Ginoza

El comedor de la mansión Carter es ridículamente grande para dos personas. La mesa es demasiado larga, las sillas demasiado elegantes, la luz perfectamente calculada para proyectar un ambiente de lujo y exclusividad que se siente frío, impersonal. Pero con Alice enfrente, con su cabello todavía un poco alborotado por el sueño y su hoodie de gatos colgando descuidadamente sobre sus hombros, la escena pierde parte de su rigidez. En general nunca estamos en este lugar, pero esta mañana Alice decidió que era una excelente idea.

Dime está echado a un lado, con la cabeza sobre sus patas, ignorándonos por completo mientras Alice revuelve su café con lentitud. Yo ya terminé de desayunar, pero Alice aún está en su segundo croissant, comiéndolo con la tranquilidad de quien no tiene ninguna prisa en la vida.

Y entonces, los drones aparecen.

No es inusual que los drones de servicio estén rondando la mansión, pero esta vez traen cajas. Muchas cajas. Más de las que deberían. Pasan flotando con precisión mecánica, cargando los paquetes con un orden casi coreografiado, dirigiéndose hacia las escaleras.

—¿Y eso? —pregunto, arqueando una ceja.

Alice ni siquiera se molesta en girarse. Termina de masticar y se limpia las migajas con la servilleta antes de responder con total normalidad.

—Compras.

—¿Compras?

—Sí. Ayer fui de compras con las chicas de segundo año.

Dejo mi taza en el platillo con más fuerza de la necesaria.

—¿Y compraron todo eso?

Alice finalmente me mira, como si apenas ahora procesara mi confusión.

—¿Qué esperabas? Había ofertas.

Cruzo los brazos y la miro con incredulidad.

— ¿Cuánta ropa necesitas?

Ella parpadea. Es un gesto lento, calculado, como si acabara de escuchar la pregunta más absurda del mundo. Y luego, como si la hubiera ofendido de la peor manera posible, se recuesta en su silla, cruzando los brazos sobre su pecho.

—Nobu, ¿acabas de preguntarme por qué necesito tanta ropa?

—Sí.

Alice me mira con la misma mezcla de lástima y exasperación que usaría con un niño que acaba de decir una estupidez monumental.

—Soy una chica.

—Sé que eres una chica, pero eso no explica—

—Las chicas nos vestimos para las ocasiones. No es como ustedes, que pueden solucionar todo con un par de camisas y pantalones.

Frunzo el ceño.

—Eso suena eficiente.

Alice resopla con dramatismo.

—Eso suena aburrido.

Me giro para ver cómo los drones suben la última caja a su habitación antes de desaparecer en el pasillo.

—Espero que al menos hayas comprado algo útil.

Alice sonríe como si supiera algo que yo no.

—Después de desayunar, te mostraré.

Verla modelar es… extraño.

Para empezar, nunca antes la había visto tan minuciosa con lo que se pone. Sí, siempre ha sido estilizada y en general tiene un estilo cuidado y elegante que me gusta mucho, pero esto es diferente. Se toma su tiempo, elige cuidadosamente cada conjunto, cada combinación de colores. Primero un suéter de punto color crema con una falda plisada en un tono azul suave, luego un conjunto más urbano, con un pantalón negro ceñido y una blusa burdeos.

No lo hace como quien simplemente se viste. Lo hace como quien está disfrutando cada segundo del proceso.

—¿Desde cuándo te interesa tanto seleccionar tu ropa? —pregunto finalmente, observando cómo se ajusta el último conjunto en el espejo.

Alice me mira por el reflejo y sonríe con aire de conspiración.

—Desde siempre. Solo que no suelo hacerlo frente a nadie.

Antes de que pueda responder, camina hasta su cama y toma algo de una de las cajas. Lo sostiene entre sus dedos por un instante, como si estuviera decidiendo si mostrarlo o no. Y luego lo hace.

Un corset de terciopelo verde esmeralda.

El color es impresionante, vibrante y profundo, con un brillo sutil que lo hace aún más llamativo. La tela se amolda perfectamente a su silueta cuando se lo ajusta sobre su torso, resaltando su cintura, su postura, la forma en que la luz lo acaricia.

Y es entonces cuando me doy cuenta de dos cosas.

Uno: Alice Carter luce espectacular con verde esmeralda.

Dos: Eso no es apropiado para ningún lugar.

—Alice… —empiezo, arrastrando su nombre con toda la paciencia que me queda.

—¿Sí, Nobu? —pregunta con inocencia fingida.

—¿Dónde exactamente planeas usar eso?

Alice gira lentamente sobre sus talones y me observa con una sonrisa felina.

—Eso es un secreto.

Cruzo los brazos y le lanzo una mirada severa.

—No hay un solo lugar donde usar eso sea apropiado.

—Ese es el punto.

No tengo palabras para responder a eso. Alice parece satisfecha con mi incapacidad para replicar, y antes de que pueda insistir en el tema, me lanza una última bomba.

—Por eso no te estoy mostrando todo.

Me quedo en silencio por un segundo demasiado largo.

—¿Hay algo peor que esto?

Alice se ríe y se gira de vuelta al espejo, pasando las manos por la tela del corset como si lo estuviera evaluando con cuidado.

—Digamos que hay algunas cosas que definitivamente no te voy a mostrar.

La miro con el ceño fruncido, con la certeza absoluta de que no quiero saber qué más compró.

Alice ignora mi mirada y sigue frente al espejo, con el corset verde esmeralda ajustado a su cuerpo como si hubiera sido hecho para ella. Sus manos se deslizan sobre la tela con una lentitud estudiada, como si estuviera verificando cada detalle, como si quisiera asegurarse de que realmente se ve tan bien como yo sé que se ve.

Y lo sabe. Lo sabe perfectamente.

Yo debería mirar hacia otro lado. Debería alejarme. Debería decirle que se quite esa maldita prenda antes de que haga algo de lo que me arrepienta. Pero no lo hago.

Porque Alice es Alice, y ese verde es mi color favorito.

—Nobu —su voz es suave, arrastrada, con ese tono suyo de quien está midiendo cada una de mis reacciones—, ¿qué opinas?

No respondo de inmediato. No porque no tenga una respuesta, sino porque no puedo decir la verdad.

Que se ve perfecta, me está volviendo loco y mi autocontrol, ese que tanto me enorgullece, ese que siempre me ha mantenido en pie, está colapsando en tiempo récord.

Alice se gira lentamente y camina hacia mí con la seguridad de quien ya ha ganado, de quien ya sabe cómo termina esto. La forma en que el corset moldea su silueta, la forma en que cada movimiento suyo parece diseñado para ponerme a prueba, me está matando.

—Dijiste que no es apropiado para ningún lugar —murmura cuando está lo suficientemente cerca, inclinando la cabeza con una sonrisa—, pero estamos en mi habitación.

No lo dice explícitamente, pero lo escucho de todas formas. No necesitamos un lugar.

Mis manos, que deberían mantenerse firmes en mi costado, se levantan antes de que pueda detenerlas. No toco su piel directamente. Todavía no. Solo el corset. Solo el terciopelo que cubre su cintura, el material suave bajo mis dedos, cálido por el calor de su cuerpo.

Alice exhala apenas, su pecho subiendo y bajando en un ritmo pausado, pero sus ojos nunca dejan los míos.

La acerco a mí con lentitud, como si todavía estuviera pretendiendo que tengo el control, como si todavía pudiera convencerme de que esto es solo un gesto contenido.

Pero Alice no quiere contención.

Lo sé porque su mano sube hasta mi nuca y me jala hacia ella con más fuerza de la necesaria, sus labios encuentran los míos sin titubeos, sin advertencias, sin ese juego usual de provocación que siempre la caracteriza. No es un beso para hacerme perder la paciencia, no es para probar un punto. Es porque me quiere y sabe que yo también la quiero.

Mis manos se deslizan de su cintura a su espalda, sintiendo la curva de su cuerpo contra el mío, la presión justa para hundir mis dedos en el corset y recordarme que esto todavía no es piel. Que todavía hay barreras.

Pero Alice nunca ha sido de barreras.

Su boca se mueve contra la mía con una desesperación contenida, con la necesidad de quien no quiere perder ni un solo segundo. Sus uñas se aferran a mi camisa, tirando del material como si fuera un obstáculo que le estorba.

Y en algún punto, lo es.

Mi respiración se vuelve más pesada, más desordenada. Su cuello es un anzuelo, la forma en que su perfume me rodea, en que la calidez de su piel está justo ahí, esperándome.

Si bajara la cabeza, si dejara que mi boca se deslizara hasta la curva de su clavícula, si siguiera el camino que su cuerpo me está marcando…

No habría vuelta atrás, Alice no me va a detener y ese es el problema.

No me detiene cuando la empujo suavemente contra la pared, cuando mi mano sube por su costado, sintiendo el contorno de su cuerpo bajo el terciopelo del corset. No me detiene cuando nuestros labios se vuelven más intensos, cuando su respiración se convierte en pequeños jadeos que hacen que mi pulso retumbe en mis oídos.

No me detiene porque no quiere que me detenga y por eso tengo que hacerlo yo.

