos para no herir los sentimientos de ella, y probablemente era verdad. Aunque después en los cumpleaños de Gabrielle, George no le regalara algo, Gabrielle de niña le seguía regalando dibujos a él para su cumpleaños. Qué bueno que ella había terminado con esa vergonzosa fase. También Gabrielle recordó cómo en su niñez, y parte de la adolescencia, una vez al año le pedía a George tener una cita, a la cuál George se negaba, argumentando que como ella era una menor de edad, no estaba bien y que inclusive ella ni siquiera estaba segura de lo que quería. Quizá, quizá Gabrielle hoy mismo y por última vez, le pediría a George tener una cita con ella… quizá… espera…

Gabrielle volvió a poner atención a sus alrededores, todas las personas que la rodeaban en la casa Delacour la miraban expectantes. Oh, la cara de Emily reflejaba molestia, al igual que la de papa y Fleur. Las caras de maman y grand-mère reflejaban curiosidad. Gabrielle sospechaba lo que estaba pasando; su familia y amiga habían construido una imagen predecible de ella. De seguro ellos pensaban que después de que Gabrielle se enteró que, esa extravagante y enorme caja envuelta en papel de regalo verde chillón, era un presente de George, ella saldría corriendo rápidamente de la casa Delacour sin despedirse, y se volvería segunda prioridad su familia y amiga, para volverse primera prioridad, ir a la casa que estaba varias cuadras alejadas de la casa Delacour y de "La madriguera". Unos años atrás cuando los gemelos Weasley cumplieron 20 años, compraron una casa que estaba varias cuadras alejadas de "La madriguera", en el mismo vecindario. Aquella casa que compraron los gemelos Weasley, la nombraron: "Las urracas".

No, Gabrielle no lo haría, Gabrielle no abandonaría a su familia y amiga en su cumpleaños, solo para perseguir a un hombre, del cuál ella no estaba segura de si aceptara esta vez tener una cita con ella. La familia y amiga de Gabrielle habían estado más presentes en la vida de Gabrielle, que George. Gabrielle no decepcionaría a su familia y amiga. Gabrielle, no haría una acción predecible y reprochable desde el punto de vista de ellos, el día de hoy.

—Bien —dijo Gabrielle, sin darle aparentemente mayor importancia al regalo de George.

Las caras de la familia y de la amiga de Gabrielle reflejaron sorpresa, ¿de verdad ellos pensaban tan mal de ella?, ¿De verdad ellos pensaban que, rápidamente Gabrielle los abandonaría el día de su cumpleaños para perseguir a George?, Era vergonzoso de admitir, pero la verdad es que Gabrielle sí lo había considerado. Ahora que Gabrielle pensaba las cosas detenidamente, Emily era una buena amiga; si Emily no escuchaba la mayor parte del tiempo hablar a Gabrielle acerca de ropa, pasarelas de moda, modistas, telas y revistas de moda, Emily escuchaba a Gabrielle hablar sobre George y sobre lo frustrada que se sentía ella, de que George la hubiera rechazado varias veces.

Las caras de alivio que hicieron después su familia y amiga no pasaron desapercibidas para Gabrielle.

Llegó el momento de abrir los regalos; Gabrielle desenvolvió la caja envuelta en papel de color negro, Gabrielle abrió la caja y en su interior encontró muchísimos billetes de 50 libras esterlinas; era evidente que papa (Monsieur Delacour), para no complicarse la vida, decidió simplemente regalarle dinero a Gabrielle para que ella se comprara cosas al gusto de ella. Gabrielle abrió la caja envuelta en papel color azul, Gabrielle al abrir la caja, descubrió labiales, pintura de uñas, una paleta de sombras y un paquete de mascarillas; regalo otorgado por Fleur. Gabrielle abrió la caja envuelta en papel gris, en su interior ella encontró unos aretes y un collar; un regalo de maman. Gabrielle luego abrió la caja envuelta en papel blanco, en su interior Gabrielle descubrió dos frascos de perfume, un regalo de grand-mère. Después Gabrielle abrió la caja envuelta en papel de regalo amarillo, ¡Oh! ¡¿De verdad?!, Emily le había regalado a ella, aquella novela de ciencia ficción por la cuál Gabrielle, había mostrado curiosidad al pasar cerca de la vitrina de una tienda de libros.

—¿Vas a abrir el regalo de George? —preguntó Emily, esforzándose por escucharse neutral y no enfadada.

—Creo que, el regalo de George, lo voy a abrir en mi habitación —dijo Gabrielle con las mejillas tiñéndose de rojo.

Gabrielle no estaba para nada segura de, lo que le había regalado George, y ella misma no estaba segura de, cómo reaccionaría ella al ver el contenido de la caja. Gabrielle no quería que su familia y amiga, fueran testigos de su vergonzosa reacción, de lo que fuera que le hubiera regalado George. Probablemente si inclusive, Gabrielle viera que, en el interior de la caja, George le había mandado de regalo, un chicle masticado, Gabrielle se pondría feliz por los menos unos segundos, posteriormente, quizá Gabrielle lloraría de tristeza, al ver que su regalo de cumpleaños fue una vil broma.

Maman, papa, grand-mère y Fleur, intercambiaron miradas entre ellos.

—Cariño, si ese Weasley te terminó regalando algo indebido, nos lo dirás, ¿verdad? —preguntó su padre sonando preocupado y al mismo tiempo esperanzado.

A Gabrielle le dio la impresión, de que papa sonó esperanzado, porque si en efecto, George le terminó regalando a Gabrielle algo indebido, papa podría usar aquello como excusa, para prohibirle a Gabrielle interactuar con George.

Algo indebido, algo indebido ¿cómo qué?, para maman, Fleur y grand-mère, algo indebido se traducía en consumir grandes cantidades de dulces, sobrepasar la ingesta adecuada de calorías, y demás acciones de las cuales Gabrielle no se acordaba. En el caso de Monsieur Delacour, algo indebido podría traducirse en terminar desarrollando una adición, o, tener un contacto prolongado con chicos.

—Sí, si él me terminó regalando algo indebido, se los haré saber —dijo Gabrielle mirando fijamente la caja de color verde chillón, evitando tener contacto visual con alguno de sus familiares.

Eran las 9 de la noche, de acuerdo con el reloj de manecillas, que Gabrielle observó en el comedor. Emily había sacado sus cuentas, y ella llegó a la conclusión de que su mamá la vendría a recoger dentro de 20 minutos.

