7 días después del incidente, la aldea Sooga no era completamente la misma. No había rastro de Ring Ring, quien no había regresado.

después de la paliza recibida en esa ocasión.

Si bien Pucca tenía un mejor humor y no había perdido del todo su alegría, la ausencia del amor divertido causo mucha curiosidad y un poco de ánimos bajos.

Las calles nunca habían estado más tranquilas, pero tampoco tan indiferentes.

Mientras Pucca regresaba de repartir unos cuantos fideos, a lo lejos, sus amigos la miraban con curiosidad.

-Creo que las cosas van a ser muy diferentes entre nosotros cuatro- Comento ching.

-El hombre no tuvo tiempo de reaccionar- Le dijo Abyo- ¿Viste su traje? Tenemos que ir a verlo.

-Buena idea, vamos-

En el bosque de bambú, el chico de coletas se encontraba meditando junto a su gato, Mio. A pesar de que aquellos 7 días fueron los más pacíficos que haya tenido en mucho tiempo, sentía un vacío que no quería reconocer.

Por alguna extraña razón, se sintió ofendido que Pucca haya creído que el no sentía nada por ella. Incluso herido, más allá en su orgullo de ninja. ¡¿No tomaba en cuenta la enorme paciencia que le tenía cada vez que lo atiborraba de besos sin corresponder!? ¿No se daba cuenta de todas las veces en que intento protegerla? Ella podría ser la persona más poderosa de Sooga, pero seguía siendo una niña de 12 años, no podía permitir que saliera herida en ninguna de sus batallas con Tobe o quien fuera.

¿En qué estaba pensando? El no estaba listo para esos sentimientos tan complicados e intensos. No debería pensar demasiado en ello. Además, no era la primera vez que Pucca actuaba con indiferencia hacia el, tarde o temprano ella recobraría el sentido y volvería a axfisiarlo con su dulce y divertido amor. Seguramente esa píldora extraña no duraría mucho tiempo dentro de ella.

Si nada de lo que he hecho por ti fue suficiente, espero que con dejarte ir, te des cuenta del inmenso amor que te di.

Aquellas palabras tuvieron un impacto en el, a tal grado de lo distraído y torpe que era en sus entrenamientos. Fallaba sus lanzamientos de estrellas, perdía el equilibrio cuando se movía rápidamente entre los árboles, no dormía bien por las noches. Evidentemente, estaba herido. El no era indiferente a ese amor, por más asco y muecas que hiciera. Además, recordaba el día en que la misma Pucca lo había hechizado con la luna llena. En contra de su voluntad. Y la propia niña se había fastidiado de eso.

¿Que no le habían enseñado sus tíos la importancia del espacio personal, o del consentimiento?

Soltó un bufido de frustración.

Un ruido entre los arbustos captó su atención.

Calló sus pensamientos por un instante y se preparó para defenderse.

De repente, se vio rodeado de los secuaces de Tobe, quien había dado un salto y enseñó la espada, listo para desafiar a su rival una vez más.

-¡Sin tu noviecita a tu lado no eres ni la mitad de fuerte de lo que crees ser! - Dijo Tobe con arrogancia y burla y ambos se lanzaron al ataque.