¡Hola mis amores! Lamento haber tardado con la actualización, pero han sido días ocupados. Y es por la misma razón, por la que hoy no podré responder sus reviews. Les pido mil disculpas y les agradezco por siempre estar presentes en esta historia.
Y ahora, sin más que decir, vamos con el capítulo.
Capítulo 38
La pelea
Perspectiva de Sango
Me levanté temprano, como lo hacía ya hace tres días desde que discutí con Miroku. La razón: no quería hablar con él. Incluso cuando hablé ayer con Kag sobre lo que pasó, ella me aconsejó que hablara con él, pero la verdad es que no tenía ánimos de hacerlo, porque sus palabras aún me dolían.
Solté un suspiro de cansancio mientras le ponía leche y hojuelas en el plato de Kirara para todo el día, y también agua. Le acaricié su cabecita y ella me ronroneó. Eso me hizo sonreír. Me levanté para salir del departamento, pero la voz de Miroku detrás de mí me detuvo.
—Sango, ¿podemos hablar?
—Llevo prisa —solté tajante, pero él se me atravesó enfrente.
—Eso es mentira. Solo lo haces para no hablar conmigo. Incluso llevas tres días durmiendo en el cuarto de invitados.
No respondí, y quise rodearlo para irme, pero una vez más me tapó el paso.
—Por favor, hablemos. Ya no puedo con esto, Sango. Por favor.
—Eso debiste de pensarlo antes de... —me callé, porque me dolía recordarlo.
—Sí, sí, sé que fui un completo idiota cuando te dije eso, y no sabes cómo me arrepiento de lo que te dije.
—Pues ya es tarde para retractarse, ya lo dijiste —solté con dolor, aguantándome las ganas de llorar.
—Sé que no tengo justificación, pero te amo, Sango. Te amo como jamás he amado a nadie, y me aterra perderte como el año pasado. Me aterra no estar más a tu lado, porque eres mi razón de vivir. Sango, por favor, perdóname.
No supe qué responderle. Cuando él me rodeó con sus brazos para abrazarme después de sus palabras, cerré los ojos y me dejé envolver por su calor, porque yo también lo amaba y me dolía estar sin él. Estos tres días han sido los peores de mi vida —pensé, soltando algunas lágrimas.
—Por favor, perdóname, Sango. Perdóname —me susurró al oído.
No dije nada, y a la vez quise decir mucho, pero al final no dije nada. Me separé de él y mi corazón golpeó fuerte en mi pecho cuando vi lágrimas en sus ojos.
—Miroku... —susurré, llevando mi mano a su rostro para limpiar sus lágrimas.
—Te amo, Sango. De verdad que te amo.
—Lo sé —susurré al fin. Di un paso atrás y le regalé una pequeña sonrisa. —Lo sé, Miroku. Pero aún estoy dolida. Por favor, dame tiempo, ¿sí? Por favor.
Vi en sus ojos tristeza, y eso me dolía aún más, pero asintió con la cabeza y también me regaló una pequeña sonrisa.
—Está bien, Sango. Te daré tu tiempo. Pero por favor, ya no me apliques la ley del hielo. Te lo suplico.
—Está bien, Miroku. Te lo prometo, pero dame tiempo, ¿sí?
—Bueno.
—Gracias. Y de verdad, ya me tengo que ir.
—Ok. Nos vemos en la noche.
—Sí. Adiós, Miroku.
—Hasta al rato, Sango.
Pasé a su lado, cerrando la puerta para irme.
Cuando llegué a mi auto, me subí y ahí pude soltar mis lágrimas. Dolía... dolía mucho estar separada de él, pero aún tenía el corazón dolido, y ser orgullosa no me ayudaba mucho —pensé con frustración. Me sequé las lágrimas, encendí el auto y me marché, porque de verdad tenía mucho trabajo en la clínica.
Cuando llegué, apagué el auto, me bajé y caminé hacia la puerta para entrar.
—¡Sango!
Alguien me llamó. Me di la vuelta y me encontré con Juromaru.
—Juromaru... —susurré.
—Hola, Sango.
—Hola. ¿Qué haces por aquí?
—Quería hablar contigo. Te fui a buscar estos días al gimnasio, pero no llegaste nunca.
—Sí, bueno... tenía cosas que hacer.
—Verás, yo me siento algo mal por el malentendido que vio tu novio ese día. ¿Podemos hablar un rato, Sango?
Me quedé pensando si era buena idea o no, pero mejor era tener las cosas claras, así que acepté.
—Vamos a la cafetería de aquí, en la clínica, ¿te parece?
—Sí, claro.
Caminamos a la cafetería y nos sentamos con dos cafés.
—Bien, tú dirás.
—Bueno... lo que pasa es...
Lo vi algo nervioso mientras jugaba con su café.
—¿Pasa algo, Juromaru?
—Es que yo vi la discusión que tuviste con tu novio, y no me pareció justo que él te tratara así. Solo estábamos entrenando, nada más.
—Lo sé, pero la posición en la que estábamos no ayudó mucho que digamos... y Miroku...
—Es un chico celoso, ¿verdad? Y eso es lo que me preocupa.
Arrugué el entrecejo sin entender.
—¿A qué te refieres? Sé más claro, por favor.
Lo vi soltar su café y mirarme directamente. Eso me puso algo nerviosa.
—Bien, seré directo contigo, Sango. A pesar de que solo nos vimos muy poco tiempo, tú me simpatizas mucho... es más, diría que más que eso. Sango, yo quedé flechado por ti y...
—Yo amo a Miroku, Juromaru —respondí con firmeza.
—Con esa respuesta ya me quedó claro, Sango. No te preocupes, no sería capaz de meterme en medio para traerte problemas. Pero aún así, tú me preocupas mucho, y es por eso que quería hablar contigo.
—¿Por qué? Dime, ¿Qué pasa?
—Es que cuando vi a Miroku hablando así contigo, pude ver que estabas llorando. Dime, Sango, y dime la verdad... él no te maltrata, ¿verdad? Sé sincera, por favor.
Me quedé en shock. ¿Juromaru piensa eso de Miroku?
—¡Claro que no! Él jamás me ha levantado la mano ni nada de eso. ¡Él me ama! —exclamé, confundida con sus palabras, pero su sonrisa me confundió aún más.
—Ya veo... eso me tranquiliza. Llámame traumado, pero yo desconfío mucho de los hombres, ¿sabes? Pero si es así como tú me lo dices, ya estoy más tranquilo. No me habría perdonado si tú la estuvieras pasando mal por mi culpa. Sabes... si quieres, puedo hablar con Miroku para aclarar las cosas.
—Gracias, pero ya estamos bien entre nosotros. Y perdón por no poder corresponder a tus sentimientos, pero yo amo a Miroku, Juromaru.
—No te preocupes por mí, yo estaré bien. Al menos lucharé con este sentimiento ahora que es más fácil, antes que pase más tiempo y me ilusione en vano, ¿no crees? —me regaló una sonrisa, y yo le regalé una sonrisa sincera.
