Los personajes de Macross/Robotech son propiedad intelectual y legal de sus creadores. Este fanfic está escrito con fines de entretenimiento y sin afán de lucro.

CAPÍTULO 17

–¿Tan pronto se olvidó de mi nombre? –protestó aquél hombre, en tono de broma.

–No… no he olvidado tu nombre… Kyle.

–Tiene buena memoria… –respondió él.

Lisa no podía dejar de ver a Kyle, estaba sorprendida. Kyle se había cortado el cabello hasta la nuca, vestía un suéter gris oscuro de cuello alto y un pantalón de mezclilla azul violeta. El parecido con Karl era demasiado. Lisa pensaba qué había hecho ella para que el destino le hiciera una jugada así. Primero Jack, con su parecido físico con Rick y ahora Kyle, el pacifista antimilitar que jamás había querido dirigirle la palabra a Lisa, le estaba hablando y se parecía tanto a Karl, su antiguo amor.

–¿Qué la trae por estos lugares, Capitana? No sabía que le gustaba frecuentar el centro de la ciudad –preguntó el muchacho.

–Solo vine a comprar unas cosas y me retiro. –contestó Lisa algo confundida.

–Veo que le gustan los helados. Los miraba con las mismas ansias de una niñita que no ha tenido su postre del día –dijo Kyle entre risas –. Venga, yo se lo invito.

–¿Cómo? No… no, gracias –contestó Lisa confundida por la actitud de Kyle.

–De verdad. He sido muy descortés con usted todas las veces que nos hemos tratado. Venga, Capitana. Escoja el sabor que quiere. –dijo Kyle.

Como vio que Lisa no acertaba a moverse, Kyle la toma de la muñeca y la llevaba al mostrador de los helados. Esta actitud la dejó contrariada.

–Buenas noches, me da dos helados dobles, por favor –pidió Kyle.

–¿Dobles? –cuestionó Lisa.

–Triple entonces –dijo Kyle entre risas–. Para la señorita, sabor…

Lisa seguía sorprendida por la actitud de Kyle. No sabía qué contestar.

–¿Qué sabor quiere? –preguntó Kyle.

–Eh… Vainilla y fresa, por favor –respondió Lisa.

–Para mí, chocolate y arándano –pidió Kyle.

Kyle pagó los helados y salieron de la nevería. Kyle sugirió sentarse en una banca de un parque cercano. Él notó que Lisa llevaba una bolsa de compra, así que procedió a tomarla para que ella no cargara. Y Lisa seguía tan confundida como al principio.

–No… es… necesario, Kyle –respondió Lisa.

–¿Sucede algo, Capitana? Parece que hoy está usted muy distraída –mencionó Kyle.

–No, Kyle, es solo que me sorprende tu actitud.

Lisa reparó en que le estaba hablando muy familiar a Kyle. Ella no era así.

–Yo, Kyle, digo, me sorprende su actitud –repitió Lisa, haciendo hincapié en "su" actitud.

–Capitana, no se preocupe, puede hablarme de tú, si usted quiere.

–Es que en realidad nunca habíamos platicado y las veces que cruzamos palabras, fue para discutir nuestros argumentos –puntualizó Lisa.

–Tiene razón. Ya le ofrecí disculpas por eso. No había entendido su postura hasta que lo viví. –Kyle hizo una pausa– Capitana, ¿podríamos tutearnos?

–Claro, Kyle, pero ¿a qué te refieres con lo que viviste? –preguntó Lisa, aún confundida.

–Que ahora te entiendo. Comprendo cómo siendo militar, no te gusta la guerra y trabajas para defender a la Tierra y a la humanidad. Y ahora estás tratando de expandir los dominios de la raza humana y encontrar otro planeta en el que podamos vivir con tranquilidad. –aseveró Kyle.

–¿Qué fue lo que te hizo cambiar de idea? –cuestionó Lisa, intrigada.

–Todo, Lisa. Todo lo que he y hemos vivido como humanidad. Era la inconsciencia de mi juventud, mi mente cerrada, la madurez que fui adquiriendo poco a poco y los golpes de la vida que he recibido.

–Sabes, Kyle, siempre me has parecido una persona interesante. Tus ideas y principios hicieron cuestionarme por qué estaba en la milicia y si en realidad era lo que yo quería. Nadie había logrado que yo dudara de mi carrera como oficial, hasta aquella vez en que te oí decir tu discurso de paz por la televisión. Sin embargo, nunca tuve oportunidad de platicar contigo y las veces que coincidimos, fue en situaciones desagradables o cuando… Bueno, no tiene importancia. –dijo Lisa.

–Cuando íbamos tras nuestros amores fallidos. También eso me hizo madurar, Lisa… –añadió Kyle.

–Yo no quería mencionarlo, Kyle. El helado está tan delicioso como para arruinar su sabor recordando momentos amargos –comentó Lisa con una sonrisa.

–Tienes razón. Disfrutemos de este momento de tranquilidad –mencionó Kyle–. Nunca pensé que podría hablar así con alguien de la milicia. Eres muy agradable.

