Akari Takasago

No sé cómo terminó pasando, pero aquí estamos.

Hinata y yo estamos agazapadas detrás de una de las columnas del gimnasio, con vista perfecta al tatami donde Alice y Kougami están entrenando. ¿Cómo llegamos aquí? Porque el destino lo quiso. Y porque, seamos honestas, esto es un evento histórico y yo no me lo iba a perder.

Mi terminal ya está abierta en el chat secreto de las chicas de segundo año de artes. No puedo enviarlo al grupo grande porque Alice está ahí y nos mataría. Pero esto tiene que ser documentado en tiempo real.

Akari: CHICAS, ESTOY AQUÍ. TENGO VISUAL TOTAL.

Nao: Akari, esto es acoso.
Shiori: Ni siquiera estoy sorprendida.
Kaede: ¿Cómo te metiste al gimnasio?
Miyu: ¡AKARI, INFÓRMANOS!

Sonrío para mí misma. Miyu es la única con prioridades claras.

Akari: A ver, a ver, empecemos.
Akari: Primero, ALICE ESTÁ VESTIDA COMO PARA MATAR A KOUGAMI, ESTOY SEGURA.
Akari: Shorts cortos, ceñidos, color jade. CAMISETA AJUSTADA.
Akari: LO HIZO A PROPÓSITO, LO SÉ, LO SÉ.

Miyu: Dios santo.
Nao: Espera, ¿qué?
Kaede: ¿Qué está haciendo Kougami?
Shiori: Seguro fingiendo que no le afecta.

Muerdo mi labio para contener un gritito. Por supuesto que lo está haciendo.

Akari: Está en modo estoico. PERO ESCÚCHENME BIEN.
Akari: El desgraciado la vio de arriba abajo cuando llegó. Y ALICE SE PUSO ROJA COMO UN TOMATE.

Nao: Digan lo que quieran, pero Alice sí que sabe lo que hace.
Miyu: ¡Ay, quiero ver eso en persona!
Kaede: Ok, pero ¿y el entrenamiento?

Justo cuando iba a responder, el momento que lo cambia todo sucede.

El grupo de kickboxing de Kougami llegó temprano. Y TODO SE FUE AL INFIERNO.

Akari: CHICAS, ALERTA, ALERTA.
Akari: EL CLUB DE KICKBOXING LLEGÓ Y LAS CHICAS NO ESTÁN CONTENTAS.
Akari: REPITO, ESTO SE VOLVIÓ UNA TELENOVELA.

Nao: Define "no están contentas".
Miyu: ¿La miraron feo?
Shiori: ¿La atacaron?

Akari: NOOO.
Akari: PERO SE LES VE EN LAS CARAS QUE, SI PUDIERAN DESINTEGRARLA CON LA MIRADA, LO HARÍAN.
Akari: Hikari está liderando el ejército de odio.

Kaede: ¿Y los chicos?

Oh. Oh. Oh. Los chicos.

Akari: LOS CHICOS LA ESTÁN RODEANDO.
Akari: COQUETEO INTENSO EN PROGRESO.
Akari: ALICE NO SABE DÓNDE METERSE.

Nao: JAJAJAJA.
Miyu: PERO POR FAVOR, ¿QUÉ LE ESTÁN DICIENDO?
Kaede: Dame más detalles, Akari. Necesito imágenes mentales claras.

Akari: Ryo y Kei la tienen ACORRALADA.
Akari: Uno le dijo "preciosa" y el otro le ofreció clases privadas.

Shiori: Uf, cliché total.
Nao: ¿Y Kougami?

Sonrío con maldad.

Akari: Kougami SONRIÓ.
Akari: PERO NO AMIGABLE.
Akari: SONRIÓ COMO UN DEPREDADOR QUE VE A UN IDIOTA METIÉNDOSE DONDE NO DEBE.

Nao: JAJAJAJA.
Miyu: ESTOY GRITANDO.
Kaede: ¿Les dijo algo?

Akari: Les dijo que era GRACIOSO que creyeran que Alice tenía algo que aprender de ellos.

Shiori: Ok, pero eso fue sexy.
Nao: Demasiado sexy.
Miyu: Voy a imprimir ese momento en mi memoria.
Kaede: Akari, sigue reportando, necesito saber cómo está Alice.

Miro a Alice. Se nota que está muriendo por dentro.

Akari: ALICE ESTÁ TRATANDO DE NO AUTO-DESTRUIRSE.
Akari: PERO ESTÁ TAN ROJA QUE PARECE QUE VA A EXPLOTAR.
Akari: Kougami acaba de llevarla al tatami para empezar el entrenamiento.
Akari: PERO LAS CHICAS DEL CLUB LA ESTÁN VIENDO COMO SI FUERA SU ENEMIGA MORTAL.

Miyu: Ay, no, pobre Alice.
Nao: Por favor, si alguien puede soportarlo, es ella.
Kaede: Pero igual, la están observando demasiado.
Shiori: Les da rabia que Kougami la haya elegido a ella para entrenar.

Hinata me codea. "Akari, mira cómo la siguen mirando. No pueden con su vida."

Sí. Las chicas del club de kickboxing están VIENDO.

Akari: LAS CHICAS DEL CLUB ESTÁN EN MODO VENENO PURO.
Akari: SI LAS MIRADAS MATARAN, ALICE YA ESTARÍA ENTERRADA.

Nao: JAJAJAJAJA.
Miyu: Dios, alguien tiene que rescatarla.
Kaede: ¿Y Alice sigue entrenando con Kougami?

Miro el tatami. Sí, lo hace.

Akari: Y LO PEOR ES QUE LO ESTÁ HACIENDO BIEN.
Akari: O al menos, MEJOR QUE AYER.
Akari: ESTÁ MÁS SEGURA, NO TAN TORPE.

Shiori: Alice en modo "voy a humillar a todas".
Nao: Dios, es mi ídola.
Miyu: Imaginen si les gana en algo.

Me muerdo el labio para no reírme fuerte. Esto es demasiado bueno.

Akari: AHHHHHHHH, CHICAS, CHICAS.
Akari: Kougami LE CORRIGIÓ LA POSTURA TOCÁNDOLA.
Akari: LAS CHICAS DEL CLUB ESTÁN A PUNTO DE ENTRAR EN COMBUSTIÓN.

Nao: Adiós, Alice. Fue un gusto conocerte.
Shiori: Aquí yace Alice Carter, víctima del odio femenino injustificado.
Miyu: Pero murió bendecida por las manos de Kougami.
Kaede: Akari, si sobrevives a esto, sigue informando.

Miro la escena con la intensidad de alguien viendo el último episodio de un drama de acción.

Alice está concentrada. Pero sé que en su mente está gritando.

Kougami, como siempre, parece tranquilo. Pero hay una sonrisa en la esquina de sus labios.

Las chicas del club están al borde de la desesperación.

No sé en qué momento dejé de respirar, pero lo cierto es que estoy ABSOLUTAMENTE HIPNOTIZADA por lo que está pasando en el tatami.

Akari: CHICAS, ESCUCHEN, ESCUCHEN.
Akari: ALICE CASI LE CONECTA UN GOLPE A KOUGAMI Y ÉL LE SONRIÓ.
Akari: Y NO CUALQUIER SONRISA. UNA SONRISA ORGULLOSA.
Akari: ¿ES ASÍ COMO SE VEN LOS MAESTROS CUANDO SUS DISCÍPULOS MEJORAN? PORQUE SI ES ASÍ, ME MUERO.

