Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer
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El Harem de la Reina
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Harem: Alice Cullen, Rosalie Hale, Sasha Denali, Tanya Denali, Kate Denali, Irina Denali y Leah Clearwater)
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30: Soy Sasha Denali, pero puedes llamarme "Mi amor"
Decidí salir a hacer el trabajo. Ayudar por el motivo que nos trajo hasta Denali.
Además, necesito alejarme. Puedo oler las feromonas de la matriarca Denali (Sasha) y de sus hijas (Tanya, Kate e Irina) dirigiéndose hacia mí.
Salí al bosque profundo y allí entré en fase. Sé que un Tigre Dientes de Sable, llamará incluso la atención de los humanos que puedan lograr echarme un vistazo, pero si no me alejaba...
¡CONTRÓLATE UN POCO SWAN, MALDITA SEA! O si estás tan caliente, entonces ve a buscar a Alice, Rosalie o Leah. Olí los alrededores, en busca de aromas, fuera de los de los Vampiros vegetarianos que me acompañaban y de los olores humanos. Y mis ojos se abrieron como platos, al oler el aroma de la sangre humana fresca. Estaba emanando de las casas cercanas al campamento Denali. Me acerqué, todavía como una Tigresa Dientes de Sable y escuché gritos de dolor, que me corrieron un escalofrío.
Vi a un doctor entrar y a un policía sacar a la madre. Todos olían humanos, eran inocentes.
Esperé a que el Doctor saliera por un momento, nivel policía, ni la madre veían en mi dirección, así que me escabullí dentro. El aroma del vampiro había disminuido, pero gracias a mi sentido del olfato, supe que había estado aquí. Había visto a mis novias cazar y a pesar de lo diferente que suponía cazar a un animal indefenso de un humano, podía ver las señales de lucha y como esto no le fue útil a la víctima.
Por esto nos llamaron. Eran vampiros "carnívoros" cazando cerca del asentamiento milenario de los Denali, quizás para inculparlos a ellos. Salí e intenté encontrar el aroma del cazador, pero llegué a un callejón sin salida.
Resoplé y volví lo más rápido posible, al Campamento Denali, para comentar el descubrimiento. Todos estaban enfadados de saber que el aroma se desvanecía en el bosque, así que Esme y Carlisle fueron a buscar más pruebas, pero regresaron con las manos vacías, haciendo que todos suspiramos desalentados.
Finalmente, me quedé sola mirando las estrellas, con la única compañía de la bella Katrina. Para cuando me di cuenta de que mis feromonas estaban alteradas, por haberle dado cacería al escurridizo vampiro asesino de esa misma mañana, ya era tarde, pues Katrina me plantó un beso con lengua. Me separé rápidamente de ella y un escalofrío me recorrió la espalda, ante su aura maternal, como la de Esme.
—Mi nombre es Sasha Denali, aunque la historia apenas recuerda mi nombre… solo mi error. Solo mi caída. Viví siglos en la oscuridad del mundo, observando, aprendiendo… sobreviviendo. Como muchos de los míos, al principio me dejé llevar por la sed, por el instinto, por la soledad. Pero con el tiempo comprendí que había otra manera. Que incluso entre criaturas como nosotros, podía existir algo parecido a la familia, al amor, a la elección de un camino más digno. Así nacieron Tanya, Irina y Kate. No de sangre, pero sí de amor verdadero. Las creé, no como se hace con un ejército, sino como se cría a una hija. Les enseñé lo que sabía, las guié hacia la compasión, hacia una existencia sin matar humanos. Eran mi legado, mi orgullo… mi redención. Pero entonces cometí el error que me condenó. —la miré en silencio, no dije ni una sola palabra —Vasilii… él era hermoso. Un niño inocente, convertido sin entender el mundo al que lo arrojé. Lo hice por amor, por ese instinto maternal que incluso una vampira no puede negar. Quise una familia más grande, quise algo que fuera capaz de llenar ese vacío que ni los siglos ni la sangre lograban curar. Pero no entendía el peligro, no del todo. Los niños inmortales son una amenaza, incontrolables, poderosos y eternamente inconscientes. Y por eso… los Vulturis vinieron. —yo ya sabía de ellos, pero por la forma en la cual lo hizo sonar, claramente esto fue algo horrible —No suplicaré por comprensión. Sabía lo que había hecho. Mi única preocupación, en ese momento final, fue por mis hijas. Tanya, Irina, Kate… temía que las castigaran por mis actos. Pero se salvaron. Ellas vivieron. Y con eso, pude cerrar los ojos sin arrepentimiento. Tal vez la historia me recuerde como una criminal, como un ejemplo de lo que no debe hacerse. Pero yo fui más que mi error. Fui madre. Fui guía. Y por un instante fugaz, fui feliz.
Maldita sea, besé a una mujer que no es mi novia, ni mi pariente. Mierda, creo que Alice, Rosalie y Leah me van a matar (al menos de que ya lo sepan, gracias a la previsión de Alice)