—Verás que pronto encontrarás a la chica indicada para ti, ya verás.
—Sí, ojalá, Sango, ojalá. Pero aún así, no me gustaría perder tu amistad. Pero tampoco quiero que por eso tengas problemas con tu novio. Sango, ¿me dejas hablar con él para poder ser amigo tuyo, y por qué no, de él también?
—No sé si sea buena idea...
—Por favor, déjame. Mira, hazlo por Naraku, ¿sí? El pobre... no quiero que vea que sus amigos están enojados entre ellos, ¿vale?
—Sí, en eso tienes razón. Yo sé lo que es estar entre la espada y la pared por la amistad —sonreí para aceptar su petición.
—Gracias, Sango.
Lo quedé viendo y aún había algo que me dejó con la curiosidad...
—Oye, ¿por qué desconfías de los hombres, Juromaru?
Lo vi esquivar la mirada y soltar un suspiro.
—Es una historia larga...
—Tengo tiempo, solo si quieres contármela.
Él regresó su vista hacia mí y me sonrió.
—Yo desconfío de los hombres por culpa de mi padre.
—¿Tu papá?
—Sí, él fue un monstruo con mi madre. No había día que no la golpeara hasta dejarla inconsciente. Mi madre tuvo tres hijos con ese bastardo. Solo pude nacer yo... los otros dos los perdió por las palizas que le daba cada vez que llegaba borracho. Desde que tengo uso de razón, me golpeaba. Mi madre se ponía enfrente de él para recibir los golpes en mi lugar.
Vi cómo Juromaru empuñó sus manos con ira, y automáticamente llevé mi mano hacia la suya para darle ánimo. Él me sonrió con tristeza y siguió hablando.
—Cuando tenía seis años, me encontré con mi padre en la calle mientras venía de la escuela. Por accidente, una niña de mi misma edad chocó conmigo, haciéndome caer. Mi padre vio esto y le pegó a la niña. Luego me levantó, me puso frente a ella y empezó a obligarme a que la golpeara. Me gritaba que, así como él golpeaba a mi madre, yo tenía que hacer lo mismo con la niña. Yo la miré: estaba llorando, con la boca partida por el golpe de mi padre. No quise hacerlo. Entonces, él iba a golpearla otra vez, pero justo en ese momento pasó la policía por la calle y se lo llevaron.
—Llegué a casa y le conté todo a mi madre. No supimos nada de él hasta unos días después, cuando lo soltaron. Él llegó con un solo objetivo: matarme. Decía que fue por mi culpa que lo habían llevado preso. Una vez más, mi madre me defendió... pero esta vez los golpes fueron más graves, al punto de llevarla al hospital. Pero fue muy tarde. Mi madre falleció ese mismo día.
—Me llevaron a un orfanato. No sé qué vio en mí la enfermera que atendió a mi madre, pero llegó al orfanato e hizo los papeles para ser mi tutora. Después de unos días, me fui a vivir con ella. Pero el odio hacia mi padre no murió... al contrario, creció.
—Un vecino que vivía allí sabía artes marciales y me enseñó. Desde ese día empezó a entrenarme, y yo puse todo mi esfuerzo por aprender rápido. Cuando cumplí 15 años, no esperé ni un día más. Lo fui a buscar. Cuando me enfrenté a él, le devolví golpe tras golpe hasta dejarlo inconsciente. Pero yo no quería solo eso… yo quería matarlo, así como él hizo con mi madre. Pero justo cuando lo iba a hacer, llegó mi maestro —el vecino que me entrenó— y la mujer que yo veía como una madre —la enfermera—, para detenerme. Aún recuerdo sus palabras:
Flashback
—¡No, Juromaru, no lo hagas! Tú eres más que esto, no eches a perder tu vida.
—¡Suéltame, Shao! ¡Este bastardo mató a mi madre, yo haré lo mismo con él!
—No, hijo, por favor. Piensa en tu madre. Ella no quería que tú acabes en la cárcel por culpa de este hombre. Piensa en ella, por favor...
Y sentí cómo me abrazaba, llorando. Por un segundo, a quien vi fue a mi madre... eso hizo que me derrumbara. Llorando entre los dos, lograron convencerme de que me fuera de ahí y no lo matara.
—Algún día pagarás por todo —solté con odio esas palabras antes de irme con mi maestro y la mujer que ya era como mi madre.
Fin del flashback
—Al tiempo me enteré de que alguien lo mató como a un perro y lo dejaron ahí tirado. De una u otra forma, eso me hizo sentir bien. Ya no golpearía a ninguna mujer más. Después de todo eso, me puse a entrenar para que, si alguna vez veo a un maldito bastardo lastimar a una mujer, yo mismo pueda hacerlo pagar. Cuando terminé mis estudios, gané la beca y me fui a Estados Unidos. Y eso es todo.
Me quedé con la boca abierta y con la rabia latente.
Y no sé por qué, pero las palabras de mi padre pasaron por mi mente...
Flashback
—Padre, yo amo entrenar contigo.
—Lo sé, hija, pero quiero que sepas algo. Yo no te entreno para que tomes mi legado en las artes marciales. Yo te entreno para que elijas tu vida… y no me necesites a tu lado.
—¿Padre? ¿Por qué me dices eso?
—Algún día lo entenderás, hija...
Fin del flashback
Ya entiendo, padre —pensé, para luego mirar a Juromaru—. Maldito bastardo... ¿Cómo se atrevió a hacer eso? ¡Hijo de puta! —pensé, con odio hacia ese hombre.
—Es un maldito —solté al final.
—Sí lo era, pero ya tuvo su merecido.
—Y lo seguirá pagando en el otro mundo, Juromaru.
—Sí, eso creo también...
—Tus dos mamás tienen que estar orgullosas del hijo que eres.
—Eso espero, Sango.
—Claro que sí —le dije con una sonrisa.
—Bueno, ya no te quito más tu tiempo, amiga.
Solté una risita por su comentario.
—No te preocupes, amigo.
—Bueno, ya me voy. Cuídate, Sango.
—Tú igual, cuídate.
Nos despedimos. Él se fue y yo me dirigí a mi consultorio, aunque seguía pensando en la historia de Juromaru.
—Ojalá encuentres a la chica ideal, amigo —susurré, al entrar a mi consultorio.
Perspectiva de Kagome
—Amor, hoy llegaré algo tarde. Me quedé con Kikyo para ir a la escuela, pasar por Rin y después ir al departamento de Koshó para ver qué podemos hacer para que Sango perdone a Miroku —pronuncié, mientras recordaba la charla que tuve con ella.
Flashback
—¡No, Kagome! Él me hizo mucho daño, no quiero verlo. Es más, me voy a mi departamento.
—Sango, no hagas una burrada. Mejor espera a que te tranquilices, ¿vale?
—Está bien, pero no pienso dormir con él. Iré al cuarto de invitados, no quiero ver su cara, Kagome.
—Está bien, pero ya cálmate, por favor.
