Capítulo 2
La soledad y sus amigos
Koushiro entendía perfectamente la soledad. Aquel sentimiento había sido uno muy concurrente en su vida. Había crecido como hijo único, por lo que desde muy niño había tenido que saber lidiar con ella. Después, venía todo ese asunto de ser adoptado, y aunque su padres siempre estuvieron ahí para él y los amaba con locura, no pudo evitar en algún momento llegar a sentirse dejado atrás por sus padres biológicos. Culpar al destino no era muy científico-lógico de su parte pero era lo único que podía hacer.
Tampoco era el mejor en hacer amigos. No al menos hasta antes de compartir un viaje de meses a una dimensión desconocida para salvar el mundo. Aquellos eran los únicos amigos que habían sobrevivido hasta ese momento de su vida pero no se podía quejar, eran un grupo numeroso.
En el departamento del amor tampoco había tenido gran éxito. De hecho, no está muy seguro de haber estado enamorado alguna vez. Le han gustado chicas y por supuesto que ha tenido relaciones adultas normales, de no ser asi no tendría a Osen, pero ¿enamorado? Mmm. La madre de Osen, una amiga de la universidad de Miyako, se había cansado de esperarle. Desde pequeña ella había soñado con una hermosa boda tradicional en primavera, a la sombra de los ciruelos a punto de florecer pero el sueño de Koushiro era otro.
Dicen que la curiosidad mató al gato, pero para Koushiro Izumi, su curiosidad había matado su noviazgo y había roto a su familia. Él simplemente tenía que saber porque mientras más piezas del rompecabezas salían a la luz, las cosas más y más dejaban de tener sentido. Nada de lo que Gennai alguna vez explicó o lo que Homeostasis les mostró se conectaba con lo que después fueron descubriendo sobre el Digimundo y los Digimons.
Y si alguien alguna vez le había demostrado que la soledad era pasajera, ese había sido Tentomon. ¿No le debía a su memoria el averiguar la verdad? ¿No era parte de su pacto ser compañeros para siempre?
Koushiro, la noche en que su novia se mudó del apartamento que compartían, escuchó la voz de su Digimon diciéndole que "así no". Pero lo hecho, hecho estaba. Ahora compartía la custodia de Osen una semana si y otra no. Su ex novia ya estaba comprometida con un financiero y se casarían pronto. Por fin viviría su sueño.
No le entristecía su felicidad, al contrario. Solo a veces se preguntaba si hubiese valido la pena sacrificar su curiosidad para mantener unida a su familia.
Su atención volvió al presente cuando Taichi, Ken y Daisuke dijeron "¡Ooh!" al unísono mientras Mimi lograba encender finalmente la parrilla a gas.
Por alguna extraña razón no pudo evitar sonreír al presenciar aquella escena.
Admiraba a Mimi. Ella también criaba a su hijo sola pero se veía tan entera, por más que Sora le hubiese advertido que estaba decaída, Sora era pesimista por excelencia. Él no tenía idea de lo que hacía el 99% del tiempo que Osen pasaba con él, mucho menos ahora que empezaba a rondar los nueve años, y solo podía pensar que sería peor conforme el tiempo pasara.
—Olvidalo Mimi, no voy a permitir que tú te pongas en el trabajo de hacer las hamburguesas —Ken extendió la mano para pedir la espátula de regreso—. Es mi deber como anfitrión este año.
Mimi, a regañadientes, se la regresó. De inmediato, la espátula volvió a cambiar de manos al ser pasada a Daisuke mientras Ken se volvía hacia donde los vegetales debían ser cortados.
Taichi hizo como si escuchara el timbre de la casa antes de que alguien le diera algo que hacer.
Koushiro se acercó a Mimi, dispuesto a entregarle la copa de vino que había dejado en la mesa de los licores, cuando ésta fue llamada por Miyako.
Se quedó ahí parado en medio del patio de los Ichijouji con palabras atoradas en la garganta, de pronto sintiendo que el resto del mundo iba y venía felizmente sin él.
—¿De verdad la tía Miyako se enojaría si encendemos la televisión?
