Capítulo 3
Estática
Koushiro subió la mirada al espejo retrovisor para iniciar la maniobra de salida y sus ojos encontraron en el reflejo a Osen y Ben sentados en la parte trasera del sedán color ocre que manejaba muy de vez en cuando. Sonrió sin siquiera tener que intentarlo. Recordó la escena que había presenciado en la tarde entre ambos niños, su Osen recargada sobre Ben mientras él intentaba suavemente deslizarse por una esquina del sillón para poder huir sin tener que despertarla.
No había tenido la oportunidad de realmente convivir con Ben Barton de la misma manera en que lo había hecho con el resto de los hijos de sus amigos pero definitivamente no tenía en el radar que el hijo de Mimi fuese un chico lo suficientemente sensible para tener en cuenta el descanso de su pequeña. Taiki Yagami, por ejemplo, hubiese sacudido sin cesar el hombro para despertar a Osen, lo había visto antes. Seiyuro Takaishi la hubiese empujado al suelo sin miramientos.
Aún sonriente, se dirigió a Mimi y le entregó su móvil.
—¿Me pones tu dirección? Después puedes escoger la lista de reproducción para el camino.
—¿Quieres poner música?
—Osen y yo siempre manejamos con algo de fondo.
Mimi sonrió también y entonces se volteó hacia Osen, a quien atrapó en un bostezo.
—Entonces escoge tú la música, O-chan—la pelirroja se estiró lo más que pudo para tomar el móvil de las manos níveas de Mimi—. ¿No recuerdas mi vieja dirección? Éramos prácticamente vecinos.
—¿Volviste al apartamento de tu infancia?
—Eso me temo.
Koushiro entonces terminó de colocarse el cinturón de seguridad y arrancó al mismo tiempo que Osen decidía que algo de hard rock sería lo más indicado para disfrutar el camino.
Ben desconocía ese atributo de Osen Izumi. Mientras transitaban por el puente arcoiris, observaba anonadado a la pelirroja tratar de imitar en voz baja algunos de los coros cercanos a gritos que resonaban en el sistema de audio.
—¿Quiénes son? —estiró el cuerpo para alcanzar a ver la pantalla del móvil que yacía en las piernas de Osen. Ésta entonces solo levantó el dispositivo y se lo mostró a Benjamín—. The Witness Tree by Stone Sour. ¿De dónde los conoces?
—Tu pronunciación es increíble —la chica no pudo evitar elogiarlo al momento. Rápidamente se encogió, un tanto avergonzada de ser tan directa—. Lo siento, es solo sorprendente para alguien de nuestra edad. Yo no soy muy buena en inglés.
Ben no quería volver al tema de su doble nacionalidad, así que después de regresarle a Osen una sonrisa tímida, trató de esconder su rostro en la capucha de su hoodie.
—Uno de mis hobbies es explorar música —le confesó, tratándole de dar respuesta a la pregunta que había emitido momentos antes—. A veces solo voy saltando de género en género en la aplicación, esperando encontrar algo que me llame la atención.
—Vaya —Ben, cómo buen chico de pocas palabras, solo emitió mientras nuevamente volteaba hacia su ventana para observar la entrada a la isla artificial de Odaiba.
Mientras tanto, envueltos en su propia conversación en los asientos delanteros, Mimi y Koushiro hablaban sobre su viejo vecindario. Al científico le había parecido fascinante que Mimi estuviera de vuelta en aquella área.
—Cuando Osen nació, nos mudamos a un apartamento cercano al trabajo de su madre, en Yanaka. Era un lindo barrio, muchos niños, pero por alguna razón nunca me sentí en casa.
—¿Ahora dónde vives?
—En Shinjuku —Mimi levantó las cejas sorprendida. No sé imaginaba a Koushiro Izumi caminando por las eclécticas calles de uno de los barrios más internacionales de Tokio—. Tengo que estar cerca del centro de investigación y de la universidad.
Y de la cancillería y del centro de defensa nacional. Koushiro Izumi, como el experto Digimon más importante del mundo, vivía apagando incendios en aquellos edificios, asesorando a ministros paranoicos, cuando no se encontraba con estudiantes.
—¿Estás en uno de esos rascacielos enormes? —Mimi bromeó un poco con él. A veces hacerlo sentir un tanto incómodo resultaba ser divertido.
Koushiro dibujó en él una sonrisa tímida e incluso Mimi podía jurar que las mejillas se le habían encendido un poco.
