-Unos Días Después-

Los acelerados pasos de un joven de diecisiete años se hacen presentes por las escalinatas del santuario.

Apresurado se encuentra subiendo los templos, con una inmensa alegra en el rostro, demostrando un cosmos radiante de felicidad, por a ver vuelto.

Llevando ropas propias de su cultura, una playera de manga corta y algo bastante larga de color beiges, en su muñeca lleva aquel brazalete dorado con una gema roja en medio, que desde niño portaba en su brazo izquierdo, con zen de color blanco de su hombro hasta su cintura, un pantalón del mismo color y unas sandalias con el pie descubierto.

Había pasado los últimos dos meses lejos de un lugar que le trae tantos buenos momentos a su mente y corazón, y con el hecho de a ver terminado su misión, debía rendir su reporte lo antes posible, antes de ponerse al día con los que ama.

No solo durante el camino hacia la sala patriarcal, saludaba con gusto a sus amigos de la nueva y vieja generación de caballeros, sino que también, aprovecho para dejar sus pertenencias en el primer templo. Extraño tanto el santuario, que ya anhelaba regresar, al igual que dejo a su armadura descansar, ya lo merecía después de todo el trabajo que hicieron en esta ocasión, el agotamiento en ambos es evidente, pero el caballero dorado aún debe mantenerse en pie.

Su entusiasmo siempre lo caracteriza, como ese cabello rojizo largo y suelto, esos pequeños círculos en su frente de color lila, esos ojos azules cuales zafiros preciosos, la tez ligeramente tostada, de una complexión delgada, pero fuerte, sus músculos están marcados, aun así, ciertas partes de su cuerpo dejan en evidencia su segundo género.

Sin embargo, eso ultimo jamás le ha representado ninguna molestia, comprende lo que es ser un omega, y está bien con eso, nunca lo ha detenido a hacer lo que le gusta y su deber como caballero de Atena. Pero, aun así, existen ciertas circunstancias que no le convencen del todo.

Pero a pesar de ellas, no quiere ir en contra de la corriente, a pesar de que en su infancia para él era muy fácil hacerlo.

Llega justamente al sexto templo, uno que sin duda lo siente muy familiar, como un hogar, pues en cierta forma paso mucho tiempo aquí, como en aries y le cusa una inmensa felicidad al estar de vuelta.

-Buenas tardes, ¿Fudo? ¿Puedo pasar? - Saluda con cortesía a uno de sus camaradas actuales de armas. lentamente se hace presente en la entrada del templo de la virgen, sonriendo con naturalidad.

Claro que sabe muy bien que el guardián de esta casa se encuentra, puede sentir su cosmos. Pero desde luego, por su educación y cortesía pregunta con amabilidad por la presencia del protector de cada casa del santuario y pide autorización para pasar.

Los ojos cerrados del peliverde se mantienen a pesar de escuchar esa voz, aun así, su semblante serio que permanece imperturbable deja ver una pequeña sonrisa que oculta de inmediato al elevar su rostro –Buena tarde, Kiki. Claro que puedes pasar- Se encontraba meditando, no en el pedestal donde todo virgo se encuentra al hacer dicha acción, sino en el suelo, junto a la pandora box de virgo.

-Gracias- Responde con cortesía, inclinando levemente su cabeza, mientras encamina sus pasos para adentrase por completo al sexto templo –Es bastante bueno estar de vuelta- Suspira, inhalando el incienso que Fudo tiene encendido, trayéndole lindos recuerdos –Así que te decidiste por la canela y manzana- Eleva una de sus tikas, posicionando las manos en sus caderas, deteniéndose delante del sexto dorado, sonriendo con cierta arrogancia. Simplemente siendo el mismo niño de siempre, curioso, alegre y amable, en un cuerpo más adulto y experimentado en combate.

A diferencia del anterior guardián de virgo, Fudo es un tanto más abierto en temas cotidianos, una plática agradable y amena con un compañero de armas, no es una molestia para él, sin embargo, la presencia de Kiki, bien puede ser un terreno peligro para un alfa enamoró.

