H0l444! Tr4!g0 uN f!c nU3v0 *-*

Lol, salio más largo de lo que pensaba, pero welll. En realidad esta es la continuación (?) de otro fic que no he publicado aqui porque tiene referencias que no son canonicas con la fantasia de que estoy en el 2008, pero no pasa nada porque no es necesario leer esa parte para entender esta :P

Advertencias: Lemon, twincest, alusión a un fetiche, Tom uke.


Todo se originó cuando Bill trataba de escribir una canción para su próximo álbum, mientras Tom se había quedado dormido plácidamente sobre la cama luego de unas largas tres horas de amatoria, había quedado demasiado sensible y agotado, Bill hubiera querido quedarse a su lado, abrazándolo por la cintura y dándole besos en la nuca, pero definitivamente tenía muchas ideas en su cabeza sobre posibles letras para canciones que incluirían en su próximo álbum.

No quería despertar a Tom y pedirle ideas, su rubio tenía que descansar definitivamente, quizás había sido muy exigente esta vez, pues Tom se veía visiblemente agotado sobre la cama con una sábana encima y sus rastas hechas un total desastre, al despertar tendría gritos de parte suya, pero no de los que precisamente quisiera...

Gritos... Bill mordió el lápiz entre sus dedos, mientras sonaba el coro de Pour Some Sugar On Me de Def Leppard en sus audífonos.

Cerró sus ojos, teniendo recuerdos de sus momentos con Tom hacía sólo un rato.

Demasiado agitado como para pronunciar una oración completa correctamente, pero de entre sus labios hinchados salía su nombre.

—Bill... ¡Espera! No te muevas demasiado...—gimió, sintiendo cómo las gotas de sudor se deslizaban por su frente, tratando de hundir su cabeza en la almohada, pero siendo jalado por su cabello repentinamente.

—¡No te calles, quiero escucharte, precioso! —exclamó, siendo suave pero certero. Y las piernas del de rastas terminaron por ceder, pero eso no impidió a Bill, que lo tomó por la cadera con fuerza con una de sus manos, mientras que con la otra lo sujetaba por las rastas.

Bill soltó una risilla, ante esos recuerdos, sintiendo cómo su miembro podía volver a erguirse debajo de la tela de sus bóxers sólo recordando.

Y de pronto. ¡Tuvo una idea! Y tan rápido como un rayo comenzó a escribir en su cuaderno al ritmo de Pour Some Sugar On Me.

En cuestión de minutos, tenía la mitad de una canción, la leyó para ver que todo estuviera bien, aunque de todos modos, al final iba a corregir o cambiar algunas cosas. Le dio una rápida mirada a su gemelo, que seguía tan dormido como podría estarlo la bella durmiente o blancanieves, esperando por un beso de su verdadero amor.

Continuó escribiendo, hasta que terminó con una letra entera para una canción. Sonrió satisfecho, y con algunos de sus dedos comenzó a dar golpecitos sobre la mesa, intentando encontrar el ritmo adecuado para la canción.

[...]

—Bien ¿qué te parece?

—Es un poco... Más explícita que Reden sin dudarlo —David se tocaba el mentón con la hoja de la canción en su otra mano, mientras Georg y Gustav estaban cada uno, a un lado suyo, leyendo la canción.

—¿De dónde sacaste esta idea, Bill? —preguntó Gustav.

—Una noche de inspiración y nada más.

—¿Estás seguro? Las fans se pusieron locas con ese rumor de que Reden fue escrita por Tom para una fan... Aunque con Tom, realmente no sabemos que es real y que no —masculló lo último Georg.

—Pero esto lo escribí yo, así que, ¿qué más da si es de algo real o no?

—Ese no es el problema... El problema es...

—¿Gemidos? ¿En serio, Bill? —Georg frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué tiene? Axl Rose lo hizo.

—Lo que quiere decir Georg, Bill, es que, quienes nos escuchan son mayormente niñas emos de catorce o quince años, ¿no crees que es muy explícito? La letra... creo que puede pasar, pero, ¿los gemidos? Los padres nos terminarán de odiar —intervinó Gustav, que estaba más tranquilo con la situación, pues a decir verdad, no le importaba la letra de la canción o las ideas raras de Bill, estaba acostumbrado de todas maneras.

—Bill, no lo voy a negar, es atrevido, me gusta, y ya no son niños para decirles que el sexo esta mal, pero, ¿de dónde sacaremos los gemidos? En dado caso que aceptaran Gustav y Georg tocarla —David miró fijamente al azabache.

—Yo me encargo de eso... —dijo con suavidad mientras una sonrisa amenazaba con salir de sus labios.

—Oh, no, Bill, no me digas que piensas hacer lo que estoy pensando. ¡Estos ya no son los años ochentas!

—¿De qué hablan? ¿Qué está haciendo Bill ahora? —habló Tom, entrando a la sala de prácticas, y observó a todos los presentes ahí. —¿Por qué todos se quedan callados?

—Bill escribió una canción —Georg suspiró y se acercó al de rastas para mostrárselo, Bill intentó detenerlo, pero en cuestión de segundos la hoja ya estaba sobre la mano del rubio, y su cara decayó en cuanto leyó el primer párrafo.

Tom leyó toda la letra de la canción, sonrojándose de inmediato al captar todo. El arpa... Ese chiste que había hecho una vez que fueron al museo por parte de la escuela, y Tom había hecho un chiste sobre tocarle el arpa desnudo a Bill, sólo para su deleite, como una ninfa griega, aunque ni siquiera sabía si las ninfas tocaban el arpa en la cultura griega, sólo le pareció gracioso hacer ese chiste sin sentido cuando vieron el instrumento antiguo en el aparador del museo.

Levantó su mirada, que era una mezcla de vergüenza y enojo, mientras sus labios estaban cerrados y curvados ligeramente hacia abajo, mientras su respiración comenzaba a entrecortarse.

David cerró los ojos y suspiró.

—Bien, tengo cosas que hacer. Si se ponen de acuerdo, me dicen, entonces grabaremos la canción —el mayor salió de la sala, para dirigirse a ver sus otros asuntos—. Nos vemos mañana, chicos, descansen.

—Yo no tengo problemas con grabarla —Gustav alzó los hombros y salió de la sala, cansado después de un día de prácticas.

—Bueno, Bill es el líder, así que… Si quieres que esté en el próximo álbum, entonces supongo que está bien —Georg soltó un bostezo—. Sólo piensa en si realmente quieres que pongamos gemidos en la melodía —dijo por último, saliendo detrás del baterista.

Bill sintió la intensa mirada de Tom sobre él, y vio como este cerraba los ojos con lentitud mientras inhalaba aire…

[...]

Tom empujó la puerta de la habitación con violencia, mientras que Bill entraba detrás suyo.

—Tom, por favor, considéralo, ¿sí?

El nombrado se volteó, con ese gesto que Tom hacía cuando Bill decía algo que no le gustaba, tenía sus mejillas infladas y ceño fruncido.

—Eres un pendejo, ¿cómo se te ocurre hacer eso? ¿¡Eh!? —reprochó Tom, con los brazos pegados a ambos costados suyos y con los puños cerrados, totalmente molesto.

—Consíderalo, porfi... —pidió Bill, encogiéndose un poco en sí mismo, la verdad era que no se había resistido más y terminó por mostrarles y contarles la idea a los demás, antes que a Tom.

—¡Lo único que voy a considerar va a ser romper con mi estúpido hermano y luego salir con Pavel!

Al escuchar ese nombre, el rostro de Bill se oscureció... Pavel... Ese idiota que Tom había conocido en una de las tantas fiestas a las que iban, el castaño claro rápidamente había demostrado su interés en el de rastas, casi invitándolo a salir enfrente de Bill, que por primera vez... Se sintió amenazado porque alguien estaba merodeando a Tom.

¿Por qué de un chico y no de las miles de chicas que tiraban calzones y brasieres sobre Tom? Pues fácil, aunque a su gemelo le gustasen las chicas, tenía una clara preferencia por los chicos, sobre todo si éstos eran más altos que él, y Pavel cumplía con el estándar, por lo que se sintió amenazado y por evidentes razones no podía besar a Tom frente a todos en ese momento para demostrar que era suyo, por lo que tuvo que tragarse sus celos, pero así como eso era evidente, también lo era el claro interés de Pavel sobre Tom, pues ni siquiera se molestaba en ocultarlo, haciendo sonrojar en más de un ocasión al de rastas, que con la mirada asesina de Bill sobre el castaño, lo rechazó amablemente. Aunque ciertamente Tom no estaba molesto... Sabía que al volver al hotel tendría sexo duro con Bill celoso, algo que realmente lo hacía mojarse aunque no fuera una chica…

—Bueno, tú hiciste lo mismo con Reden…—musitó Bill.

—La diferencia fue que yo te mostré primero la letra y luego a los demás, no al revés, tarado —Tom se cruzó de brazos y volvió a darse la vuelta—. ¡Y encima quieres que ponga mis gemidos en la estúpida canción!

