I'm back!

Almost... LOL

Voy a hacer el propósito de reservar un tiempo del día a escribir, aunque me quede sentada viendo la computadora cuando haya falta de inspiración xD

Pues quiero dar término a esta historia como se debe, sin acelerar nada, pero también no quiero dejarla acumulando telarañas.


"Reflexiones: Enishi"

Fue demasiado tarde cuando se dió cuenta de que lo perdería.

-¡Enishi kun!

Las campanas sonaron con fuerza desde la torre de vigía, alertando a la gente a salir de sus casas y correr a refugiarse en lo profundo del bosque, el cual se llenó de las voces de la gente.

-¡Corran!

-¡De prisa! ¡Huyan!

El aire arreció, y con éste las llamas ganaron fuerza, haciendo imposible el salvar más de una de las pequeñas chozas. Los esfuerzos de la gente estaban divididos además.

-¡Niños y ancianos primero!

-¡Apaguen el fuego!

Mientras unos huían y se ayudaban entre ellos a llegar a zona segura, otros se dedicaban a hacer hasta lo imposible por contener las llamas, al tiempo en que unos más apoyaban en la lucha contra la campaña enemiga.

-¡Enishi Kun! -Gritó la miko girando en dirección de su compañero.

El niño, bendecido en fuerza por los años de entrenamiento, apoyaba en el enfrentamiento asestando golpes certeros a enemigos concentrados en pelear con otros oponentes; estos caían sin saber de dónde ni de quien les había llegado el daño. La lanza que llevaba el pelinegro le permitía atacar a distancia y permanecer relativamente a salvo.

Pero incluso aquellos que se quedan en la retaguardia pueden ser sorprendidos por un enemigo oculto, escurriendose por las espaldas de su enemigo con sigilo.

Kaoru apresuró el paso.

-¡Enishi Kun, detrás de ti! -le gritó la miko.

Enishi apenas y alcanzó a escuchar a tiempo para girarse y esquivar el golpe que habría sido letal - pues le habría perforado justo a la altura de su corazón-, más no lo suficiente para esquivar el segundo golpe dado con el mango de la espada, directo al lado derecho de su cabeza.

-¡Enishi kun!

El niño cayó desde el puente, medio inconsciente, al río por debajo, cuyas aguas habían sido alteradas por la reciente tormenta. Al caer en éste, el agua lo envolvió en un abrazo.

Lo último que sus ojos ven es el rostro de la miko de Inari, con los ojos azules llenos de pánico, mientras ésta grita su nombre.

¡ENISHI!


Neesan:

Dices que debo perdonar. Dices que el mundo no es blanco o negro. Pero no entiendo cómo alguien como tú podría decir eso. Tú, que perdiste tanto. Tú, que lo entregaste todo y aún así me pides que esté en calma.

Yo no soy como tú, Neesan. No quiero serlo. ¡No voy a inclinarme ni sonreírle a la gente que nos lastimó!

Desearía poder llevarme toda tu tristeza y convertirla en un arma capaz de acabar con todo cuánto te lastima. Siempre pensé que así podría asegurar tu felicidad.

Pero tras tu última carta he llegado a comprender que tendría que eliminarme a mí mismo si acaso lo hiciera, pues sería yo quien ahora te causaría dolor.

Desearía que fuera diferente.

Desearía haber sido el mayor y cuidarte y protegerte, salvaguardar tu camino de cualquier dolor. Creo que sigo siendo un niño. Aunque no creo que sea del todo malo. A veces pienso que es esta condición la que me permite ver claramente las cosas que los adultos se niegan a ver...

Algunas decisiones no son difíciles, pero los mayores siempre encuentran motivos y razones para complicarlas.

Al menos, hasta hace unos días estaba convencido de que era así. Ahora ya no estoy tan seguro.

¿Será que por fin dejaré de lado mi niñez?

Neesan... ¿Éso te entristecería?


El Sol había alcanzado justo la altura a la que empezaría su descenso. Había sido un día caluroso, y los viajeros se dispusieron a saciar su sed y la de los caballos que tiraban de los carros.

La sacerdotisa de Inari había dispuesto el que se prepararán para acampar, y la compañía había elegido un área cercana al camino principal para establecerse, Enishi no estaba nada contento con lo que para él sería un obvio e innecesario retraso.