Mientras Emily se quedó en la sala mirando una película en la televisión de la casa Delacour, Gabrielle fue subiendo las escaleras del primer piso, llevando sus regalos a la habitación. De una vez, en una sola ida a su cuarto, Gabrielle pudo dejar en su habitación, los regalos dados por: grand-mère, maman, Fleur, papa, y Emily. Dejando aquellos regalos en la habitación, Gabrielle volvió a bajar las escaleras, porque en la planta baja había dejado el regalo de George. Papa y Emily le preguntaron a Gabrielle si quería ayuda para transportar la caja, a lo que ella se negó. La caja sí estaba pesada, pero desde el punto de vista de Gabrielle, no lo suficientemente pesada como para provocarle una hernia al momento de cargarla, además, Gabrielle sospechaba que si papa, o Emily, la ayudaban a transportar la caja hasta su habitación, ellos tal vez, sentirían que tenían derecho, para ver el contenido de la caja verde chillón. Dejando la última caja en su cuarto, Gabrielle bajó las escaleras de nuevo, y se sentó a lado de Emily en el sofá, Gabrielle acompañó a Emily mientras ella, veía la película en la televisión. El objetivo de Gabrielle era acompañar a su amiga, hasta que su madre pasara por ella y luego despedirse de ella.

Varios minutos después, la mamá de Emily hizo sonar el claxon de su auto, fue ahí que, Gabrielle se despidió de Emily.

Antes de que Gabrielle subiera las escaleras de la casa, para dirigirse a su cuarto, maman la detuvo, para informarle que, al otro día, a ella le tocaría lavar las ollas, vasos, cucharas y demás. Gabrielle dio un resoplido disimulado mientras subía las escaleras.

Ya estando Gabrielle en su cuarto, ella abrió la caja verde chillón, la cara de Gabrielle se iluminó al ver un libro enorme y pesado de varias páginas titulado "La moda en la sociedad"; aquel libro le serviría mucho a Gabrielle, en el momento cuando ella entrara a la Universidad, y necesitara buscar alguna fuente de información, para alguna investigación que le dejaran de tarea. Ojeando por un momento el libro, Gabrielle se percató de que, la textura del papel se sentía lisa, y las ilustraciones del libro eran brillantes, coloridas y de buena resolución.

Entonces Gabrielle, también encontró en la caja verde chillón, lo que podría parecerle indebido a grand-mère, maman y Fleur: dulces, muchos dulces; paletas, chocolates, bombones, entre otros. Algunos dulces tenían el logo de la tienda de los hermanos Weasley, llamada "Weasley & Weasley", otros dulces no lo tenían. Gabrielle supuso que los dulces que no tenían el logo de la tienda "Weasley & Weasley", eran dulces de otras marcas, que los gemelos Weasley, les pidieron a sus proveedores, con el fin de terminar de surtir la tienda. Aquella tienda de dulces también estaba en el vecindario donde vivía Gabrielle. La fachada de la tienda, la hacía destacar de entre un montón de casas y otros edificios, con sus paredes y marcos de ventanas coloridos. El interior de aquella tienda también era llamativo y colorido; había esculturas de plástico en el interior de la tienda con formas irregulares y extravagantes, de igual forma había muñecos y títeres adornando algunos estantes de la tienda.

Una pequeña sonrisa adornó los labios de Gabrielle mientras veía los dulces regalados por George. Que bueno que una vez por capricho, le había pedido a papa, que le comprara un mini refrigerador para su habitación, así ella no tendría que poner los dulces en el refrigerador que estaba en la cocina de la planta baja. Quizá si Gabrielle dejaba los dulces en el refrigerador de la cocina, maman le dejaría unos cuantos dulces a su hija menor en el refrigerador, pero los demás dulces (la mayoría), posiblemente, los regalaría maman a escondidas a los demás niños del vecindario, porque desde el punto de vista de maman, le estaría haciendo un favor a la salud de su hija. Gabrielle tenía planeado durante los próximos cuatro días, anotar en una libreta las fechas de caducidad de los dulces, para irlos comiendo luego poco a poco durante los meses, ella no tenía planeado comérselos todos de una vez, eso le haría daño, y si terminaba enferma por aquella acción irresponsable, solo le daría la razón a gran-mère, maman y Fleur. Tal vez ella, le regalaría en la próxima semana voluntariamente, algunos dulces a los niños del vecindario y a sus amigas, pero no la mayoría de dulces.

Entonces Gabrielle vio que, en el fondo de la caja verde, había algo más, algo a lo que ella no le había puesto mucha atención, era una pequeña hoja de papel color naranja chillón, con marco de líneas punteadas, y en el centro estaba escrito "cupón para pedirme lo que quieras (mientras esté en la medida de mis posibilidades)". Gabrielle parpadeó varias veces y volvió a leer, ¿era una broma?, ¿o de verdad George le había regalado algo demasiado valioso?, con este cupón, si es que era válido, ella podría pedirle a George tener una cita.

—-oOo—-

Gabrielle se había puesto como meta ver a George al día siguiente, 10 de febrero, pero a la mera hora se acobardó, y cuando se dio cuenta Gabrielle, ya habían pasado semanas. De acuerdo con el cupón que George le había dado, ella podría pedirle tener una cita, pero mientras más lo pensaba, más dudosa se encontraba Gabrielle. Gabrielle sabía, que ella misma no estaría conforme con una cita, ella misma, sabía que quería más de él, pero George solo le había dado un cupón… ¿qué tan descarado sería pedirle tener sexo en vez de tener una cita?

El 19 de marzo, Gabrielle llegando a su casa después de la escuela, se bañó y se puso unos jeans acampanados y una blusa azul. Ella se trató de convencer a sí misma que ya era una adulta, aunque una voz en el fondo de su cabeza le estuviera comunicando que no, que de adulta ella no tenía nada, a pesar de ella ya tener 18 años. Gabrielle bajó las escaleras del primer piso para llegar a la planta baja, Gabrielle traía un bolso de diseñador consigo, que le había regalado maman en un cumpleaños anterior. Gabrielle caminó y ya estaba en medio de la sala, se estaba dirigiendo a la puerta para salir de la casa, cuando Gabrielle de repente escuchó una voz.

—¿A dónde vas Gabrielle? —preguntó Apolline en francés.

Gabrielle sabía que su madre le gustaba practicar hablar francés con ella, para que no se le olvidara el idioma.

Gabrielle se giró en dirección a su madre, Apoline estaba sentada en uno de los sillones de la sala, con un libro en su regazo. Gabrielle se sonrojó al imaginarse diciéndole la respuesta a su madre.

—Voy a ver si está George en su casa —respondió Gabrielle en francés, al mismo tiempo que miraba al suelo.

Apolline entrecerró los ojos.

—Recuerdas que el toque de queda aquí es a las 12 de la noche, ¿verdad Gabrielle? —preguntó Apolline con una voz monótona.

—Sí mamá —respondió Gabrielle todavía mirando al suelo.

