Speedrunneando fanfics es mi pasión.
[... Hay un gran sol ...
... Astros también ...
... De nuevo camino y me veo bien ...
... Una galaxia para explorar ...
... Aprender astronomía para variar ...
... (Whoa...) ..
... Este es un viaje especial ...
... Y yo sigo sin estar aburrido ...
... Mi universo es divertido ...
... (Whoa... Es muy divertido) ...
... Y yo sigo sin estar aburrido ...
... Mi universo es divertido ...]
Es mi universo muy divertido
Asimilación
Zack se aferró al respaldo del asiento de su mejor amiga, pero él mismo no se sentó. La nave abandonó el palacio por la misma pared colapsada por la que entró, a toda velocidad. Los locales en la ciudad estaban extrañados. No sabían exactamente lo que estaba pasando, pues la torre de la alcaldía había sido hackeada. Los policías podrían tratar de detenerlos, pero era el transporte del príncipe, al cuál ya no le funcionaban las comunicaciones. Un par de naves estaban detrás de ellos, escoltándolos, por lo que la chica hacía todo lo posible por perderlos.
—No tenemos la cúpula, si ven que no somos el Príncipe Remy, darán la señal de alerta y nos empezarán a disparar.
El moreno se aferró con fuerza mientras la chica aceleraba lo máximo que la dañada nave le permitía. En circunstancias normales, perder a un par de patrulleros sería sencillo, pero parte de la potencia se había perdido en el choque. A pesar de estarse alejando, no eran capaces de perderlos perfectamente.
—¿Qué tan lejos estamos?— Preguntó impaciente.
—A horas de llegar— Respondió la chica, con desesperación— Tengo una idea, pero es arriesga...
—¡Hazla!— Le gritó el chico.
Melissa cubrió la cabina de la nave con una capa gruesa de energía, como si fuera la cúpula que ya no estaba. Era bastante difícil concentrarse en mantenerla y pilotear la nave al mismo tiempo. Su amigo se sentó, por instinto de que algo grande venía. De un instante a otro solo pudo sentir como si el universo se contorsionara a su alrededor. Todos sus sentidos se sobrecargaron. Su orientación se perdió. Todo dio vueltas a velocidad extrema, cosa que les provocó nauseas a ambos. Los dos patrulleros que venían detrás de ellos solo pudieron observar como la nave se comprimía en un punto exacto del cielo para luego desaparecer.
—"¿Viste eso?"— Preguntó uno de ellos.
En menos de tres segundos la turbulencia cesó y ambos chicos tragaron pesado mientras la cúpula en sus cabezas se deshacía.
—Quiero vomitar— Se quejó la piloto.
—¿Qué rayos fue eso?— Preguntó el chico.
—¿Tú que crees? Saltamos al inter-espacio.
—¿Desde el interior de la atmósfera? ¿Es posible?
—Pues acabamos de hacerlo ¿No? La gravedad de Beethovia fue lo que provocó esa turbulencia y sensación de desorientación extrema.
—Fue horrible. ¿Pero entonces significa que ya estamos cerca?
La chica suspiró con fuerza.
—No. Solo avanzamos 200 kilómetros en un segundo. Necesitamos hacer otros quince saltos más.
—¡¿Quince?! ¡¿Por qué no solo saltas directo hacia donde está Milo?!
—Me permito recordarte que la zona industrial está casi al otro lado del planeta y que no se pueden hacer saltos al inter-espacio si hay objetos de por medio. Lo que hice fue saltar rodeando la circunferencia de la corteza. Ni siquiera debería ser posible saltar si tenemos en medio el aire del planeta.
Lo que ellos no sabían es que el salto había provocado una breve aureola de fuego en su punto de partida, la cuál se disipó en el aire.
—Maldita sea, hazlo de una vez. Nos aguantaremos.
La chica volvió a crear un campo de fuerza sobre lo que alguna vez fue una cúpula y comenzaron el ciclo de saltos al interior del planeta.
—Realmente, Theseus se lo está tomando muy enserio. ¿No?— Dijo el hombre del sombrero con cierto tono de preocupación al notar como aquél chico que acababa de conocer.
—Supongo que le gusta mucho esa espada— Respondió su mejor amigo, quién seguía confundido.
Estaban en el interior de la estación espacial, con la diferencia de que el único que peleaba era Theseus en un frenesí destructivo, derrotando a un pirata tras otro utilizando su espada.
—Quizás podríamos aprovechar este tiempo para buscar a la Reina Madre ¿No creen?— Resolvió el doctor mientras los tres abandonaban el lugar dónde aterrizaron.
Pasillo tras pasillo, el equipo de los tres adultos junto al ornitorrinco avanzaban atacando a cualquier pirata que se les acercara.
—¿Dónde la podemos buscar?— Preguntó Dakota.
—Tal vez esté en la plataforma de observación
—Si es que sigue viva— Añadió el Doctor.
—No creo que la hayan aniquilado sin hacer alarde de ello, son piratas después de todo.
Dakota tomó un pesado barril y lo alzó por encima de su cabeza, dio un giro y se topó con un grupo de piratas que estaban de espalda. Lo arrojó hacia ellos y le disparó mientras se acercaba, haciéndolo explotar y derribándolo.
—Así se hace, James— Lo animó el británico cuándo de pronto notaron un ascensor con demasiados pisos.
—¡Por aquí!— Entraron todos y presionaron un botón para comenzar a subir.
En el interior todos estaban de pie, sin moverse, esperando mientras sentían el peso adicional de la subida por el ascensor. Ninguno decía una palabra o gesto, simplemente miraban hacia adelante.
Al abrirse la puerta notaron que estaban en la plataforma de observación, un lugar bastante amplio dónde todo el espacio y la batalla en el exterior se podía observar tranquilamente.
—Miren eso, el ejército local está peleando contra el Dromón— Señaló Dakota
—Me pregunto que habrá pasado con el escuadrón que nos asistió...
Después del décimo salto, los chicos ya se habían acostumbrado al mareo y las nauseas provocadas. Aún así, decidieron recorrer el último tramo a velocidad normal. Todos los sensores y radares aéreos del planeta habían reportado diferentes fenómenos, por lo que todo el planeta estaba alerta, buscando la fuente. Habían ingresado a la zona industrial del planeta. Una sección dónde todo el suelo y las hendiduras parecían ser máquinas gigantes metálicas. En toda la extensión del lugar, a dónde voltearan solo veían ese plateado reflectante. Cada sector estaba dividido por trincheras gigantes, las cuales se hundían a gran profundidad y es de dónde los chicos imaginaban que se obtenía el acero del planeta a través de actividades mineras.
—El buque de Yong-kum parece seguir en el planeta— Dijo la chica. El moreno suspiró aliviado al notar que aún no era demasiado tarde —¿Cuál es el plan?
Zack no pareció responder al instante por lo que la chica comenzó a chasquear los dedos frente a él.
—Lo siento. ¿Qué dijiste?
—¿Cuál es el plan de ataque?
—¿Puedes aterrizar esta cosa?
—Bajo las circunstancias, es un milagro que aún pueda dirigirla.
El buque de guerra de Yong-kum se encontraba guardado en una enorme fosa recubierta de acero, por debajo del nivel del suelo. El lugar dónde reposaba no tenía techo, ya que estaba diseñado para que la nave despegara verticalmente y se pudiera conectar a las instalaciones subterráneas.
—¿Cuánto falta para sobrevolar el buque?— Preguntó el chico, extrañamente emocionado.
—Dos minutos. La computadora indica que tiene el escudo exterior activado a baja potencia para el ambiente atmosférico.
—¿Crees que Remy se moleste si no le devolvemos su nave?
—¿Qué tienes en mente?— La chica sonaba un poco preocupada antes las ideas descabelladas de su amigo.
Un par de minutos después, la nave de Remy siguió su camino en línea recta, con la diferencia que había sido abandonada a su suerte. Mientras tanto, un par de chicos se habían arrojado desde ella. Zack sujetaba la espada ofensiva de Milo con fuerza, apuntando hacia el suelo. Sus propios guantes irradiaban y pulsaban arrítmicamente. El moreno había encontrado la manera de combinar sus energías y ahora estaba preparado para dar un gran golpe. La chica, mientras tanto, estaba aferrada al cuello de su amigo, asustada por la gran caída. A pesar de ello, solo podía pensar en la gran ironía. Cuándo todo comenzó, Zack había demostrado ser el más asustado de una fea caída y ahora era él quién la dirigía ante esa táctica mortal. Sin embargo, algo en sus adentros presentía que el plan del chico funcionaría. Continuaron cayendo hasta que la espada finalmente hizo contacto con el campo de fuerza. El impacto generó un campo electromagnético que frenó la caída de ambos chicos y el escudo deflector comenzó a emitir ondas hasta que finalmente se apagó, dejando expuesto el fuselaje del buque. Las ondas provocadas por el impacto imitaron un pulso electromagnético, por lo que toda la tecnología se había deshabilitado temporalmente.
—Vamos— Ordenó el chico, quién comenzó a utilizar la espada para cortar el exterior de la nave, hasta crear un agujero por el que ambos pudieran entrar.
Al retirar el metal cortado, el chico se percató que había penetrado en un ducto de ventilación. Por lo que, sin mayor meditación, utilizó sus poderes para destruirlo e ingresar por uno de los pasillos. En situaciones normales, el sistema de alarma se habría activado, alertando a todos los presentes. Sin embargo, la situación era favorable para los dos terrícolas. Un grupo de guardias no robóticos en las inmediaciones había escuchado el estruendo del ingreso abrupto, por lo que decidieron correr para verificar la situación, sin embargo, el humano no dudó en sujetarlos telepáticamente y estrujarlos, apretando ambos puños hasta que quedaron inconscientes.
—¿Ellos...?
—Solo rompí un par de huesos...— Se excusó— Vamos...
—Espera— Le pidió su amiga.
—¿Qué pasa? ¡Tenemos que encontrar a Milo!—Sin embargo, la pelinaranja o abofeteó con fuerza.—¿Por qué...?
—Oye cerebro de klimpaloon. Enfría esa humeante cabeza de una vez. No olvides el peligro latente. Siento la presencia de Yong-kum y Moaze cerca.
—No te preocupes por eso.
—¿De qué estás hablando?
—¿Sabes hacia dónde están?
—Yo no, pero el collar si— Respondió tímidamente, señalando hacia un extremo del pasillo— Están en esa dirección.
—¿Y Milo?— El tono impaciente del chico era cada vez más desesperado.
—Hacia allá...— Dijo con duda, señalando el extremo opuesto del pasillo—Creo. Su señal es muy débil.
El chico extendió su mano para entregarle la espada ofensiva.