–Tú también lo eres. Y yo tampoco pensé en encontrarte ni mucho menos tener una plática normal contigo.

–Ni que te invitara un helado.

–Y que fuera doble y estuviera tan rico –añadió Lisa.

Ambos se miraron y se rieron con sus comentarios. Parecían dos jóvenes despreocupados que se llevaban muy bien.

–Bien, Kyle. Tengo que regresar a la base, se está haciendo tarde. Te agradezco el helado. La siguiente vez que nos encontremos, yo invito. –dijo Lisa con un guiño.

–Claro, Capitana. Y si volvemos a coincidir, espero que me cuentes qué es eso tan personal que sientes cada vez que me ves.

–¿Por qué lo dices? –preguntó Lisa extrañada.

–Por tus ojos. Se llenan de una melancolía infinita. Quizá te recuerdo al cretino de Hunter.

–No, Kyle, no es así.

–¿Algún día me contarás? –dijo Kyle.

–Sí, algún día… Me retiro. Buenas noches y muchas gracias otra vez –se despidió Lisa con un saludo de mano.

–¿Quieres que te acompañe a la base?

–No, muchas gracias. Quisiera poner en orden algunas ideas. Caminar me hará bien.

–Entonces, buenas noches, Lisa –contestó él con una sonrisa.

Lisa regresó a paso lento a la base. Tenía un remolino de sentimientos. Rick, Karl, Jack, Kyle. Parecía que además de las estrategias militares, la vida la hacía pensar en cosas extra.

:FIN DEL FLASHBACK (2):

–¡No lo puedo creer! –dijo Claudia con sorpresa–. De todas las personas posibles y de todos los escenarios que pude imaginar, jamás pensé que Kyle estuviera en esa nave y que tú y él tuvieran una conversación civilizada.

–¿Conversación civilizada? ¿Es que acaso dudas de mis modales? –respondió Lisa en tono de broma.

Elizabeth escuchaba atenta.

–Bueno, es que Kyle siempre se ha referido a la milicia tan negativamente, que pensaría en que tú le reclamarías en lugar de platicar tan ameno con él.

–Y hay más cosas que no sabes, tía… –intervino Elizabeth.

–¿Más cosas? –preguntó Claudia.

–Jovencita, ya es noche para que estés despierta –comentó Lisa.

–Lo sé, mamá, pero es que la conversación está muy interesante

–¡Claro que está muy interesante! Quiero saberlo todo.

–Será en otra ocasión, amiga. Mira la hora que es y mañana tenemos que reportarnos temprano a nuestros deberes.

–¡Es cierto! El tiempo pasó tan rápido. Me tienes que seguir contando, de tu encuentro con Kyle.

–No fue nada más un encuentro, Claudia.

–¿Entonces? ¿Hubo algo más?

–Sí… –respondió Lisa, haciendo una pausa–. Kyle se convirtió en alguien muy importante para mí… para nosotras.

–¿Quieres decir que tú y él…?

Lisa miró a Claudia y le sonrió.

–En nuestra próxima charla, te sigo contando –respondió Lisa.

–¡Tenemos tanto de qué hablar! Nunca me hubiera imaginado que tú y el insufrible de Kyle…

–No eches a volar tu imaginación, amiga. Mejor espera a que te cuente la historia.

–¡Sí, mamá, yo también tengo algo que contarte! ¡Mañana recuérdame que te cuente!

–Claro, mi vida. Ya ve a dormir, mi amor.

Elizabeth se despidió dando un beso y un abrazo a su mamá y también abrazó a su tía Claudia. Ambas amigas se despidieron. Lisa acompañó a Claudia a la salida de la nave, pues un jeep militar la llevaría a su casa.

Los días transcurrieron sin novedades alienígenas. La vida de Lisa se había vuelto muy ocupada ahora que era la Almirante electa pues ya había aceptado el cargo y próximamente sería la ceremonia en la que el Almirante Gloval le entregaría el Almirantazgo. Lisa estaba leyendo la invitación a la ceremonia protocolaria. Leyó que estaban convocadas las autoridades de la RDF, del Gobierno de la Tierra Unida, del Gobierno local y algunas celebridades.

–Minmei… –dijo Lisa como un susurro

«Tal parece que nunca me voy a librar de ti. No importa, ya eres pasado» pensó Lisa y siguió con su rutina.

Finalmente llegó el día de la ceremonia en la qu

e Lisa recibiría el cargo de Almirante de las Fuerzas Robotech. Ella se encontraba en su recámara, cuidando los últimos detalles de su apariencia, pues se trataba de un día especial. Llevaba el cabello recogido en una coleta baja y utilizaba un maquillaje discreto. Elizabeth entró a su habitación y sonrió al ver a su mamá tan hermosa y elegante con el uniforme reglamentario de los Almirantes.

–¡Te admiro, mamá! –dijo la jovencita.

–¡Y yo a ti, mi vida! –respondió Lisa.–¿A mí?

–Sí, mi amor –Lisa hizo una pausa–. Por ser tan buena niña, por acompañarme en todo momento, por tu inteligencia, por tu amor. ¡Te amo, Elizabeth!

–Mamita, estoy muy orgullosa de ti.

