Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. los errores siguen siendo míos.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 1
La casa olía a café recalentado y a los cojines viejos que la señora Cope perfuma con lavanda cada mañana. Afuera, el sol empezaba a calentar el campo. Todo parecía tranquilo, pero yo no lo estaba.
Estaba nerviosa, inquieta y con un retortijón de estómago. Había llorado por lo que fueron horas, había maldecido lo suficiente y después de sentirme completamente extraña, limpié mis lágrimas y decidí que debía dar la cara.
Exhalé haciéndome la fuerte.
Renee dormía en su mecedora como si nada pudiera tocarla. Tenía ojeras profundas y el rostro algo pálido, pero su respiración era tranquila. Cansada, más que enferma. El cansancio de quien carga con muchos días iguales.
— Está bien —comentó Bree desde la cocina, con una jeringa vacía en la mano—. La insulina ya hizo efecto. La glucosa le bajó un poco, pero está estable. Va a dormir un rato largo. Ya sabes cómo la deja esto.
Asentí y me acerqué a mamá. Le besé la frente con cuidado. Estaba tibia. Todavía estaba ahí, aunque a veces la enfermedad la volvía más distante. No era la misma mamá de antes, pero seguía siendo mía.
Y es que desde que Charlie murió, mamá parecía haberse ido lentamente con él. No podía juzgarla, se fue su compañero de vida, el único hombre que amó.
— ¿Té? —le ofrecí a Bree mientras me dirigía a la cocina.
— Solo si lo haces tú. Si la señora Sue vuelve a prepararme ese agua de pasto, juro que me cambio de casa.
Solté una risa breve. La risa de quien no tiene mucho espacio para reírse, pero lo agradece igual. Encendí el fuego, preparé dos tazas con menta y un poco de vainilla y se las llevé a la mesa. Bree ya estaba ahí, sentada con las piernas cruzadas sobre la silla, como si llevara años haciendo esto.
Era mi chica favorita. Tenía diecisiete años, era la hija de Alistair, nuestro capataz. Él había quedado viudo cuando Bree nació, mis padres los acogieron con gran cariño, haciéndose cargo de los estudios de la niña, solo que Bree era bastante cabezota y no le gustaba mucho estudiar, ella prefería ayudar a mamá, ser su compañera.
— Gracias —respondió y le dio un sorbo exagerado—. Mmm… diez puntos. ¿Ves? Por esto no me voy de esta casa aunque me echen.
Negué con la cabeza, divertida. Bree era un torbellino de energía y comentarios sarcásticos, pero conmigo tenía algo distinto. Cierta ternura que no mostraba con cualquiera.
— Bree… —empecé, bajando la voz—. Necesito contarte algo. Es importante. Sin embargo no puedes decirle a nadie. A nadie ¿sí?
Ella me miró como si le acabara de decir que vi un monstruo de siete cabezas. Dejó la taza en la mesa y se inclinó hacia adelante, muy seria para ser ella.
— ¿Te lo juro por Seth? ¿O por la señora Sue cuando no se depila el bigote?
Sonreí ante sus disparates. Bree tenía un enamoramiento con el hermano menor de Jacob. Seth, el chico dulce y tierno por el que Bree suspiraba.
— No jures por nadie. Solo prométemelo.
— Prometido ―llevó una mano a su pecho―. Aunque ya me diste miedo.
Respiré hondo. Saqué del bolso un papel doblado con cuidado. Lo dejé sobre la mesa. Ella lo miró como si fuera una carta bomba.
— ¿Qué es eso?
— Léelo.
Bree lo desdobló y en cuanto vio el encabezado, sus cejas se levantaron en exageración.
— ¿Un certificado de matrimonio? ¿Con…? —me miró, con los ojos como platos—. ¿Edward Masen?
Asentí. El nudo en mi garganta se tensó.
— ¿Estás casada con Edward? ¿Desde hace diez años? ¿Y nadie lo sabe?
— Nadie —respondí, bajando la mirada—. Ni Jacob, ni mamá, ni Billy. Nadie.
— ¡¿Cómo que nadie?! —expresó, medio en shock—. ¡¿Y por qué me lo dices ahora?!
— Escúchame ―pedí su atención―. Pensé que esto no tenía validez ―cerré los ojos un momento, necesitaba ordenar mis ideas. Toqué suavemente su brazo―. Cuando papá nos descubrió ―sentí un pinchazo en el corazón, mi voz se entrecortó―. Prometió invalidarlo. Después, sabemos todo lo que ocurrió. Fue tanto dolor a la vez, se había marchado mi mejor amigo, confidente, mi único amor, mi esposo, al chico que me entregué por primera vez y días después se fue mi héroe, mi todo. Fue un shock emocional demasiado grande para mí.
Vi como las mejillas de Bree se tiñeron de un color bermellón.
― No sabía que… ―dudó― habías perdido la virginidad con Edward, siempre creí que había sido Jacob.