-No del todo- Niega con la cabeza, mientras se pone de pie, aun con los ojos cerrados, manteniendo su mano derecha delante de su pecho con la mano extendía al flanco izquierdo –Sigo experimentando sobre que aroma es el más adecuado para mí- Es algo bastante banal estarse preocupando por un simple incienso, para su meditación.

Pero es un tema que recae en sus antiguas enseñanzas y recuerdos de reencarnación.

Entiende que el aroma del incienso es una pieza clave para llegar a una iluminación más profunda, a la vez de darle una importancia de guía, como si el humo le pudiera ayudar a llegar al punto que desea alcanzar y a la vez regresar de allí, sin mayores problemas.

Debe tomar estas preocupaciones, al ser un alfa y una reencarnación de una deidad maligna en el pasado, puede ocasionar algunos problemas que no desea repetir.

Alza sus hombros, restándole importancia al tema en cuestión –Bueno, cual sea que elijas, sé que será de un aroma esquicito- Sin pensarlo ni un segundo, toca su brazo con unas leves palmaditas –Tienes muy buenos gustos- Le regala una sonrisa genuina de complicidad, enfatizando que no debe tomarse todo con tanta seriedad.

-Cuando comprendas lo que realmente quieres y necesitas, escogerás de manera correcta- Es un pequeño comentario y concejo que ese pelirrojo dorado le regala a su amigo.

Esas palabras hacen ladear un poco su cabeza al actual virgo, dejando ese pensamiento en su mente, entendiendo que se refiere al incienso, pero… Podría también tomarlo como una buena idea para otro tema.

No puedo evitar que sus orbes se terminen abriendo al notar una sonrisa que extraño tanto ver.

Sus ojos con heterocromía, uno amarillo y el otro lila, se concentran en solo apreciar al joven Lemuriano que tan cerca y tranquilo se encuentra a su lado. Este hecho lo llena de mucha paz, y una calma que no creía volver a sentir, después de que vivir una infancia y adolescencia, de temor, odio y reclusión contra su persona.

La voz levemente ronca e imperturbable del moreno rompe el silencio de entre ambos -Tal vez experimenté con olores más picantes- Le gusta hablar de cualquier tema sin importancia, como él suele creer que es, ya que, al estar cerca de Aries, es tan fácil hablar y sentir como si nada más pudiera opacar esta dicha que lleva en su interior. Un pequeño instante de fantasía antes de que la realidad corrompa su felicidad.

En ese momento el pelirrojo se queda pensativo, analizando aquellas palabras y su rostro muestra un desagrado por esa idea –Solo espero que no sea curry en incienso- Frunce el ceño y nariz, negando con la cabeza y desvía su mirada.

En eso arquea su ceja y curioso no puede evitar querer saber la razón - ¿Por qué lo dices? -

Bufa derroto, bajando sus hombros, como sus brazos desganado, y un mal recuerdo se presenta en la cara del Lemuriano –Veras… Cuando era un niño… Mi padre trajo un frasco lleno de curry en polvo- Sus ojitos brillan en desagrado, parpadeando varias veces -Tenia un color amarillo y marrón, que creí por alguna razón que era chocolate con vainilla o que tenía un sabor similar- Se cruza de brazos, ladeando su cabeza hacia el lado derecho, haciendo una mueca de asco -Y en la noche cuando todos dormían, lo abrí y pensado que olería delicioso- Se sonroja por la vergüenza -Respire profundamente, a lo cual al sentirlo llegar a mi nariz, me empezó a picar horrible, estornudé de inmediato, esparciendo el polvo por todos lados y a haciendo que me picara no solo mas la nariz, sino que también los ojos y la boca- Alza sus brazos, flexionándolos por los codos, hacia su cara las palmas llegan, mientras enfatiza su desesperación por ese desastroso recuerdo -Sentía como mis pulmones me ardían y que no podía respirar- Se toca el pecho, mirando hacia arriba dramatizando -Sentía que allí mismo moría, si no fuera porque mis padres se despertaron y me ayudaron… No estaría yo aquí contándote esto- Niega con la cabeza, suspirando por sus ocurrencias de niño.