Unos segundos después, Gabrielle se envalentonó y miró a la cara a su madre.

—Te tardaste mucho en irlo a ver —dijo Apolline con una pequeña sonrisa.

Vaya, maman se estaba burlando un poco de ella, lo peor era que Gabrielle quería reírse al ver la pequeña sonrisa de su madre. Muy pocas veces maman hacía bromas a las personas de su alrededor, pero cuando las hacía, tenía una gran capacidad de rostizar, aunque fuera un poco a las personas que eran el objetivo de sus pequeñas bromas. Y con la pequeña broma de maman, Gabrielle se dio cuenta que también maman, de seguro pensó que al día siguiente del cumpleaños número 18 de su hija, Gabrielle iría corriendo a la primera hora del día a ver a George. Era increíble que maman creyera que Gabrielle, fuera tan predecible.

—Gabrielle, no voy a cubrirte con tu padre, si él mañana en la mañana, me pregunta dónde estás, y no estás aquí, le diré la verdad —dijo con seriedad Apolline.

Gabrielle se sonrojó ante lo dicho por su madre.

—No creo tardar mucho en volver a casa —se limitó en responder Gabrielle.

Gabrielle salió de la casa, cerró la puerta y caminó varias cuadras hasta estar en frente el jardín de la casa "las urracas". La fachada de la casa "las urracas" se mimetizaba con el entorno, con las demás casas que la rodeaban; era curioso cómo la tienda "Weasley & Weasley" sobresalía de los demás edificios que la rodeaban, pero en cambio, la casa "las urracas" no sobresalía de su entorno, para Gabrielle fue evidente que aquello, habían sido decisiones tomadas cuidadosamente por los gemelos Weasley. Gabrielle esperaba que George estuviera en la casa. No había una gran variedad de flores en ese jardín, pero de que había flores, las había, tampoco había una cerca o reja, que delimitara el espacio como tal del jardín de la casa "las urracas", de eso se encargaba la banqueta. Gabrielle caminó en el sendero que se dirigía a la puerta de entrada de la casa "las urracas". Cuando Gabrielle estuvo frente a la puerta de entrada, suspiró, ella no quería que quién abriera la puerta fuera Fred; Gabrielle ya sabía cómo era Fred. Desde que Gabrielle siendo una niña, mostró fijación en George, Fred hizo evidente su desagrado hacia Gabrielle; Gabrielle recordaba cómo cada vez que hablaba con Fred, Fred hacía cara de molestia, y la voz de Fred la percibía áspera. Era obvio que Fred no quería que Gabrielle hablara con George. Una vez Fred le había dicho a Gabrielle que se mantuviera alejada de George, porque capaz ella terminaba metiendo en problemas a su hermano gemelo.

Gabrielle tocó el timbre de la puerta y esperó. Escuchó unas voces proviniendo desde el interior de la casa, parecían ser esas típicas voces que salían de la televisión. Se abrió la puerta y Gabrielle vio que uno de los gemelos fue que la abrió, ahora Gabrielle debía adivinar rápidamente cuál gemelo le abrió. Bien, el cabello pelirrojo de George era un poco ligeramente más oscuro que el de Fred, pero si no estaban los dos gemelos presentes para hacer la comparación, era difícil saber por ese aspecto si quién estaba frente a Gabrielle era George; lo bueno era que, Gabrielle se aprendió la distribución de algunas pecas que tenían los gemelos en la cara. Que bueno que la distribución de pecas en la cara fuera diferente para cada gemelo. Gabrielle miró la cara del pelirrojo que tenía en frente.

—Hola George —saludó animadamente Gabrielle con una sonrisa.

Posiblemente la sonrisa de Gabrielle se debía al sentimiento de satisfacción, que le produjo a sí misma, saber quién era el gemelo que estaba frente a ella.

—Hola Gabrielle —respondió George junto con una mirada suave.

Esa era otra cosa de la que se dio cuenta Gabrielle hace mucho tiempo, las miradas que le dirigía Fred hacia ella eran ásperas; las miradas que le dirigía George hacia ella eran suaves. Tal vez las miradas suaves que le dirigía George a Gabrielle eran para no herir los sentimientos de ella. Gabrielle bajó un poco más su mirada, y se dio cuenta que George llevaba puesto una camiseta blanca sin mangas y unos jeans holgados, Gabrielle sintió sus mejillas arder. Gabrielle no se dio cuenta de que, en un instante, George la vio de pies a cabeza.

—¿A qué se debe tu visita? —preguntó George con una sonrisa.

Gabrielle debía decir algo, no podía ella, darse el lujo de quedarse callada.

—Bueno —dijo Gabrielle volviendo a alzar su mirada, para luego dirigirla a los ojos de George—, quería agradecerte por mi regalo de cumpleaños.

Le había encantado el libro sobre la moda en la sociedad, el detalle de los dulces (dulces que guardó en el refrigerador), y, también le había gustado a ella el regalo del cupón, pero Gabrielle sabía que debía preguntar más sobre ese cupón.

—Oh, eso —replicó George ensanchando más su sonrisa—, ya pasaron varias semanas después de que te di ese regalo Gabrielle.

—Sí, bueno, creí que sería buena idea agradecerte de manera presencial por el regalo —dijo Gabrielle.

Impulsivamente Gabrielle abrazó a George, y puso la cara de ella en el hombro de George. Cálido, el cuerpo de George era cálido, bueno, raro sería que estuviera frío. Era extraño, habitualmente cuando Gabrielle trataba de acercarse a George para abrazarlo, George detenía a Gabrielle agarrándola de los hombros, de esa forma George evitaba que Gabrielle se acercara más a él, y que se acortara la distancia entre ellos, pero ahora, George no la había detenido a ella, quizá los reflejos de él ya no eran buenos como antes (aunque ella lo dudaba).

Gabrielle no quería dejar de abrazarlo, ¿qué tal si esta era su primera y última vez abrazándolo, antes de que él la alejara a ella?, no obstante, pasaron varios segundos y George no alejaba a Gabrielle. Súbitamente Gabrielle sintió, como George puso los dedos de una de sus manos en la espalda baja de ella y comenzó a acariciarla mansamente; Gabrielle como consecuencia sintió un cosquilleo en la espalda y la arqueó ligeramente. El cosquilleo en la espalda, Gabrielle sintió que se fue extendiendo a otras partes de su cuerpo, Gabrielle no recordaba haber experimentado algo parecido antes.

—¡George! —exclamó Gabrielle con sorpresa sin dejar de estar aferrada a él.

—¿Entonces solo viniste a agradecerme por tu regalo de cumpleaños?, ¿estás segura de eso?, ¿no hay otra razón? —preguntó George sonando burlón.