Ambas se fundieron en un abrazo lleno de amor. La buena relación madre e hija era notoria para quienes las conocían. Se separaron de su abrazo y se sonrieron. Sus hermosos ojos verdes y azules brillaban a más no poder.

–Bien, hermosa. ¿Nos vamos? –preguntó Lisa.

–Claro, Almirante Hayes –respondió Elizabeth con gusto.

La ceremonia transcurrió como lo programado, siendo el momento más emotivo cuando el Almirante Global hizo entrega a Lisa de la insignia del Almirantazgo. Ambos se miraban orgullosos, uno del otro. El Almirante Global era lo más cercano a un padre para Lisa, después de que el Almirante Hayes había fallecido en el ataque masivo a la Tierra.

Lisa dio su primer discurso como Almirante. Las fuerzas Robotech, las personalidades del GTU, del gobierno y las celebridades, la escuchaban con atención. Como buena militar observadora, Lisa recorrió con la mirada a las personas del salón de conferencias, principalmente, tratando de ubicar a Elizabeth. Visualizó a su "familia" militar, a sus amigos, a Rick, a Archer, que curiosamente, les habían asignado lugares contiguos. «Menos mal que no están peleando» pensó.

Dos pares de ojos azules miraban a la nueva Almirante con tanto amor. Unos ojos pertenecían a su hija, Elizabeth y los otros ojos azules eran de Rick, quien la observaba orgulloso desde el lugar asignado a los militares de alto rango. Jack también observaba la escena. Él estaba gustoso de que fuera Lisa quien dirigiera a las Fuerzas Robotech. También notó que el General Hunter ni siquiera parpadeaba cuando miraba a Lisa decir su discurso. «Este tipo la ama, pero es un cobarde por haberla abandonado. Bueno, de eso se encargará Lisa. Seguiré escuchando el discurso» dijo Jack en su mente.

Una vez terminada la ceremonia protocolaria, la prensa se abalanzó sobre Lisa para entrevistarla, acerca de cómo se sentía con el Almirantazgo, los retos que enfrentaría como Almirante y preguntas relacionadas con su trabajo. Hasta que comenzaron a hacerle preguntas de su vida personal. Lisa fue muy hábil para esquivarlas. Una voz chillante femenina se escuchó a espaldas de Lisa, quien solo se quedó estática viendo hacia la nada.

–Sí, Almirante, contéstenos. ¿Quién es el padre de su hija? –cuestionó aquella voz.

El personal de la prensa se hizo a un lado, formando un espacio libre entre la Almirante y la mujer que estaba haciendo esas preguntas.

–Mi vida personal está fuera de las funciones del Almirantazgo, que es la razón por la que todos estamos aquí –respondió Lisa con voz apacible.

La Almirante se giró lentamente hacia el origen de esa voz. «Tantos días para aparecerte y tenías que hacerlo justo ahora» pensó.

Ambas mujeres quedaron de frente. Los ojos oscuros de Minmei irradiaban odio mientras que los de Lisa eran como un fuego verde.

–¿Así que la Almirante tiene algo que esconder? –siguió diciendo.

–Nada hay qué esconder, simplemente es mi vida privada, la cual está separada de mis funciones militares –respondió Lisa con una ligera sonrisa.

A lo lejos, Rick observaba la escena. «¿Cómo es posible que te enfrentes a Lisa de esa manera? ¡Tú siempre quieres causar polémica!» pensaba Rick. Jack se había dirigido hacia donde estaba Elizabeth y juntos, presenciaron la escena también. «¿Quién será esa mujer que le habla con tanto coraje a mi mamá?» se preguntaba Elizabeth.

Por unos instantes, la sala de conferencias se quedó en silencio, esperando a que estallara algún conflicto entre ambas mujeres, después de años de no verse. Si bien, para las nuevas generaciones, el triángulo amoroso no era conocido, para la generación de Rick y Lisa, era de conocimiento pleno.

–Es un gusto contar con su presencia, señorita Minmei –dijo Lisa extendiendo su mano.

Este gesto desubicó a Minmei, quien no se esperaba que Lisa actuara con tanta calma, pues su plan era confrontarla y hacerla salir de sus casillas, para echarle a perder su primer día como Almirante. A Minmei no le quedó otra opción más que responder al saludo de mano de la Almirante. Enseguida comenzaron a fotografiar ese saludo. Todo lo que se pudiera publicar de ese día, sería noticia.

–Les agradezco a todos su interés en entrevistarme, sin embargo, tengo que retirarme a mis funciones como Almirante –dijo Lisa con una ligera sonrisa–. Se quedan en compañía de los oficiales del Departamento de Relaciones Públicas. Tengan ustedes un buen día.

La prensa siguió a la Almirante hasta que su paso fue impedido porque ya entrarían a las instalaciones militares y el ingreso de civiles no estaba permitido.

«¡Vaya, qué hábil es!» pensó Jack, sonriendo para sus adentros. «¡Ja! ¡Debiste haber visto tu carota, Minmei! ¿Cómo crees que Lisa se va a rebajar en seguir tus artimañas?» pensó Rick «Al menos, Lisa es inteligente y no como yo, que caí en tus redes» dijo para sí, cuando una vocecita lo sacó de sus pensamientos.

