Quinceavo cumpleaños con Len
Una cosa era para Yuki haber criado a Vigo desde muy pequeño. A ella le tocó hacer cosas como cambiarle el pañal, que era menos repugnante de lo que imaginó; le tocó bañarlo, darle de comer cuando aprendió a consumir algo que no fuera leche materna y fórmula, llevarlo al doctor, y por supuesto, desvelarse un par de veces cuando, de casualidad, se quedó a dormir con Len y él. Pero el grueso de su relación, de su vida con Vigo y con Len, inició cuando se mudaron juntos... a lo que es más, ella no tuvo a Vigo en sus brazos hasta que este no tuvo 9 meses de edad. Todo lo demás fue un misterio... hasta que finalmente pasó lo que tenía que pasar.
Fue en una tarde demasiado normal, con la tercer prueba de embarazo comprada en un mes, cuando Yuki y Len iban a llevar a Vigo a pasear con el motivo de la navidad. Ella se hizo la prueba y aunque vio de inmediato que la marca indicadora comenzaba a formar el signo que equivalía a positivo, la cerró, pues quería que fuera algo que ella y Len vieran juntos en un momento especial y esperó a que fuera 25 de diciembre para ponerla en una pequeña caja aparte y que Len la viera con sus propios ojos.
No sería posible describir la emoción en la cara de Len al momento de abrir la pequeña cajita de colores rojo y verde, y encontrarse con la prueba con dos pequeñas rayas, tan feliz que alzó a Yuki en sus brazos por unos minutos, para después anunciarle a Vigo que tendría un hermanito o hermanita.
-¡Si! Increíble, voy a tener un hermanito -decía Vigo mientras que daba saltos y abrazaba a su mamá, sin saber cómo o de donde iba a salir su hermano-. Va a ser como mamá, pero será un niño -no lo dijo pero para él había sido el mejor regalo de navidad del cual le hablaría a sus amigos por semanas.
Todo fue tranquilidad en esos días, incluso Vigo estaba emocionado por eso, mientras que Yuki se informó lo más posible, se encargó de conseguir a los mejores ginecólogos que tuvieran un buen trato con sus pacientes. En cuanto a Len, no solo por su trabajo, sino que también por la poca fama que le quedaba, tuvo que empezar a planear todo lo mejor que pudo para la llegada del bebé.
Fue así como las cosas empezaron a cambiar para ellos. Len se preocupaba de cada pequeño cambio en Yuki, mientras que ella era la que sufría los mareos que le hacían asquearse del pescado y de las especias fuertes, que le hacían regresar todo el almuerzo. Aunque ese fue solo el inicio, cuando llegaron al segundo trimestre al menos Len pudo descansar y disfrutar del aumento en el lívido de Yuki, volviendo a hacer el amor a diario, aprovechando que no tenían que usar ningún anticonceptivo.
Para el tercer trimestre, ya su barriga era demasiado grande. Miki y sus demás amigas la visitaban constantemente, siempre llevándole la comida que iba a necesitar, y realizando un pequeño "Baby shower" para cuando se acercaba la fecha, haciendo la apuesta de lo que sería, de si es que saldría un pequeño Len o una pequeña Yuki. Fue una tarde agradable en la que casi todos los conocidos compartieron el rato, y cuando al fin pudieron terminar, acumularon muchos regalos que serían para cuando el nuevo bebé llegara y que les ahorrarían muchos problemas a la madre primeriza. Lo único destacable para Len que cayó como algo negativo fue que Rin no fue, pese a que Miki le envió una invitación.
-Ella dice que ya tienes tu vida hecha -le dijo Miku cuando le preguntaron acerca de Rin-. No le gustaría mancharla... eso dijo ella.
En fin... los días se hicieron más veloces conforme más se acercaba el día del parto, a finales de verano, y cuando finalmente llegó el día, los nervios estuvieron a flor de piel, Yuki supo que tendría que hacerse una cesárea para que el bebé pudiera nacer, algo que le daba un miedo particular a ella, todo a causa de que su cuerpo no había podido acomodar al bebé en la posición adecuada para el nacimiento.
