Capítulo 1
Habían pasado ya dos años de la edición de la Liga Pokémon de Galar, misma en la que había participado Roxy, con toda la intención de volverse campeona, no lo logró, pero aquello le sirvió de mucho, para aprender de ella, de sus Pokémon, de la energía Dinamax, y sobre todo, de lo que volvía icónico su pueblo natal.
Durante muchos años el pueblo Crampón fue un rincón abandonado por Dios, nunca fue la cuna de grandes promesas en ninguna rama, pero el pueblo se vio más marginado cuando el pokémon legendario Eternatus despertó y desperdigo por toda la región fragmentos de él, mismos que dotaron a algunos Pokémon de un tamaño colosal, mismos que arrasaron con todo a su paso, volviendo esto un fenómeno altamente peligroso al no poder ser contenido en aquel entonces.
Sin embargo, aunque los fragmentos de Eternatus, ahora conocidos como "Estrellas deseo", habían caído por toda Galar, no en cualquier lugar se daba el avistamiento de Pokémon enormes, pasaron muchos años hasta poder tener ubicaciones más exactas de los nodos enérgicos, y aprovechando está singularidad en la región, se comenzaron a trasladar pueblos y ciudades cerca de estos nodos, se levantaron infraestructuras tales como estadios, en lo que poder usar las "Estrellas deseos" y la misma energía Dinamax, las batallas Pokémon tenían una nueva versión, y aquello con el pasar de los años, volvió singular a la región de Galar.
Aunque… no toda la gente estaba bien con eso. Con el paso de los años, mucha gente empezó a creer que los acontecimientos de "La noche negra", habían sido mayoritariamente exageraciones, pero no fue así, no del todo. Y menos para la gente del pueblo Crampón, fue uno de los lugares más devastados por los Pokémon gigantes y sus peleas, para los descendientes de aquellos sobrevivientes, el efecto Dinamax era todo menos hermoso, pero como ya se dijo, con el paso del tiempo todo fue quedando como historias, al menos para la mayoría.
El pueblo mantuvo su negativa a la reubicación, pero como todo en la vida, hubieron quienes cambiaron de opinión y de mudaron, el puñado de gente que se quedó, se volvió muy arisca con los foráneos, ni que decir de los turistas, todo eso generó que el pueblo empezará a tener un retroceso, al punto de parecer un rincón de mala monta.
En un inicio aquello no parecía afectar a los habitantes del lugar, pero poco a poco eso empezó a generar estragos en el lugar, tanto así que el número de pobladores se había reducido demasiado, y el gimnasio estuvo apunto de desaparecer y junto con el, lo más probable es que el pueblo también.
La extinción del gimnasio de pueblo Crampón y del único gimnasio especializado en tipo siniestro conocido en toda la nación no se culminó gracias a que todos los anteriores líderes del gimnasio hicieron tanto como les fue posible, pero el abandono en el pueblo era cada vez más palpable.
Lo cuál estaba empezando a ser bastante beneficioso para el presidente Rose, cuya familia había estado tratando de reubicar el pueblo, generar justificadamente otro estadio sobre un nodo enérgico y seguir recibiendo turistas en todo lo largo y ancho de Galar. Estuvo cerca de cumplir su objetivo, de no ser por Nerio.
Nerio había participado en la Liga Pokémon de Galar cuando tenía 17 años, la mayoría participaba a sus 12-13, pero Nerio no lo hizo en aquellos años porque su madre necesitaba de su ayuda para cuidar de Roxy, si se preguntan por el padre de los chicos, eso era algo que ni ellos sabían, y su madre jamás les contó al respeto.
Aquella vez que participó no ganó el título de campeón, pero demostró ser lo suficientemente capaz de liderar el gimnasio de su pueblo, porque incluso en el estadio de ciudad Puntera, el chico se negó a usar la maximuñequera, y por ende la energía Dinamax.
Consideraba aquello peligroso, sabía bien lo que aquello había generado no sólo en su pueblo sino en la región en general, sabía, por anécdotas de sus bisabuelos, que incluso cuando parecía que estaba controlado todo, un enfrentamiento de Pokémon gigantes destruyó casi medio pueblo.
Esa información era más que suficiente para evitar usar aquello, no iba a poner en riesgo a su pueblo y mucho menos a su era algo que Nerio compartía con esos Pokémon, otra cosa que compartía con ellos era el asustar un poco a otros, sobre todo a su hermana menor.