Mi mandíbula se tensa cuando mis labios se separan de los suyos, cuando me obligo a respirar hondo, a recuperar la razón antes de que sea demasiado tarde.

Alice me mira con confusión, su pecho aun subiendo y bajando con rapidez, sus manos todavía aferradas a mi camisa, como si no entendiera por qué me estoy alejando.

Como si no quisiera entenderlo.

—Alice… —mi voz es baja, pero firme.

Ella parpadea, intentando procesar lo que acaba de pasar. O, mejor dicho, lo que acaba de dejar de pasar.

—No quería que te detuvieras.

Sus palabras son un golpe directo a mi estómago. Cierro los ojos por un instante, tragándome la necesidad de volver a besarla, de no pensar, de solo hacer lo que ambos queremos hacer. Pero no puedo, porque si dejo que esto siga, si cruzo la línea completamente, si dejo que la temperatura suba hasta donde inevitablemente va a llegar…

No voy a poder volver atrás y Alice merece que esto pase en un momento en el que yo no tenga que detenerme.

Cuando la miro de nuevo, su expresión ha cambiado. No es decepción. No es enojo. Es algo más. Comprensión.

Sus manos, que todavía sostienen mi camisa, se aflojan poco a poco y no dice nada más.

Porque, aunque no le guste, sabe por qué lo hice.

Alice

La noche llegó demasiado rápido.

Me quedé en la puerta de la mansión, viendo cómo Nobuchika se alejaba con Dime a su lado, su silueta recortada bajo la tenue luz de la calle. No intenté detenerlo. No esta vez. Pero eso no significaba que no quisiera hacerlo.

Dime miró hacia atrás una vez, como si supiera exactamente lo que estaba sintiendo, y luego siguió caminando con la dignidad de quien no tiene idea de cuánto lo voy a extrañar esta noche.

Suspiré, cerrando la puerta con más suavidad de lo necesario. La mansión estaba en silencio, el tipo de silencio que se siente más grande después de que alguien se ha ido.

No voy a pensar en eso ahora.

Tengo cosas más importantes en qué enfocarme.

Mañana es el concierto de Prophecy, y es la primera vez que vamos a Kitazawa como grupo, la primera vez que nos movemos en este tipo de ambiente juntas y especialmente es la primera vez que voy a un sitio así. Necesito estar preparada. Necesito asegurarme de que todo salga bien.

Y si vamos a hacer esto, tenemos que hacerlo bien.

Subo las escaleras a mi habitación, quitándome los zapatos a mitad de camino, y me dejo caer sobre la cama con el terminal en la mano. El grupo de chat de las chicas de segundo año de Artes está activo, como siempre. Están discutiendo sobre la ropa, sobre la gente que probablemente va a estar en el concierto, sobre lo que significa ver a Prophecy en vivo.

Sonrío levemente mientras escribo.

Alice: Chicas, ¿qué opinan de venir a mi casa a prepararnos para mañana?

El chat se congela por un momento, pero luego las notificaciones explotan.

Miyu: ¿¡A LA MANSIÓN CARTER!?

Nao: ¿Es una broma?

Hinata: ¡ESPERA, ESPERA, ESPERA!

Akari: ESTOY GRITANDO

Shiori: …Esto es inesperado.

Ruedo los ojos. Como si las hubiera invitado a un castillo encantado y no a una casa.

Alice: Solo para prepararnos, nada del otro mundo. Así nos aseguramos de que no haya accidentes de vestuario de última hora.

Hinata: ¿Me estás diciendo que puedo ver tu clóset?

Miyu: Nuestro clóset.

Akari: Estoy llorando.

Nao: Esto se siente como una invitación de la realeza.

Me río entre dientes, rodando sobre la cama. Son un desastre, pero las quiero.

Alice: No se emocionen tanto. Solo es un lugar para arreglarnos.

Akari: Pero qué lugar.

Shiori: ¿A qué hora?

Alice: Después del almuerzo. Así tenemos tiempo de sobra.

Las respuestas llegan rápido. Todas están de acuerdo, emocionadas, ya haciendo planes para traer maquillaje, accesorios, lo que sea que necesiten.

Cierro los ojos un segundo, sintiendo la anticipación burbujeando en mi pecho.

En ese momento mi terminal vibra y cambio de chat, y en la pantalla veo el grupo de Los Once de Nitto. Apenas hace unos días que me agregaron, pero parece que llevamos toda la vida juntos. Es extraño, porque no soy de las que se sienten parte de algo con tanta facilidad, pero con ellos... es diferente.

De repente, la pantalla parpadea con una nueva notificación.

Shiori: Hice algo.

Frunzo el ceño.

Akari: ¿Por qué suena como si debiéramos preocuparnos?

Kaede: Shiori…

Souta: ¿Qué hiciste?

Haruto: No me gustan los secretos.

Ryota: Definitivamente esto no puede ser bueno.

Miyu: ¿Shiori? Dime que no es algo ilegal.

La pausa que sigue solo hace que mi ansiedad aumente.

Shiori: Bueno… no quiero morir, pero…

Nao: Shiori, si tienes que empezar con eso, ya deberías estar corriendo.

Shiori: There's No Other Way.

Mi estómago se hunde un poco.

Alice: ¿Qué con eso?

Shiori: Lo subí.

El chat explota.

Akari: ¿¡QUÉEEEE!?

Souta: ¿¡HICISTE QUÉ!?

Kaede: …No puede ser.

Haruto: Esto es una broma, ¿cierto?

Nao: …Dime que no lo hiciste.

Hinata: ¡¿LO SUBISTE?!

Shiori: Subí el video de cuando tocaron en casa de Kenta.

Mi pulso se acelera.

Alice: ¿Desde cuándo?

Shiori: Hace tres días.

Mis dedos aprietan la terminal.

Miyu: ¡¿Y RECIÉN LO DICES AHORA?!

Shiori: Porque se hizo viral.

El chat queda en silencio por dos segundos.

Y después, el caos.

Akari: ¡VOY A GRITAR!

Kaede: ¿Define "viral"?

Shiori: Más de 500,000 reproducciones.

Souta:

Haruto:

Nao:

Hinata: ¡AY, DIOS!

Ryota: Estoy viendo los comentarios ahora.

Rápidamente, abro el enlace que Shiori acaba de mandar.

Ahí está.

El video de nuestro cover de There's No Other Way.

Yo en la guitarra principal, con la Gibson negra brillando bajo las luces del estudio. Souta en la batería, su ritmo preciso marcando la base. Haruto en el bajo, estableciendo el groove. Kaede en la guitarra rítmica, asegurándose de que todo encaje a la perfección. Y Akari en la voz, con una confianza que parece sacada de un concierto en vivo.

Los comentarios son un desastre.

"¿QUIÉNES SON ESTOS Y POR QUÉ NO TIENEN UN ÁLBUM AÚN?"

"La guitarrista principal es una bestia. Me voló la cabeza."

"El baterista es brutal. ¿Alguien sabe quiénes son?"

"Irohanabi. Recuerden ese nombre."

Espera… ¿qué?

Parpadeo y regreso al chat.

Alice: ¿Irohanabi?

Shiori: Ah, sí.

Shiori: Haruto propuso el nombre ese día en casa de Kenta, ¿recuerdan?

Shiori: Ahora somos Irohanabi.

Mis ojos recorren las palabras en la pantalla.

Akari: ¡TENEMOS UNA BANDA Y NADIE NOS AVISÓ!

Souta: …No estaba preparado para esto.

Haruto: El nombre es bueno.

Nao: La pregunta es… ¿qué vamos a hacer ahora?

Presiono el puente de mi nariz, tratando de procesarlo todo.

Esto ya no es un simple cover, es algo real y acaba de cambiarlo todo.

Estoy tratando de procesar el hecho de que, aparentemente, ahora tengo una banda cuando el chat explota otra vez.

Akari: CHICAS, CHICOS, ALERTA, ALERTA.

Akari: 2CHANNEL ESTÁ EN LLAMAS.

Frunzo el ceño.

Alice: ¿Qué carajo es 2channel?

Silencio absoluto en el chat.

Después, la avalancha.

Nao: …Alice.

Hinata: Dios mío.

Kaede: No puede ser.

Ryota: ¿Hablas en serio?

Miyu: Esto me duele físicamente.

Souta: No hay forma de que no sepas qué es.

Alice: Obviamente no sé. Expliquen.

Akari toma la iniciativa.

Akari: Ok, Alice. Mira, 2channel es…

Shiori: El basurero de internet.

Kaede: Pero también la mejor fuente de información.

Ryota: Es un foro anónimo. La gente postea lo que quiere.

Hinata: Todo Japón lo usa.

Miyu: Literalmente, si pasa algo interesante, termina en 2channel.

Alice: Entonces… ¿por qué estamos ahí?

Akari manda un link.

Akari: Porque alguien nos encontró.

Abro el enlace y, por un instante, creo que mi visión me está engañando.

Hilos. Múltiples hilos. Algunos con cientos de respuestas.

"¿Quién es la guitarrista de Irohanabi?"

"Grupo indie desconocido hace un cover brutal y resulta que su guitarrista es… ALICE CARTER?"