Zetaro sintió que debía decir que sí pero a decir verdad dudaba que su madre siquiera se diera cuenta. Kotaro se había rendido en el juego de Monopolio, siendo aún demasiado chico para encontrar placer en ganar dinero ficticio jugando al capitalismo salvaje.
Kurumi salió de su habitación, tomó el control remoto de la alfombra y encendió la televisión antes de volverse a encerrar. Mayumi giró los ojos, tenía meses pensando que todo lo que su prima ficticia mayor hacía era para llamar la atención.
—Veamos el nuevo documental de Taylor Swift —dijo al tomar el control en sus manos.
—¡No hermana! ¡Ya lo viste tres veces está semana!
—¡Veamos una película de Marvel! —Zetaro intentó mediar.
—¡Que vintage! —exclamó Kurumi tras su puerta cerrada.
—¡Integrate o cállate! —reclamó May.
—¿Qué sucede? —Osen interrumpió, espantándolos a todos pues nadie la había escuchado.
A todos menos a Ben, que seguía desparramado sobre el sofá, con los audífonos puestos, viendo videos en su celular.
Yuriko Hida, la más callada y calmada de aquella comitiva, robó el control remoto y buscó la película favorita de su madre y que también se había convertido en la suya: mi vecino Totoro.
Vintage pero de buen gusto, pensó Kurumi desde su habitación al reconocer la música del inicio.
Ben, buscando que nadie se diera cuenta, bajó el volumen de su celular y comenzó a escuchar la película, repitiendo los diálogos e imaginando en su cabeza los hiraganas y kanjis correctos. Estaba tan concentrado que no sintió cuando Osen se sentó a su lado hasta que ésta le pasó un chocolate.
—¿Qué es esto? —le susurró Ben
—Un dulce.
—¿Y por qué me lo das a mi?
La pelirroja subió los hombros.
—Tenía dos.
Osen era conocida por todos como un reflejo de su padre. No solo porque había heredado su tono rojizo del cabello, sino gran parte de sus facciones faciales y gestos. Había escuchado decir a su madre que era una desilusión que hubiese salido tan parecida a Koushiro cuando ella la había cargado en su vientre por nueve largos meses.
Y su padre. Dios, su padre. ¿Cómo podía llegar a hacerle justicia? Osen estaba por cumplir los diez años, pero sabía muy bien el perfil de su progenitor y lo importante que era. Hacía trabajo importante y era un experto que incluso había salido en televisión.
El mejor investigador Digimon de la Tierra.
Entonces ella se esforzaba. Estudiaba muy duro para ser la mejor en la escuela y ser tan lista como lo era su padre. Cuando su madre y él se separaron, no iba a mentir, sintió un poco de alivio pues al menos durante la semana que pasaría con su madre podría relajarse un poco, descansar.
No así cuando visitaba a su padre. Tenía que demostrarle que ella trabajaba tan duro como él lo hacía para que estuviera orgulloso de ella.
Y como estaba agotada, de pronto se quedó dormida, quedando acomodada sin querer sobre el hombro de Ben Barton.
Las hamburguesas finalmente estaban listas y, cuando Miyako subió por los niños, ni siquiera se dió cuenta que la televisión estaba encendida mientras todos jugaban a ser estatuas. Tocó la habitación de su hija mayor para instarla a salir, a comer y saludar al menos, y después bajó las escaleras llevándose con ella algunos vasos que ya se encontraban vacíos.
—¿Osen? —Ben intentó moverla con un suave movimiento de su hombro—. Despierta, ¿quieres?
—Mmmh
Ya en el patio habían más personas adultas, Zetaro se dio cuenta. El tío Yamato había llegado, trayendo con él al Tío Takeru y a su hijo Seiyuro. La tía Hikari igualmente estaba ahí, supuso, cuando vió a Toshiro Yagami a lado de Seiyuro, ayudando a servir en platos desechables las porciones de papas fritas para cada uno de los invitados.
—Zet, ven, ayúdame a servir un poco de soda en los vasos —le pidió su tío Daisuke al cometer el error de pasar a su lado—. ¿No están muy pesados para ti o si?