-¿Es necesario? -Cuestionó el niño, brazos cruzados de pie por detrás de la miko quien entonces revisaba las provisiones del viaje. -Acabaremos por perder el tiempo ganado.

Kaoru suspiró por lo bajo, como intentando serenarse; el hermano de Tomoe estaba demostrando ser bastante irritante en su falta de paciencia.

-Salimos desde temprano y no hemos parado ni un solo instante. Los caballos necesitan descansar. -Contestó ella.

-Un descanso no es acampar.

Esta vez Kaoru dejó salir el aire en clara molestia, girándose después para finalmente encararle.

-Enishi kun, entiendo el que tengas prisa por llegar a Edo. Pero si no cuidas a quien te lleva, terminarás varado a mitad del camino. -Le regañó ella.

Él tuvo a bien el verse contrito.

-Todavía podían resistir más. -Rumió por lo bajo.

Kaoru elevó las cejas, admirada en cierta manera de estar cerca a un niño de veras, uno que afortunadamente no había tenido que crecer tan rápido como ella ni como ninguno de sus compañeros. De pronto, ya no se sentía tan molesta.

-Pero entonces les tomaría incluso más el recuperarse. -Le explicó ella. -Vamos a buen tiempo, además. A pie el camino es de una semana. Gracias al transporte llegaremos un poco antes, no hay motivo para desesperar.

Ella le sonrió, y ante tal gesto el niño ya no tuvo argumentos, incluso si su molestia seguía siendo evidente en sus mejillas infladas. Pero es que había algo en la miko que le recordaba terriblemente a su hermana Tomoe, cuando ésta última había tenido el papel de madre.

El aire sopló entonces, llevándose en su caricia la tensión de aquel momento previo.

Llevaban poco más de medio día de viaje, con pequeños descansos intermedios, logrando dejar seis de las 53 estaciones del camino de Tokaido; lo cual era en sí mismo un logro considerando que habían dejado el transporte marítimo de lado y que llevaban tres coches en total, sumado al hecho de que seguirían por la ruta de Nakasendo (el camino a Edo por las montañas), donde tendrían que dejar de lado el lujoso carruaje que continuaría su viaje por el mar hasta la bahía de Edo.

La zona elegida para acampar no estaba tan lejos de la estación de viajeros pero tampoco estaba sobre el camino abierto. Era una planicie bordeada de árboles de cedro y arces.

La miko terminó de asegurar las provisiones, seguida por Enishi quien procuraba prestar atención incluso si no podía aportar realmente ningún tipo de ayuda. Entonces uno de los seis chokkai, un niño de la edad de ella de ojos oscuros y cabello azabache de nombre Kaito, que viajaban con la compañía se acercó hasta donde se encontraban.

-Kaoru miko sama, su tienda está lista. -Le informó el niño.

Kaoru sonrió.

-Arigatou (gracias) -dijo ella antes de seguir al chokkai hasta la tienda dispuesta para ella.

Enishi igualmente caminó por detrás de ambos, su tienda estaba contigua a la de ella.

Tras revisar que todo estuviese en orden, volvieron a salir para organizar la cena; sin embargo, el sonido de campanas y cascabeles se escuchó en el aire. La atención de los presentes se dirigió hacia el ruido; había un camino paralelo al campamento el cual seguía dos rutas: una hacia una pequeña prefectura y la otra hacia la estación de descanso. Era un grupo numeroso el que avanzaba.

-¿No es muy pronto para iniciar peregrinación? -Cuestionó Enishi incapaz de percibir el trasfondo de dicho evento, a pesar de la tristeza que envolvía la caravana.

Fue Kaoru quien respondió.

-No es ése tipo de ocasión, me temo. -Su mirada se había tornado triste. -Si miras al frente, podrás entender la pena que comparten.

El niño hizo como ella le indicó y pronto pudo ver la cesta sostenida por dos ejes que cuatro hombres cargaban.

"Una carroza funeraria" Reconoció él.

Por el tamaño de la cesta, y las flores que llevaban la gente en la procesión, era fácil discernir que se trataba de un infante.

-¿Hay algún santuario o templo aquí? -Preguntó Kaoru a Kaito.

El joven negó con la cabeza.