—Por favor, Tom, dale sólo una oportunidad… chiquita, minúscula, anda, ¿sí? —Bill entrelazó ambas manos, rogándole a su gemelo que aceptara.

Tom soltó un suspiro grande, y Bill pensó que había aceptado.

—Terminamos —soltó decidido Tom, caminando alrededor de la habitación para tomar el teléfono y luego dirigirse a la puerta, que conectaba con la otra habitación.

—Tom… —alcanzó a decir Bill, cuando Tom se encerró en la otra habitación —. Tom, por favor, no seas infantil…

De inmediato escuchó cómo Tom hablaba con alguien.

—Hola, ¿Pavel? Soy Tom.

Bill se quedó quieto escuchando, y tomó el pomo de la puerta.

—Tom, abre.

—Oh, sí, llamaba para saber si quieres salir conmigo esta noche…

—¡Tom, abre la maldita puerta! —exigió Bill, sintiéndose celoso, en ese momento el tema de la canción pasó a segundo plano.

—¿En serio? Qué bueno, quería verte.

—¡TOM!

—Ujum… ¿Ese lugar es bonito?

Bill se separó de la puerta, dispuesto a tumbarla si era posible para que Tom dejara de hablar con aquel ser.

—¿Privado dices? No nos va a molestar nadie…

Tomó impulso, corriendo con todas sus fuerzas para abrir la puerta, sin percatarse de que la puerta fue ligeramente abierta, sólo hasta que se fue pasando, cayendo estrepitosamente al suelo, jadeando del dolor al caer sobre su brazo, abriendo los ojos y viendo a Tom que tenía el teléfono en una mano.

—Adiós, Pavel —Tom ni siquiera estaba hablando por teléfono y todo lo había hecho a propósito.

—Tú… ¿Qué más hablaste con ese bastardo? —preguntó Bill mientras se tomaba del brazo, adolorido e intentaba levantarse del suelo.

—¿Ah? ¿Por qué te interesa saber eso? —cuestionó Tom, con inocencia y naturalidad. —Ya no somos pareja.

Bill se mordió el labio del dolor y de los celos, pues Tom sabía jugar y actuar muy bien su papel.

—Si me disculpas… Tengo una cita con Pável está noche, así que iré a asearme y a ponerme bonito para él —Tom se quitó sus Converse rojas, para quedarse descalzo y luego dirigirse al baño.

Bill… no iba a permitirlo, tomándolo del hombro cuando Tom menos se lo esperaba y estrellándolo contra la pared a la que estaba pegada el baño.

Tom jadeo en queja, sintiendo como era acorralado por Bill contra la pared.

—¡Te prohibo que veas a ese mal nacido! —dictó Bill, molesto, sus celos podían opacar incluso el dolor de su caída.

El de rastas tuvo que mantener su actitud, pues si no fuera esa la situación ya estaría restregándose contra Bill, pidiéndole que se lo cogiera ahí mismo contra la pared pero… no, no podía darle ese beneficio a Bill, sobre todo cuando este era tan sin vergüenza de hacer una canción tan explícita sobre él y sus gemidos, no… por lo qué, poniendo su mejor rostro de seriedad, bufó, y apartó a Bill con un empujón.

Al parecer Bill olvidaba de que Tom iba al gimnasio regularmente y aunque no tenía un cuerpo exageradamente musculoso, tenía un bonito cuerpo delgado trabajado que solo hacía resaltar más sus curvas, pero igualmente Bill poseía fuerza, así que cuando discutían sabían que era probablemente un empate, aunque desde que habían comenzando su relación, habían dejado ese tipo de comportamientos atrás, sin embargo algunas veces volvía a surgir entre ellos, pero eran masoquistas y sadistas, así que no era realmente un problema al cabo de un rato.

—¡Tom, tú eres mío y de nadie más! ¿Entiendes? —continuó Bill, incluso con ese empujón, trato nuevamente de tener dominancia sobre la situación.

Un jadeo amenazó con salir de sus labios ante aquellas palabras, por lo que Tom tuvo que morderse la lengua y girar su rostro hacia otro lado, volviendo a cruzarse de brazos.

—Déjame en paz —ordenó Tom, alejándose del azabache para por fin entrar al baño, dando un portazo.

Bill tenso la mandíbula y apretó los puños. Tom no podía estarle haciendo eso.

[...]

Ya habían pasado unas horas, Tom efectivamente se ducho y alistó como si fuera a salir, mientras escuchaba a Bill protestar detrás de él, y viéndolo fijamente desde una esquina, podía sentir como lo miraba con sus ojos llenos de celos.

—¿Vas a quedarte ahí toda la noche? —preguntó Tom, sin verle, mientras se ponía perfume.

—¡Si! Te prohíbo que salgas de aquí —exclamó Bill, a unos metros de él.

El de rastas soltó un suspiro, ante la terquedad de su hermano, pero él tampoco iba a dejarse, así que terminó de arreglarse, nada realmente extravagante, solo su ropa habitual, arreglar sus rastas, peinar sus cejas y pestañas, y ponerse un poco de bálsamo labial de cereza para que sus labios se mantuvieran hidratados y no se resecaran.

Aunque Bill se mantuvo firme en no moverse, para no perderlo de vista, evidentemente eso no podía durar para siempre, por lo qué, en un dado momento, comenzó a sentir ganas de orinar, Tom se dio cuenta de eso por como Bill estaba parado con incomodidad, recargándose sobre la pared.

Esperó paciente, hasta que Bill no pudo soportarlo más y comenzó a caminar al baño.

—Solo iré al baño, unos segundos y te juro que si sales, Tom… . —advirtió Bill, pero no logró terminar la oración pues su cuerpo ya no resistía más y se metió con prisa.

—Ujum… —Tom rodó los ojos, y en cuanto Bill se metió al baño, tomó sus Converse rojas, se las pondría afuera, y luego salió como alma en pena, sin hacer ruido y con rapidez de la habitación, corriendo en cuanto estuvo en el pasillo para salir al exterior.

Cuando estuvo afuera logró escuchar el grito de Bill, llamándole, y soltó una risita.

—Unas horas de incertidumbre no le vendrán mal —masculló el rubio, luego de ponerse sus zapatos, y soltó un suspiro.

No tenía a donde ir, pues realmente no tenía ningún plan, no había quedado con Pável, ni nada por el estilo, además de que no había salido con seguridad pero… ¿Qué más da? Podría simplemente caminar por las calles poco transcurridas por la hora, hasta aburrirse, había dejado su celular ya que sabía que Bill iba a explotarle el celular con llamadas, pero al menos había metido su mp3 y audífonos en el bolsillo de su suéter, así que se los puso y comenzó a caminar, sin alejarse demasiado, pues tampoco quería perderse por ahí, solo comenzó a rondar la zona.

Camino y camino, perdido en sus pensamientos y las canciones que iba escuchando a través de sus audífonos, se detuvo solo un momento para parar en una tienda de conveniencia y comprar sus gomitas favoritas.

Luego caminó un poco más hasta llegar a un barandal, que era el límite, pues al otro lado había un lago pequeño, Tom se apoyó en la estructura metálica, para comenzar a comer sus dulces mientras en sus audífonos sonaba Boys de Sabrina, no tenía nada que ver ese momento, pero le gustaba mucho esa canción.

Ya que recordaba que esa canción había sido muy importante para él, pues con ella había descubierto su bisexualidad, lo sexi que podían ser tanto las chicas como los chicos, pero ninguno, ya sea hombre o mujer sería tan sexi como Bill… agachó la cabeza mientras se metía otra gomita en la boca, comenzaba a extrañarlo, pero rápidamente recordó porque estaba ahí en primer lugar.

Y volvió a molestarse de solo recordar la idea de Bill.

—Puff… Mis gemidos en una canción ridícula —masculló masticando de mala gana la gomita en su boca.