Sacudí la cabeza. No debería de estar hablando de mi vida íntima con una niña.
― Yo aún recuerdo a Edward ―articuló ensimismada―. Era un chico alegre, bromista, que le gustaba molestar mi cabello. También sigo pensando a Esme, ¿por qué desaparecieron de la noche a la mañana?
Ahí estaban todos mis pensamientos yendo a ese mismo lugar que Bree. Un lugar que hace mucho había abandonado por mi propia paz mental.
Es que no era fácil lo que estaba experimentando. Había dolor reprimido en mi pecho, al mismo que yo cubrí con una coraza, hoy simplemente esos muros estaban desvaneciendo y sabía que no era bueno.
Ya me había cuestionado lo suficiente. No quería volver ahí, no era justo.
Me aclaré la garganta.
Ella volvió a mirar el papel, como si esperara que dijera otra cosa.
— ¿Cómo fue su boda? ―inquirió―. ¿Y por qué yo no supe?
— Nos casamos a escondidas. Recuerdo que me puse un sencillo vestido blanco y él una camisa del mismo color, no había anillos, sin embargo había amor ―fue inútil que las lágrimas no se acumularan en mis ojos.
― ¿Y después?
Miré fijamente a Bree, a sus ojos color miel.
― Después la vida se metió en el medio.
― Supongo que hicieron planes.
Asentí con tristeza
― Teníamos sueños y creíamos que formariamos una familia. Fuimos demasiado inocentes, ahora sé que fue una locura. Pero fue real. ―Confesé en un tono amargo.
— ¿Y ahora qué vas a hacer?
— No lo sé. Se supone que unos meses me caso con Jacob, pero esto cambia todo porque no puedo casarme cuando ya lo estoy.
― Será un duro golpe para Jacob. Él ha estado contigo, Bella, ha sido tu ancla en todos estos años.
Mis hombros se hundieron. Porque sabía que tenía razón y es que si Jacob no fuera tan noble, quizás no me doliera.
— ¿Lo vas a buscar? ―indagó Bree.
— Sí.
— ¿Dónde? Si parece que se lo tragó la tierra, ¿por dónde empezarás a buscarlo?
Me quedé en silencio. El vapor del té se deshacía en el aire y yo sentía que cada partícula caía justo en mi pecho.
— No lo sé —susurré—. Pero necesito encontrarlo antes de que descubran que estoy casada con él.
.
La tarde caía pesada. Desde la galería trasera se escuchaba el motor de un tractor, lejano aunque constante. Me apoyé en el marco de la puerta, mirando sin mirar, hasta que vi acercarse a Alistair. Su paso era firme como siempre, pero llevaba el sombrero en las manos y eso ya decía algo.
— ¿Tienes un minuto, Bella? —preguntó.
— Claro. ¿Todo bien?
Sus hombros se desplomaron. Su reacción era suficiente para saber que malas noticias venían,
— La siembra no se está dando y mira el mes que estamos, ya era tiempo de que empezara a verse.
Exhalé todo el aliento retenido. Otra pérdida y es que últimamente nada parecía salir bien en esta hacienda.
— ¿Por qué? Si es tiempo del algodón, nunca antes habíamos batallado.
— No lo sé, niña. Los trabajadores le están echando todas las ganas para lograr que una parte se dé ―rascó su nuca― solo que es muy difícil.
― A este paso, para finales de año estaremos en la ruina ―musité―. Los bancos se rehúsan a hacerme otro préstamo.
― Lo sé, niña. Nos hemos deshecho de la mitad de los trabajadores para poder ahorrar gastos, pero no damos una.
Suspiré hondamente. Había una única opción y era.
― No quiero vender ―articulé tan bajo que creí Alistarir no me escucharía.
Él me dedicó una sonrisa comprensiva.
― No lo hará, niña. Por la memoria de su padre que no vamos a vender nada.
Quería creer en sus palabras, necesitaba aferrarme, pero ya no era una mujer que creía en promesas.
― Haremos lo que sea necesario para salvar nuestra siembra ―aseguré―. Si es necesario vender nuestro ganado, entonces lo haremos.
En la mirada amielada de Alistair pude comprender que él veía determinación en mí, sabía que no me rendiría. Y pude ver ese atisbo de orgullo que sentía por mí.
Era un gran hombre, un pilar importante para la hacienda y para nosotros.
― Alistair ―pronuncié su nombre―. ¿Sabes algo de Jasper?
El asombro en su semblante fue difícil de ocultar. Manteniendo su sombrero entre sus manos, sus dedos empezaron a presionarlo.
― Bueno, ese muchacho atolondrado debe vivir con los abuelos en su rancho, allá en el sur. Tengo la dirección, niña, ¿la necesita?
Mordisquee mis labios. Tal vez habían pasado seis años o más que no sabía nada de él
― Por favor, Alistair. Necesito encontrar a Jasper.