El actual Virgo, simplemente se queda impresionado por los acontecimientos de la infancia del pelirrojo ariano, que si bien, fue algo que pudo causarle problemas de salud, no puede evitar dejar salir una risita, que intenta aguantar, aunque pierde en ese esfuerzo.

A lo cual Kiki nota y cruzándose de brazos indignado, hace un puchero y demuestra su enojo, cerrando sus ojos y apretando sus dientes –¡OYE! ¡ESO NO ES GRACIOSO! ¡CASE ME MUERO!- Lo termina gritando, porque fue una confesión más vergonzosa que mortal.

-Ja, ja, ja, ja. Pero Kiki, ¿Acaso no habías comido curry de pequeño? ¿Qué edad tenías cuando hiciste eso? - No le encuentra mucha lógica a ese evento. Conoce que el ariano vivió gran parte de su infancia en Jamir, un lugar en el Tíbet donde el curry obviamente es cotidiano de ver, oler y consumir. Así que simplemente le parece tan extraño que cometiera dicha imprudencia.

Pero esto hizo enfadar un poco al joven Kiki, pero solo muestra su cara de molestia, sin embargo, tiene la paciencia de explicarse y defenderse -Oye, ¿Sabías que el curry Tibetano y el de la India, son muy diferentes? - Le interroga con indignación.

Para este punto, Fudo solo puede sonreír en son de burla. Conocer más aspectos de Kiki, que siempre le han agradado mucho, aunque… Sabe que solo con eso se puede quedar, con esos instantes en donde ambos pueden conversar amenamente, como compañeros de armas, como amigos, lo que siempre han sido y serán.

El pensar en ello por un microsegundo, lo vuelve a la realidad.

A pesar de estarla pasando bien, teniendo una charla amistosa y algo intima, pues es un tema que avergüenza a Kiki, sabe… Que ese no es el futuro que ambos tienen.

Ese omega delante de sus ojos, ya tiene un destino y no es con él.

Por ello su risa y buen humor se van esfumando de su cara, para volver a un rostro serio y calmado, dejando de reír por las ocurrencias de un niño, que pudo serlo cuando debió.

Claro que estos estos abruptos cambios los nota el Lemuriano, quien después de a verse enfadado un poco con el sexto dorado, se muestra rápidamente preocupado por esté, ya que ha notado desde hace algún tiempo, como Fudo tiene cambios repentinos de humor y actitud. Podían estar platicando de cualquier cosa, estar pasándola bien, y de repente este se muestra más callado y algo errático, como si de repente recordada algo que lo hace sentirse incómodo. O bueno… Ese es el pensar y deducción del joven borrego rojo.

- ¿Fudo? ¿Te pasa algo? – Le pregunta directamente, inclina su cabeza a un lado, buscando hacer contacto a aquellos ojos melancólicos.

Claro que este Virgo, no le piensa decir nada en absoluto. Se prometió a sí mismo, que jamás le revelaría ni una sola palabra sobre lo que ha sellado en su corazón.

Si él puede mantener en orden todo sobre su reencarnación, sellándolo en si para evitar cualquier cosa mala que pueda pasar, se ha planteado que desde luego es capaz de mantener bajo control esos sentimientos que jamás deberán salir a la luz, aunque lo desee.

Su mirada se vuelve más tranquila, para desviarla un poco en dirección a la armadura en su pandora box –No es nada grave, es solo que…- Intenta inventar alguna excusa y es allí que recuerda aquel inconveniente que ha tenido con la vestimenta de oro -Noto que Virgo esta algo intranquila últimamente- Mentirle a alguien que le ofreció su amistad desde el primer día en que llegó al santuario, no es algo que le tenga en gracia, pero… Debía hacerlo.

Al escuchar aquello, Kiki se preocupó inmediatamente por la armadura, ya que, en su usencia, claro que no se ocupó de darles su mantenimiento y revisión constante a cada una de ellas. Y piensa que podría ser que tenga alguna imperfección que la estuviera lastimando - ¿Enserio? ¿Desde cuándo? - Rápidamente se arrodilla ante la pandora box, para revisarla, claro que primero pidiendo el permiso de ella para hacerlo.