Nao: O sea, la está mirando como si estuviera orgulloso de ella.
Miyu: ¡ME DESMAYO, ALGUIEN ME SUJETE!
Kaede: Me cuesta creerlo.
Shiori: Por favor, Alice no mejora TAN rápido.

Akari: SE LOS JURO POR TODO LO SAGRADO.
Akari: LE SONRIÓ. COMO SI DIJERA "BIEN HECHO".
Akari: ESTO NO ES NORMAL, CHICAS, ESTO ES ROMANCE.

Hinata, a mi lado, está apretando mi brazo con fuerza, susurrando "NO PUEDE SER" una y otra vez.

Akari: Pero AÚN HAY MÁS. Kougami acaba de detenerse. No para descansar, no porque Alice haya cometido un error. No. Se detuvo porque le está explicando algo.

Akari: Y LE TOCÓ EL BRAZO PARA GUIAR SU MOVIMIENTO.

Akari: DIOS, DIOS, DIOS.
Akari: ¡CONTACTO! ¡HAY CONTACTO! ¡REPITO, HAY CONTACTO!
Akari: LE ESTÁ GUIANDO EL MOVIMIENTO.
Akari: TIENE SU MANO SOBRE SU BRAZO.
Akari: Y ALICE ESTÁ SUFRIENDO. LA PUEDO VER QUEMÁNDOSE POR DENTRO.

Miyu: Ay, pobrecita, me da ternura.
Nao: Quiero creerlo, pero suena DEMASIADO bueno para ser verdad.
Kaede: ¿Alice se está derritiendo?
Shiori: ¿Respira siquiera?

Akari: ALICE ESTÁ ROJA.

Más roja que cuando llegó, más roja que cuando los idiotas del club de kickboxing la rodearon. Esto es otro nivel.

—Akari, escúchame… si Alice sobrevive a esto, es oficialmente una diosa. —susurra Hinata, y yo asiento en completo acuerdo.

Porque ahora Kougami está demasiado cerca.

Akari: CHICAS, ESTÁN MUY CERCA.
Akari: ESTO YA NO ES UNA CLASE DE PELEA, ESTO ES OTRA COSA.
Akari: ALICE NO ESTÁ RESPIRANDO. KOUGAMI LE ESTÁ HABLANDO, PERO ELLA NO LO ESTÁ ESCUCHANDO.
Akari: JURARÍA QUE ESTÁ EN MODO ERROR 404.

Miyu: dejó de funcionar.
Nao: JAJAJAJA.
Kaede: Bueno, es Kougami.
Shiori: Y si Kougami te mira así, ¿qué haces?
Miyu: ¿Respirar? No. Morir.

Y en ese momento, en medio de mi emoción absoluta, lo hago. Cometo el error más grave de mi vida.

Envió el mensaje equivocado AL GRUPO GENERAL.

Akari: ¡ALICE ESTÁ EN ESTADO CRÍTICO!
Akari: ¡REPITO, ESTÁ A PUNTO DE EVAPORARSE, ¡ALGUIEN HAGA ALGO!
Akari: ¡KOUGAMI NO DEJA DE MIRARLA Y LA CERCANÍA ES PELIGROSA!

Silencio absoluto en el chat.

Miyu: ¿QUÉ HICISTE?
Nao: AKARI, NO.
Kaede: AKARI, ME ESTÁS JODIENDO.
Shiori: DIME QUE NO HICISTE LO QUE CREO QUE HICISTE.

Y ENTONCES… ALICE LEVANTA SU TERMINAL.

Hinata y yo nos congelamos.

Su rostro, ya rojo por Kougami, cambia completamente cuando lee el mensaje.

Y entonces, nos busca. NOS ESTÁ BUSCANDO.

Akari: CHICAS, CHICAS, NOS DESCUBRIÓ.
Akari: NOS VA A MATAR.
Akari: SI NO SOBREVIVIMOS, RECUÉRDENNOS COMO HÉROES.

Nao: Corre.
Miyu: CORRAN.
Kaede: AKARI, ESCAPA, POR FAVOR.
Shiori: HUYAN, NECIAS.

Hinata me mira con puro terror.

—AKARI, CORRE.

Y entonces HUIMOS.

Nos deslizamos entre las columnas, corriendo como si nuestra vida dependiera de ello.

Alice nos sigue con la mirada, sus ojos ahora oscuros, peligrosos. Y lo peor de todo es que mañana la veremos cara a cara.

Estamos condenadas.

Kougami

Alice estaba justo frente a mí, su respiración pausada, su cuerpo relajado, pero con la tensión justa para reaccionar en cualquier momento. Estaba concentrada, y yo también lo estaba. O al menos, eso intentaba.

Había algo en el aire que hacía que cada segundo se sintiera más denso. Tal vez era la cercanía, tal vez era la forma en que su piel brillaba con una fina capa de sudor, o tal vez era su aroma, ese maldito aroma a manzana y frambuesa que me tenía atrapado.

No debería estar pensando en eso. Debería estar enfocado en su postura, en su técnica, en corregirla con la distancia justa. Pero no podía evitarlo.

Alice se veía preciosa hoy. Siempre lo es, pero hoy, con esa ropa, con esos shorts que apenas dejaban algo a la imaginación y esa camiseta ajustada que resaltaba cada curva de su cuerpo, era difícil ignorarlo.

Me obligué a mantener las distancias. A no tocarla más de lo necesario, a mantener el control, porque Alice es Alice, y si dejo que la atracción tome el control, todo se irá al carajo.

Ella no parece darse cuenta de nada. Está tranquila, completamente enfocada en el entrenamiento, respirando con suavidad mientras se mueve con más confianza que ayer.

Estoy tan ensimismado en su presencia que, cuando su terminal suena, el sonido me saca bruscamente de mi trance.

Alice frunce el ceño, algo confundida. No recibe muchos mensajes, y cuando lo hace, suelen ser importantes, así que saca la terminal del bolsillo de su short y la desbloquea con un deslizamiento rápido. Sus ojos recorren la pantalla y su expresión cambia en cuestión de segundos. Su ceño se frunce más, sus labios se tensan.

—¿Qué pasa? —pregunto, todavía observando la forma en que su expresión se endurece.

Antes de que pueda responder, escucho pasos apresurados en el gimnasio. No son nuestros. Son pasos de alguien corriendo.

Alice levanta la vista por un instante, como si estuviera procesando lo que acaba de leer. Luego, sin decir nada, me muestra la pantalla de su terminal.

Mis ojos bajan hacia el mensaje, y lo primero que veo es un nombre.

Akari. Una serie de mensajes llenan la pantalla.

"ALICE ESTÁ EN ESTADO CRÍTICO!"
"REPITO, ESTÁ A PUNTO DE EVAPORARSE, ¡ALGUIEN HAGA ALGO!"
"KOUGAMI NO DEJA DE MIRARLA Y LA CERCANÍA ES PELIGROSA!"

Parpadeo.

Alice exhala pesadamente y bloquea el terminal. Luego me mira, su expresión todavía tensa, pero con un destello de incredulidad en los ojos.

—Parece que teníamos público.

No respondo de inmediato, porque todavía estoy procesando la cantidad de estupideces que acabo de leer.