—Toma. Llévasela a Milo. Asegúrate de que esté bien.
—¡Ni siquiera lo pienses!
—Yo enfrentaré a Yong-kum y Moaze.
El chico comenzó a correr en la dirección que su amiga le había señalado, sin embargo, un campo de fuerza generado por ella lo detuvo en seco.
—¡No puedes ganarles tu solo!
—¡Claro que si!— El chico solidificó los guantes, los cuales comenzaron a emitir un leve brillo. Al golpear la construcción de su amiga esta se destruyó de inmediato, afectando el equilibrio de la chica.
Ambos repitieron el proceso, que lo único que hacía era retrasar al moreno. La chica comprendió que no podría hacerlo desistir de esa idea pero aún así debía intentarlo.
—Será más sencillo encontrar a Milo y pelear los tres juntos.
—No. Milo ya está lastimado de por si.
—Pero pelear tu solo...
—Sé que puedo hacerlo— El chico golpeó el suelo, provocando una onda expansiva que derribó a su amiga a la distancia. Se dispuso a correr pero la voz de Melissa lo detuvo.
—¡Tu ganas!— Le gritó, con la esperanza de que se detuviera un momento— Pero llévate esto.
La chica le arrojó la espada ofensiva de regreso. Tenía un presentimiento de que el moreno la necesitaría.
—Pero Milo...
—Se la regresarás cuándo lo veas. Si vas a enfrentar a Yong-kum y Moaze la necesitarás. Yo le llevaré la otra espada para que al menos pueda defenderse. Ahora separémonos antes de que más guardias lleguen— El chico se preparó para avanzar de nueva cuenta, pero su amiga lo detuvo de nueva cuenta— ¡Espera!
—¿Qué sucede?
Ella se acercó a él y le dio un beso rápido en la mejilla, cosa que dejó a Zack perplejo por unos instantes mientras un leve sonrojo era disimulado por su tono de piel. —Para la suerte
Ambos chicos corrieron en direcciones opuestas, con una leve sonrisa en sus rostros.
—Capitán Raz, los invasores subieron por el ascensor principal— Dijo uno de los lacayos.
—De seguro vienen a rescatar a la Reina, debí haberla asesinado cuándo ese idiota de Billius lo pidió— Respondió aquél hombre, mientras tomaba lo que parecía ser el mango de una espada.
—Pero Capitán...
—Lo sé, odio la sensación de utilizar esta cosa, pero creo que es necesario— La esclera de su único ojo se tornó púrpura, mientras que del mango que sostenía se llenaba de Campo Oscuro hasta formar una gran espada— Terminaré con esto yo mismo.
De pronto, la puerta del ascensor se abrió al instante para revelar a un invitado inesperado, quién portaba su propia espada.
—Ugh, esa energía rancia otra vez.— Pronunció Theseus.
—¿Quién eres tú?— Le preguntó el pirata con el brazo prostético.
—Alguien que ya ha derrotado seres asquerosos de Liarrem como tú.
—Te equivocas, enano. Podré usar este poder rancio como tu lo llamas, pero solo fue porque Yong-kum me lo otorgó hace algunas semanas.
—No sé de quién estás hablando, pero lo que si te diré es que no podrás pasar de aquí sin acabarme primero.
—Con gusto.
Una gran aura purpurea se formó a espaldas del Pirata, mientras su espada adquiría la forma de un Hunga Munga, cosa que el humano parecía comenzar a disfrutar.
—Al fin, alguien que vale la pena.
Lo que Theseus no sabía, era que su gran ventaja estaba a punto de desaparecer.
Zack se detuvo al ingresar a una sección de la nave de gran tamaño. Sentía la presencia del campo oscuro inundando el lugar, pero aún así no dudó. Caminó lentamente, eso si, para poder concentrarse en obtener más información y ganar un poco de ventaja. Instintivamente alzó la espada de Milo, a la altura de su pecho, en ese instante un golpe directo al filo lo hizo retroceder unos cuántos centímetros en el suelo, mientras escuchaba los pies de un guerrero caer cerca de él. No podía ver, pero sus sentidos estaban al máximo. Logró sentir a través de su telequinesis el cuerpo de su atacante. Era un Beethoviano con armadura especial y una espada hecha a la medida. Fue entonces que comprendió lo que estaba pasando.
—Tu debes de ser uno de los floretes a los que Quorra se refería— Sonrió bajo los vendajes que cubrían sus ojos. Zack no tenía intenciones de perder el tiempo con él, sin embargo, el guerrero si dio cuenta de lo que planeaba por lo que comenzó a atacarlo para romper su concentración e impedir que utilizara sus habilidades telequinéticas. Zack tuvo que bloquear varias estocadas, incluso esquivó una que estuvo a punto de impactarlo. Por lo que comenzó a tomar a su oponente más enserio— Supongo que para llegar con Bonnie y Clyde debo pasarte a ti ¿No es verdad? Responde
Volvió a defenderse de sus ataques, esperando la respuesta que no llegó. Por lo que siguió con las provocaciones verbales sin que le contestara realmente. Hecho que, debía admitir, lo frustraba un poco. Hasta que escuchó una voz a la distancia que lo sacó de sus pensamientos.
—"No te responderán, cariño"— Le dijo una voz en lo que parecía ser un altavoz — "Hicieron un voto de silencio."
—Moaze, cielito ¿Eres tú?— Le preguntó con arrogancia en su tono, mientras mantenía el duelo— Supongo que Yong-kum quería llevarse un par de recuerdos de Beethovia ¿no es así?
—"Billius se los regaló. Eres más inteligente de lo que me pareciste en Liwams..."
—¿Te refieres a cuándo hiciste que Vissarión se volviera loco y huiste? Al menos él tenía el valor de atacarnos de frente, sin trucos. A diferencia de otros — Dijo, haciendo énfasis en la palabra otros para tirar una indirecta— Por cierto ¿Dónde está el viejito?
—"Que buena memoria tienes, terrícola. Espero que también recuerdes la paliza que te llevaste gracias a mis anillos y que gracias a tu arrogancia y a «él viejito», perdiste tu vista en Degarn"
—Es tan sencillo dejar a alguien desvalido cuándo utilizas una bestia ancestral de poderes inconmensurables— El chico continuaba cubriéndose de los ataques, aparentando estar en desventaja.
—"Cada quién utiliza las cartas que tiene a su favor"
—No podría estar más de acuerdo.
El chico dejó de pretender que no podía mantener el duelo de sables y comenzó a tomar la ventaja contra su enemigo. Lo que, ni siquiera sus amigos sabían, era que había tomado clases de esgrima en su juventud, debido a que era fanático de Aventura Espacial. Incluso había pertenecido a un grupo de esgrimistas que practicaban todos los fines de semana en una plaza de Danville. Por lo que era bastante diestro en la esgrima pura, incluso podría decirse que era un poco mejor que Milo en ello, ya que podía incorporar unas cuantas de sus habilidades de gimnasia rítmica para sobrellevar la pelea. Aún así, no sabía exactamente como utilizar los poderes imbuidos dentro de la espada correctamente, por lo que, para él solo era un sable más. En cuestión de segundos, ya había logrado realizar un corte en la pechera de su oponente.
—"Impresionante"— Alabó la mujer en el altavoz.
El chico sonrió con arrogancia nuevamente. Comenzó a caminar, apuntando la espada al pecho de su oponente, quién mantenía su propia espada caída mientras se movía. Aparentemente, Zack no se había percatado del peligro inminente, pues una segunda figura con armadura comenzó a acercarse sigilosamente por detrás de él, preparado para decapitarlo. El terrícola puso su apoyo sobre su pie derecho y de un segundo a otro, su oponente frontal trató de asestar un ataque, el cuál pudo bloquear perfectamente, para después colocar sus manos por encima de su cabeza, y utilizar la espada para cubrir su flanco trasero, lo que lo salvó del traicionero ataque por la espalda. Ambos floretes, enojados por haber sido engañados por el humano, comenzaron un frenesí de ataques, los cuales Zack era perfectamente capaz de bloquear con movimientos cortos, simples y elegantes, llegando incluso a pasar entre ellos, para mejorar su ángulo de ataque.
—¿De verdad creyeron que podrían tomarme por sorpresa?— Les preguntó burlonamente.
—"No te burles de ellos. Aún lamentan la pérdida del tercero a manos de tu amiga la princesa."
Dichas palabras fueron un detonante perfecto para ellos, quienes nuevamente entraron en un estado frenético, en el que intentaron por todos los medios atravesar al chico, como una forma de vengar a su hermano. Sin embargo, Zack era mucho mejor que ellos y en cierto punto incluso fue capaz de detener una espada con el sable de Milo y la otra con su guante fortificado. Momento que aprovechó para concentrarse en sus propios poderes. Los empujó telequinéticamente un par de metros, espacio de tiempo exacto para utilizar la llamarada de la espada de Milo, la cuál solo pudieron resistir debido a sus armaduras. Por último, decidió que ya había tenido suficiente por lo que los alzó a ambos con su mente, despojándolos de sus espadas, impidiéndoles hacer otra cosa que no fuera patalear en el aire.
—¡Moaze! ¡Tus nuevas mascotas necesitan ayuda!— Gritó, burlonamente, pero no recibió respuesta del parlante — ¿Moaze?
En ese instante, dos anillos de Campo Oscuro volaron por la habitación hasta rodear el cuello de los floretes y comenzar a estrujarlos, haciéndolos expulsar todo el aire en su interior. Zack soltó el agarre telequinético para entender lo que estaba pasando. Giró la cabeza por costumbre, a pesar de no poder ver, sin embargo, ya había sentido a Moaze, quién había ingresado a la habitación.
—Creo que tienes razón. Mis mascotas necesitan asistencia— Ambos floretes sujetaban su cuello, tratando de liberarse del Campo Oscuro que ahora los mantenía en el aire, apretando con fuerzas. La intención de Moaze, más allá de querer acabar con sus nuevos secuaces, era espantar al terrícola, o por lo menos distraerlo con la vida de los dos Beethovianos para poder atacarlo si intentaba salvarlos, no obstante, Zack se quedó estoico ahí. Escuchando el sonido de los cuellos crujir— ¿Y bien?
—Oh, tu sigue. Yo espero— Le respondió con soberbia mientras caminaba en una ruta circular alrededor de ella.
La mujer apretó más sus puños llenos de Campo Oscuro, lo que provocó un sonido de huesos quebrándose en ambos floretes, hecho que parecía no tener efecto en el terrícola, quién seguía manteniendo su concentración en la amenaza principal. Después de otro rato apretando, la chica aumentó la fuerza de sus anillos, los cuales, a ese punto, ya habían quebrado el cuello de ambos floretes. No obstante, Zack seguía sosteniendo su juego, consciente de las intenciones de su enemiga, quién apretó sus puños con todas sus fuerzas a la par que sus anillos penetraban hasta el centro de su objetivo, separando las cabezas de los floretes de sus torsos, cubiertas por esos cascos que tapaban su rostro.