—La verdad, yo… vine porque quiero saber más sobre el cupón que me diste —contestó Gabrielle sonando avergonzada.

—Oh, ¿qué quieres saber? —preguntó George con curiosidad.

—Bueno, es que en el cupón de color naranja que me diste, dice: "cupón para pedirme lo que quieras (mientras esté en la medida de mis posibilidades)", quiero saber si el cupón es de verdad, o si es una broma.

Listo Gabrielle lo había dicho. Rápidamente Gabrielle sintió como George tamborileaba con sus dedos, en la espalda de ella, como si la espalda de Gabrielle fuera una mesa, o vaya, un tambor.

—No, no es una broma —dijo George despreocupadamente.

Gabrielle alejó su cara del hombre de George, para poder mirar mejor el rostro de George, Gabrielle hizo contacto visual con George.

—¡¿Entonces puedo pedirte lo que quiera?! —preguntó Gabrielle emocionada.

—Mientras esté en la medida de mis posibilidades —respondió George con calma—. ¿Ya sabes lo que vas a pedir?

—Sí —respondió con emoción Gabrielle.

—Déjame adivinar, quieres tener una cita conmigo —dijo George con una pequeña sonrisa.

Gabrielle negó con la cabeza.

—¿No? —preguntó George desconcertado.

—Quiero tener sexo contigo George —respondió Gabrielle.

George abrió sus ojos más de lo habitual.

—¿Puedes repetir lo que dijiste que quieres? —preguntó George sonando vacilante.

—Sexo —afirmó con seguridad Gabrielle.

Gabrielle observó que, George se veía pensativo, parecía estarlo considerando. Bien, para ella, esa era una reacción positiva, hubiera sido horrible que George hubiera reaccionado con asco, ante la idea.

—¿No crees que podrías arrepentirte después de que lo hayamos hecho? —preguntó George con preocupación.

¿Quién se creía George, para dictar o creer, cómo se sentiría ella después de tener sexo con él?

—George, si no quieres tener sexo conmigo, solo dilo —respondió Gabrielle con el ceño fruncido.

—No, no. Sí quiero —replicó George.

¿Sí quiere?, ¿sí quiere?, Gabrielle sonrió en respuesta, y unas pequeñas lágrimas empezaron a asomarse en sus ojos. Le hubiera dolido mucho a ella recibir otro rechazo de él.

—¿Estás bien amor? —preguntó George alarmado, mientras que, con el pulgar de una de sus manos, le limpiaba las lágrimas, que pasaban por una de las mejillas de ella.

—Sí, sí estoy bien —contestó Gabrielle con una pequeña sonrisa y la voz temblorosa.

Además, la había llamado amor, quizá impulsivamente y ni se dio cuenta, así que ella grabaría aquel momento en su mente.

—Bien —respondió George pareciendo aliviado—, ¿ahora? —preguntó dudoso George.

—Ahora estaría bien —contestó Gabrielle con una sonrisa.

George invitó a Gabrielle a pasar.

Gabrielle caminó, quedando en medio de la sala y vió que en la sala de la casa "Las urracas", efectivamente, la televisión estaba encendida, George estaba viendo, antes de que Gabrielle tocara la puerta, una serie de fantasía en la televisión. Gabrielle se puso a ver sus alrededores; las paredes eran blancas, lo cuál impresionó a Gabrielle, ella supuso que el color de las paredes de la vivienda de esos dos hombres, serían coloridas, al igual que el interior de la tienda de "Weasley & Weasley", pero ese no fue el caso, las paredes eran blancas. Ella también vio que había unas fotografías con marcos, en las paredes, acerca de fuegos artificiales, ¿ellos habían tomados las fotos?, Gabrielle preguntaría luego, de igual forma había fotos en las paredes de la familia Weasley en general. Prestando atención a los muebles, los muebles eran coloridos, y había algo en las formas de los muebles, que le hacía pensar a Gabrielle, sobre las películas con temática futurista, asimismo había una escultura de forma irregular colorida aquí y allá. Era como si los hermanos Weasley hubieran dejado parte de su esencia en la casa dónde ellos vivían, pero dónde hacían más descarados sus gustos en cuanto a la decoración, era en la tienda de dulces.

Gabrielle estaba consciente de lo ruidosos, que podían llegar a ser los gemelos Weasley, por ende, se le hizo raro a Gabrielle, no escuchar a Fred hacer ruido.

Mientras George cerraba la puerta de la entrada, Gabrielle se giró hacia él.

—¿Dónde está Fred? —preguntó Gabrielle con el ceño fruncido por la extrañeza.

—¿Me buscabas a mí, o buscabas a mi hermano Fred, Gabrielle? —replicó George con una sonrisa traviesa.

—¡No! —exclamó Gabrielle alarmada, agitando los brazos en el aire—, ¡Siempre te he buscado a ti! ¡Siempre te buscaré a ti!

Gabrielle se paralizó y se sonrojó al asimilar las cosas que ella había exclamado.

George abrió los ojos más de lo habitual, unos segundos después, una pequeña sonrisa petulante adornó el rostro de George. Gabrielle quería desaparecer, había sonado muy desesperada, y quizás había hecho ella misma, solita y evidente, que estaba obsesionada con él. Pero es que ella, también se había sentido ofendida, ante la pequeña sugerencia de George, de que Gabrielle estaba buscando a Fred. Fred podría ser desde el punto de vista de Gabrielle, similar en apariencia física a George, pero en personalidad, para ella, eran muy diferentes. Fred podía ser muy grosero y tosco cuando se lo proponía, él se lo había mostrado a ella en el pasado. Gabrielle se preguntó en el pasado si, Angelina se estaba castigando a sí misma, al ser novia de Fred, a menos que, Angelina figurara como una de las raras excepciones de Fred, con las cuales tenía un poco más de consideración por sus sentimientos.

—Respondiendo a tu pregunta, Fred salió para verse con su novia —George hizo una pequeña pausa—, bien, antes de que tengamos sexo, quiero sentarme en el sofá —dijo George, sin borrar su sonrisa, sentándose en medio del sofá

Gabrielle se quedó quieta, en medio de la sala, parpadeó varias veces, incrédula, no sabía qué pensar, ¿ella también debería sentarse al lado de él en el sofá?

—Me gustaría que te acostaras en mi regazo —manifestó George sin inmutarse.

Gabrielle se sonrojó un poco, Gabrielle se cuestionó si eso había sido una orden o una sugerencia. A Gabrielle aquello le pareció una orden disfrazada. Gabrielle fue obediente, y se acostó boca abajo, y con su abdomen teniendo contacto con el regazo de George.