—No había muchos otros departamentos disponibles.
—No intentes ser modesto conmigo, Koushiro-kun.
—¿De qué hablas? —rió un poco nervioso. La mirada de Mimi lo intimidaba, siempre lo había hecho.
—Te va bien. Puedes permitirte pagar algo así fácilmente. Disfrútalo sin pena. Yo lo haría si fuera tú.
Mimi no había querido sonar tan sombría en aquella última frase, pero definitivamente Koushiro se había dado cuenta. Sin embargo, no hubo mucho tiempo más para ahondar en el tema. Habían llegado al edificio de apartamentos de Mimi.
Por alguna razón, los cuatro esperaron a que la última canción terminara para hacer ademán de despedirse.
—Fue un gusto verlos. Ojalá sea más seguido.
—Gracias por traernos —Mimi respondió mientras ayudaba a Ben a salir del auto.
Antes de que su madre cerrara la puerta, Ben volteó hacia Osen quien solo se despidió agitando su mano. Lo mismo hizo Koushiro mientras daba vuelta en U para regresar a la ciudad.
Koushiro cerró la puerta de su oficina detrás de él. Estuvo a nada de colocar el seguro, de verdad necesitaba un tiempo para él, pero sería muy hipócrita de su parte. Como líder de aquella unidad, había resuelto compartir con su equipo una serie de estatutos para generar una cultura abierta y de confianza. Uno de aquellos puntos era mantener la puerta siempre abierta. Rezongó en su interior al mismo tiempo que regresaba sobre sus pasos para entreabrirla.
El científico acababa de salir de una reunión increíblemente frustrante. Todo mundo quería hacerle parte de su agenda, colocarlo de su lado, comprarle su apoyo. La opinión de Koushiro Izumi como experto Digimon era prácticamente inapelable, decían algunos, y aquello lo había convertido en un trofeo de caza. Ese era uno de esos días en que se preguntaba si había escogido correctamente el rumbo de su vida y lamentablemente ese tipo de días se estaban presentando con más frecuencia.
Intentó cambiar la página. Olvidar el trago amargo de aquella mañana y el hedor metafórico que sentía sobre si mismo. Ojalá tuviera una ducha en su oficina, pensó, pues necesitaba urgente quitarse de encima aquella sensación de suciedad después de tratar con aquellas personas.
Al abrir su correo electrónico, más de una decena de mensajes inundaron su bandeja de entrada. Koushiro se apretó los ojos en desesperación y al abrirlos, lo primero que pudo enfocar fue el nombre de Mimi Tachikawa.
Leyó rápidamente aquel mensaje. Al terminar se recargó sobre el firme respaldo de su enorme silla y trató de hacer memoria.
Unos momentos después, ya estaba marcando el teléfono de su vieja amiga.
—Hola?
—Mimi-san. Es Koushiro.
—Lo sé Koushiro-kun. Has tenido el mismo número desde el instituto —la risa tenue de Mimi sonaba más aguda por teléfono—. ¿Qué tal tu día?
—Empieza a mejorar —dijo sin más. Se mordió la lengua al instante. No estaba seguro de donde había salido eso—. Uhm, recibí tu correo electrónico.
—¿Enserio? Eso fue rápido. Supuse que alguien como tú tardaría más en atender a una mortal como yo.
Koushiro observó la marca de la hora en el correo y notó que no tenía más de diez minutos de haber sido recibido; por más que arriba de él ya hubiesen más de treinta correos esperando ser abiertos.
Koushiro rio tímido.
—Entonces… ¿puedes ayudarme?
—Por supuesto, Mimi. Ni siquiera tienes que preguntarlo. Honestamente me sorprendió saber que sigues usando la misma página que te construí hace tanto.
—¡Es que era tan bonita! Si no fuera por aquella notificación de que el servicio de e-commerce se va a descontinuar, no hubiera tenido la necesidad de actualizarla.
Koushiro se puso de pie para estirar las piernas y destensar el cuerpo. Con el teléfono sostenido contra su oreja solo con su hombro, se acercó al ventanal de su oficina y se desanudó un poco la corbata para sentirse un poco más cómodo.
—Te prometo que quedará mucho mejor. ¿Qué te parece si nos reunimos esta semana para discutir los detalles? Puedo pasar a tu casa hoy mismo.
—No, no. Es un viaje muy largo desde Shinjuku. Ben va a unos cursos especiales en las tardes por el área. Si no te molesta, ¿podríamos vernos por ahi?