Fin del flashback
—¿Tú hablarás con Miroku, Inu?
—Sí, Kag. Yo trataré de hablar con él.
—Bueno —dije, mientras tomaba unas cremas para llevarlas al baño.
Perspectiva de Inuyasha
Me estaba colocando la corbata cuando el teléfono de Kagome sonó con una notificación.
—Amor, te llegó un mensaje.
—¿Puedes leerlo, por favor? —me gritó desde el baño.
—Claro —le respondí. Tomé su teléfono, lo desbloqueé y vi de quién era el mensaje.
—Bankotsu... —dije antes de leer el mensaje:
"Hola, Kag. ¿Cómo está la abogada más linda de Japón? Te escribía para invitarte a un café, ¿Qué dices, linda?"
La sangre me hirvió tanto que sentí que me quemaba. Apreté el móvil en mi mano, tratando de controlarme. ¿Qué se creía ese maldito para invitar a mi MUJER a un café? ¿Y por qué Kagome tenía su maldito número?
—¿Quién era, amor?
La vi salir del baño caminando hacia mí.
—¿Por qué demonios ese imbécil tiene tu número y te está invitando a salir? —exclamé, mostrándole el mensaje.
—¡Inuyasha, te puedes tranquilizar! Esta charla ya la tuvimos.
—¡Sí, pero en ningún momento me dijiste que tenías su maldito número!
—¿Me pasas mi teléfono para ver el mensaje?
Se lo extendí, y luego empecé a caminar de un lado a otro, esperando una explicación. Vi que levantó el ceño y me miró.
—¿Y bien? —preguntó.
—Primero: Bankotsu me lo encontré el otro día y me pidió mi número como abogada. No quise ser descortés con el mejor amigo de mi primo. Segundo: te doy la razón de estar enfadado, yo lo estaría si a ti te llegara un mensaje así también. Yo no le he dado esas confianzas para que me hable de ese modo, así que yo misma voy a hablar con él para dejárselo claro.
—No, Kag. Yo voy a hablar con ese imbécil y le voy a dejar bien claro que contigo se mantenga alejado —exclamé, poniéndome el saco.
—¡Inuyasha, por Dios, no hagas una locura! Es el mejor amigo de Naraku, yo no quiero que ustedes se peleen por culpa de Bankotsu, por favor...
—No te preocupes, Kag. También hablaré con Naraku sobre esto —camine hacia ella, la tomé de la cintura y la besé tan apasionadamente que nos quedamos sin aire. Kagome era mía, y ningún imbécil me la iba a arrebatar de mi lado, pensé mientras terminaba el beso.
—Inuyasha...
—Nos vemos en la tarde, cariño.
—¿Dónde vas ahora, Inu?
—Con Miroku y Sesshomaru.
—Inuyasha, prométeme que no harás nada contra Bankotsu que les traiga problemas.
Le sonreí antes de besarla una vez más.
—Tranquila, pequeña. Solo voy a hablar con él tranquilamente. Vámonos, que se nos hace tarde.
—Ok —me respondió mientras tomaba su cartera. Después, los dos salimos del departamento.
Pero en mi mente no borré ese maldito mensaje.
Ese mensaje te costará caro, Bankotsu... pensé seriamente.
Perspectiva de Kikyo
—Sí, Midoriko, mañana te muestro el hotel donde se van a quedar las modelos de París. Y sí, eso es todo, me están llamando para llevar a mi hermanito con el doctor. Adiós.
—Kikyo...
Pero le corté el teléfono antes.
—Bruja... —susurré.
—¿Era tu jefa, hermana?
—Sí, Sota, era ella. Pero ya entremos a la sala, que ya es tu turno.
Caminamos al consultorio de pediatría.
—Permiso.
—Adelante, señora. Perdón, pensé que era la mamá del niño.
—No, doctor. Soy su hermana mayor, Kikyo Tama. Mucho gusto.
—Suikotsu Shimizu. El gusto es mío, señorita.
—Mi madre no pudo venir hoy, así que yo me ofrecí a traerlo.
—Bien. ¿Y cómo se siente este campeón?
—Mejor, doctor. Ya no me duele la garganta.
—Doctor Shimizu, mi madre me dijo que era amigdalitis lo que él tenía.
—Así es, señorita, pero ahora lo vamos a revisar a ver cómo sigue.
Lo vi revisar a Sota mientras yo me quedaba observando su trabajo.
—Bien, este niño valiente está completamente sano. Ya puede ir a la escuela a partir de mañana.
—¡Súper! ¿Escuchaste, Kikyo? ¡Ya podré ver a mis amigos!
Sonreí con ternura y acaricié su cabello.
—Sí, Sota, ya puedes ir al colegio.
—Bien, le daré el papel de alta y estamos.
—Ok.
La puerta se abrió.
—Suikotsu, yo... ¡hooo, Kikyo! Qué sorpresa.
—Hola, Sango. ¿Cómo estás?
—Bien.
—Disculpa, ¿se conocen?
Miré al doctor y luego a Sango.
—Perdón, amigo. No te había presentado antes, pero ando con la cabeza en cualquier parte. Mira, ella es una de mis mejores amigas: Kikyo Tama. Y él es...
—Suikotsu Shimizu. Ya me había dicho su nombre —pronuncié con una sonrisa.
—Sí, verás, Kikyo, él es un amigo de la universidad y vivía muy lejos, por eso nunca pude presentárselos. Después se fue a China y justo hace unos días regresó. Y ahora es colega, ¿puedes creerlo?
—Me alegro por ustedes. Qué lindo es volver a encontrar la amistad.
—¿Verdad que sí? —me respondió Sango, abrazando al doctor.
—Bueno, fue un placer conocerlo, doctor.
—Suikotsu. Solo dígame Suikotsu, señorita Kikyo.
—Vale, pero usted también dígame solo Kikyo, ¿de acuerdo?
—Hecho.
—Oye, Kikyo, ¿Qué te parece si salimos hoy para presentarles a mi amigo a todos?
—Perdón, Sango, pero no podrá ser hoy. ¿Qué les parece mañana? —respondí, ya que hoy tenía la charla con las chicas por el tema de Sango, pensé.
—Por mí está bien —respondió enseguida Suikotsu mientras me sonreía.
—Bueno, ya me voy. Vamos, Sota, tengo que dejarte con mamá.
—Bueno, hermana. Adiós, Sango. Salúdame a Kohaku de mi parte, por favor.
—Claro, cariño.
—Adiós, doctor.
—Adiós, Sota.
Los despedimos y nos fuimos.
Iba caminando al auto hasta que la voz de Sota hizo que lo mirara.
—Kikyo, el doctor Suikotsu es muy simpático, ¿verdad?
—Sí, cariño. Es muy simpático —respondí con sinceridad, mientras le abría la puerta del auto. Después di la vuelta para entrar también, encendí el auto y me dirigí al templo.
Perspectiva de Inuyasha
—Ya cálmate, Inuyasha, te va a dar algo.