—No… demasiado…
—May-chan, Kotty-kun, a lavarse las manos —pidió Sora cuando los vio a punto de sentarse en la mesa designada para los niños.
—¡Mamá! Pero no toqué nada
—Ya escucharon a su madre —regañó Yamato, desde el asador, dónde estaba ayudando a servir las hamburguesas.
—¿Dónde está Ben?
Mimi repasó rápidamente aquel patio y se dió cuenta que Ben no había bajado aún. Fue caminando hacia la puerta deslizable que daba hacia al interior de la casa, cuando vió a Koushiro bajar con una Osen somnolienta en sus brazos y Ben caminando detrás de él.
—Ya bájame, papá —dijo Osen cuando vió a la tía Mimi mirándolos. Al pisar el suelo, huyó lo más pronto posible de ahí.
Ben, con sus manos dentro de su hoodie, pasó de largo a Koushiro y a su madre, yendo directo a sentarse a comer.
—¿Todo bien?
—Tranquila. Osen se quedó dormida mientras veían una película y sin querer atrapó a Ben. Fue una escena muy linda de presenciar de hecho.
—Oh —Mimi hubiese querido verla. Por alguna razón, en sus más salvajes fantasías, imaginaba a Ben cuidando tiernamente de una hermana menor—. ¿Y dónde has estado tú? No te he visto en toda la tarde.
—Tai y yo nos pusimos a hablar de trabajo en la cocina de Miyako.
Mientras hablaban fueron caminando hacia la mesa de los adultos. Se les fue entregada su hamburguesa y se sentaron juntos.
—¿Cómo va tu investigación?
Koushiro levantó una ceja.
—¿Cuál específicamente?
Mimi jugueteó con una papa frita entre sus labios.
—¿No estabas investigando sobre protocolos de red específicos al Digimundo para comunicarte con la central de homeostasis?
Koushiro casi escupe su refresco por la nariz.
—Yo… —seguía bastante sorprendido que Mimi recordara de que iba su tema de investigación principal—. De hecho estoy bastante atrasado en él.
—¿Por qué?
—Bueno, el centro de investigación ha crecido mucho en los últimos años. Tengo que asesorar a demasiados internos y estudiantes. Además que todos los días llegan nuevos temas. Países enteros fondean investigación pensando que pueden adelantarse a algún avance digital. Es algo muy parecido a la carrera espacial. ¿Sabes qué es lo más nuevo? Buscan saber si pueden convertir inteligencias artificiales a formas Digimon.
—¡¿Para qué?!
—Para crear el Frankenstein del siglo XXI —les interrumpió Taichi al acercarse a ellos para pedir la catsup que Mimi había secuestrado—. Pero una cosa es que se pueda y otra que yo vaya a permitir que lo usen.
—¿No hay alguna regla que les prohíba intercambiar información? —preguntó Yamato, integrándose a la conversación también.
—Claro. Hemos firmado acuerdos de confidencialidad muy rigurosos.
—¡¿Entonces?! —un lívido Iori Hida inquirió.
Koushiro y Taichi levantaron los hombros y al mismo tiempo se voltearon a ver, sonriéndose con complicidad.
—Ningún papel está por encima de nuestra responsabilidad con los Digimons —respondió Takeru, al otro lado de la mesa—. No podemos permitir que ese tipo de tecnología se llegue a explotar. Yo estoy con Taichi y Koushiro.
Sora sonrió divertida. Su cuñado siempre hacía alusiones a ser un rebelde, aunque hacía mucho que lo único contra lo que se rebelaba eran las reglas de tránsito.
—Hablando de eso —Taichi dijo y se puso de pie, haciendo que el resto de la mesa de los adultos guardara silencio. Lentamente levantó su copa—. Muchas gracias a todos por volverse a reunir para celebrar otro primero de agosto. Estoy muy contento de haber retomado está tradición.
—A pesar de todo —murmuró Sora con voz acongojada. Aún después de tantos años, pensar en Biyomon y su partida le rompía el corazón y le volvía aquel nudo enorme a bloquearle la garganta.