Len le aseguró que estaría con ella todo el tiempo, y que no tendría nada que temer, pues él también había pasado por un par de cirugías en su vida. Gracias a esto, ella tuvo su último impulso necesario de valor y se encomendó a Dios.
Todo se realizó como lo esperaban... por suerte, los médicos fueron capaces, no hubo problemas con la anestesia, y aunque el cuerpo de Yuki era muy pequeño y el del bebé era muy grande, pudieron sacarla finalmente. Len fue el primero en verla, una niña en todo su esplendor, lloriqueando, de una cara un tanto cuadrada pero pequeña como la de él, y de cabello rubio apenas notable.
-¡Es una niña! -fue Len el primero en gritar, siguiéndola con la mirada, recibiéndola en sus brazos tan pronto como fue posible.
La revisaron, no tenía problema alguno, en un estado tan caótico como podía ser el de estar recién nacido, sus primeros segundos de vida fueron de llorar y llorar, mientras que los doctores la revisaban y la medían, se calmó hasta que su padre la tuvo en sus brazos y la acercó a Yuki, quien en mitad de la confusión por la anestesia, pudo verla y besar ligeramente su frente.
-Yuki... mira... es nuestra hija... -dijo Len mientras la tenía cerca de ella-. ¿Recuerdas como se iba a llamar si era niña? -dijo él sabiendo bien la respuesta.
-Si... Shikari... mi pequeña Shikari -contestó Yuki, mientras los doctores se dedicaban a cerrar la herida.
Había sido su regalo... algo así... aunque Yuki sabía que llamarlo de esa manera. De alguna manera sabía que su amor con Len tendría que haber resultado justamente en esto, pues eso es lo que mejor que le puede pasar al amor verdadero, procrear más vida, más amor, continuar con el ciclo que ha existido desde el primer hombre y la primera mujer.
Shikari... era un nombre bonito, aunque su significado solo Yuki y Len podrían justificar. Fue una niña de gran tamaño, y durante los primeros días de su vida fue tal y como cualquier otro bebé: necesitada de la cercanía de sus padres, alimentada de todas las formas posibles, atendida en cualquier cosa que tuviera, como si estuviera aterrada de iniciar una nueva existencia en un mundo frio y violento, pero para eso tendría a sus padres.
Len intentaba estar lo más posible en la casa, dejar todo preparado, proveer de todo lo necesario, mientras que Yuki la mantenía en sus brazos todo el tiempo, separándose apenas de ella para ir al baño o darse una ducha. Incluso Vigo hacia su parte, encantado de su nueva hermanita, había jurado protegerla, y mostró más de una vez su inteligencia al no alterarse cuando ella lloraba, y tratar de darle a sus padres facilidades para que se concentraran en Shikari.
Pasaron unos meses, la cicatriz en el vientre de Yuki jamás se iría, pero Len decía de broma que parecía una linda sonrisa. Tratamientos, medicamentos, productos consumibles hechos para bebés, algunos hechos para facilitar las cosas, otros cuantos que resultaron ser lujos innecesarios y algunos más fabricados sin el cuidado necesario que terminaron siendo desechados. De esa forma había cambiado la vida de Yuki... y por alguna razón, se sentía bien.
Nunca se creyó más lista o más madura que sus amigas, pero durante sus años de adolescencia empezó a sentirse que ya nada tendría sentido, que su vida se convertiría en una repetición sin sentido. Tomar el tren solitario, esperar sin hablar a nadie, esperar otro día a las mismas clases, los mismos procesos de fama falsa y relaciones estériles solo para continuar haciendo eso, esperando a que con esa rutina se pudiera sobrevivir lo suficiente para tener pequeños placeres banales, ni siquiera compartir con amigos con los cuales después poder rememorar momentos, ni siquiera pensando en una posibilidad de conseguir el amor propio suficiente para atreverse a tener una conexión amorosa con alguien más.