–¿Vamos con mamá? –preguntó Elizabeth.

–Claro, princesa. Solo investigaré en qué sala está.

–Ella me dijo que iba a estar en su oficina, tenía libre hasta las 1100 horas.

–Te expresas como toda una militar.

–¡Es que aprendí de la mejor!

Rick observó a Jack y a Elizabeth y notó que la conexión entre ambos era muy cercana. «Quizás Jack sí es el padre de Elizabeth» pensó con melancolía. «¡Cómo me gustaría que fueras mi hija!».

Mientras Jack y Elizabeth salían del recinto, ella buscó a Rick con la mirada y se dirigió hacia él.

–Elizabeth, ¿dónde vas? –preguntó Jack.

–¡Enseguida regreso, voy a saludar a alguien! –respondió Elizabeth.

Jack sonrió. Esta chiquilla, es tan transparente y tú tan lento, Hunter, como siempre.

–¡General Hunter! –se escuchó una voz alegre.

–¡Elizabeth! ¡Qué alegría verte por aquí! Qué bueno que acompañaste a tu mamá en este momento tan importante –exclamó el militar.

–Sí, siempre hemos estado juntas en todo. Hoy no sería la excepción –respondió Elizabeth con una sonrisa franca –. Solo quise saludarlo.

–Muchas gracias, pequeña.

–¿Me regala una selfie?

–¿Eh? –preguntó Rick extrañado.

–Sí, una selfie. Es que se ve usted muy bien con su uniforme de gala –respondió Elizabeth guiñando un ojo.

El gesto captó la atención de Rick, quien movió un poco la cabeza extrañado pero finalmente aceptó.

–Está bien, pero que sean dos.

–¿Dos?

–Una para ti y otra para mí.

–¡Seguro! ¿Me da su número de celular?

–Aquí no puedo, Elizabeth. Está fuera del protocolo dar nuestros números a civiles. Pero…

–Pero nada –contestó Elizabeth.

La jovencita sacó de su bolsa de mano una libretita y escribió su número de celular. Arrancó la hoja y se la dió al militar.

–Listo, no me dio su número pero ya usted tiene el mío –dijo Elizabeth con una sonrisa–. ¡Hasta luego!

–Hasta luego, Elizabeth.

Rick se quedó con un torbellino de emociones «¿Por qué me pasa esto cuando estoy cerca de ella?»

–¡Vaya, te has de sentir soñado, amor! –dijo cierta voz chillante que se acercaba por detrás del militar.

Rick solo rodó los ojos en señal de fastidio.

–Hola, Minmei.

–Hola, amorcito. ¿No me vas a dar un beso?

–Estoy en funciones, no puedo. Y me tengo que retirar a trabajar.

–¿A trabajar o a irle a lamer los zapatos a la nueva Almirante?

Rick no respondió ante esa pregunta para no caer en el juego de la cantante.

–Adiós, Minmei –dijo el militar.

Minmei se quedó en el pasillo pero la prensa la abordó, así que ya no pudo seguir fastidiando a Rick con sus comentarios. «Me la van a pagar, ustedes dos, bueno, tres o los que sean» pensó.

El día había llegado a su fin. Lisa salía exhausta de su oficina. «Terminó mi primer día como Almirante. No sé cómo el Almirante Gloval pudo aguantar tantos años, si yo con un día, me he cansado tanto. ¡Pero me gusta! Mi planeta y su gente merecen lo mejor y su seguridad es primordial» dijo Lisa para sí, mientras recorría el solitario pasillo de la base.

A lo lejos, se alcanzó a escuchar que también cerraban una puerta. Lisa se quedó extrañada pues ya no debía haber personal en la base a esas horas. Se regresó unos pasos hasta tener alcance visual de la localización de la cual se produjo el sonido.

–¡Lisa! es decir, Almirante Hayes –dijo una voz varonil.

El apuesto caballero hizo el saludo militar obligatorio hacia la Almirante, quien sonrió.

–En descanso, general Hunter –respondió la Almirante.

–Lisa, no había tenido la oportunidad de felicitarte… fuera de protocolo… –mencionó Rick.

–Es que he estado muy ocupada, había muchos pendientes qué resolver y mira, apenas voy saliendo.

Lisa le sonrió finamente a Rick, quien también esbozó una sonrisa.

–Pues cualquier momento es bueno, Lisa. Así que muchas felicidades. Sé que eres la mejor y la más indicada para ser la líder de las fuerzas Robotech. Nadie más capaz que tú.

–Gracias, Rick.

Ambos se abrazaron. Miles de descargas eléctricas recorrieron el cuerpo de Rick, quien apretó más el abrazo y cerró sus ojos. Lisa se puso en alerta.

–Rick, no…

Esas palabras sacaron a Rick de su ensimismamiento.

–Recuerda que hay cámaras, Rick. No quiero tener reportes de comportamiento. Yo debo dar el ejemplo.

–Cierto, Lisa, disculpa.