- No en esta pequeña aldea, me temo. Más adelante hay una prefectura pero se encuentra bastante retirada. Si hay un templo o un santuario o alguna otra institución religiosa estará incluso más recluida.

Kaoru asintió.

-Entonces será mejor ir a ofrecer mis servicios.

Enishi brincó al instante, molesto.

-No tenemos tiempo. -Refutó.

Pero la miko ni siquiera detuvo sus pasos ante las quejas de su compañero; la miko avanzó junto con Kaito a prepararse para el rito funerario.

-Mientras la compañía descansa podré terminar. -Le aseguró la joven. -Llevamos casi dos días de ventaja.

Enishi vio partir a Kaoru incapaz de pensar en un buen argumento que pudiese hacerla regresar. Le costaba admitir que, si bien se había preparado en el desarrollo de su físico y su entrenamiento en cuanto a fuerza, poco sabía sobre estrategia o temas políticos.

Hubo un tiempo en el que había admirado a la miko de ojos azules, incluso al punto de idealizarla casi en la misma manera en la que idealizaba a Shinji; pero el último año le resultaba alguien difícil de entender y por tanto irritante. Más ahora en que se sentía más como una adulta que como una compañera cercana a su edad; y se cuestionó si acaso a éso se refería su hermana cuando le pidió reconsiderar su compromiso con ésta.

Y, aún con todo, esperó despierto a que la miko regresase.

... ... ... ...

La Luna ya estaba alta en el firmamento cuando la sacerdotisa de Inari volvió al campamento. Más de uno de los integrantes habían sucumbido al sueño y únicamente los samurai y chokkai de guardia permanecían de pie.

Tan pronto las voces afuera de su tienda indicaron del regreso de la miko, Enishi salió a recibirla, con un reclamo en su boca.

-Es bastante tarde -Le recriminó tan pronto estuvo de pie frente a ésta, aunque fue incapaz de decir nada más.

La miko, que se había quedado quieta en sorpresa ante la interrupción, se notaba exhausta. Había un aire de pena alrededor de ella que resaltaba en las arrugas de sus ropas y la suciedad que la cubría.

Aún con todo, Kaoru acabó por sonreír con amabilidad.

-Lo sé. Iré a descansar. -Le dijo.

Enishi, otra vez, no tuvo argumentos para detenerla. La sacerdotisa avanzó acompañada por Kaito y otra miembro del clero, una mujer mayor de nombre Umi, la cual se encargó de ayudarla a cambiar sus ropas.

... ... ... ...

Cerca de la media noche, Enishi se levantó al baño, cuando estaba camino de regreso se detuvo al escuchar las voces de algunos de los miembros de la compañía, samurai y clero, hablar sobre lo que había ocurrido durante el sepelio en la aldea.

-Fue una niña pequeña. La madre estaba inconsolable.

-Es una pena.

-Al parecer recibían apoyo del damyio de la región, pero hace poco más de un mes que el clan a cargo cayó bajo las fuerzas del shogun.

-Muchos han muerto por enfermedad.

-Es terrible.

-Su excelencia fue bastante fuerte. Cuesta creer lo joven que es.

-En especial tras las acusaciones.

-Es de esperarse, tan cerca de la guerra, no es fácil confiar en un extraño, sin importar que sea la misma Inari sama.

Enishi sopesó aquellos comentarios dichos sin malicia, no tan diferentes de lo que había escuchado decirse de Shinji, y se preguntó si no había manera en que un líder fuera aceptado de lleno, sin prejuicios ni quejas.

Ambos, tanto Shinji como Kaoru e incluso Akira, habían demostrado ser líderes empáticos, y era evidente la admiración que sentían por éstos las personas alrededor de ellos; pero Enishi había visto también personas en contra, muchas veces dentro de los mismos grupos que estaban a cargo de sus líderes.

"¿No sería más fácil eliminarlos a todos?" Se preguntó.

Sin darse cuenta había terminado de pie frente a la tienda de Kaoru. Tras debatirse un instante si entrar o no, Enishi recorrió la pesada tela y entró sin avisar. Tenía ganas de reñirle, mas por segunda vez, sus palabras murieron antes de formarse.

Kaoru yacía dormida encima de la cama hecha de la colcha de un futón salpicado de las ropas que apenas y se había sacado antes de ponerse el kimono de dormir.