—¡Cállate, Miroku! Porque tú estás igual que yo, así que no te hagas el bueno ahora —solté, tomando mi whisky, y le pedí otro al mesero del restaurante.
—Lo sé... y mira cómo me está yendo por ser impulsivo. Sango lleva tres días sin hablarme. Recién hoy pude decirle algo —respondió Miroku.
—Inuyasha, Miroku tiene razón. Piensa con la mente fría una vez en tu vida —intervino Sesshomaru.
—En primer lugar, no estoy peleado con Kagome. Y en segundo... le voy a partir la cara a ese idiota cuando lo vea. No quiero tener problemas con Naraku, pero ni modo. Bankotsu pasó el límite de lo debido, y se lo haré saber al maldito.
—Creo que ese día acaba de llegar, Inuyasha —dijo Miroku.
—¿A qué te refieres, Miroku?
—Mira quién acaba de llegar al restaurante.
Me di la vuelta y, por una vez, la suerte estaba de mi lado. Bankotsu, guerrero, y su amigo Muso se sentaron unas cuantas mesas más lejos de nosotros.
Tomé mi último trago y me dispuse a levantarme, pero Sesshomaru me sujetó del brazo.
—No hagas una estupidez, Inuyasha. Estamos en público.
Me zafé de su agarre y lo miré por última vez.
—Si fuera Rin la que este idiota estuviera molestando, no dirías lo mismo, ¿verdad?
Me levanté y caminé hacia ellos, seguido por Miroku y Sesshomaru.
Perspectiva de Bankotsu
—Oye, ¿y qué pasó? ¿Kagome te respondió el mensaje?
—No, Muso, no me respondió nada...
—Será porque no le interesa responderle a alguien como tú.
Levanté la cabeza y me encontré con la mirada de Taisho.
—Disculpa, ¿a qué te refieres?
—Sabes a lo que me refiero, guerrero, y seré breve contigo: deja de molestar a MI MUJER o tendremos problemas, ¿de acuerdo?
Me levanté de mi asiento al igual que Muso.
—¿Tu mujer? Que yo sepa, no está casada...
—No te hagas el chistoso conmigo, Bankotsu, porque te puede ir muy mal.
Sus palabras ya me estaban hartando. ¿Pues qué se creía este idiota?
—Mira, Taisho, yo no hice nada malo. Solo le mandé un mensaje a Kagome invitándola a un café. No sabía que su novio fuera un tóxico celoso que no le deja tener amigos —expresé, serio.
Perspectiva de Inuyasha
Caminé hasta estar frente a él y lo tomé del polerón bruscamente, y él hizo lo mismo conmigo.
—Mira, Bankotsu, no te lo voy a repetir: mantente alejado de mi mujer o créeme que te voy a romper esa maldita cara que tienes.
—Lo mismo te digo a ti, Inuyasha. No me vuelvas a amenazar, porque seré yo quien te rompa la cara antes.
Empuñé mi mano para propinarle un puñetazo, pero Sesshomaru me lo impidió.
—¡Suficiente, Inuyasha! Ya vámonos.
De mala gana solté al idiota de Bankotsu, y él hizo lo mismo, mientras su amigo se ponía a su lado.
—Ya estás advertido —lo señalé antes de darme la media vuelta, caminar a mi mesa y tomar mi saco. Miroku pagó la cuenta y los tres nos fuimos a la empresa. Pero en el camino, le marqué a Naraku. Esto ya había llegado lejos, y lo último que quería era tener un problema con él. Así que esto se iba a aclarar hoy mismo.
Perspectiva de Rin
—Adiós, mis niños.
—¡Adiós, maestra!
—¡Rin!
—Hola, señora Izayoi. ¿Cómo le va? —hice una reverencia.
—Bien, linda, ¿y tú?
—Muy bien también, muchas gracias.
—Qué bueno, linda. ¿Y mi bebé? ¿Cómo le fue hoy?
—Muy bien. Shippo es un encanto, cada día aprende muchas cosas.
—¡Oh, me alegro por mi niño!
—Mamá, yo quiero ir a ver a mi hermano y a mi cuñada Kag.
—Sí, cariño, pero hoy tenemos que ir donde Kaede, ¿recuerdas?
—Bueno… pero ¿me prometes que este fin de semana iremos a verlos?
—Sí, cariño, te lo prometo.
Sonreí con ternura. Shippo era un encanto, al igual que Sota y Kohaku.
—Bueno, Rin, ya nos vamos, querida. Saludos a todos.
—Igualmente, señora Izayoi. Saludos a su familia, y salúdeme a la abuelita Kaede de mi parte, por favor.
—Claro, linda.
—Gracias —hice una nueva reverencia para despedirlos.
—Adiós, Rin.
—Adiós, señora Izayoi. Adiós, Shippo.
—¡Adiós, Rin!
Los vi irse en su auto, y yo me di la vuelta para regresar a mi salón.
—¡Rin!
Me di la vuelta para ver quién me llamaba, y era una mujer.
—¿Eres la maestra Rin Kimo, verdad?
—Sí, soy yo, mucho...
Pero no alcancé a terminar la palabra cuando sentí el impacto de la bofetada en mi mejilla, haciendo que ladee el rostro. Me llevé la mano a la zona que ardía y la quedé viendo, sin entender.
—¿Puedo saber por qué me golpeó?
—¡Por zorra! —y una nueva bofetada me llegó, haciendo que cayera al suelo. Me llevé otra vez la mano a la mejilla, aún sin entender nada.
—Ahora verás lo que les pasa a las mujerzuelas como tú, maldita.
La vi levantar la mano para un tercer golpe y cerré los ojos. Pero ese golpe nunca llegó. Levanté la vista y, gracias a Dios, vi a Hojo sujetarle la mano.
—¡Suéltame, idiota!
—Señorita, ¿se puede saber qué demonios le pasa? ¿Por qué agrede así a la maestra Rin?
—¡Suéltame! —y Hojo la soltó, pero en ningún momento dejó que se me acercara. El portero llegó justo a tiempo para sujetarla, mientras Hojo me ayudaba a levantarme.
—Señorita, ¿puedo saber por qué me agredió? —pregunté aún sin entender.
—¿Y aún te haces la mosca muerta? ¡Tú te metiste con algo que es mío, maldita zorra!
—¿De qué me habla?
—¡De Sesshomaru, maldita! ¡Él es mío y tú te metiste con mi hombre!
Algo dentro de mí se rompió.
—¿Cómo que suyo...? —susurré esas palabras con dolor.
—Sí, mío. Sesshomaru y yo tenemos una relación. Yo solo me fui de vacaciones a Italia. Claro, él solo te usó para pasar el rato, pero ya estoy aquí, y ya no te necesita. Así que aléjate de él.
No respondí. Solo agaché la cabeza. Sesshomaru me estuvo engañando todo este tiempo, pensé, con lágrimas en los ojos.
—Señorita, ¿Quién es usted? —le habló Hojo, mientras me tenía abrazada.