No era el tipo de chico al que le gustará ser el centro de atención, pero curiosamente era justamente el tipo de persona que terminaba llamándola, en la escuela fue el chico con aire cool, que "todo le daba hueva", y que se saltaba las clases porque le apetecía más practicar música y estar con Pokémon, más si eran de tipo siniestro, que ellas criaturas le fascinaban, quizás porque la mayoría de la gente pensaba mal de ellos, pero en realidad, los tipo siniestro al igual que cualquier otro ser vivo, tenían su encanto si de les sabía tratar.
Tampoco era que el chico le gastará bromas pesadas, pero sí solía contarle historias de terror, entre ellas una leyenda, una que hablaba de una novia fantasma que aparecía de la nada, cuyo aspecto era demacrado, y que castigaba a quienes no se portaban bien. No era que Roxy fuera una niña mal portada cuando era pequeña, sino que como cualquier niño, odiaba los vegetales y Nerio le contaba aquella historia, logrando que la pequeña de aquel entonces 5 años hiciera casi a su hermano de 19 y se comiera las verduras.
Roxy tenía muchas razones para confiar por completo en su hermano, primero, era mayor, obviamente "sabía de lo que hablaba", era líder de gimnasio, desde que ella tenía uso de razón, su hermano tenía a su cargo el gimnasio de su pueblo, lo cuál indicaba que el chico era el entrenador más fuerte del lugar, otro motivo por el cuál confiaba totalmente en él fue porque el capturó al Morpeko que ella siguió una tarde, y se lo obsequio, haciendo que aquella rata eléctrica y Roxy se hicieran inseparables.
Por lo que para Roxy, lo que decía su hermano era ley, por supuesto conforme comenzó a crecer empezó a notar que su hermano era un ser humano, tenía sus cosas buenas y malas.
Para Rose, Nerio era todo lo que no aceptaba o toleraba, no abiertamente. Entre las diversas cosas, lo que destacaba más era, que le llevará la contra, que no aceptará sus "consejos", que le diera argumentos sólidos por los cuales no iba a moverse de ubicación, que a diferencia de los demás, no se tragara el cuento de ser un "filántropo", porque a diferencia de todos en Galar, Nerio desconfiaba de la gran parte de las cosas que Rose decía, eran muy pocas y contadas las palabras que aquel hombre emitían y que Nerio creía.
Rose fingió en más de una ocasión ser comprensivo y amistoso con el chico, trató de coaccionarlo para que este moviera el gimnasio y se volviera un "Estadio", pero la respuesta de Nerio fue "No", al principio Nerio daba argumentos sólidos, pero al ver que Rose no dejaba de insistir, el chico optó por dar respuestas cortantes sin más, si Rose no quería entender razones, él tampoco iba a desgastarse dándoselas.
Por supuesto, no mover el gimnasio empezó a generar más trabas al crecimiento del pueblo, porque, nadie quería ir a un lugar si energía Dinamax, y si se veían obligado a ir era porque necesitaban la medalla del gimnasio, y el error de muchos fue creer que obtenerla sería sencillo, porque Nerio no les tuvo piedad en lo más mínimo, le daba lo mismo si eran jóvenes, pequeños, mujeres, ancianos, si le iban a retar, entonces se las pondría difícil. Por supuesto, hubieron buenos entrenadores que le ganaban con todas las de la ley, pero definitivamente no todos ellos eran buenas personas, pero eso no era motivo para negar las derrotas.
En su primer año como líder, pudo ver qué estaba en desventaja con otros gimnasios que si tenían nodos enérgicos, por lo que hizo algo que volvió peculiar el gimnasio, no solo era su especialización en Pokémon de tipo siniestro, sino que combinó otra de sus pasiones, la música, convirtiendo el gimnasio también en su sede de conciertos, cosa que si bien funcionaba, no ataría el flujo de visitantes como él deseaba.
Aquello le supuso mucha frustración, creyendo que quizás, el hecho de que el pueblo y el gimnasio de estuvieran hundiendo era por su terquedad, empezó a creer que Rose di tenía razón al insistirle en moverse de sitio, y aquellos pensamientos le generan rabia, jamás había hecho algo por conveniencia, sino por convicción y no quería dejar de hacerlo así.
Que tampoco era su culpa, era bien sabido en todo Galar que más que un pueblo, parecía un enorme pasillo con edificios con luces neón y apariencia de mala fama, tampoco le ayudaba que el Team Yell fiera por toda la región haciendo desastres y gritando que el pueblo era la cuna de "lobos" como ellos, claro, si el significado de "lobos" era literal: morros meados con un fanatismo que raya en lo tóxico.