Fudo, bien puede ser más expresivo con sus emociones, en pasar tiempo con algunos compañeros de confianza, salir de su templo a dar un paseo, siendo diferente a su predecesor, pero no por eso deja de ser un hombre recebado con temas privados, con temas tan íntimos que solo su armadura conoce por que ella también es parte de él.

Se siente perdido, confuso y deseoso de… Hablar sobre lo que guarda en su corazón al tenerlo de frente.

¿Por qué Kiki de Aries, tiene que ser tan atento?

Siempre le ha impresionado, como desde muy joven se preocupaba por los demás, no importaba que ocurriera, está dispuesto a ayudarlos, a cuidarlos y estar pendiente de todos…

¿Es parte de su naturaleza omega acaso?

¿Qué es Kiki en su vida?

Tantos pensamientos surcan en la mente del peliverde claro, al solo mirar como su compañero de armas, está sentado en el suelo, conversando tranquilamente con Virgo, que aún no se deja contemplar

Se quiere convencer que es solo su compañero de armas y el primer amigo que hizo, pero a la vez… Sabe que es su amor secreto, aquel que no puede confesar, porque otro ocupa su corazón. Eso duele, duele demasiado, por ende, lo oculta tras la indiferencia y quietud, de una templanza que quisiera ser verdad.

Esa dulzura, esa belleza, esa bondad, la amabilidad… Pero sabe que ese corazón no es para él… Y debe conformarse con ser su amigo. Ya que perderlo… No sería capaz de soportar, aunque se haga el fuerte.

Virgo hizo caso al pedido del Lemuriano y se dejó ver, presentándose como la armadura que siempre conoció y le brindo un refugio seguro en muchas ocasiones, ante de ser entregada a su actual sucesor.

La inspecciono con cuidado, pidiéndole permiso antes, con delicadeza, la toca y su cosmos intenta buscar alguna grieta, una abolladura o alguna pieza que necesite ser reparada, pero… Nada, nada de eso logra encontrar.

Esto claro que desconcierta al pelirrojo y con el ceño fruncido y sus tikas juntas en son de curiosidad, pues no comprende lo que le ocurre a Virgo - ¿Dices que la has notado intranquila? -

-Si, no sé qué le ocurre… No me ha dicho que la atormenta…- En cierta forma, no es del todo mentira, Virgo siempre fue muy buena regañándolo y haciéndole ver sus errores, denotando una enorme comunicación con su actual portador, pero en cierta forma… A veces siente y escucha un tintine que no es para él.

Física y cósmicamente no tiene nada malo, pero, aun así, el Lemuriano tiene la responsabilidad de reparar las armaduras activas, decide antes de cualquier otra cosa, una última inspección, en donde brindo un abrazo a la vestimenta dorada.

No es tal cual necesario, pero… Siempre ha sentido una conexión muy grande con Virgo al igual que la siente con Aries.

Para después de unos segundos, apartarse del abrazo y sonreírle –Lo siento, Virgo… Pero no podía traer a Aries aquí. Esta bastante cansada, y necesita ser reparada lo antes posible- Le dedica una sonrisa de compasión a la sexta armadura.

El suave tintineo vuelve, como el brillo que desprende Virgo de forma desesperada y demasiado rápida.

-No, no, no- Le había suavemente, posando una mano sobre las hombreras -No te preocupes, no le paso nada grave…- Le sonríe, cerrando sus ojos, para seguir conversando -Solo necesitó verificar y asegurarme que este bien y descanse un poco- Abre sus ojos, asintiendo con autoridad -No es nada que pueda ponerla de riesgo- Conversa con Virgo de manera tan normal, que nunca deja de sorprender a Fudo, a pesar de ahora pertenecerle.

El peliverde se acerca a ambos posicionándose de rodillas - ¿Extraña a tu armadura? - Habla serio y bastante indiferente, pues eso ya lo sabía de ante mano.

Asiente, girando su cabeza hacia el peliverde –Si, la extraña mucho- Sus azulados ojos se llenan de un precioso y encantador brillo, suspirando, pues la parece tan adorable este amor que ambas sienten -Y como no la ha podido ver en estos dos últimos meses, se siente muy triste- Dirige su mirada hacia Virgo –Prometo que mañana la traeré a saludarte, ¿Te parece bien?- Le hace esta propuesta, esperando que la acepte.