—¿Tengo permitido tocarte, apretarte y pellizcarte el trasero?, ¿también puedo acariciarte la espalda? —preguntó George casualmente.

Gabrielle se sonrojó al escuchar la pregunta y se quedó ella pensando por varios segundos, ¿qué tal si esta era la primera y última vez que tenía un contacto tan intimo con George?, Gabrielle sospechó que su propio corazón estaba latiendo más rápido.

—Sí puedes —dijo Gabrielle, sin darse cuenta de que su voz se había escuchado como un chillido.

George le ahuecó una de las nalgas de ella, con una de las manos de él, y la apretó, Gabrielle emitió un pequeño gemido.

—¿Qué se supone qué estás haciendo? —preguntó Gabrielle avergonzada.

—Jugando contigo —contestó George con aparente tranquilidad.

Jugando con ella. Entonces Gabrielle no era nada serio para George, probablemente nunca lo sería. Gabrielle de repente sintió como George le acariciaba con suavidad la espalda, Gabrielle percibió la calidez de la mano de George, el cosquilleo en la espalda se fue extendiendo en su cuerpo, a pesar de vaya, por el momento George solo se estuviera limitando a acariciarle la espalda. La respiración de Gabrielle se entrecortó. George tarareó.

—Yo a esto le llamo el juego previo del juego previo —dijo con calma George, sin dejarle de acariciarle la espalda a Gabrielle.

—¿Vamos a tener sexo en el sofá? —preguntó Gabrielle, porque desde su percepción, esa era una pregunta válida.

—Oh no, Fred me mataría, al igual que yo mataría a Fred, si yo me llegase a enterar que tuvo sexo en el sofá —dijo George pensativo, mientras le seguía acariciando la espalda a Gabrielle.

Gabrielle se preguntó si así se sentían los gatos.

—A ninguno de los dos nos daría gracia encontrar el sofá cubierto de…

—Está bien, ya entendí George —dijo Gabrielle interrumpiendo a George.

Gabrielle no quería saber cómo terminaría George la oración.

Gabrielle sintió de repente que George le dio un pequeño pellizco en la nalga, a pesar de ella tener su trasero cubierto con la tela de mezclilla. Gabrielle emitió un pequeño gemido de la impresión.

—Mírate que grosera eres Gabrielle, interrumpiendo a tus mayores —dijo George sonando burlón—, qué falta de respeto.

Toda esta situación le parecía rara a Gabrielle, posiblemente George estaba viendo todo esto como un juego, posiblemente George nunca tomaría en serio a Gabrielle, y aún así Gabrielle estaba en esa extraña posición, encima de George, porque quizá para Gabrielle, está probablemente sería la primera y última vez, que tendría un momento tan cercano con George. Así que ella acapararía todo lo posible para ella misma.

—No creo que seas muy mayor para mí —contestó Gabrielle sonando desafiante—, además, me parece raro que des a entender que no te respeto, cuando es todo lo contrario.

Gabrielle se volteó quedando boca arriba en el regazo de George.

—Me tienes muy idealizado Delacour —dijo George con una sonrisa.

—Tal vez seas así porque por las circunstancias no he podido hablar mucho contigo —dijo Gabrielle haciendo una pequeña pausa—, pero por eso, ahora, quiero conocerte más —afirmó Gabrielle.

—¿Quieres conocerme más? —preguntó George, sonando incrédulo e inclusive burlón.

—Sí, quiero conocerte más, saber más sobre lo que te gusta, lo que te disgusta, tus puntos de vista sobre cosas que pasan en nuestra sociedad —dijo Gabrielle haciendo una pequeña pausa—, sé que tú y Fred tienen formado un gran vínculo como hermanos, vaya podría yo atreverme inclusive a afirmar, qué quién en más confías es en Fred. Sé que, si formo un vínculo contigo, no será idéntico al que tienes con Fred, pero yo quiero formar parte de tu vida, conocerte más y formar un vínculo contigo, no igual al que tienes con Fred, uno diferente, pero un vínculo significativo contigo, al fin y al cabo.

George se quedó callado. Maldición, ¿y si Gabrielle había hablado demasiado?, se suponía que ella solo había ido a la casa de George para verlo, convencerlo de tener sexo, después tener sexo, y luego hacer un esfuerzo para olvidar ese extraño enamoramiento (tal vez obsesión), que tenía ella con él. Pero no, al final Gabrielle tuvo que explayar esos pensamientos y sentimientos más íntimos, qué quién sabe por cuanto tiempo tenía guardados ella en su interior.

—Siempre me pareció raro que desarrollaras esa extraña fijación en mí —dijo George rompiendo el silencio, con su voz sonando incrédula, mientras le acariciaba la cabeza a Gabrielle—, ambos, Fred y yo, nos vemos físicamente igual, y a ambos nos gusta hacer bromas, daría igual por quién desarrollaras esa extraña fijación, o enamoramiento, es más, simplemente podrías haber elegido tenernos como, amor platónico a ambos, pero no, decidiste fijarte en mí.

Gabrielle frunció el ceño, ¿esa era una prueba?, o ¿acaso él buscaba hacerla enojar?

—Tú y Fred tienen diferencias físicas, pero no te las voy a decir, porque capaz luego terminas usando esa información para confundirme, no gracias, pero sí podría decirte las diferencias qué hay entre tú y él, respecto al modo de comportarse —dijo Gabrielle muy segura de sí misma.

—¿Sí? —preguntó George enarcando una ceja y sonriendo.

—Sí, yo sé que ambos les gustan hacer bromas, uno de los sellos distintivos de ustedes, pero yo he notado que eres más calmado que Fred, y tal vez digas que estoy errada con lo que voy a decir a continuación, pero a mi percepción, creo que también eres más compasivo que Fred, que tú tienes más en consideración los sentimientos de los demás —dijo Gabrielle haciendo contacto visual con George.

George abrió sus ojos significativamente más de lo normal. Gabrielle se sonrojó al haber hecho contacto visual con George, los ojos azules de George le parecieron muy bonitos a Gabrielle.

—¿Tu pasatiempo todos estos años ha sido observarme Delacour? —preguntó burlonamente George.

Fue extraño, pero cuando George hizo esa pregunta, Gabrielle percibió suavidad en la mirada de George.

—No, mi pasatiempo es leer revistas para adolescentes y libros de ciencia ficción —contestó con sinceridad Gabrielle.

