"¡Sticks, hazlo!", gritó el equidna a la Tejón.

"¡Maldita sea, odio todo!", exclamó Sticks exasperada mientras soltaba a Ana y colocaba sus manos formando un marco con los dedo dentro del cual desde su punto de vista encajó a la gran bomba. "¡Di Queso!".

Cuando la Tejón dio la orden, un as de luz emanó de su brazalete, concentrando la energía dentro del marco de sus dedos y expandiéndose hasta abarcar toda la bomba, la cual quedó congelada a escasos instantes de explotar.

"¡Ahora!", gritó Sticks hacia Knuckles.

Con toda su fuerza, Knuckles golpeó la bomba, haciendo que atravesara por completo la pared que daba al exterior y cayera al vacío. Cuando la bomba salió del campo de Visión de Sticks, la energía que les conectaba se hizo rompió como un cristal y se deshizo en el aire, haciendo que la tejón colapsara al lado de Ana. Pocos instantes después la bomba explotó, destrozando gran parte del edificio y sus cimientos. El piso donde en que todos se encontraban empezaba a colapsar, trozos enormes de cemento caían del suelo dejando grandes boquetes capaces de tragarse a una persona. Bean se encontraba inconsciente, quizá exhausto del esfuerzo que le supuso crear semejante bomba; fue recogido por un aún aterrorizado Bark, que también llevaba en sus brazos a un tembloroso Fang. El gran oso Blanco saltó al exterior antes de que el techo le cayera encima.

"¿S-señorita Sticks...?", Ana intentó hacer que reaccionara, sin éxito. "¡Señorita!".

"Es inútil, no despertará hasta que recupere sus fuerzas", dijo Knuckles aproximándose rápidamente a las chicas.

"¡El edificio se está cayendo a pedazos! ¡Vamos a terminar aplastados!", gritó Ana, desesperada.

"No en mi guardia. Tengo una idea ¿Crees poder llevarla?".

"Podría intentar..."

La Liebre levantó a Sticks como buenamente pudo , llevándola en su espalda. Knuckles se inclino frente a ella indicándole que se subiera ella también a su espalda. Mientras Ana tomaba posición, notó algo... Ya no sentía miedo, al menos no ese miedo abrumador irracional que le paralizó, solo el usual miedo de ser aplastada por los escombros. El suelo se deshacía bajo sus pies, no había el suficiente espacio como para hacer carrera y saltar lejos del derrumbe. Ana no entendía como serian capaces de salir, pero entonces bajó la mirada y vio como los puños de Knuckles brillaban con una especie de flama rojiza que de alguna forma, pese a su tamaño, no parecía emitir calor.

"¿Lista?", preguntó Knuckles a la Liebre.

"¡S-si!".

El equidna izó sus dos puños en el aire y realizó un movimiento como si atacase con dos látigos, las bolas de fuego rojo que se habían formado en su puños salieron volando y se clavaron en las paredes que aun permanecían en pie de la habitación en ruinas, estas estaban conectadas a las manos de Knuckles por unas cadenas rojillas y translucidas de las que también emanaba ese extraño fuego rojo. Knuckles tomó espacio dando un par de pasos hacia atrás y, ayudado de las cadenas, se impulsó con fuerza hacia adelante, saliendo disparado como una bala antes de que el despacho se derrumbara por completo.

Ana había cerrado los ojos antes del salto y cuando los abrió se encontró con una vista clara del firmamento y el viento silbando en sus orejas. Estaba volando, para su asombró estaba definitivamente volando, el equidna debajo de ella simplemente permanecía con las manos, de nuevo envueltas en llamas rojas, extendidas hacia adelante como si fuese un superhéroe, impasible, como si este milagro fuese natural para él.

"¡¿Puedes volar?!", preguntó incrédula la liebre.

"Planear", corrigió el equidna.

"¿Los equidnas pueden volar?".

"Planear. Soy el único equidna que conozco, así que asumo que si".