Enishi, todavía en conflicto con sus emociones, decidió que sería mejor molestarla hasta mañana.

-Baka... (Tonta) -Murmuró tras salir de la tienda de ella, sin saber si se lo decía a ella o a él mismo.


Querida Neesan,

Intenté escribir esta carta muchas veces. Lo intenté cuando estaba enojado. Lo intenté cuando quería venganza. Lo intenté cuando no podía dejar de llorar.

Ésta, la estoy escribiendo ahora que simplemente estoy cansado.

Quizá sea el mejor momento, porque por primera vez no estoy intentando ser nada — ni el heredero, ni el fuerte, ni tu buen hermanito.

Me pediste que viviera. Me pediste que rompiera el ciclo de la venganza. Quiero decir que lo entiendo… pero no es cierto. No del todo. No sé si puedo perdonar a quien nos quitó a Akira. No sé si alguna vez podré ser como tú.

Kaoru es extraña. Es exasperante. Me hace sentir como si tuviera cinco años otra vez y no supiera nada. Pero cuando la vi caminar con el cortejo fúnebre hoy, cuando la vi quedarse al lado de esa familia aunque no fuera nuestra misión, pensé en ti. En cómo solías cantarme cuando no podía dormir…

Quizá eso también sea fuerza. De la clase silenciosa.


Al día siguiente, incluso desde antes del desayuno, se comenzó a recoger el campamento de manera que pudiesen partir tan pronto terminaran de desayunar. Para sorpresa de Enishi, Kaoru se veía tan tranquila como lo había estado el día anterior antes de que el proceso funerario apareciera en el camino. Llevaban tiempo de ventaja además. Por lo que el niño no pudo más que quedarse callado y atender diligente lo que correspondía a sus labores.

El grupo se dividió tras de que pasaran tres estaciones más. La caravana que viajaría por mar fue la primera en partir, había equipaje que no podría llegar de otra manera tanto por tamaño y cantidad, como por seguridad. Por un instante Enishi sintió que el grupo, al verse reducido, se movía más deprisa.

Tras tomar el almuerzo, pasado el medio día, en la cuarta estación, Enishi ya no pudo seguir conteniendo aquello que debía reconocer.

-Está bien. Lo reconozco, no tienes que sentirte tan orgullosa. -Soltó de pronto, en mitad del almuerzo.

Kaoru lo miró confundida, cayendo en cuenta de que era la primera vez en todo el día que le dirigía la palabra, y se le hizo aún más extraño el no haberlo notado antes.

-¿De qué hablas? -Le cuestionó a mitad de devorar una bola de arroz.

Las mejillas de Enishi se tiñeron de rojo y sus ojos desviaron su mirada lejos de ella.

-No demoramos en volver a salir. -Dijo a modo de explicación, Kaoru apenas y recordó a qué conversación se refería. -Si seguimos a este paso podremos recuperar incluso un par de horas.

La miko sonrió.

-Edo no va a irse a ninguna parte -le aseguró, volviendo a comer.

-No. Pero no es la ciudad lo que voy a ver. -Refutó él imitandola y volviendo a comer sus alimentos. -¿No deseas ver a tu familia?

Kaoru parpadeó, considerándolo por un instante. Incluso si iba a Edo, la fachada de su viaje no era de reencuentro sino precisamente para reforzar la idea de que estaba por pertenecer a otro clan. Los eventos que atendería ya estaban predispuestos, además - aunque dependían de la situación política y de seguridad de la ciudad.

-¿Se me permitirá? -Preguntó la miko a Kaito, su chokkai más cercano entonces.

El aludido asintió con una sonrisa tímida. -Está programada dentro de la visita, su excelencia -confirmó éste.

-Muchas gracias. -Contestó ella.

Tras tomar el almuerzo, esperaron una hora más de descanso. Luego, ajustaron y arreglaron los carros y se prepararon para partir. Mas al salir al camino, Kaoru y su compañía vieron la caravana rodeada de un pequeño grupo de personas, comerciantes y granjeros al parecer; uno de ellos - quizá el líder - hablaba con el samurai a cargo de la seguridad de la caravana.

Kaoru se acercó a éste de inmediato.

-¿Qué ocurre? -Cuestionó.

El hombre tuvo a bien el verse algo contrito, preocupado.