Le molestaba porque se sentía expuesto de cierta manera, todos pensaban que él era súper masculino, un chico malo, que se acostaba cuanta mujer se le pusiera enfrente y pasaba metiéndose con fans, apretó los ojos con más molestia, de solo recordar cuando se creó un chisme de que él había dejado embarazada a una chica. ¡Llevaba acostándose con su hermano desde los quince! Y aunque, bueno, hubiera estado con chicas algunas veces, sobre todo cuando él y Bill querían experimentar otras cosas, pero en cuanto ese chisme llegó incluso a noticias, decidió que no iba a volver a estar con una chica por un largo tiempo, de todos modos, Bill se había vuelto muy posesivo con él en los últimos años, así que no tenía nada de qué quejarse realmente. Hacer esa canción, sería como perder toda la imagen que había construido todo ese tiempo, y aunque no fuera muchas veces él siendo genuino, pues estaba cómodo con esa imagen, las personas del exterior no tenían porque saber cómo era él en la privacidad e intimidad, quería que fuera algo solo de él… y también de Bill, aunque para todos él fuera el gemelo fuerte que protegía a Bill, porque este era delicado, la realidad era de que Bill era más fuerte que él, y casi siempre quien terminaba en los brazos del otro llorando por sus frustraciones que cargaba debido a todo, era él, estar en los brazos de Bill, recibiendo sus caricias en el cabello, besos en la frente y esos dulce te amo con su voz suave, casi susurrando, como si fuera un secreto que solo Tom debía saber, y así lo era, solo Tom sabía la intensidad con la que Bill lo amaba y adoraba, y él a su gemelo, eran uno, aunque a la vista de todos fueran dos, y no sólo lo decía por las veces que se unían haciendo el amor, que Bill se introducía en él, y sentían el calor del otro, no, lo decía en general, no podían vivir sin el otro…

Estaba pensando demasiado en Bill, tanto que ni siquiera se había percatado cuando se terminaron las gomitas y ya no prestaba atención a la canción que estaba sonando en ese momento.

—Quizás no debí haberle hecho creer que me vería con Pável…

Probablemente Bill se estuviera volviendo loco en ese momento, de celos, lo conocía bien. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que salió, pero tenía que volver, pues comenzaba a darle frío estar tanto tiempo afuera.

Volvió por donde vino, y al entrar, aunque quiso ir a ver a Bill, se detuvo cuando estuvo a punto de abrir.

"Unas horas solo lo harán reflexionar… ", pensó, y volteo a ver a la puerta de la habitación de los Gs, y se acercó.

Tocó y rápidamente Georg le abrió.

—¿Qué pasó? —preguntó, mientras Tom se adelantaba y entraba sin invitación. —Si, por supuesto pasa —dijo sarcástico, cerrando la puerta.

—Lo siento, pero tenía frío —comentó Tom, acariciándose los brazos.

—Tom —pronunció Gustav, saliendo del baño luego de cepillarse los dientes. —Escuchamos a Bill gritar y luego vino a preguntarnos si estabas aquí… ¿discutiste con él? —inquirió con una ceja ligeramente alzada, viendo a su amigo.

—Ah, si… discutimos y yo salí de la habitación para ir a caminar un rato, para relajarme.

—Uhm, lo hubieras visto, estaba como un maniático —Georg se dirigió a su cama, y se acostó sobre esta. —Por eso te viniste a quedar aquí ¿no?

El de rastas asintió con timidez, a lo que los Gs asintieron, soltando un suspiro.

—Bueno, sirve que así ustedes estén un tiempo separados para que luego hablen las cosas más tranquilos —expresó Gustav.

—¿Podemos hacer una pijamada? —preguntó Tom, al menos podían divertirse mientras él estuviera ahí.

Los Gs aceptaron, pues hacía mucho no hacían algo como eso, sobre todo por lo ocupados que habían estado los últimos meses, conciertos, eventos, reuniones, etcétera, a veces ellos también querían hacer cosas de jóvenes de su edad sin preocuparse que alguien esté detrás de ellos todo el tiempo.

Le dieron una pijama al de rastas, y luego los tres se pusieron a hacer cuidados para la piel de su cara, con cremas y mascarillas que Gustav había comprado en Estados Unidos la última vez que fueron, mientras se ponían a ver Mean Girls en la televisión de la habitación.

—Regina George es tan mala… Pero muy sexi —comentó Georg.

Habían puesto sábanas y almohadas por el suelo, frente al mueble donde estaba la televisión y los tres estaban sentados ahí, envueltos en sábanas.

—Por cierto, Tom —pronunció Gustav, volteando a ver a su amigo, quien tenía los ojos cerrados pues tenía una mascarilla de yogurt de fresa en su cara, captando su atención de inmediato. —¿Por qué discutiste con Bill?

Tom desvío la mirada por unos momentos, y Georg pauso la película, prestando atención a la plática de los dos rubios.

—Fue por la canción que escribió… —confesó Tom, a lo que los Gs se voltearon a ver mutuamente, visiblemente confundidos.

—¿Por la que quiere que tenga gemidos? —inquirió Georg.

Tom asintió, mientras sus mejillas se tornaban rosadas y agradecía tener una mascarilla encima para que no lo vieran.

—¿Sabes? Debo admitir que me sorprende que hayan discutido por eso, es decir, pensé que ya estabas de acuerdo desde antes de que nos la mostrará a nosotros, pero veo que no, incluso así, pensé que ibas a aceptar… —prosiguió el castaño.

—¿Por qué iba a aceptar grabar esa canción? —Tom se sintió indignado.

—Bueno… Estamos hablando de tí, Tom… —masculló Gustav.

Y Tom no pudo objetar más, odiando el hecho de que sus amigos también tuvieran algunos conceptos erróneos de él, aunque sabía que era su culpa. "Tom idiota", pensó el rastudo con ganas de darse un golpe en la frente.

—Consideró que es muy inapropiada —terminó por decir Tom, atrayendo sus piernas a su pecho y poniendo sus brazos sobre sus rodillas.

—Pero escribiste Reden…

—La diferencia es que Reden no es tan explícita, Georg —Gustav le contestó al castaño, mirándolo por unos segundos y luego volviendo a ver al de rastas.

Tom se perdió en sus recuerdos en ese momento… Reden.

Hubo una época en la que él y Bill solían discutir demasiado, a decir verdad, ya ni recordaba porqué, solo ocurría, eran demasiado inmaduros y bueno, el tipo de relación que tenían tampoco era una con la que podía lidiar y manejar con facilidad, cómo sería si estuvieran con otras personas que no fueran ellos mismos.

Esa vez, se habían peleado por una tontería, un error humano, pero aún así se lo tomaron demasiado personal ambos, tanto que incluso discutieron fuertemente frente a los Gs y David, y cuando ya se habían pasado a los golpes, los tres tuvieron que separarlos.

Se le encogía el corazón de solo recordar como le había dado un golpe a Bill en el labio, y se lo había dejado partido…

Por eso mismo, la próxima vez que se quedaron en un hotel, David pidió habitaciones separadas para los gemelos, esta vez no se quedarían juntos como normalmente lo hacían, pues todavía había tensiones entre ellos y sería mejor evitar una discusión que terminará en pelea física.

No le gustaba admitirlo, pero estar a solas en la habitación oscura y fría, lo hizo sollozar, ya ni estaba molesto con Bill, pero odiaba que ambos fueran tan orgullosos.

Sorbió de su nariz, viendo que ya eran casi las doce de la noche, no lograba conciliar el sueño, aunque sentía sus párpados cansados. Ya ni se molestaba en limpiar su rostro totalmente empapado por sus lágrimas, aunque también era porque ya se había acabado toda la caja de pañuelos minutos atrás.

Odiaba llorar, definitivamente lo detestaba, sobre todo cuando Bill no estaba ahí para besar sus lágrimas.

—Bill… —musitó, sintiendo como las lágrimas se deslizaban por su mejillas.

El ruido del teléfono de la habitación sonando estrepitosamente lo hizo sobresaltarse. Y salir de sus pensamientos por unos breves instantes, era casi medianoche, ¿quién podría estarlo molestando a esa hora?

Estiró su brazo, tomó el teléfono y se lo puso en la oreja.

—Tom, ¿podemos hablar? Por favor…

Tom se quedó estático por unos segundos, apretando el teléfono con su mano.

—Estoy en la habitación 483…

—Está bien —dijo Tom, antes de colgar.

Dejó el teléfono en su lugar, y se limpió el rostro con las manos, no quería que Bill se diera cuenta de que había estado llorando horas por él.

Salió de su habitación sin más, camino por los largos pasillos del hotel, hasta que estuvo enfrente de la habitación de Bill.

Leyó el número en la habitación, que estaba en dorado. Y toco la puerta, esperando paciente a que el contrario abriera.

Cuando Bill abrió la puerta, dejó espacio para que su gemelo entrará.

En la habitación no había muchas cosas, solo una mesa con una silla para una persona, un minibar, la cama, el baño y una pequeña terraza.

Tom se sentó en la cama, esperando a su hermano para hablar. El minibar era lo único que iluminaba un poco la habitación, dándole una apariencia sombría.

El azabache se sentó a su lado, soltando un suspiro y lo observó fijamente.

Tom instintivamente al ver su labio partido, quiso levantar la mano y acariciarlo, pero se detuvo, para después agachar la mirada.

—Perdón, no debí haberte golpeado en el rostro —inició Tom, sin verle, sintiéndose realmente mal por haberle levantado la mano.

Bill negó ligeramente y estiró su mano hasta el cuello de su gemelo, estirando el cuello de su camisa, viendo el golpe en tonos morados y rojizos que tenía el de rastas sobre sus clavículas, él también lo había golpeado, incluso podía decir que más fuerte que el golpe que le había dado Tom en el rostro, pasó su dedo por encima del golpe, a lo que su gemelo se quejó al sentir el contacto en esa zona.