"¿La hija de Adam Carter tiene una banda de rock?"

Oh, no.

Deslizo rápido la pantalla, leyendo con una mezcla de incredulidad y resignación.

"Pensé que Alice Carter era un fantasma. Apenas hay fotos de ella en internet."

"Se ve totalmente distinta a las pocas imágenes oficiales que existen."

"¿Soy el único que no sabía que Adam Carter tenía una hija?"

"Pensé que había muerto."

¿QUÉ?

Mi indignación es interrumpida por un nuevo mensaje en el chat.

Souta: Esto es una locura.

Haruto: Nos rastrearon demasiado rápido.

Nao: Demasiado rápido.

Alice: Esperen. ¿Cómo carajos saben quién soy?

Akari: Fácil. Tu papá.

Ah. Por supuesto.

Adam Carter aparece en la televisión todo el tiempo. Siempre en conferencias, en entrevistas, en eventos políticos y tecnológicos. Es una de las figuras más poderosas del país. Yo, en cambio, he vivido casi en completo silencio… hasta ahora.

Deslizo un poco más en 2channel, hasta que me encuentro con el verdadero horror.

Mi foto. La peor foto que podría haberse viralizado de mi persona.

Una imagen de hace unos años, cuando Adam me arrastró a un evento del Ministerio de Bienestar. Me obligaron a sonreír y fingir que todo era perfecto mientras posaba con él y con otros empresarios.

Y ahora, ahí está.

Comparada con capturas de mí tocando la guitarra en el video.

"¿Cómo pasó de esto a ESTO?"

"JODER, el cambio."

"¿Por qué nadie me dijo que Alice Carter es una maldita estrella de rock ahora?"

Cierro los ojos con frustración.

Alice: Me quiero morir.

Hinata: No puedes. Tienes fans ahora.

Alice: ¿Qué?

Antes de que pueda preguntar, Akari manda una captura de pantalla.

"Encuesta: ¿Cómo debería llamarse Alice Carter?"

Opción 1: Ari (46%)
Opción 2: Rizu (54%)

Mi cara se congela.

Alice: …No.

Miyu: Sí.

Kaede: Tienes un mote.

Ryota: La gente está debatiendo si eres Ari o Rizu.

Nao: Es oficial. Somos medio famosos ahora.

Exhalo lentamente, dejando caer la terminal sobre la cama.

Esto se está saliendo de control.

Primero nos volvemos virales. Luego nos descubren. Ahora, al parecer, tengo un puto apodo porque el internet ha decidido bautizarme.

Levanto la terminal otra vez, observando la encuesta que sigue recibiendo votos en tiempo real. Aprieto los labios.

Alice: Si terminan diciéndome Rizu, juro que apago internet.

Miro la encuesta con el ceño fruncido, viendo cómo los votos se siguen acumulando. La diferencia sigue siendo mínima, pero poco a poco, Ari empieza a tomar ventaja sobre Rizu.

No sé qué pensar de esto.

O, mejor dicho, sí sé qué pensar, pero no quiero admitirlo en voz alta.

Para cuando la encuesta finalmente se cierra, el resultado es definitivo.

Ari - 51.3%
Rizu - 48.7%

Resoplo y dejo caer la terminal sobre la cama.

Alice: Bueno, ganó Ari.

El chat explota.

Akari: ESPERA, ESPERA, ESPERA.

Miyu: JAJAJAJA TE GANASTE UN NOMBRE ARTÍSTICO, FELICIDADES.

Nao: Medio Japón ha decidido llamarte así.

Hinata: Ari Carter… suena bien, en realidad.

Kaede: A estas alturas deberíamos asumir que no tenemos control sobre nada de esto.

Me paso una mano por la cara y suspiro. No sé por qué me molesta tanto. No es que me importe cómo me llamen…

Excepto que me importa, porque esto no es nuevo.

Me acomodo sobre la cama y escribo sin pensar demasiado.

Alice: Es irónico, ¿saben?

Alice: Ustedes están reaccionando como si esto fuera un apodo nuevo, pero la verdad es que me han llamado así desde hace un año.

Silencio en el chat.

Souta: ¿Eh?

Haruto: Explica.

Alice: Quiero decir…

Alice: Ginoza y Kougami me llaman Ari ocasionalmente casi desde que nos conocimos.

Explosión instantánea.

Akari: PERDÓN, ¿QUÉ?

Miyu: ALICE, ¿POR QUÉ NOS DICES ESTO AHORA?

Hinata: NO, ESPERA, EXPLÍCATE BIEN.

Nao: Me duele la cabeza.

Akari manda cinco mensajes seguidos en cuestión de segundos.

Akari: ¡¿DESDE HACE UN AÑO?!
Akari: ¡¿Y NUNCA DIJISTE NADA?!
Akari: ¡ALICE, ESTO ES INFORMACIÓN CRUCIAL!
Akari: ¡ESTO CAMBIA TODO!
Akari: ¡ESTO ES MATERIAL PARA UNA TEORÍA COMPLETA!

Aprieto los labios, ya sabiendo que esto se les va a salir de las manos.

Alice: No cambia nada.

Hinata: Claro que cambia, esto significa que TUS HOMBRES TE PUSIERON UN APODO.

Me golpeo la frente con la mano.

Alice: No los llames así.

Akari: LO SON.

Nao: Honestamente, Alice, tú misma alimentas el chisme.

Kaede: Realmente no sé qué esperabas que pasara después de soltar eso.

Intento ignorar el hecho de que Akari ahora está teorizando en tiempo real sobre qué significa que ambos me llamen Ari, pero no puedo, porque el chat se vuelve un caos.

Akari: ¡ES UN APODO QUE COMPARTEN!

Miyu: ¡QUÉ SIMBÓLICO!

Ryota: ¿Hay alguna otra revelación que quieras hacer antes de que muramos?

Alice: No.

Hinata: Mentirosa.

Cierro los ojos, inhalo y exhalo.

Si sigo leyendo, voy a tener que bloquear a Akari por unas horas para que se calme, pero no lo hago.

Porque, para mi desgracia, parte de mí está disfrutando esto más de lo que quiero admitir.

Levanto la terminal otra vez y escribo, con toda la paciencia del mundo:

Alice: No importa quién lo dijo primero. No importa si ahora todo el mundo me llama Ari.

Alice: Sigue siendo diferente cuando me lo dicen ellos.

Silencio absoluto.

Puedo imaginar a Akari gritando en su habitación.

Akari: ALICEEEEEEEEEEEEEE

Me río. Esto ya no tiene vuelta atrás.

El chat sigue explotando con teorías innecesarias sobre el apodo Ari, y yo ya estoy considerando seriamente tirar el terminal por la ventana cuando Souta, con su usual calma, decide hacer una intervención que, para variar, parece tener sentido.

Souta: Igual, dejando de lado lo de "Ari", ¿saben que Kougami estaba demasiado preocupado por el concierto?

Frunzo el ceño.

Alice: ¿De qué hablas?

Ryota: Se la pasó interrogándonos sobre Kitazawa y Shelter 440.

Haruto: Y sobre cómo íbamos a entrar, sobre quiénes iban a estar.

Nao: Básicamente, estaba en modo paranoico.

Me quedo mirando la pantalla por un momento, porque claro que Kougami haría algo así.

Alice: No es paranoia, es sobreprotección.

Hinata: Dilo con su nombre real. Se llama "está enamorado de ti".

Alice: No empiecen.

Pero no debería haber dicho nada, porque le acabo de dar a Akari la oportunidad perfecta.

Akari: ¡ROMANCE PROHIBIDO ENTRE LA ESTRELLA ADOLESCENTE DE ROCK Y EL PINÁCULO DEL ATRACTIVO MASCULINO DE NITTO!

Oh, no.

Akari: ¡EL MEJOR ESTUDIANTE MASCULINO DE SU GENERACIÓN, DEVASTADO POR SU AMOR NO CORRESPONDIDO!

Miyu: ¡OH DIOS MÍO!

Akari: ¡ÉL ESPERA PACIENTEMENTE QUE SU DESTINO ESTÉ SELLADO POR LA COMPATIBILIDAD DE SIBYL, PERO SU CORAZÓN YA LE PERTENECE A ELLA!

Hinata: ¡ESTO ES UNA MALDITA PELÍCULA!

Alice: Akari, para.

Akari: ¡NO, ESTO APENAS COMIENZA!

Akari: ¡Alice Carter, la nueva prodigio de Nitto, la que derrotó al legendario Kougami Shinya en los exámenes de fin de año, la única persona a la que él no puede vencer!

Nao: Honestamente, si lo pones así…

Shiori: Akari, estás enloqueciendo y al mismo tiempo tienes razón.

Kaede: Esto se ha convertido en algo más grande que nosotros.

Me cubro la cara con las manos, porque sé que no hay forma de salir de esto con dignidad.

Akari: ¡SU AMOR ES UNA GUERRA SILENCIOSA, UNA TENSIÓN NO RESUELTA, UNA PROMESA QUE AMBOS SE NIEGAN A ROMPER!