El tintineo vuelve a ser suave y tranquilo, al igual que la luminosidad que desprende, siendo más cálida y familiar.

Un suspiro deja escapar, sin que sea audible, ver como el Lemuriano consciente e intenta cumplirles los gustos a las armaduras, a pesar de que fueran solo caprichos.

Mostrase tan cariñoso con ellas, tan amable, como si les hablará a otras personas, esas cualidades tan lindas e inocentes de él, lo hace padecer el mal de un amor no correspondido.

-Sabes, Kiki…- Habla con un tono apagado y bastante serio.

- ¿Emmh? - El pelirrojo, solo sonríe, pero no lo voltea a ver.

–A pesar de que tú me enseñaste a comunicarme con ella, aun así, me parece impresionante como logras hablarles a todas con tanta facilidad y familiaridad- Mira atento al pelirrojo, quien lo observa de reojo – Cuándo nosotros solo somos capaces de hablar con la que nos pertenece y apedar de ello, no las entendemos del todo bien- Habla por sí mismo. Pudo a ver aprendido el lenguaje de las armaduras gracias a las enseñanzas del actual Aries, pero aun así… Le es algo difícil descifrarla en los momentos que añora la compañía de la primera.

Las mejillas del Lemuriano se sonrojan levemente, sonriendo, con una pequeña risa -Ha, ha, ha, ha- Pues le parece muy gracioso esto, obviamente no oculta su diversión –Fudo, ya te he dicho que yo no puedo hablar con ellas como lo hace mi papá…- Explica con calma, girándose por completo al peliverde, quedando de rodillas a su delante.

Esta cercanía, la está viendo como una agradable vista -Pero te comunicas con tanta facilidad con todas ellas, no puedes decir que no es una forma de hablar con tanta confianza- Termina de explicarle su punto de vista, manteniendo los ojos cerrados y un rostro sereno.

Suspira, y deja sus manos sobre su regazo de manera grácil y tímida, mientras lo mira con atención –Mi habilidad para hablar con ellas es muy diferente a la de mi papá y abuelo- Asiente con parsimonia, relajando sus facciones, explicando con mucha tranquilidad agregando una mueca diferente a la típica de una alegría infantil. Claro que esto hace que Fudo, lo mire con mayor atención –Mi abuelo Shion, el actual patriarca del santuario, pose la habilidad de ver los recuerdos de las armaduras-

Alza el dedo indica de su mano derecha, con los ojos cerrados, expresando su conocimiento con cierto aire de superioridad -Conocer su pasado y memorias de los antiguos potadores, es importante para conocer antiguas batallas, métodos y técnicas que se pudieron a ver perdido en el tiempo. Es un método que, si bien no es tanto para hablar con ellas, si no para entenderlas mejor- Abre sus ojos, con una gentil sonrisa y asiente dejando ver un leve sonrojo en sus mejillas un poco regordetas - A diferencia de mi papá, que él si puede hablar con ellas, comprender con diálogos sus pensamientos. Entablando fácilmente una conversación como si se tratara de otra persona- Pocas veces había logrado hablar con los demás de estas diferencias de habilidades que existen en su familia.

Mostrando que con Fudo, tiene un cierto grado de confianza que con otros… O por lo menos así lo siente.

Mucho creían que Kiki había heredado ese don de comunicarse con las armaduras de su papá, Mu de aries, el anterior primer guardián del santuario, pero si bien, en cierta forma fue así, mas no como tal.

Simplemente el joven hombre de diecinueve años, se queda aún más sorprendido con esa explicación… Ya que, aunque a veces creía que conocía mucho del ariano rojo, cada vez descubre aún mas de él y eso le fascina. Kiki, es más de lo que a simple vista se puede apreciar.

-Y a diferencia mía…- Vuelve a hablar, dejando escapar un suspiro, para ver directamente al Virgo, con esos ojos azul brillantes -Yo, solo puedo entender lo que ellas sienten- Se queda pensando un poco queriendo explicarlo mejor, mientras alza su mano derecha al frente casi al nivel de su cuello –En otras palabras, las emociones y sentimientos que poseen ellas, puedo sentirlas, experimentarlas y comprenderlas, casi como propias… Pero las he aprendido a diferencias de las propias- Asiente, más relajado en este momento.