—¡Soy Sara Endo, la novia de Sesshomaru! —me gritó casi en la cara.
—Maestra Rin, saco de aquí a esta señorita —dijo el portero.
Pero la voz no me salía. Solo quería que la tierra me tragara.
—Sí, llévesela, por favor —habló Hojo otra vez.
—¡Suéltame, pobre diablo! Me puedo ir sola. Total, ya dije lo que tenía que decir —y sin más, se marchó. El portero la siguió, dejándome a solas con Hojo.
Por suerte, ya no había más gente en la escuela. Y sin poder evitarlo, solté los primeros sollozos.
—Shhhh... Ya, Rin, no llores. Esto tiene que ser un malentendido.
—¿Y si no lo es, Hojo...? —me callé, no podía hablar más porque la voz se me quebró. Lloré como una niña pequeña, siendo abrazada por mi amigo.
¿Por qué, Sesshomaru? ¿Por qué? —pensé, con el corazón hecho trizas.
Perspectiva de Inuyasha
—Chicos, no sé qué decirles. Mis amigos no son malas personas. Nunca le faltarían el respeto a Kagome ni a mis amigas, créanme.
—Naraku, no es si le faltaron el respeto o no... el problema es que se están metiendo entre nuestras relaciones con Sango y Kagome —habló Miroku a mi lado. Naraku solo agachó la mirada.
Solté un suspiro y caminé hacia él.
—Naraku, no te estamos diciendo esto para hacerte sentir mal. Es solo que esto hay que aclararlo ahora, o después será muy tarde. Tú eres testigo de todas las cosas que vivimos para poder estar con Kagome y Sango. Incluso tú, con Kikyo. Lo último que queremos es que por algún malentendido, todo se vaya a la borda, amigo.
—Lo sé, Inuyasha, lo sé. Y les prometo que hoy mismo hablaré con Bankotsu y Juromaru para aclarar esto. Se los prometo, muchachos.
—Gracias, Naraku —pronuncié ya más calmado.
—No se preocupen por ellos, chicos. Yo resolveré esto. Los veo luego —se despidió de nosotros y se marchó, dejándonos a nosotros tres en la oficina.
—Inuyasha, ¿crees que Naraku se haya molestado por haber hablado así de sus amigos?
—No, Miroku. Él está igual de preocupado que nosotros, lo vi en su mirada.
—Oigan, si ya terminaron, ¿podemos volver al trabajo? —habló Sesshomaru a nuestras espaldas.
Puse los ojos en blanco para ir por mis cosas.
—Ya te oí, jefe —solté, mientras tomaba mi maletín.
Perspectiva de Kagome
Apagué el auto y bajamos para entrar a la escuela en busca de Rin.
—Kag, ¿pero de verdad Inuyasha no se enojó por el mensaje?
—Sí se enojó. Estaba furioso.
—Pero tú no tienes la culpa, ¿no se enojó contigo, verdad?
—No, Kikyo. Nosotros estábamos bien, pero ¿sabes? Yo le doy la razón a Inuyasha. Si yo viera un mensaje así en su teléfono, también me habría molestado. Tendré que hablar seriamente con Bankotsu. Yo quiero llevar la fiesta en paz, pero si sus intenciones son otras, entonces es mejor que se mantenga alejado de mí. Incluso como futura abogada, para él... no quiero problemas.
—Kag, no me lo tomes a mal, pero lo que haga Bankotsu o Juromaru no es culpa de Naraku. Inuyasha tiene que tener eso en claro.
—Claro, Kikis, no te preocupes, todo está bien —le respondí con una sonrisa mientras la abrazaba. Ya así, las dos nos adentramos al salón de Rin, pero mi sonrisa se esfumó cuando la vi llorando, con los ojos rojos.
—¡Rin!
—¡Chicas!— se levantó de la silla y corrió hacia nosotras para abrazarnos, mientras seguía llorando.
—¿Pero qué te pasó, Rin? —exclamé asustada.
—¿Le pasó algo a los niños? —habló Kikyo, pero Rin no respondió.
Miré a Hōjō, dejando a Rin con Kikyo.
—Hōjō, ¿Qué pasó? Y quiero la verdad.
—Kag, lo que pasó fue que…
Perspectiva de Suikotsu
Mis ojos estaban revisando unos exámenes, pero mi mente estaba en otro lado.
—Kikyo —susurré con una sonrisa—. Hasta su nombre es lindo.
—¿Puedo pasar?
Levanté la cabeza de los papeles para ver a Sango en la puerta.
—Claro, pasa.
—¿Estás distraído o es idea mía?
—Algo —respondí con honestidad.
—¿Puedo saber por qué?
—Eres muy chismosa, ¿verdad?
—Oye, eres mi amigo. Es solo curiosidad… preocupación.
—Sí, claro. Yo diría que metiche y copuchenta.
—¡Claro que no! —Se cruzó de brazos, haciéndose la ofendida, y los dos nos largamos a reír. —Ya dime, ¿Qué tienes? Te veo en la luna, amigo.
Regresé mi vista a los exámenes, y después de unos segundos, la volví hacia ella.
—Sango, ¿Quién es Kikyo?
—¿Kikyo?
—Sí, aparte de ser tu amiga, claro.
—Pues… es una gran persona. Es la mano derecha de la diseñadora de moda más reconocida en Japón. Una gran amiga y… espera, espera, espera. ¿Por qué tanto interés en Kikyo?
Solté una risita inocente.
—¡Suikotsu, responde!
Solté un suspiro antes de hablar.
—Sango, para ser honesto… tu amiga es la chica más hermosa que he visto en mi vida. Y puede sonar patético, y hasta cursi, pero no he podido sacarme el rostro de tu amiga de la cabeza.
—Olvídalo, Suikotsu. Kikyo tiene novio y están muy felices los dos. Hasta viven juntos —me soltó seria Sango.
Esa información me golpeó un poco, para ser sincero, y la ilusión que tenía de verla se esfumó por completo.
—Perdón, Sango. No sabía. Qué idiota soy… debí preguntar si tenía novio primero. Claro, una chica tan linda como ella… era obvio que tendría novio —confesé rascándome la cabeza.
—Amigo, no me lo tomes a mal. No fue esa mi intención, pero tanto Kikyo como mi otra amiga, Kag, y yo hemos pasado momentos muy difíciles para, al final, estar con las personas que amamos. Y en este momento, Kag y yo estamos teniendo algunos problemas con nuestros novios… y lo que menos queremos es que Kikyo también los tenga.
—Sango, perdóname. Yo no sabía. Y ahora que lo sé, créeme, jamás me metería en una relación. No es mi estilo hacer eso.
—Lo sé, amigo. No te preocupes.
—Gracias —le sonreí a mi amiga, pero no puedo negar que, de verdad, me desilusionó saber que esa hermosa mujer tenía novio. Pero tampoco soy un bastardo para meterme en su relación y traerle problemas. Ni modo… tendré que verla de lejos nomás —pensé con tristeza, pero aún así le sonreí con cariño a mi amiga.