-Viajeros, al parecer nos solicitan el poder integrarse a nuestro grupo -explicó él.

Kaoru miró al grupo de personas, en su mayoría eran niños y mujeres, los pocos hombres que iban eran en su mayoría de edad avanzada, los adultos jóvenes, eran demasiado jóvenes para considerarse como tal.

-¿Hay riesgo de bandidos? -Cuestionó. Pues no era extraño que dados los tiempos que se vivían hubiese asaltantes en busca de comida, en especial con tantos ronin.

El samurai sin embargo, negó.

-No parece ser el caso, pero... Sin duda buscan resguardo.

Enishi interrumpió a Kaoru entonces antes de que ésta pudiera hablar.

-Sólo nos demorarán -se quejó él- mejor será dejarlos.

-¡Enishi Kun! -Le regañó ella.

Pero él ya había recuperado la molestia anteriormente perdidad.

-Actúas como si no importara llegar a Edo. -Le recriminó él. -Puedo entender los descansos, pero si vamos con otro grupo de personas sólo nos ocasionaran problemas; tendremos que ir incluso más despacio.

Podría haber continuado, pero entonces la miko se giró para quedar totalmente de frente a él, e incluso si tenían ya la misma estatura, Enishi sintió que de pronto ella era mucho más grande.

- Dijiste que tenías una misión, yo tengo la mía. -Le dijo ella con voz autoritaria, luego se giró hacia el samurai a cargo. -Diles que pueden acompañarnos; pero será mejor no mencionar ayuda de las provisiones.

El hombre parpadeó entendiendo la preocupación de ella.

-¿Cree que busquen patrocinio?

Ella negó con la cabeza antes de responder.

-No. Más bien pienso que debe de ser debido al permiso de la siguiente estación.

Algunas estaciones de aquél camino a Edo, solicitaban un permiso especial para poder transitarlo y poder entrar a las distintas prefecturas y villas; considerando la situación de guerra del país, el número de personas a las que se les negaba el acceso iba en aumento. Los permisos eran caros, además, y en las condiciones en las que muchos se movían, no conseguían suficiente siquiera para sobrevivir.

Tras de que se dispusiera el arreglo de viaje comenzaron a avanzar. Esta vez Kaoru se mantuvo al frente en uno de los carromatos, dejando a Enishi solo en el carruaje con su enojo. El niño rumió por lo bajo durante todo el trayecto.

...

Dos días más pasaron en el camino.

Dos días en los que Enishi hizo lo mejor que pudo el mantener su enojo y su trato frío para con quien fuera su supuesta prometida. Mas Kaoru siempre estaba ocupada, y cuando no lo estaba, se mezclaba entre su compañía y a veces incluso entre la gente que ahora los acompañaba. El moreno se frustró ante su propia falta de control y sus celos ante la falta de atención, por lo que constantemente buscó dedicarse a entrenar.

Ocurrió que tras completar la mitad de las estaciones y avanzar una más, no consiguieran llegar a la siguiente prefectura; por lo que se vieron obligados a acampar a un lado del camino, en medio de los bosques.

Enishi harto de seguir manteniendo una fachada, acabó por ser el primero en volver a acercarse, bajo la excusa de que Shinji le había encargado el cumplir su papel de novio entregado y lo cierto era que no había cumplido con esto. Mejor que empezara tarde que nunca, se dijo.

-¿Acamparemos aquí? -Le preguntó a la miko, quien en ese momento había encontrado descanso debajo de un gran ginkgo (árbol sagrado y centenario).

-Sí, pero partiremos tan pronto amanezca -le aseguró ella, cerrando los ojos un instante mientras respiraba profundamente. -Por fin completamos la mitad de las estaciones. A partir de ahora el camino será más corto.

Enishi la miró entonces. Realmente la miró.

¿Por qué era que siempre le había resultado mucho mayor, casi como su hermana? Vista de cerca, se podía apreciar todavía lo redondo de su rostro, lo joven que era, una jovencita no tan diferente de él mismo. Y luego se maravilló de caer en cuenta que era la primera vez en todo el viaje que la veía sonreír así, tal fresca y viva.

-Supongo que es mejor que seguir forzando a los caballos, en especial una vez tomemos rutas diferentes. -Aportó él, como un intento de demonstrar que había prestado atención y corregido su primer error.