–Nada qué disculpar, es solo que estamos en la base. Los abrazos están fuera de protocolo.

–Bueno, pero saliendo de la base, sí puedo abrazar a la Almirante, ¿verdad?

Lisa miró a Rick con esos ojos que destellaban fuego.

–¡No, general!

Rick se quedó contrariado.

–Puedes abrazar a Lisa Hayes, piloto desobediente –dijo Lisa con una sonrisa.

–¡Vaya, Lisa! Con esa furia en tus ojos, ya me habías espantado –respondió Rick.

–Era para recordar viejos tiempos.

Ambos soltaron una carcajada mientras caminaban hacia la salida. Una vez que llegaron a sus vehículos, se quedaron platicando unos minutos antes de despedirse.

–Rick, tenemos pendiente comer juntos.

–Sí, Lisa, no lo he olvidado.

–Pasado mañana tengo la tarde libre. ¿Te parece si comemos juntos?

–¡Excelente!

–Así puedo presentarte a Elizabeth, mi… hija –dijo Lisa.

«Nuestra hija» pensó ella. Rick sonrió. «Creo que no sabe que ya la conozco. Igual creo que a Elizabeth no le ha dado tiempo de contarle que ya nos conocimos» pensó entusiasmado para sí.

–Claro, Lisa. Ahí estaré –dijo Rick.

Rick vio que Lisa se iba a subir sola a su coche y no vio que trajera alguna escolta.

–Lisa, ¿no te asignaron una escolta?

–Sí, pero no la quise.

–Eres Almirante, debes tener a un equipo de trabajo que cuide de tu seguridad.

–Tienes razón, Rick. Gracias por preocuparte.

–En tanto tienes tu escolta, yo iré detrás tuyo hasta que llegues al SDF-2.

–Muchas gracias, Rick.

El siguiente día estuvo lleno de actividades para Lisa, quien se encontraba absorta en el trabajo administrativo cuando alguien tocó a su puerta.

–¡Jack! Qué bueno verte –dijo Lisa con genuina sorpresa.

–Hola, Almirante –respondió Jack con una sonrisa–. Entre tus múltiples actividades, supongo que no has encontrado tiempo para comer algo.

–No, Jack, es que es un mundo de informes los que debo revisar, además de la asignación de los puestos para los nuevos escuadrones y…

–Dejarías de ser Lisa si no te ocuparas de todo –interrumpió Jack.

–Bueno, es que este puesto es una gran responsabilidad –contestó Lisa.

–Pero tienes un buen equipo de trabajo, recuerda que no estás sola. Hunter y yo podemos ayudarte con la asignación de los nuevos escuadrones, ambos somos pilotos expertos.

–¡Vaya! ¿Acaso ustedes son amigos ya?

–No, Lisa. Hunter me ve como su rival. ¿Por qué no hablas con él y se sinceran?

–¿Sincerarnos? ¿De qué?

–De lo que sienten cada uno de ustedes. Hunter se ve muy enamorado de ti.

–Creo que ya hemos tenido esta conversación, Mayor Archer.

Jack solo giró sus ojos hacia arriba, pues cuando Lisa interponía el rango era indicativo que la conversación se estaba yendo a un terreno que ella no quería exponer, así que regresó al tema de la comida.

–¿Aceptaría la nueva Almirante a acompañar a este piloto a la cafetería para comer algo? –preguntó Jack.

–Claro que sí…

Ambos militares recorrieron los pasillos dirigiéndose a la cafetería de la base, mientras seguían conversando.

–Y… de la plática con Hunter, mañana comeremos juntos, es mi día libre.

–Esa sí que es una gran noticia, pensé que estabas evadiendo el tema.

–No, para nada. Pero ya sé lo preguntón que sueles ser en ocasiones –dijo Lisa con una risilla.

–¡Ah! Qué Almirante tan simpática –respondió Jack–. Por cierto, Lisa, ¿Elizabeth sabe que mañana va Rick a comer con ustedes?

–Sí, ¿por qué?

–Porque justo me pidió que la llevara a comer.

–¡Oh! No me ha comentado.

–Quizás quiera darles espacio para que platiquen bien.

–Se me hace extraño porque ella estaba muy entusiasmada en conocer a Rick.

–Quizás ya lo conoce.

–Conociéndola, quizás ya entabló conversación con él. Lo que se me hace raro, es que no me haya contado.

–Con lo ocupada que estás, quizás no le haya dado tiempo.

–Sí, el Almirantazgo me ha mantenido muy ocupada. No quiero desatenderla.

–No lo harás, es solo mientras acomodas tus horarios.

Jack y Lisa degustaron sus alimentos, posteriormente, regresaron a sus áreas de trabajo hasta terminar su jornada laboral.

El día de descanso de Lisa había llegado. Ella y Elizabeth habían desayunado juntas y fueron de compras al supermercado de la colonia militar. La jovencita observaba todo, pues era nuevo para ella. De regreso, abordaron el vehículo asignado para Lisa, quien manejaba el automóvil pues aún no quería hacer uso del chofer que tenía designado. En el camino de regreso al SDF-2, ambas iban platicando amenamente.