Perspectiva de Kagome
—¡Voy a matar a esa hija de puta! —golpeé el escritorio del salón.
—Tendrás que compartirla conmigo, Kagome, porque yo también le daré su merecido. ¿Qué se cree esa perra? ¡Nadie golpea a Rin! —gritó furiosa Kikyo a mi lado.
—Chicas, por favor, no se metan en problemas por mi culpa…
—¡Que no, Rin! ¡Esa perra te golpeó! ¿Piensas que lo vamos a dejar así? ¡Claro que no! Y Sesshomaru me va a escuchar.
—¡No, Kag! Por favor, no le hagas nada a Sesshomaru…
—¿Pero, Rin?
Pero ella solo agachó la cabeza, aún llorando.
—Kag, Kagome… yo lo amo, y quiero escuchar su versión.
No dije nada, porque tal vez Rin podría tener razón. ¿Y si esa tal Sara era igual que la loca de Shima y solo anda inventando cosas? —pensé ya más calmada.
—Kag, por favor…
—Está bien, Rin. Pero de esa perra me encargo hoy mismo —miré a Hōjō para entregarle a Rin—.
—Hōjō, ¿la puedes llevar al departamento de Koshó, por favor? Ahí también estará Asuka.
—Claro, Kag, cuenta con eso.
—Gracias —abracé a mi amiga por última vez y le di un beso en la frente—. Nos vemos allá, ¿sí?
—Kag…
—No te preocupes. Estaremos bien —me di la vuelta y miré a Kikyo—. Vamos.
—Sí.
Caminamos hacia la puerta para irnos.
—¿Kag, dónde vamos?
—Donde Sesshomaru. Kikyo, si él no me da la dirección, entonces la buscaré con mis contactos. Pero más le vale que me la dé por las buenas —exclamé subiendo al auto y arrancando hacia la empresa Taisho.
Perspectiva de Inuyasha
—Sesshomaru, a ti te toca la cita mañana con los americanos, y a ti, Miroku, con los españoles.
—¿Y tú, Inuyasha?
—Yo tengo que ir a ver la construcción de los dos edificios en el centro —respondí, guardando los planos, pero la puerta de la oficina se abrió de golpe, viendo a Kagome y a Kikyo entrar.
—Señor, las señoritas no quisieron esperar —habló la secretaria de Sesshomaru, detrás de ellas.
—No se preocupe —respondí, haciendo una seña para que se retirara y cerrara la puerta.
Cuando nos quedamos solos, vimos en cámara lenta cómo Kagome le dio una tremenda bofetada a mi hermano, y Kikyo también le dio otra, haciendo que él retrocediera unos dos pasos.
—¿¡Pero qué les pasa!? —exclamó él, sin entender, al igual que yo y Miroku.
Pero fue Kagome la que, con las palmas, golpeó el escritorio.
—¡Quiero la dirección de la zorra de Sara Endo! —exclamó, enfrentando a Sesshomaru.
Miré a Miroku sin entender por qué Kagome sabía de Sara, pero cuando vi que Miroku se tapaba la cara como señal de algo… ahí me cayó la realidad: algo pasó con Sara y con Rin.
Caminé hacia Kagome para tratar de tranquilizarla.
—Amor...
—¡Suéltame! —me gritó, y siguió mirando a mi hermano.
—Sesshomaru, dame la dirección ahora, o la busco por las mías. Y créeme que será peor.
—¿Cómo sabes de ella? —habló él al fin.
—¡Eso no importa! Ahora dame su maldita dirección.
—No… hasta que me digas qué pasó.
—¡La zorra de Sara fue a ver a Rin al colegio! —gritó furiosa Kikyo ahora.
La cara de mi hermano era de… ¿confusión y miedo?
—¿Sara le hizo algo a Rin? —preguntó él.
—Si quieres saber, entonces dame la dirección, Sesshomaru —respondió Kagome.
—Yo mismo te voy a llevar con ella. Y si tú no me dices qué pasó, lo hará ella —respondió Sesshomaru, tomando su saco. Caminó hacia la puerta, seguido por las chicas, por Miroku y por mí.
Perspectiva de Sesshomaru
Manejé lo más rápido posible hasta que llegué a su departamento. Me bajé, y Kagome y Kikyo hicieron lo mismo en su auto. Llegamos a recepción y pregunté por ella.
—¿Sara Endo se encuentra en su departamento?
—¿Quién la busca?
—Sesshomaru Taisho.
—Un segundo, por favor.
Vi cómo llamó y, después de colgar, dijo:
—Claro, pase por favor.
—Gracias —dije, y así todos caminamos hacia su puerta. Cuando llegamos, toqué el timbre...
Perspectiva de Kagome
Las manos me picaban, esperando que la maldita puerta se abriera... y al fin se abrió.
—¡Oh, Sesshomaru! Qué alegría verte. Pero... ¿y estas personas?
—¿Sara Endo? —pregunté.
—Sí, soy yo.
Listo. No quise saber más. Caminé hacia ella y le di tremenda bofetada, haciendo que entrara a su departamento. Y otra segunda bofetada le di, haciendo que cayera al suelo. Kikyo no se hizo esperar: la tomó del pelo y la arrastró hasta la sala.
—¡Kagome! ¿Qué estás haciendo?
—Si te metes en esto, Inuyasha, tendremos problemas muy graves tú y yo —le grité, siguiendo a Kikyo.
—¡Ahhh! ¿Qué les pasa, par de locas? —gritó la maldita desde el piso.
La levanté de las mechas y le di un puñetazo en el labio, partiéndoselo al instante. Kikyo le dio otro, haciendo que una vez más cayera al piso. Me iba a agachar para tomarla otra vez, pero sentí cómo Sesshomaru me sujetó por las muñecas, e Inuyasha a Kikyo.
—¡Ya, chicas! ¡Es suficiente! —habló Miroku, tratando de ayudar a la zorra esa.
—¡Suéltame, Sesshomaru!
—No. Hasta que me digas qué carajo pasó.
—¡Esta hija de puta golpeó a Rin! ¡Eso pasó! —le grité en la cara.
Perspectiva de Sesshomaru
"Golpeó a Rin... Golpeó a Rin... Golpeó a Rin..."
Las palabras resonaron en mi mente, y automáticamente solté sus muñecas para que siguiera con lo que estaba haciendo. Y así fue. Se lanzó encima de Sara, empujando a Miroku para seguir golpeándola sin piedad.
No sé cómo se zafó Kikyo de Inuyasha, pero al instante también estaba encima de Sara.
—¡Sesshomaru! ¿¡Por qué la soltaste!? —me gritó Inuyasha, frotándose la mano.
—Que agradezca que es mujer, Sara... porque si no lo fuera, yo mismo le parto la cara.
Pero, aun así, no la voy a separar.
—¡Idiota! ¡Miroku, ayúdame!
—¿Quieres que le hable a Sango? —le gritó Kikyo a Miroku, con un mechón de pelo en su mano.