Kaoru iba a señalar justo esto cuando un niño llegó corriendo y los interrumpió.

-¡Lo sabía! ¡Es la miko de Inari! -Gritó el pequeño antes de lanzarse al regazo de Kaoru.

La mamá del menor llegó corriendo detrás de él.

-¡Satoru! -Le llamó ésta, y luego lo separó a fuerza de las faldas de la miko. -Lo lamento, su excelencia. -Dijo con una inclinación.

-No se preocupe. Está bien. -Respondió Kaoru sintiéndose algo avergonzada, incluso entonces le costaba ser venerada de tal manera.

-Mira mamá, es la princesa de Kioto. -Habló otra niña.

Más y más gente se acercó.

-No. Yo... -Y Kaoru no supo cómo negar las atenciones.

Enishi aún menos supo qué hacer, tanto que acabó por hacerse a un lado.

No supo decir exactamente en qué momento o cómo exactamente ocurrió. Peor un instante estaba viendo a Kaoru hablar con aquellas personas, mientras varios niños se reunían con ella, alrededor de ella... y al instante siguiente una especie de celebración parecía desenvolverse alrededor del fuego de la fogata principal. Aunque había varios pequeños grupos, aquel donde la miko estaba era el que brillaba.

En medio de esa convivencia, Enishi escuchó el sentir de aquella gente, igual que lo hizo Kaoru aunque quizá ella con mucho más fervor que él. Escuchó sobre las preocupaciones sobre el actual gobierno, la falta de insumos y trabajo, los enfrentamientos clandestinos y los grupos delictivos que abusaban de la situación para llenarse los bolsillos.

Y a todos y cada uno, Kaoru ofreció consuelo y consejo. Donde ella parecía perderse, pedía apoyo a sus compañeros mayores del Maekkai que viajaba con ellos. Enishi vio un tipo diferente de líder del que él estaba acostumbrado a ver en las calles de Kioto, en el Shinsengumi, dentro del mismo clan Kiyosato.

Y cuando la luna se posó alto y los pequeños ya comenzaban a dormitar, escuchó, al igual que el resto, a la miko de Inari cantar. Su voz, fuerte, clara y melódica, poseía una fuerza abrumadora llena de fantasía. En su canto, Enishi pudo visualizar aquello que dibujaban las notas de su improvisada melodía. Le escuchó incluso cantar canciones del folklore extranjero, en idiomas que no entendía.

Algo en su pecho, se quebró con dulzura. Como grietas de un dulce que de a poco se separan.


Neesan,

He intentado escribirte durante días, pero ninguna palabra sale como debería. Al menos no las importantes.

Kaoru sama permitió que unos comerciantes ambulantes descansaran cerca de nuestra fogata y viajaran con nosotros. Les habló como si fueran viejos amigos, rió con ellos, cantó canciones que no sabía que conocía.

Todos la miraban. Yo la miraba.

Sigo pensando en ti, en las palabras que escribiste. En Akira-sama. En el deber. En el sacrificio... Pero creo… que ahora entiendo algo que antes no comprendía. Shinji nació para liderar. Tú naciste para proteger.

Pero Kaoru… ella nació para ser seguida.

Se mueve como el fuego. Suave cuando debe serlo, imparable cuando decide serlo. No exige obediencia, y aun así… la gente la escucha. Cantan a su alrededor. Creen en ella, confían en lo que representa. Pelean por ella.

Yo también lo haría.

Y odio eso.


El grupo que se había integrado a ellos se separó cuando la compañía de Kaoru ingresó al camino a Edo por las montañas.

En menos de tres días llegarían a Edo.

Enishi estaba emocionado, al igual que lo estaba Kaoru. Él lo sabía incluso si ella nunca lo expresaba abiertamente. Pero lo podía notar en la manera en la que su sonrisa se hacía cada vez más frecuente, más transparente, más honesta. Lo notaba en los momentos en los que suspiraba con un evidente anhelo en sus ojos.

Lo que Enishi no sabía, por supuesto, era que tal expectación tenía que ver no sólo con el hecho de reunirse con su padre, sino con el posible reencuentro de cierto samurai de cabello rojo. Quizá si lo hubiese sabido, no se hubiera prendado de ella; quizá habría podido rechazar las esperanzas que habían empezado a nacer en él desde antes incluso de que la escuchase cantar.