—Yo… yo también te lastime. Soy un asco. Perdóname, Tom —Bill se veía igualmente afectado por todo lo que había estado pasando, y realmente ninguno de los quería que todo escalara tanto que llegará a los golpes, donde ninguno de los dos se midió realmente.

Tom levantó la cabeza, y lo vio directamente, conectando sus miradas, no pudiendo contenerlo más, acercándose abruptamente a sus labios, besándolo.

Su gemelo correspondió, dejándose llevar, ninguno era realmente bueno con las palabras, pero sus acciones siempre podían hablar por ellos, ya fueran malas como los golpes, o buenas como los besos llenos de sentimientos que se daban. Bill fue cediendo, recostándose sobre la cama, con Tom sobre él.

Incluso si su labio lastimado dolía, podía soportarlo, si tenía los labios rojizos de Tom sobre él, sabía que había llorado, porque los labios de su gemelo siempre se tornaban de ese color cuando lloraba por mucho tiempo, y eso lo hacía sentir culpable, pero al menos ya estaban nuevamente juntos, incluso si no se hubieran dicho muchas cosas, luego podrían hablar…

Tom se posicionó sobre su regazo, sin dejar de besarlo, mientras que Bill deslizaba sus manos por cintura, hasta llegar al final de su camisa, tomando el borde de esta y separándose de sus labios, para retirar la prenda.

—Te necesito, Bill —pronunció con sinceridad Tom, apoyándose de su pecho.

Bill hizo que cambiarán de posición, quedando sobre él y entremedio de sus piernas, y lo volvió a besar con intensidad.

—Aquí me tienes, aquí solo somos tú y yo, cariño —masculló Bill, bajando de sus labios hasta terminar en el área del golpe, besando esa zona con suavidad.

Y Tom se estremeció al ser llamado con ese apodo, incluso si ellos no eran de llamarse por cursilerías, no podía evitar no sentirse bonito cuando era llamado de esa manera por su hermano.

En ese momento ambos se perdieron en el otro, entregándose al amor que tanto se tenían, para al final quedarse abrazados, sintiendo la calidez del otro y solo con una sábana que los cubriera.

Ya cuando estaba amaneciendo y las cortinas blancas se movían con suavidad por el viento de la mañana. Tom lo vio a su lado, soñoliento con los ojos casi cerrados, pues se negaba a cerrarlos y dejar de verlo, quería que los momentos así con él fueran eternos.

Solo ellos dos, en la intimidad de una habitación de hotel, desnudos, y con los brazos del otro aferrados a sus cuerpos, sin ganas de querer soltarse más.

Ese era el verdadero origen de Reden. No ese rumor que había inventado quién sabe quién.

Soltó un suspiro y volvió al presente, ante las miradas expectantes de Georg y Gustav.

—Además, yo no escribí solo Reden,o sea si, pero tuve un poco de ayuda de Bill —confesó el de rastas, aunque la ayuda de su hermano solo hubieran sido algunos pequeños comentarios, y lo demás lo hizo él, totalmente inspirado por lo que había pasado entre ellos.

Obviamente no podía decir que cuando escribía algo junto a Bill y viceversa, eran cosas sobre ellos, que ambos habían vivido o sentido, diciendo la mayoría de veces que simplemente fue una ocurrencia.

—A mi, no me molesta la idea —Gustav se sinceró. —No me sorprende la idea de los gemidos, considerando como es Bill, lo cual es gracioso porque muchas fans lo tienen como el tierno de la banda, cuando es igual o peor que tú —dijo refiriéndose a Tom, soltando una risa.

Tom no objetó sobre eso. Si, Bill definitivamente a veces podía ser peor que él.

—Si. ¡Demonios! Bill a veces es tan desatado —comentó Georg con una sonrisa divertida. —La letra de la canción es igual de desatada que él, creo que ha estado escuchando demasiado a Guns N Roses y Mötley Crüe.

—No, no lo creo, él es más fan de esta banda… ¿Def Leppard? Si, creo es Def Leppard, siempre escucha esta canción, carajo, he olvidado su nombre pero sé que la escucha seguido a todo volumen —Gustav frunció su ceño y cerró sus ojos, tratando de recordar.

—¿Hablas de Pour Some Sugar On Me? —inquirió Tom, creyendo que esa era la canción a la que se refería.

—¡Si!...Oh esa canción, no lo voy a negar, es buena, pero ya me tiene harto de que la escuche casi siempre, aunque personalmente considero que Hysteria es mejor —Gustav soltó un bostezo. —Creo que Bill quería imitarlo de algún modo, ya sabes para variar un poco nuestras canciones emo y apuntar a un público más adulto joven y no solo adolescentes; definitivamente no, ya no estamos para fijarnos en adolescentes.

—Ay, si, tienes razón, ya no podemos meternos con tantas fans como lo hacíamos antes, pues su gran mayoría son menores, y no, gracias, no estoy interesado en niñas, necesito una mujer a mi lado y si es de mi edad mejor, así estamos en las mismas etapas —Georg se contagió del mismo gesto de su amigo e igualmente bostezo, acomodándose sobre una pila de almohadas. —Solo que quizás si le hace algunos cambios a la letra estaría mejor…—termino por decir, cerrando sus ojos.

Tom alzó una ceja ante lo último.

—¿Qué dijiste? —preguntó, viendo al castaño.

—¿Uhm? ¿Sobre qué? —Georg abrió los ojos confundido, viendo al de rastas.

—Sobre lo último que acabas de decir.

—¿Sobre cambiar un poco la letra de la canción? —cuestionó. Y el de rastas asintió en respuesta. —Ah, si, estuve pensando en la idea de Bill, y pensé que cambiando un poco la letra, para que no sea tan sinvergüenza, y con los gemidos, usar algún sintetizador entre medio, distorsionandolos un poco y que no se asemeje tanto a los gemidos sin filtros de Rocket Queen de Axl Rose, es… solo una idea, pero bueno, Bill sabe lo que hace y quiere, y nosotros solo podemos decir que si, ya sabemos como es.

"Por fin Georg usa su cabezota para algo que no sea pensar en las tetas de las mujeres", pensó Tom, pues esa idea le hacía tener otro punto de vista respecto a la idea de Bill. Cambiar la letra para que no sea tan evidente de que habla de él, y…. distorsionar un poco sus gemidos…

Terminó soltando un bostezo, contagiado por sus amigos y se acomodó sobre un par de almohadas. Quizás debía pensarlo bien con la almohada.

—Hablaré mañana con él sobre eso —dijo por último Tom, quitándose la mascarilla y luego cerrando los ojos, quedándose dormido al cabo de unos momentos, junto a los otros dos chicos.

[...]

Al cabo de unas horas, que ciertamente, no supo por cuánto tiempo había dormido, se fue despertando, al principio con un poco de dificultad, pues sentía que le faltaba algo, hasta que terminó por despertar al completo. Soltó un bostezo y se rascó uno de sus ojos, mientras buscaba el reloj de la habitación.

"¡Oh, mierda. Son las ocho y cuarenta de la mañana!", pensó en cuanto vio el reloj de una de las mesitas de noche de sus amigos. Se levantó con prisa, y salió de la habitación, luego le regresaría el pijama a los Gs, que básicamente consistía en una camisa de Gustav y un pantalón de Georg.

Antes de salir tomó sus ropas anteriores y sus converse, camino por el pasillo hasta llegar a la habitación donde estaba a Bill, y busco la llave entremedio de los bolsillos de su pantalón que llevaba en manos.

—¿Dónde quedaron esas malditas llaves? —masculló con frustración al no encontrarlas, rebuscando entre la tela jean, sin percatarse de unos pasos que se aproximaban a la puerta.

La puerta fue abierta de inmediato, y no le dio tiempo a Tom de reaccionar cuando sintió como Bill se lanzaba encima suyo, haciéndolos caer a ambos al piso del pasillo estrepitosamente.

—¡Bill! —exclamó Tom, con su hermano sobre él, que se aferraba a su cuerpo con fuerza y ocultaba su rostro en su cuello.

Se quedó esperando una respuesta de su gemelo, hasta que sintió su cuello húmedo y lo escuchó sollozar.

—¿Bill?...—musitó el de rastas, preocupándose de inmediato por el comportamiento del azabache. Pasó su mano por el cabello desordenado de Bill, consiguiendo que este solo se aferrara más a su cuerpo. —No debí… —antes de que pudiera continuar, Bill lo interrumpió besándolo con necesidad, Tom correspondió solo por unos breves segundos, hasta que lo tomó de los hombros y lo hizo separarse .