Grande fue su sorpresa cuando años después, teniendo el 26 y su hermana 12, está participará en la Liga y al igual que él, tampoco gano, pero aquello hizo que la gente se interesara en pueblo Crampón, la gente no se concentró en si había o no energía Dinamax, sino en lo buen entrenadora que era, la buena práctica y la pelea limpia, eso dio una nueva imagen de Crampón, en lugar de solo creer que habían pandilleros, la gente notó que también habían personas con moral y sentido común, no era que Nerio no lo fuera, solo… le valía que pensaran bien o mal de él.
Y ahora estaban ahí, cumpliendo dos años desde que Roxy tomó el cargo de líder, sin embargo el gimnasio seguía siendo la sede de sus conciertos e incluso de sus ensayos, a Roxy le agradaba la compañía de su hermano e incluso se estaba volviendo una tradición ir al gimnasio de ciudad Crampón a Poképelear con música en vivo.
Las cosas no solo fueron positivas para el gimnasio, sino que el pueblo en si, comenzó a tener más movimiento, más vida, los edificios estaban empezando a cambiar, por su puesto, el pueblo estaba empecinado en no perder su cultura Rock Punk, pero ya no parecía un sitio encerrado.
Las cosas iban agarrando el ritmo que Nerio tanto había soñado, y que su hermanita había logrado. Claro a ojos de Roxy, todo aquello estaba siendo posible gracias a los esfuerzos de su hermano.
—¡No puedo creer lo genial que es esto! — Gritó animada una chica, era claro que venía de otra región.
Roxy sonrió al ver que la chica lejos de frustrarse por haber pedido, estaba encantada por la experiencia.
Nerio también se le veía complacido. — Este ambiente… es realmente inspirador. — Pensó, sintiendo aquel impulso como cantautor.
Sí, todo iba bien… O al menos eso parecía…
Cerca de Nerio estaban dos miembros del Real Yell, una chica y un chico. —¿Oye, y Rodo? — Preguntó el muchacho al no ver señales de su amigo.
La chica se encogió de hombros. —Dijo que volvería a su Pancham en un Pangoro, pero ni idea, apenas lo capturó hace una semana, está loco si cree que lo va hacer evolucionar tan pronto. — Explicó restándole importancia.
Nerio no era un entrometido, pero tampoco un descuidado, no era la primera vez que se enteraba de entrenadores con poco o nulo respeto a los Pokémon y sus etapas, y tampoco le era sorpresa saber que Rodo era de esos, de todos los del Team Yell, Rodo era, sin exageración, el tipo más problemático, hablar con él era como hablar con la pared.
Los bosques eran el hogar de muchos Pokémon, y desgraciadamente también eran lugares en donde algunos mostraban una terrible faceta.
—¡Muevete, estúpido Pancham! — Gritó un chico cuyo rostro tenía una franja color fucsia pintada, para después patear al Pokémon que estaba frente a él. —¡Tienes que volverte un Pangoro para poder ser útil! — Comentó de forma despectiva.
Pancham asintió mientras contenía las lágrimas en sus ojos, su mandíbula temblaba, por diversos motivos, miedo, coraje, frustración. — Lo intentó, de verdad, pero no sé porque aún no puedo evolucionar. — No era la primera vez que se cuestionaba eso así mismo, y estaba lejos de ser la última, se tragó su malestar y siguió haciendo aquel entrenamiento espartano que ni siquiera era seguro que le funcionara. —¡Hazlo ya! — Gritó para volver a golpear a la criatura.
Aquella acción fue vista por un Murkrow, mismo que grabó en su mente el rostro de aquel chico, emitió un granizo y emprendió vuelo, fue rápido, llegando hasta donde había un grupo de Pokémon, dicho grupo contenía a los siguientes Pokémon: Eevee, Zorua, Frillish, Weavile.
El ave se posó en el suelo y comenzó a graznar, como si les contará a todos lo que había frunció el ceño de forma poco amistosa, Zorua bajó la mirada, como si recordara algo, lo demás tenían distintas expresiones, todas dejando en claro una cosa, no estaban nada contentos con oír eso. El grupo de Pokémon se vieron entre sí por segundos, para finalmente dirigir su mirada a un punto en específico.
Por otro lado, en el gimnasio, Roxy se anotaba otra victoria, ganándose los aplausos y vítores del team Yell y por su puesto de Nerio.
—¡Eres la mejor, Roxy! — Gritó una chica.
Roxy sintió sus mejillas arder, seguía sin acostumbrarse a la atención, por supuesto, mientras estaba en batalla tenía la mente
en ello, pero en cuanto se acababa le atacaba el bochorno de ser aclamada por el público. —N-no… no es para tanto. — Respondió, mientras que su Morpeko se restregaba en su mejilla.