Para esto, el Virgo se queda un segundo pensando y dándole una idea - ¿Influyen en ti sus sentimientos? -

Niega con la cabeza –No, no es eso… Conozco mis sentimientos- Se señala a sí mismos, tocando con la palma extendía su pecho -Así que lo que ellas me permiten experimentar para decirme lo que ocurre, es diferente…- Se queda pensando unos segundos, y se le ocurre una idea –Por ejemplo, si yo estoy muy feliz por a ver comido los momos de frutos rojos de papá, y estoy cerca de una armadura que tiene una enorme tristeza, puedo sentirlo, en mi interior, la tristeza no opaca mi felicidad, pero me hago conciencia de que una está sufriendo o presentando alguna pena a mi alrededor- Se llama su extremidad izquierda al nivel de la barbilla, rozando con la punta de sus dedos los rojizos labios -Aun que cuando niño, llegaba a sentir muchas ganas de llorar y aunque no sabía por qué a primera vista, lo fui entendiendo conforme pasaba el tiempo y desarrollaba esta habilidad- Sonríe avergonzado -También llegue a tener fuertes dolores de cabeza, pero eso fue solo por un tiempo- Le resta importancia al asunto, para no mostrarse débil ante el Virgo.

Nota que es una explicación bastante ambigua, que a su parecer puede ser más una influencia que tienen las armaduras sobre el pelirrojo, aunque… No está del todo seguro de ello.

- ¿Entones, percibiste la tristeza en Virgo? - "Observa" Al Ariano con los ojos cerrados, para darle mayor atención a su interrogante.

-Solo porque me concentró en ello- Alza sus hombros con astucia -Para no verme tan afectado por ellas, debo de mantener mi cosmos en un constante estado de tranquilidad- Sin duda se puede demostrar cómo es un digno hijo de su padre, el anterior virgo también debía mantener un constante manejo de su cosmos en paz, para no verse sobrepasado por este, al ser más joven y menos maduro, como fuerte para controlarse –Cuando la vi y toque- Empieza a relatar con paciencia, manteniendo ahora él sus ojos cerrados, por unos cortos segundos -Pude sentir no solo tristeza, sino que igualmente un profundo anhelo por Aries, como la felicidad de querer verla y creo…- Sonríe, pues este detalle le sigue pareciendo muy romántico y lindo, al igual que un suspiro y un leve sonrojo en sus mejillas se deja apreciar -El amor que ambas aún se tienen- Lo dice con total naturalidad pues el amor es lo que conoce y ha vivido desde que tiene memoria.

Esas pequeñas reacciones del Lemuriano pelirrojo, produce un efecto en cadena en su interior, su corazón vuelve a latir con rapidez, su mente piensa en esa carita preciosa que le trasmite gran paz, pero a la vez… Unos cuantos nervios lo atormenta casi de inmediato, pues ese cariño que le tiene, debe siempre mantenerse callado, pero cada cercanía o instante juntos se vuelve más difícil manejar. Sin embargo, su cosmos debe mantenerse en tranquilo al igual que él. SÍ se dejará dominar por sus instintos Alfas, podría ser peligroso para esta amistad que es sumamente preciada para él, la quiere mantener, atesorar sin importar nada.

Al meditarlo en silencio, una idea surca por su mente creyendo que es la explicación más obvia -Entonces… Se podría considerar más un capricho de Virgo hacia tu armadura, en mi opinión- Fudo abre sus ojos, simplemente encarando al contario con esos ojos de distintos colores, no tiene ni un solo deseo de seguir entendiendo este tema.

Suspira decepcionado, de que su amigo piense tan básicamente con respecto a este asunto, sin embargo no le dará tampoco más vueltas y solo le sonríe resignado –Las armaduras son mucho más sabias que nosotros, ya que han tenido mayores experiencias, mucho más profundad que nosotros, han vivido demasiado y saben que las apariencias que se deben mantener y los sentimientos ocultar, son solo una pérdida de tiempo- Lo dice sin ningún filtro, aquellas palabras revelan lo que las armaduras han aprendido a dejar de ser, con el pasar de los siglo

Lo que, desde luego, sorprende al Virgo, pues aprecia que no solo lo está diciendo por la sexta vestimenta dorada.