—Akari —repito el nombre en voz baja, reconociéndolo vagamente.

Alice asiente con un resoplido.

—Segundo año de Artes. Apuesto a que no es la primera vez que espían los entrenamientos.

Me paso una mano por la cara.

—Por supuesto que no.

Alice cruza los brazos y mira hacia la puerta por donde escaparon los pasos apresurados. Ya se han ido, pero puedo sentir la frustración irradiando de ella.

—Si creen que van a salirse con la suya, están equivocadas —dice, y sé que está planeando algo.

Por algún motivo, siento un poco de lástima por Akari y su cómplice.

Alice

Mis músculos duelen, mi respiración aún está un poco agitada y mi mente sigue atrapada en cada corrección que Kougami me hizo durante el entrenamiento. Estoy cansada, pero satisfecha. Hoy fue mejor que ayer, y eso es suficiente para mí.

O lo sería, si no hubiera descubierto que me estaban espiando. Todavía no puedo creerlo.

Me siento en uno de los bancos del vestuario, con una botella de agua fría en la mano, mientras mis dedos desbloquean el terminal sin pensarlo demasiado. No suelo recibir mensajes, así que la notificación del chat de Artes sigue en la parte superior de la pantalla.

Respiro hondo. No quiero enojarme. No quiero que esta estúpida revelación me arruine el resto del día.

Pero no puedo evitarlo.

Voy a encarar a Akari ahora mismo.

Alice: Akari.
Alice: ¿Qué carajo estaban haciendo?

El chat queda en silencio absoluto.

Y luego…

Akari: JAJAJAJAJA ALICE, HOLAAA, QUÉ TAL, ¿CÓMO ESTÁS?
Hinata: Alice, qué bueno verte por aquí 3
Nao: Esto va a ser hermoso.
Kaede: Akari, corre.
Miyu: Corre rápido.
Ryota: ¿Qué está pasando?
Souta: No sé, pero Akari está en peligro.
Kenta: Alguien va a morir y no soy yo.
Shiori: Quisiera decir que me sorprende, pero… no.

Cierro los ojos y exhalo lentamente. Paciencia, Alice. Paciencia.

Alice: Akari. Hinata.
Alice: Las estoy esperando.

Silencio.

Hinata: Akari, esto es tu culpa.
Akari: NOS DESCUBRIÓ PORQUE YO… PUEDE QUE… ENVIASE UN MENSAJE POR ERROR AL GRUPO GENERAL.

Abro los ojos lentamente.

Miyu: Sí, eso pasó.
Nao: Fue hermoso.
Kaede: Y desastroso.
Souta: Akari básicamente gritó por mensaje que Alice estaba al borde del colapso y Kougami demasiado cerca.
Ryota: Dios.
Kenta: PERO QUÉ NIVEL DE AUTO-SABOTAJE.

Aprieto el puente de mi nariz, sintiendo la migraña formándose.

Alice: Akari, dame UNA razón para no matarte mañana.

Akari: ¡Curiosidad periodística!
Akari: ¡La gente tiene derecho a saber!
Akari: ¡Estoy llevando la documentación de este romance prohibido con el máximo profesionalismo!

Shiori: Eso no te va a salvar.
Nao: Si mueres, Akari, te recordaremos.
Kaede: No te recordaremos.
Miyu: Estoy llorando de la risa.

Hinata: Alice, por favor, ten misericordia.

Miro el chat, mi paciencia pendiendo de un hilo.

Alice: Las veo mañana.

Akari: ¡Alice, Alice, espérate!
Akari: ¿Me dejarías entrevistar a Kougami sobre ti?

Cierro la terminal.

Si la sigo leyendo, voy a terminar en la cárcel.

Kaede Shiranagi

El estudio de la casa de Kenta siempre había sido un punto de reunión improvisado para nosotros. No era particularmente grande ni lujoso, pero tenía ese aire de comodidad, de un espacio donde podíamos bromear, tocar música sin preocupaciones y simplemente pasar el rato sin que nadie nos molestara. En realidad, ninguno de nosotros pensó demasiado en la reunión de hoy, al menos hasta que la puerta se abrió y Alice Carter entró con un estuche de guitarra eléctrica en la mano.

Todo el mundo se quedó en silencio.

Para empezar, ella estaba elegante. No del tipo de elegancia forzada, sino de una manera en la que parecía que no podía concebir la idea de vestirse informalmente. Llevaba pantalón negro, botas de tacón medio y una blusa lila que resaltaba su piel pálida y su cabello oscuro. Parecía lista para asistir a una cena de gala, no para una reunión casual en la casa de Kenta. Y, sin embargo, allí estaba, con su estuche, como si llevara un tesoro en lugar de un instrumento.

Akari y Hinata estaban visiblemente aterradas. No intentaban disimularlo. Alice no tenía una expresión hostil ni de enfado, pero su presencia era lo suficientemente fuerte como para hacer que ambas se removieran en sus asientos como si esperaran la sentencia de un juez.

—Antes de que hagamos cualquier cosa —dijo Alice, con su tono habitual, una mezcla perfecta entre calma y autoridad—. Akari, Hinata, juren que nunca más van a espiarme de esa forma.

Hinata asintió frenéticamente sin decir nada, y Akari tragó saliva antes de responder.

—Lo juro. Por lo que más quieras.

Alice no desvió la mirada, claramente no convencida.

—Júralo otra vez.

—Lo juro, lo juro, ¡lo juro! —Akari levantó las manos en señal de rendición.

Alice pareció satisfecha y, sin más, dejó el estuche de la guitarra sobre la mesa de centro. Akari, por supuesto, no pudo con la curiosidad.

—¿Y qué hay en el estuche? —preguntó, con una sonrisa nerviosa, pero claramente emocionada.

Alice la miró como si fuera la persona más predecible del planeta.

—Es mi guitarra.

—¡Tienes que abrirlo!

Alice suspiró, como si ya supiera que esto iba a pasar, y con una calma casi teatral, desabrochó los cierres del estuche y lo abrió.

El silencio fue inmediato. La guitarra era impresionante.

Una Gibson Les Paul negra con detalles dorados. El acabado era impecable, el brillo del barniz reflejaba la luz de la habitación, y los herrajes dorados le daban una presencia aún más impactante. Era hermosa, perfecta, como si cada centímetro de ella hubiera sido diseñado con precisión para ser admirado.

Yo nunca había visto una guitarra así en persona. Y lo primero que pensé fue:

"¿Por qué demonios alguien le pondría una pegatina barata a algo tan hermoso?"

Nadie lo entendía.

Todos nos inclinamos un poco más, observando el instrumento con fascinación, pero nuestros ojos inevitablemente terminaron en la pegatina.

Un yin-yang de gatos.

Era pequeña y estaba pegada en un costado de la guitarra, en un lugar que no era del todo visible desde todos los ángulos, pero que definitivamente no pertenecía a un instrumento de esa categoría.

—Alice. —Nao fue la primera en hablar, su tono incrédulo—. ¿Por qué le pusiste esto?

Alice, que hasta ahora había mantenido su expresión inmutable, se removió ligeramente en su asiento.

—Me gusta.

Akari entrecerró los ojos.

—No te creo.

Alice la fulminó con la mirada, pero Akari no se iba a rendir.

—No tiene sentido que hayas comprado esta guitarra y le hayas puesto esa pegatina de tienda de recuerdos baratos.