En defensa de Gabrielle, Gabrielle no iba a negar que los escritores de las revistas que leía tenían una enorme habilidad para atrapar con sus textos y chismes. Gabrielle no consideraba un pasatiempo cortar y confeccionar ropa, para ella, ese era un trabajo. George se quedó en silencio, durante lo que Gabrielle consideró, un largo rato, ¿acaso la respuesta de ella había sido muy superficial?, a veces a ella le gustaba hacer introspección de ella misma, y analizar alguna que otra cosa en su vida, de hecho, una vez ella intentó leer un libro de filosofía, que al final dejó de leer en la página 20, de lo pesado que le pareció. Gabrielle se preguntó si debió mentirle a George para verse menos superficial, haberle dicho algo como, "mi pasatiempo es leer gruesos libros de filosofía escritos de manera rimbombante". Gabrielle no tuvo mucho tiempo de seguir pensando en ello, porque George volvió hablar.

—Ya veo, si quieres, luego te presto algunos de mis libros —soltó George casualmente, mientras le acariciaba una pierna a Gabrielle.

A Gabrielle le gustaba sentir el tacto de George sobre ella, también que le pusiera atención, pero ella presentía que él le estaba dando largas a ella, para al final no tener sexo.

—George ¿Cuándo vamos a tener sexo? —preguntó Gabrielle con ceño fruncido.

George emitió unas pequeñas risas.

—¡Qué impaciente eres Delacour! —exclamó George con una sonrisa de oreja a oreja.

Posteriormente George hizo contacto visual con Gabrielle, con una sonrisa más apaciguada.

—Levántate —dijo George—. Voy a llevarte a mi habitación.

Gabrielle obedeció y se puso de pie. George también se puso de pie, George se puso detrás de Gabrielle, él posicionó una de sus manos, en la espalda baja de Gabrielle, Gabrielle dio un pequeño respingo, y posteriormente George guió a Gabrielle a las escaleras. Ambos subieron las escaleras. Había un pasillo en el primer piso, y varias puertas esparcidas en ese pasillo. George abrió una puerta que estaba en la pared izquierda del pasillo, y alentó a Gabrielle a entrar a la habitación, Gabrielle entró a la habitación y avanzó un poco en el interior de ella. Gabrielle se dio cuenta de que el interior de la habitación de George le recordaba a su manera, a la tienda "Weasley & Weasley", y también a los otros espacios de la casa de los gemelos. Gabrielle miró rápidamente los muebles de su alrededor, igualmente las paredes. Fue ahí que Gabrielle se dio cuenta de un hecho aterrador y al mismo tiempo incómodo para ella: uno de los dibujos cutres que le regaló a él, en la niñez de ella, estaba enmarcado en la pared.

—¡George! ¡¿Por qué está eso ahí?! —exclamó Gabrielle sonando indignada, mientras señalaba el dibujo colgado en la pared.

George sonrió, se puso detrás de Gabrielle, y le apretó un poco con una mano, la cintura de ella.

—¿Por qué?, ¿Qué tiene?, tú me lo regalaste, y cómo es mío puedo hacer con él lo que quiera —dijo George sonando divertido, detrás de Gabrielle.

—Creo que deberías tirarlo —afirmó sin ninguna duda Gabrielle—, no sé la razón por la que alguien conservaría ese horrible dibujo —dijo Gabrielle—. Hice que unos años atrás, mamá tirara todos los horribles dibujos que le regalé durante mi niñez —declaró Gabrielle con orgullo.

—Bueno, lamento informarte esto Gabrielle, pero no soy tu mamá, así que tendrás que aguantar, el hecho de que yo seguiré conservando tus dibujos —replicó con calma George.

Gabrielle percibió que lo que dijo George, sonó tranquilo, pero también ella se percató de que hubo un atisbo de seriedad en la réplica de George, ¿Por qué él conservaría sus dibujos?, eso no tenía ningún sentido, no eran buenos, tampoco tenían valor monetario, a menos que él los estuviera conservando, por la diversión que le estuviera produciendo, recordar el comportamiento descarado de Gabrielle durante la niñez de ella.

George se quedó callado por un momento. Gabrielle se preguntó si ella debía rellenar ese silencio, pero antes de que Gabrielle pronunciara alguna palabra, George volvió a hablar.

—¿Ya has besado a alguien? —preguntó George con cautela.

Gabrielle se giró, quedando cara a cara frente a él.

La verdad era que ella no había besado a nadie, porque se había encaprichado con George.

—No —respondió Gabrielle sonrojándose.

Antes de que ella hubiera entrado a la casa de George, no se había puesto a pensar con detenimiento, sobre su nula experiencia sexual, o sobre besos. George se acercó lentamente a Gabrielle, y la agarró de las mejillas. Gabrielle alzó la cara.

—Bien, recuerda esto, si en algún momento quieres parar, podemos parar —replicó seriamente George.

¿Parar?, ni siquiera habían hecho algo, Gabrielle no quería parar, ella quería seguir adelante.

—Entiendo George, ¿podrías besarme ahora? —dijo Gabrielle sonando impaciente.

Una sonrisa hizo su aparición en el rostro de George. De seguro George se había de estar mofando mentalmente de ella, pero para Gabrielle había sido demasiada la espera.

George acerca su rostro al de Gabrielle, y de un momento a otro, Gabrielle siente la presión de los labios de George sobre los suyos. A percepción de Gabrielle, los labios de George son suaves y cálidos. Gabrielle no está segura de lo que ella tiene que hacer. Gabrielle decide tomar las experiencias que le han contado sus compañeras de la escuela, como un pobre sustituto de un instructivo sobre cómo besar personas. Gabrielle recuerda rápidamente acerca de aquella vez, en la que una de sus compañeras de clase, Jane, le contó de forma muy detallada cómo besó a un chico llamado Bob. Una de las cosas que le contó Jane a Gabrielle, muy orgullosa, fue que, durante su beso con Bob, Jane abrió la boca. Gabrielle supone que entonces ella también debería abrir la boca durante su beso con George, así que ella también lo hace, Gabrielle abre la boca. Gabrielle se percata de que George introduce su lengua en la boca de ella. Toda aquella experiencia era nueva.

Gabrielle no se dio cuenta, pero de un momento a otro, George la guió de reversa, haciendo que la espalda de Gabrielle tuviera contacto con la pared.

Gabrielle percibe un montón de cosas a pesar de tener los ojos cerrados; la lengua y la boca de George es cálida; prácticamente George está pegado a ella; una de las manos de George había abandonado el rostro de Gabrielle, para tener contacto con la cintura de ella. Se estaba desarrollando una pelea entre sus lenguas, una pelea la cuál no le molestaría a Gabrielle perder. Gabrielle siente un calor formándose en el interior de ella.

Esta situación parece sacada de alguna de sus más profundas fantasías, ¿cuantas veces ella no había soñado en el pasado, que él le pusiera tanta atención a ella? Ella quiere seguir así, con toda la atención de George puesta en ella, con las manos de George buscando constantemente tener contacto con el cuerpo de ella.