—Está hecho— Dijo como intento final de descomponer al chico, a la vez que los cuerpos tocaban el suelo, sin embargo, Zack solo le contestó:
—Ya era hora— Lo que terminó por descompensarla a ella.
Histérica, la mujer comenzó a crear anillos sobre su propio cuerpo, cubriendo sus tres ejes como ya era costumbre, formando el esqueleto de una esfera y pisando el extremo inferior para deslizarse sobre el suelo. Zack solo giró la espada de Milo en sus propias manos, preparándose para atacar a la chica que adquirió una gran velocidad para embestirlo.
—Me parece impresionante cómo acabaron las cosas ¿Saben?— Dijo el hombre castaño de gafas amarillas mientras aún observaba por el gran ventanal.
—Lo dices solo porque pasamos de un futuro postapocalíptico a rescatar una reina espacial en un planeta hedonista en medio de una batalla entre el bien y el mal por el destino del universo— Le respondió el de la bata blanca.
—Eso sin mencionar que técnicamente morimos los tres en ese futuro.
Perry entonces castañeó los dientes.
—Oh, lo siento, Perry el Ornitorrinco. Supongo que aún hay cosas que debo contarte.
—¿No le has dicho lo que pasó en nuestras memorias duplicadas?— Cuestionó el del bigote.
—Eso no importa, lo mejor será encontrar a esa reina y llevarla de vuelta al planeta.
Su conversación fue interrumpida por una persona que no habían notado que estaba ahí.
—¿Reina? ¿Vienen a rescatar a una Reina?
—Así es señora— Respondió el científico al notar a la mujer, quién era casi idéntica a Quorra, con la diferencia que era más alta y se veía ligeramente más avejentada— ¿Ha visto a alguna?
Cavendish entonces le dio un ligero golpe en la nuca.
—Tarado, es ella
—Oye, no tenías por qué hacer eso, Cavendish— Dijo mientras se sobaba el golpe.
El ornitorrinco se adelantó hacia el asiento que ocupaba la reina, a la que le retiró las ataduras en los brazos que la mantenían ahí sentada.
—Gracias, pequeño amiguito— Le respondió con perfecta dicción mientras el monotrema se levantaba el sombrero y lo volvía a bajar en respuesta.
—Su majestad— Dijo el más pequeño, haciendo una reverencia— Venimos a rescatarla. Quorra nos envío.
—¿Mi hija está en el planeta?— Preguntó emocionada.
—Si, está enfrentando a su tío justo ahora.
—Espero que no acabe con él y deje un poco para desquitarme. Lo mejor será que nos vayamos corazones. ¿Cuál es el plan?— Los tres adultos se miraron confundidos, voltearon a ver al mamífero australiano quién solo se encogió de hombros. — ¿No tienen nada o si?
—Llegamos muy lejos de esta forma, podemos llegar aún más lejos.
—Es mucho mejor esto que soportar a los hijos de Raz paseando por aquí. ¿Qué esperan? Vámonos— Dijo la reina mientras todos ingresaban al elevador de nueva cuenta.
El estilo de ataque de Moaze no era desconocido para Zack. La última vez que pelearon, el chico estaba en total desventaja. Apenas y conocía sus habilidades y realmente estaba aterrado de pelear contra ella. Sin embargo, esa marca que la mujer tenía en su rostro había aparecido gracias a él. Ahora, él tenía todas las cartas a su favor. Estaba confiado, no en exceso, si no que tenía la cantidad de confianza adecuada. Inhaló, exhaló y detuvo la embestida de Moaze utilizando la espada de Milo. A decir verdad, pensó que el impulso quizás lo haría retroceder, pero él estaba clavado en el suelo, como un roble. Sonrió al percatarse del estado violento y emocional en el que la chica se encontraba. La esfera de anillos con todo y ella comenzó a rebotar entre todas las paredes a gran velocidad, a penas visible para un humano normal, buscando el momento para tomarlo por sorpresa. Pero el chico no era un humano normal, además de que podía percibirla con sus poderes. Cuándo la esfera se dirigió a él de nueva cuenta, repitió el bloqueo con la espada, sin moverse de su lugar. El anillo que impactó directamente no resistió el golpe y se desintegró, dejando a Moaze con dos anillos restantes.
—¿Eso es todo lo que puedes hacer?— Dijo el chico, con desánimo. Realmente esperaba un mayor reto con ella, pero se sentía en parte aliviado, ya que podría conservar energías para la batalla principal contra Yong-kum.
—Tú dímelo— Le respondió, mientras regeneraba el anillo faltante y volvía a atacarlo.
Su forma de pelear contra la espada del chico era sencilla, giraba los anillos a su alrededor en toda dirección y los hacía aumentar y disminuir de tamaño a gran velocidad, lo que imitaba el accionar de varias espadas. Cada que un anillo intentaba impactarlo, Zack lo bloqueaba con el sable en su mano, dando lugar a un intercambio casi poético entre ambos.
—Señorita Moaze, me decepcionas, Yong-kum te tiene en una muy alta estima— Bloqueó un ataque más potente, desapareciendo otro anillo— Seguro que tienes algo mejor.
—No te pongas presumido, pequeño Zack— Le respondió, mientras regeneraba el anillo faltante— Esto apenas está comenzando.
—Me halaga que sepas mi nombre.
—¿Cómo no saberlo? Zack Underwood, ex-vocalista de los Leñazacks. Hijo de Marcus y Eileen. Hermano de dos— El chico frunció las cejas al escuchar el nombre de sus padres. No esperaba que tuvieran tanta información de su familia. Moaze se percató de ello y sabía que debía comenzar a provocarlo—Ah ¿Pensabas que no lo sabíamos? ¿Sabemos mucho más de lo que piensas?
—¿Saber qué?— Trató de parecer impávido, pero su corazón comenzó a acelerarse.
—Nosotros sabemos muchas cosas, Zack— Sus anillos comenzaron a girar sobre si mismos a mayor velocidad— Eileen. Marcus. Richard. Martin. Brigette. Sara. ¿Te suenan esos nombres?
El moreno comenzó a respirar de manera más pesada. Sintiendo como sus piernas comenzaban a temblar.
—Sé lo que intentas, no te funcionará— Dijo con evidente duda en su rostro.
—Mort. Chad. Amanda.— Continuó diciendo— Lydia. Joni.
Zack trató de asestar un muy mal golpe con su espada, el cuál fue fácilmente esquivado por la mujer, solo para responder con su propio puño. Que impactó el rostro del chico, alejándolo un par de metros mientras arrastraba sus pies. El humano, lejos de preocuparse, quejarse del dolor o tratar de contraatacar comenzó a reír.
—Ya entiendo— Dijo el chico, quién tenía un pequeño moretón.
—¿Por qué te ríes?— Ahora era ella quién comenzaba a preocuparse.
—¿Por qué no mencionaste a Bradley? ¿O a Cavendish o Dakota?
—¿Qué?
—Mencionaste una lista de personas que me importan, pero ¿Por qué no a ellos?
—¿Quiénes son ellos?— Le cuestionó con más curiosidad y preocupación en su tono.
Zack aprovechó la distracción para empujar telequinéticamente a la chica con todo y esfera hasta que chocó contra la pared y sus anillos se deshicieron en el aire.
—¿Sabes por qué no los conoces?— Le preguntó mientras la mantenía restringida contra la pared— No los conoces porque Bradley no los conoce. Quizás se haya topado con ellos, pero jamás supo quienes eran o cuales eran sus nombres.
—Nevy no...— Trató de justificarse, pero se calló de inmediato al percatarse que acababa de destapar su carta. Solo sintió la ira del chico al ser aplastada con más fuerza contra la pared.
—Ustedes obtuvieron esa información nuestra por parte de Bradley, cuándo experimentaron con él ¿No es así?— Dijo casi en un grito, mientras sus poderes se salían un poco de control y emitían una fuerte corriente de aire a su alrededor.
Moaze creó dos anillos más pequeños en sus manos y los arrojó al chico como pudo, quién tuvo que soltar su agarre telequinético para destruirlos con un fuerte golpe de sus puños. Sobre él se abalanzó la chica, quién había creado otro par de anillas, las cuales colocó por encima de sus muñecas. Dichas construcciones de Campo Oscuro comenzaron a girar a gran velocidad a la vez que púas brotaban de ellas, emulando una motosierra. Zack pensó que no tenía tiempo para esto, pero aún así le pareció entretenido continuar con la pelea, por lo que procedió con su ataque frontal con la espada.
—No lo entiendo— Pronunció la chica. Estaba confundida. En muy poco tiempo el terrícola había expandido sus habilidades exponencialmente, dejando una brecha entre sus poderes muy amplia. Incluso estaba segura de que Zack sería capaz de derrotar a Yong-kum por si solo en una batalla de uno contra uno.
—Ni lo entenderás...— Le respondió para provocarla.
Ahora era ella quién entró en un frenesí de la misma forma que lo habían hecho sus extintos ayudantes. La mujer con brazos de motosierra dio una infinidad de ataques con ambos brazos, los cuales eran bloqueados con moderada dificultad por parte del chico, quién cada vez se acostumbraba más a la velocidad que su enemiga manejaba. Era admirable que pudiera sostener el ritmo de la pelea sin el sentido de la vista y su maestría mejoraba a cada minuto que atacaban. En un momento de distracción, el chico aprovechó para golpear su vientre con el poder de sus guantes, arrojándola a la distancia, dejándola en el suelo, recargada sobre una pared. La villana escupió un liquido completamente negro, que el humano adivinó, se trataba de su sangre, debido al impacto.
—¿Por qué...?— Trató de cuestionar, mientras su visión se tornaba borrosa y lentamente quedaba inconsciente.
—Los terrícolas nos adaptamos a todo. Lo damos todo por nuestros seres queridos. Somos capaces de esto y más. Adiós, Moaze...
Alzó la espada de Milo, apuntando hacia ella, preparándose para emitir un potente chorro de energía desde su punta. Sin embargo, antes de que pudiera hacer otra cosa, una gran cantidad de Campo Oscuro cruzó la habitación, chocando con su mano y desarmándolo. Un estruendo se sintió en el lugar, mientras un hombre, de avanzada edad y un cuerpo corpulento artificial caía desde uno de los andamios superiores hasta el nivel dónde ellos habían estado peleando. Arrojó otra llamarada hacia el pelinegro, quién solo pudo cubrirse utilizando su antebrazo derecho. Dicho poder no lo dañó, pero lo empujó a la distancia. Mientras era movido, aprovechó para tomar la espada que había caído cerca de él.