—Por los amigos —subió su copa también Mimi.
—Y por tener una excusa para comer delicioso todos juntos—finalizó Daisuke.
—¡Salud!
Tras todos beber de su copa o vaso, Miyako se dirigió a Jyou.
—¡Superior! ¿Por qué Doguen no pudo venir?
Más entrada la noche, y conforme los niños más pequeños fueron cayendo, los asistentes fueron despidiéndose. Mimi observó su reloj de pulsera y no pudo evitar hacer una mueca de preocupación. No se había dado cuenta de la hora y ahora, por seguridad, lo mejor sería pedir un auto para regresar a Odaiba. No era lo ideal pues ese tipo de servicio era bastante más costoso que usar el tren, sin embargo no quería exponerse con Ben. Si bien Japón era famoso por su falta de crimen, era muy común encontrarse con hombres muy borrachos por toda la ciudad que de pronto se ponían muy impertinentes.
Y una mujer siendo acosada en la calle por un banquero embriagado, no entraba precisamente en las estadísticas de crimen de la ciudad.
Un poco molesta consigo misma por la distracción que era un fuerte golpe a sus finanzas de la semana, empezó a ayudar a recoger un poco del desorden en el patio de Miyako y Ken, esperando que así pudiese despedirse rápidamente sin que nadie se enfadara con ella. Lamentablemente a esas alturas ya no podía usar la carta de tener un hijo pequeño, como Sora, que aún se quedaba dormido en brazos.
Volteó a ver de reojo a Ben, quien parecía ya estar de mejor humor.
—¿Es fácil hablar inglés?
—Lo es para mí, es mi idioma natal.
Seiyuro le murmuró algo al oído a Toshiro, quien había hecho la pregunta. El hijo de Hikari Yagami solía ser bastante olvidadizo.
—Ah, cierto. Tú naciste allá.
—Ben es mitad japonés y mitad estadounidense —explicó Mayumi.
—Yo diría que es tres cuartos estadounidense —Seiyuro finalmente intervino en voz alta—. La tía Mimi se fue a vivir allá desde hace mucho tiempo.
—¿Ah si?
—Sí. Mi padre me lo contó. Él me cuenta todo de todos.
—¿Qué otra cosa sabes? —Kurumi, que si había logrado superar su etapa antisocial del día, quiso probarle.
Seiyuro Takaishi necesitó un momento para recordar algún detalle jugoso. Después de unos segundos, algo llegó a él.
—Tio Koushiro tenía una novia amiga de la Tía Miyako. Sin embargo mi padre dice que siempre pensó que la Tía Mimi y él terminarían juntos.
Osen y Ben se miraron mutuamente de pies a cabeza, ambos imaginándose hermanos, y frunciendo el ceño al mismo tiempo. Cuando ambos subieron las cejas, las mismas tenues líneas horizontales se dibujaron en sus frentes.
—Al menos así Ben sería más japonés de lo que es.
Ben sintió una enorme necesidad de romperle la boca suelta a Seiyuro, aunque no sería lo más inteligente de su parte, pues éste era casi dos años mayor que él. Ahogó aquella ira lo mejor que pudo y, afortunadamente en ese momento, su madre llamó por él.
—Nos vemos —y ojalá sea hasta el próximo año, pensó.
—¿Ya te vas? —Mimi y Ben fueron sorprendidos por Koushiro en su camino a la salida de la casa Ichijouji por Izumi, quien salía de la cocina donde ayudaba a separar los residuos.
—Es tarde.
—¿Te irás en tren?
—Ehm, no, voy a pedir un auto.
Koushiro estuvo a punto de decirle que se fuera con cuidado pero algo en él no le permitía simplemente dar media vuelta y ya. Tal vez era que Sora le había dicho que Mimi se sentía decaída. Tal vez era que él se negaba a creerlo. O tal vez que seguía un tanto sorprendido que recordara su tema de investigación y quería seguir hablando.
—Espérame un momento. Traje mi auto, los llevaré a casa.