"¡Qué genial!".

"No te acostumbres, pierdo altitud. Debemos encontrar un lugar seguro para aterrizar y atender a Sticks, necesita recuperar nutrientes".

"¡Ya sé! ¡El comedor queda por allá".

"Pues para allá va-"

Un sonoro estruendo los interrumpió y después, muy cerca de ellos, una bala de cañón pasó volando a escasos centímetros. Se percataron de que el asentamiento había activado su sistema de seguridad y en las torres de vigilancia que se encontraban a lo largo del gran muro aparecieron enormes cañones dispuestos a dispararles.

"¡Si una de esas cosas nos da, seremos historia!".

"Sé como ganar tiempo. Sostente fuerte, voy a liberar el aura de hace rato".

"¿Qué? ¡No, por favor!", suplicó la liebre.

"No queda de otra..."

Ana se resignó y se apretó ella y a Sticks con más fuerza contra la espalda del Equidna. A los pocos segundo pudo sentirlo, ese aborrecible y profundo terror. De pronto ya no le fascinaba estar tan lejos del suelo, de su cabeza no podía sacar la imagen de ella estrellándose contra el suelo o siendo impactada por la bala de alguno de los cañones, la fin era algo que se cernía como una bruma sobre ella. Volvió a cerrar los ojos y esperó a que todo terminase de una vez por todas.

El trio pudo aterrizar de forma atropellada cerca de las barracas. Mientras Knuckles se deslizaba por la tierra, Ana y Sticks salieron volando hasta caer unos metros más adelante. Ambas se encontraban aterradas, incluso inconsciente se podía notar como la influencia del aura de Knuckles calaba en Sticks, temblando de forma incontrolable. Mientras que Ana intentaba luchar fútilmente contra el miedo, abrió los ojos y pudo percatase de la magnitud de la situación. El aura que partía del Equidna abarcaba sin ningún problema todo el asentamiento y más allá, varios cientos de metros cúbicos, una esfera perfecta de un kilometro hecha de terror absoluto. Los cañones de las torres estaban paralizadas, y los trabajadores que se encontraban en los alrededores se encontraban petrificados, presas del miedo.

Del comedor cercano alguien salió con estrepito.

"¡¿Qué está sucediendo?!", exclamó la búfalo mientras corría despavorida. "¿Volvieron los FF?".

Cuando la Búfala vio a Ana tiritando en un rincón fue de inmediato a socorrerla.

"¡Mi niña! ¿Estás bien? Me dijeron que estabas con el Amo Fang y cuando ocurrieron las explosiones me preocupé muchísimo. ¿Cómo llegaste aquí? ¿Qué está pasando?".

Ana intentó señalar con su mano temblorosa en dirección al equidna. Cuando la búfalo le observó se puso de inmediato en guardia, intentando proteger a Ana.

"¿Eres de los Freedom Fighters? ¿Qué más planeas arrebatarnos ahora que ni libertad tenemos?", le recriminó.

"No tienes miedo...", observó Knuckles.

"¿Miedo de qué? ¿De ti? ¿Por qué habría de tenerlo? Ya he visto la muerte de cerca antes y tu, enano rojo, ni te le comparas.

"Interesante... Oiga, no hay necesidad de herir mis sentimientos, no soy un FF... ni mucho menos un enano. Venimos a ayudar", Knuckles dio un pequeño vistazo a sus alrededores. "Este parece ser un lugar seguro para hacer Guardia".

De a poco el aura fue retrayéndose hasta concentrarse en las flamas rojas en los puños del equidna.

"¿«Venimos»? ¿Hay más?", interrogó la Búfalo.

"¡Señora Genara!", exclamó Ana intentando llamar la atención de la Búfalo. "¡Él dice la verdad! ¡Vienen a salvarnos! ¡Él y ella!", dijo la liebre señalando a la Tejón inconsciente.

