Disclaimer: todos los personajes que reconozcan y el mundo donde viven pertenecen a JK Rowling. El resto es producto de mi imaginación.

Escribo esto solo por diversión. No ha sido sometido a revisión beta ni profesional por parte de un editor.


5.- De vuelta a las mazmorras

Un sábado por la tarde, después de casi cuatro meses de encontrarse internado en el ala confinada para él en la enfermería, por fin fue dado de alta. Se sentía raro por fin poder dar un paso fuera del lugar.

Todos sus "cuidadores" se habían dado cita en el lugar para observar el tan anhelado acontecimiento. Nunca imaginó ver tantas caras felices a su alrededor, y menos esperó que esa felicidad fuera por él. Los jóvenes y los maestros habían llegado con un par de presentes para él, eso sí que había sido inesperado.

Granger y Malfoy dieron un paso al frente y posaron una caja larga y delgada en sus manos. Draco habló primero: "Sabemos lo orgulloso que eres, y cómo tu figura imponente siempre ha sido tu sello distintivo, y creímos que tu casi imperceptible cojera te haría sentir un poco fuera de tu zona de confort".

Hermione prosiguió: "Así que haciendo consenso entre todos nosotros y después de visitar muchas tiendas muggles y no muggles, por fin encontramos el regalo adecuado, esperamos sea de tu agrado".

Severus, con manos temblorosas comenzó a abrir el regalo, la caja estaba forrada en un hermoso papel negro con listón plateado, casi le dolió tener que romperlo, destapó lentamente la caja, y encontró reposando dentro un hermoso bastón, con algunas runas tatuadas a lo largo del mismo, y un hermoso corcel negro tallado en la empuñadura.

"Son runas de protección", aclaró Luna juguetonamente. "Además lo hemos hechizado para que regresé a ti siempre que lo hayas olvidado, solo tendrás que extender la mano para convocarlo", dijo Ron con una sonrisa.

"Si lo inclinas un poco, podrás ver que también tiene tu nombre grabado en la empuñadura", dijo Ginny señalando el lugar donde estaba la inscripción. "Y perfeccionamos un hechizo antirupturas, para que el bastón siempre esté como nuevo, y nunca tengas que volver a comprar otro más". Terminó Potter, una mirada de suficiencia en su cara.

Severus estaba profundamente conmovido y abrumado, nunca se hubiera esperado un regalo así, planeado con tanto esmero y pensado exclusivamente en él. Nunca nadie se había tomado la molestia de pensar en sus necesidades, aquí estaban estos jóvenes, sonriendo ante él, esperando su regalo no solo le fuera funcional, sino agradable.

Ahora fue el turno de Filius de acercarse a él. Empujó a sus manos una caja casi cuadrada, más pequeña que la anterior. Arqueando una ceja miró hacia sus colegas, no entendía que podía encontrar en esa pequeña caja que le ganara al regalo que le acaban de dar.

Cuando abrió la caja, su mandíbula cayó en una expresión de sorpresa genuina. Dentro se encontraban unos hermosos pañuelos bordados, todos en color negro, con sus iniciales grabas en la esquina inferior de cada pañuelo.

Con una sonrisa en los labios Minerva se dirigió a él: "Este pequeño presente es para que protejas tu cuello de la apretada levita que sueles usar debajo de tus túnicas, así la nueva piel no se maltratará y podrás usas tus habituales ropas negras sin mayor problema".

"He puesto un encantamiento especial en ellos", dijo Poppy, "mientras los lleves puestos cualquier rastro de molestia que llegue a tu cuello como secuela desaparecerá".

"No es mucho, pero, es algo que definitivamente vas a querer usar" dijo Hagrid.

"Sin más que agregar, puedo decir que estas oficialmente dado de alta", dijo Poppy alegremente. Todos se acercaron a estrechar su mano, darle palmadas de alivio y palabras de aliento. Cuando por fin terminó de recibir todas las muestras de afecto, se dispuso a dirigirse a sus aposentos, utilizando por primera vez su nuevo bastón, acostumbrándose a él. Y ciertamente, le dio una imagen aún más imponente que la de antes, si es que eso era posible.

Llegó caminando lentamente a sus habitaciones, tardó un poco más de lo habitual, aún se estaba acostumbrando a su ligera cojera y todavía continuaba estando en rehabilitación, muchas semanas de ejercicio aún por delante. Aún así estaba satisfecho.

Recorrió con la mirada su antiguo despacho, todo estaba igual a como lo había dejado la última vez que había estado ahí, el conocido olor a tinta y pergamino inundó sus sentidos. Estaba en su hogar… respiró lentamente, dejando que el olor inundara todo su cuerpo, una sensación de paz extendiéndose por todo el lugar.

No supo cuanto tiempo permaneció ahí parado, le costaba reconocer que tenía realmente una oportunidad de seguir adelante, vivir su vida, y tal vez, solo tal vez, ser feliz.

No supo por qué, pero después de sentarse en su sillón favorito, el fuego ardiendo juguetonamente en la chimenea, comenzó a extrañar la compañía, sería la primera noche que estaría solo desde aquel día en que despertó en la enfermería, y eso, lo hizo sentirse infinitamente solo e inexplicablemente triste.

Malditos muchachos, lo habían arruinado, él, que estaba acostumbrado a no necesitar nada de nadie, de repente se veía añorando la compañía de sus condenados alumnos, quien lo iba a decir. Pero tenía que acostumbrarse, no siempre iban a permanecer en la escuela. Tenían que seguir con su vida y él también tendría que avanzar.

Unos suaves golpes se oyeron de repente en la puerta, casi dudosos. Tan ensimismado estaba en sus pensamientos que casi no los había percibido. Se levantó lentamente del sillón y se dirigió a la puerta preguntándose quién podría ser. Casi no había gente en la castillo y todos a los que conocía ya habían estado con él horas antes cuando salió de la enfermería.

Cuando llegó a la puerta y la abrió se sorprendió al ver unas caras conocidas sonrientes en la entrada. "No esperabas que te dejáramos solo la primera noche fuera de la enfermería verdad?", la voz de Malfoy sonó casi divertida.

"Tampoco te sientas tan especial", aclaró Luna con una sonrisa, "no teníamos nada mejor que hacer, y decidimos pasar a saludar, y jugar un rato contigo, si no es molestia". Los siete adolescentes lo miraban interrogantes desde la entrada.

Algo se sintió extrañamente cálido en su pecho, no hubiera esperado algo así por parte de sus estudiantes, y se sintió algo complacido y feliz. Se apartó del marco de la puerta para dejarlos pasar. Siguió su camino de vuelta a su sillón favorito y permitió que los adolescentes invadieran sus aposentos.

No supo cuanto tiempo pasó, estuvieron charlando amenamente, alejando su mente de los terrores nocturnos, jugaron, se hicieron preguntas, y cuando todos estaban realmente cansados, se despidieron y se retiraron a sus respectivas habitaciones.

Por una vez en su vida sintió que todo estaba bien, se permitió disfrutar de la felicidad que se le estaba ofreciendo, se dirigió a su cama y se acostó sin siquiera quitarse la ropa que traía, se sentía realmente agotado, satisfecho, pero agotado, cerró sus ojos, y se dejó llevar por el sueño, y por primera vez desde que fue atacado por la serpiente durmió sin necesidad de ninguna poción, y no despertó entre gritos y pesadillas. Finalmente todo estaba simplemente bien.