Capítulo 4

Yo tampoco


A aquel primer beso, rápidamente le siguieron el segundo, el tercero, el cuarto. Sin darse cuenta de en qué momento había sucedido, Mimi ya estaba encima del escritorio, arrugando papeles importantes bajo su peso, mientras abrazaba la cintura de Koushiro con sus piernas y, sin dejar de besarle, trataba de deshacerse de su saco.

Los labios de Koushiro estaban causando todo tipo de estragos en ella, la adrenalina del momento nublándole la mente. Lo único que podía pensar es que era imperdonable que a estas alturas de la vida se fuera enterando de la capacidad de su amigo para hacerle puré el cerebro. No solo eran sus besos increíblemente deliciosos y pasionales, sino que sus manos la sostenían también con una firmeza que la hacía sentir más segura y deseada que nunca. Una de sus palmas se mantenía sobre un costado de su cuello, su pulgar alcanzando a acariciarle cariñosamente la mejilla izquierda, mientras que la otra jugaba a ser un poco más atrevida, masajeando su cadera con ansiedad.

Mimi tembló bajo los dedos de Koushiro cuando la mano sobre su cuello resbaló por su hombro, delineando delicadamente su clavícula hacia el centro y bajando peligrosamente hacia donde se encontraba el inicio del escote de la castaña. Mimi sonrió contra los labios de Koushiro cuando sintió sus dígitos vacilando sobre si entrar a territorio prohibido.

Entonces le apretó aún más hacia ella con las piernas, frotándose descaradamente en su muslo, mientras sus labios trazaron el contorno de su mandíbula y aparcaban cerca de su lóbulo. De esta manera el cuello de Mimi quedó a merced de Koushiro mientras sus dedos entraban lentamente a explorar por adentro de su blusa, sintiendo apenas el contorno de su sostén.

Mimi estaba derritiéndose y solo podía esperar que Koushiro estuviera en llamas también. ¿Hacia cuánto que no era besada así? ¿Qué no era tocada con tanto fervor? Incluso empezaba a sentir que la mesa vibraba bajo sus muslos.

Cuando aquella sensación se sintió fuera de lugar, finalmente abrió los ojos y notó que su celular estaba recibiendo una llamada.

—¡Oh, no! —jadeó frustrada—. Espera, es Ben.

Koushiro se detuvo, sin embargo no se separó de su cuerpo. Colocó las manos sobre el borde del escritorio para intentar calmar su respiración mientras Mimi trataba de averiguar cómo contestar la llamada con su última neurona sobreviviente.

—Sweetheart —contestó con voz ronca.

—¿Mamá? Oye, tuve un examen en el último periodo y ya lo acabé, así que salí temprano. ¿Estás muy lejos?

El rostro de Mimi no pudo evitar reflejar decepción al escuchar aquello. Koushiro estuvo tentado en reírse.

—No tanto, corazón. Dame diez minutos y estaré ahi.

En cuanto Mimi cortó la llamada, Koushiro le quitó el celular de las manos y le hizo que le rodeara el cuello con sus brazos de nueva cuenta.

—Tienes que irte —afirmó. Su voz igualmente tenía un tono de decepción en ella.

—Ben salió temprano.

—Déjame llevarte —Koushiro pegó su frente a la de ella y susurró esas palabras sobre sus labios antes de besarla nuevamente, intentando que fuera más bien suave esta vez.

Mimi prácticamente vio estrellas.

—No lo sé, Koushiro —poco a poco estaba recuperando uso de la razón—. Ben es muy observador.

—Prometo comportarme —Koushiro volvió a suspirar, parecía estar sacando poco a poco el vapor de sus entrañas—. Aún no estoy listo para que te vayas, es todo.

Mimi lo observó anodada. ¿Realmente se trataba de Koushiro Izumi? ¿Era su amigo de más de dos décadas el que estaba diciéndole esas cosas?

Los ojos oscuros de él la estudiaban de vuelta también, aunque solían distraerse cuando notaban sus labios hinchados. Si no era cuidadoso, nuevamente perdería el control.

Haber besado a Mimi, haberla tocado, estaba resultando ser una de las experiencias más sublimes de su vida. Jamás había sentido tal calor de manera tan súbita e intensa. Estaba realmente sorprendido de ella y de sí mismo.

—Está bien, vamos.


Ben miró el reloj de su teléfono celular y suspiró. Si había algo que odiaba era esperar. Su madre había dicho diez minutos, faltaban tres, pero que en su mente se podrían sentir como horas.

Mientras él esperaba en una de las bancas del lobby, vio pasar a varios de sus compañeros que asumió iban a su casa por su cuenta. Ben no era la persona más social o accesible del mundo, sin embargo ninguno de aquellos niños siquiera le dirigía la mirada, mucho menos algún saludo de buenas noches. Su madre le había dicho que no se lo tomara personal, que las personas asiáticas en general eran bastante frías, pero a veces era difícil no sentirse como que era al único al que le sucedía eso. Incluso Osen, siendo su primer día, había logrado integrarse a algunas conversaciones durante los descansos.