Akari: ¡MIENTRAS ALICE SALE CON GINOZA, EL HOMBRE QUE SÍ PUEDE ESTAR CON ELLA, QUE SÍ PUEDE TOCARLA, ¡MIENTRAS KOUGAMI LA VE DESDE LAS SOMBRAS Y ESPERA SU MOMENTO!

Por el amor de Dios.

Alice: Esto se acabó. Buenas noches.

Akari: ¡NO TE VAYAS, COBARDE!

Cierro la terminal de golpe y la dejo a un lado, pero incluso con la pantalla apagada, la maldita frase de Akari sigue resonando en mi cabeza.

"Una promesa que ambos se niegan a romper."

Tomo una respiración profunda y me dejo caer de espaldas en la cama, mirando el techo.

No. Esto no es una historia de amor trágico. No es una película. No es un guion dramático de romance adolescente.

Es solo mi vida, pero por primera vez, me pregunto si realmente tengo tanto control sobre ella como quiero creer.

Despierto con la luz filtrándose por la ventana, iluminando mi habitación con una claridad molesta que me obliga a entrecerrar los ojos. La sensación de la cama fría a mi alrededor me recuerda que dormí sola anoche, que no hubo calor ajeno envolviéndome, ni un perro pesado reclamando caricias, ni una respiración pausada a mi lado para marcar el ritmo de la madrugada. Dime no está, Nobuchika tampoco. Aprieto los labios y exhalo despacio antes de deslizar mi mano hacia la mesita de noche, tomando mi terminal casi por inercia.

Desbloqueo la pantalla y abro 2channel.

Anoche me fui a dormir con Akari gritando en el chat grupal sobre el romance prohibido entre la estrella de rock adolescente en ascenso y el mejor estudiante masculino del primer año de Nitto, y si bien tenía todas las intenciones de ignorarlo y hacer como si nada, la verdad es que todavía me molesta un poco. Quizás porque Akari tiene una forma irritante de decir cosas absurdas que, en el fondo, no están tan lejos de la realidad.

Pero eso no es lo que vengo a buscar ahora.

El foro está todavía más activo que anoche, con hilos nuevos brotando cada pocos minutos, algunos desbordando entusiasmo y otros desmenuzando cada detalle con una obsesión enfermiza. Mi nombre aparece en negrita demasiadas veces. Irohanabi también.

"¿Quiénes son realmente los integrantes de Irohanabi?"

"Alice Carter, la hija del magnate Adam Carter, sorprende con su talento en la guitarra. ¿Es posible que haya estado entrenando en secreto todo este tiempo?"

"Opiniones divididas sobre Alice Carter: ¿una genio musical o solo otra rica con suerte?"

Aprieto la mandíbula y me acomodo sobre la cama, apoyando la espalda contra el cabecero mientras desplazo la pantalla. El debate en los comentarios es intenso. Algunos me idolatran como si fuera la revelación musical del siglo, otros me critican con saña, diciendo que lo único que tengo es dinero y contactos.

"Obviamente, si su padre no fuera Adam Carter, nadie hablaría de ella. Seguro le pagó clases con los mejores guitarristas desde que era niña."

"No entiendo el odio. Literalmente pueden ver el video, toca increíble."

"No es solo ella, la banda entera tiene algo especial. Pero sí, es obvio que Alice Carter es el centro de atención."

Mi ojo izquierdo tiembla apenas, pero sigo bajando, porque necesito ver hasta dónde llegó esto.

Parece que no solo me investigaron a mí. También a los demás.

"Akari Takasago es la vocalista y tiene una presencia impresionante. Su estilo me recuerda a algunas solistas occidentales antiguas, pero con más control. ¿Alguien sabe más de ella?"

"Souta Naruse es el baterista. Tiene pinta de genio caótico, en plan 'probablemente puede tocar cualquier cosa con los ojos cerrados'."

"Kaede Shiranagi en la guitarra rítmica, es interesante. Sus padres son profesores en la Academia Oso, así que probablemente tiene formación académica estricta."

"Haruto Tsukimiya en el bajo, el tipo más misterioso del grupo. Su estilo es minimalista, pero sabe exactamente lo que está haciendo."

Me detengo en seco.

No tenía idea de que los padres de Kaede eran profesores en la Academia Oso.

No es que no me interese la vida privada de mis amigos, pero hasta ahora no había tenido motivos para buscar información sobre ellos. Y ahora aquí está, expuesto en un foro donde miles de personas escudriñan cada detalle que encuentran.

El nivel de obsesión de internet me hace apretar los labios. Esto no es solo sobre mí, también los involucra a ellos.

Cierro los ojos un segundo, intentando procesar la extraña sensación en mi pecho. Nunca me ha importado que hablen de mí, pero me molesta que arrastren a los demás a esto. Irohanabi no es solo Alice Carter y su linaje maldito. Es un grupo. Es algo que no terminamos de definir del todo y ya lo están diseccionando como si fuéramos un fenómeno de estudio.

Muevo los dedos sobre la pantalla, buscando más hilos, más rumores, más detalles que quizás no debería estar leyendo pero que ahora necesito saber.

No sé si me gusta lo que voy a encontrar, pero ya es demasiado tarde para ignorarlo.

A veces me pregunto si internet hace a la gente más estúpida o si simplemente les da un megáfono a los idiotas que ya existen. No estoy segura de cuál es la respuesta correcta, pero lo que sí sé es que 2channel es la prueba viviente de ambas teorías.

Con cada hilo que leo, con cada comentario vomitado por anónimos que probablemente no tienen más de dos neuronas funcionales trabajando al mismo tiempo, la sensación de asco en mi estómago se hace más grande. Y lo peor es que esto no es nuevo. No lo es para mí, y definitivamente no lo es para Ginoza.

Porque claro, si pueden encontrar información sobre mí y sobre Irohanabi en cuestión de horas, si pueden hurgar en registros escolares, en fotos antiguas, en los vínculos de mis compañeros, si pueden hacer teorías sobre mi vida personal con menos de tres datos concretos, ¿qué los habría detenido de hacer lo mismo con Ginoza?

La respuesta es obvia: nada.

Mi dedo se mueve sobre la pantalla con rapidez, casi de manera automática. Una búsqueda rápida en el archivo de 2channel me lleva a un hilo de hace un año, enterrado entre cientos de otros que probablemente ni deberían existir.

"Ingresantes a la Academia Nitto con familiares criminales latentes."

Ahí está. Mi pecho se aprieta.

El post contiene un listado con nombres, apellidos y fotos oficiales de los estudiantes que ingresaron a Nitto y que, según quien sea el pedazo de basura que escribió esto, tenían algún pariente con un coeficiente criminal elevado. La mayoría de los nombres tienen notas adicionales: "Primo aislado en Aomori", "Abuelo fue ejecutado por el DIC hace años", "Hermano menor fue enviado a un centro de aislamiento después de que el DIC lo encontrara con un valor demasiado alto".

Pero solo hay un nombre con una nota distinta.

"Padre criminal latente. Ejecutor en el DIC."

La foto oficial de Ginoza aparece al lado del texto. Siento un frío extraño recorriéndome los brazos. Porque estos datos no deberían estar al alcance de estos bastardos, se supone que la academia debería proteger estas cosas.

Esto… esto es de hace un año. Desde el inicio.

"¿Ese es el hijo de un ejecutor? No puedo creer que lo hayan aceptado."

"Ojalá desista rápido, un tipo como él no debería estar en Nitto."

"Ja, lo he visto en clases. No habla con nadie. Siempre está con esa cara de chupar limón. Asqueroso."
"Qué desperdicio de beca."

"¿Quién quiere apostar a que va a terminar como su padre?"
"Dicen que su coeficiente criminal sigue bajo, pero no es cuestión de si va a subir, sino de cuándo."
"En mi clase lo molestamos bastante seguido. Al principio ni reaccionaba, pero después dejó de intentar disimular que le afectaba. Se pone tenso cuando le mencionamos a su padre, es como si estuviera a punto de explotar. Se cree mejor que nosotros."

"¿Alguien más ha probado empujarlo un poco cuando pasa? No reacciona. Patético."

"Entre clases lo rodeamos un par de veces para ver qué hacía. Solo apretó los dientes y se fue. ¿En serio cree que puede hacerse el fuerte?"

"Se lo merece. Si su padre es basura, ¿por qué él no?"

Los hijos de puta.

Hablan de él como si no fuera más que un experimento en progreso. Como si solo estuvieran esperando a que su vida se desplome. Como si nunca hubiera tenido una oportunidad real. Y luego, entre los comentarios, algo cambia.

"No es tan divertido meterse con él ahora porque siempre está con Kougami y la chica esa, Carter. Pero antes… antes era mucho mejor."

Mi mandíbula se tensa.

Antes. Sí, antes. Antes de que Kougami y yo nos empezáramos a juntar con él. Antes de que termináramos salvándolo de esos imbéciles en los primeros días del primer semestre. Antes de que Ginoza tuviera a alguien a su lado que le diera siquiera un mínimo de respaldo.

No sé si me molesta más la existencia de este hilo o el hecho de que estoy descubriendo estas cosas por un foro anónimo y no porque Ginoza haya confiado en mí para contármelas.