"Ella necesita comer algo ¿La puedes ayudar mientras me ocupo?", pidió Knuckles.

La búfalo Genara se quedó observando desconfiada al equidna, luego volteo su mirada a la indefensa Tejón y a la suplicante liebre, entonces su dura expresión y su corazón se ablandaron un poco.

"Bien, ayudare a la chica solo porque ese es el deber ser. Pero a menos que seas un ejercito de un solo hombre, dudo que puedas con las fuerzas del Amo Fang por tu cuenta, enano".

"No soy Enano, Soy un guardián", las flamas de sus puños brillaron con más fuerza. "Acabar con quien ose enfrentarme por mi cuenta es lo que hago", Knuckles liberó sus puños de fuego, que cayeron sobre el suelo dando un gran estruendo junto a las cadenas tintineantes.

A lo lejos se podía oír el sonido de cientos de pasos organizados, las fuerzas de defensa se estaban aproximando. Knuckles se encaminó hacia su encuentro, llevando arrastras los puños de fuego. Pudo ver como las torres de vigilancia volvían a reactivarse para reiniciar el fuego. El primer pelotón de soldados apareció, una docena de hombres bien uniformados y armados con Wispon, al mando de dos veintenas de cautivos temerosos que tan solo portaban herramientas de trabajo, palos y rastrillos.

"¡No lastimes a los trabajadores!", gritó Ana detrás de Knuckles. "Ellos son victimas también".

"A los soldados si le puedes hacer lo que quieras", agregó la búfalo. "Nos vendieron a todos nosotros a cambio de un trato marginalmente mejor".

"Es bueno saberlo...", respondió el equidna.

Uno de los cañones de las torres abrió fuego, la bala surcó los cielos en dirección a Knuckles. Este agitó sus puños de fuego como látigos y los lanzó hacia la bala, atrapándola en el aire y, haciendo un movimiento giratorio, la redireccionó de regreso a donde había sido lanzada, destrozando por completo la torre. Cuando los trabajadores vieron tal demostración de fuerza quedaron petrificados. Todos voltearon a ver al equidna como si de un monstruo se tratase.

"Boo", exclamó despreocupado Knux, a los que los trabajadores salieron huyendo despavoridos.

"¡¿A donde creen que van?!", gritaba uno de los soldados al mando. "¡Regresen de inmediato o...!".

El soldado no pudo terminar su frase antes de ser tomado por el talón, lanzado por los aires y terminar estampado contra el suelo. Otro de los soldados fue aprisionado por las cadenas y, con un movimiento giratorio como el de un tornado, ser lanzado contra una de las torres de vigilancia. Otro soldado fue elevado por los aires y cayó presa de una seguidilla de ataques aéreos que le hicieron salir despedido como bala hasta la otra punta del asentamiento. Otros dos soldados fueron cada uno tomados por uno de los puños, zarandeados como sacos de papas y expulsados en direcciones contrarias por la fuerza centrifuga del giro del equidna. Los soldados que quedaban empezaron a temblar y a mirarse entre ellos, sin saber que hacer. Knuckles se limitó a retraer las cadenas de sus puños de fuego y a mirarles de forma desafiante.

"¿Quien es el siguiente?".

Un fuerte estruendo resonó a lo lejos, una alarma peculiar empezó a sonar y los soldados intercambiaron miradas cómplices antes de sonreír con malicia hacia Knuckles.

[¡Se acabó el juego, alcornoque!], la voz de Fang se oía a través de los altavoces que rodeaban el asentamiento.

La tierra empezó a temblar con golpes periódicos que parecían ser pasos de un gigantesca bestia. Emergiendo a lo lejos, visible por encima de los dejados de las barracas, un enorme mecha con la apariencia de Fang pero con partes de su cuerpo reemplazadas por chatarra y armas improvisadas, se aproximaba de forma lenta pero amenazante a donde se encontraba Knuckles.