George se separa de ella, se da la vuelta y empieza a caminar, Gabrielle abre los ojos, ¿a dónde va él?, ¡¿por qué George se aleja?!, Gabrielle camina rápidamente detrás de George, y le agarra rápidamente el antebrazo a George.

—¡George!, ¡¿acaso yo hice algo mal?! —exclamó Gabrielle alarmada.

A Gabrielle le gustó besar a George, ella creyó que él sintió lo mismo, pero verlo alejarse de ella, le comunicó otra cosa a Gabrielle.

George se giró un poco en dirección a Gabrielle y Gabrielle vio el rostro de George. Oh, George estaba haciendo una expresión en su rostro, que le recordó a una expresión que hizo Fleur, cuando Gabrielle a sus 5 años de edad, le preguntó a su hermana Fleur, el motivo por el que ella no podía acompañarla a la pijamada con sus amigas de la escuela. Gabrielle está segura de que la expresión en el rostro de George es de lástima, mezclada con preocupación.

—Cariño, solo me estaba acercando a la cajonera para sacar los condones —respondió George haciendo una mueca, una mueca que, pareció ser un intento de ser una sonrisa tranquilizadora.

Gabrielle soltó a George del antebrazo. Gabrielle se sintió avergonzada ante la propia manera en la que ella había reaccionado. Gabrielle no se sorprendería si de repente George se echara para atrás y decidiera ya no tener sexo con ella.

Gabrielle vio cómo George se acercó a una cajonera, abrió un cajón de dicha cajonera, sacó del interior un paquete de condones, de igual forma sacó una pequeña botella que tenía impresa en su etiqueta "lubricante", y cerró el cajón.

George caminó, hasta estar dos pasos de distancia de Gabrielle.

—Seré suave contigo Gabrielle, supongo que esta será tu primera vez —dijo con seriedad George.

—Sí, esta va a ser mi primera vez, y, ¿si llega un momento en el que no quiero que seas tan suave conmigo? —preguntó Gabrielle.

Las comisuras de la boca de George se alzaron.

—Todavía no hemos hecho nada Gabrielle —dijo George pícaramente.

—-oOo—-

Gabrielle mira como al lado de ella, en la cama, está George durmiendo. Gabrielle se siente feliz. Desde el punto de vista de Gabrielle, George fue muy considerado con ella. Gabrielle se imagina, que, si Fleur supiera lo que ella estaba pensando, Fleur con una mirada juzgadora le diría a ella que, el que George hubiera sido considerado con ella durante el sexo, era lo mínimo que él debió hacer.

—-oOo—-

Son las 2:30 de la mañana, Gabrielle está durmiendo, completamente tapada de pies a cabeza, con una sábana, en la cama de George. Al lado de Gabrielle está George. George, a diferencia de Gabrielle, sólo está tapado con la sábana de los pies al pecho. Repentinamente se abre la puerta de la habitación de George, quién abrió la puerta, fue Fred.

—George, dime algo, ¿metiste un gato o a una mujer a la casa?, porque hay un montón de… no sé lo que sea, no sé si son un montón de pelos o cabellos plateados, pero están esparcidos por toda la sala —bromeó enfadado Fred.

Gabrielle se despertó y sorprendió por el ruido, pero no se movió mucho debajo de la sábana.

—Ya entendí Fred. Antes de las 11 de la mañana, ya estará aspirada y limpia toda la sala —respondió somnoliento y enojado George.

—Eso espero, la semana pasada yo limpié la sala —Fred hizo una pausa—, ¿Qué no es ese el bolso de Gabrielle Delacour? —preguntó Fred.

El bolso de Gabrielle Delacour, estaba en el suelo, delante del piecero de la cama.

Gabrielle sintió como se le calentó la cara.

—¿Cómo estás tan seguro?, ¿qué tal si es el bolso de otra mujer?, ¿qué tal si es un bolso en serie? —replicó George, cuestionando a su hermano Fred.

—Vaya, miren quién está tratando de atarantarme —dijo con diversión Fred—. Estoy preocupado por ti George —continuó hablando Fred, pero esta vez con más seriedad.

—Tiene 18 años —replicó George sonando indiferente.

—¿Ya tiene 18 años? —preguntó con sorpresa Fred.

—El mes pasado fue su cumpleaños —respondió George con calma.

—Bien en ese caso, si la vuelves a meter aquí, pídele que lleve una red para el cabello, una gorra o algo, que impida que deje tirado todos sus cabellos por la casa, ella verdaderamente parece un gato —dijo Fred sonando aliviado—. Me voy a ir a dormir a mi habitación George, me voy a levantar muy tarde, no hagas mucho ruido, mi cita con Angelina se extendió más de lo imprevisto —dijo Fred, seguido de un bostezo.

Terminando de hablar Fred, Fred cerró la puerta de la habitación de George. George destapó la cara de Gabrielle, Gabrielle parpadeó varias veces y luego hizo contacto visual con George.

—¿Qué opinas?, ¿eres un gato o no eres un gato? —le preguntó George a Gabrielle, con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Meow? —replicó Gabrielle como una pregunta.

Gabrielle no se creía un gato, pero ella no creyó que fuera malo bromear un poco con George.

Unos cuantos minutos después, se volvieron a dormir.

—-oOo—-

Gabrielle se volvió a despertar, dándose cuenta otra vez que, ella estaba en una cama que no era la suya, miró a su derecha y vio que quién estaba al lado de ella durmiendo, era George, George se veía muy plácido durmiendo. Gabrielle miró a sus alrededores, se preguntó qué horas eran. Gabrielle sentía cansadas sus piernas, como si ella hubiera corrido un maratón, lo cuál no fue así. Pensando las cosas detenidamente, a Gabrielle la idea de volver a hablar con George, después de que él se despertara otra vez, no le gustó. Ella tendría que encarar el hecho de que esto fue cosa de una sola vez, y solo por un maldito cupón. Quizá George creyó que le hizo un favor a Gabrielle al haber tenido sexo con ella.

Gabrielle localizó un reloj que estaba puesto en lo alto de una de las paredes de la habitación de George, marcaba que eran las 6 de la mañana. Ella no quería ver a George despertarse, para ella aquello sería incómodo. Pero para salir de la casa de los gemelos, ella necesitaba la llave de la puerta de la casa de ellos. Ella no sabía dónde estaba la llave. Sería incómodo tocar varias veces la puerta de la que esperaba que fuera la habitación de Fred, despertarlo, y pedirle que le abriera. Además, Gabrielle sabía que Fred contaba con un vocabulario muy vulgar, del cuál hacía uso cuando estaba de muy mal humor y no estaba su madre cerca. Fred estaría de muy mal humor si Gabrielle se atreviera a despertarlo muy temprano. Así que, en la lógica de Gabrielle, la mejor decisión era abrir la ventana del cuarto de George, y salir por medio de ésta.

