El aire aun huele a metal caliente y sangre vieja. La niebla verdosa que en ocasiones cubre Zaun se mezcla con el humo negro de los escombros. Estoy volando bajo, en busca de Ekko, lleva días desaparecido, pero no pierdo la esperanza. No puedo.
La aerotabla zumba bajo mis pies como un corazón agitado. O tal vez es el mío.
A mí alrededor, las siluetas de los demás Firelights cruzan el perímetro como sombras inquietas, deslizándose entre ruinas, bajo un cielo enmudecido. Esta era la última zona de combate que teníamos registrada. Ambessa y sus tropas se retiraron hace poco… y lo que dejaron atrás es un cementerio sin lápidas.
No queda mucho. Cuerpos calcinados. Estructuras partidas. Las señales de lucha ya se han enfriado.
-¿Nada?- pregunto por el canal interno, mi voz raspa al salir.
-Negativo. –Responde Zeri, tras un momento de estática- Todo está muerto o… demasiado dañado como para contar.
La escucho. Pero no quiero oírla.
Queríamos creer que Ekko estaría aquí. Que quizás se había escondido, que estaba herido, que seguía vivo. Aunque ya pintamos su rostro en el mural de los caídos, nos negamos a aceptar que se ha ido. Que nuestro fundador, nuestro faro, nuestra chispa…está muerto.
Aterrizo cerca de una estructura derrumbada. Lo que parece una entrada al refugio de los que aquí estaban. El fuego lo ha devorado todo. El metal está doblado como si hubiera sido masticado por un gigante. Pero algo en mi pecho se inquieta. Hay una vibración, una incomodidad que no sé de donde viene.
El suelo cruje bajo mis botas. Camino con cuidado. El humo entra por los resquicios y la máscara me protege… pero no filtra el miedo.
-¡Aquí! ¡Creo que hay alguien! – grita una voz. Es uno de los más jóvenes.
Corremos. Zeri me adelanta por un segundo, con la adrenalina disparada. Nos detenemos antes un montón de escombros: una plancha de metal caída, humo saliendo por los bordes.
Y bajo ella…
Un cuerpo.
Femenino. Pequeño. Herido. Su brazo derecho está parcialmente quemado, la piel enrojecida en la mejilla. Su ropa está hecha jirones, pero su respiración… sigue. Débil, pero real.
Me arrodillo junto a ella. Miro su rostro. Me congelo.
-Es tan pequeña… -susurra Zeri
La niña se mueve apenas. Como si esa voz le hablara desde un sueño espeso.
La he visto antes. En algún momento, cerca de la estatua de Vander. Con una bengala azul en la mano. Entre las sombras, junto a Jinx.
-¿Quién es?- pregunta uno de los chicos detrás de mí.
No lo sé con certeza. No sé su nombre. Pero hay algo en ella que me detiene, que me hace pensar en los días que se avecinan.
En las reuniones de los consejeros de Piltover. En la tensión en los túneles. En la guerra que se respira en el aire.
Y el hecho de que yo, pase de ser el segundo al mando… al que todos miran cuando hay que decidir.
Me enderezo un poco.
-Una inocente que necesita de nosotros- respondo.
Nadie me contradice. Nadie se atreve.
Algo en esta pequeña me hace creer que de alguna forma u otra va a cambiar el rumbo de todo.
Zeri se adelanta, ayuda a cargar el cuerpo de la pequeña con mucho cuidado. La envuelven en una de las pocas mantas térmicas que rescatamos de una capsula médica. No habla, pero puedo ver en sus ojos un toque de preocupación y terror.
Activamos las aerotablas en sincronía. El ronroneo que hacen al prenderse vuelve a romper el silencio. Nos elevamos entre los restos del campo de batalla, dejando atrás cenizas que aún arden.
El trayecto de regreso se siente lento. Demasiado silencioso para un escuadrón que alguna vez fue bullicioso, lleno de risas y bromas, de juventud desbordando en cada vuelo. Ahora todos miran al frente. Algunos evitan ver el pequeño cuerpo que llevamos. Otros lo observan como si fuera una señal, un recuerdo de todo lo que hemos perdido.
-¿Crees que Ekko esté vivo? – pregunta uno de repente. No alcanzo a ver quién lo dice.
-Claro que sí- responde Zeri antes de que yo pueda abrir la boca. Pero su voz suena más a deseo que a certeza.
No respondo. Porque no sé qué decir.
El cielo cambia mientras nos alejamos. Las luces de Zaun y Piltover titilan como estrellas moribundas. Entre grietas y estructuras oxidadas, el mundo sigue girando. Pero nosotros…estamos atrapados en una pausa.
Una guerra se aproxima. Lo sabemos todos. Piltover está negociando con los suyos, Zaun está fragmentado, y Noxus no esperará. Tal vez Ekko lo sabía. Tal vez se fue a buscar un lugar mejor para el refugio. O desapareció. O…
No.
No puedo permitir que mi mente termine esa frase.
Yo soy Scar. El segundo al mando. En quien Ekko confía. El que ahora todos siguen porque no queda nadie al frente. No puedo quebrarme. No ahora.
Miro hacia atrás. Zeri sigue revisando a la niña. Sus ojos están cerrados pero su pecho sube y baja con esfuerzo. Una luciérnaga la acompaña, flotando cerca, como si supiera algo que nosotros no.
-¿Qué haremos con ella? – vuelve a preguntar alguien.
- Lo mismo que Ekko ha hecho todo este tiempo con cada persona del refugio- Cuidarla. Y cuando despierte averiguaremos quien es.
Nadie dice nada más.
Porque en el fondo, todos sentimos lo mismo: el mundo se está cayendo a pedazos…
Y quizá ella sea una pieza que aún falta por encajar.