Sigo deslizando la pantalla, leyendo más comentarios, sintiendo que con cada palabra el peso en mi pecho se vuelve más denso.

"¿Alguien sabe su apellido verdadero? No es Ginoza."

Parpadeo. ¿Qué?

Leo la línea de nuevo.

"Encontré registros escolares anteriores, tiene otro apellido. Se lo cambió en la primaria."

Mi cerebro se queda en blanco por un segundo.

¿Ginoza cambió su apellido?

No aparece cuál era el original, nadie lo menciona, pero solo el hecho de que lo haya hecho me deja con una sensación extraña en el estómago. No tenía idea. Nunca lo mencionó. Para mí, él siempre fue Ginoza Nobuchika.

Pero, si se lo cambió, eso significa que… Ginoza no es el apellido de su padre.

Mi respiración se ralentiza.

No sé cuál es el apellido de su padre. Ni siquiera sé su nombre.

Aprieto los labios, tragando en seco. Lo único que sé sobre él es que antes le gustaban los bollos de frijol rojo con leche. Que fue policía, y según lo que dicen en 2channel, ahora es un ejecutor en el DIC.

Ginoza nunca habló de él con demasiada soltura. Y yo nunca pregunté demasiado.

Cierro los ojos un momento.

No sé nada de su padre, pero sí sé lo que significa ser un ejecutor.

Y sí sé lo que significa querer ser inspector.

Ginoza me dijo porque quiere ser inspector, por la carrera rápida en el Ministerio de Bienestar. Siempre lo justifica con el mismo discurso racional, con la misma frialdad, con la misma necesidad de demostrar que está por encima de la estadística de su familia.

Pero ahora, después de leer esto, después de ver cómo han hablado de él a sus espaldas, después de darme cuenta de que su pasado está más enterrado de lo que pensaba…

Quizás su obsesión por ser inspector no tiene que ver solo con su miedo a convertirse en un criminal latente.

Tal vez, después de todo, no es solo una cuestión de distancia con su padre, quizás es una cuestión de acercarse.

Y yo ni siquiera lo había considerado. Me recuesto contra el respaldo de la cama, sintiéndome extraña, incómoda.

Conozco a su abuela, Akiho. Conozco a su perro, Dime. Sé que su madre está internada en coma.

Pero hay partes de él que nunca me dejó ver.

Y, por primera vez, me doy cuenta de que tal vez nunca quiso que yo lo hiciera.

Akari
La mansión Carter no es una casa. Es un maldito castillo.

Desde el portón de entrada hasta la fachada principal, todo es descomunal, opulento y casi irreal. Los jardines se extienden como un océano verde perfectamente cuidado, con setos podados con precisión milimétrica y caminos de piedra que serpentean entre fuentes y esculturas que probablemente cuestan más que nuestras casas combinadas. El edificio en sí es una monstruosidad arquitectónica europea en el medio de Azabu, con columnas blancas y ventanales inmensos que reflejan el cielo de la tarde como espejos.

Alice es la maldita princesa de Japón moderno. No hay otra forma de decirlo.

Pero entonces, como si el destino hubiera decidido equilibrar la balanza de la elegancia con una bofetada de realidad, ella sale a recibirnos.

Y desentona completamente.

No hay vestidos de gala, ni ropa de diseñador, ni la más mínima intención de encajar con la magnificencia de su entorno. En su lugar, lleva una camisa de franela azul y negra, abierta sobre una camiseta de una banda que no reconozco, jeans ajustados con roturas en las rodillas y borcegos viejos, mal atados y con el cuero desgastado. Parece más una estudiante universitaria rebelde que la heredera de un imperio multimillonario.

Nos mira con una ceja arqueada, probablemente notando nuestras caras de shock.

—¿Qué?

Miyu, siempre educada, intenta suavizar su expresión, pero yo no tengo tales intenciones.

—Alice. —Extiendo los brazos, señalando la mansión entera—. ¿Cómo puedes vestirte así en un lugar como este?

Alice se encoge de hombros.

—No voy a andar en traje de gala por mi casa.

—Pero esto es más que una casa. Esto es—

—¿Un castillo? —interrumpe, con una media sonrisa—. No es para tanto.

La miro con incredulidad.

—¡Sí lo es!

Pero Alice ya está caminando hacia el interior, haciéndonos una seña para que la sigamos.

Cuando cruzamos el umbral, el interior no se queda atrás. Es como entrar en un museo, no en un hogar. Los techos son altísimos, las paredes están cubiertas de obras de arte que parecen sacadas del Louvre, y el suelo brilla con tanta intensidad que casi temo dejar marcas con mis botas. Me pregunto si alguna vez alguien ha caminado aquí con algo menos que tacones perfectamente pulidos.

Miyu se aferra a mi brazo, con los ojos tan abiertos que parecen a punto de salirse de sus órbitas.

—Esto no puede ser real —susurra.

Nao asiente, observando todo con una expresión cuidadosamente neutral, pero sé que por dentro está igual de impactada.

—Alice vive aquí —dice Kaede, en voz baja, como si el mero acto de decirlo en voz alta le diera más peso a la idea.

Hinata, que normalmente es la primera en hacer un comentario sarcástico, está en completo silencio.

Alice nos lleva a una sala amplia y perfectamente decorada, donde una mesa de centro ya está preparada con té y aperitivos elegantes. Pequeñas tartas de crema, galletas finas, todo dispuesto con una delicadeza ridícula. Como si en cualquier momento fuera a entrar un grupo de embajadores europeos en lugar de seis adolescentes de Nitto.

Nos sentamos, todavía tratando de asimilar la situación, mientras Alice se deja caer en un sillón con la despreocupación de alguien que ha vivido en este lujo toda su vida y ya está aburrida de él.

Pero Shiori no nos da mucho tiempo para procesarlo, porque apenas empezamos a comer, suelta la noticia que todas estábamos esperando.

—Irohanabi ya es una banda.

Alice deja su taza de té en la mesa y la mira con cautela.

—¿Eso significa que aceptar ser viral fue una buena idea?

Shiori ladea la cabeza, pensativa.

—No sé si buena idea, pero fue inevitable. Ahora, quieras o no, tú, Kaede, Akari, Souta y Haruto son una banda. El público ya los adoptó, y no es fácil que una banda despegue tan rápido. Si fue gracias a ti o no, eso no importa. Lo que importa es que ahora están en un punto de partida que muchos desearían tener.

Alice presiona los labios, claramente no convencida, pero no discute.

Miyu asiente, emocionada.

—¡Es increíble! Han conseguido atención en un tiempo récord.

—Sí, pero eso también significa que ahora todos nos están observando —interviene Kaede, siempre pragmática.

Alice no responde, pero se nota que ya lo sabe.

Terminamos de comer, y luego nos lleva a su habitación.

Si la mansión ya era impresionante, su habitación es un sueño. Amplia, luminosa, con un ventanal enorme que da a los jardines, muebles de madera oscura, la Gibson Les Paul en una esquina, una biblioteca llena de libros y discos. Todo perfectamente ordenado.

Hasta que abre su closet y el sueño se convierte en una pesadilla.

—¿Qué carajo es esto? —pregunta Hinata, con la voz cargada de genuina confusión.

El interior del closet es un caos absoluto. Por un lado, hay trajes elegantes, vestidos de gala que parecen sacados de una alfombra roja. Por otro, ropa que se ve vieja, desgastada, camisas de franela, camisetas de bandas que probablemente ya ni existen, jeans rotos… algo que sencillamente no es de esta década. Y en un rincón, cajas aún selladas con la ropa nueva que compró hace poco, como si todavía no hubiera encontrado un lugar para ellas en su mundo.

Miyu cubre su boca con las manos, casi horrorizada.

—Alice…

Alice suspira, cruzándose de brazos.

—No tenía mucha ropa casual. O al menos, no hasta ahora.

Kaede, con más tacto que el resto de nosotras, la mira con calma.

—¿Y por qué es así?

Alice no responde de inmediato. Su mirada recorre el closet, como si estuviera tratando de poner en palabras algo que no sabe cómo explicar. Finalmente, suspira y se gira hacia nosotras.

—Vivo sola.

El ambiente se congela por un momento.

—Mi madre murió cuando era niña. Y mi padre… vive en otro lugar de Japón, donde puede coordinar la empresa de forma más eficiente.

Silencio.

No sé qué esperaba que dijera, pero definitivamente no esto.

Hinata y Miyu intercambian miradas incómodas. Shiori y Nao mantienen la expresión neutra, pero puedo ver en sus ojos que están absorbiendo cada palabra con atención.

Kaede asiente lentamente.

—Entonces… todo esto…

—Era lo que tenía. —Alice hace un gesto vago hacia el closet—. Antes, solo había dos opciones. O vestirme como la hija de Adam Carter, con trajes y vestidos absurdos, o ponerme lo primero que encontraba.

Nos quedamos en silencio un momento más, hasta que, en un intento de romper la tensión, me cruzo de brazos y sonrío.

—Bueno, al menos ahora tienes ropa decente.

Alice sonríe de lado.

—Sí. Al menos ahora.

No decimos nada más. No hace falta.