Gabrielle se levantó de la cama lo más silenciosamente posible, se vistió, abrió la ventana de la habitación de George con bolso colgado en el hombro. Cuando abrió la ventana, Gabrielle se dio cuenta de que estaba en el primer piso de la casa, ah, se le había olvidado a Gabrielle que estaba en primer piso de la casa, no en planta baja. No obstante, Gabrielle se percató de que había arbustos debajo debajo de la ventana, podrían amortiguar su caída. Gabrielle se encogió de hombros, puso en cada lado, sus manos en el marco de la ventana, pasó una pierna por el marco de la ventana, y antes de que pasara su otra pierna por el marco de la ventana, escuchó la voz de George detrás de ella.

—¿Tan malo fue el sexo conmigo, que ya decidiste acabar con tu vida? —dijo George sonando divertido.

Gabrielle volvió a meter su pierna al interior de la habitación y se giró en dirección a George. George se encontraba todavía acostado en la cama.

—No George, nada de eso —dijo Gabrielle mirando al piso, evitando mirar a George en la cara por la vergüenza. Gabrielle ya estaba sintiendo sus mejillas arder—. Al contrario, me gustó mucho.

Gabrielle miró a George a la cara. George estaba enarcando una ceja.

—¿Entonces qué estabas tratando de hacer? —preguntó George.

—Quería volver casa —dijo Gabrielle en voz baja.

—¿Así?, ¿sin despedirte?, yo creí que la señora Delacour te había educado mejor, Gabrielle —contestó burlonamente George.

—-oOo—-

Gabrielle se desconcertó un poquito cuando George le ofreció la opción de bañarse en el baño de él. Ella creyó ya era demasiado abuso de confianza de ella, usar un baño ajeno para bañarse, pero luego ella lo pensó mejor: la piel de ella se sentía pegajosa por el sudor. Gabrielle se bañó con el champú que había en el baño, y con un jabón que le había regalado George, un jabón que le había pasado George con el empaque sellado. Raro sería que George le hubiera ofrecido un jabón usado, aunque, quizás no le hubiera sorprendido a Gabrielle, con el humor extraño que a veces manejaban los gemelos Weasley.

George también le había ofrecido una de sus camisas, pantalones, y un bóxer que todavía estaba con el empaque sellado cuando se lo dio a Gabrielle en la mano. Aquello le pareció muy hospitalario a Gabrielle de parte de George. Gabrielle se visualizaba dentro de unos días devolviéndole a George la camisa y el pantalón, lavados. Lo que de plano Gabrielle no le iba a devolver a George, era el bóxer, porque desde el punto de vista de Gabrielle, devolverle el bóxer a George sería antihigiénico. El bóxer ya era de Gabrielle.

—-oOo—-

Gabrielle se sentó en una silla que estaba en frente de la mesa del comedor, George le había pedido que no se fuera de la casa sin comer. George hizo pancakes, y le puso una fila de pancakes en un plato a Gabrielle, al igual que le sirvió un vaso de leche a Gabrielle. Gabrielle sintió sus mejillas arder ante estas atenciones, no recordó que George hubiera hecho algo así por ella antes.

—Ten cuidado George, si sigues así, después te será difícil deshacerse de mí —intentó bromear Gabrielle.

George se acercó, quedando al lado de Gabrielle, Gabrielle giró su cabeza al lado dónde estaba George, también ella alzó la cabeza, George puso una de sus manos en la mejilla de ella, y le empezó a acariciar a Gabrielle la mejilla con el pulgar.

—¿Y quién dijo que me quería deshacer de ti? —preguntó George con una sonrisa y mirada cálida, mirándola desde arriba.

Gabrielle, que tenía la cabeza alzada, mirando a George, abrió más los ojos de lo habitual, sintió que sus mejillas ardían más que antes, y sin darse cuenta, abrió ligeramente la boca. Gabrielle sospechaba que ella se veía como una idiota. Gabrielle tragó saliva.

—George… —dijo Gabrielle.

—¿Sí? —preguntó George sin dejarle de acariciar la mejilla a Gabrielle, y manteniendo el contacto visual con ella.

—Ya no tengo ningún cupón —soltó con rapidez Gabrielle.

George suavizó más su mirada, y emitió una pequeña risa.

—Te regalaré todos los cupones que tú quieras cariño —contestó George, para luego verse pensativo durante varios segundos—. Te veías muy emocionada mientras teníamos sexo Gabrielle —dijo George casualmente.

—¿Qué puedo decir al respecto George?, me gustas mucho —replicó Gabrielle con las mejillas sonrojadas.

—No me sorprendería que tuvieras un cartón de mi altura, con una imagen impresa de mí en tu habitación Gabrielle —bromeó George.

Gabrielle se asombró, ella no había pensado en eso, pero ahora que la idea estaba pululando en su mente…

—Gracias por la sugerencia George —respondió Gabrielle con una sonrisa.

Ahora Gabrielle tenía que agendar un día para encontrar la imprenta más cercana.

George se carcajeó en respuesta y le desordenó el cabello a Gabrielle.

—-oOo—-

Gabrielle no era tonta, Gabrielle sabía que su papá, había pedido a las vecinas que estaban más cerca de la casa Delacour, que vigilaran a Gabrielle, que mantuvieran al tanto a Monsieur Delacour, de lo que hacía su hija Gabrielle Delacour. Monsieur Delacour, estaba consciente de las habilidades de observación de aquellas amas de casa, y de lo fuerte que eran sus habilidades si las ejercían en grupo.

A Gabrielle no le importó recibir miradas juzgadoras, e indiscretas, de las vecinas anteriormente mencionadas. Si ella se preocupara de cómo la percibían sus vecinas la mayor parte del tiempo, ella se hubiera perdido muchas experiencias. Por más que Gabrielle intentara disimular su chistosa forma de caminar, mientras ella se dirigía a casa en la mañana, ella sabía que era inútil. Parecía que ella, estaba caminando después de haber estado varias horas en el gimnasio, haciendo ejercicios a los cuales ella no estaba acostumbrada, pero las vecinas con la mirada más agudizada, estaban conscientes de el motivo de la forma curiosa, de caminar de Gabrielle. Vamos, que las vecinas habían visto como Gabrielle, abandonó la casa llamada "Las urracas", casa en la cuál sabían que vivían los gemelos Weasley. Tampoco ayudaba mucho la vestimenta con la cuál Gabrielle, estaba volviendo a la casa Delacour. Aquellas vecinas también desafortunadamente sabían que, a Gabrielle le gustaba George desde que ella era una niña.