—Ven a mi oficina —resolvió Koushiro satisfecho. Pensó incluso que usar su computadora de escritorio sería aún mejor—. Te mando la dirección por mensaje de texto.
—Entonces, nos vemos más tarde. Muchas gracias Koushiro-kun.
—Nos vemos, Mimi.
Al salir de la escuela, Ben encontró a su madre en la banqueta de enfrente. Observando que nadie le estuviera poniendo particular atención, caminó hacia ella.
En Japón era normal que desde muy menores, los niños fueran y vinieran solos a realizar todas sus actividades. Ben sabía que si alguien lo veía siendo recogido por su madre, no escucharía el fin de aquello jamás. Sin embargo, Mimi aún no se sentía cómoda en permitir que su Benjamín usara el complicado servicio de trenes para que acudiera a sus clases vespertinas.
Mientras caminaban a la estación, notó que su madre se encontraba particularmente ansiosa. Una vez que estuvieron sentados en el metro, Mimi produjo dos emparedados de jalea y crema de cacahuate de su bolso. Ben adoraba aquel ritual diario que compartían, porque además aquel bocadillo le recordaba tanto a casa.
—¿Cómo te fue hoy, cariño?
—Normal —mencionó entre bocados—. Creo que iremos a un paseo escolar en unos meses.
—¿A donde?
—Al acuario. Es parte de la clase de ciencias naturales.
—!Y yo que pensé que irían de campamento o algo así! Trabajan tan duro, merecen divertirse. Pero el acuario también es increíble, no me malinterpretes.
—Mamá, ¿no recuerdas la última vez que fuiste a un campamento por parte de la escuela?
Mimi rió divertida, ganándose las miradas molestas del resto del tren. Olvidaba que sus compatriotas preferían viajar en silencio.
Ben entró a aquella escuela vespertina, listo para el segundo round del día. Llegó con un buen margen de tiempo así que después de dejar sus cosas en su pupitre preferido, bajó al lobby para buscar la máquina vendedora de golosinas.
Entrecerró los ojos confundido cuando reconoció a Osen Izumi entrando con una mujer a su lado, quien supuso se trataba de su madre. Decidió voltear el rostro, no tenía demasiadas ganas de socializar en aquel momento, y se dedicó a obtener sus dulces lo más pronto posible para salir de ahí.
Sin embargo, supo que su intento de fuga fue en vano cuando Osen fue presentada al grupo como una nueva integrante.
Mimi salió del ascensor equilibrando en sus manos una charola con un par de cafés, su teléfono celular y su cartera. Para su fortuna justo una mujer salía de la enorme puerta de cristal que separaba las oficinas donde Koushiro trabajaba del lobby de aquel piso. Mimi se escurrió en el último momento antes de que nuevamente aquellas puertas se cerraran. Rezaba por no haberse metido al lugar incorrecto.
Rápidamente encontró la puerta de caoba que pertenecía a Koushiro. Con gran dificultad por tener las manos ocupadas, golpeó. Sin notar que la puerta estaba más bien solo emparejada, ésta de pronto se abrió un tanto agresiva.
—¡Ay, lo siento tanto!
—¡Mimi! —Koushiro se puso de pie de inmediato para ayudarle con la charola de los cafés—. Me hubieras pedido ayuda, hubiera bajado al lobby.
—Tranquilo. Malabarear mil cosas a la vez en nuestras manos es un súper poder de las mujeres. Años de evolución han fortalecido los tendones de nuestros dedos.
Koushiro se rió más de lo que Mimi había esperado de aquel chiste. Koushiro continuó riendo mientras acercaba una silla extra a su escritorio y acomodaba los cafés en dos posavasos.
—¿Lista?
—Antes de empezar, Koushiro-kun, quisiera que discutiéramos un poco el tema del dinero. Es decir, entiendo que esto toma tiempo y esfuerzo y estoy dispuesta a pagarte lo que te mereces.
Koushiro subió una ceja extrañado.
—Y te lo agradezco, Mimi. Pero no hace falta. Tómalo como un favor entre amigos.
—¿Estás seguro? Si ni siquiera has visto lo que se necesita hacer.