Kenta, que hasta ahora se había mantenido en silencio, pasó un dedo con reverencia por el borde de la guitarra.

—Es una Gibson Les Paul. Esto no es cualquier guitarra.

Alice suspiró, como si ya supiera que no íbamos a soltar el tema.

—Me acompañaron a comprarla.

—¿Quién? —preguntó Kaede, que hasta ahora había estado observando todo en silencio.

Alice apartó la mirada, como si no quisiera decirlo.

Y entonces, lo dijo.

—Kougami.

El silencio que siguió fue inmediato.

Akari chilló.

—¡¿QUÉ?!

Nao se tapó la cara con ambas manos.

—No puede ser.

Miyu se aferró a mi brazo.

—Esto se está poniendo demasiado bueno.

Alice nos ignoró deliberadamente, pero su cuello estaba rojo.

—Me acompañó a la tienda. Me ayudó a elegirla.

—¿Y la pegatina? —preguntó Ryota, que hasta ahora solo había estado disfrutando el espectáculo.

Alice mordió su labio.

—Me la regaló.

El griterío fue instantáneo. Akari se dejó caer en el sofá con dramatismo.

—No, no, no, no. Esto es DEMASIADO.

Miyu parecía a punto de desmayarse.

—Esto es un maldito dorama.

Kaede se frotó la sien.

—Dios.

Nao suspiró profundamente.

—Así que Kougami te regaló una pegatina. Para tu guitarra. Y la pegaste. En esto.

Alice asintió, sin mirarnos. Akari volvió a chillar.

—ALICE, ESTO ES UNA CONFESIÓN DE AMOR.

Alice le lanzó un cojín en la cara.

Pero nadie dejó de mirarla con absoluta incredulidad.

Alice

Los chicos de segundo año me caen bien, en serio, pero no pensé que existieran personas más intensas que yo hasta hoy.

Sabía que Akari y Hinata eran exageradas. Desde que me agregaron al grupo, lo supe. Lo que no esperaba era el nivel de obsesión colectiva que tienen con lo que sea que pasa entre Kougami y yo. Parecen una maldita secta.

Akari no dejó de hablar en todo el tiempo. No, "hablar" no es la palabra adecuada. Akari dio un discurso. Un monólogo apasionado, lleno de observaciones detalladas sobre cada cosa que ha registrado de Kougami en el último año, como si hubiera estado construyendo un perfil psicológico detallado a base de puro stalkeo visual.

—El análisis ha sido minucioso —dijo, con los ojos brillando de emoción—. Llevamos un año observando a Kougami, cada movimiento, cada gesto, cada palabra.

Nao la miró como si quisiera sacarla de la habitación a patadas.

—¿Llevamos? Habla por ti, lunática.

—¡Cállate, Nao! —Akari agitó las manos, como si su propio entusiasmo fuera imposible de contener—. Escuchen, escuchen. Basándome en un meticuloso estudio de su conducta, puedo decir con certeza que Kougami es el pináculo del atractivo masculino.

Me dieron ganas de tirarme por la ventana.

Miyu y Hinata estaban completamente absortas en la charla, como si fuera un tema de relevancia mundial. Kaede, en cambio, me miró con algo que parecía ser una mezcla de pena y resignación.

Souta no lo soportó más.

—Por el amor de Dios, basta.

Todo el grupo se giró a mirarlo. Souta estaba apoyado contra la pared, con los brazos cruzados, y una expresión de absoluta exasperación.

—¿Qué? —preguntó Akari, con la mirada más inocente del mundo.

—Dices que han estado observándolo por un año. ¿Tú te escuchas?

—Sí. Y está basado en evidencia.

Kaede se tapó la cara con ambas manos.

—Voy a fingir que no escuché eso.

—¿Cuál es el problema? —intervino Hinata, con las cejas alzadas—. No es como si no fuera cierto. Kougami es objetivamente atractivo.

Souta resopló.

—¿Objetivamente?

—¡Sí! —Akari alzó un dedo, como si estuviera presentando un caso ante un jurado—. Tiene estructura ósea perfecta, musculatura equilibrada, una combinación exacta entre rudeza y encanto. Además, su expresión seria solo lo hace más atractivo.

—¿Has considerado que tal vez solo es un tipo normal y tú lo estás convirtiendo en un ídolo?

—¿Has considerado que tal vez estás celoso?

El rostro de Souta se endureció.

—Por favor.

Kaede carraspeó, buscando cambiar el tema antes de que la discusión escalara.

—Volvamos al punto. —Se giró hacia mí, con su expresión analítica de siempre—. Alice, la pregunta real aquí es: ¿por qué pegaste esa pegatina en tu guitarra?

Ahí estaba. De nuevo.

La miré sin decir nada por un momento. Podría inventar una excusa, pero no tengo ganas.

Me froté las sienes, tratando de mantener la compostura. Si supieran que en realidad Kougami ha sido la inspiración para la mitad de mis obras más intensas, probablemente se desmayarían.

Porque Kougami es el recipiente de todo lo que creo con más fuerza. El Opus No. 01 nació de él. La carta de amor que le dejé en su abrigo. La carta ácida hacia la dirección, llena de rabia y frustración, también fue por él.

Mi amor por Kougami vive en mi arte, porque en la vida real, todavía no puede ser. Y eso me gusta. Me hace sentir que, de alguna manera, nuestro amor está seguro en algo que no puede romperse.

Pero estas… fangirls. Esto es otro nivel de locura.

Sé que a muchas chicas en Nitto les encanta Kougami. Lo he visto. Sé que lo miran, que suspiran cuando lo ven entrenar, que lo observan como si fuera un personaje sacado de un maldito manga shoujo.

Pero estas personas no son simples admiradoras, son una banda de shippers.

Una secta de fanáticas que han decidido que mi destino es estar con Kougami.

Y eso me molesta, porque sí, lo amo y probablemente en otro mundo ya estaríamos juntos.

Pero ¿quién demonios les dio derecho a analizarme como si fueran críticas de cine analizando el guion de un romance?

Cruzo los brazos y miro a Akari con una expresión cansada.

—¿Van a dejar de hacer esto algún día, o tengo que resignarme a que me persigan hasta la muerte con este tema?

Akari ni siquiera dudó.

—No.

Kaede me lanzó una mirada de simpatía. Estamos condenadas.

Y lo peor es que, si les dijera que ya vi a Kougami completamente desnudo, que estuvimos a punto de hacerlo, que pasé la noche con él, las chicas colapsarían ahí mismo.

Se desmayarían en grupo y tendría que llamar a emergencias.

Así que simplemente me guardo la información porque no quiero causar una crisis nacional.

Kaede Shiranagi

Alice, con su Gibson Les Paul negra con detalles dorados, se veía completamente fuera de lugar en este espacio lleno de caos y relajación. No solo por la guitarra, sino porque estaba vestida con una elegancia que contrastaba con la informalidad del grupo. Y, sin embargo, su expresión no era distante. Se veía cómoda, cálida incluso, aunque ligeramente fuera de su elemento.

Había sobrevivido al interrogatorio sobre la pegatina de su guitarra, pero ahora todos esperaban lo inevitable.

—Bueno, ya que trajiste la guitarra… —comenzó Akari, con una sonrisa astuta.

Alice, que ya veía venir esto, suspiró con resignación.

—No me van a dejar irme sin tocar algo, ¿verdad?