—Espero que también seas capaz de adaptarte a esto, terrícola— Amenazó dicha voz.
—Yong-kum, me preguntaba cuándo aparecerías...
Melissa abrió una puerta y se encontró un laboratorio, con una cámara de sueño en el centro y un grupo de personas examinándola. No estaba dispuesta a discutir sus términos amablemente, por lo que simplemente golpeó a todos con un disparo de energía desde sus manos, mientras cerraba la puerta por detrás de ella. Una notificación llegó a un aparato que guardaba en su bolsillo. Dicho aparato había sido otorgado por Remy. En él, se leía la frase "Misión cumplida". Entonces se dio cuenta que Quorra había concretado su plan. Sin embargo, aún había cosas en juego en su presente. Suspiró, colocó la mano sobre la cámara y pronto su energía se extendió por todo el aparato. No obstante, ella solo hacía esto para verificar el estado de su mejor amigo. Sonrió aliviada al notar que se encontraba relativamente estable, por lo que se abrió camino hacia una de las sillas, que adivinó sería el control principal de la cámara de sueño. Presionó unos botones y la cámara se abrió, liberando vapor en todo el laboratorio, mostrando al chico Murphy, más pálido de lo que ella recordaba, sin playera y con múltiples ventosas cubriendo su cuerpo. Así como un respirador y un tubo conectado a sus venas. La pelinaranja no estaba preparada para verlo en ese estado, pero estaba segura de que no era momento para dudar. Intuyó que el líquido que goteaba sobre las venas del chico era lo que lo mantenía inconsciente, así que presionó unos botones hasta que cambio de color de verde a naranja a lo que el castaño comenzó a abrir sus ojos lentamente, para después comenzar a tratar de emitir alaridos de dolor sobre su respirador artificial. La chica corrió hacia él y comenzó a quitarle los grilletes de sus piernas y brazos con sus poderes, para después remover el respirador y el tubo. Milo se desplomó en el suelo, siendo rescatado por su amiga de golpearse la cabeza.
—Hola, Melissa— Dijo con voz ronca y quedita, ya que no tenía fuerzas para más. La chica sonrió por un momento, mientras una lágrima recorría su mejilla, solo para borrar esa sonrisa al instante
—Ay, no. Milo. Tus manos— Se percató del desastre que se habían convertido las heridas que le había hecho Yong-kum sobre sus palmas, las cuales fueron "sanadas" improvisadamente.
—No te preocupes por eso— Le dijo, con más entusiasmo. Restándole importancia a sus dolores físicos.
—Yo lo arreglo.
Se había vuelto bastante buena con sus poderes, pero aparte de eso, había aprendido un par de trucos por parte de Shar-cos, aunque él no se los hubiera querido enseñar conscientemente. Creó una esfera de energía que flotaba sobre su palma extendida y poco a poco comenzó a tomar una forma triangular que Milo reconocía. Dicha energía comenzó a sentirse vibrante y llena de vida sobre sus dedos y fue cuándo supo que lo había hecho correctamente. Colocó las manos de Milo sobre su torso recostado y colocó esa energía vibrante sobre las heridas, en las cuales comenzó a desaparecer el remedio improvisado que le habían hecho y era reemplazado por los huesos, nervios, tejidos y piel qué se fue creando hasta que finalmente se cerraron sus heridas, como si nunca hubieran existido. La chica no se detuvo ahí. El resto del cuerpo de Milo comenzó a sanar, incluso las zonas en las que habían experimentado con él, quedando casi como nuevo, sin embargo, aún estaba muy débil, pero sin el dolor, podía ponerse de pie por su propia cuenta.
—Gracias, Melissa— Le dijo suavemente, a lo que su amiga no pudo más y se quebró en llanto mientras rodeaba el cuello de su mejor amigo con sus brazos.
—Me tenías muy preocupada— Le reclamó entre sollozos.— A todos.
—Lamento haberte preocupado así.
—Está bien. No fue tu culpa— Le dijo, rememorando lo que habían pasado los últimos días.
El momento era sin lugar a dudas cálido. Sin embargo, Milo aún se sentía débil por el sedante, que aún no terminaba de salir de su sistema. Pensó que podía quedarse ahí por más tiempo, abrazando a su mejor amiga, sin preocuparse por otra cosa. Cuándo de pronto, la frase de la chica comenzó a dar vueltas en su cabeza. "A todos", "A todos". Pensó por unos segundos y de pronto, rompió el abrazo abruptamente.
—¡Zack!— Exclamó con fuerzas —¡¿Dónde está?!
—Fue a enfrentar a Yong-kum y a Moaze...
—¡¿Y lo dejaste ir solo?!— Dijo con más preocupación que molestia en su tono.
—¡Traté de detenerlo! ¡Su terquedad rivaliza con la de Amanda cuándo se trata de...!— No terminó la oración. Sabía que era algo que no era de su incumbencia, pero el instinto casi le había ganado.
—¿De qué?— Preguntó confundido.
—Mira, solo te diré que tu y él tienen que resolver muchas cosas que ni yo ni nadie más podemos intervenir. Pero para esto primero tenemos que llegar con vida al día de mañana.
El castaño sonrió. No una sonrisa cualquiera, una llena de comprensión y esperanza.
—Tenemos que ir a ayudarlo— Le dijo a Melissa
—Toma— Le respondió ella, entregándole su sable defensivo, el cuál, en cuanto lo tomó, le provocó una sensación muy familiar.
Gran parte de su debilidad se desvaneció en cuanto toco la espada. Su color comenzó a regresar a su piel y una nueva aura dorada brotó a sus espaldas por unos instantes.
—¡Vamos!— Ordenó, tomándola del brazo y corriendo por los pasillos.
—Otra vez me jalonean— Se quejó en broma, recordando los instantes que pasó en el palacio real.
El piso metálico temblaba bajo sus pies, resonando con los ecos de un combate que ya llevaba demasiado tiempo. El sudor perlaba la frente de Theseus, su respiración era pesada, pero su mirada seguía firme, centrada en su oponente, cuyos movimientos eran impredecibles, peligrosos y antinaturales. La batalla entre ambos continuaba sin cesar. Theseus blandía su espada con fuerza y excesiva confianza, la hoja de acero mate vibraba con un leve zumbido constante, generado por la gema incrustada en la empuñadura. Durante toda la pelea, la había usado para mantenerse a flote, para bloquear los embates imposibles de su enemigo. Pero había algo que no estaba del todo bien.
El siguiente golpe fue brutal. La Hunga Munga de Campo Oscuro cortó el aire con una violencia salvaje, y Theseus tuvo que bloquear el impacto con su espada, sintiendo la fuerza titánica del golpe recorriendo todo su brazo. Pero Raz no se detuvo. Cada movimiento era más agresivo que el anterior, buscando desgastar a su oponente. Theseus intentaba defenderse, pero la espada en sus manos vibraba con la presión de los impactos. El sudor le caía por la cara, y su respiración se aceleraba. Comenzaba a preguntarse qué le habría pasado a la protección que cargaba. Resultó ser que atraer tantos disparos hacia su espada con anterioridad había provocado que unos cuantos impactaran en la gema que lo defendía.
Con un rugido, Raz deshizo la Hunga Munga, dejando que la sustancia viscosa se desintegrara en el aire y se deslizara nuevamente hacia el mango. La siguiente transformación fue más fluida y rápida. El mango se alargó y curvó, tomando la forma de una espada curva de plasma. El filo brillaba intensamente, emitiendo una energía casi eléctrica que cortaba el aire con un susurro mortal. El filo cortó el aire con una precisión que hizo que Theseus se desplazara rápidamente hacia atrás para evitar un corte directo. El zumbido eléctrico de la espada resonaba a su alrededor, mientras Raz lanzaba ataques sin dar tregua, tanteando las defensas de su enemigo.
Raz volvió a cambiar su táctica, desintegrando la espada de plasma en el aire. Esta vez, el mango se alargó y se convirtió en una larga guadaña, cuyo filo y forma le daban a Theseus bastantes problemas, por lo que decidió golpearla con fuerza desde el mango, su gema brilló con fuerza y el Campo Oscuro se debilitó momentáneamente.
—No me ganarás— Le dijo el más pequeño con un tono mordaz— Hay una leyenda sobre un chico con una espada que podría derrotar a Liarrem. Ese soy yo.
—No sé de lo que me estás hablando. A mi no me interesa ese sujeto, ni esta guerra. Raz solo ve por Raz.
Theseus no respondió. Se lanzó hacia él con un rugido, bloqueando con la espada el impacto del martillo que se acababa de generar. El golpe sacudió toda su estructura ósea. La hoja rechinó y se agrietó. Una grieta delgada, imperceptible casi, pero definitiva. Volvió a atacar, esta vez apuntando a las piernas de Raz. El pirata saltó hacia atrás, girando en el aire mientras el mango cambiaba otra vez a una lanza con punta serrada. El combate siguió. Intercambiaban golpes con furia. En un giro desesperado, Theseus levantó la espada para detener un tajo descendente, y la gema soltó una chispa, un destello opaco… y se quebró, partiéndose en fragmentos brillantes que cayeron como lágrimas al suelo metálico. La espada se rompió con un crujido seco y desgarrador. El impacto la partió en dos mitades irregulares, y Theseus cayó de rodillas con la empuñadura aún entre las manos.
—Pero ¿Cómo es posible...?
—¿Qué dice tu leyenda de esto ahora?
En ese momento, las puertas del ascensor se abrieron, el primero en salir fue el pequeño con sombrero, quién no dudó en utilizar su pistola de gancho para arrebatarle la empuñadura encantada al hombre, la cuál mantuvo su forma de lanza. Los dos humanos castaños se arrojaron sobre él. El doctor utilizó un aparato muy diminuto para deshabilitar el brazo mecánico de Raz, mientras que Dakota trataba de romper su ojo cyborg a base de golpes. Cavendish se quedó atrás, cubriendo a la reina de cualquier peligro, cuándo de pronto Raz dio un grito y arrojó a sus atacantes a lo lejos. Se retiró el aparato del brazo, reactivándolo con brusquedad y estaba dispuesto a acabar con ellos, cuándo de pronto, la cúpula transparente de su estómago se quebró en mil pedazos, pues acababa de ser atravesado por la espalda con su propia arma a manos de Theseus.
—Esto lo dice mi leyenda— Dijo, mientras su esclera se tornaba púrpura.
—Cobarde, atacando por la espalda...— Le dijo mientras caía al suelo, sobre el líquido que estaba derramando su aparato ortopédico.