—Estaba preocupado por ti, salí a buscarte. Sé que no debí haberme comportado así…—expresó Bill en cuanto Tom los hizo separarse, estaban en medio del pasillo y cualquiera podía verlos, pero realmente se sentía mal. —Me dejé llevar por los celos cuando vi que ibas a verte con ese…. Pavel, me puso de los nervios, y cuando te fuiste, quería romper todo. Pensé que no ibas a volver, que ibas a abandonarme y sabía que era mi culpa. Lo siento, lo siento, lo siento —habló con la cabeza agachada, con sus mechones negros cubriendo su rostro. Era evidente de que no había pegado el ojo en toda la noche, haciendo una y mil escenas en su cabeza.

Tom lo escucho en silencio, llevando una de sus manos hasta el rostro de su gemelo, tomándolo de la mandíbula, apartando uno de sus mechones de la cara con el pulgar, viendo los ojos cansados y rojizos de Bill, probablemente por el llanto y el desvelo.

—Mi Billy...—salió de entre sus labios, ahora Tom se sentía una porqueria por haber actuado así, básicamente lo hizo preocuparse por varias horas, haciéndolo creer que se había ido a ver con otro, sabiendo que Bill era capaz de imaginarse uno y mil escenarios.

—No, es mi culpa, no debí haber hecho esta estúpida canción. Entiendo que no te haya gustado, soy un completo imbécil por tratar de exponerte así. Me deshare de la letra de la canción, te lo prometo —dijo Bill, viéndolo a los ojos, demostrando que hablaba con sinceridad.

—¿Puedo hablar? —inquirió Tom con suavidad, por si acaso su gemelo tenía algo más que decir, y Bill negó con la cabeza. —Yo también hice mal en irme de esa manera y actuar de manera inmadura. No me fui a ver con Pavel, ni siquiera hable con él ayer por la tarde, simplemente quería castigarte un poco… De hecho, ni siquiera pase toda la noche afuera, dormi aqui, con Gustav y Georg, incluso traigo sus ropas puestas —aclaró, y Bill se dio cuenta de que no mentía, porque efectivamente, ya le había visto la camiseta que portaba Tom en ese momento a Gustav antes, así que si, podía confirmar que era del baterista.

—Está bien, no me importa. Estás bien y estás conmigo —Bill volvió a aferrarse a su cuerpo, dejando su cabeza sobre el pecho del de rastas, cerrando sus ojos al sentir a su otra mitad de nuevo a su lado. Claro, los celos hacia Pavel aún estaban presentes, pero Tom estaba ahí con él y no le había pasado nada, y lo tenía entre sus brazos, manera en la que expresaba que no quería volver a soltar a Tom.

—Si… Yo nunca voy a abandonarte, Bill, eres una parte de mi, no podria vivir lejos de ti mucho tiempo —confirmó Tom, acariciando el cabello de su hermano, Bill se aferraba con fuerza a su cintura y aunque sentía que estaban dejándose ver demasiado en el pasillo, podía dejarlo pasar por unos minutos, pero no dejaba de estar alerta a cualquier puerta que fuera abierta o alguien asomándose o caminando por los pasillos que pudiera verlos en ese momento. Volteo a ambos extremos del pasillo, asegurándose de que no hubiera nadie y en un movimiento rápido pero no brusco, tomó el rostro de Bill entre sus manos y lo beso, dándole seguridad de que estaba ahí.

Fue un beso corto, pero cariñoso y seguro, con el cual Bill se sintió más tranquilo.

—Anda, hay que levantarnos antes de que alguien nos vea aquí y de esta forma —susurró Tom, cerca de sus labios, apoyando sus frentes por unos microsegundos.

Bill se levantó, quitándose de encima de su hermano, para luego ayudarlo a hacer lo mismo.

Entraron en la habitación, más tranquilos, Tom dejó sus cosas sobre una silla y luego se dirigió a la cama, sentándose en ella, y haciéndole un gesto a Bill para que hiciera lo mismo a su lado.

—Tienes que dormir aunque sea un poco —acotó el de rastas cuando su gemelo se puso a la par y después se recostó sobre la cama, dejando su cabeza sobre sus muslos.

Solían hacer eso cuando Bill no podía dormir, por alguna razón lograba conciliar el sueño cuando dejaba su cabeza sobre los muslos de su hermano mientras este le cantaba canciones en voz muy baja o simplemente pasaba sus dedos entre sus cabellos.

Bill cerró los ojos en cuanto sintió la suavidad y calidez de los muslos de su gemelo, al mismo tiempo que Tom comenzaba a acariciarle la cabeza.

—Con respecto a la canción —comenzó Tom en voz baja, pasando sus dedos con delicadeza entre las hebras negras de su gemelo.

—Tirale la idea y les diré a los demás qué haré otra canción para el álbum —respondió Bill, totalmente relajado con las caricias de su chico.

Tom se mordió el interior de la mejilla antes de seguir hablando.

—Está bien, haremos la canción…

Bill abrió los ojos en cuanto escuchó aquello y se sentó sobre la cama, para confirmar que había escuchado bien.

—¿Qué? —dijo en un hilo de voz, anonadado.

Tom asintió. —Lo que escuchaste…Si, con todo y mis aja… —reafirmó con sus mejillas sonrojadas.

El azabache no supo si alegrarse, posiblemente su cerebro no lograba asimilar la información por su falta de sueño.

—¿Lo dices en serio? —alcanzó a decir Bill. —No quiero que te sientas presionado por mi a hacerlo, sé que odiaste la idea en cuanto te enteraste, no digas esto ahora solo por complacerme…

Tom soltó un suspiro, manteniendo su sonrojó y negó con la cabeza.

—Lo digo en serio. Pero, quiero que haya unos cambios en la letra ¿está bien? y que mis gemidos tengan al menos los filtros de algunos sintetizadores de por medio, solo para que las personas no sepan que son míos.

—¿Pero cómo va a saber el resto que son tuyos? —preguntó Bill con el ceño fruncido y de inmediato se sintio idiota por preguntar eso, apretando sus ojos. —Perdón, otra vez la estoy cagando contigo. Podemos hacer esos cambios en la letra y los sintetizadores son buena idea.

Tom sonrió ligeramente y volvió a tomarlo del rostro, dándole un beso sobre sus labios.

—Solo tenemos que buscar una explicación para ellos… Para que nos dejen solos en la sala de grabación —Tom jugueteo con sus narices. Bill sonrió ante aquello, haciendo lo mismo. —Así que ahora descansa, estoy seguro que vas a necesitar mucha energía….

[...]

Bill encendió un cigarro, aun cuando sabía que estaba prohibido hacerlo en la sala de grabación, pero había visto a David haciéndolo a escondidas así que realmente no importaba, incluso sabía donde estaba su cenicero.

—¿Crees que sospechen? —inquirió Tom, inquieto mientras veía a su hermano fumar.

El contrario negó, dándole una gran calada al cigarro.

—Les dije que tú y yo nos encargaremos de dejar listos algunos asuntos respecto al álbum, y que no queríamos que nos molestaran por nada del mundo…E incluso, logré conseguir esto —respondió seguro Bill, sacando de los bolsillos de su pantalón la llave de la sala y sus copias. —Nadie podrá abrir mientras estemos aquí.

Tom vio las llaves en la mano de su hermano y suspiro más aliviado, no entendía como la había conseguido, incluso las copias, pero al menos estarían más seguros.

—¿Esto cuenta como tener sexo en público? —preguntó Tom al aire, pasando sus dedos por la mesa donde se encontraba todo el equipo que los ayudaba a producir sus canciones.

Estando su gemelo distraído, Bill aprovechó para tomarlo de la nuca y jalarlo hacia atrás haciendo que su rostro quedará a centímetros del suyo. Y aprovechando su cercanía lo beso, haciéndolo abrir la boca para pasarle el humo del cigarro a su boca.

—Quizás lo sea… —respondió Bill a su anterior pregunta, al cabo de unos segundos, saboreando el sabor de los labios de Tom que estaban cubiertos por una capa de bálsamo labial de cereza, mezclando así ese sabor dulce con el del cigarro.

Tom cerró los ojos ante ese gesto tan erótico y dominante de Bill, aspirando el humo, sintiendo como su miembro comenzaba a levantarse solo con eso.

—¿Sabes? Se siente un poco raro que venimos hasta aquí solo para que me hagas el amor y grabar mis gemidos, prefiero las situaciones en las que terminamos haciéndolo de manera espontánea —murmuró Tom con los ojos cerrados.

—Quizás algún día lo hagamos en un auto —bromeó Bill, y bajó su mano con la que no portaba el cigarrillo, hasta su cintura estrecha, acariciándolo de esa zona.

Tom ronroneo ante aquello, ladeando ligeramente su cabeza, dejándola descansar sobre el hombro del contrario.

—Ni bromees con eso, sería demasiado riesgoso para nosotros.

—Pero sería excitante —murmuró Bill, acercándose a su mejilla, dándole besos tiernos en esa zona.

El de rastas se restregó contra él, haciendo presión con su trasero en su entrepierna, haciendo que Bill chasqueara la lengua ante la excitación que comenzaba a nacer en su interior.