― Ese muchacho es bueno, seguro nos traerá alguna idea válida para recuperar la siembra. Aún es tiempo de salvar el algodón, niña y quizás Jasper sepa cómo.
Alistair no tenía absoluta idea del porqué de mi interés por Jasper.
― Ahora vuelvo ―inclinó su cabeza, antes de ponerse el sombrero―. Iré a buscar la dirección.
Me quedé ahí, perdida entre mis pensamientos.
.
.
Eran dos noches consecutivas que no podía dormir.
Me revolcaba en la cama y ninguna posición era buena para lograr conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en Edward.
Me senté en medio de la cama y encendí la lámpara del buró, tomé la nota entre mis dedos, era la dirección de los abuelos de Jasper.
Según Google Maps eran 25 horas para llegar a Mercedes, Texas. Era la ciudad donde los abuelos de Jasper tenían su propio rancho. La Tejana.
― Por Dios, Bella. No seas cobarde, debes moverte a buscarlo antes de que pase el tiempo y todo se descubra.
Estuve dándole vueltas al asunto, por lo que fueron horas. Con la laptop en mis piernas empecé a googlear el nombre de Edward Anthony Masen; lo busqué en Instagram, Facebook, Twitter que eran las plataformas más famosas, pero su nombre aparecía, sin embargo su rostro no era él.
Bufé molesta.
Las sombras de la habitación se hacían largas sobre el techo y el zumbido del ventilador sonaba como si intentara arrullarme sin éxito. Cerré los ojos, buscando refugio y fue entonces cuando la memoria me traicionó o me salvó. No lo sabía con exactitud.
Esa noche me desvelé hasta que no supe más de mí.
Estábamos corriendo.
Los cuatro.
Jasper iba adelante, saltando entre las grietas de las rocas como si no existiera el peligro. Jacob le seguía el paso, gritándome que tuviera cuidado, que no me soltara. Pero yo solo podía mirar hacia atrás, donde Edward reía a carcajadas mientras se acercaba a mí, con las mejillas coloradas por el sol y los rizos revueltos.
— ¡Vamos, Bella! —me gritó—. ¡Te vas a quedar atrás!
— ¡Ya voy! —Exclamé entre risas, sintiendo la adrenalina y el calor en el pecho.
Saltamos entre piedras calientes, entre los bordes secos del campo que se abría a un pequeño arroyo escondido. La corriente era delgada pero clara, como un secreto. Jasper fue el primero en lanzarse, salpicando a todos. Jacob le siguió y luego, sin pensarlo demasiado, yo también me zambullí.
El agua estaba helada, pero en ese instante, todo era perfecto.
El verano.
La risa.
La juventud.
Nosotros.
Edward se lanzó después de mí. Y entonces lo sentí. Sus brazos alrededor de mi cintura bajo el agua, su frente apoyada contra la mía. Todo el mundo pareció detenerse. Sus ojos me miraban como si no existiera nada más. Como si fuéramos los únicos dos en ese arroyo escondido del mundo.
Estábamos a punto de besarnos. Yo lo sentía. Lo deseaba.
― Me gustas mucho, Bella ―reconoció mientras relamía sus labios, se inclinó un poco más y…
Todo se desvaneció.
Me desperté empapada en sudor con el corazón acelerado y un nudo en la garganta. La madrugada apenas despuntaba, la luz azulada filtrándose por las cortinas.
Llevé una mano a mi pecho.
Edward Masen.
Hasta en mis sueños seguía volviendo a mí.
Y yo ya no sabía si eso era un castigo o una advertencia.
Hola, aquí tenemos el primer capítulo. Estoy demasiado nerviosa porque hago un gran esfuerzo por mejorar y aunque sé que sigo fallando, les prometo que lo estoy dando todo. Como ya leyeron esta historia será estilo campirana en su mayoría en Fredericksburg, Texas para ser exactos, espero les guste y decidan darle una oportunidad, por ahora díganme sus dudas u opiniones ¿qué les pareció?
**Para ver imágenes alusivas respecto a cada capítulo les invito al grupo de Facebook, allá están colocadas las fotos de la hacienda **
Nos leemos el próximo miércoles.
Agradezco a quienes comentaron el capítulo anterior: Lily Pattinson Stewart, Adriana Molina, kari815-A, Pepita GY, supattinsondecullen, Flor McCarty-Cullen, Ary Cullen 85, Rosemarie28, Antonella Masen, Iza, Car Cullen Stewart Pattinson, Smedina, Maryluna, Cassandra Cantú, Cary, jenni317, Diannita Robles, Beastyle, Marbellí, Tata XOXO, Sheei Luquee, ALBANIDIA, Lili Cullen-Swan, nataliastewart, Cinthyavillalobo, Noriitha, kasslpz y comentarios Guest
Gracias totales por leer 🔥