Nerio se acercó a su hermana. —Te equivocas, has trabajado muy duro en tus entrenamientos y en la comunicación con tus Pokémon, es por eso que has logrado todo lo que te has propuesto. — No la estaba adulando por ser su hermana, de verdad reconocía el trabajo y esfuerzo de la chica.
Roxy apretó un poco los labios, incluso recibir cumplidos por parte de su hermano le generaba vergüenza, le gustaba, pero le seguía dando vergüenza, y eso que creció siendo elogiada por él en casi todo momento. —No empieces tú también… hermano. — Pidió, a lo que Nerio soltó una leve risa.
Aquella escena fue encantadora para casi todos los miembros del Team Yell, todos admiraban a ambos hermanos, y la gran mayoría tenían un respeto enorme hacia Nerio, él les reprendía para corregir sus malas acciones, no para humillarlos, y siempre aplicaba la ley de: Felicitaciones en público, correcciones en privado. Porque eso era lo correcto, era el "deber ser", y él lo aplicaba con todos, Pokémon incluídos.
La noche llegó y junto con ella llegó el momento de cerrar el gimnasio, Roxy estaba verdaderamente contenta. — ¡Cada vez viene más gente! — Celebró en sus adentros.
Nerio estaba igual o más contento que Roxy, durante su tiempo como líder si hubo un aumentó en la cantidad de gente que iba al pueblo, pero aún seguía siendo un número bajo, después de la batalla de Roxy contra Gloria en la Liga Pokémon la suerte del lugar había cambiado.
— Esto es bueno, demasiado, para todos. — Pensó Nerio, experimentando felicidad plena.
Las luces de la ciudad se apagaron, en algunos sitios se mantenían luces tenues, para ayudar a guiar a quienes regresaban tarde del trabajo, había una notable diferencia a como lucía hace dos años, ahora las luces no eran sólo neón ni mucho menos parecía un sitio abandonado, era claro que el lugar estaba mejorando como viento en popa.
Por otro lado, no muy adentrado del bosque, el mismo chico que había estado maltratando a su Pancham estaba riéndose al ver a su Pokémon al punto de un colapso.
—De haber sabido que eras tan inútil… te hubiera cambiado por ese Toxel… — Soltó arrojándole una lata de soda, misma que impactó de lleno en la cara del pequeño Pokémon.
Pancham estaba agotado, en otras circunstancias hubiera esquivado la lata, estaba totalmente agotado, no había probado bocado alguno en todo el día y el entrenamiento al que estaba siendo sometido no ayudaba. De repente, la temperatura bajó de forma drástica.
El chico se puso de pie. —¡¿Qué mierda?! — Miró a su alrededor, una extraña neblina había aparecido. — Estoy seguro que aún no debe hacer neblina en estas fechas… — Un escalofrío recorrió su espina dorsal al oír unos pasos. —¡¿Quién mierda está ahí?! — Gritó alterado. —¡Sal, no te tengo miedo! — Anuncio, pero lo cierto es que si estaba sintiendo peligro.
—Ab… sol… — Se escuchó el ligero gruñido, de la neblina emergió un Absol, su mirada mostraba clara molestia hacia el chico.
—¿Un absol? — El chico se extrañó un poco, para después soltar una risa nasal. —Hoy es mi día de suerte, me deshare de ti. — Dijo mirando al Pancham.
El pokémon puso una expresión desorbitada, su mirada decía todo. — Reemplazable, soy reemplazable. — No sabía que le dolía más, el hecho de que siempre los supo o el cinismo de su entrenador.
—Y me haré con un Pokémon mucho más fuerte. — Estaba dando por hecho que iba a capturar esa Absol.
Una silueta se hizo presente, se podía divisar un vestido de novia, uno que alguna vez fue puro, ahora yacía manchado por el abandono y el tiempo, sus encajes ennegrecidos por el andar de los años, pequeñas rasgaduras se podían notar no sólo en lo largo de la falda, incluso en el velo que cubría el rostro de lo que parecía ser una mujer, dándole un aspecto espectral.
—¿Quién diablos? — El chico miró a detalle, la neblina no le permitía ver mucho, pero podía divisar el rostro de una mujer debajo de aquella tela vieja y descarada. —Oye, todavía falta para Halloween. — Se burló.
La mujer lo ignoró, su mirada estaba centrada en el Pancham que sólo veía a la nada. — Esa mirada… — La reconoció de inmediato, era la mirada perdida, la misma que demostraba que a uno se le había venido el mundo encima. —No temas… — Dijo acercándose al Pokémon. —Ya no tendrás que soportar a ese mal agradecido. — Afirmó. Su vestido se meció suavemente, haciendo que un escalofrío se apoderara del entrenador del Pancham.