–Elizabeth, ¿por qué no vas a comer con nosotros?

–Oh, supongo que Jack te contó. Bueno, no estaré presente en la comida, digamos que llegaré a la hora del postre –respondió la joven.

–Supuse que tenías muchas ganas de conocer a tu papá, ¿o es que ya lo conociste? –preguntó Lisa.

–Sí, mamita. No había tenido tiempo de contarte. Coincidimos en el parque esa vez que fue a ver el atardecer.

–¡Oh! Ya veo –respondió Lisa–. ¿Y… qué tal?

–¡Es genial, mamá! Nunca me hubiera imaginado lo agradable de su voz. Es muy guapo, bien parecido. Entiendo por qué te enamoraste perdidamente de él. ¿Ya no lo amas, mamá?

–Bueno, Rick siempre será alguien importante para mí, pues es tu papá. Lo amé muchísimo, sin embargo… ya quedó atrás. Le tengo aprecio y un lugar reservado en mi corazón, pero hasta ahí.

Elizabeth no alcanzaba a comprender todavía las palabras de su madre. Solamente pensaba que los adultos eran muy complicados en el amor, así que intentó cambiar el tema.

–Oye, mami, ¿y qué vas a cocinar para papá?

–Recuerdo que a él le gusta el estofado de res, así que eso voy a hacer.

–¿Es el mismo estofado que a mí me gusta?

–El mismo, mi amor.

–Wow! ¡Ahora entiendo todo!

Ambas comenzaron a reír con ese comentario.

Al llegar al SDF-2, Lisa se puso a cocinar y Elizabeth también le ayudaba. La comida estuvo lista y ahora solo tenían que esperar la llegada de Rick.

Por otra parte, Rick salió de la base y pasó a su casa a bañarse y cambiarse de ropa. Utilizó la misma marca de perfume que alguna vez Lisa le había regalado. El general militar se veía muy juvenil con una camisa azul cielo que contrastaba con el azul de sus ojos. Pasó a comprar unas flores y llevaba una pequeña cajita, con un regalo para Elizabeth.

Mientras tanto, en el SDF-2, se escuchó el intercomunicador del personal de vigilancia que le avisaba a la Almirante que el General Hunter había arribado. Elizabeth se emocionó muchísimo.

–Mamita, espero puedan hablar y le cuentes de mí. Mientras, yo… ¡me desaparezco! Solo saludo a mi papá y me voy.

–¿Segura que no quieres quedarte?

–Necesitan hablar, mamá. El tío Jack ya me está esperando.

Tocaron a la puerta y Elizabeth enseguida fue a abrir.

–¡Hola! –dijo con una enorme sonrisa.

«Qué niña tan hermosa. Sus ojos me recuerdan tanto a los de mi mamá. Basta, Hunter, no eches a volar tu imaginación… ¡Ya, basta!» pensó el general.

–¡Hola, Elizabeth! –respondió Rick–. Mira, te tengo este obsequio –dijo el general mientras le enseñaba una cajita a la niña–.

–Wooooow! ¡Es divina! ¡Muchas gracias!

Se trataba de una cadena con un encapsulado de vidrio que contenía flores naturales en miniatura.

–Espero te guste.

–¡Me encantó! –respondió ella–. Pues me despido, se quedan en su casa. Ciao!

Rick y Lisa se quedaron viendo a Elizabeth que como un torbellino, salía de la habitación. Rick volteó a ver a Lisa y le sonrió.

–Elizabeth es hermosa, Lisa. Debes estar muy orgullosa de ella –dijo Rick, dando un suspiro.

–Lo estoy…

–Lisa, me parece casi increíble que esté aquí contigo, tú y yo, solos… Sin ninguno de los militares o asistentes que siempre te rodea.

–Es que es mi día de descanso, Rick. En la base es muy difícil encontrarme sola.

Ambos se miraron a los ojos y se sonrieron.

–Pero pasa, Rick, siéntate. Estás en tu casa –dijo Lisa..

–Gracias… Mira, este ramo de rosas es para ti –habló el militar mientras le entregaba el ramo–.

Lisa lo recibió y sonrió.

–Muchas gracias, Rick.

–¿Puedo… darte un abrazo?

–Seguro…

Lentamente, ambos se acercaron, la distancia fue reduciéndose entre ellos hasta que se abrazaron. Para Lisa fue emotivo volver a abrazar al hombre que una vez amó. Para Rick, ese abrazo lo fue todo. La mujer que amaba estaba entre sus brazos, sin que nadie los molestara, sin preocuparse de protocolos militares o miradas incómodas.

–Lisa… te extrañé. ¡Perdóname! –exclamó Rick mientras intensificaba su abrazo.

–No hay nada que perdonar, Rick. Simplemente las cosas sucedieron así…

–Fui un tonto, siempre lo he sido

Lisa rompió el abrazo y acunó el rostro de Rick con sus manos. Pudo notar lo tersa que era su piel, observó sus enormes ojos azules que comenzaban a cristalizarse. Le recordó a los ojos de Elizabeth. Rick la miraba embelesado. Lisa le sonrió.

–No te digas así, Rick. Ya es pasado.