Pero mientras observo su closet, con su desorden de identidades, de pasados y presentes aún sin reconciliar, no puedo evitar pensar en lo sola que debió haber estado todo este tiempo.

Alice

Las chicas estaban encantadas con la mansión Carter. Pero con mi closet… no tanto.

Después del espectáculo de lujo que era mi casa, parecía que esperaban algo igualmente grandioso al abrir las puertas de mi armario. Y aunque el espacio era enorme, lleno de compartimentos y perchas perfectamente dispuestas, lo que encontraron dentro no encajaba con la imagen que tenían de mí.

El desconcierto en sus rostros fue evidente. No dijeron nada al principio, pero la manera en que se miraban entre sí lo decía todo.

Los vestidos de gala relucían junto a trajes de corte serio, dignos de una ejecutiva de mediana edad. Luego estaban mis prendas más viejas, camisas de franela, camisetas de bandas que probablemente ya ni existían, jeans con más historia de la que estaba dispuesta a admitir, la ropa de Naomi.

Las chicas la notaron de inmediato.

Hinata sacó un abrigo de lana con un corte elegante y lo observó con apreciación.

—Esto es hermoso —comentó, midiéndolo frente a su cuerpo.

Akari, por supuesto, fue más allá. Se metió en el closet con una energía caótica y emergió con un vestido de gala en una mano y un par de tacones en la otra.

—Tengo que probarme esto —anunció con la emoción de quien acaba de encontrar un tesoro.

Me encogí de hombros y le hice un gesto de aprobación.

—Haz lo que quieras.

Obviamente, se lo probó. Caminó por la habitación con la gracia exagerada de una reina de ópera, tambaleándose un poco sobre los tacones imposibles que claramente no estaban diseñados para caminar, y posó dramáticamente frente al espejo.

—Creo que nací para este estilo de vida —declaró con seriedad absoluta.

—No naciste para caminar con esos tacones —comentó Kaede, mientras Akari casi se doblaba un tobillo.

El caos se estabilizó un poco después de ese episodio, y pasamos al tema principal: hacernos ver mayores.

El club al que íbamos esa noche no pedía identificaciones si sabías moverte con confianza, pero había que vender la imagen. Y yo, para su horror, no sabía ni maquillarme.

—Es peor de lo que pensé —murmuró Akari, sacudiendo la cabeza mientras revisaba mi neceser de maquillaje prácticamente intacto.

—Eso explica muchas cosas —agregó Nao.

—No me quejo, solo nunca aprendí —me defendí, aunque estaba claro que nadie me estaba juzgando demasiado.

Akari tomó el mando como si fuera una misión de guerra.

—Si vamos a hacer esto, lo vamos a hacer bien.

Primero, decidió que mi cabello necesitaba ondas. Sacó una rizadora de su bolsa (porque, por supuesto, Akari traía una rizadora a todas partes) y comenzó a trabajar con una precisión alarmante. Mientras tanto, iba explicándome cómo debía hacerlo yo misma si quería replicarlo en el futuro. No estaba segura de si realmente iba a poner en práctica la lección, pero asentí de todos modos.

Luego vino el maquillaje. Me explicó cada paso con paciencia, desde la base hasta la sombra de ojos, pasando por el iluminador y el delineador. Al final, cuando me miré en el espejo, realmente parecía… diferente.

—Un poco más adulta —murmuré, inclinando la cabeza para analizar mi reflejo.

—Solo un poco —confirmó Shiori—. Sigues teniendo cara de bebé.

Suspiré.

—Eso es un problema.

—No si te comportas como si no lo fuera —dijo Kaede, con su tono pragmático de siempre.

El siguiente debate fue sobre la ropa.

La discusión fue intensa, con opiniones divididas entre conjuntos más clásicos y opciones más atrevidas. Pero Akari, con su sentido infalible de la moda, insistió en una prenda en particular.

—Este. No hay discusión.

Me entregó un vestido de terciopelo verde esmeralda.

Lo reconocí de inmediato. Se parecía al corset que le había mostrado a Ginoza el día anterior, y, de hecho, eran de la misma tienda. Akari había insistido en que comprara ambos porque un buen corset con pantalones es una combinación ganadora, y al parecer, ahora me tocaba llevar la otra pieza.

Me lo puse sin discutir demasiado.

Cuando me vi en el espejo, tuve que admitirlo. Era un buen vestido.

El terciopelo atrapaba la luz de manera elegante, el escote corazón estructurado resaltaba la figura sin ser vulgar, y la falda corta con drapeado envolvente le daba un movimiento interesante. Con las botas de tacón alto y el abrigo largo que Kaede sugirió, la combinación funcionaba perfectamente para una salida nocturna en invierno.

—Esto ya es otra cosa —dijo Miyu, satisfecha.

—Definitivamente no pareces la misma persona que llegó a Nitto con el uniforme mal acomodado —bromeó Hinata.

Me reí, porque no podía negar que tenía razón.

Mientras terminábamos de prepararnos, Akari, que no se calla ni cuando duerme, comenzó a divagar sobre Rina, su más reciente obsesión musical.

—¿Y si me tiño el cabello de azul con una mecha roja para el próximo semestre? Como tributo a Rina.

Kaede, sin levantar la vista de su terminal, le lanzó un recordatorio inmediato.

—No puedes. La tintura de cabello está prohibida en la academia.

Akari resopló.

—A Alice nunca le dijeron nada por teñirse el cabello.

Me encogí de hombros.

—Porque el cambio no era tan notorio. Siempre me lo teñí de negro, y mi color natural tampoco es tan diferente.

Kaede asintió.

—Exacto. Pero azul… es demasiado evidente.

—Cobardes —murmuró Akari, pero no discutió más.

Cuando ya estábamos listas, tomé mi frasco de Aurora y me apliqué un poco en la muñeca y el cuello. Inmediatamente, el aroma se extendió en el aire.

Miyu fue la primera en reaccionar.

—¿Qué perfume es ese?

—Huele increíble —agregó Nao, acercándose un poco.

—Aurora —respondí, dándome cuenta de que probablemente nunca lo habían olido antes—. Es un perfume exclusivo de mi familia.

Hinata, sin dudarlo, tomó el frasco y se aplicó un poco.

—Dame.

Akari hizo lo mismo, seguida por Miyu, Kaede y Shiori.

Para cuando terminé de procesarlo, todas olíamos a lo mismo.

—Esto se siente como un ritual —comentó Nao, divertida.

—Un buen perfume es esencial —dijo Akari, con un tono exageradamente refinado—. Ahora todas seremos irresistibles.

Me reí, pero mentalmente tomé nota: tenía que conseguir más Aurora pronto o me iba a quedar sin perfume.

Me volví hacia el espejo una última vez. Maquillada, con el cabello ondulado, el vestido abrazando mi figura y el perfume envolviendo el aire a mi alrededor…

Sí, parecía un poco mayor. No mucho, pero tal vez, lo suficiente.

Caminar hacia la estación con las chicas era como formar parte de un desfile improvisado, uno donde cada una de nosotras se veía impecable a su manera, como si hubiésemos salido directamente de una editorial de moda underground. Akari, por supuesto, había decidido robarme uno de los vestidos nuevos, un modelo tornasolado que variaba entre púrpura y azul dependiendo de cómo le diera la luz, lo combino con una camiseta negra de cuello alto para tapar el escote profundo del vestido. No me molesté en discutirlo. Sabía que, si intentaba quitarle ese vestido, ella pelearía hasta la muerte.

Las demás habían traído su propia ropa, y todas, sin excepción, parecíamos demasiado arregladas para un simple viaje en tren. Pero no importaba. Lo importante era el destino.

Cuando llegamos a Azabu-Jūban Station, nos dirigimos a la línea Namboku, que nos llevaría hasta Shibuya. Durante el trayecto, Akari no dejó de hablar ni un solo segundo sobre Prophecy y sobre lo que estaba segura que tocarían esa noche.

—Van a empezar o cerrar con Trigger Finger!, lo sé. ¡Es la mejor canción del mundo!

—No seas tan predecible, Akari —dijo Shiori con calma—. Seguro meten algo más inesperado para abrir el set.

—No lo creo —replicó Hinata—. Trigger Finger! tiene la energía perfecta para empezar o terminar un concierto.

—Si empiezan con esa, el público se va a volver loco —agregó Nao.

Yo escuchaba en silencio, pero cuando empezaron a nombrar más canciones, entendí perfectamente por qué Prophecy estaba prohibida.

Los títulos eran una bandera roja inmediata: Killjoy Nation, Panic Station, Fury Circuit, Detonation Lullaby

Esto no era solo una banda de rock caótica y ruidosa. Esto era un himno de rebelión pura.

Cuando llegamos a Shibuya, el ambiente cambió. La energía de la ciudad era vibrante, casi palpitante, pero no nos quedamos mucho tiempo. Nos encontramos con Kenta, Souta, Haruto y Ryota, quienes ya nos estaban esperando, y de allí tomamos la línea Inokashira en dirección a Shimo-Kitazawa.

El contraste entre nosotras y el resto de los pasajeros era brutal.