Tom se dio la vuelta con lentitud y sensualidad, tomándolo por los hombros, atacando sus labios con deseo. Bill estiró su mano torpemente hasta el cenicero que había sacado del escondite de David para apagar rápidamente el cigarro ahí y tener libres sus dos manos para llevarlas al trasero del rubio, apretando su zona firme y suave por encima de la tela holgada de los pantalones.

Bill fue retrocediendo hasta que llegaron a una pared donde Tom terminó por envolver su cuello con sus brazos, profundizando más en su beso al morderle el labio inferior para introducirse en su boca.

Hicieron sonidos húmedos porque sus lenguas se peleaban por la dominancia en la boca del otro, aunque Tom terminara por ceder ante el dominio del más alto, sintiendo sus manos grandes en su trasero, amasando con devoción.

En un dado momento, totalmente agitados y excitados con el otro, Tom se separó de Bill, terminando por empujarlo contra la pared. El de rastas sonrió, retrocedió, alejándose de su gemelo, con unos cortos pasos en dirección contraria.

Bill se apegó a la pared, viendo con una sonrisa ladina a su gemelo, expectante a lo que esté iba a hacer.

Tom se acercó de nuevo a la mesa del equipo, y se puso frente a la computadora, la cual ya estaba encendida, y buscó algo con rapidez.

De inmediato comenzó a sonar por las bocinas que estaban en las esquinas superiores de la sala la melodía de Disturbia de Rihanna pero a un ritmo lento.

—Para ambientar un poco —dijo Tom, dándole una mirada por encima de su hombro al azabache.

Evidentemente tendrían que parar la ambientación cuando grabarán sus gemidos para que salieran nítidos, pero por ahora, podían escuchar algo de fondo mientras se divertían.

Tom entrecerró sus ojos, manteniendo su mirada por encima de su hombro, antes de girar su cabeza hacia enfrente y comenzar a moverse al ritmo de la lenta Disturbia, dándole la espalda a su gemelo.

Cruzó sus brazos hacia enfrente de su cuerpo, moviendo sus caderas con suavidad, comenzando a levantar su camiseta con lentitud, ante la mirada hambrienta de Bill, quien se relamía los labios con ese espectáculo que le estaba dando su gemelo, y con las luces tenues que tenía la sala, era todavía mejor.

Tom terminó por retirarse la camiseta para dejarla caer al suelo, girando ligeramente su mirada hacia su hermano, viendo como este sin quitarle la mirada, buscaba la silla rodante para poder sentarse. Mostró su espalda desnuda, dando una perfecta vista de su estrecha cintura, una lástima que esta se ocultara la mayoría del tiempo detrás de esas holgadas camisetas.

Continuó moviendo sus caderas con suavidad, y llevo sus manos a la orilla de su pantalón, que debido a lo holgado que era, era demasiado sencillo simplemente dejarlo deslizar hacia abajo, pero quería hacerlo más interesante, comenzó a bajarlo él mismo sin dejar de moverse, dejando ver el inicio de su ropa interior, la cual hizo que a Bill casi se le salieran los ojos cuando vio de qué tipo de prenda se trataba.

Un bóxer negro de malla, que conforme fue bajando, fue revelando que no cubría nada y que además apretaba sus muslos.

Bill tragó duró, pues no esperaba ropa interior sexi en esta ocasión, pues Tom solo había usado cosas femeninas y con encaje en tres ocasiones, dos semanas antes de San Valentín, San Valentín y… Se estaba distrayendo con todos esos muy buenos recuerdos. Pero no se quejaba, le encantaba ese tipo de sorpresas y debía admitir que la última vez que lo sorprendió con algo de seda había sido en esa fecha especial… esperaba que se volviera a repetir algo similar para el próximo año.

Para cuando Tom terminó por bajar su pantalón al completo, deslizó sus pies de sus zapatos, que en esta ocasión no se había puesto sus Converse, pues ahora sí sabía que Bill y él iban a lo que iban, para cuando lo único que había en su cuerpo eran esos bóxers sexis de malla negra y sus calcetines empezó al intro de Pour Some Sugar On Me, y eso no hizo más que hacer sentir todavía más emocionado a Bill.

Tom deshizo la cola en la que llevaba sus rastas, dejando su cabellera rubia y castaña caer sobre sus hombros desnudos. Dándose por fin la vuelta, estirando sus brazos, mostrando su figura, aunque no hubiera rincón que Bill no conociera ya, con sus dedos, con sus labios, con su lengua…

Sinceramente a veces Tom no se entendía a sí mismo, al principio detestaba usar ese tipo de cosas, pensaba que Bill quería verlo como una chica cuando se lo propuso la primera vez, luego le regaló otra pieza igual y por último él tomó la iniciativa para ponerse algo atrevido y caliente, como ahora, aunque no fuera encaje del fino, sino un simple bóxer de malla negra. La había visto por Internet hacía ya un tiempo, y finalmente la compró, pensando en que sería ardiente sorprender a Bill con eso en esta ocasión, cosa que tenía resultados muy efectivos cuando miraba de reojo a su gemelo y veía su entrepierna.

Desde aquella conversación en la habitación en donde Tom aceptaba grabar la canción, habían pasado unos pocos días, tiempo suficiente para que le llegará el paquete con esa pieza y para hablar con los Gs y David. Ya habían quedado de acuerdo en que tocarían la canción para el próximo álbum, Humanoid, aunque ni Georg ni Gustav y ni David sabían de que la canción es para él y que sus gemidos formarían parte, Tom supuso que David pensaba que Bill iba a llevar una chica para que ella hiciera los gemidos, pues cuando no estaba viendo escucho como el mayor le decía a su gemelo qué usará preservativos pues no quería accidentes… Cómo si fueran realmente necesarios, pensó su momento, luego recordó de que nadie sabía nada de su relación aparte de ellos mismos, por lo que a veces tenía que simplemente conformarse con ser la chica misteriosa de la que Bill tanto habla, claro sin poder decir que esa rubia con la que molestaban a Bill era él mismo, Tom.

Bill destacaba en los escenarios, con su performance, pero Tom también lo hacía, en la cama y en este tipo de momentos, nadie se lo imaginaría bailando con sensualidad en ropa interior sexi con Def Leppard de fondo. Y estaba bien con eso, no quería que nadie más aparte de Bill tuviera esa parte de él, quizás él también tenía la culpa de que Bill fuera tan posesivo, pues sólo reforzaba la idea de que su intimidad, su genuinidad, su cuerpo y alma eran únicamente para que Bill pudiera verlo y conocerlo de ahí.

Por lo mismo, Tom no comprendía como Bill podía ser tan celoso en ocasiones, pues él nunca se iría de su lado, quizás algunas horas cuando estuvieran molestos, pero nunca lo abandonaría, mucho menos para irse con alguien más. Le gustaba ser de Bill, no como un objeto, sino como una parte de su propio ser, como una extremidad más, como un órgano vital más para él, ser su corazón.

Manteniendo su mirada fija en los ojos de Bill, fue bajando al ritmo de la canción hasta el suelo, de piernas abiertas y flexionadas, donde se puso de rodillas y luego fue a gatas con lentitud.

Podía adivinar como Bill jugaba con su piercing de lengua en el interior de su boca, extasiado, y eso que todavía no estaba haciendo nada físico como tal.

En cuanto estuvo cerca, Bill le pasó la mano por el cabello y luego por el rostro, acariciándolo, como si fuera un gato pidiendo mimos, Tom se dejó hacer, y abrió las piernas de Bill, dejando su cabeza descansar en uno de sus muslos, ignorando a propósito el gran bulto en su entrepierna.

—Uy, ropa interior caliente, luego bailas para mi y ahora esto… Que chico tan sucio eres, Tomi —comentó Bill, viendo el rostro de su hermano apoyado en su muslo.

Tom le dio una mirada en la que le decía sin necesidad de palabras que eso no era todo, y con una sonrisa y esa mirada se acercó su rostro hasta su entrepierna.

Haciendo algo que hizo que Bill perdiera el aire por unos momentos. Con su lengua y ayuda de sus dientes, Tom tomó la cremallera de sus pantalones entre sus dientes y comenzó a bajarlos, para luego con sus manos quitar el botón y dejar a si libre su erección.

Bill se preguntó dónde demonios había aprendido aquello y sobre todo como era tan ágil para hacerlo solo con sus dientes y lengua, solo esperaba que nadie más se lo hubiera enseñado… Pero no quiso preguntar y solo se limitó a soltar un suspiro en cuanto sintió su erección ser liberada y luego masajeada.

A pesar de tocar guitarra, y que algunas veces inevitablemente sus manos se pusieran callosas, Tom siempre trataba de mantener el tacto de su mano suave, con cremas y pequeños masajes, para tener un contacto suave con Bill sobre todo cuando manejaba su miembro con sus manos. Comenzó a masturbarlo de arriba a abajo con lentitud, ayudándose del preseminal que comenzaba a salir.