De sus quince hacia atrás fue cuando más deseo tener algo con Len, se sintió como si solo él hubiera sido capaz de sacarla de esa depresión que comenzaba a sentir acumularse en su interior. Pero luego de lo ocurrido en su casa, cuando él aun tenía su amorío secreto con Rin, todo se le desmoronó. Ese año siguiente fue cuando experimentó más la soledad, la angustia de no saber si es que había llegado al final de su vida con la graduación de la secundaria, como si todo lo demás que quedara sería la misma sensación seca en su boca y el color gris en los cielos.
Fue cuando conoció a Len de mejor manera, cuando le confesó sus sentimientos y cuando al final pudo comprenderlo de manera más íntima, que ella misma entendió que necesitaba más personas, necesitaba convivir, necesitaba amigos cercanos, gente con la cual relacionarse y que aislarse a si misma solo produciría mal, ni siquiera siendo capaz de amarse a si misma si no podía aunque fuera entender lo que era el afecto a otras personas.
De esta manera, volver a entablar conversaciones con Len le hizo volver a salir con sus antiguos amigos, como Piko, Miki, Fukase, incluso Oliver. Y aunque ellos terminaron por volver a salir de su vida, lo hicieron en los términos apropiados, sabiendo que volvería a contar con ellos de ser necesario. Para Cuando Vigo entró a su vida, pese a la distancia que había en su relación, a lo raro que se sentía la cosa, ella había tomado un enorme cariño por el pequeño, llegándolo a sentir como su hijo.
Así habían sucedido las cosas, así había integrado su vida a la de Len de forma insistente y al final tenía algo más hermoso de lo que podía imaginar en sus brazos. Amaba cargar a su hija, rubia, de enormes ojos azules y piel clara, y aunque esto era tan similar a Len, no podía evitar sentirla como parte de ella todavía, incluso viendo su cara a veces como si fuera un reflejo de ella misma.
Para cuando llegó a los 3 meses, Shikari lloraba menos, se comportaba de mejor manera, y todos los días podía tomar de la leche materna de Yuki, después de semanas en las que ella no fue capaz de alimentarla. Se sentía tranquila ahora por las noches, pues Vigo y Len se encargaban de limpiar la casa y de dejar lista la comida para el día siguiente, incluso de los almuerzos para la oficina y para la escuela.
Estaba Yuki contemplando a Shikari en sus brazos, apenas recostándola en su cuna al lado de la cama, cuando Len entró.
-Hola, mi amor -dijo Len-. ¿Cómo están las mujeres más importantes de mi vida? -dijo Len en lo que entraba.
-Estamos muy bien... finalmente logré hacer que se calmara un poco -comentaba Yuki en lo que acariciaba la panza de su hija-. su cuerpo apenas se está acostumbrando a mi leche materna... creo que es por todo lo que comía antes de que yo la pudiera alimentar.
Recordó cómo lloraba al inicio, con tantos gases producidos por un nuevo cuerpo que se tenía que acostumbrar a procesar alimentos.
-Está bien, se nota que ha comido bien... estamos criando a una niña hermosa y saludable -comentó Len, suspirando mientras se sentaba al lado de Yuki.
El cuerpo de ella aún era pequeño en comparación al suyo, y la sujetaba con cariño cada vez que rodeaba su brazo por su cintura.
-¿Eso crees? Me da miedo estar haciendo algo mal... creer que estamos haciendo todo bien para que al final resulte que algo la lastimaba o que le faltó algo para desarrollarse.
-Tranquila, Yuki... el doctor dijo que está en buen peso, respira bien, y tiene buena coloración... creo que eso es todo, además de que ha estado haciendo bien del baño -dijo Len en lo que se recostaba, pues trabajar y hacerse cargo de la casa y de Vigo no era sencillo, necesitaba descansar.
Pero tan pronto como Len se recostó, Shikari despertó de golpe, comenzando a llorar desconsolada mientras que Len y Yuki volvía a levantarse. Vieron si es que tenía el pañal sucio, vieron si es que lloraba porque tenía gases, vieron si es que se había lastimado y al final concluyeron en que solo necesitaba comer un poco más, dándole Yuki un poco de leche materna antes de volver a tranquilizarse, volviéndose a quedar tranquila tras solo un par de minutos succionando, para después permanecer otros veinte minutos solo presionando con sus labios.