Y Miroku no respondió. Solo se quedó ahí, sin hacer nada.
—¡Son un par de idiotas! —me gritó mi hermano, tratando de separar a Kagome y Kikyo de Sara, pero era imposible.
—¡Aaaahh, malditas! ¡Suéltenme! ¡Papáaaaa, ayuda!
—¡Cállate, maldita! —y otra bofetada de parte de Kagome recibió.
—¡Nadie toca a Rin! ¿¡Me escuchaste!? —le gritó Kikyo, para darle otro golpe.
—¡Las voy a denunciar! ¡No saben quién es mi papá!
—¿¡Quién carajo es tu maldito padre!? ¡Porque a él también le va a tocar! —gritó Kagome, y yo, feliz, le respondí esa información.
—Kagome, su papito es un hijo de puta limpia botas del señor Doriko.
Vi la sonrisa de Kagome en su rostro. Se agachó y tomó con brusquedad a Sara de la mandíbula para verla a la cara.
—Ándale, acúsame con tu padre. Hazlo. Dile que la abogada Kagome Higurashi te partió la cara, maldita. Dile, a ver cómo los toca.
—¡Sesshomaru, deja de mirar como idiota y ayúdame a separarlas!
—No lo haré —respondí frío, mientras veía cómo a Sara se le llenaba la ropa de sangre, de la nariz y del labio.
—Miroku —le habló Inuyasha.
Pero él hizo como que no escuchó.
—¡Son unos cobardes! —vimos cómo Inuyasha, como pudo, sacó a Kikyo casi a rastras y caminó con ella hasta la puerta. La dejó afuera, cerrando de golpe mientras Kikyo golpeaba la puerta para que le abran. Inuyasha corrió hacia Kagome para sujetarla también y sacarla del departamento.
—¡Suéltame, Inuyasha! ¡Aún no acabo con ella!
—¡Que no, Kagome! ¡Mírala! Ya ni se puede levantar. No te rebajes con ella, ¿sí?
—¡Tocó a Rin! ¡La voy a destruir, a ella y a toda su familia! ¡No sabe con quién se metió esta perra!
—¡Ya, Kagome! Miroku, ayúdame a abrir la puerta, y trata que Kikyo no entre.
—Está bien —respondió él.
Los quedé viendo hasta que los cuatro ya estaban afuera, dejándome a mí solo con Sara en el suelo.
Caminé hacia ella y me agaché a su altura.
—Sessho... Mira cómo me dejaron...
—¡Cállate! —le grité.
—Pero...
—¡Cállate y me vas a escuchar! Ruega que Rin esté bien cuando la vea ahora, porque si llega a estar lastimada por tu culpa, seré tu pesadilla en vida, Sara. En vida. Y llorarás lágrimas de sangre.
Fue mi advertencia antes de caminar hacia la puerta.
—¡Mi papá va a destruir a esas brujas!
Sonreí por su ignorancia. Lo menos que espero de ese idiota que tiene por padre es que le pida disculpas a Kagome de rodillas cuando sepa su nombre. Abrí la puerta y la cerré de un portazo.
Caminé hacia la salida, y ahí estaba Kagome discutiendo con Inuyasha. Miroku no hacía nada, seguro por no querer otro pleito con Sango, y Kikyo estaba sacándose algo de las uñas.
¿Pelo?
Caminé hacia ellos y miré a Kagome.
—¿Dónde está Rin?
—¿Para qué quieres saberlo? —me respondió fría.
—Mira, Kagome, no me gusta alargar las cosas. Así que seré directo: no me importa que me amenaces con el señor Doriko. De igual manera hablaré con Rin, así que dime dónde está.
Vi en su rostro la duda, pero después miró hacia otro lado.
—Te llevaré con ella, pero te advierto: si ella no quiere hablar contigo, yo misma te saco del departamento. ¿De acuerdo?
Asentí con la cabeza. Cada uno se subió a su auto. Esperé que ella arrancara y la seguí detrás, rogando que Rin esté bien... o soy capaz de matar a Sara.
Perspectiva de Naraku
—Con ustedes quería hablar.
—¿Sí? ¿Qué pasa, Naraku?
—Bankotsu, Juromaru… ¿me pueden decir qué mierda tienen en la cabeza? ¿¡Cómo se les ocurre molestar a mi prima y a mi mejor amiga!? —exclamé enojado.
—Yo soy inocente, no hice nada —habló Muso, mientras seguía trabajando.
Miré a los otros dos esperando respuestas.
—Vaya, ¿Taisho te fue a llorar por ayuda?
—Bankotsu, deja de bromear. Con tu mensaje le trajiste problemas a Kagome.
—¿Qué? ¿Inuyasha le hizo algo?
—¡Claro que no, idiota! Por suerte todo está bien. Pero que tú estés de metiche le puede traer problemas. Así como tú se los trajiste a Sango, Juromaru.
—Naraku, sé que hice mal, pero ya hablé con Sango. Solo me falta hablar con Miroku, así que, por mi parte, no te preocupes, amigo.
—Bien. ¿Y tú, Bankotsu?
—¿Oye, qué?
Me froté la cara, frustrado. Bankotsu es mi mejor amigo, y sé que cuando algo se le mete en la cabeza, no hay quien se lo saque… sobre todo si se trata de mujeres.
Caminé cerca de él, me senté y lo miré a la cara.
—Amigo mío, por favor… no hagas que me arrepienta de haberte traído a Japón. Kagome ama a Inuyasha, y él la ama a ella. No te metas entre ellos, ¿sí?
Lo vi resoplar, dejar los planos a un lado y mirarme.
—Naraku, tú sabes que cuando algo me interesa, siempre lucho por tenerlo, pero…
—¿Pero…? —dije, con la curiosidad latente.
—Tu prima… no sé qué carajo hizo, que no hay un segundo del día en que deje de pensar en ella. Pero tampoco quiero traerle problemas con Taisho.
—Bankotsu, ese sentimiento se te va a pasar, créeme. Ellos se aman. Han pasado por cosas que otros, en su lugar, ya habrían terminado. Pero ellos lo superaron, y es porque se aman de verdad, amigo. No te metas entre ellos, ¿vale?
—Está bien. Hablaré con Kag y le ofreceré disculpas si me pasé con la confianza que ella me brindó. Pero si Taisho no la hace feliz, yo volveré al ataque, Naraku.
—De acuerdo. Pero toma esto como un consejo: búscate una chica por otro lado, porque Kagome e Inuyasha jamás tendrán un problema.
—Solo el tiempo lo dirá, amigo mío.
—Sí, el tiempo me dará la razón, Bankotsu. Y ya que todo se aclaró, vamos a trabajar, ¿sí?
—Sí, trabajemos mejor —me respondió, dispuesto a empezar con los planos.
Perspectiva de Sesshomaru
Llegamos al departamento de Koshó. Kagome tocó la puerta y la dueña del lugar abrió.
—Chicas, ya llegaron —y Sango?.