-Son muy diferente a nosotros, que siempre tratamos de contenernos y disimular lo que en verdad pensamos, sentimos o creemos- Para este punto, su vista se devuelve levemente para atrás, observando directamente a la armadura. Sin embargó… En esos ojos azules se deja ver un pequeño vació melancólico, perdiéndose poco a poco en sus pensamientos y sentimientos propios.

Fudo, se queda bastante estático, en una prudencia de siquiera hablar. Siente como si esas palabras se las estuviera dirigiendo a él y le recriminará, por lo que se ha estado guardando por tanto tiempo.

¿Virgo le habrá dicho algo que lo evidencie? Sí ese fuera el caso, jamás se lo podría perdonar.

De forma repentina el pelirrojo, se levanta del piso, volviendo la adorable sonrisa a su rostro, para mirar nuevamente al peliverde que se ha quedado sentado, solo observándolo en silencio –Bueno, Fudo. Me debo despedir, tengo aun que rendir mi informe y quiero ir a saludar a todos mis amigos- Rápido explica la razón de dar por terminada su estadía en la sexta casa –Nos vemos luego- Se despide solo con palabras, para después volver a retomar su caminata santuario arriba y dejando al peliverde claro con un semblante de desconcierto.

La armadura se mantiene imperturbable, es Fudo quien lo observa atentamente marchándose rápido, dejándole una sensación de malestar, pero antes de siquiera seguir pensando en ello, decide de una vez interrogar a su armadura - ¿Le comunicaste algo? - Tiene que cuestionarla, con un semblante serio, casi molesto.

A lo cual Virgo, solo deja ver un pequeño brillo y un leve tintineo.

-Entonces, ¿Qué fue lo que el ocurrió? ¿Por qué se fue tan repentinamente? - Se queda en eso pensando, hasta que por su mente cruza lo que cree que podría ser la verdadera razón –Quería verlo a él…- Se da cuenta en ese momento en que su felicidad fue mucha para que fuera cierto, ya que después de Virgo, sigue Libra… Donde se encuentra el destinado de Kiki. -Iba a su encuentro…- Un suspiro escapa de sus labios, poniéndose de pie lentamente, cerrando sus ojos, para no dejar ver su pesar.

Tuvo su momento de enorme felicidad, pero se esfuma en el momento en que retoma la realidad. Puede tener algunas risas y memorables momentos de dicha y cercanía con el Ariano rojo, pero al final del día, todo se apaga, ya que jamás lograra obtener algo más que una sincera amistad de parte de Kiki.

Fudo, comprende que ene se cálido e inocente corazón, él no tiene cabida, ni nunca tendrá la oportunidad de obtenerlo.

Su semblante serio e indiferente de siempre se manifiesta, para preferir ir con paso lento a su sitio de siempre de meditación, el pedestal en flor de loto, eso le ayudará a sacarse a Kiki de su mente por unos segundos, aunque no de su corazón.

Al momento de salir del sexto templo, sus pasos se van haciendo más lentos, pero su caminar no se detiene ni un instante.

Esa manera de alejarse de una verdad estremecedora, no lo puede contener.

Se siente como un vil mentiroso y juzgador, quien no tiene derecho a hablar sobre lo que las armaduras han aprendido y enseñado, cuando ni él mismo ha sido capaz de darle sinceridad a sus sentimientos.

Esta mal… Angustiado y culpable…

Él tampoco es la excepción sobre no ser sinceró sobre lo que siente en realidad…

-También me gustaría… Poder ser sincero como ellas…- Aprieta sus dientes, bajando la mirada, tensando su rostro al igual que su cuerpo a cada paso que da hacia delante –Ser capaz de expresar lo que siento…- Entrecierra sus ojos, dejando escapar un soplido por la nariz.

Un corazón joven e inexperto, que no sabe cómo hacer ver lo que lleva en su ser, cuando no quiere ser la excepción a la regla en algo que cree de suma importancia.