–Me porté mal contigo, tú, que eres la única persona que me ha amado realmente. Te dejé ir… –dijo Rick mientras ponía sus manos sobre las manos de Lisa. Lisa separó sus manos y ahora fue ella quien lo abrazó.

–Lisa, tengo tanto qué platicarte. Tanto qué contarte…

Lisa se separó un poco de Rick, sin romper el abrazo. Mirándolo fijamente, la almirante habló.

–Rick, yo también tengo algo muy importante qué decirte…

–Adelante, Lisa, ¿qué es?

–Quiero que sepas que Elizabeth… es

Lisa se vió interrumpida por la incesante alarma del celular de Rick. Él sacó el teléfono de su bolsillo, vio de quien se trataba y enseguida la expresión en su rostro cambió, tornándose fría y muy seria. Puso el teléfono en altavoz.

–Dime…

"–Necesito que vengas en este preciso instante… –dijo la voz en el teléfono".

Lisa solo giró los ojos e hizo una mueca de fastidio. «Hunter, no necesito oír tu conversación con la estrellita del canto». Lisa se retiró a la cocina. Rick supo que había sido un error poner el teléfono en altavoz, pero quería que, a partir de ese día, no hubieran secretos entre Lisa y él.

–Estoy ocupado.

"–Pues yo me voy de gira artística. Si no vienes, se aplazará más nuestro divorcio. Mi vuelo sale en 2 horas"

–Está bien, ahora voy.

Lisa no podía creer lo que estaba escuchando. Rick seguía bajo el control de Minmei, a pesar de ser un respetable militar. «¿Por qué pensé que las cosas habrían cambiado? Sigues siendo el mismo niño inmaduro, Hunter».

–Lisa, ¿está bien si dejamos esta conversación para después? Nos podemos ver otra vez y con calma me cuentas eso tan importante que quieres decirme –manifestó Rick.

–Como sea, Rick –respondió Lisa de una forma fría.

–¿Por qué me respondes así?

–Ve, Hunter, tu esposa te espera.

–¿Cuándo podemos volver a vernos?

–Cuando te den permiso –contestó Lisa secamente.

–Lisa, no pienso discutir contigo. Gracias por la comida, discúlpame que no puedo quedarme.

–Yo no voy a discutir contigo. Ese tiempo quedó atrás. Que tengas linda tarde, Rick –respondió la bella almirante en relativa calma.

Rick ni siquiera hizo el intento de despedirse de Lisa, pues la conocía bien y sabía que estaba haciendo uso de su inteligencia y estaba conteniendo sus emociones.

«Tan poco le importamos. Iba a decirte que Elizabeth es tu hija y preferiste ir con tu estrellita, como siempre. ¿Por qué pensé que esta vez, las cosas serían diferentes?».

Rick fue presuroso al hotel donde se hospedaba Minmei y tocó a habitación. Minmei abrió la puerta y dejó entrar al militar.

–Hola, querido. Pensé que no ibas a venir. Con eso de que tu Lisa ya está aquí, a mí no me tomas en cuenta.

Rick hizo caso omiso del comentario y se dirigió a Minmei.

–Bien, ya estoy aquí. ¿Qué es eso que quieres decirme de nuestro divorcio? Creo que ya fue suficiente retraso por tus cambios de condiciones.

–¿Ya te urge divorciarte para ir tras ella, verdad?

–No, Minmei. Nuestro matrimonio no funcionó, tú bien sabes porqué.

–Bueno, pues aquí te tengo un convenio, para que lo firmemos y así lo utilicemos para el divorcio, de común acuerdo.

Rick sujetó el documento y lo comenzó a leer.

–¿Qué? ¿Cómo crees que te voy a pagar esa cantidad mensual? ¡Es más de mi salario!

–Bueno, puedes pedir un préstamo o trabajar horas extra.

–Minmei, pero ¿qué te he hecho?

–Mira, vivir conmigo, la artista más importante del universo, tiene sus costos. Me tienes que pagar todos y cada uno de tus pensamientos hacia Lisa.

–¡Ya basta! No voy a firmar este convenio y que el trámite de nuestro divorcio dure lo que tenga que durar.

–Pues si no firmas, te voy a embargar tu salario. ¡Voy a dejarte en la calle!

–¿Y de qué crees que voy a vivir?

–Puedes pedirle caridad a tu amiga, la almirante. Ella estará muy gustosa de tenerte entre sus redes.

–No sabes lo que dice, Minmei. ¿En dónde está la niña que pensaba en convertirse en artista, porque el canto era su vida? ¿En qué te has convertido?

–En esto me convertí por ti.

–No es por mí, te convertiste porque así lo quisiste.

–Pues como quieras, el perdedor siempre serás tú.

–Adiós, Minmei.

–Nos vemos en el juicio.

Rick salió como bólido de la habitación de Minmei. Como autómata, se dirigió hacia el parque, ese parque que fue testigo del declive de su relación con Lisa y que también fue testigo de una de sus mayores alegrías al hablar con Elizabeth.