[¡Voy a convertirte en el tapete que pondré en el piso de mi próximo nuevo despacho y me limpiare los pies sobre ti cada maldito día hasta que te deshagas y le lance a la basura! ¡¿Me oíste, imbécil?! ¡Este es tu fin!]

"Nah", Knuckles se tronó el cuello y los nudillos. "Hoy no es mi fin, ni mañana, ni el día después... No mientras aun tenga un juramento que cumplir".


Entonces... dos años después de La Unión.

La mirada del equidna se encontraba perdida en el infinito horizonte del desierto, su gran y confiable sombrero de caza tesoros le protegía del sol abrazador y una túnica de tela gruesa de la arena que viajaba con el viento. Se encontraba meditabundo, como indeciso, perdido en sus pensamientos. Aquella sensación no abandonaba su cuerpo, y cada día parecía acrecentarse aun más.

Por el horizonte vio surgir una silueta que se aproximaba a su encuentro a una velocidad pasmosa. Cuando estuvo lo bastante cerca pudo identificar a Amy viajando en su X-Gear. A la eriza las púas de su cabellara ya le tocaban los hombros, había desistido de cortárselo por temor a empeorarlo, siendo incapaz de cortárselo ella misma de forma satisfactoria. También había empezado a vestir un chándal con capucha junto a una falda larga para combatir el inclemente sol y el árido viento del desierto. Fue muy dramático para ella el tener que sacrificar uno de sus vestidos de fiesta favoritos para adaptarlo a sus nuevas necesidades, pero no eran tiempos para fiestas, y quizá jamás fuera a haber.

Amy bajó la velocidad conforme se acercaba a Knuckles para luego saltar del X-Gear y transformarlo en su modo maletín. A sus espaldas llevaba una gran bolsa de lona llena de objetos varios.

"¿A que no adivinas que encontré?", retó la eriza.

"¿Agua potable?"

"También, pero no me refiero a eso", Amy empezó a rebuscar entre las cosas de la bolsa que llevaba.

"Me lo muestras luego, si seguimos aquí afuera, el sol nos va a..."

El equidna se quedó en silencio al ver que la eriza le entregaba un racimo de uvas frescas.

"¿De donde...?"

"Las conseguí cerca de donde encontré el agua. Quise traerme toda la vid, pero recordé que tampoco es que estemos nadando en recursos para mantenerla, así que me conforme con traerte esto".

"Yo... gracias", dijo el equidna con un aire melancólico en su voz.

"Hey ¿Por qué la cara tan larga? Tampoco estamos tan mal ¡Conseguí muchísimo más aparte de las Uvas! Vamos a darnos un banquete para cenar ¿Te parece?".

"Seguro...".

Ambos desplegaron sus X-Gears y surcaron el desierto de regreso a casa. Bajaron por lo que era la costa occidental de la isla en la que se encontraban y llegaron al fondo de lo que fue el fondo marino antes de La Unión. Los océanos se habían secado casi por completo, lo que hizo posible el viajar de isla en isla casi a pie atravesando el desierto que se habían vuelto. Los grandes montículos de tierra sobresalían como monumentos de un mundo que ya no existía, poblados únicamente por vegetación seca y algún que otro rastro de un incendio forestal. El sol brillaba inclemente en el pálido firmamento, ni una sola nube se veía en kilómetros en la redonda. Detrás de los viajeros se formaba una gran nube de arena que se diluía en el viento.

"Te dije que mi intuición no mentía", decía Amy. "Y tú con tu terquedad no me querías hacer caso".

"Me cerraste la boca, o mejor dicho me la llenantes", respondía Knuckles mientras se comía un par de uvas. "Aprendiste bien, el rastreo no tardó tanto".

"¡Soy una buena alumna!".

"Una muy buena alumna, si. Toma tus estrellitas", Knuckles lanzó unas uvas en dirección a Amy, quien las atrapó en el aire.

"Oye, tampoco vayas a atragantarte con las uvas, que tengo pensado cocinar algo brutal cuando lleguemos a casa".

