Disclaimer / Descargo de responsabilidad:
Los personajes de The Loud House / Una Casa de Locos no me pertenecen. Todos los derechos corresponden a su creador, Chris Savino, y a la cadena Nickelodeon que produjo la serie. Esta historia es una obra de fanfiction escrita únicamente con fines de entretenimiento y sin ningún ánimo de lucro. No se pretende infringir ningún derecho de autor.

Nota del autor:

Quiero agradecer de corazón a mis tres primeros lectores: El Poderoso J, Luis Carlos y, muy especialmente, NaraNiciMendez, quien tuvo el detalle de dejar el primer comentario en esta historia. Fue breve, pero muy significativo para mí. Aunque no he podido responder directamente, valoro sinceramente tu interés, el hecho de que hayas agregado la historia a tus favoritos y que me sigas desde entonces. De verdad, gracias.

Y si hay alguien que la ha estado leyendo, pero no se ha animado a comentar o no está del todo convencido, me gustaría conocer también tu opinión. En esta plataforma se pueden dejar comentarios incluso sin tener cuenta, de forma anónima, así que no hay presión ni compromiso. Toda opinión honesta es bienvenida.

Espero que disfrutes este segundo capítulo tanto como el anterior… y que sigas interesado en lo que está por venir.


Capítulo 2: Proyecto en Parejas.

Después del incidente en la cancha, Linka no le dio más importancia a Clyde. Para ella, él seguía siendo solo un nerd más en la clase, aunque tenía que admitir que su comentario sobre el balón había sido inesperadamente útil.

Pero no sería la última vez que hablarían.

—¡Muy bien, clase! —dijo la profesora, golpeando suavemente el escritorio con una regla—. Esta semana comenzarán un trabajo en parejas sobre cómo distintos aspectos de la cultura han influido en la sociedad en los últimos diez años.

—Pueden elegir áreas como el deporte, el entretenimiento, la política, la tecnología… lo que prefieran —añadió mientras sacaba una lista de nombres—. Lo importante es que analicen su impacto histórico y cultural.

Linka reprimió un suspiro. Lo último que quería era pasar su tiempo libre investigando temas aburridos. Aunque... sí le tocaba con la persona correcta, podría salir bien librada.

—Las parejas han sido asignadas al azar —continuó la profesora—. Así podrán trabajar con compañeros distintos y aprender a colaborar con enfoques variados.

Los murmullos comenzaron al instante. Algunos estudiantes cruzaban los dedos, otros miraban nerviosos a su alrededor.

—Johnny Santiago… y Katherine Walsh.

Desde su asiento, Linka vio cómo Johnny fruncía el ceño.

—¿Profesora? —levantó la mano—. ¿Puedo cambiar de pareja?

—No —respondió ella sin mirar—. Esto es parte del ejercicio. Aprenderán a trabajar con quien les toque.

Linka sonrió ligeramente al ver a Johnny resignarse.

—Linka Loud… y Clyde McBride.

Ella parpadeó y giró automáticamente hacia el fondo del aula. Clyde levantó la mano con una sonrisa tímida, ajustando sus lentes con el índice.

—¡Genial! —pensó Linka, rodando los ojos—. Me tocó con el cerebrito.

No estaba preocupada. Si jugaba bien sus cartas, Clyde haría todo el trabajo y ella solo tendría que poner su nombre en la portada.

Pero las cosas no saldrían como esperaba.

No pasaron ni cinco minutos después de que la profesora terminó de leer la lista cuando los estudiantes comenzaron a organizarse. Linka, aún sin mucho interés, se estiró en su silla con flojera.

—¿Te parece si lo empezamos en la biblioteca? —le preguntó Clyde mientras guardaba su cuaderno—. Así elegimos el enfoque y dividimos las partes.

—Sí, sí… como quieras —respondió ella con desdén fingido. Total, si todo salía como planeaba, no tendría que hacer mucho.

Clyde sonrió con timidez y salió del aula con paso rápido, probablemente directo a buscar libros.

Linka tardó un poco más. Se detuvo en su casillero, habló un rato con Katherine y se entretuvo en el pasillo hasta que, finalmente, se encaminó hacia la biblioteca.