Rodo chasqueó con la lengua. —Soy yo quien no va a seguir soportando estas estupideces. — De su bolsillo sacó una PokeBall. —¡Scraggy, yo te elijo! — De la PokeBall salió un Scraggy, mismo que no tenía pinta de estar en mejor forma que el Pancham. —Ya no eres tan ruda, ¿verdad?
La mujer con vestido de novia miró con indiferencia al chico. — Jelly, bola sombra. — De la nada apareció una Frillish, misma que usó bola sombra, no la dirigió a Scraggy, sino al entrenador de este, Rodo.
Aquel ataque impactó de lleno al chico haciéndolo caer de espaldas. —¡¿Qué diablos?! — Miró con desconfianza a la mujer. — Estoy seguro de que ella no dijo nada… ¿Ese Frillish me atacó solo por qué sí? — Se negaba a creer eso, ¿cómo era eso posible?
— Abby… — La Absol gruñó. — Mordisco. — La Absol se abalanzó sobre Rodo, el chico emitió un gritó y se cubrió, como si de verdad pudiera protegerse del ataque de aquel pokémon.
—¡Scrag…! — El Scraggy de Rodo interceptó el ataque, sorprendiendo a la Absol, no sólo por la acción, sino porque el Pokémon les miraba con desafío, marcando un claro límite, no permitiría a nadie dañar a su entrenador.
La mujer con vestido nupcial también se sorprendió al ver aquello. —Ese Scraggy te tiene demasiada estima… — Comentó mirando al Pokémon. —Deberías sentirte agradecido de que haya un ser tan bondadoso como para proteger tu patética existencia. — Espetó con un tono tan indiferente que a Rodo se le heló la sangre. —Desgraciadamente para ti. — Miró de forma fría al chico. —Se acabó el tiempo… — Alzó su mano derecha, misma que estaba cubierta por un guante desgarrado y con manchas cafés y amarillentas.
El pequeño Pancham había permanecido petrificado desde que Rodo dijo que se desharía de él, pero cuando vio que aquella mujer buscaba dañar a Rodo, el pequeño Pancham se puso débilmente de pie, acercándose a ella, como un niño pequeño que está buscando atención, aunque no hizo nada para llamar la atención de la mujer en esos momentos.
Los ojos de Rodo se abrieron con sorpresa, no por el rostro de la mujer en sí, sino por qué en ese momento cayó en cuenta de algo. — Un momento… — Tragó saliva con dificultad. —¡No es verdad! — Soltó con clara negación. Pero era claro, un aire helado, una mujer vestida de novia, cuyo vestido estaba rasgado, desgastado, un velo igual o más demacrado que el vestido mismo, y la presencia de Pokémon tipo fantasma y siniestro. —¡Ghost Bride es solo una leyenda! — Anunció. —¡Sólo eres una loca que está jugando con eso! — Quería creer eso, porque el hecho de tener verdaderamente a aquella mujer fantasma le aterraba como nunca.
Ghost Bride ladeó la cabeza, sin mostrar molestia por la forma en la que Rodo le había hablado. —Sabes quién soy… bien por ti, pero eso… no te va a salvar. — Añadió ella, con una mirada vacía y un tono igual o más indiferente. — Jelly… duerme al pequeño Scraggy.
La Frillish usó confusión, haciendo que el pequeño Scraggy se llevará ambas manos a la cabeza. —¡¿Qué le has hecho?! — Preguntó Rodo. — No ha dado una orden como tal… ¿Por qué sus Pokémon atacan? — Jamás había visto eso, por mucho que un entrenador estuviera era con sus Pokémon, era obligatorio que diera la orden, pero con esos Pokémon parecía no haber tal comunicación. — Ella… no es humana… — Un escalofrío recorrió toda su espina dorsal, su corazón comenzó a latir con más fuerza, todo su ser le decía que huyera, esa mujer o criatura, ni estaba jugando.
Ghost Bride caminó hasta él. —¿No lo entiendes? — Preguntó mirándolo de una forma que le hacía pasar saliva con dificultad.—Hasta aquí llegaste… — Detrás de ella apareció un Chandelure. — Tinieblas. — La Chandelure se acercó más y más a Rodo, las llamas de sus brazos se elevaron, Tinieblas no era un ataque de fuego, pero aquella llamarada era una señal de que ella tampoco estaba contenta.
Rodo se estremeció de miedo. —¡NOOOOOO!