El campo oscuro que formaba la lanza comenzó a reunirse en la base de la empuñadura, amenazando con atrapar a Theseus, cuándo el más pequeño le dio un golpe con su cola para desarmarlo. Los ojos de Theseus volvieron a su color blanco, permitiéndole pensar con mayor claridad. En ese momento, Dakota sacó el aparato entregado con Remy con la frase "Misión cumplida".
—Miren esto, Quorra logró derrocar a Billius.
—Llévenme con mi hija, por favor. En el camino podrían explicarme todo lo que está pasando con ese tal Liarrem que mencionaron.— Dijo la reina.
—Debí suponer que los encontraría aquí, terráqueos. Ese inútil de Billius resultó ser menos inteligente de lo que aparentaba— Le dijo aquél hombre.
Con anterioridad, la apariencia de Yong-kum había decaído, hasta el punto de parecer un débil y moribundo anciano. Sin embargo, ahora su cuerpo estaba demasiado inflado. Como si fuera un atleta con esteroides. Eso si, el daño en su rostro seguía marcado, viéndose como un abuelito super musculoso. Zack solo pudo suponer que había inyectado una cantidad descomunal de Campo Oscuro en sí mismo para alcanzar ese estado. También se imaginaba que el precio a pagar sería su vida directamente. Sonrió sin sonreír y le siguió la conversación al hombre.
—A esta hora, supongo que Quorra y Remy ya lo derrocaron.
—Me da igual. Este planeta también será un bocadillo para el gran Liam eventualmente.— Un aura púrpura que se oscurecía cada vez más rodeaba su cuerpo. Como si estuviera presagiando un final trágico.
—Algo que nunca entendí es el por qué de la lealtad enfermiza a un ser que ni siquiera es un ser.
—Al maestro le debemos todo— Respondió, más por obligación que por verdadera convicción.
—Los hizo adictos a una sustancia que lentamente está acabando con sus cuerpos.
—Y gracias a eso, nos convertimos en los seres más poderosos del universo.
—Tan poderosos que terminaron atrapados millones de años. Además de que tus amigos murieron, deshaciéndose en el aire.
—Ustedes jamás lo comprenderían. Él nos hizo quienes somos. Nos ayudó en nuestro momento de necesidad. Nos dotó de habilidad. Nos enseñó todo lo que sabía. Nos hizo parte del mejor ejército del universo.
—Amigo, esa idolatría es enfermiza— El moreno comenzaba a hartarse de escucharlo.
—Cómo dije. Jamás lo comprenderían. Ni siquiera Marex lo comprendió. Tenía la intención de atacar a Liam después de fallar su invasión a tu planeta. Creo que no tenemos otra alternativa más que comenzar esta pelea— Dijo, mientras una cantidad peligrosa de Campo Oscuro brotaba de sus manos desnudas.
—No podría estar más de acuerdo— Le respondió el pelinegro, quién invirtió su agarre de la espada de Milo, y amagó con arrojársela al más grande, sin embargo, al último momento desvió su tiro y la arrojó en dirección de Moaze, quién yacía inconsciente, sentada en el piso, recargada contra una pared. La espada atravesó su pecho, justo a la altura del corazón.
—¡Maldito!— Gritó el general, al ver la cabeza de su esposa colgar sobre su cuello sin fuerzas. El campo oscuro que sostenía se convirtió en dos gigantescas estrellas fugaces giratorias que se dirigieron al humano a toda velocidad.
—Oh oh— Alcanzó a pronunciar al ver el ataque frenético que se dirigía a impactarlo.
En esos momentos se arrepintió de haberse quedado sin la espada, ya que le sería bastante útil para desviar ese ataque. Esquivó el primer ataque, pero el segundo lo impactó de lleno. Logró cubrirse con ambos brazos, pero la explosión resultante fue bastante impresionante y el chico recibió bastante daño de ella. Su ropa era la mayor prueba de ello, pues había quedado muy rasgada, incluso había perdido los vendajes sobre sus ojos, mostrando la cicatriz sobre su piel y sus ojos grises, incapaces de ver.
—Después de acabar contigo, llevaré a tu amigo Milo con el Gran Liam.
Zack frunció el seño al escuchar dichas palabras. Sus brazos aún se encontraban en pose defensiva, por lo que los movió hacia sus costados violentamente. El suelo por debajo de él se quebró debido a sus poderes y un gran enojo comenzó a producirse en él. No dudó y comenzó a correr en dirección del general a tal velocidad que logró impactar su rostro con su mejor golpe potenciado por sus guantes sin que se pudiera defender.
—Tal vez yo debería llevarte con Liarrem— Le dijo el antiguo cantante, escupiendo cada palabra.
En ese momento comenzó un intercambio tan veloz y potente que los estruendos se escuchaban a mucha distancia y toda la nave temblaba. Yong-kum era un experto duelista de épocas de antaño y tenía una técnica impecable, sin embargo, dicha técnica estaba manchada por el tamaño de sus músculos y su precario estado físico deteriorado por el uso excesivo de Campo Oscuro. Eran esos dos detalles los que lo ponían a la par con las habilidades de Zack, quién había desistido de pelear telequinéticamente con él y había preferido un enfoque más directo. Sabía que no resistiría muchos ataques explosivos como el que ya lo había golpeado, por lo que su plan incluía no darle la oportunidad al hombre de repetirlo. En cierto momento, el mayor sujetó al chico de la pierna y lo arrojó contra el suelo con todas sus fuerzas, hundiéndolo en el metal de la plataforma. Sin embargo, el chico aprovechó el momento para arrojar al hombre con su mente hacia el techo, el cuál también sufrió daños por el golpe.
—Deberás hacer algo mejor que eso— Le dijo mientras caía cerca de él.
Zack aún seguía en el suelo, de espaldas. Pero tenía una idea. Cuándo el general se lanzó en su dirección para atacarlo, terminó de romper una gran losa metálica del piso y la dobló para que una de sus esquinas afiladas se pusiera en dirección al hombre, quién ya no podía cambiar su trayectoria de salto, lo que desencadenó que dicha losa se incrustara en su pierna, deteniendo su ataque.
—¡Ya estoy harto de ti!— Comenzó a disparar una gran cantidad de estrellas fugaces, mucho más pequeñas que las anteriores, con la diferencia que esta vez, el adolescente fue capaz de esquivar casi todas con excepción de unas cuantas que tuvo que desviar con telequinesis. Hecho que marcó sus escleróticas de un color púrpura característico que todos conocían.
Cada vez que Zack entraba en contacto telequinético con el Campo Oscuro, se creaba un vínculo entre él y dicha sustancia, hecho que ya había sido evidenciado en la pelea contra Vissarion que tuvieron en Liwams. Yong-kum había olvidado dicho detalle, pero al percatarse de ello, decidió cambiar de estrategia. Estiró su brazo en dirección a una enorme pared, cerró su puño y haló de él. De pronto, una ola gigante de Campo Oscuro que estaba oculta en otra habitación ingresó por ahí, destruyendo dicha pared e inundando el lugar a gran velocidad. Cosa que Zack solo pudo detener utilizando su telequinesis. Sus escleras se tornaron púrpuras nuevamente y las venas comenzaron a saltarse.
—No— Pronunció al percatarse de la situación. Irónicamente, frenar el contacto con el Campo Oscuro había creado un vínculo con él, y podía sentir dicha sustancia poseyéndolo. La rabia que había acumulado durante toda la pelea contra los floretes, Moaze y Yong-kum le impedían pensar claramente y poner una barrera psicológica entre él y la posesión.
—¡Zack!— Gritó una voz, quién ingresaba a la habitación corriendo.
—¿Milo?— Preguntó el moreno mientras aún frenaba dicha ola gigante, que amenazaba con aplastarlo y ahora también amenazaba a sus mejores amigos quienes acababan de llegar.
—¡Zack! ¡No!— Exclamó la pelinaranja, quién venía detrás del castaño.
Theseus estaba en el suelo, contemplando los restos de su magnífica espada. La sujetó brevemente para después arrojarlos con frustración.
—¿Qué sucede?— Preguntó la reina.
—El creía que su espada lo volvería invencible y que podría derrotar a Liarrem con ella.
—Ahora sé que lo de la leyenda eran solo patrañas— Dijo mientras se ponía de pie.
—Todas lo son. Hora de irnos, loquito del futuro.
En ese momento, la estación espacial comenzó a temblar con fuerza, mientras que el cuerpo de Raz, tendido en el piso, tenía una amplia sonrisa.
—¡Cretino!— Gritó la reina mientras lo pateaba en el rostro—Activó la autodestrucción.
—¡Vámonos!— Ordenó el doctor.
Perry sacó su mochila jetpack, montando a la reina sobre su espalda, mientras que el resto estaba colgado a él. Dakota sujetaba su patita, mientras que Cavendish y Doof sujetaban cada uno una pierna de Dakota y con su brazo libre sujetaban a un deprimido Theseus de su ropa. En menos de quince segundos habían llegado de regreso a la nave, mientras que todos los piratas corrían despavoridos a cualquier nave. Entraron al Azulejo desde la plataforma inferior, y arrojaron a Theseus a la consola de piloto, mientras que el ornitorrinco utilizaba su propia consola para despegar. El chico salió de su depresión momentánea y activó su panel de control, para así destruir otra porción de la pared por la que entraron y acelerar a toda máquina, alejándose de la inminente explosión, la cuál zangoloteó la nave a la distancia.
—"Nave desconocida, prepárese para ser abordada"— Dijo una nave militar beethoviana cuándo el zangoloteo cesó, la cuál hackeó los comandos del azulejo y se acopló a ella a través de su acceso desde la cabina de pilotaje. La puerta se abrió, para revelar a dos figuras no tan grandes que ingresaron por ahí, al tiempo que la puerta se cerraba y la nave beethoviana se desacoplaba y alejaba de ahí.
—¡Quorra!— Gritó la reina emocionada.
—¡Mamá! ¡Estás bien!
Las dos corrieron a abrazarse con premura, con lágrimas en los ojos. Estaban felices después de tanto tiempo sin verse. Sollozando fuertemente.
Las escleras del pelinegro estaban teñidas de un púrpura oscuro muy intenso. Sus venas comenzaban a saltarse y su piel palidecía. Era obvio que estaba perdiendo la batalla contra la posesión.
—Zack, déjalo ir— Le pidió el castaño, quién notó una estrella fugaz gigante dirigirse a él, pero la pudo desviar con facilidad utilizando su sable defensivo.
—Milo, no puedo— Le respondió, mientras trataba de empujar la enorme ola de sustancia viscosa— Si esta cosa los toca, los destruirá.