—No le digamos por el momento, Koshó y Rin —respondió Kagome.
—En la sala...
Caminé para entrar, pero Kagome y Kikyo se pusieron enfrente.
—Sesshomaru, si Rin acepta hablar contigo, los dejaremos a solas. Pero si no quiere, tendrás que marcharte. Ese fue el trato —dijo Kikyo.
—Si Rin no quiere verme, yo mismo me marcharé —respondí.
Ellas me dejaron pasar. Caminé hasta la sala, y ahí estaba ella... con Asuka.
—Rin... —susurré.
Pero ella me esquivó la mirada. Caminé hacia ella y me arrodillé frente a Rin para tomar su rostro y verla. Fue el peor golpe que sentí en mi interior. Y Una rabia que jamás había sentido. Su mejilla estaba roja y algo inflamada, y sus ojos, rojos por el llanto.
—Rin... ¿podemos hablar, por favor?
Ella solo miró a las chicas, como en busca de algo. Y así fue. Kagome habló a mi espalda.
—Haremos lo que tú quieras, Rin. Si quieres hablar con él, los dejaremos solos. Si crees que aún es pronto para hablar con él, él se irá para darte tiempo.
—Quiero hablar con él, Kag —dijo finalmente.
Y al fin pude respirar por sus palabras.
—Está bien, chicas, salgamos —dijo Kagome.
Así, tanto sus amigas como Inuyasha y Miroku salieron del departamento, dejándonos solos. Ahí recién me levanté y la abracé contra mi pecho.
—Rin, no sabes cuánto lo siento... que esa mujer te haya tocado.
Pero ella se separó de mí. Traté de detenerla, pero no pude. Me miró a la cara y su mirada me desarmó. Por primera vez en mi vida tuve miedo... miedo de que ella me dijera algo que la alejara para siempre.
—Rin...
—Sesshomaru, te escucho. Dime tu versión, por favor.
Sin quitarle la mirada de encima, me puse a relatar quién es Sara.
—Su nombre es Sara Endo. Una chica de papá. Yo, antes de conocerte, jamás tuve compromiso con mujeres. Solo vivía el momento. Y ella...
—¿Eras como Inuyasha? —me interrumpió.
—No —respondí, frotándome el rostro.
Lo último que quería era que Rin me comparara con Inuyasha.
—No, Rin. Lo de Inuyasha es diferente. A él lo dañaron, y después cayó en un agujero negro, vengándose con todas las mujeres que se cruzaban en su camino por culpa de una. Esa historia ya la sabes. Lo mío es diferente. Por favor, tienes que escucharme.
—Está bien. Eso hago, te escucho.
—Bien. Yo, cuando encontraba una mujer, dejaba las cosas claras.
—¿Cómo?
—Les decía lo que buscaba en ellas: algo sin compromiso, algo que no tenía nombre. Es más, solo nos veíamos cuando...
Me callé, porque no sabía cómo decir esa palabra.
—¿Cuándo tenían intimidad, verdad?
—Sí, Rin. Eso. Y ellas lo aceptaban. En eso jamás les mentí. Cuando conocí a Sara, le dije lo mismo y ella aceptó. Los meses pasaron, y un día Sara me dijo que había empezado a tener sentimientos por mí. Ahí fue cuando di por terminado ese acuerdo, porque lo último que quería era ilusionar a una mujer con algo que jamás iba a pasar. Jamás me enamoré de nadie, Rin. De nadie... hasta que te conocí a ti. Pero mucho antes de conocerte, yo ya había terminado lo que tenía con Sara. Después supe que su padre se la llevó a otro país por asuntos de trabajo, y no supe más de ella... hasta hace un tiempo.
Ella regresó y quiso hablar conmigo porque vio en las noticias de Navidad que yo estaba con alguien. Le dejé las cosas claras ese día, pero creo que no tomó en serio mi advertencia cuando le dije que no se metiera contigo. Desde ese día, no supe más de ella... hasta hoy.
Terminé mi relato, y los segundos se hicieron eternos esperando que Rin hablara, pero no decía nada.
—Rin, por favor, di algo...
—Sesshomaru, no negaré que pensé muchas cosas en este rato que estoy aquí en este departamento.
—¿Cosas como qué?
—Por ejemplo, que tú estés con ella... Que todo lo que tenemos fuera una mentira, y que solo te estés vengando por lo que pasó con Inuyasha y las chicas.
—Jamás haría eso, Rin.
—Por favor, déjame hablar.
Me callé y la seguí escuchando.
—Pensé que todo esto era una mentira, y que tú jamás me amaste... Pero también pensé que todo esto podría ser una mentira por parte de ella, así como la difunta Shima —que en paz descanse—, y que todo esto solo sea una mala broma.
—Lo es, Rin. Tienes que creerme.
La vi darme una sonrisa triste mientras se levantaba del sillón, y yo hice lo mismo.
—Sabes, Sesshomaru... yo, a diferencia de mis amigas, no soy impulsiva ni me dejo llevar por el dolor. A mí me gusta pensar con la mente fría, para poder ver las cosas con la mayor claridad posible y así tomar una decisión, ¿sabes?
—¿Qué quieres decir, Rin?
—Quiero decir que, ya que tengo las dos versiones, ahora necesito pensar bien las cosas, Sesshomaru. Dame tiempo. No mucho, pero dame tiempo para procesar todo esto y poder tomar una decisión. ¿Sí?
No me gustaron nada sus palabras... ¿tiempo para qué? pensé con desesperación.
—Rin, yo te amo. Esa es mi única y verdadera verdad. Y Sara es un pasado que ya no existe en mi vida.
—Dame tiempo, Sesshomaru... por favor.
No dije nada. Solo asentí con la cabeza y caminé hacia ella.
—¿Puedo darte un abrazo antes de irme?
Ella asintió, y la abracé con cuidado para no lastimarla. Pero la abracé con desesperación y con esperanza... esperanza de que este malentendido se acabe pronto.
—Cuídate, favor
—Lo haré. Tú también cuídate, Sesshomaru.
—Lo haré... para esperarte, Rin —dije, besando su coronilla y soltándola con cuidado.
Caminé hacia la salida para irme del departamento. Afuera estaban los demás. Miré a las chicas y les dije:
—Cuídenla, por favor.
Y sin más... me fui de ahí.
Perspectiva de Rin
Lo vi salir del departamento, y mis lágrimas salieron solas.
—Te amo, Sesshomaru... pero necesito pensar las cosas antes de tomar mis decisiones.
Vi cómo al departamento entraron todas las chicas, menos los chicos. Tal vez se fueron con Sesshomaru, pensé.
—¿Rin, está bien? —preguntó Kagome.
—Sí, Kag... pero ¿me abrazan, por favor?
Y así lo hicieron. Me abrazaron entre todas... y lloré en silencio todo lo que mi corazón me permitió.
Continuará...
Si llegaron hasta aquí, gracias.
Crédito de la ortografía: la bella autora Cbt1996. ¡Gracias, linda!