-Esto que hacen... es una forma de succión afectiva, se dice que es una manera en la que el bebé establece un vínculo afectivo más fuerte con su madre -le dijo Yuki a Len, mientras que este miraba con mucha atención.
-No la culpo... después de hacer eso, uno se siente con mucho afecto -comentó con una mirada llena de ternura pero también implicando un doble sentido para su esposa.
Ella solo rio mientras que volvía a recostar a su hija, y siendo pasada la media noche, se recostaba al lado de Len.
-Perdona que te haga desvelarte tanto -se disculpó Yuki-. mañana tienes que levantarte a las seis de la mañana...
-Está bien, dan muchas facilidades para los padres primerizos -dijo Len-. Casi nadie toma eso, pero es una forma de aprovecharse de ese sistema que nos tienen
Agregó mientras que se recostaba al lado de Yuki con las piernas extendidas, los dos mirando en dirección a su bebé. Los dos se quedaron tranquilos mientras la veía moverse erráticamente, como si tratara de explorar sus alrededores. Len a veces se preguntaba cómo funcionaba una mente en ese estado primordial y casi animal, en donde el cuerpo humano sólo obedece la base de los instintos de supervivencia como lo son la necesidad de sentir calor, protección y ser alimentado. Yuki le contestaba que, incluso en ese estado tan básico, seguía siendo una persona, y cosas sencillas como el cariño, o demostrarle compasión eran fundamentales, no solo sentar las bases de una buena infancia, sino incluso para que sobreviviera.
Eventualmente se durmió y Len cruzó sus brazos alrededor de la cintura de Yuki.
-Por cierto... -comenzó él a decir-. Feliz cumpleaños, mi amor... -dijo mientras veía que el reloj ya marcaba las doce de la noche.
-Gracias, Len -contestó ella recibiendo un beso cariñoso en los labios, mientras él se colocaba más en cucharita con ella.
-Ha sido un año lleno de cosas tan locas... quien iba a pensar que tenía el tino para embarazarte casi a la primera -dijo Len de forma irónica, no sin acariciar los pechos de Yuki de manera sugestiva.
-Espera... están muy sensibles... -habló Yuki mientras él la masajeaba-. aunque me da gusto que mi cuerpo te siga pareciendo atractivo... -añadió mientras que él comenzaba a tocarla más, acariciándole también las piernas.
-Es obvio que es así... sonará raro que lo diga, pero de forma instintiva los hombres nos sentimos atraídos a una mujer que demuestra que puede procrear con éxito -comentó Len con esa idea extraña que Piko le había comentado.
-¿De verdad? -dijo Yuki, creyéndolo mientras se dejaba besar y morder el cuello, cuidando que no despertara a su hija.
-Al menos yo... me siento seguro contigo... me siento más cercano a ti ahora que hemos creado una pequeña personita con nuestro amor -dijo él mientras la tomaba más hacia él-. sé que con Vigo también tuvimos algo nuestro... pero tener a esta pequeña de nuestra sangre... se siente increíble.
Se comenzaron a besar nuevamente, ahora un poco más hechos hacia el extremo contrario de la cama que en donde estaba Shikari dormida. Se comenzaron a tocar y a acariciarse en donde ya no lo habían hecho en mucho tiempo. Len había tenido que contener mucho su deseo sexual para evitar intervenir mucho las labores de Yuki al cuidar a Shikari, mientras que Yuki había estado físicamente muy alejada de esa clase de deseos hasta casi un mes.
Ahora podían dejarse llevar un poco y Len estaba dispuesto a llegar hasta el final. Comenzó a tocar el vientre de Yuki, ahora marcado para siempre, para después bajar su mano hasta su intimidad, acariciando por encima de la ropa interior primero con sus dedos, y luego dejando que ella misma se moviera para frotarse.
-Pareces algo... ansiosa... -dijo Len, viendo a Yuki restregarse contra él, apoyándola mientras la sujetaba de las caderas y de los glúteos para que se moviera más fuerte y rápido.