Ya había analizado esa posibilidad de dejar ir ese ataque y no le gustaba la intención que sentía. Esa ola estaba hecha para destruir todo a su paso y avanzaba poco a poco, ganándole terreno al chico.
—Podemos con ella, podemos con eso y más— Trató de reconfortarlo.
—Lo siento, pero no— Zack soltó el agarre del Campo Oscuro para poder empujar a sus amigos con fuerza a la distancia, poniéndolos en un lugar a salvo. Se giró de nueva cuenta hacia la enorme ola y se propuso a golpearla con los poderes de sus puños, pero fue engullido por ella al instante que la tocó.
Milo levantó su cabeza del suelo y contempló lo sucedido.
—¡Zack!— Gritó con impotencia al percatarse de lo que estaba pasando.
La enorme ola de Campo Oscuro siguió avanzando, hasta que de repente comenzó a retroceder, como si algo estuviera tirando de ella. El ambiente se volvió caótico nuevamente, con enormes ventarrones que eran una contradicción al hecho de estar dentro de una nave espacial en un ambiente cerrado. Poco a poco la energía maligna se fue concentrando en un solo punto hasta que desapareció, revelando al chico Underwood, completamente transformado en un usuario del Campo Oscuro.
—Pero...— Comenzó a pronunciar Yong-kum al ver tremendo espectáculo— Que gran idea acabo de crear.
El militar comenzó a maquinar una nueva técnica que sabía podía convertirse en su salvación, mientras su cuerpo lentamente comenzaba un estado de putrefacción, ya que el uso desmedido del Campo Oscuro ya había comenzado a cobrar factura. En otro lado, los dos chicos se acercaron corriendo a su amigo, quién flotaba en el aire mientras una gran presión se acumulaba en el lugar.
—¡Zack!— Volvió a gritar el castaño, cuándo se encontraba más cerca de su mejor amigo.
—Este poder es— dijo con el efecto de eco que se producía cada vez que un usuario del poder oscuro hablaba—tolerable
El chico se sentía extrañamente bien. Una clase de bien en exceso que no se había percatado que era peligrosa. Tenía un delirio enorme. Incluso pensaba que él solito podría derrotar a Liarrem. Sus amigos se percataron que su estado mental no era el más óptimo debido a los hechos recientes.
—¡Zack! ¡Tienes que luchar contra el Campo Oscuro!— Exclamó Melissa, mientras las ráfagas de viento provenientes de él azotaban el lugar.
—¿Yo?—Se cuestionó—¿Por qué querría luchar contra esto? Miren esto.
Estiró sus brazos y el viento que había en el lugar se intensificó, obligando a sus amigos a cubrir su rostro.
—¡Detente!— Ordenó su amigo.
—Ni siquiera estoy haciendo el mínimo esfuerzo. Nunca más volveré a perderlos chicos. Creo que yo solito derrotaré a...
—¡No!— Gritaron ambos al unísono.
—¿Perdón?
—Zack, estás perdiendo tu humanidad— Trató de razonar el castaño.
—Este no es el camino, y creo que en el interior lo sabes— Añadió la pelinaranja.
Pero su conversación fue interrumpida por el General, cuya piel comenzaba a pegarse al esqueleto.
—¡Terrícolas! ¡No estorben!— Gritó, mientras un pentagrama de Campo Oscuro se materializaba entre sus manos— ¡{IN-TER-CAM-BIO}!
Una potente técnica acababa de ser creada. Del pentagrama brotó un gran remolino de energía que se dirigía rumbo a Zack. Su intención era fácil de adivinar. Planeaba intercambiar de cuerpos con él para aprovechar ese gran poder que había adquirido.
—¡Ah! ¡No! ¡No lo harás!— Exclamó Milo, quién se interpuso en el camino. Utilizando el escudo creado con su espada defensiva para bloquear esa técnica sin resultar afectado por el cambio de cuerpos.
Zack apenas era consciente de lo que sucedía en su entorno, pues seguía abrumado por la cantidad de poder que acababa de recibir, sin embargo, salió de su ensoñación al notar que su mejor amigo estaba en problemas. Creó una esfera de Campo Oscuro desde la palma de su mano y trató de utilizarla para impactar a Yong-kum. Sin embargo, esta voló en cualquier dirección y terminó destruyendo un pedazo del techo. Milo invocó su otra espada, con su mano libre para reforzar su escudo, sosteniendo ambas espadas de forma cruzada para detener la técnica.
—Sin la instrucción adecuada, el Campo Oscuro no se maneja bien— Se burló el general, mientras seguía tratando de realizar su ataque.
—Milo— Dijo Melissa, quién acababa de acercarse al lugar— Entre más utilice Zack el Campo Oscuro, es menos probable que podamos revertir la posesión.
—¡Zack! ¡Por favor!— Gritó Milo, con lágrimas en los ojos. —¡Por favor! ¡No hagas esto! ¡Recuerda todo lo que hemos pasado! ¡Recuerda quien eres! ¡Por favor! ¡Te necesito!
Esas últimas palabras hicieron eco y tocaron una fibra sensible en Zack. Ver a la persona más importante de su vida frente a él, en ese estado. Dándolo todo por protegerlo y al mismo tiempo siendo tan vulnerable simplemente lo rompió. Comenzó a pensar en todo lo que había vivido. Su infancia, su padre asustándolo de muchas formas. A su madre, trabajando en el hospital. Su infancia, sus hermanos. Su tiempo como un Leñazack. Su primer día en la escuela Jefferson County, cuándo conoció a Milo. Y todo lo que tuvieron que pasar para llegar al presente. Su paseo con los subterráneos. Cuándo Milo hizo que ganaran el partido de futbol apoyando al equipo rival. El proyecto de ciencia con huevos. Esos maratones del Dr. Zone que vieron juntos. La vez que buscaron la nota de su doctor. La fiesta sorpresa de Milo. La ida al teatro para ver una ópera con Amanda. El día que visitaron a sus padres en sus trabajos. Todas las veces en las que Cavendish y Dakota intervinieron. El Atledecamatetlón. La pelea contra los pistachianos, las aventuras de cazadores de Krill con Tobias Trollhammer. La invasión extraterrestre. El secuestro de Milo. La esfera gigante de iones negativos. Todas esas imágenes pasaron en su cabeza, regresándolo al mundo real. Sonrío, pero se detuvo al notar que la posesión seguía activa. No obstante, ahora él la controlaba perfectamente. Fue entonces cuándo se percato de algo nuevo. Al final de cuentas, el Campo Oscuro no era otra cosa que un tipo de energía.
—Milo— Pronunció débilmente— Yo también te necesito.
Descendió al suelo y se sentó en posición de loto. Meditando a profundidad. Por alguna razón, sus guantes todavía le respondían perfectamente y con ellos fue capaz de sentir todo el campo oscuro en su interior. Inhaló y exhaló. Calmó su mente y su espíritu. De nuevo, todos sus recuerdos volvieron a cruzar por su mente a la vez que dejaba fluir sus sentimientos, sobre todo su ira. Ahora era claro para él que reprimirla nunca había sido la respuesta. Se permitió sentirla, con toda su intensidad, solo para después dejarla fluir. Se enfocó en todas sus emociones. Felicidad, tristeza, confusión, enojo, celos, ira, valor. Todas y cada una de ellas, sintiéndolas una por una, para después dejarlas fluir. De pronto, enfocó todas sus emociones en si mismo y le agregó el amor. El amor que sentía por su familia y amigos. El amor por su planeta. El amor por su vida. Dio un grito muy potente mientras se ponía de pie y separaba sus brazos con fuerza, mientras un enorme faro de campo oscuro se alzaba hacia el cielo, rompiendo el techo del buque de guerra en cada piso y alzándose hasta una gran altura, por encima de la trinchera en la que estaban. Hasta que tocó las nubes. El grito siguió con todas sus fuerzas. No era un grito de ira o frustración, si no uno de liberación. Su cuerpo comenzó a levitar en ese faro hasta que finalmente produjo una estrepitosa luz que obligó a todos los presentes a cubrir sus ojos. Yong-kum incluso detuvo su técnica de cambio de cuerpos que de cualquier forma no había funcionado. Cuándo la luz brillante cesó, la imagen que vieron todos los dejó boquiabiertos nuevamente.
En el cielo, levitaba pacíficamente Zack, con su esclera nuevamente blanca y un aura brillante con un movimiento similar al de una aurora boreal. Su iris, anteriormente gris, comenzó a tornarse de un brillante blanco, solo para apagarse gradualmente, revelando sus habituales ojos cafés. De la misma forma, la quemadura en su rostro también se iluminó, para después difuminarse hasta desaparecer. El ambiente se sentía cálido, con una gran presión que embriagaba a los otros dos adolescentes, deslumbrados ante lo que veían.
En algún lugar del espacio lejano, un hombre viajaba a toda velocidad, con seis cristales de colores que lo acompañaban, cuándo de pronto, se detuvo en seco al percibir una sensación que hacía eones no sentía. Una presencia imponente y tranquilizadora que era capaz de diferenciar en cualquier lugar del universo. Giró su rostro, en dirección al planeta Beethovia, solo para abrir los ojos como platos y bajar su mandíbula varios centímetros al utilizar sus poderes de clarividencia para ver lo que sucedía a millones de kilómetros de distancia.
—Ese chico— tartamudeó un poco— Ese chico logró utilizar la energía primigenia. La misma que utilizaban los Wan originales.
En esos momentos, Shar-cos dudó de lo que estaba haciendo. Pensó en tal vez regresar por dónde vino o incluso pensó en esperar a los refuerzos. Sin embargo, desistió rápidamente de esa idea, por varias razones. En primer lugar, el hecho de que Zack tuviera los mismos poderes que los Wan originales tenían no significaba que pudiera derrotar a Liarrem así como así. Aún tenía un largo camino a recorrer para dominar sus nuevas habilidades. Además, para él, los terrícolas ya habían hecho más que suficiente en esta guerra, como para lanzarlos como carne de cañón a esa batalla. Él tenía los cristales y la responsabilidad de mantener a Liarrem a raya, así que prefirió continuar su camino. Sin mencionar que ya le faltaba poco tiempo para llegar al planeta Octalia con la velocidad que llevaba. Por lo que sonrió, orgulloso de su antiguo estudiante y siguió su camino, esperando poder presenciar ese poder que ya conocía.