"Claro..."


La casa había pasado por varios cambios en el tiempo transcurrido. La pintura empezó a descolorarse, la madera a agrietarse, la arena traída por el viento era perenne y amenazaba con sepultar la estructura lentamente. El patio trasero se encontraba desprovisto de cualquier vegetación viva, toda había sido o arrancada o secada por el sol, únicamente se hallaban artilugios de entrenamiento y la gran estructura que los dos compañeros había construido para recolectar más agua en los cada día más escasos momentos de lluvia y del rocío nocturno.

Amy fue la primera en llegar al lugar. Saltó de su X-Gear y de inmediato corrió hacia la casa.

"¿Por qué tanta prisa?", preguntaba Knuckles mientras desaceleraba su X-Gear.

"¡Quiero que la comida sea una sorpresa! Espera aquí afuera un momento".

"Pero Amy..."

La eriza ya había desaparecido dentro de la casa. Knuckles se quedó en el porche, inquieto y nervioso, mirando ansioso hacia la puerta. Estaba a la espera de algo, un grito, un llamado, un regaño quizá, una pelea verbal. En cambio, lo que obtuvo fue a la eriza regresando con una mirada de confusión y preocupación en su rostro.

"Knux... ¿P-por qué tienes tus cosas en una bolsa fuera de tu habitación?".

"Yo..."

"¿Ya no te gusta? Podemos cambiarla, te puedes mudar a la mía y yo a la tuya. Solo hay que mover a Sonic con cuidado y-".

"No es eso, yo-"

"¿Es por la comida? Es cierto que no he podido hacer algo decente en meses, pero juro que la comida de hoy va a ser-"

"Amy, no es la comida, no es nada de eso. Yo...", al equidna le costaba sacar las palabras adecuadas de su sistema. "Yo tengo que irme..."

"¿«Tienes»? por...", la voz de Amy empezó a quebrarse. "¿Por qué?".

Era el peor escenario posible. Knuckles estaba completamente dispuesto a discutir, a gritar, estaba preparado para enfrentar lo peor de Amy, le era más fácil lidiar con su ira, era igual que la suya, seria pan comido. Sabia que, a pesar de lo que llegasen a decirse, nunca dejarían de ser amigos. Pero esto era diferente. Lo último que quería el equidna era romper el corazón de su mejor amiga. "Fracasaste como guardián, ahora fracasas como amigo y mentor", la idea se expandía dentro de su cabeza como miasmas. Agitó su cabeza para buscar claridad y tomó a Amy por los hombros.

"Tu me salvaste la vida, Amy", sentenció el equidna mirando a la eriza directamente a los ojos. "Estaba totalmente dispuesto a morir después de haber perdido mi hogar, mi legado, todo lo que conocía... Tu me diste una nueva razón para seguir adelante y ahora... estoy lleno de esperanza", Knuckles viró su vista al Este. "Presiento la energía de la Esmeralda Maestra".

"Pero... ¿No había sido destruida?".

"Si, hecha pedazos por completo y su poder robado. Pero esto que presiento... en cualquier otro momento diría que son ideas mías, un espejismo o una alucinación. Pero tengo Esperanza de que si sea la Esmeralda, sus fragmentos, llamándome. Debo atender el llamado, debo hacerlo lo más pronto que pueda o de lo contrario me arrepentiré por lo que quede de mi vida".

"Entonces...", Amy carraspeo para darle firmeza y claridad a su voz. "Voy contigo. Si vamos los dos será mucho más fácil conseguir los fragmentos y-".

"No"

"¿¡Por qué?!"

"¡Amy, tu sabes bien el porqué!", Knuckles dio una mirada hacia la casa y Amy le imitó. "¿Qué planeas hacer si me sigues? ¿Traer a Sonic arrastras? Ya de por si es difícil cuidarlo con todos los recursos y la casa, viajar con él a cuestas seria mucho peor".