—¡Por supuesto que no! —exclamó Hinata, con la misma energía de alguien que acaba de ganar la lotería.

El resto asintió, y Alice, sin más preámbulos, probó las cuerdas, ajustó la afinación y dejó que sus dedos se deslizaran sobre el mástil con naturalidad.

El primer riff resonó en el aire.

"There's No Other Way" de Blur.

El sonido de la Gibson llenó el estudio con un tono grueso y vibrante, la distorsión justa para darle el peso necesario sin opacarlo todo. El riff inicial fue hipnótico, atrapando a todos en la habitación en cuestión de segundos.

Souta se levantó sin pensarlo, como si su cuerpo hubiera decidido por él, y en cuestión de segundos ya estaba detrás de la batería. Ajustó las baquetas en sus manos, golpeó el bombo una vez para probar el sonido y, cuando Alice repitió el riff, entró en la canción con un ritmo firme y controlado.

Haruto, con su tranquilidad habitual, tomó el bajo sin decir una palabra. Su mano derecha probó las cuerdas con precisión, buscando el groove exacto para encajar con la batería de Souta.

Yo apenas me di cuenta cuando una guitarra rítmica apareció en mis manos. Mis dedos se movieron casi por instinto, siguiendo la progresión de Alice, ajustándome al espacio que quedaba en la canción.

Y luego, como si siempre hubiera estado destinado a pasar, Akari tomó el micrófono.

"You're taking the fun out of everything
Making me run when I don't want to think…"

El estudio se transformó.

La música envolvió la habitación, los acordes fluyeron de forma natural y de repente ya no éramos solo un grupo de amigos probando instrumentos, sino algo más. Algo más grande.

Alice se movía con más confianza con cada nota, inclinándose levemente con la guitarra como si el instrumento y ella fueran una sola cosa. Souta golpeaba la batería con una precisión instintiva, marcando el ritmo con una intensidad que le daba una base sólida a la canción. Haruto, con su expresión inmutable, mantenía el groove con el bajo, su sonido profundo y controlado haciendo que todo encajara a la perfección.

Yo, por mi parte, seguí el ritmo de Alice, asegurándome de que la guitarra rítmica complementara lo que ella hacía sin opacarlo.

Y Akari… Akari se estaba divirtiendo como nunca.

Su voz fluyó con naturalidad, con ese tono despreocupado, pero perfectamente colocado que encajaba con la esencia de la canción. Cerró los ojos en algunos momentos, sintiendo la música más que simplemente cantándola, como si estuviera en un escenario y no en el estudio de Kenta.

Cuando la canción terminó, el silencio duró un segundo eterno antes de que todos soltaran una risa al mismo tiempo.

—¡Eso fue increíble! —exclamó Hinata, prácticamente saltando en su asiento.

—Salió mejor de lo que esperaba. —Haruto, con su típica actitud relajada, dejó el bajo con una expresión que, para él, era lo más cercano a una ovación.

—Podemos mejorarla. —Nao cruzó los brazos, mirándonos con interés—. Si la repetimos con partituras, podemos ajustar los tiempos mejor.

Alice parpadeó, sorprendida, antes de sonreír apenas.

—¿Quieres arreglarla?

Nao asintió sin dudar.

—Sería interesante.

Y así, en menos de cinco minutos, las partituras estaban sobre la mesa.

La segunda vez sonó completamente diferente.

Ahora no era solo energía e instinto, había intención en cada nota. Alice y yo sincronizamos las guitarras con mayor precisión, ajustando los detalles en el ritmo. Souta se acomodó mejor en la batería, golpeando con más confianza, y Haruto afinó su línea de bajo para que todo tuviera un balance más sólido.

Akari, que ya sabía exactamente cómo encajar la voz con la instrumental, cantó con más control, añadiendo matices y jugando con la melodía.

En algún momento, sin que nadie se diera cuenta, Shiori sacó su terminal y empezó a grabar.

Cuando la canción terminó por segunda vez, ella sonrió y levantó la pantalla.

—Sonamos bien.

Nos quedamos viéndola por un segundo, y luego miramos la grabación.

Alice con la Gibson, con el cabello cayendo sobre su rostro mientras tocaba con fluidez. Souta golpeando la batería con un ritmo impecable. Haruto completamente concentrado en el bajo. Akari dando todo en la voz. Y yo, encajando perfectamente en la armonía.

—Esto significa… —Akari entrecerró los ojos con dramatismo—. ¡Que acabamos de formar una banda!

Silencio. Las sonrisas comenzaron a aparecer en nuestros rostros.

Porque sabíamos que era cierto.

Lo que acabábamos de hacer no era solo un cover improvisado. Era el inicio de algo real.

Alice

Nunca había tomado Mitsuya Cider antes. Para ser honesta, ni siquiera sabía qué era hasta que Akari apareció con varias botellas y me tendió una con tanta confianza que, por un momento, pensé que estaba ofreciéndome alcohol en una reunión de compañeros de clase. Me tomó demasiado tiempo convencerme de que no tenía alcohol, y, aun así, probé el primer sorbo con la sospecha de quien no confía en absolutamente nada.

Pero estaba bueno. Demasiado bueno. Lo burbujeante y dulce se sintió extraño en mi boca al principio, pero después de unos segundos, lo acepté como mi destino.

Akari, siempre tan rápida para aprovechar cualquier momento, apoyó los pies sobre la mesa y levantó su botella con exageración.

—Bien, bien. Si esto fuera una banda de verdad, necesitamos un nombre.

Todos la miramos con expresiones que iban desde el entretenimiento hasta la más pura incredulidad.

—Ni siquiera sabemos si vamos a ser una banda. —Kaede alzó una ceja, pero Akari simplemente la ignoró.

—¡Exacto! Justamente por eso es el momento perfecto. —Akari agitó la mano con dramatismo, antes de señalarme—. Alice, di algo cool.

Parpadeé. ¿Qué se supone que significa eso?

—… ¿Cool?

—Sí, algo que suene legendario, que la gente recuerde.

—¿Por qué yo?

—Porque eres la misteriosa chica nueva con talento inhumano y una guitarra negra con dorado. Te toca.

—Eso no tiene sentido.

—¡Di algo!

Todos me miraban, expectantes. Suspiré, tomé un sorbo de Mitsuya y solté la primera palabra que me vino a la mente.

—Neon Reverie.

Hubo un segundo de pausa. Luego, Souta soltó una carcajada.

—¿En serio? ¿Eso es lo primero que se te ocurrió?

—Querías algo cool —repliqué con calma—. Suena cool.

—Suena a nombre de bar clandestino de ciudad futurista. —Kaede tomó su botella y se encogió de hombros.

—O a una fragancia de perfume. —Haruto bebió su Mitsuya con tranquilidad.

—¡Sigamos! —Akari aplaudió—. Ahora uno de Souta.

Souta apoyó el codo en la mesa, pensó un momento y dijo con total seriedad:

—Psycho Rabbits.

El silencio fue inmediato.

Nao, que estaba sentada en el sofá con Shiori, se aclaró la garganta.

—Eso suena… inquietante.

—Pero pegajoso. —Miyu sonrió, como si realmente estuviera considerándolo.

—Me gusta —admitió Kaede, inclinando la cabeza—. Pero siento que seríamos una banda de punk con ese nombre.

—¿Y eso es malo?

—No, pero no sé si eso queremos ser.