De su bolsillo entonces sacó un papelito, recordando que bien podría usar aquellos minutos en algo productivo, y entonces copió el teléfono de Osen Izumi en la memoria de su móvil.

La pelirroja había sido una gran mentirosa, pensó, al haberle dicho que no era una cerebrito. No solo había sido la primera en terminar la prueba, sino que lo había hecho en un tiempo récord, estaba seguro. Para cuando él había salido, ya no encontró rastro de la hija del Sr. Izumi.

Pensó en textearla para discutir algunas respuestas del examen pero fue interrumpido cuando escuchó el clásico sonido que los tacones de su madre hacían sobre la baldosa. Levantó la mirada y la encontró caminando hacia él con prisa.

Su semblante se notaba algo extraño y ¿acaso había quedado atrapada en una ventisca? No era normal ver su cabello así de desaliñado.

—Vámonos, Benji —le dijo cuando su hijo le dio alcance.

Las cosas se pusieron aún más raras cuando Ben encontró que el auto del Sr. Izumi estaba esperándolos en la banqueta. Mimi le abrió la puerta para que ingresara.

—Hola, Ben. ¿Cómo estás?

—Ehm, bien gracias —le respondió mientras se colocaba el cinturón de seguridad y su madre se subía en el asiento delantero.

Quiso estudiar también al amigo de su madre pero no podía alcanzar a verle por completo desde su posición. Solo el reflejo de su frente y una parte de su cabellera pelirroja que se reflejaba en el espejo retrovisor.

El camino a Odaiba se realizó esta vez en total silencio. A veces solo escuchaba que los adultos platicaban sobre algo casual durante alguna luz roja, pero la conversación rápidamente se detenía en cuanto llegaba el momento de acelerar.

—Gracias por tráenos de nuevo, Koushiro-kun —su madre dijo una vez el auto se detuvo frente a su edificio—. Ben agradécele a Koushiro-san, por favor.

—Hai. Gracias nuevamente.

—No hay de que —mencionó lo más estoico posible. Sin embargo, no pudo evitar observar unos segundos demás a Mimi mientras bajaba del auto— ¿Nos vemos pronto?

—Te llamaré —le prometió la castaña, regalándole una sonrisa lo más sutil que pudo.

Mimi no había llamado, por supuesto, y aquello estaba enloqueciendo a Koushiro. No bien llegó a su apartamento aquella noche, se dirigió directo a la regadera para tomar una ducha de agua fría de manera urgente. Sabía que esa sería la única manera de poder dormir sin sueños peligrosos.

Al día siguiente, en cuanto despertó, buscó su móvil con aprehensión, pero no encontró nada. Nuevamente al terminar de desayunar y hacer los platos, revisó su bandeja de mensajes o llamadas, pero continuaba vacía.

Y así sucesivamente por el resto del día. Vaya, muy bien que apenas pasaba de medio día, pero Mimi le dijo que lo llamaría. ¿Y si ella estaba esperando más bien que él tomara la iniciativa? ¿No era ese el protocolo correcto?

Koushiro dejó caer su cabeza sobre su escritorio, tal vez con más fuerza de lo que lo había sido su intención. No podía concentrarse en lo absoluto, no cuando cualquier notificación le aceleraba el pulso a mil.

Aún no podía creer lo que había sucedido la noche anterior allí mismo, en su oficina. Todo había sucedido tan rápido que no había tenido oportunidad de analizarlo con detenimiento y con cabeza fría. En aquel momento cualquier rastro de lógica había abandonado su cuerpo y se había simplemente dejado llevar. De pronto sintió las mejillas acaloradas pero ahora de la vergüenza.

Se había atrevido a besarla en los labios. Había probado su perfume al succionar su cuello y sus manos se habían aventurado a recorrerla. Koushiro era el primero en reconocer que el no era precisamente conocido por ser alguien que se dejara llevar de tal manera por las ansias, sin embargo también estaba seguro que si el celular no hubiese sonado, él no se hubiera podido detener.

¿Sexo en la oficina? ¿Quién se creía que era? ¿Taichi?

Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se percató cuando su asistente entró a su oficina, sobresaltándose cuando escuchó su voz.

—Izumi-san. Lo necesitan en la cancillería, al parecer es urgente.

Koushiro se levantó como un autómata y trató de poner su mejor cara de juego. Ojalá Yagami no estuviera ahí también porque sabría de inmediato que algo sucedía con él.


Mimi jugaba con su menú de contactos, sus dedos bailando sobre el nombre de Koushiro Izumi, pero no atreviéndose a realmente seleccionar la opción.

¿Qué iba a decirle? No estaba segura si incluso podría formar una oración coherente al escuchar su voz al otro lado de la línea.

Estaba genuinamente sorprendida de lo que Koushiro estaba causando en ella. Mimi no era esta persona cuando de chicos se trataba. Aunque, en realidad, hacía mucho que no tenía un encuentro como ese. Tal vez se debía a eso, pensó, estaba oxidada en temas de relaciones casuales.