Lo tomó con ambas manos, teniendo un movimiento lo suficientemente bueno como para hacer jadear a Bill, que puso su mano en su cabeza y envolvió su dedo con una de sus rastas, jalando ligeramente.

Tom se relamió los labios y los entreabrió, dándole una lamida a la punta del miembro de su gemelo, saboreando su sabor, paso su lengua más veces, hasta que comenzó a dar besos en toda el área del glande, dejando más brillantes sus labios por el preseminal, como si se hubiera puesto algún gloss.

Delineó las venas con su lengua, hasta por fin introducir el miembro en su boca, levantando la mirada para ver a Bill, quien lo miraba jadeante y tomó sus rastas con su puño, haciendo que Tom terminará por tener todo su pene en su boca. Sabía que Tom tenía una boca muy considerada, y su garganta estaba más que acostumbrada a tener sus centímetros, por lo que no se preocupó en que su hermano pudiera atragantarse.

Tom comenzó a mover su cabeza hacia adelante y atrás, succionando con gula, sintiendo como el preseminal se deslizaba por su garganta.

—¿Sabes? Serías una bonita estrella porno con esa boquita —Bill sonrió, haciendo que sacará su miembro de un solo jalón en el cabello, haciendo que Tom jadeara al sentir su boca abruptamente vacía.

Ante su comentario, Tom rió con suavidad. —¿En serio? —preguntó con inocencia, mientras su miembro también goteaba preseminal, ansioso por ser tocado también, pero Tom sabía podía esperar.

—De las más cotizadas, lindo —aseguró Bill, guiñandole un ojo. —Ahora, vuelve a chupar —ordenó.

Tom parpadeo moviendo sus largas pestañas, volviendo a tomar su pene con la mano y llevándolo nuevamente a su boca, chupando con fuerza, ahuecando sus mejillas, sin perder de vista la mirada dilatada de Bill.

Puso su mano en la base y movió su mano con agilidad, mientras chupaba el resto de la mitad. Bill hizo su cabeza hacia atrás, soltando jadeos y disfrutando de la humedad de la boca de su gemelo, tensando sus piernas ante las sensaciones tan placenteras, con su mano en su cabeza comenzó a crear un ritmo rápido y profundo, a lo que Tom no se resistió siguiendo su ritmo.

—Ahg, Tom, voy a venirme —avisó Bill, con el aliento caliente, con la intención de no correrse en su boca.

—Vente en mi boca —pronunció con dificultad Tom, aun con el miembro en su boca, jugueteando el glande con su lengua.

Bill apretó los ojos y su agarre en sus rastas, quedándose quieto, hasta que Tom sintió como su boca se llenaba de semen caliente, saliendo un poco de la comisuras de sus labios, abrió la boca mostrando el líquido blanquecino, para luego tragar como si fuera un trago de agua, sonriendo con satisfacción al ver a su agotado hermano sobre la silla.

Pasó su pulgar por su mentón, donde había una línea de semen y luego chupó su dedo.

Bill soltó un suspiro, viendo al de rastas que parecía más hambriento que él a este punto.

—¿Cansado? —preguntó burlón Tom, recibiendo como respuesta que lo tomaran con brusquedad del mentón para juntos sus labios.

Bill probó su propia esencia en la boca de su gemelo, pero aquello no lo desagradó, barriendo la boca contraria con su lengua, para después separarse por falta de aire, dejando un hilo de saliva entre ambos.

Sus miradas eran intensas, dilatadas por el deseo.

Tom se levantó un poco del suelo, pasando sus brazos por el cuello de Bill, aferrándose a este mientras lo volvía a besar. Había besado miles de veces los labios de Bill, pero siempre se sentía ansioso por tener sus labios sobre su boca, como si fuera la primera vez.

Bill lo tomó de su cuerpo, haciéndole levantarse completamente, al mismo tiempo que él también se levantaba de la silla, haciendo retroceder a Tom por la sala, hasta que esté chocó con la mesa donde estaba el equipo, haciendo que las cosas ahí tambalearan.

—Bill, vamos a hacer un desastre…—dijo el de rastas, pasando sus dedos por su melena negra para después hacer su mano puño, cuando su hermano se separó de sus labios y se deslizó por su cuello, haciéndolo estremecerse.

Bill lo presionó aún más contra la mesa, haciendo que Tom abriera sus piernas, dándole cabida al azabache, para finalmente sentarse a medias sobre el mueble.

—Bill, el equipo… —volvió a decir Tom, sintiéndose débil por su gemelo. Soltó un suspiro al ver que Bill lo ignoraba y se concentraba en dejar mordidas alrededor de su cuello cuando ni bien habían desaparecido las últimas que le había hecho.

Tom lo rodeó con sus piernas, estrechando su cuerpo contra él, haciendo que sus miembros chocarán, haciéndolos sisear y estremecerse a los dos por igual.

Bill pasaba su lengua perforada por sobre su cuello y clavículas dejando totalmente ensalivada esta parte. Pero separándose al cabo de unos minutos, haciendo que Tom se bajara de la mesa, para luego hacerlo darse la vuelta, dándole la espalda y empotrándolo contra la estructura de madera, Tom tuvo que sujetarse bien de los costados de la mesa para no inclinarse completamente y posiblemente arruinar algo.

Tom se arqueo contra Bill, al sentir como este mismo restregaba su pene contra su trasero, siendo barrera entre ellos la fina malla de color negro. Dejando de sentirlo al cabo de unos segundos, giró su cabeza un poco para verlo por encima de su hombro, viendo como el azabache sacaba dos sobres de lubricante de los bolsillos traseros de su pantalón.

Y volteó a ver hacia enfrente, viendo como se reflejaban sobre el cristal que separaba la sala de grabación con la parte insonorizada, donde habían algunos de sus instrumentos.

Bill se estiró un poco, maniobrando el equipo que estaba sobre la mesa, y luego acercando un micrófono a su gemelo, micrófono que había preparado con anterioridad, dejándolo a una distancia considerable, para que pudiera captar a la perfección sus sonidos, pero que no hiciera que chocara con él.

—Muy bien, precioso, a partir de ahora él único que va a poder cantar eres tú —avisó Bill, dándole un beso sonoro en su mejilla, para después darle a comenzar a grabar.

Tom tragó saliva, mentalizándose de que ahora sus gemidos iban a ser grabados a partir de ese momento, no tenía que gemir de una manera en específico, le había dicho con anterioridad Bill, simplemente tenía que dejarse fluir como hacía siempre, solo que ahora consciente de que iba a estar siendo grabado, eso ponía un poco nervioso al de rastas, que terminó por soltar un suspiro, cerrando sus ojos, diciéndose a sí mismo que dejará de concentrarse en eso y simplemente disfrutará el momento, de todos modos luego iban a modificar sus gemidos, por lo que los únicos que escucharían el audio original serían él y Bill, luego lo modificarían y eso sería lo que escucharía el resto del mundo.

Bill no pudo resistirse más, y terminó por romper la malla negra, haciendo un hoyo justo en donde debía de haberlo, y luego abrió uno de los sobres de lubricante, vertiendo un poco en sus dedos y el resto en la entrada ansiosa del de rastas, que tenía su trasero alzado. No perdió más el tiempo, introduciendo sus dedos medio y anular, comenzando a moverlos al mismo tiempo, acariciando la zona, pero sin profundizar demasiado, haciendo que Tom comenzará a soltar suspiros altos.

Hizo movimientos circulares, y luego cambió de dedos para hacer movimientos de tijera, estirando su interior.

—Si… lo haces demasiado bien —alentó Tom, aunque no le estuviera tocando su punto dulce, pero adoraba las acaricias de Bill en esa zona.

Tom se empujó contra la mano de Bill, buscando sentir más contacto, a lo que el contrario introdujo aún más sus largos dedos, acariciando su próstata, haciendo estremecer a Tom, y jadear por más contacto.

Bill sacó sus dedos al cabo de un rato, sintiendo como su miembro estaba nuevamente erecto y parado, exigiendo atención, así que tomó el otro sobre de lubricante y vertió un poco sobre su miembro, masajeando y el resto lo puso en la entrada ya dilatada de su gemelo.

Tom cerró los ojos y abrió su boca, soltando suspiros rápidos, conforme sentía que Bill se iba enterrando en su interior. Sentir su glande entrar para luego el resto, lo hacía arquearse y empujarse más contra su gemelo, para que introdujera todo, tuvo que aferrarse de uñas al mueble. No podía negar que le gustaba la sensación de humedad porque Bill lo llenó por completo de lubricante, le gustaba la sensación pegajosa cuando comenzaba a embestirlo.

—¿Sabes algo, Tom? —murmuró Bill, acercándose a su oído, mientras le pasaba la lengua en el lóbulo. —Sería muy excitante poder preñarte —dijo con voz grave y aterciopelada, mientras llevaba una de sus manos al vientre plano del de rastas, acariciándolo de ahí, mientras comenzaba a menearse.