—Sigamos probando. —Hinata agitó la mano—. Kaede, tu turno.

Kaede pensó por un segundo y luego, con total neutralidad, dijo:

—Fujimi.

Akari chasqueó la lengua.

—Demasiado conceptual.

—¿Qué significa? —pregunté, aunque ya me imaginaba la respuesta.

—Algo así como "inmortal".

—Me gusta. —Haruto asintió.

—Demasiado serio. —Souta hizo una mueca—. Necesitamos algo más divertido.

—¿Como Psycho Rabbits?

—Exactamente.

—Bueno, entonces yo tengo uno. —Haruto dejó su botella sobre la mesa con calma y dijo, sin mucha emoción:

—Death Koi.

Hubo una pausa.

—Por favor dime que es porque suena como "Death cult". —Nao entrecerró los ojos.

—No. Es porque los peces Koi nadan contra la corriente y cuando mueren flotan boca arriba.

El silencio fue aplastante antes de que todos explotaran en gritos al mismo tiempo.

—¡ES PERFECTO!

—¡ESO SUENA A ALGO QUE SE ESCUCHA EN UN LIVE HOUSE!

—¡DEATH KOI, DIOS MÍO!

Yo simplemente tomé otro sorbo de Mitsuya mientras el caos se desarrollaba.

—¿Por qué todos gritan? —murmuré, más para mí que para ellos.

—Porque es el mejor nombre hasta ahora. —Kaede sonrió, realmente pensándolo.

—O sea, sí. —Akari se giró hacia Haruto con una expresión que parecía querer diseccionarlo—. Pero no sabía que pensabas en esas cosas.

Haruto bebió otro sorbo sin emoción.

—Yo tampoco.

Eso solo hizo que las chicas gritaran más.

—¡SIGAMOS! —Akari golpeó la mesa—. Alice, otro.

Yo, que honestamente ya me había dado por vencida con esta dinámica, solo lancé algo sin pensarlo.

—Crimson Echo.

Souta resopló.

—Tienes debilidad por los nombres que suenan a títulos de novelas cyberpunk, ¿no?

—Probablemente.

—¿Y si probamos algo en japonés? —preguntó Shiori, desde el otro lado del sofá.

—Buen punto. —Haruto se quedó en silencio por un momento, pensando realmente en ello.

El ambiente cambió un poco. Antes todo había sido juego, pero en cuanto él frunció ligeramente el ceño, como si estuviera analizando el concepto más que la estética, algo en la habitación se sintió más serio.

Y entonces, lo dijo.

—Irohanabi.

El nombre cayó en la mesa con el peso de algo que remueve cosas en el pecho sin explicación.

Yo parpadeé. Kaede levantó la cabeza con interés. Akari, que no se calla nunca, se quedó en silencio.

Haruto apoyó la botella de Mitsuya contra su rodilla, pensativo.

—"Iroha" es el poema japonés antiguo, ¿no? —dije, midiendo mis palabras.

—Sí. También es el concepto de lo básico, lo fundamental, el comienzo de algo. Y "hanabi" es…

—Fuegos artificiales.

Asintió.

—"Irohanabi" sería algo así como "los fuegos artificiales del comienzo". O "el primer estallido".

La habitación se sintió más pequeña por un momento.

Todos sabíamos que ese nombre acababa de hacer algo.

Akari mordió el interior de su mejilla, como si estuviera procesándolo de verdad. Kaede se cruzó de brazos, pero había un brillo en sus ojos que no había estado antes. Souta golpeó la mesa con los dedos, siguiendo un ritmo en su cabeza.

Y yo… yo sentí que esto ya no era solo un juego.

Bebí otro sorbo de Mitsuya para calmarme, pero ya era tarde.

Porque, sin decirlo en voz alta, todos sabíamos que esto estaba dejando de ser solo una broma.

Kougami

Las vacaciones de invierno no significaban descanso para mí. Nunca lo habían hecho. Mientras otros se iban de viaje, aprovechaban para dormir hasta tarde o se perdían en la comodidad de no hacer nada, yo seguía con mi rutina como siempre. Ayudar a mi madre en la tienda de comestibles era parte de mi vida desde hacía años, y aunque no era el trabajo más emocionante, me daba un poco de dinero extra y me mantenía ocupado. No era una carga, en realidad me gustaba. Pero este año, las cosas eran diferentes. Porque Alice Carter había decidido que también iba a ayudar.

No me sorprendió. Ya me lo había dicho antes, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Y cuando Alice dice que va a hacer algo, lo hace. Lo que me sorprendió fue lo rápido que se integró a todo.

Desde el primer día, mi madre la trató como si fuera su hija. Alice nunca había trabajado en un lugar así, nunca había tenido que apilar productos, atender clientes o asegurarse de que la tienda se viera presentable, pero aprendió rápido. No porque le importara la tienda en sí, sino porque Tomoyo tenía esa habilidad de hacer que todo el mundo quisiera darle lo mejor de sí. Y Alice no era la excepción.

—Alice, cariño, pon estas promociones en la entrada, pero que no tapen la luz.

Alice asintió y tomó los carteles sin quejarse. Era extrañamente obediente con mi madre.

—Ah, y revisa si quedan paquetes de mochi de fresa en la bodega. Si no, hay que reponer.

—Voy.

La vi desaparecer por la puerta trasera con una eficiencia que no había esperado. Cuando Alice se lo propone, puede ser increíblemente útil. Lo que no esperaba era que, además de hacer su trabajo, también trajera ideas.

—Si los mochi de fresa están por vencer, podemos hacer una promoción con té verde. —me dijo un día mientras acomodaba cajas.

—¿Por qué?

—Porque los colores quedan bien juntos.

La miré, sin estar seguro de si hablaba en serio o si simplemente decía cualquier cosa que le sonara estética. Pero lo probamos, y funcionó. Vendimos los mochi antes de que expiraran.

Tomoyo, por supuesto, no podía estar más encantada.

—Alice, qué haríamos sin ti.

Alice sonrió un poco y se encogió de hombros, pero sabía que le gustaba que mi madre la aprobara. A Alice le cuesta admitir que le importa lo que piensen de ella, pero en el fondo, sí le importa.

Tal vez por eso se sentía tan cómoda aquí. Mi madre la trataba con una calidez que no necesitaba de explicaciones ni justificaciones. Alice no tenía que demostrar nada, no tenía que ser la hija perfecta, ni la genio musical, ni la chica que desafía a todos en Nitto. Solo tenía que estar.

Quizás por eso también se volvió parte de mi rutina tan naturalmente.

Algunas mañanas entrenábamos en el gimnasio de Nitto antes de venir a la tienda. Alice todavía no era buena peleando. Había mejorado, sí. Era rápida, astuta y había aprendido algunas técnicas básicas, pero aún le faltaba mucho para ser efectiva en una pelea real. Sin embargo, no se desanimaba. Sabía que iba a tomar tiempo, pero no le importaba.

—Voy a ser decente en esto, Kou. Dame tiempo.

—No tengo otra opción.

Se rió y me lanzó una patada que esquivé con facilidad.

No le respondí, porque la verdad es que no me molestaba esperar.

Alice como mujer es magnética. Como amiga, es alguien a quien no quiero perder.

Lo que antes era tensión constante, lo que antes eran momentos donde cada movimiento podía convertirse en algo más, se volvió comodidad. Nos acostumbramos a estar juntos sin que pasara nada. Sin expectativas. Sin presiones. Y eso hizo que todo fuera mucho más fácil.

