Los cobardes sólo viven
llenos de arrepentimiento
Mis funciones como hija de los Kinomoto eran sencillas a esta edad y las anteriores. Las palabras mías ante la sociedad eran escasas, casi nulas y casi podía asegurar que podía parecer un pequeño llavero a un lado de mis padres.
Para mí no era realmente significativo si me lo preguntaban, prefería estar en las sombras la mayoría del tiempo para pasar desapercibida, pero esa tarea resultaba difícil en algunas ocasiones.
Mi nombre o imagen siempre salía a relucir cuando uno de mis padres hacía alusión a mi, ya fuera por las dichosas palabras significativas sobre la unión familiar o por otro motivo nada relevante para mencionar.
La gente me conocía, o ellos creían hacerlo.
Mi imagen se manejaba de la mejor manera posible, una chica de diecisiete años tranquila, amable, sonriente y sin problemas que dar a la sociedad mágica. Un modelo adolescente.
También podíamos agregar estudiosa y poderosa respecto a la magia.
Aunque para ser sincera si me lo preguntaban aquellas últimas dos cosas eran las más grandes mentiras de mi vida.
Primera, la escuela no era mucho de mi agrado y había materias que detestaba tanto como las mentiras. Segunda, yo no poseía ninguna tipo de magia.
Sí, sorpresa, los Kinomoto teníamos ese gran y jugoso secreto que a ciencia cierta no sabía quién conocía o manejaba.
Mi silencio se remontaba a cuando apenas podía hacer uso de razón, la forma tan delicada que las palabras y acciones de mis padres coaccionaban en mi eran impresionantes.
No tenía recuerdos tortuosos para pensar que fui obligada a mala manera a ocultar ese tipo de cosas, más bien podía decirse que era completamente cooperativa con la situación...
Cómplice.
Pero conforme pasaba el tiempo todo aquello comenzaba a tener más peso en mi vida y acciones, la manera hostil que mi madre tenía de pronto era debido también a la presión que debía causarle mantener todo bajo control. Así que la lograba entender en ocasiones, a su manera me quería y protegía.
¿Para qué tanto revuelo?
El maldito poder.
Ese poder que volvía loca a la gente y las llevaba a cometer actos jamás vistos.
En este caso, mis padres siempre buscaban este tipo de protección para mi, a decir verdad, no sabía todos los detalles, era excluida de ellos y sólo sabía lo necesario para evitar algún tipo de fugas de información.
Sé que pronto llegaría el momento en que me soltasen más información para la preparación que necesitaba al asumir mi cargo en el concejo, de eso no tenía duda, de lo que sí es cómo mis padres taparían para siempre el hecho de que su única hija no tenía ni una sola pizca de magia.
Según sabía, yo había nacido así, era por defecto por así decirlo... en realidad no sé qué métodos habían utilizado mis padres para tapar este tremendo escándalo por diecisiete años, pero imaginaba que no eran solamente ellos quienes sabían esto, aquí debía haber más gente involucrada del mismo concejo con los mismos intereses...
Por eso se explicaba el hecho de que los Li nos pisaran los talones en ocasiones, logrando sacar de quicio a mis padres por sus acciones en donde tiraban la piedra y escondían la mano.
Esto era algo más grande, era mucho más de lo que parecía...
—¿Está todo bien, pequeña Sakura? Llevas buen rato mirando hacia el río —la dulce voz de mis mejor amiga me saca de mis pensamientos tan rápido como la escucho.
Mis mejillas se sienten calientes por haberme visto expuesta divagando como en ciertas ocasiones... más frecuentes de lo pensado.
—Perdón Tomoyo... tengo muchas cosas en la cabeza —contesté con pena.
—Tranquila, sabes que venimos a este lugar a relajarnos y cualquier cosa que yo pueda escuchar aquí estaré
La calma y dulzura de su voz me envuelven rápidamente sintiéndome en confianza.
Le sonrío como siempre y asiento con rapidez.
—Lo sé y gracias por eso... ¿cómo van las cosas con tu hermano? —preguntó entonces, cambiando el tema.
El semblante de Tomoyo Daidouji cambia con rapidez. Sus ojos pierden brillo y su sonrisa parece volverse una mueca de tristeza.
—Se puede decir que estable, es un luchador...
El viento nos golpea a ambas. El cabello azabache de mi amiga se mueve y me hace querer observarle como siempre.