El vagón estaba lleno de oficinistas con el rostro cansado, la mayoría con la mirada perdida en sus terminales o en la nada, atrapados en la monotonía de su día a día. Y nosotras, con nuestros vestidos, maquillaje impecable y conversaciones a todo volumen sobre música y caos, éramos como una explosión de color en medio de un paisaje en escala de grises.

No pasó desapercibido. Algunos pasajeros nos miraron con curiosidad, otros con desaprobación. Pero a nadie le importó lo suficiente como para hacer un comentario.

Souta, que estaba sentado a mi lado, se inclinó un poco para hablarme en un tono más bajo.

—Quédate siempre cerca de nosotros —me dijo, con una seriedad que contrastaba con su actitud usual—. Estos eventos suelen estar llenos de gente, y es fácil perderse entre la multitud.

Asentí, entendiendo la advertencia. No me molestaba seguir la recomendación. Prefería evitar cualquier inconveniente.

Luego, con una sonrisa más relajada, añadió:

—Y ya sabes, lo único que vamos a beber es Mitsuya Cider.

Dijo esto mirando directamente a Akari, quien puso los ojos en blanco de inmediato.

—¡Ya entendí, Souta! No más kamikazes. Aprendí mi lección.

—No lo creo —intervino Kenta con una risa contenida—. Recuerdo perfectamente la vez que tuvimos que sacarte del Yellow Hood porque estabas demasiado ebria para caminar.

Akari frunció los labios y cruzó los brazos.

—Eso fue hace mucho.

—Fue el semestre pasado —corrigió Ryota.

Las carcajadas del grupo hicieron que algunas personas en el tren nos miraran de reojo.

—Es una historia legendaria —dijo Haruto, con su tono tranquilo—. No cualquiera puede decir que fue cargada fuera de un club clandestino por dos personas diferentes en la misma noche.

—¡No teníamos opción! —se defendió Hinata—. Akari se convirtió en un peso muerto a mitad de la calle.

Yo me reí, apoyando el codo en la rodilla.

—Esto solo confirma que no puedo confiar en ustedes para mantener la compostura esta noche.

—No te preocupes, Carter —dijo Souta, sonriendo—. Mientras tengamos Mitsuya Cider, todo estará bajo control.

—Por cierto —intervino Hinata, aún con una sonrisa en los labios— mi hermana me dijo que en Nitto ya nos llaman "el culto a la Mitsuya".

Hubo un silencio breve antes de que todos explotáramos en carcajadas.

—No es nuestra culpa que sea la única bebida segura en estos lugares —comentó Nao.

—Es por el contexto —agregó Shiori, con su lógica implacable— Si no supieran que es porque en los clubes clandestinos no hay muchas opciones sin alcohol, sí pareceríamos un culto.

—¡Pero qué culto más elegante! —exclamó Akari, levantando las manos con dramatismo—. ¡Unidos por el néctar sagrado de la Mitsuya!

—Honestamente, sí parece que estamos haciendo una campaña publicitaria —añadió Ryota.

Entre bromas y conversaciones, el viaje se hizo más corto de lo que esperaba.

Para cuando llegamos a nuestra estación y descendimos del tren, la emoción en el aire ya era palpable.

Estábamos a solo unas calles de Shelter 440.

Y la noche apenas estaba comenzando.

Akari

Shelter 440 no es un simple club clandestino. Es un organismo vivo, un latido en el corazón de la ciudad que se esconde bajo una fachada destartalada y olvidada. A simple vista, la entrada es nada. Un callejón oscuro, un letrero de neón parpadeante y una puerta metálica que parece más la entrada de un almacén abandonado que de un lugar donde la música ruge como un animal salvaje. Pero apenas nos acercamos, sentimos la vibración sutil bajo nuestros pies. El sonido nos llama antes de que siquiera toquemos la puerta.

Souta camina al frente con la confianza de quien conoce a alguien, que conoce a alguien, que conoce a alguien más. La burocracia de los clubes clandestinos es una maraña de contactos dudosos y favores implícitos, y Souta, con su talento para hacer amigos en los lugares menos esperados, es nuestro pase de entrada.

Un portero humano—sí, humano, un detalle raro en este mundo de vigilancia mecánica—nos escanea con la mirada, inspeccionándonos con el ceño fruncido. No pregunta nombres. No revisa identificaciones. Solo evalúa quiénes parecemos encajar en el ambiente y quiénes podrían ser un problema.

Nos miran un poco raro, claro. No somos los asistentes típicos de este sitio. Demasiado jóvenes, demasiado nuevos. Pero Souta saluda con su sonrisa de "sé exactamente lo que estoy haciendo" y lanza un nombre que no reconozco.

—Nos esperan.

La respuesta es un bufido y una inclinación de cabeza hacia la puerta, dándonos paso sin más palabras.

—¿Vieron eso? —Souta nos mira con superioridad apenas entramos—. Contactos, bebés.

—Eres insufrible —murmura Kaede, pero lo dice con un toque de resignación.

Adentro, la atmósfera es un golpe directo al sistema nervioso.

Luces de neón titilan entre sombras profundas, envolviendo el espacio en un parpadeo hipnótico de azules eléctricos y rojos pulsantes. Hologramas alterados proyectan imágenes glitch de figuras distorsionadas en las paredes, y pequeños drones modificados flotan sobre la multitud, arrojando destellos intermitentes de luz morada y verde. El techo parece más bajo por la cantidad de cables expuestos y estructuras metálicas que se entrecruzan sobre nuestras cabezas.

La música es un latido.

No se escucha. Se siente.

Bajos profundos retumban en el aire, vibrando en la piel, en los huesos, en el espacio entre los pulmones. Es un ritmo crudo, distorsionado, con sintetizadores que rugen sobre la percusión electrónica como una tormenta digital desatada.

Alice está mirando todo con la misma expresión de un cachorro que ha sido soltado en medio de la ciudad por primera vez.

—Wow.

No es un comentario de entusiasmo. Es una genuina falta de palabras.

Miyu, que ya ha estado en lugares así, le da un codazo con una sonrisa cómplice.

—Bienvenida a la jungla.

Aún no nos hemos sumergido en la pista de baile, pero ya sé que tenemos un problema: Alice no sabe qué hacer con su cuerpo.

Esto no es un baile académico, ni algo que se aprende con coreografías medidas. Aquí no hay estructura ni pasos marcados. No hay reglas. Es solo instinto, es solo dejarse llevar por la música y permitir que el sonido controle el movimiento.

Y Alice, con toda su elegancia de prodigio musical y su actitud desafiante, es una neófita cuando se trata de esto.

—Dios, hay que enseñarte a bailar —digo, tomando su mano sin darle opción de escape.

—¡¿Qué?!

—Si no te enseño ahora, vas a parecer una turista perdida —le explico, arrastrándola hacia la pista sin piedad.

—¡No vine a bailar!

—¡Es un club, Carter! ¡Todo el mundo baila aquí!

Souta se ríe y levanta su botella de Mitsuya Cider en un brindis improvisado.

—Es tu bautizo.

Alice me fulmina con la mirada, pero yo solo sonrío.

Porque esta noche, va a aprender.

Alice

Akari no me dio opción.

Apenas procesé que habíamos entrado a Shelter 440, ella ya me estaba arrastrando a la pista de baile con una determinación que no dejaba espacio para objeciones. Intenté resistirme, pero no sirvió de nada. La música retumbaba en mis huesos, la luz parpadeaba en destellos eléctricos de azul y rojo, y el mundo entero parecía moverse en una cadencia descontrolada y embriagante.

—Tienes que sentirlo —me dijo, girando para quedar frente a mí—. No pienses en cómo te ves, solo deja que la música te mueva.

Fruncí el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Exacto. —Sonrió, levantando los brazos y dejándose llevar con facilidad. Akari se movía con la seguridad de quien ha hecho esto un millón de veces, su vestido tornasolado capturando la luz y reflejándola con cada giro.

Yo… no tanto, pero entendí lo que intentaba decirme.

No era como tocar un instrumento, donde cada movimiento debía estar medido, donde cada acorde tenía que entrar en el tiempo exacto. Aquí no había precisión. No había notas que seguir. No había estructura.

Solo había ritmo.

Y cuando dejé de pensar en lo que estaba haciendo, cuando cerré los ojos y me permití sentir la vibración de la música en mi pecho, empecé a moverme con más facilidad.

Akari sonrió con orgullo.

—¡Ves! No eres completamente un caso perdido.

Antes de que pudiera responder, Souta apareció con una botella en la mano, extendiéndomela con su típica sonrisa relajada.

—Bienvenida a la religión.

Tomé la Mitsuya Cider con una ceja arqueada.

—¿Se supone que esto es un bautizo?

—Lo es —confirmó Ryota, que se había unido a nosotros, también con una botella en la mano—. A partir de ahora, oficialmente eres parte del culto.

Me reí y di un sorbo. El gas se mezcló con la dulzura familiar de la Mitsuya, un sabor que ahora asociaba con este grupo, con la forma en la que siempre aparecía en cada reunión, en cada conversación, en cada historia que contaban sobre noches como esta.

Y entonces, simplemente dejé que la noche me envolviera.

