Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es anhanninen, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to anhanninen. I'm only translating with her permission.


Capítulo 10

Me despierto sintiéndome menos muerta y me ducho, con cuidado con los puntos del costado. Me cepillo el pelo, me hago un moño desordenado y me pongo unos jeans y una camisa de franela. Me pongo el cinturón de la pistola alrededor de la cintura y me siento como una jefa otra vez. Soy Isabella Swan, jefa de policía. ¡Escúchame rugir, carajo!

—Adiós, Lysses. —Le rasco la barbilla a mi hijo y me dirijo a mi camioneta.

Saludo al señor y la señora Davenport, que están rastrillando hojas, y me subo, poniendo en marcha a la vieja chica. En realidad, no es vieja. James nos regaló camionetas patrulla nuevas el año pasado. Ese pequeño nerd es mi favorito. Me envió flores al hospital con una tarjeta de "Mejórate pronto". Tendré que darle las gracias en la próxima noche de póker; aunque estoy segura de que las flores fueron idea de su esposa, Victoria. Es una mujer encantadora y jueza del concurso de repostería.

Quizás debería enviar una tarjeta de agradecimiento ahora para adularla un poco.

No es hacer trampa.

Conduciendo por el pueblo, veo que las tiendas se están preparando para el festival del próximo fin de semana. La cafetería de la Sra. Cope tiene el cartel del concurso de repostería con las reglas. Ella está a cargo y es la jueza principal. Me aseguro de preparar sus favoritos, por eso hago una tarta de arándanos cada año. El año pasado, hice una corteza en forma de bandera con estrellas y rayas recortadas, que le encantó. Este año todavía no he descubierto cómo superar eso, pero lo haré.

Me detengo en la estación y entro, encontrando una pequeña celebración para mí. Tienen una pancarta de bienvenida y donas.

Eric es un gran ayudante.

—Buenos días, jefa —dice—. Supuse que le tocaba un poco de fanfarria a nuestra gran jefe.

Sonrío, negando con la cabeza.

—Veo que invitaste a los bomberos.

Jasper y Emmett se acercan, turnándose para abrazarme suavemente.

—No intentes morirte otra vez —dice Jasper, dándome una palmadita en la espalda.

—Haré lo que pueda. ¿No hay ninguna emergencia en este pueblo esta mañana?

Niega con la cabeza.

—No, está bastante tranquilo por ahora. Tuve un accidente en la calle 81 temprano, pero nada más, así que decidimos pasarnos a disfrutar de la comida.

—De nuevo, las donas son para policías, no para bomberos —bromeo.

—Las donas son para todos —dice, dándole otro mordisco.

El resto del departamento me da la bienvenida y finalmente me dirijo a mi oficina para ponerme al día con el papeleo. Se siente bien estar de vuelta. No me quedo mucho tiempo, solo unas horas antes de que el dolor se vuelva insoportable.

Necesito algunas cosas de la tienda, así que me detengo y las compro. No puedo levantar la arena para gatos, así que le pido ayuda a un chico de las bolsas, y él la pone en mi carrito mientras veo a la rubia alta de Edward caminando por la tienda. Definitivamente no vive en el pueblo, así que debe estar aquí para visitar a Edward, y tengo curiosidad, así que la sigo, añadiendo cosas innecesarias a mi carrito para que no parezca que la sigo.

Es un maldito bombón y tiene filetes y camarones en su carrito.

Debe estar preparándole la cena.

Una cena elegante.

Mientras tanto, mi carrito tiene tampones y comida para gatos.

La sigo demasiado de cerca cuando se detiene de golpe y casi la embisto.

—¡Lo siento mucho! —digo mientras me mira.

Sonríe, y odio lo bonita que es.

—No pasa nada. —Mira mi pistola—. Eres la heroína del pueblo, ¿verdad?

—Eh... jefa de policía.

Asiente con la cabeza.

—Así que, la heroína. Saliste en el periódico, y Edward no ha parado de hablar de ti.

—Es mi vecino. ¿Me ha mencionado?

—Me contó todo sobre cómo tuvo que salvarte la vida porque eres terca y no pediste ayuda cuando la necesitabas.

—Lo tenía bajo control. ¿Cómo iba a saber que me iba a colapsar un pulmón? Además, habría pedido ayuda. Él se me adelantó.

—Claro.

—Así que debes de ser su novia.

Se ríe.

—Para nada. Soy su hermana, Rosalie.

Arqueo una ceja.

—¿Hermana?

Asiente, sin dejar de reír.

—Sí. Uf, no puedo creer que pensaras que saldría con él. Es tan obsesivo y frustrantemente molesto.

—¡Lo es! ¡Gracias! Me deja notas en los cubos de basura y se enfada cuando no limpio la acera lo suficientemente rápido.

—Imagínate crecer con él, cariño. Compartíamos baño y dejaba notas sobre todo.

Solo puedo imaginar lo molesto que sería. Por alguna razón, me alivia que no sea su novia. Qué raro. O sea, me daría pena si lo fuera, porque claramente no es de los que se dedican a una sola mujer.

—¿Quieres ir a mi casa a tomar algo y hablar mal de tu hermano? —pregunto.

—Oh, sí. Acabo de comprar una botella de vino tinto increíble.

Asiento.

—Tengo una botella de ron de un galón. Debería servirnos. Te veo en mi casa cuando termines.

Sonríe.

—Perfecto.