Es preciosa, está tez clara y sus ojos tan interesantes hacen que quieras contemplarla como a una muñeca de porcelana.
Tomoyo Daidouji, una mujer sencilla de veintidós años, con una magia que parecía fuera de este mundo, pero, debido a su estatus familiar no era tan reconocida como otras.
Trabajadora, decidida, respetuosa, dulce, amable y con cierto toque de misterio y perspicacia...
Sus palabras conciliadoras parecían ser todo lo que necesitaba para estar bien, poco a poco se había ganado mi confianza un par de años atrás...
Ella sabía todo de mí, y yo todo de ella.
Nos contábamos nuestras penas sin filtro y podíamos estar horas escondidas ahí.
Ella alejada de todos, y yo alejada de mis sombras de seguridad.
El árbol sagrado era nuestro escondite, nosotras le llamábamos así porque parecía ser un árbol fuera de lo común, parecía brotar magia por sí mismo, un ser que la naturaleza nos regalaba sin dudar...
Nuestra amistad floreció así, con las tempestades y secretos de ambas siendo el ungüento de cada una.
—Escuché que tuviste una reunión hace poco, ya sabes, cierta información se escabulle al dominio público
—Yo no, mis padres, sólo fui como un adorno más —respondí restándole importancia
—Supe que fue con los Li, ¿todo bien? —indagó ella, mientras tomaba un par de hojas secas del suelo.
—El ambiente era un tanto tenso, pero todo bien, quedan al final en un trato amistoso —agregué con una sonrisa, tomando yo también una hija del suelo y jugueteandola.
—Por lo que recuerdo no hablas ni siquiera con Li Shaoran, ¿o me equivoco?
Su curiosidad al límite me hacía sonreír, era algo propio de ella.
—Nunca. Incluso en el instituto he entablado una conversación más allá de lo formal, ¿por qué? ¿Tú lo conoces o algo así? —fue mi turno de preguntar.
—He escuchado que es un tipo difícil, de pocas palabras pero inteligente, eso es todo, lo demás es un misterio, ah, y que comparten la misma edad —me informa ella con entusiasmo, como si estuviese contando el mejor chisme.
—Creo que he notado lo de pocas palabras, con suerte recuerdo como es su voz —rio por lo bajo, y ella hace lo mismo.
—Parece ser una persona algo huraña, no parece ser el tipo de persona que quiera a un amigo en su vida —expresa ella pensativa, pero estoy de acuerdo con el comentario.
—Sí... mamá mencionó algo sobre él, dijo que tuviese cuidado, por si quería acercarse a mí —revelé de pronto, Tomoyo volteó a verme y frunció un poco su bello rostro.
—¿Acercarse a ti? ¿Podría pasar eso? —preguntó curiosa.
—Digamos que los Li y Kinomoto no tienen buena relación, me abstengo de entrar en ese dilema, yo solo observo, pero he visto que tienen cierto tipo de rivalidad por el poder, ya sabes, mi padre ocupa el puesto más alto del concejo y Li Hieran pisa muy seguido los talones de ese puesto...
—¿Y cómo es que tu padre hace para que eso no pase? Me refiero a que los Li tomen su lugar.
—Toma cualquier error de él o su familia y además sigue aumentando su nivel mágico día con día
—¿Y eso no es más conflictivo? ¿Cómo es que tienen reuniones?
—Fácil. Asuntos meramente del concejo, llevan esa línea de cordialidad para no estropear la paz dentro del concejo, es obvio que cualquier disturbio o diferencias de ideas crearían un caos mediático sin remedio, imagínate a las dos familias potencias pelear, se volvería casi una guerra política, y no quieren eso...
El dedo índice de Tomoyo se posiciona en su barbilla y adopta una pose pensativa. En ese momento nos quedamos en silencio, explicar todo aquello me dejó sin aliento, pero era así como lo platicaba, sin más ni menos. O eso creía yo...
Porque pensándolo bien... algo no cuadraba en esto.
—Sakurita, creo que es hora de irnos, antes de que nos encuentre tu seguridad —habla Tomoyo levantándose y dando un vistazo al lugar. Interrumpiendo mis indagaciones.
—Tienes razón, nos vemos...