«Elizabeth… ¿por qué estoy pensando en ti?» dijo Rick mientras veía a una pareja de un militar con una jovencita. «¿Será posible… que sean ellos?». Se trataba de Jack y Elizabeth, que correteaban en los corredores del parque. «Jack es el padre… debe serlo, se llevan tan bien».

–¡Rick! –dijo una vocecita armoniosa.

Era Elizabeth que alcanzó a ver a Rick, a lo lejos, y ella lo saludaba agitando su mano. Rick correspondió el saludo, levantando su mano. Elizabeth corrió hacia donde estaba Rick.

–¡Rick! ¡Qué gusto verte! Pensé que todavía estarías comiendo con mi mamá.

–No, Elizabeth, yo… me retiré.

–¿Cómo? –cuestionó la niña, sorprendida.

–Bueno, es que tuve un imprevisto.

–¿Estás bien, Rick? Te veo muy triste.

–¡General Hunter! ¡Qué sorpresa verlo fuera de la base! –intervino Jack.

–Buenas tardes, mayor Archer –respondió Rick, estrechando su mano.

–¿Me puedo quedar con el general Hunter? –preguntó Elizabeth.

–Claro, si el general no tiene inconveniente. Yo puedo avisarle a tu mamá que estás con él –respondió Archer.

–¿Puedo? –preguntó Elizabeth abriendo sus hermosos ojos azules.

–Sí, pequeña –respondió Rick–. Yo la llevaré a casa, mayor. Pierda cuidado.

–Seguro, general.

Ambos militares se despidieron de manera formal. Mientras, Rick y Elizabeth comenzaron a caminar y a platicar de todo y nada. Comieron un helado, continuaron con la caminata hasta que se sentaron en una banca.

–¿Rick?

–¿Sí?

–¿Por qué hoy estás tan distinto?

–¿Por qué lo dices?

–Tus ojos se ven muy tristes, como si tuvieras un problema.

–Elizabeth, eres una niña muy perceptiva –respondió el militar–. Quisiera contarte pero, eres muy pequeña para entender cosas de adultos.

–No soy tan pequeña. Recuerda que tengo 13 años.

Rick sonrió. «13 años, ¿qué son 13 años para la vida adulta?».

–Cuéntame… Si no entiendo, quizás te sirva para desahogarte –comentó Elizabeth.

–Pues sucede que… me estoy divorciando…

–¿Y?

–Por las buenas, mi esposa está pidiendo que le pague una cantidad mensual mucho mayor al salario que yo percibo mensualmente.

–¿Y por las malas?

–Iremos a juicio y me quitará la mayoría de mi salario.

–¿Pero qué no se supone que es artista? Ella gana mucho dinero.

–Ya no. De cierta manera, echó su vida a perder junto con un representante artístico que él tenía y comenzó el declive de su carrera.

–Y quiere recuperar su nivel de vida exprimiéndote hasta el último centavo.

–Algo así…

–¿Qué te dice tu abogado?

–No tengo abogado.

–Mmm… Habrá con conseguirte a uno… –comentó Elizabeth–. ¿Hay maneras de evitar que ella se quede con todo tu salario?

–Quizás… Algo he leído al respecto. Se puede usar un truco. Por ejemplo, que mis padres o mis hijos, embarguen mi salario primero.

–¿Y por qué no lo haces?

–Porque mis padres ya fallecieron y…

–¿Y tus hijos?

–No creo que un hijo ficticio pudiera demandar una pensión alimenticia.

–¿Ficticio?

–Es una larga historia, Elizabeth.

La jovencita pudo notar que Rick se sentía apesadumbrado. Sus ojos lucían ensombrecidos y no eran tan chispeante como otras veces. Si bien, se alegró al verla, nuevamente su estado de ánimo se notaba decaído.

–Yo voy a ayudarte con tu divorcio –afirmó Elizabeth.

–¿Cómo? ¿Cómo podrías, pequeña?

–Voy a solicitar la pensión alimenticia antes que ella.

–¿Tú? ¿Elizabeth?

Inmediatamente Rick se enderezó y cambió su semblante. Miró fijamente a Elizabeth, quien observaba el horizonte y lentamente movió su cabeza hasta que sus ojos se encontraron con los de Rick.

–Sí, yo… porque… yo… –Elizabeth hizo una pausa.

Rick abrió sus ojos, esperando a que la jovencita terminara de hablar. «¿Será posible que… ella sea… mi…». La voz de Elizabeth sacó a Rick de sus pensamientos.

–¡Porque yo soy tu hija! ¡Papá!

Continuará…

Nota de autor:

Comparto la actualización de esta historia.

Han pasado muchos meses, pero no me había podido dedicar a escribir. Las responsabilidades de la vida adulta me dejan poco tiempo libre, sin embargo, me di un tiempo para continuar con este fic. Gracias a un último mensajito de Ime, es que me animé a sentarme frente a mi computadora.

Espero pronto poder encontrar tiempo para actualizar mis demás historias.

Les comento que justo terminé de escribir este capítulo y así lo estoy subiendo. Si encuentran alguna incongruencia, me la hacen saber.
Gracias por los mensajes que me han enviado y espero también leer sus reviews.
¡Saludos!