...

Para el segundo día del recorrido, apenas a tres estaciones más para terminar, el grupo tuvo la necesidad de conseguir provisiones. Aunque habían procurado no compartir con los comerciantes y granjeros que habían viajado con ellos, al final había resultado imposible no hacerlo.

-No debes de preocuparte, Enishi kun -le dijo Kaoru tan pronto notó el semblante de su compañero. -Tal descanso no nos retrasará como supones; y seguimos con ventaja.

Él rumió por lo bajo.

-No había dicho nada. -Contestó él, manos en la cintura.

Kaoru no pudo evitar soltar una risa.

Habían conseguido hospedaje en una villa cercana a la estación y un grupo ya había ido en busca de las provisiones. Por es vez dormirían bajo un techo y éso ya era algo, se dijo el menor.

La posada tenía un dojo, además, y Enishi tuvo la fortuna de poder observar a Kaoru entrenar. En principio, si bien le daba curiosidad, no le interesaba del todo el tener que estar de espectador, mas al ver los movimientos fluidos y certeros de la miko, el corazón le dio un vuelco en el pecho, porque él reconocía movimientos de las katas. Las había visto antes, cuando su difunto hermano Akira las practicaba.

-Ése no es el estilo del santuario -señaló tan pronto Kaoru terminó.

Ella lo miró sonriente.

-No. Es el estilo de mi hermano, Koishijirou, el Kamiya Kasshin Ryu.

Enishi iba a decir que su hermano Akira había aprendido aquel estilo también, mas se detuvo al final, no sabía si aquello era un secreto o no.

-¿Es difícil de aprender? -Cuestionó en su lugar.

Kaoru negó sonriente y se acercó a él.

-No. Únicamente exige resistencia física.

Enishi arrugó el gesto.

-¿Resistencia? ¿No se supone que se requiere fuerza para vencer con un ataque?

Kaoru le miró comprensiva, y el gesto lo confundió aún más.

-La ideología de mi hermano sostiene que es posible usar la espada para proteger en lugar de matar. -La forma en la que lo dijo remarcaba tanta certeza que Enishi no pudo más que admirarla. -Ya sé que suena como un absurdo, pero lo dijiste tú mismo aquella vez en Kioto. Las personas no pueden evitar luchar, y cada quien lucha a su manera. La mía, quiero que sea para proteger, no para destruir.

El moreno sopesó aquellas palabras, y en medio de su reflexión no pudo evitar pensar en su hermana. En la forma en la que a su manera también llevaba aquella lucha, incluso si era desde las sombras. Pensó que ambas no eran tan diferentes la una de la otra. Salvo quizá que Kaoru era ruidosa donde su hermana era callada, viva donde su hermana era elegante.

Enishi la analizó entonces. Pensó que si bien era algo admirable el que practicase el estilo de su clan, aquello resultaba inservible si habría de convertirse en su esposa y casarse en el clan Kiyosato. Y entonces recordó que su matrimonio era tan sólo una farsa.

Sin saber por qué tal verdad le causó molestia, al punto de ponerlo de mal humor.

-Kaoru miko sama -Le habló entonces Kairo, entrando con reverencia -Es hora de cenar.

-Vamos enseguida -contestó ella, antes de dedicarle una mirada a Enishi para que la siguiera.

Él la siguió sin chistar, en silencio, mientras el caos de pensamientos se estrellaban unos con otros en su mente.


Neesan,

Creo que puedo entender por qué alguien querría hallar honor en su vida y vivir regido por éste. Lo entiendo como el deseo de ser un hombre digno no sólo para con su familia y su nación sino también para consigo mismo. Sin embargo, neesan, creo que cada persona puede tener distintos valores, y que eso también está bien.

Quizá algún día, cuando me convierta en un hombre que puedas admirar y sentirte orgullosa, pueda traer mi visión de honor a la realidad.

Un mundo en el que aquello que amo viva sin restricciones, sin miedos a cometer faltas. Un mundo en el que pueda proteger a mi familia ante cualquier error o pena.

Un mundo de segundas oportunidades...

Quise escribirte para decirte que ahora lo entiendo. Sobre Akira-sama. Sobre ti. Sobre lo que significa elegir la misericordia cuando la ira sería más fácil.