Bailamos sin pensar demasiado, riéndonos cuando alguno exageraba un movimiento o intentaba algo ridículo. Kenta giró a Hinata en un movimiento torpe que casi la hizo caer, Haruto, con su inexpresividad característica, se movía con una fluidez inesperada, y Kaede, que juraba que no era buena bailando, terminó balanceándose al ritmo de la música con una naturalidad que la hacía encajar perfectamente en la escena.

Yo la estaba pasando bien. Demasiado bien.

Hasta que empezaron a acercarse extraños.

Al principio, no lo noté. Estaba demasiado enfocada en disfrutar el momento, en la sensación de la música en mi piel y el calor de la multitud moviéndose al mismo ritmo. Pero luego, sentí la mirada de alguien sobre mí.

Y después fueron varias miradas.

Se acercaban con sonrisas amplias, con la confianza de quienes ya sabían quién era yo antes de que pudiera siquiera verlos de frente.

—Hey, tú eres la de Irohanabi, ¿no?

—Ese video es una locura.

—No esperaba verte aquí.

La sonrisa en mi rostro se congeló.

Miré de reojo a Shiori, que estaba bailando con Miyu y Nao sin darse cuenta de lo que estaba pasando.

El maldito video. No fue solo conmigo.

Pronto, otros se acercaron a Akari, a Kaede, incluso a Souta y Haruto. No solo para hablar. Algunos intentaban coquetear con Kaede y Akari descaradamente, otros simplemente querían sacar información. La atención era intensa, repentina, casi abrumadora.

Mi respiración se aceleró un poco.

Está bien. Esto está bien.

No es que no hubiera estado rodeada de multitudes antes. Ya no me quedaba paralizada, ya no sentía el pánico frío corriendo por mi columna como solía hacerlo. Pero… esto era diferente.

Esto no era una multitud solamente. Era una multitud que me estaba buscando.

Los rostros se mezclaban en luces y sombras, con sonrisas demasiado amplias y voces demasiado insistentes. Me preguntaban cosas que no quería responder, que no tenía energía para procesar.

Intenté mantener la compostura, pero sentí cómo mi cuerpo se tensaba, cómo mi espacio se hacía más pequeño, cómo mi piel se sentía demasiado sensible al roce accidental de desconocidos que se movían demasiado cerca.

No me gustaba sentirme atrapada.

Busqué a Souta con la mirada, y cuando la conexión se hizo, entendió de inmediato.

Su expresión cambió sutilmente y, con una naturalidad impecable, se acercó más a mí, su brazo rozando el mío en un gesto tranquilizador.

—Alice —dijo en voz lo suficientemente alta como para que los demás lo escucharan—. Ven, necesitamos pedir más Mitsuya.

No necesitábamos más Mitsuya, pero me dejé arrastrar de todos modos.

Akari

En noches como esta, en lugares como Shelter 440, hay dos tipos de personas: las que vienen a perderse en la música y las que vienen a buscar algo más. Y yo, claramente, estaba en el segundo grupo.

Porque, honestamente, quiero un novio.

Así que mientras Alice era arrastrada por Souta antes de que se muriera de estrés, yo hacía lo que mejor sé hacer: coquetear con cualquier persona mínimamente atractiva que se cruzara en mi camino.

—Hey, ¿quieres bailar? —pregunté con una sonrisa perfectamente medida, inclinándome lo suficiente como para que la luz púrpura del club hiciera brillar mi vestido tornasolado.

El chico frente a mí, alto, cabello oscuro y una actitud relajada, se quedó mirando por un segundo antes de asentir.

—Por supuesto.

Dios, esto es muy fácil.

Nos movimos al ritmo de la música, sin decir demasiado. No hacía falta. En este lugar, en esta atmósfera cargada de electricidad y caos controlado, las palabras eran innecesarias. Pero mientras me dejaba llevar, una parte de mí se mantenía alerta, escaneando el entorno.

Miyu y Nao hablaban en su propio pequeño mundo, demasiado cerca, demasiado conectadas. No era difícil notar lo que pasaba ahí. No aún, pero eventualmente… sí.

Shiori ya estaba perdida en su propia historia de la noche, con su espalda contra la pared y sus manos enredadas en la camisa del tipo con el que estaba besándose como si fueran los únicos dos en el club. No me sorprendía. Shiori es meticulosa para todo… pero cuando decide soltarse, lo hace por completo.

Hinata, en cambio…

Parpadeé, mirando a mi alrededor.

—¿Dónde está Hinata?

Nadie me escuchó.

Pero antes de que pudiera preocuparme, antes de que pudiera soltar la mano del chico con el que bailaba y hacer un recorrido visual más exhaustivo, ocurrió.

El sonido que esperábamos.

Los acordes pesados de la intro de Prophecy explotaron en el aire, una vibración cruda y violenta que se extendió como una onda expansiva a través del club.

Y el mundo entero se descontroló.

Los gritos fueron instantáneos, un rugido colectivo que hizo temblar el suelo. Las luces parpadearon, los drones alteraron sus colores en sincronía con la música, y allí, en el escenario, apareció la razón por la que estábamos aquí.

Rina, la diosa del rock clandestino. La mujer que llevaba meses obsesionando mi mente.

Su figura delgada y poderosa se proyectó sobre la plataforma, con su cabello corto turquesa ondeando bajo la iluminación en rojo y azul. Su presencia era como un rayo cayendo en medio de la multitud. Su voz rasposa y afilada como una cuchilla resonó a través del micrófono, lanzando una consigna para que el público gritara.

Y, por supuesto, yo grité mucho.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!

Fue una explosión de emoción colectiva, una entrega absoluta.

La batería marcó el tiempo con fuerza, los sintetizadores distorsionados se fundieron con las guitarras, y cuando el primer Trigger Finger! estalló en los parlantes, el club entero se convirtió en una bestia rugiente.

No había control, no había barreras.

Solo había Rina, Prophecy y el caos absoluto, y yo estoy perdiéndome en ello.

Alice

El primer acorde de Trigger Finger! fue como una descarga eléctrica en mi sistema.

La intensidad de la guitarra, el ritmo pesado de la batería, la agresividad contenida en cada nota… No lo esperaba, pero me gustó. No solo porque era buena, sino porque había algo en ella que me resultaba familiar.

El estilo de Prophecy se parecía mucho a la música que solía escuchar Naomi.

La distorsión cruda de las guitarras, los sintetizadores alterados, el tono desafiante de la voz de Rina sobre la instrumentación agresiva. Esto era exactamente el tipo de música que llenaba las listas de reproducción del terminal que encontré en el sótano.

Y ahora, en medio de Shelter 440, entre luces intermitentes y el rugido de la multitud, sentí que esa parte del pasado estaba chocando contra mi presente con una sincronía perfecta.

No me moví de inmediato.

Me quedé en la mesa con Souta, tomando sorbos de Mitsuya Cider mientras veía cómo el club entero explotaba en movimiento.

—Te gusta, ¿eh? —comentó Souta con una media sonrisa, girando la botella entre sus manos sin perder el ritmo de la canción.

—Sí —admití, sin dudarlo.

—Tienen ese sonido de rock industrial con sintetizadores glitch. Es un caos bien controlado.

—Es exactamente el tipo de música que mi madre habría escuchado.

Souta me miró de reojo, como si no esperara esa respuesta. Pero no dijo nada. No preguntó nada. Solo asintió y dio otro sorbo a su Mitsuya.

Nos quedamos ahí por un rato, observando cómo el resto del grupo se había dispersado. Akari estaba saltando entre la multitud como si su vida dependiera de ello. Ryota y Kenta se habían perdido en la pista, Nao y Miyu estaban juntas en algún punto entre la gente, y Shiori… bueno, ella no estaba por ningún sitio.

Pero yo no me sentía lista para meterme ahí.

No era que no quisiera. Es solo que, aunque ya había superado lo peor de mi agorafobia, aún me costaba entrar en espacios donde todo era impredecible, donde la gente se movía sin control, donde no podía anticipar lo que iba a pasar.

Souta pareció notar mi indecisión, porque se reclinó en su silla con una expresión relajada.

—No tienes que ir si no quieres.

—Lo sé.

—Pero si quieres… —se inclinó un poco hacia adelante—. Te prometo que es mejor si te dejas llevar.

Mi mirada volvió a la multitud.

La energía de la gente era contagiosa. Saltaban al ritmo de la música, moviéndose en oleadas, con los brazos levantados y los rostros iluminados por la euforia pura. No había reglas aquí. No había estructuras. Solo estaba la música y la reacción visceral que provocaba.

Y, por primera vez en mucho tiempo, sentí que quería ser parte de eso.

Dejé la Mitsuya sobre la mesa y me puse de pie.

—Voy.

Souta sonrió con aprobación.

—Diviértete.

Me giré y, sin pensarlo demasiado, me sumergí en la multitud.

El primer contacto con la gente fue un choque de calor y movimiento, pero en lugar de sentirme sofocada, sentí la adrenalina subir. El ritmo de la música marcó mi primer impulso, y antes de darme cuenta, estaba saltando con ellos, perdiéndome en la ola de energía que vibraba a mi alrededor.

Era abrumador, intenso y era liberador.