Kiki, quiere ser capaz de ser feliz como todos lo han sido, pero… No puede evitar ocultar lo que debe callar, aunque lo atormenté demasiado.

Sin embargó, aquello que lo tortura lo debe callar, para no formar un desastre del cual no podrá salir bien librado.

-Jamir-

-Oye, Mu- Un hombre rubio, que se encuentra sentado a la orilla de la cama, se encuentra levemente pensativo.

Un Lemuriano pelilila, que se encuentra cambiándose de ropa después de un baño, le presta atención - ¿Qué sucede Shaka? –

-No ha notado algo raro en Kiki? - Pregunta, fijando sus azules ojos en el hombre que ama.

A lo cual, Mu ele s dorado de aries, se le acerca, sentándose, pues hablar de su hijo es de suma impotencia para él - ¿A qué te refieres? -

-Lo veo muy diferente a como era antes- Explica un tanto preocupado el rubio.

-Bueno, ha dejado de ser un niño ya hace mucho tiempo, es normal que ahora sea más reservado e independiente- Toma la mano del ex dorado de virgo, para darle un beso en la mejilla. Pensando que son angustia de un padre que está notando la madurez de su único hijo.

Pero, aunque en cierta forma, la capacidad que Kiki está teniendo para ser un individuo que no necesite tan constantemente la ayuda de sus padres, si le ha afectado -No, no es solo eso…- Esa no es toda la razón por la que esta tan pensativo, aunque eso no evita que, de igual forma, sujete esa mano que siempre amo tocar y besar.

Esto claro que desconcierta al pelilila, y lo hace sentir algo de preocupación inmediata -Shaka, ¿Has notado algo más en nuestro hijo? - Ladea su cabeza, acercándose más al rostro del rubio, para tener una conversación más profunda.

Deja escapar un suspiro, y su mirada se dirige al frente, asintiendo con firmeza y decisión, sintiéndose seguro de lo que dirá -Su sonrisa… Ya no es la misma. Ni su cosmos lo siento igual…- Sus zafiros vuelven al precioso rostro del Lemuriano pelilila -Siento que nuestro hijo, no está del todo bien-


Buenos días, tardes, noches, ¿Qué hora es? ¿Quién me ha robado el reloj? ¿Cómo están mis terrones de azúcar?

Espero que se encuentren super bien.

¿Qué harán en estas vacaciones de semana santa?

Yo pues... Creo de todo un poco Jajajajaja.

Primero que nada, les quiero decir que este capitulo es dedicado a un terrón de azúcar por su cumpleaños, aunque fuera del 2022... Pero, mas vale tarde que nunca.

Espero que te guste mucho Aifos_Aleinad12.

Luego me dirás cuales regalos te gustarían, para los años que faltan.

Pero te cantare la canción oficial de la familia terrón de azúcar.

Un día feliz para ti, hoy es tu cumpleaños si que si, felicidades Aifos_Aleinad12, tu cumpleaños si que si.

Un día feliz para ti, hoy es tu cumpleaños si que si, felicidades Aifos_Aleinad12, tu cumpleaños si que si.

Disfrútalo y si no has leído el capitulo anterior, pues no te lo pierda.

Voy a responder los hermosos comentarios de mis terrones de azúcar:

Alicky: Me alegra que te aparezca interesante. Es cierto, no tienen mucho contenido esta shipp, cuando en realidad es bastante buena y divertida, siento que Fudo es mas abierto de sus emociones y sentimientos, además que lo veo algo frívolo, aunque Kiki se lo quita con su actitud madura, pero dulce de ser.

O sea, Kiki lo mantiene mas en contacto con ese lado humano, aunque este si sea la reencarnación de un Dios de su cultura.

Perdón por tardar tanto... No había tenido mucha chance y como tengo otros fanfic, también les di actualizaciones, pero aquí esta.

Espero que la espera, valiera la pena.

Gracias por comentar.

En fin, mis terrones de azúcar.

Nos leeremos en al siguiente actualización.

Cada miércoles tendrán. Además de no olviden mañana actualización de Milo Nieves.

Los quiero mucho y cuídense.

Ammu se va.