Alice seguía siendo Alice, intensa, imposible de ignorar, completamente en mi órbita, pero ahora sin la urgencia de antes. Y yo me permití disfrutarlo.

Por supuesto, no pasaba todo mi tiempo con ella. También salía con el grupo de kickboxing. De vez en cuando, después del trabajo, nos juntábamos en los arcades de la ciudad. No era un plan muy elaborado, pero era suficiente.

Fue en uno de esos días, mientras decidía qué juego probar, que una chica de Nitto se me acercó.

No la conocía demasiado. Tal vez la había visto un par de veces en los pasillos. Pelo oscuro, lacio, con un flequillo prolijo. Ojos tranquilos, pero atentos. No era desagradable.

—No esperaba verte por aquí, Kougami.

Giré la cabeza y la miré con calma. No sonó como una burla, ni como una sorpresa total. Simplemente estaba iniciando una conversación.

—No tengo muchos lugares a dónde ir.

—Hm. —Sonrió un poco y señaló la máquina de peleas que estaba probando—. ¿Eres bueno en esto?

—Lo suficiente.

—¿Lo suficiente para ganarme?

La miré con más interés esta vez. No porque la pregunta me sorprendiera, sino porque no muchas chicas se acercaban así de directo.

—Supongo que lo averiguaremos.

Se subió a la máquina sin dudar y me desafió. Era buena. No excelente, pero lo suficiente para hacerme esforzar un poco. Cuando la partida terminó, con mi victoria por poco, se inclinó ligeramente hacia mí.

—Eres más interesante de lo que pensaba.

—Gracias, supongo.

—Oye. —Me miró de reojo mientras bajaba de la máquina—. Voy a salir a tomar algo mañana. ¿Te gustaría venir?

Ah.

No era una pregunta complicada. No tenía dobles sentidos. Solo una invitación directa.

No pensé demasiado antes de responder.

—Está bien.

Ella sonrió un poco, como si hubiera esperado que dijera que no.

—Entonces nos vemos.

Se fue sin hacer más alboroto. No hubo dramatismo, ni insistencia. Solo eso. Una invitación.

Volví a la máquina, pero mi mente se quedó en la respuesta que di.

No la acepté porque estuviera interesado. No la acepté porque quisiera conocerla mejor. La acepté porque no me importaba, porque con ella no tenía que pensar en nada.

Con Alice, todo pesa. Cada palabra, cada mirada, cada roce de piel. Todo tiene significado. Todo importa.

Pero con esta chica, no importaba. Porque no iba a significar nada.

Porque Alice es la única y el lazo que nos une es tan grande que no puedo hacer algo así con ella.

Y justamente porque no me interesa tener nada con esta chica, porque sé que no hay futuro ahí, porque sé que esto no va a llevar a ninguna parte, puedo decir que sí sin preocuparme por la compatibilidad de Sibyl.

Porque la única persona con la que quiero ser compatible es Alice.

Y por eso, ni siquiera pienso en lo que acabo de aceptar.

Solo sigo con la corriente.

No sé en qué estaba pensando cuando acepté esta cita.

Quizás en nada, simplemente seguí la corriente. No tenía razones para rechazar la invitación, tampoco razones para aceptarla. No me interesaba la chica, pero tampoco tenía inconveniente en verla. Era inofensiva, irrelevante, y eso la hacía completamente segura.

El problema es que ni siquiera recordaba su nombre.

Llegué al punto de encuentro unos minutos antes. No porque estuviera ansioso ni porque realmente esperara algo de la cita, sino porque simplemente tenía la costumbre de ser puntual. Me recosté contra la pared del café donde habíamos quedado y saqué mi terminal para revisarla sin mucho interés. No tenía mensajes de Alice. No es que estuviera esperándolos, pero el pensamiento igual se cruzó en mi cabeza antes de que pudiera evitarlo.

—¡Kougami!

La voz me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista y ahí estaba ella, con un abrigo claro y un bolso colgando de su brazo, caminando con confianza. Me saludó con una sonrisa perfectamente medida, ni demasiado entusiasta ni demasiado reservada.

—No esperaba que llegaras temprano.

—No tenía nada más que hacer.

Ella se rió un poco, como si hubiera interpretado eso como un chiste, y yo me quedé mirándola, intentando recordar cómo se llamaba. No tenía idea.

—Bueno, ¿entramos?

Asentí y la seguí hacia el café. El lugar era cómodo, no demasiado elegante, pero tampoco simple. Nos sentamos en una mesa junto a la ventana, y cuando nos trajeron el menú, me tomé mi tiempo para observarla mejor.

Era bonita, con facciones delicadas y una expresión siempre lista para la conversación. Parecía tranquila, pero al mismo tiempo, había algo en su manera de hablar que me decía que era de las que siempre sabía más de lo que decía.

—Oh, aún no me dijiste qué te gustaría tomar.

Levanté la mirada de la carta.

—Aún no decidí.

—Yo ya pedí un latte de avellanas. Es mi favorito.

—Hm.

—¿No eres de café dulce?

—No mucho.

Ella sonrió, apoyando los codos sobre la mesa con un aire de curiosidad.

—Eso tiene sentido. Tienes cara de tomar solo café negro.

La miré de reojo. ¿Eso era un comentario basado en observación o simplemente estaba diciendo cualquier cosa?

—¿Y qué más crees saber sobre mí?

—No mucho, la verdad. — Se encogió de hombros. — Eres bastante… misterioso.

Misterioso. Siempre me pareció una palabra ridícula.

—Eso suena más interesante de lo que es.

—Eso hace que suenes aún más misterioso.

El café llegó, y yo pedí un americano sin pensar demasiado en ello. La chica removió su latte con una cucharilla con movimientos medidos, como si el acto de revolver el café fuera parte de una rutina ensayada.

—Ah, pero de ti sí se dicen muchas cosas en la academia.

Ahí estaba. El chisme.

No me sorprendió. Algunos estudiantes parecen existir solo para recolectar información ajena. No los entiendo, pero los reconozco. Esta chica claramente era una de ellos.

—¿Sí?

—Oh, sí. —Sonrió con diversión—. Pero no te preocupes, nada que sea terrible.

No le pregunté qué decían de mí. No me importaba. Pero ella de todas formas lo dijo.

—Eres el mejor de la academia, así que todos quieren saber más de ti. También dicen que eres un poco distante, pero en una manera atractiva. Eso de "silencioso pero peligroso" parece funcionar bien para ti.

Rodé los ojos.

—¿Eso dicen?

—También dicen que eras cercano a Alice Carter, pero últimamente no se los ve juntos.

Mi expresión no cambió, pero ese comentario sí me molestó.

—No sabía que mi vida personal era tan interesante.

—Oh, todo lo que tenga que ver con Alice Carter es interesante.

Se inclinó un poco sobre la mesa, con la emoción creciente de quien estaba a punto de compartir algo jugoso.

—¿Sabías que sus compañeros de segundo año en Artes son como una especie de secta?

Eso sí llamó mi atención.

—¿Una secta?

—Bueno, no literalmente. —Rió—. Pero sí son extraños. Son extremadamente unidos, casi como si fueran una familia elegida. Son muy talentosos, eso sí. No todos son músicos, pero tienen una especie de microcosmos donde no dejan entrar a cualquiera.