—Mañana no puedo, pero me contactaré contigo como siempre
—Perfecto, cuídate mucho Tomoyo, mándale saludos a Momo de mi parte —Momo era el hermano menor de Tomoyo, quien padecía una extraña enfermedad que lo hacía estar en cama por días, eso deprimía a mi mejor amiga, quien hacía lo posible por sacarlo adelante sola, pues desconocía el paradero de sus padres.
Pero a veces se quería romper, pero ambas nos sosteníamos fuerte.
—¡Por supuesto! —aseguró con una bella sonrisa, que me contagió de inmediato.
La figura de Tomoyo pronto desapareció de mi vista, perdiéndose en la densidad de la naturaleza.
Esas éramos nosotras, escondiéndonos de los ojos de todos, porque así dictaba la vida nuestra. Mis padres siquiera dejaban que entablara conversaciones con mi mente, si supieran de Tomoyo seguro pegarían un grito en el cielo.
La forma en la que habíamos escondido toda nuestra amistad era una misión casi imposible que de no ser por su astucia, creatividad e inteligencia no fuese posible.
Ella tenía sus nubes grises, y yo a la tormenta.
Era buena combinación, ¿no?
Suspiré, preparándome para los regaños y los cuestionamientos sobre mi paradero. Era obvio que evadiría todo, la amistad que tenía con Tomoyo era secreta.
Porque yo también tenía derecho a tener mis propios secretos, ¿no era justo?
Si todos parecían esconder algo en esta vida no me parecía fuera de lo común hacerlo yo también... esa era mi regla, mi justificación...
Eso era con lo que calmaba a mi conciencia.
( . . . )
—Todo en orden con Kinomoto, entró al instituto sin inconvenientes —fue lo último que escuché de mis guardias de seguridad.
Nadie cuestionaba que en ocasiones llevaba seguridad conmigo, o esa parecía ser.
La pregunta de muchos, ¿Por qué Sakura Kinomoto llevaba seguridad si su magia era suficiente para exterminar cualquier mal?
Bueno, creo que era obvio para los que sabíamos la verdad. Yo no tenía magia.
Pero, la historia que se contaba a la sociedad parecía bastante creíble que a veces me daba náuseas.
Sólo bastaba con ocultar mi poder para que los rumores comenzaran a tomar su camino por sí solos.
Que si Kinomoto Sakura tenía una magia que al activarla podía acabar con el mundo.
Que si Kinomoto Sakura tenía un candado para su magia catastrófica.
Que si Kinomoto Sakura no tenía control sobre su magia.
Y la más importante para mí pero la que desechaban con frecuencia.
Kinomoto Sakura no tiene magia.
Un escalofrío recorría mi cuerpo cuando siquiera sabía de aquel rumor que pronto se acallaba con un suceso traído de quién sabe dónde.
Cortinas de humo.
Mi cabeza dolía solo de recordar todo ese tipo de cosas, donde la familia Li o cualquier otra persona con mínimo o máximo poder estaba expuesta...
Ellos debían detestarnos, sí, como es que no lo había pensado así.
Quizás ellos tenían sus sospechas, los que divulgaban información eran mis padres, pero a decir verdad, no tenían ninguna certeza de donde comenzaban todos los rumores.
Un suspiro salió de mis labios, este sería otro día más, siendo algo que no era, siendo alguien que tenía que ser porque si...
¿Qué estaba haciendo realmente de mi vida...? ¿Es esto lo que quería siempre? ¿Una mentira? ¿Hasta dónde iba a llegar...?
—Buenos días alumnos, recuerden que hoy iremos a una pequeña excursión a la torre de Tokio, recuerden que en su informe deben agregar sobre su infraestructura y después hacer un dibujo bien detallado de ella, y recuerden, cero magia por favor, así que salgan todo en orden que ya llegaron nuestros transportes
Carajo.
Lo había olvidado completamente.
Este día todos los cursos de mi grado iríamos a la torre de Tokio, pero...
Había olvidado mencionarlo a mis padres. Por lo que mi itinerario era desconocido para mi seguridad...
¿No se habrían dado cuenta? Sin nada con que comunicarme para decirle me era difícil que supieran, pues cuando entraba al instituto ellos abandonaban el lugar, sería sospechoso que estuviesen vigilando fuera todo el tiempo.
Bien, me las arreglaría sola, no sería la primera vez.
La maestra dio quizás una hora de clase, donde explicaba la historia de la magia, después comenzó a recoger sus cosas y nos indicó que hiciéramos lo mismo, era hora de irnos.