Los ojos de Zack parpadearon varias veces, adaptándose a la luz que había en el lugar. Lo que más anhelaba ver desde que había perdido la vista yacía frente a sus ojos y ahora, nuevamente podía verlo. Un chico de tez pálida, con un copete castaño recortado, una cicatriz en forma de cruz en el rostro y unos enormes ojos tiernos, que derramaron un par de lágrimas en cuanto se acercó a él. Y una chica de cabello rizado, naranja, con una enorme sonrisa postiza. Sonrió ampliamente, mientras seguía descendiendo hasta tocar el suelo. Milo no pudo más y se abalanzó sobre él, dándole un fuerte abrazo, acto que la chica imitó. El chico les correspondió el abrazo, mientras seguía asimilando lo que acababa de suceder. Ya no había rastro de campo oscuro en su cuerpo, y ahora se había vuelto un usuario de la energía primigenia del universo.
—Pensé que jamás sería capaz de ver sus lindas caritas otra vez, chicos— Les dijo, mientras trataba de controlar su aura, para no irradiar más energía de la necesaria.
—¿Cómo te sientes?— Preguntó su amiga.
—Mejor que nunca— Levitó de nueva cuenta, y comenzó a emitir luz desde la palma de sus manos, preparado para atacar a Yong-kum, quién simplemente caminaba resignado en dirección a dónde yacía su esposa, por lo que bajó su mano.
El hombre, caminaba paso tras paso, mientras el campo oscuro brotaba del interior de su cuerpo, invadiendo cada centímetro del exterior desde la base hasta la cabeza. Por suerte, logró llegar antes de ser consumido totalmente. Dio un suave beso en la frente al cuerpo de su esposa, que también se estaba transformando en eso. Se sentó a su lado, tomó su mano y poco a poco los dos comenzaron a disolverse en el aire, de la misma forma que lo habían hecho Marex y Vissarión anteriormente.
—Gracias— Fue lo último que pudo decir, mientras terminaba de desintegrarse, uniéndose al aire.
De un piso más arriba, a través del agujero en el techo un hombre, quién presenciaba todo solo pudo pronunciar un par de palabras.
—Esto no puede ser bueno
En ese momento, desde el centro del buque, una enorme explosión partió la gigantesca nave en dos mitades, creando un enorme hongo de fuego en el todo el exterior. El impacto fue tan grande que incluso una parte de la trinchera enorme se derrumbó en el lugar. Toneladas tras toneladas de metal fundido seguían cayendo por todos lados. En algunas partes, placas completas creaban montones. Una segunda explosión se suscitó en el puente de mando, mientras el derrumbe seguía enterrando los restos del buque bajo tierra. Básicamente toda forma de vida fue exterminada de ese lugar, toda forma de vida, a excepción de tres chicos, quienes brotaron de uno de los montones de escombros en llamas, cubiertos por un campo de fuerza transparente pero brillante, como si fuera una bella burbuja de vidrio soplado. Había sido conjurado por el moreno a través de sus nuevas habilidades, quién había logrado proteger a sus amigos de su inminente final y sin mucho esfuerzo.
—¿Qué acaba de pasar?— Preguntó el castaño, aún dentro de la burbuja de protección.
—Supongo que Yong-kum tenía un aparato ligado a su corazón que detonaría la autodestrucción de la nave si dejaba de sentir sus latidos.
—Nos tenía guardada una última sorpresa— Complementó el moreno, quien descendió la burbuja hasta una zona habitable dentro de los escombros.
En ese momento la chica recibió una nueva alerta en el dispositivo entregado por Remy.
—Hora de irnos. El viejo general dejó diez escuadrones de naves mosquito que vienen para acá. Parece que tenía miedo que sobreviviéramos a la explosión y quieren terminar de sepultarnos.
Zack pasó su mano imbuida de energía por enfrente de sus amigos, quienes de inmediato sintieron como la fatiga y cualquier rezago de daño desaparecían de sus cuerpos. El castaño sonrió, tomó sus espadas con fuerza, mientras que la chica tenía su energía rosada cubriendo sus puños preparada. El moreno simplemente seguía flotando con una gran aura a su alrededor así que comenzaron a correr entre los escombros de la nave, esquivando los restos humeantes y abriéndose paso hacia el exterior. La velocidad con la que corrían era inhumana. Lograron salir, solo para percatarse que las naves mosquito ya estaban esperándolos. Ninguno de ellos dudó, Milo comenzó a correr inclinado, con las espadas a sus costados y de un momento a otro empezó a saltar por encima de los vehículos enemigos, cortando unos y utilizando otros como plataforma. Su mejor amiga le siguió, se le ocurrió que podía crear un camino de energía y deslizarse sobre él, como si fuera una alfombra mágica voladora, probando que ella era bastante creativa para usar sus poderes. Podía usar sus propias construcciones de energía para cortar cada nave por la mitad. Zack simplemente se limitó a volar hasta llegar al nivel de un escuadrón completo. Cruzó sus brazos y todas las naves enfrente de él comenzaron a despedazarse rápidamente sin que él tuviera que hacer mucho esfuerzo. Otra oleada llegó, sin embargo, unos disparos desde el cielo anunciaron la llegada de los refuerzos
—"¿Quieren que los llevemos?"— Dijo un muy feliz Dakota, desde el altavoz del Azulejo Sagrado que descendía a gran velocidad, eliminando varias naves mosquito en el proceso. Acompañado del mismo escuadrón Prince-1, quienes los habían ayudado en su misión anterior.
Los tres adolescentes no dudaron, comenzaron a escalar ese lugar atrincherado. Desviaron disparos y destruyeron tantas naves enemigas como fue posible, mientras seguían corriendo en dirección vertical, o levitando, en el caso de Zack. El Azulejo Sagrado llegó a una altura decente, dio media vuelta y abrió su rampa de acceso inferior. Melissa aprovechó su alfombra mágica improvisada para llevar a Milo hasta la nave y abordar junto con él. Para cuándo ambos estaban adentro, las naves mosquito restantes ya habían sido derribadas. Ambos chicos se sujetaron de unos asideros que estaban junto a la rampa, y se giraron hacia Zack, quién les daba la espalda. El moreno simplemente sonrió, chocó sus palmas un par de veces y chasqueó los dedos para finalmente extender sus palmas en dirección al buque de guerra que humeaba en llamas, el cuál se apagó al instante. Solo entonces, el chico abordó la nave, mostrándose bastante alegre de reunirse con sus amigos nuevamente, mientras los pilotos daban la vuelta y comenzaban a volar en otra dirección.
Los tres chicos subieron, para encontrarse con todos. Quorra piloteaba la nave, con Theseus como copiloto. Doofenshmirtz, Perry, Cavendish y Dakota estaban por detrás de ellos. Los cuatro pasajeros se pusieron de pie y corrieron en dirección al castaño en cuanto lo vieron.
—¡Milo!— Dakota fue el primero en rodearlo en cuanto lo vio.
—¡Murphy! ¡Estás vivo!— Exclamó el británico quién también estaba feliz de verlo. Perry también se unió al abrazo, castañeando sus dientes.
—¡Hermanito! ¡Cuánto tiempo sin verte!— El doctor fue el último en unirse.
—No soy tu hermano, doctor— Dijo mientras correspondía al abrazo grupal— Chicos, cuánto tiempo sin verlos. Me da gusto que estén por aquí. ¿Dónde estaban?
—Muertos en el futuro— Respondió Dakota, con simpleza. Milo al escuchar eso sabía que de cierta forma no le estaban mintiendo —Por cierto, hay alguien que debes conocer.
Theseus se puso de pie y caminó en dirección al joven castaño.
—¡Tío Milito!— Dijo, mientras estrechaba su mano.
—¿Tío?— Milo se notaba confundido.
—Yo soy tu tátara tátara etcétera sobrino.
—Es una larga historia, verás...
Las palabras de Dakota fueron interrumpidas por la madre de Quorra, quién ingresaba en la cabina de mando acompañada por Remy.
—Debemos regresar al palacio real. Debemos decidir que pasará con Billius. Y sobre todo, comenzar a planear nuestro movimiento en contra de ese Liarrem.
—Tenemos que preparar a todo el ejército, mamá— Le solicitó la piloto, sin soltar los comandos ni dejar de mirar el camino.
—¿Pueden llevarnos al palacio?— Le preguntó Milo a su muchos tátaras sobrino.
—Podríamos, pero ya me puse la pijama— Le respondió el hombre del futuro a lo que todos rieron al mismo tiempo.
Milo abrió los ojos lentamente, estaba completamente abrumado. Se percató que estaba en su litera, en su propia habitación, con poca iluminación. Era de noche. Bajó la escalera de mano cuándo notó su viejo escritorio, de madera, sobre el cual descansaba su laptop. Estaba confundido. «¿Por qué estoy de regreso en la tierra?» dijo en su mente. Estiró sus brazos, para llamar a sus espadas pero nada sucedía. Se miró en el reflejo de la ventana y se percató que llevaba su característico copete de tamaño real, en lugar del cabello desordenado que recordaba de los días recientes. Sobre su silla reposaba su pijama de ornitorrinco, manchada de chocolate caliente.
—¿No me había deshecho de esto ya?— Preguntó mientras un clavo de una de sus repisas se soltaba, dejando caer una rueda decorativa sobre un libro que estaba al borde de su cómoda, arrojando un lápiz que estaba sobre el libro como si fuera una catapulta, el cuál atravesó su cabello y se clavó sobre la estructura de sus cortinas, dejándola caer sobre un cable que estaba conectado a la corriente eléctrica, el cuál echó una chispa que comenzó a incendiar la cortina. Milo no dudó, tomó su clásica mochila verde y de su interior extrajo un extintor de bolsillo con el que apagó las llamas antes de que se propagaran—¿Mi mochila?
De pronto, una voz se escuchó desde afuera de la puerta.
—"¡Milo! ¡Hora de cenar!"— Dijo la dulce voz de su mamá.
—Todo fue un sueño— Atinó a decir. El alivio en su voz era genuino. Comenzando a cuestionarse qué había ocurrido en realidad. Incluso dudaba de haber ido a Octalia en primer lugar. De pronto, tomó un marco con una foto en la que se les veía a él, Zack, Melissa y Quorra sonriendo con Shar-cos por detrás de ellos, al ser el más alto. Sonrió y apartó la fotografía por un instante, con una enorme sonrisa en su rostro, cuándo de pronto, sintió la necesidad de ver la foto de nuevo. En su lugar, estaban Vissarión, Marex, Yong-kum y Moaze con una enorme Nebulosa a sus espaldas. Milo arrojó la fotografía demasiado lejos en un sobresalto y cerró sus ojos con fuerza, cuándo de pronto los volvió a abrir, esta vez, su amiga pelinaranja estaba frente a él con cara de preocupación.
—Milo ¿Estás bien?—Le preguntó la chica.