Aunque Koushiro no tenía nada de casual. Se conocían desde hace tanto, habían pasado por tantas cosas juntos, conocía tanto de ella y ella de él que no podría acabar de enumerarlas.

Era extraño sentirse así de nerviosa. Ya no solo se trataba de sufear por los restos de la adrenalina de la noche anterior, sino que también sentía nervios de aprehensión. Después de todo, Koushiro Izumi había sido una constante en su vida desde hacía tanto tiempo.

Repasó brevemente su historia. Incluso antes de viajar al digimundo juntos, ya habían compartido salón durante los primeros años de la escuela primaria. Después, se habían hecho cercanos cuando él la salvó de un centauromon infectado de un engrane negro en las ruinas de la Isla File.

Cuando su familia y ella emigraron a los Estados Unidos, Koushiro había seguido texteándola con frecuencia. Incluso a veces siendo su principal fuente de chismes en lugar de Sora.

Recordó también las veces que había viajado a Japón prácticamente porque él se lo había pedido y ella aceptaba gustosa la invitación. Koushiro también había sido el primero en llamar cuando supo que Palmon había desparecido y la había escuchado llorar por horas en el teléfono.

Bien, ahora que hacía el recuento, notaba que su relación era un tanto ambigua. Hizo memoria a cuando se enteró que su novia estaba embarazada y que sería padre también. Osen y Ben eran prácticamente de la misma edad, la pelirroja siendo mayor por unos cuantos meses. Así que mientras Mimi sobrellevaba su embarazo en Nueva York, Koushiro cuidaba de la madre de Osen.

Mimi suspiró. No podía creer que tantos años después le doliera recordar aquella temporada al ponerla en perspectiva. ¿Por qué no recordaba que lo había extrañado tanto cuando sus textos empezaron a escasear debido a lo ocupado de sus días cuidando de su recién nacida?

De pronto se sintió como la persona más ciega del mundo. Si bien no podía asegurar que hubiese estado enamorada de su viejo amigo de aventuras, ahora se daba cuenta que siempre había habido algo persistente entre ellos. Una clase de complicidad que no tenía con ningún otro de los chicos.

Aquello solo hacía todo más terrorífico. ¿Qué pasaría si le llamaba? Sin duda se acostarían, habían estado a punto de hacerlo la noche anterior y ella aún deseaba hacerlo. Y después, ¿que sucedería?

¿Se enamorarían? ¿Qué le diría a Ben? ¿Qué pensaría Osen de ella? Mimi entonces pensó que su relación pudo haber sido increíble cuando eran jóvenes pero había demasiado en juego ahora que ambos tenían familia.

Suspiró un tanto intranquila y trató de distraerse del tema recordando los deberes del día. Tenía que llevar varios paquetes a la oficina de correos y después ir a recoger a Ben. Sí, eso debía de hacer en lugar de pensar en tantos hubieras.


"¿Te conté que ayer tu padre nos trajo nuevamente a mi madre y a mi a casa?"

Ben tenía un par de horas texteando con Osen. Habían acordado que él le escribiría en japonés y ella le contestaría en inglés y por alguna razón estaba resultando ser muy divertido.

"¿Mi padre?"

"Sí. Pasó a la escuela pero ya te habías ido."

"Ben, no le digas a papá que estoy asistiendo a los cursos, por favor."

Ben no estaba seguro si aquello había sido lo que Osen había tratado de dar a entender. No hacía mucho sentido.

"¿No quieres que le diga? ¿Por qué?"

Osen no estaba segura de querer tener esa conversación con Ben Burton. Sabía que Mimi-san era muy buena amiga de su padre, su misma madre se lo había contado alguna vez, y aunque a Osen le agradaba la señora Tachikawa, no estaba segura que no fuera a comentárselo a su padre.

La pelirroja se mordió las uñas antes de contestarle a Ben.

"Mi padre tiene muchas cosas porque preocuparse. No quiero darle una más."

Ben entrecerró los ojos un tanto preocupado. Estaba empezando a pensar que los Izumi eran personas muy extrañas. Interesantes, pero extrañas al fin y al cabo.

"¿Está todo bien?"

Koushiro no había podido esperar más. Se sintió como un adolescente impulsivo pero apretó la opción de enviar antes de volver a reescribir aquel mensaje por enésima vez.

Ahora que lo veía nuevamente, lo odiaba.

"Si, eso creo."

Oh no. Esa respuesta no sonaba para nada bien.

"No pude dejar de pensar en ti en todo el día."

Koushiro supo que no había más opción que ser lo más honesto posible. Seguía viendo que Mimi estaba en línea, sin embargo no parecía estar escribiendo de vuelta.

Y de pronto, la llamada que había estado esperando todo el día llegó. Ni siquiera dejó que el primer timbre terminara cuando ya estaba contestando. Al otro lado, la voz de Mimi le replicó de inmediato:

—Yo tampoco.