—Kinomoto, por favor ven conmigo —llamó mi maestra cuando comenzamos a salir del aula, yo como siempre, obedecí rápidamente.
—Si maestra, ¿sucede algo? —pregunté
—Auxíliame durante el recorrido con tus compañeros de curso y los dos restantes, sé que puedes hacerlo —su voz despreocupada pronto me dijo, haciendo que mis nervios se dispararan.
—¿Yo? ¿A todos? —mis preguntas sonaron algo preocupadas, y mi cara seguro reflejaba espanto.
—Por supuesto, no te será imposible, aparte esto ayuda a tu formación como una futura líder, no te preocupes que estas actividades son bienvenidas por tus padres —la mención de aquellos últimos me hizo tragar saliva y tomar valor de donde no lo tenía.
Quizás pasarían un reporte completo de cómo había manejado a tres cursos con adolescentes un tanto rebeldes...
Era un desastre. Yo no tenía ni la más mínima idea de lo que era eso.
—¿Usted estará ayudándome, maestra? —pregunté tan pronto ella comenzaba a avanzar al transporte que nos llevaría a la torre.
—Algo así...
Sus pasos apresurados y su respuesta a secas me dieron a entender que no quería más preguntas.
¿Que haría con esto...?
Me sentía expuesta, como en una de esas misiones riesgosas en las que podría morir...
Bueno, quizás estaba exagerando... un poco.
Hice lo mejor que pude para manejar a mis compañeros, ¿lo bueno de lo malo? Tenían un cierto respeto a mi persona por ser quien era. Gran ventaja al ser una Kinomoto.
Sólo tenía que agregar seguridad a mi actitud y bastaba con eso, hasta que... algo sucedió.
Luego de crear un boceto algo decente y de tener controlados a mis compañeros de curso y a los demás decidí darme cierta escapada.
Resulta que cuando mis padres no estaban cerca podía ser un tanto rebelde, siendo incluso imprudente.
Y en esta ocasión no pude desaprovechar que tenía el mando y mi maestra estaba haciendo no sé qué cosas.
Encontré un río adentrándome al bosque que estaba cerca de la torre.
Era una vista bellísima, la naturaleza nos brindaba cosas excepcionales que a veces nadie podía percibir.
Este tipo de paisajes me transmitían paz en la vida y podía estar pegada ahí horas si me lo permitían.
Encontré una roca en la cual podía sentarme y estuve ahí, viendo el agua pasar y los pajaritos cantar, ciertamente una escena perfecta.
Las hojas de los árboles comenzaban a caer ya un tanto secas, dando inicio a un otoño.
—Que maravilla, es precioso...
Murmure para mí misma, pues nadie me había seguido y estaba segura que estaba sola.
Decidí que ya era hora de volver antes de que alguien se diese cuenta de mi escapada, pero cuando había dado un par de pasos voltee nuevamente y por casualidades de la vida pude ver a una pequeña criatura en el río...
Ahogándose.
Mi cabeza comenzó a punzar en nervios y el aire se escapó de mis pulmones, dando inicio al pánico inundando mi cuerpo.
¡Era un pequeño perrito!
Sin dudarlo salté al río que no se detenía jamás... pude alcanzar al pequeño animal y sostenerlo fuerte.
Pero...
No pude controlar mi cuerpo en el agua y los nervios me ganaron, enseguida pude sentir como me ahogaba y mi mente para ese momento no daba para más...
Se fría, calculadora, siempre piensa con tu mente en blanco, Sakura, serás una mujer fuerte y segura.
Las palabras de mi madre me golpearon en ese momento, pensando que jamás me iban a servir para nada.
Me tranquilicé un poco y sentí que podía estabilizarme de nuevo, pronto vi una rama sobresaliendo y sin dudarlo llegando el momento me aferré a ella, logré lanzar al pequeño fuera del peligro y este salió huyendo adentrándose al bosque rápidamente...
Quizás tenía dueño y estaba asustado, era normal su reacción.
Me disponía a salir del agua finalmente, ahora estaba empapada...
Pero...
Resbale. Oh dios, oh dios.
Caí hacia atrás y cuando me di cuenta otra vez me ahogaba.
En realidad no sabía nadar, no muy bien que digamos, pero mis padres siempre me habían dicho que si algún día me encontraba en aprietos en un río solo me dejara llevar por la corriente y que cuando encontrara algo con que sostenerme no me soltara hasta que alguien viniese a ayudarme...