Amy intentó protestar, pero las palabras salían atropelladas de su boca. Frustrada, se alejó de Knuckles con un empujón y le dio la espalda. Estaba visualmente intranquila, mordiendo la punta de su pulgar derecho y sosteniendo con fuerza su collar de Meta-Cuarzo. Knuckles la veía y una sensación de pesadumbre empezó a apretarle el corazón. Realmente estaría más que encantado de viajar junto a ella, se había acostumbrado a la compañía y le causaba cierto terror la idea de volver a su solitario modo de vida que tenia en Angel Island, solo que ahora lejos de su hogar. El mundo era mucho más vasto que su isla, mucho más desafiante. Sabia que era capaz de lidiar con cualquier peligro, pero la vida no se trata solo de pelear. Le reconfortaba viajar junto a Sonic, Tails y Amy y aprender cosas nuevas, conocer nuevos amigos. No podía decir que confiaba plenamente en todos, pero de igual modo les apreciaba. Por sí solo él era fuerte, pero ingenuo. Justamente esas cualidades fueron las que hizo que cometiera el primer gran error de su vida al confiar en Eggman. ¿Y si volviera a ocurrir? ¿Y si alguien se aprovechaba de su ingenuidad para hacerle daño o para dañar a otros? ¿Acaso debía tratar a todos como hostiles? ¿Y si dañaba a un inocente por error?. Amy era mucho mejor que él para juzgar a las personas, ¡Maldición, cualquiera lo era! Y en ese nuevo mundo desértico, con escasos recursos, resultaría crucial el discernir quienes son tus aliados y quienes tus enemigos. Pero era inútil, no podía darse ese lujo de depender de alguien más, Knuckles sabia que tendría que aprender a vivir por su cuenta lejos de Angel Island y sus amigos, aun si es por las malas, aun si era doloroso.

Knuckles se aproximó a Amy, delicadamente poso su mano sobre su hombro. Al principio ella lo rechazó, pero al siguiente intentó cedió. Estaba temblando, respirando de forma agitada. Knuckles tragó saliva y procedió a abrazarla, rodeándole con sus brazos y apretando con fuerza, con cariño. Pudo sentir como la eriza luchaba contra las ganas de romper a llorar.

"Juro...", Knuckles notó que su voz amenazaba con romperse. Respiró hondo y concentró todas las fuerzas que tenia para hablar con firmeza. "Juro por mi honor como guerrero equidna, como último descendiente de mi tribu, como único guardián de la Esmeralda Maestra y... como tu amigo, que este no es un adiós, nos volveremos a encontrar. Me niego morir antes de volver a verlos a ti, a Sonic, Tails, a los demás y de volver a salir de aventuras, como en los viejos tiempos. Así que... por favor, te lo pido... Júrame que tu también seguirás adelante y que no perderás la esperanza... por favor...".

El viento del desierto empezó a soplar con solemnidad. El sol ya iba bajando por el horizonte occidental. Las ramas del viejo naranjo ya reseco crujían. La respiración de Amy ya se había calmado, ahora inhalaba y exhalaba con lentitud, temblando ligeramente. Knuckles pudo sentir como ella posaba su mano sobre sus brazos.

"Lo juro...", dijo la eriza al final.

Knuckles cerro los ojos y apretó los labios, sostuvo con aun más fuerza a Amy y esta respondió recíprocamente.

"Gracias", respondió Knuckles antes de romper el abrazo y caminar en dirección a la casa a recoger sus cosas. Pero Amy le detuvo tomándole del brazo.

"P-podrías", la eriza parecía una niña pequeña, haciendo pucheros, limpiándose las lagrimas de los ojos, evitando hacer contacto visual y sosteniendo su falda con la mano. "¿Podrías al menos quedarte a cenar, por favor...?",

"... Por su puesto", concedió Knuckles, y ambos entraron a la casa juntos.