Fruncí levemente el ceño, sin interrumpirla.

—Algunos de ellos han sido amigos desde la primaria. Hinata y Akari, por ejemplo, son inseparables. Y Souta y Ryota han sido amigos toda su vida. Así que el grupo se mueve como un solo organismo.

Interesante. Eso explicaba muchas cosas.

—Son bastante selectivos con quienes se relacionan, aunque no lo parecen. Aparentan ser amigables, pero si no encajas con ellos desde el principio, simplemente te dejan de lado.

¿Alice encajará ahí? La pregunta se formuló en mi mente antes de que pudiera evitarlo.

Bajé la mirada a mi café. Alice en un grupo como ese.

No era imposible. Alice nunca había sido parte de un grupo realmente unido, pero tampoco era alguien que rechazara la idea de pertenecer. Simplemente, nunca había encontrado el lugar correcto.

Quizás… quizás esta vez sí.

—Por cierto, ¿sabes que todos en ese grupo están obsesionados con Mitsuya Cider?

—… ¿Qué?

—¡Sí! Lo toman todo el tiempo. No sé por qué, pero si quieres caerles bien, es mejor que te guste.

No pude evitar sonreír un poco. Todo encajaba ahora.

—Entonces no es una secta. Es un culto a la Mitsuya.

Ella rió y tomó un sorbo de su café.

—Básicamente.

La conversación siguió con más chismes irrelevantes. Que tal profesor tenía una relación con alguien fuera de la academia, que un estudiante de tercer año se escapó con la hija de un empresario, que cierta chica de música había sido vista llorando en el baño después de reprobar una audición. Nada de eso me interesaba.

Pero lo de Alice sí, porque mientras la escuchaba, mientras me contaba sobre ese grupo selecto de segundo año que parecía tener su propio mundo privado, me di cuenta de que ella realmente podría encajar ahí y podría tener amigos "de verdad".

Y eso, de alguna manera, me dejó con una sensación extraña en el pecho.

No era celos. No era tristeza. Era solo… algo. Porque Alice siempre había sido parte de mi mundo… pero, por primera vez, quizás ahora tendría uno propio.

No sé cómo pasó, pero antes de darme cuenta, terminé concertando otra cita.

No fue planeado. No fue algo en lo que pensé demasiado. Simplemente sucedió.

La conversación en el café había sido inofensiva. La chica no era molesta, no era desagradable. No tenía nada de especial, pero tampoco nada de malo. Quizás fue por eso que no me importó cuando, antes de despedirnos, ella sacó su terminal y, con una sonrisa casual, dijo:

—Te paso mi número, así arreglamos para el fin de semana.

Y yo, sin pensarlo mucho, acepté.

Fue cuando recibí su mensaje más tarde que finalmente supe su nombre.

"Nos vemos el sábado, Kougami. Será divertido :) – Yuzuki"

Yuzuki.

No sabía si me sentía aliviado o estúpido por haber pasado toda la cita sin recordarlo. Probablemente ambas cosas… pero lo que realmente no entendía era cómo demonios terminé acordando ir a un parque de diversiones.

Yo, en un parque de diversiones. Con una chica a la que apenas conocía.

¿En qué estaba pensando?

El parque de diversiones estaba más lleno de lo que esperaba. Nunca fui fanático de estos lugares. No me molestaban, pero tampoco eran mi primera opción. Demasiada gente, demasiados colores, demasiados sonidos. Pero ahí estaba, en medio de todo, con Yuzuki caminando a mi lado, con su chaqueta beige y su sonrisa perfecta, hablándome sobre algo que no estaba realmente escuchando.

Dentro de lo que cabe, la estaba pasando bien. Ella era tranquila, sabía mantener una conversación sin ser molesta. No era alguien que exigiera demasiada atención, lo cual agradecía. Acepté subirme a un par de atracciones sin quejarme, y hasta me encontré disfrutando de algunas cosas más de lo que esperaba. No era un mal día.

Pero entonces vi a Alice y todo lo demás desapareció.

Vestía un abrigo de lana, medias y botinetas de tacón, con el vestido lila debajo. El mismo vestido. Ese vestido… el mismo que, entre besos, le saqué aquella noche en la mansión Carter.

El mismo que terminó en el suelo de la sala de estar, cuando Alice se entregó a mí con deseo, con algo más fuerte que las palabras, con más certeza que cualquier promesa, el que quedó olvidado en la alfombra cuando la seguí a su habitación, cuando nos desnudamos completamente, piel contra piel, hasta que finalmente decidimos detenernos.

Sentí el peso de ese recuerdo atravesándome el pecho con una claridad brutal.

Pero lo que más me golpeó no fue el vestido sino su cabello.

Alice tenía la manía de alisárselo y teñirlo de negro, como si intentara ocultar algo de sí misma. Pero el tinte se estaba desvaneciendo, y en las puntas comenzaba a verse su color natural: Castaño cobrizo.

Siempre supe que era hermosa, pero así… así era más hermosa que nunca.

No estaba sola.

Caminaba con Ginoza a su lado, con la naturalidad de alguien que ya se ha acostumbrado a la presencia del otro. No iban tomados de la mano, ni parecían estar en una cita romántica en el sentido tradicional, pero se movían juntos, sincronizados de una manera que solo las personas cercanas logran.

Sentí algo apretarse en mi pecho, algo que no quise nombrar.

Yuzuki debió notar que miraba a Alice, porque soltó un suspiro exagerado y dijo con un tono que de inmediato me molestó.

—Nunca entendí qué le ven.

No respondí. Mi mandíbula se tensó.

—Es rara, ¿no crees? —continuó, como si el comentario anterior no hubiera sido suficiente—. Es obvio que no es de aquí. A veces se viste bien, pero se nota que no es japonesa.

No le contesté. No porque no tuviera nada que decir, sino porque sabía que, si hablaba, no lo haría de manera educada.

Pero entonces, el verdadero error llegó.

—Y encima está con Ginoza. No entiendo cómo alguien como ella puede salir con un tipo como él.

Mi cuerpo se tensó.

—¿A qué te refieres?

—Vamos, Kougami. —Se rió suavemente, como si estuviera diciendo algo obvio—. Tú debes saberlo. Ginoza es… extraño. Es el hijo de un criminal latente, ¿cierto? Es un milagro que lo dejaran entrar a Nitto. Dicen que su coeficiente criminal no ha subido, pero nadie cree que vaya a durar mucho así.

No lo pensé.

Simplemente me di la vuelta y me fui, sin decir una palabra ni mirar atrás.

Sin importarme lo que Yuzuki pudiera pensar o decir… solo me fui.

Porque no importaba si Alice no era completamente japonesa. No importaba si tenía rasgos extranjeros, si se veía distinta a las demás. Ella era muchas cosas, pero no alguien que debía ser reducida a eso.

Y mucho menos iba a quedarme allí mientras hablaba así de Ginoza.

Podía lidiar con su chisme barato, con sus comentarios inofensivos sobre la academia, con su interés superficial en lo que ocurría a su alrededor. Pero esto era otra cosa.

Porque Alice no era algo que podía reducirse a un rumor pasajero y Ginoza era mi amigo.

Y porque, en el fondo, sabía perfectamente que la única razón por la que acepté esta cita fue porque nunca me importó en primer lugar.

Porque la única persona que realmente me importa es ella.