-Lo sé... es que han sido meses desde que me siento de esta forma... de verdad... tenía deseos de... -susurró Yuki mientras se retiraba la ropa ella misma, descubriendo sus pechos para que Len la siguiera tocando y acariciando.
Yuki solo se cubría la boca temiendo que su hija pudiera escucharlos y despertar, mientras que Len tenía menos miedo, pues él confiaba en que la capacidad cognitiva de su hija no podría permitirle comprender nada de eso, ni siquiera de verlo, no antes de los seis meses.
-Tu deseo... no me has dicho cual es el regalo que deseas para este año... -dijo Len mientras continuaba moviendo a Yuki, acercándose al orgasmo solo por el frotamiento-. no creo que quieras otro bebé para este punto...
-No, además la ginecóloga dijo que debería de esperar dos años para otro embarazo -le dijo Yuki, mejor silenciándose un poco mientras se acercaba más y más-. Mejor... hay que disfrutar un poco... -gimió cuando finalmente alcanzó el clímax de nuevo, por primera vez en meses.
Si, su vida sexual se había reducido, pero al menos ella, ya fuera al principio por sentirse con la obligación de cumplir con su deber marital, o por el hecho de querer volver a experimentar algo alejado del dolor, había practicado a Len distintas formas de hacerlo llegar al orgasmo, ya fuera con simple masturbación o con sexo oral mientras su hija se dormía. Ahora solo deseaba algo más.
-Len... lo cierto es que no puedo pedirte ya nada más para un regalo... -comenzó diciendo Yuki, tras relajarse y recostarse sobre el pecho de su marido, descansando su cuerpo-. Desde el inicio cumpliste con los caprichos de una niña un poco tonta que solo quería sentirse cerca de su amor infantil... y luego cumpliste con las fantasías de una niña hormonada que no sabía cómo hacer nada mejor...
-Si... recuerdo eso... -dijo Len apenado.
-Pero con el tiempo me fuiste dando cada vez más cosas... y no solo hablo de mi primera vez que fue tan especial -dijo con vergüenza- tu confianza para convivir con tu hijo, para formar parte de tu vida en tu mismo hogar, un matrimonio... y finalmente lo más hermoso que podría imaginar... -suspiró mientras veía.
-Bueno... no es como si te estuviera consintiendo... la verdad, también lo hice un poco por mí... necesitaba a alguien que me alejara de toda mi experiencia con Rin, alguien que me amara pese a ese errores, y que me dejara amarla de forma que pudiera ser plena para los dos -dijo suspirando mientras abrazaba a Yuki, tocando sus muslos un poco-. Al final tu también me diste lo que yo deseaba, aunque suene raro... me diste la posibilidad de una relación saludable, una familia verdadera, y acogiste lo que tenía antes pese a todos mis errores...
-Fue algo que los dos necesitábamos entonces -dijo Yuki con una sonrisa-. pero al menos para mi, Len... creo que no hay más que pedirte... me has dado el tesoro más preciado que podría pedir -comentó refiriéndose a su hija.
-Entones... creo que solo con mi presencia bastará... -dijo Len como si sintiera que había hecho un trabajo, acostándose tranquilamente en la cama, para después percibir como Yuki se recostaba dándole la espalda.
No necesitó mucho más, ella misma quería ponerse de esta manera para poder ver a su hija, pero también era la posición con la que le pedía a él que se recostara en forma de cucharita. Len se sujetó bien de su cintura mientras la atraía un poco hacia ella.
-Ahora que está dormida... creo que me gustaría pedir un regalo... algo pequeño -comenzó diciendo Yuki de forma tímida.
-¿Qué te gustaría? -preguntó Len mientras la pegaba a su cuerpo, parecía ser que lo de hace rato la había relajado bastante.
-Solo continuar con lo de hace rato -dijo ella restregando un poco su cuerpo contra él, asegurándose de mover sus caderas para frotar sus gluteos contra el miembro de su esposo, sabiendo que ya estaba algo duro.