El resto de la tarde transcurrió con relativa normalidad. Si bien la sombra de la melancolía los embargaba, ambos hicieron lo posible para mantener un buen humor. Charlaron de cosas, cosas banales, cosas que solo le importaban a ellos. Se rieron de chistes que solo ellos entendían. Amy terminó la comida, un platillo de pasta similar al que le devolvió a Knuckles las ganas de vivir, pero esta vez caliente. Knuckles la devoró con gusto, tres platos seguidos se comió. Amy le invitó a ver películas, planta de energía recargable con energía solar estaba a llena y podían darse el lujo; él aceptó. Una peli de comedia y acción que ambos ya habían visto pero que igual estaban felices de volver a visionar. Ambos rieron, ambos se emocionaron, ambos abuchearon al villano cuando salía en pantalla, ambos cayeron dormidos sobre el sofá cuando los créditos finales empezaron a rodar.

A la mañana siguiente, Knuckles ya se había marchado.


Maverick Lore: Los Tipos de Habilidades Meta-Cuarzo

(extracto del cuaderno de anotaciones de LA Academia de Cream)

Cada usuario de Meta-cuarzo (o Meta-Usuario) puede desarrollar una habilidad única basada en los 4 tipos principales (de los que se sepa hasta ahora):

Generadores: Que crean cosas. El más básico. En este tipo se crean las armas. Por decreto real, los reclutas y efectivos de rangos menores están limitados a adoptar este tipo y solo generar las porras policiales esas tan aburridas.

Disparadores: Que disparan cosas. Suena divertido, aunque un poco aterrador. La instructora dice que si no lo dominas, puedes terminar disparando toda tu energía vital y estirar la pata.

Potenciadores: Potencian cosas. La señorita Bunnie es experta en esta, es lo que le permite volar y hacer funcionar sus implantes mecánicos más allá de sus capacidades. ¡Es tan genial!

Manipuladores: Manipulan cosas. Oí decir a los instructores que hay un erizo que es un muy poderoso manipulador y que puede acabar con ejércitos enteros sin siquiera tocarlos ¿Será el Señor Shadow? Suena muy aterrador, así que quizá si...

Quienes dominan un tipo tienen más afinidad para dominar los tipos más cercanos. Ósea, si yo soy, por ejemplo, Disparadora, puedo también ser Generadora o Potenciadora, pero difícilmente podría ser Manipuladora. El verdadero potencial de un egresado no se conoce hasta que sube de rango y se le permite adoptar un tipo más acorde a sus capacidades. Vector dice que si no fuese por las limitantes impuestas por la corona, podría ser una Potenciadora o Manipuladora muy capaz. No lo sé... Potenciadora quizá, pero ser manipuladora suena aterrador. La verdad es que estoy bien siendo Generadora, lo único que me molesta ¡Es no poder hacer algo distinto a esa aburrida porra policial!


Reflexiones Posteriores:

¡Dios! ¡Me ha costado HORRORES sacar adelante este capitulo! Y eso que estaba la mitad ya escrito. Un montón de cosas pasaron, supongo que nunca hay que confiarse demasiado.

En fin, cambiando de tema... Sip, La habilidad de Meta-Cuarzo (vamos a llamarlas Meta-habilidades, ¿Les parece?) de Knuckles son literalmente las Espadas del Caos del God of War original. Y sip, Knuckles le aplicó un combo aéreo a un pobre desgraciao. Se podrán imaginar lo que se viene (no confirmo ni desmiento que "ese" minijuego aparezca XD, okno).

Por otro lado, me encanta la Meta-Habilidad que le di a Sticks, se me ocurrió de la nada, creo que allí gasté toda la creatividad que necesitaba para el resto del capitulo XD. Es muy Jojos: rota a primera vista, pero llena de limitaciones interesantes que iremos viendo conforme avance la trama. ¿Cuál es su limite? ¿Sticks siempre se desmayará cada que la usa o hay un criterio concreto para que eso ocurra? Ya veremos...