Tom se removió contra él, soltando un jadeo.

—Bill, esto va a salir en la grabación —musitó Tom, cerrando los ojos y ladeando su cuello.

De inmediato, Bill le soltó una nalgada que hizo su piel temblar y ponerse rojiza.

—¡Ah! —Tom abrió los ojos al instante que sintió el golpe en su trasero.

—Hay partes que inevitablemente vamos a tener que cortar —continuó Bill, deslizando su mano un poco más, acariciando el miembro erecto del de rastas.

Tom asintió, agachando su cabeza sin ganas de tener una conversación realmente, aunque no era que no disfrutará de las conversaciones cuando hacían el amor, sin embargo prefería cuando podían decirse todo solo con toques, besos y roces.

Bill masajeaba su miembro por encima de la malla, con una de sus manos mientras que con la otra se mantenía firme a la cintura de Tom, continuando con su vaivén de caderas.

En un principio Tom se sintió tímido, dándole una que otra mirada al micrófono a centímetros de él. Por lo que trataba de contenerse un poco, por más que Bill golpeara justo donde tenía que dar.

—Nnn-¡Ahh! —gimió en alto el de rastas cuando su hermano golpeó su próstata sensible nuevamente.

Bill se daba cuenta de que Tom estaba un poco tímido, pues no hacía tanto ruido como lo haría normalmente cuando estaban juntos en esas circunstancias. Así que metió su mano por debajo de la malla, comenzando a masturbarlo, mientras que también pasaba su lengua por sus hombros y cuello, mordiendo estas zonas, solo para llevarlo al límite hasta que ya no pudiera contenerse.

Con la estimulación en su pene, Tom sintió que las piernas le temblaban al igual que sus brazos, no iba a resistir mucho de esa manera. De poco en poco, los suspiros que dejaba salir se convirtieron en gemidos más sonoros y claros, Bill sonrió cuando comenzó a escucharlo con más confianza.

—¡Ah, Ah, Ah! ¡Si, Billl, duro más duro, dame, dame, dame todo!

Lo más probable era que en la grabación además de los gemidos de Tom iban a escucharse el sonido de sus pieles, rojizas a este punto por tanto chocar.

Las gotas de sudor caían por el rostro de Bill, pensando en que no era tan práctico haberse dejado el cabello suelto, ladeo su cabeza para apartar los mechones de su rostro, cerró sus ojos y soltó un suspiro.

—¡Bill, voy a venirme! —avisó el de rastas con dificultad, por estar tan agitado.

El azabache, trago saliva y asintió, aun si su hermano no podía verle en ese momento por estar de espaldas. Dio una estocada más, antes de salirse de su interior abruptamente, y Tom jadeo al sentirse vacío, pero no le dio tiempo de decir algo cuando sintió como Bill le daba la vuelta, teniéndose cara a cara, para seguido de eso, sentarlo en el filo del mueble.

Al ser levantado por Bill, Tom se agarró de su cuello, aferrándose a él, dejándolo entremedio de sus piernas. Y así como se salió, Bill volvió a introducirse hasta el fondo.

—Ya casi terminamos —pronunció Bill con dificultad, y Tom respondió con un beso desesperado, al cual Bill no dudo en corresponder, ambos jadeando al sentir la lengua del otro.

Para no dejarlo apoyarse en las cosas que estaban atrás, Bill había rodeado su cintura con uno de sus brazos, tomándolo para que no se dejara caer y romper algo. Al estar en esa posición, la mesa se movía con cada estocada que daba el azabache.

Tom lo apretó con sus piernas, cuando se vino entremedio de sus cuerpos, manchando su vientre y la camisa de su gemelo.

Bill tuvo que separarse del beso y morderse los labios con fuerza, para no gemir por la forma en la que Tom tensó sus músculos alrededor de su pene cuando llegó a su orgasmo.

Tom hizo su cabeza hacia atrás, gimiendo al estar tan sensible por su orgasmo y seguir recibiendo a su gemelo hasta el fondo.

A ese punto, ambos habían perdido la noción de cuánto tiempo llevaban ahí adentro, pero al menos nadie había ido a interrumpirlos tocando la puerta, por lo que seguían tranquilos.

El de rasta volvió a ver a su hermano cuando se percató de que las estocadas habían bajado de intensidad, Bill estaba ardiendo y con las mejillas totalmente coloradas, estaba por tener un segundo orgasmo, así que en un momento, abrazo a Tom con fuerza y dio una última estocada profunda, dejando salir su semen caliente en el interior de su gemelo.

Ambos gemelos pegaron sus frentes, quedándose quietos mientras sus respiraciones seguían alborotadas.

—Tendrás que cargarme hasta la habitación y luego hasta la bañera, Bill Kaulitz —dictó Tom, totalmente agotado.

Bill sonrió de manera ladina pero cansada, y asintió antes de darle un beso.

—Es lo menos que puedo hacer por ti —respondió el azabache. —Gracias por esto, Tom —dijo antes de volver a besarlo pero esta vez de manera suave y amorosa.

[...]

La canción era reproducida por las bocinas del estudio, ya con las correspondientes modificaciones y agregados, estaba completamente lista. Cuando terminó, hubo un pequeño silencio en el lugar.

—Bueno… ¡Quedo mejor de lo que esperaba! —exclamó David con una gran sonrisa, levantándose de su silla para ver a la banda. —Este tiene que ser uno de los primeros sencillos que publiquemos de Humanoid. Tenemos que pensar en grabar un video oficial de esta canción.

—¡No!

Todos voltearon a ver a quien había levantado la voz, Tom.

El de rastas, se ruborizó ligeramente y aclaró su garganta, bajando la voz. —No…No creo que sea una buena idea, ¿sabes, David? creo que seria mejor dejarlo como una sorpresa para cuando se publique el álbum…. Algo que nadie se espere.

—Si, yo apoyo a Tom, ¿por qué mejor no grabamos un video oficial de Automatic o de World Behind My Wall? —Bill apoyó a su hermano, mirando directamente al mayor.

—Creo que las personas se emocionarían más con Blonde Princess, las fans se volverían completamente locas con esa canción tan atrevida y no tan depresiva…. —explicó David.

—Tom tiene razón, David, siento que la gente hablaría más de la canción si es algo sin aviso, que las tome por sorpresa —Georg se acomodó en su asiento.

—Yo también estoy de acuerdo con eso —habló Gustav.

David se cruzó de brazos y terminó soltando un suspiro, asintiendo, derrotado. —Cuatro contra uno… No es justo, pero ustedes ganan, mejor que sea una sorpresa, pero si debemos ir planeando los videos oficiales de al menos dos canciones para promocionar el álbum.

Tom sonrió aliviado, y bajó la cabeza soltando un suspiro.

—Pero, chicos —volvió a hablar David, mirando directamente a los gemelos. —Yo quería preguntarles algo… ¿De donde salieron los gemidos? Nosotros escuchamos ya la parte con los sintetizadores y ediciones que pusieron ustedes para que pudiera estar en la canción… —David entrecerró los ojos al ver como los hermanos se ponían tensos. —No me digan que metieron a una mujer aquí…

Mujer…. Bill volteó a ver a Tom, pensaban que los gemidos de Tom eran de una mujer….. Es decir, editaron los gemidos, si, pero estaba seguro de que no sonaban de una manera que fuera fácil deducir de quién eran, sonaban normales, sin definirse como masculinos o femeninos.

Ante su silencio, Georg se levantó con una sonrisa, mezcla de burla e incredulidad.

—Yo también tenía esa duda. No me digas que en serio hiciste lo de Axl Rose, Bill —comentó viendo al azabache, que no supo qué responder. —Pero… ¿Quién….de los dos fue quien…? —preguntó, refiriéndose a quien se había dado a una mujer en el estudio.

—Eh….

—De seguro fue Tom, a menos que hayan sido tan degenerados de estar con la misma chica al mismo tiempo —continuó Georg. —Solo espero que hayan limpiado bien este lugar…

Tom tembló y tragó saliva.

—Fue Bill, yo no tuve nada que ver —expusó Tom con una sonrisa nerviosa. —Yo le dije que no era buena idea, pero bueno, él insistió, así que yo me quedé afuera mientras Bill hacía sus cosas con la chica….

Bill intentó protestar, pero lo mejor era quedarse callado y simplemente aceptarlo, para no dejar más dudas, por lo que terminó asintiendo.

—Tenía que ser Bill Kaulitz, por más que se haga el virgen romántico frente al mundo, siempre termina siendo el más desvergonzado del grupo —David rió, ya que más daba si Bill se había cogido a una chica en el estudio, tenían una muy buena cancion con gemidos sexis.

—Que curioso, porque yo pase por aquí ese día y no vi a nadie afuera, solo escuche las voces de Bill y Tom adentro, seguido de…. —murmuró Gustav de manera tan baja que nadie, además de él mismo podía escucharse, poniendo su mano en su mentón, bajando su mirada, pensativo…