-Yuki... de verdad... -trató de protestar, pero él mismo era el que la incitaba a hacer algunas de esas cosas-. ¿Ya te sientes lista? -preguntó emocionado, era la primera vez que podrían hacer eso en muchos meses.
-Si... he estado bastante húmeda estos días... creo que si podríamos -se cubrió mejor conla cobija.
-Entonces sería algo arriesgado... -dijo Len, para luego tener la idea que Yuki ya había tenido-. ¿Recuerdas en donde están los condones?
-Creo que Miki los puso debajo de la cama mientras me ayudaba a limpiar -dijo Yuki.
Len se sintió algo avergonzado, pero lo aceptó, encontrando la caja de condones, de un tamaño particularmente grande, no porque Len tuviera dimensiones monstruosas o algo similar, sino porque su miembro era más grueso que el del japonés promedio.
-Está bien... ella no tiene por que saber nada de esto... -dijo Len comenzando a colocárselo.
-Para nada... y nadie tiene que saber de esto -dijo Yuki mientras se abrazaba de la cobija para esperar ansiosa a su querido.
-Lo sé... nadie tiene que saberlo -sujetó a Yuki por detrás, ahora colocando su miembro contra ella, buscando con el frote el punto en el cual ella disfrutaría más.
Entró lentamente en ella, los fluidos naturales femeninos volvían a lubricar el paso de su esposo, ahora cubierto del látex fino y delgado que le restringía de la mayor parte de las sensaciones más sensibles, pero que era lo suficiente para motivarlo. Comenzó a meter su miembro, en esa posición, para después comenzar a moverse, casi sin dejarle tiempo a ella de sopesar el movimiento y la intensidad.
-Un poco más lento... hace mucho que no lo hacemos... -dijo Yuki cubriéndose la boca, apenas siendo audible.
-Lo siento... lo haré más tranquilo... -dijo Len mientras se movía con más suavidad. Empezó a moverse, al mismo ritmo constante, en lugar de acelerar.
Solo unos minutos bastaron para que Los dos perdieran un poco el control, con Yuki gimiendo porque Len se moviera más rápido, y él, aunque un poco desacostumbrado al movimiento, dándolo todo en sus caderas para penetrarla con la energía que le quedaba tras un día laboral. Se sentían los dos finalmente liberados, incapaces de haber estado demasiado tiempo tras las pieles de "madre" y de "padre" podían volver a complacer sus deseos y sus instintos más básicos, aun si la situación rayaba en lo más morboso para el observador distante.
-Len... Len... -gemía Yuki mientras sentía el orgasmo-. Me haces desearte tanto... incluso después de todo -abrió su boca ante el placer, sin poder evitar soltar un intenso gemido.
Len se apoyó mejor, mordiéndole el hombro mientras finalizaba lo suyo, como si estuviera a punto de terminar el trabajo mejor hecho en meses, se sintió correrse dentro del condón, moviéndolo y escurriendo por su miembro mientras aun sujetaba a su esposa de forma animalesca de la cintura, temblando mientras acababa hasta que su propio clímax lo agotaba.
-Fue increíble... de verdad lo necesitaba... -dijo Yuki, estirándose, mirado que su peque seguía dormida y sin haber escuchado nada-. Gracias Len... de verdad eres el mejor esposo del mundo...
-De nada... creo que... salió mejor de lo que esperaba... tendré que dormir en el camino al trabajo para compensar... -dijo mientras se estiraba y retiraba el condón, atándolo y tirándolo en la basura-. Me encantó poder volver a hacerte mía una noche más.
Se colocaron la ropa y tranquilamente se recostaron, abrazándose tranquilamente mientras que suspiraban.
-Feliz cumpleaños, Yuki... -susurró Len mientras los dos se abrazaban.
Yuki se recostó, todo estaba bien, tenía su mundo como lo quería...
Los dos comenzaron a dormir solo para mediar hora después escuchar a su bebé despertar por un dolor en la pancita. Le dieron de comer y pasaron la siguiente hora esperando a que durmiera.
Fin del capítulo 12.