Recuerdo tus manos, cómo me abrazaban cuando tenía pesadillas. Fuiste más que una hermana, y te amé de una forma que un niño nunca habría sabido explicar. Eras calor, verdad y refugio —y por mucho tiempo creí que nunca volvería a encontrar algo así después de que te fuiste.

Pero me equivoqué.

Kaoru miko-sama —pensé que era orgullosa cuando hablaba con fuego, y necia cuando perdonaba con tanta facilidad. La creí blanda donde debía ser firme. Pero la he visto demostrar otro tipo de fortaleza. Femenida y suave, pero fiera cuando debe.

Ella me confunde. Me enfurece. Me hace sentir un nudo en el pecho que no comprendo. Creí admirarla porque me recordaba a ti. Pero ahora veo que es otra cosa.

La deseo.

No solo como mi prometida de nombre. No como un título ni un deber que cumplir. La quiero para mí. Por completo. No solo ante los ojos del clan o de la ley...

Una vez me dijiste que el amor era sacrificio. Que amar era dar sin esperar nada a cambio. Pero Neesan… no sé si puedo amar así.

Si doy… entonces también debo tener.


Había ocurrido antes de alcanzar la última estación, cuando habían estado a nada de reagruparse con el grupo que había llegado antes tras viajar por mar.

Pero el conflicto recién asentado en Edo no había quedado del todo resuelto, y más de un grupo continuaba generando conflictos y caos a las afueras de Edo. El paso se había cerrado momentaneamente en una especie de toque de queda cuando los enfrentamientos se multiplicaron.

Y coincidió que uno de estos conflictos alcanzó el lugar donde habían estado descansando.

...

-¡Enishi!

Lo último que había escuchado había sido su nombre en los labios de Kaoru miko sama. E incluso en medio del pánico, Enishi pensó que su nombre había sonado dulce en los labios de ella.

Quizá él también estaba perdiendo la cordura.

Cuando el agua se lo tragó y lo arrastró en su corriente, Enishi se resignó ante aquella fuerza, el golpe en su cabeza no le permitió permanecer despierto.

...

¿Cuánto tiempo había pasado? No lo sabía.

Pero entraba y salía de la inconsciencia una y otra vez en un círculo que parecía no querer terminar.

...

Mas apenas si había pasado medio día dormido.

Cuando por fin consiguió despertar, apenas si podía hablar, y lo primero que vió fue el rostro de la miko.

-¡Enishi...! -Sollozó ella al verlo.

Su rostro estaba cubierto de lágrimas y se abrazó a él tanto como la cama se lo permitía.

Aquella fue la primera vez que no pensó en su hermana...


Neesan,

Uno de los sanadores dijo que tuve suerte. Que si la hoja hubiese entrado un poco más profundo, no estaría escribiendo esto.

Antes creía que la fuerza era la única medida que importaba, que el honor, la obediencia y un nombre noble eran las únicas cosas que otorgaban valor a alguien. Y sin embargo, esas personas que antes desprecié son las mismas que me sacaron del río. No porque supieran quién era, sino porque creían que nadie debería morir solo.

Dijeron que fueron los aldeanos quienes me salvaron. Los mismos aldeanos que alguna vez creí débiles. Me dieron arroz. Se quedaron despiertos vigilándome. Incluso uno de los niños rezó por mí.

Y Kaoru-sama… ella regresó por mí. Incluso después de que me separaran de la caravana, incluso después de la emboscada, aunque pudo haber seguido adelante, aun así regresó. Para cuidarme, para esperar a que sanara, a que despertara.

Tenía el rostro bañado de lágrimas... Recuerdo que me abrazó...

Y algo dentro de mí se rompió, Neesan. O quizá se despertó.

Este matrimonio —el que tú y ella piensan que debería ser solo un lazo político— es más que eso. He decidido que no será una farsa. No para mí.

Si estás leyendo esto, sé lo que vas a decir. Casi puedo escuchar tu voz, diciéndome que tenga cuidado con lo que creo que es el amor, que aún soy joven, que todavía estoy aprendiendo.

Pero te equivocas.

Nunca he estado más seguro de algo en toda mi vida.

Y si alguien se interpone en mi camino… Lo acabaré de un golpe.


A/N: Is anybody out there?! Aunque tarde pero...

Happy Spring Break!