La biblioteca de la escuela tenía un ambiente tranquilo, con el sonido de las páginas pasando y el tecleo ocasional de algunos estudiantes en las computadoras. Clyde ya la esperaba en una de las mesas junto a una pila de libros y su cuaderno abierto con anotaciones organizadas en letra impecable.

—¡Llegas tarde! —dijo Clyde con un tono más de observación que de reproche.

—No me lo recuerdes —murmuró Linka, dejándose caer en la silla y apoyando los pies sobre la mesa.

—Eh… —Clyde tosió—. No creo que se pueda hacer eso aquí.

Ella bufó y bajó los pies con desgano.

—Bien, a ver, ¿qué tienes? —dijo sin mucho interés.

—Ok, estuve pensando en que podríamos hacer nuestro proyecto sobre… —Clyde hojeó sus notas— la influencia de los líderes políticos en las redes sociales.

Linka puso cara de asco.

—¿Política? ¡Qué aburrido!

Clyde frunció el ceño.

—Bueno, ¿tienes alguna otra idea?

—Mmm… no, pero seguro que hay algo menos… aburrido. — digirió la chica

Clyde suspiró y se quedó pensativo unos segundos. Luego, sus ojos se iluminaron.

—¿Qué te parece la evolución de los superhéroes en la última década y cómo han influenciado la cultura popular?

Linka levantó una ceja.

—¿Superhéroes?

—Sí. Podemos hablar de cómo las películas, cómics y series han cambiado la forma en que la gente los percibe. Podemos analizar el impacto de los nuevos héroes, la diversidad en los personajes y cómo los estudios han adaptado las historias clásicas.

—Eso no suena tan mal…

—Yo puedo encargarme de los cómics y el material original —añadió mientras hojeaba una vieja revista con portada desgastada—. El Rayo Escarlata fue mi primer héroe. Lo tengo desde que tenía seis años.

Por primera vez, Linka se enderezó en su asiento y lo miró con genuino interés.

—Vaya, Clyde, no pensé que tuvieras tan buen gusto.

—Leo mucho.

Linka se cruzó de brazos y sonrió con confianza.

—Está bien, nerd, hagamos esto.

Pero en cuanto las palabras salieron de su boca, notó un cambio en la expresión de Clyde. Su sonrisa se desvaneció y frunció levemente el ceño, desviando la mirada hacia su cuaderno.

—No soy un nerd —murmuró.

Linka se sorprendió un poco. Para ella, la palabra "nerd" no era nada grave, pero al recordar cómo solían usarla en la escuela, entendió por qué Clyde no la tomó bien.

Carraspeó y se rascó la nuca, incómoda.

—Oye… no lo dije en mala onda.

Clyde siguió sin mirarla.

—Es que la mayoría usa esa palabra para burlarse.

Ella suspiró. Linka rara vez se disculpaba, pero esta vez… se sentía diferente. Tal vez porque Clyde no había respondido con burla, sino con decepción real. Y eso… le incomodaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—Tienes razón, lo siento —dijo con un tono menos desafiante—. No quise hacerte sentir mal.

Clyde levantó la mirada, sorprendido por la disculpa.

—Oh… está bien.

Hubo un pequeño silencio incómodo entre ellos antes de que Clyde revisara sus notas nuevamente.

—Bueno, entonces… ¿dónde haremos el proyecto después de clases?

Linka lo pensó por un momento.

—Será mejor en mi casa —dijo al final.

—¿Por qué?

—Mis hermanos no estarían de acuerdo con que me vaya sola a la casa de un chico, aunque sea para hacer un trabajo de la escuela.

Clyde parpadeó un par de veces y luego asintió.

—Tiene sentido.

—Sí… además, en mi casa hay espacio de sobra, aunque puede ser un poco caótico.

—No hay problema. Estoy acostumbrado al caos.

Linka sonrió con diversión.

—Bueno, entonces nos vemos en mi casa después de clases.

Clyde asintió y comenzó a guardar sus cosas.

Linka suspiró internamente. Aunque al principio pensó en dejarle todo el trabajo a él, ahora había algo en Clyde que empezaba a despertar su curiosidad. Y, para su sorpresa, trabajar con él no parecía ser tan malo después de todo.

Continuara...