Pero en este momento no había nadie... y ya no podía pensar con claridad...
( . . . )
Desperté totalmente azorada con la cabeza pesada y respirando agitadamente. Mi ropa estaba totalmente empapada y comenzaba a sentir un poco de frío.
—¿Qué rayos...?
Toque mi cabeza intentando enfocar mi vista, y cuando lo hice pude ver en una roca no muy lejana al mismísimo Li Shaoran con una pequeña pelota en sus manos.
Miraba hacia el río despreocupado y tuve el impulso de levantarme con un resorte.
—¿Qué pasó, qué haces aquí?
Mi voz algo rasposa se escuchó, preguntando con lentitud y asombro.
Y es que, ¿cómo había llegado él aquí? Y lo más importante, ¿cuánto tiempo había pasado?
—Ay no, necesito volver... ¿cuánto tiempo ha pasado? —murmure mientras comenzaba a levantarme con la rapidez que se me permitía.
Para este momento sentía que me veía como una histérica caminando sin rumbo al bosque para regresar a la torre.
—Podrías darme las gracias siquiera, Kinomoto, de no ser por mí quizás estuvieras ahogada en ese río —la voz fuerte y clara de Li Shaoran se escuchó a mis espaldas, haciendo que me detuviera en seco.
¿Qué...?
—¿Perdón?
—Perdonada
Revire los ojos y decidí voltear completamente para verlo.
Tenía sus brazos cruzados con cierta pelota que seguía manteniendo en sus manos.
—¿Cómo me encontraste? —pregunté
—Pasaba por casualidad, no eres la única que escapa en ocasiones como esta —respondió con simpleza. Me avergoncé por un segundo, pero me quité esa sensación de inmediato.
—¿Por qué me ayudaste...? ¿Qué sucedió con exactitud? —seguí indagando con insistencia, Li se acercó a mí con una ceja enarcada y esa pose arrogante.
—Demasiadas preguntas Kinomoto, y no me gusta —respondió sin vacilar—. Mejor explícame si ibas a dejarte morir en el río así nada más —sus palabras seguras me hicieron fruncir el ceño, confundida.
—¿De qué hablas?
—Dime tú, ¿no era más fácil salir del agua con magia? He escuchado que eres buena con ella, ¿acaso ese también es otro rumor de tu familia?
Mis oídos de pronto zumbaron al escuchar aquellas palabras. Este chico estaba yendo directo y seguro.
Pero no lo lograría. No conmigo.
—El ser humano se bloquea en situaciones de pánico —respondí con seguridad y rápido, sin dejar rastro de nervios. Esos que me estaban consumiendo lentamente.
—Claro... entonces cuando tuviste oportunidad de utilizar tu magia en el momento que tomaste aquel tronco también estabas bloqueada, ¿o me equivoco? —sus pasos estaban acercándose más a mí y cuando pude sentir estábamos demasiado cerca.
Él con sus manos en sus bolsillos del uniforme escolar con su cuerpo ligeramente inclinado al mío y yo con el ceño fruncido, algo molesta por la situación.
—Que yo sepa no tengo ninguna explicación que darte, Li, así que si me permites volveré a donde están todos
Mis pasos comenzaron después de que dije aquello, no voltee hacia atrás, no, sabía que él seguiría acorralándome con sus preguntas para hacerme caer, y mejor evitar aquello.
—Mínimo sécate con tu grandiosa magia... —un susurro se hizo presente en mi oreja, Li flotaba a un lado de mi, tan cerca que cuando voltee pude ver esos ojos mieles tan endemoniados.
Una sonrisa burlona estaba plasmada en sus labios y cuando reaccioné para gritarle algunas cosas él se había ido.
—¡Li Shaoran! —mi grito incluso había asustado a ciertos pajarillos que salieron disparados luego de escuchar mi voz alterada...
Joder.
Mil veces joder.
Li Shaoran ya había notado mi presencia, de eso estaba segura.
N/A: hola, hola! Como están?
Que nervios con esta historia! Qué tal? Cómo va pintando? La verdad tiene mucho tiempo que no escribía y ahora ando retomando bien la escritura, así que bueno, una disculpa de antemano por las fallas de todo tipo.
nos estamos leyendo muy pronto! Besos y abrazos dulces!