Por más que Mimi no se sentía cómoda con que Koushiro trabajara para ella gratis, una sensación de alivio empezaba a inundarla. No había estado dentro de su presupuesto tener que actualizar la website de su tienda en línea en ese momento pero su motor de pagos estaba por ser descontinuado y no podía darse el lujo de perder ventas por una tontería como esa. Buscó en internet cómo configurar una nueva por su cuenta, pero cuando empezó a ver comillas, llaves y comas dentro de los comandos a usar, supo que necesitaría el apoyo del arquitecto original de su sitio web.
Porque sí, en su juventud, Koushiro le había ayudado a construir aquella página de internet. Durante esa época Mimi aún vivía en los Estados Unidos, por lo que duraban horas y horas hablando por videollamadas a altas horas de la madrugada, al menos para Koushiro.
—Créeme que hoy en día es más fácil de lo que te imaginas. Acabaremos en un santiamén. Ven —nuevamente la invitó a sentarse a su lado—, pongámonos manos a la obra.
—¿Qué haces aquí? —Osen le dijo a Ben durante uno de los descansos entre cursos.
—Lo mismo que tú: tomo clases adicionales para mejorar mis calificaciones. ¿Qué acaso no eras tú una cerebrito? Recuerdo que Zetaro dijo algo al respecto una vez.
—No soy una cerebrito —recalcó Osen con tal vez mas firmeza de la necesaria—. Puedo mejorar aún más. Además esta escuela es especial para extranjeros y mi madre y yo pensamos que sería mejor practicar mi inglés con hablantes nativos.
Ben recordó que Osen había mencionado que su pronunciación no era tan buena la semana anterior, cuando su padre les había llevado a su madre y a él a casa después de la reunión por el primero de agosto.
—Puedes practicar conmigo —le dijo en un perfecto inglés—. Pero a cambio yo también quiero que me ayudes con mi japonés.
Osen se sorprendió un poco por el ofrecimiento pues en su opinión Ben hablaba también un perfecto japonés. Sin embargo, rápidamente le estrechó la mano para cerrar el trato al mismo tiempo que el próximo profesor hacia su arribo al salón.
—Ah, y que me recomiendes música —le susurró mientras tomaban asiento y sacaban sus cuadernos.
Tras un par de horas, Koushiro terminó de configurar el nuevo motor de pagos de Mimi. No solo eso, sino que integró para ella un administrador de inventario y de envíos nuevo. Ahora podría dar seguimiento a todo el movimiento de sus productos de una manera más eficiente.
—No quiero volver a escuchar que usas una hoja de cálculo para llevar la administración de tus pedidos —le amenazó—. Y si me provocas, voy a instalarte un programa contable también.
—!No me atrevería a retarte! —Mimi bromeó de vuelta, imitando el saludo de un soldado hacia un mando superior—. No sabía que mi bonita tabla te causaría tal urticaria.
—Casi regreso mi café.
Koushiro y Mimi no se habían dado cuenta que la noche ya había caído sobre Tokio y que ahora solo eran iluminados por los monitores duales sobre el escritorio. Entre risas y bromas, entre pláticas nostálgicas sobre su adolescencia tardía, y el hecho de que, de pronto, ambos se sintieron como si otra vez tuvieran veinte; una atmósfera desconocida se había asentado sobre ellos.
Era desconocida porque jamás habían experimentado ese tipo de magnetismo entre ellos y además a tal grado de consciencia. Mimi sabía que Koushiro podía sentirlo y viceversa. Por eso, cuando el pelirrojo cerró la ventana del navegador en donde habían estado trabajando las últimas horas, el silencio los envolvió.
Ninguno estaba listo para que la tarde terminara. Ninguno se movió un centímetro, ambos aún inclinados hacia adelante, con los brazos sobre el escritorio. Habían estado observando la pantalla, pero no hacía falta más que un pequeño giro de ambos para quedar frente a frente.
Mimi, nerviosamente notó la corbata desecha de Koushiro y tuvo que tragar saliva para hidratar su garganta seca. Fue peor cuando lo escuchó suspirar.
—¿Cuándo te mudaste? —preguntó Mimi en un susurro.
—¿Qué?
—¿Cuándo te mudaste de casa de tu ex?
Koushiro sonrió levemente, acercándose a Mimi un par de milímetros más.
—Hace poco más de un año.
Bien podría haber dicho que ayer y eso no la hubiera detenido, haciendo la pregunta una ridiculez. Por más que hubiera intentado evitarlo, era imposible ya parar el momento en que ambos decidieron acortar la distancia y fundirse en un beso profundo a la luz de los monitores.