—¿Qué pasó?— Preguntó y comenzó a observar sus alrededores. Pudo ver el interior de una especie de nave militar con estética beethoviana. Comenzó a recordar lo que había pasado. Después de llegar palacio real, la madre la Quorra fue nombrada Reina Interina. La reina activó la Ley Marcial y ordenó que todo el ejército de Beethovia se reuniera al amanecer, poniendo a Quorra y a Remy a cargo de él. Todos abordaron un gran buque de guerra beethoviano dónde Milo pidió dar un comunicado para todo el universo y después de eso, cayó al suelo debido al agotamiento.
—Diste tu mensaje a todo el universo por la red intergaláctica y después te desmayaste— Sonrió y lo ayudó a reincorporarse— Te recostamos en esta cama, dormiste tus ocho horas. Ya casi amanece. Nos dirigimos al punto de reunión. Deberías comer algo y bañarte. Pero antes, logramos comunicarnos con la estación de monitoreo de Danville. Tus papás y Sara están esperándote para una video conferencia.
Milo se puso de pie rápidamente al escuchar eso y corrió hacia la habitación contigua, dónde en una pantalla logró divisar a las tres personas que estaban al otro lado de la llamada, con ojos casi vidriosos. El jefe de la familia sostenía a un perrito en sus brazos.
—¡Mamá! ¡Papá! ¡Diogee! ¡Sara!
—"¿Yo voy después de Diogee?"— Preguntó la rubia con indignación.
—"Milo, escuchamos tu mensaje. No podríamos estar más orgullosos de ti"— Le dijo su padre, con tono cálido.
—"Sabíamos que si alguien podía arreglar este gran desastre, eras tú"— Añadió su madre, con tono melancólico y ojos decaídos.
—Mamá...— Atinó a decir. Sabía que su madre estaba a punto de llorar.
—"Es solo que quisiera que esto terminara ya y volvieras a casa"— Una lágrima se resbaló sobre su mejilla por lo que salió un momento de cuadro.
—"Hermanito"— Ahora fue su hermana la que hablaba— "Sabes que lamento mucho no estar ahí para ayudarte. Pero creo que a estas alturas, solo sería un estorbo más que una ayuda"
—No digas eso, Sara. Realmente te extraño mucho. A todos. Ya quiero que esto termine para volver a casa.
—"Hijo, realmente no quisiéramos que fueras hacia allá, pero sabemos que es tu destino".— Añadió su padre mientras su esposa regresaba a cuadro.
—"Melissa nos contó como fue que los tres liberaron al pueblo de Beethovia. Casi le da un infarto a su padre cuándo se enteró de todo lo que pasó"
—¿Lograron calmarlo desde la última vez que llamó histérico?
El equipo se comunicaba con frecuencia a la tierra reportando sus avances. Tanto los padres de Milo, como los padres de Zack y el padre de Melissa estaban enterados de los poderes que los tres adolescentes ostentaban. También conocían perfectamente a Shar-cos y a Quorra. Richard, el padre de Melissa seguía sin estar de acuerdo con que su hija viajara así con ellos, pero a estas alturas, lo único que podía hacer era apoyarla. Ya lidiaría con ella cuándo regresaran todos.
—"Hizo otro berrinche ayer en la junta de Danville"— Dijo Brigette con risa en su voz— "Ahora, explícanos una cosa. ¿Cómo es que ahora tenemos un tátara tátara tátara... sobrino?"
—Créanme. Ni siquiera yo estoy seguro de cómo pasó.
Siguieron hablando por unos minutos más, hasta que de pronto, la madre de Milo dijo:
—"Milo, por lo que más quieras. Cuídate mucho."
—No se preocupen por eso. Mañana, a esta hora, el universo volverá a vivir una era de paz y armonía— Miró a la entrada, dónde lo esperaban Zack y Melissa—Me tengo que ir. Los amo mucho. De verdad.
—"También te amamos"— Respondieron los tres al unísono, solo para que al final Diogee diera un par de leves ladridos.
—También a ti te amo, pequeñito. Vuelve a casa con mis papás
El vídeo se apagó. El rostro de Milo era un crucigrama. No se podía saber si se sentía feliz o melancólico. Milo salió de la habitación y caminó en dirección que sus amigos le indicaron, dónde un sistema de ducha automatizado lo dejó listo después de dos minutos. Después, se dirigieron al comedor, dónde comieron los tres lo mismo que todos los miembros del ejército comían. Milo tomó una fruta que parecía una manzana espacial y los tres se dirigieron al puente, dónde Quorra los estaba esperando. Mientras caminaban, Zack se percató que en el brazo derecho del chico había un nuevo objeto, una bonita pulsera gris tejida a mano.
—Linda pulsera— Le dijo el Moreno.
—Yo la hice para...— Un leve sonrojo se produjo en su rostro, pero fue capaz de controlarlo ya que habían llegado al puente de mando, dónde su amiga hablaba con un técnico.
—Princesa, terminamos de anclar la fragata extraviada a una de las ranuras disponibles y logramos instalar el propulsor mejorado— Dijo uno de los asistentes.
—Me parece bien— Respondió la chica, mientras se giraba a sus amigos y el asistente se retiraba— ¿Están listos?
—Si— Dijo Milo, con una emoción extraña en su voz.
Los cuatro adolescentes divisaron a través de los cristales del puente el hermoso espectáculo. La nave insignia flotaba en el centro del vacío, inmensa, como una montaña metálica suspendida en la nada. Su superficie estaba cubierta de torres, antenas y luces que parpadeaban con un ritmo lento. Todos los buques de guerra de Beethovia estaban diseñados para que naves más pequeñas pudieran anclarse en el exterior y de esa manera fuera más fácil desplegarlas a la hora de la batalla, por lo que todos los buques estaban siendo parasitados por naves mucho más pequeñas. La nave insignia llevaba anclada la fragata que los chicos habían dejado abandonada al llegar a Beethovia, así como el Azulejo Sagrado. El buque avanzaba lentamente en el espacio, su sola presencia imponía una sensación de peso, de poder contenido. Frente a él, el espacio era una llanura infinita y oscura.
Las primeras naves comenzaron a llegar desde puntos lejanos del interior del planeta, apenas destellos que cruzaban la oscuridad. Eran naves largas y delgadas, rápidas, que se acercaban en formación cerrada. Luego llegaron otras, más pesadas, con cascos gruesos. Una a una, fueron ocupando su lugar alrededor de la nave central.
El puente de mando sobresalía del casco principal como una aguja, y allí estaban los cuatro, de pie, observando en silencio. Por detrás de ellos, cuatro adultos más se unieron, acompañados de un ornitorrinco. Tenían el cuerpo bañado por el reflejo de las luces que venían desde las naves recién llegadas. No hablaban. No hacían gestos. Solo miraban cómo la flota se reunía, como si hubieran esperado ese momento durante mucho tiempo.
Conforme pasaban los minutos, el número de naves aumentaba. Fragatas de combate, cargueros blindados, estaciones móviles y cazas en formación pasaban frente a ellos, cada una tomando su lugar con precisión casi mecánica. Algunas se alineaban en filas paralelas, otras formaban anillos defensivos o agrupaciones compactas. Todo se movía con una calma calculada.
Desde cierta distancia, la escena adquiría otra escala. Lo que desde la plataforma se sentía como una reunión ordenada, desde lejos parecía una ciudad flotante en expansión, un enjambre de luces y acero que se extendía por kilómetros. Era imposible contar cuántas naves había. Las más pequeñas parecían estrellas errantes, y las más grandes, como estaciones enteras deslizándose en cámara lenta.
El planeta Beethovia cada vez quedaba más lejos, por detrás de ellos. La flota se alejaba más y más de él, reuniéndose según lo acordado. Como si el acto mismo de unirse ya fuera una declaración de victoria.
Y cuando pareció que ya no llegaría ninguna más, el espacio quedó en silencio otra vez. Miles de naves suspendidas en orden perfecto. Solo la presencia masiva de un ejército esperando, al pie del punto de salto en dirección a Octalia. Preparado.
[... (Es muy divertido) ...
... (Vamos ya con Milo, si) ...
... Ya me voy y quiero decir gracias a todos... ¡Whoa! ...
... (Vamos ya con Milo, si) ...
... Resbalé en un cráter y ahora estoy todo sucio ...
... Esperando qué sucederá ...
... Y no sigo nunca yo las reglas ...
... No sabemos lo que pasará ...
... Casualmente suceden las cosas ...
... (Suceden las cosas, suceden las cosas) ...
... (Casualmente así suceden las cosas) ...
... (Y lo que sigue será sensacional) ...
... (Vamos ya con Milo, si) ...
... Muy bien, muchas gracias, sigan con la motivación ...
... (Vamos ya con Milo, si) ...
... (Whoooa whooooa) ...
... No voy a estar viendo pasar los mundos ...
... Dar una vuelta pido ...
... (Vamos ya con Milo si) ...
... Mi universo es divertido...]
—"Alerta roja, alerta roja, esto no es un simulacro"— Repetía una y otra vez las pantallas de respaldo dentro del cuartel general de la O.S.B.A., en la subsección correspondiente a la O.E.S.B.A.—"Todos los agentes repórtense al hangar principal"
—Carl ¿Dónde demonios estás?— Preguntó un hombre de ceja larga, nariz grande con bigote y traje verde.
—Aquí señor— Respondió por detrás de una nave espacial en reparación.— Aún estamos esperamos órdenes de parte de la cadena de mando.
Todo dentro del cuartel era un caos. Los agentes corrían despavoridos de un lado a otro, sin saber como reaccionar a la situación actual. De pronto la pantalla principal mostró estática por unos segundos y de un momento a otro se recuperó la imagen, mostrando a un hombre con barba de candado y parche en el ojo.
—"Monograma"— Pronunció el hombre en esa pantalla.
—Director Fury— Respondió con temor en su tono de voz.
—"¿Cuál es la situación del Agente P?"— Preguntó sin más rodeos— "¿Confirma el mensaje del joven Murphy?"
—Así es señor, nos dio un informe poco antes de que Milo hiciera esa transmisión. ¿Cuál es el protocolo a seguir?
—"Prepara a todos tus agentes de campo y todas las naves espaciales disponibles. Todas las agencias están en alerta máxima. S.W.O.R.D. está preparando un equipo de respuesta. También tendrá que ir O.E.S.B.A. Llevaremos refuerzos especiales a Octalia al amanecer"
—¿Refuerzos especiales?— Cuestionó con preocupación.
—Me comuniqué con Stark hace unos minutos. Es hora de reunir a Los Héroes Más Poderosos del Planeta. Es hora de llamar a Los Vengadores.
El Mayor Monograma jadeó al escuchar ese nombre, recordando como fue la última vez que algunos miembros de Los Vengadores se reunieron en Danville.
Fin
