Capítulo 5

Todo estará bien


Cuando Osen entró al salón buscó a Ben, a quien encontró aislado en un asiento de la última fila jugando en su celular. Osen no era fanática de sentarse en aquella área pues prefería estar al frente, preferentemente en donde el profesor y ella pudiesen mantener contacto visual. A regañadientes, decidió ocupar el asiento frente al hijo de la Sra. Tachikawa.

—¿Siempre llegas así de temprano? —le preguntó sin saludar primero. Esperó la respuesta unos segundos pero pronto supo que Ben la había ignorado—. ¡Hey!

El aleteo de las manos de Osen frente a sus ojos hizo que Ben finalmente subiera la mirada de la pantalla y entonces, al descubrirse las orejas tras su largo cabello color caoba, Osen notó que tenía puestos los audífonos inalámbricos. Ben se removió uno de ellos y le regaló a su amiga una media sonrisa tímida.

—Lo siento, no te escuché. ¿Qué decias?

Osen hizo una mueca de impaciencia.

—Ya no lo recuerdo —suspiró—. ¿Qué haces?

—Veo algunos videos.

—¿Videos de qué?

—Uhm… de casa —Ben se removió algo incómodo después de que Osen subiera una ceja en confusión—. De Nueva York. Sigo a un tipo que hace videos por todo Times Square haciendo bromas y entrevistando turistas.

Osen notó como Ben le rehuyó la mirada mientras describía el último video que estaba viendo antes de que ella llegara a interrumpirlo. Intentó ponerle toda la atención que pudo, sobre todo porque Ben empezó a hablar muy rápido, pero perdió el hilo de la conversación cuando empezó a escuchar nombres de cosas que ella no conocía: Times Square, Rockefeller Center, Coney Island, Staten Island Ferry…

—En fin… —Ben suspiró para agarrar aire después de su pequeño monólogo—. Te gustaría Nueva York. Lo tiene todo.

—¿No te gusta Tokio?

El primer impulso de Ben fue decir automáticamente que Tokio estaba bien. Eso era lo que generalmente contestaba a quien se le preguntara: a su madre, a sus abuelos y a algunos amigos que había dejado en Estados Unidos con los que se enviaba textos de vez en cuando. En realidad, Ben no era fanático de la capital nipona. Por más que dichos amigos le dijeran lo interesante que les parecía Japón, Ben no terminaba de encontrarle el encanto. Suponía que a sus amigos les parecía cool debido a que ellos veían ánime, pero a él nunca le llamó la atención toda aquella parafernalia. Además, ¿qué tenía Tokio que no tuviera Nueva York?

Osen seguía esperando una respuesta de su parte y Ben, por alguna razón, quería decir en voz alta lo que revoloteaba en su mente. Entonces recordó el último texto de Osen, aquel donde le pedía mantener su secreto, y aquello terminó de reconfortarlo. Si Osen confiaba en él, suponía que él podía confiar en ella.

—Tokio está bien —inició como siempre, subiendo los hombros para restarle importancia a lo que iba a decir después—, solo que extraño a mi papá, así que preferiría estar en casa.

Porque si de algo estaba seguro, es que Tokio, Japón, no era su hogar.


Lo primero que hizo Koushiro cuando terminó su videollamada fue checar su teléfono celular personal. Sonrió sutilmente cuando notó que tenía cuatro textos de Mimi en espera de ser leídos, todos recibidos mientras él intentaba formalizar una alianza con algunas facultades de informática de un par de universidades extranjeras para aumentar la capacidad del centro de investigación.

En aquella última llamada que habían tenido, habían decidido que lo mejor era tomar las cosas con calma antes de cometer alguna idiotez que pusiera en peligro su amistad. Koushiro no era un experto en relaciones y no estaba seguro si textear con Mimi día y noche caía dentro de la definición de "tomarse las cosas con calma", pero eso era lo que había estado ocurriendo entre los dos los últimos días. No se quejaba, en lo absoluto, hacía tanto que no hablaba con alguien como lo estaba haciendo con Mimi.

Koushiro le tomó una foto a su agenda y le contestó a la castaña una pregunta de sobre como iba su día.

"Como puedes ver, está de locos. No estoy seguro de poder salir a comer algo siquiera. Al menos ya tengo agendada la cena con Osen."

"¿Cómo piensas rendir en todas tus reuniones si no comes?"

"Buen punto. Supongo que puedo pedirle a mi asistente que me consiga algo rápido por ahí. ¿Ya volviste de la oficina de correos?"

Koushiro aprovechó que su agenda mostraba que tenía cinco minutos libres para levantarse de su silla y estirarse. Mientras caminaba alrededor de la pequeña sala de estar improvisada que tenía al centro de su oficina, observó su tenue reflejo en los cristales de su enorme ventanal y analizó su vestimenta, un pantalón gris y una camisa blanca. Era un atuendo muy sencillo pero por alguna razón le molestó un poco verse así.

Se veía… aburrido. Normalmente eso no le molestaría, es más, probablemente ni siquiera estaría dándose cuenta en ese momento, pero desde que había comenzado este estira y afloja con Mimi, no podía evitar sentirse un tanto inseguro de sí mismo en todo aspecto. Mimi le había dicho que tenía miedo de dejarse llevar como la noche anterior porque no quería perderle como amigo y porque además tenía que pensar en Ben, y aunque él igualmente tenía a Osen y entendía sus temores, no pensar en que Mimi lo había rechazado por ser "él" había sido imposible.

Después de todo, Mimi y él eran increíblemente diferentes. Ella era hermosa, glamorosa, emprendedora, aventurera y él, bueno, solo era un informático más que se solía recluir en su trabajo.

Fue sacado de su trance cuando su celular le vibró en las manos.

"Ya, aunque tuve que hacer dos viajes. Según el programa que me instalaste, las órdenes han subido un 15% desde que actualizamos el sitio."

"¡Vaya! Esas son excelentes noticias."

"Sí, aunque no estoy segura si puedo seguir el ritmo."

"¿A qué te refieres?"

Mimi continuó escribiendo pero entonces otra notificación robó la atención de Koushiro. Era el sonido de que la videollamada siguiente estaba por iniciar.


"¿Puedo intentar regresar yo solo en el tren?"

Mientras Mimi intentaba redactar una respuesta a la última pregunta de Koushiro, un texto de Ben la interrumpió. Leer aquella petición le sorprendió un poco pues pensó que Ben disfrutaba los recorridos que ambos hacían juntos. Tal vez era tonto ponerse sentimental por algo así pero no lo había esperado en lo absoluto.

"¿Recuerdas bien cómo hacerlo?" pero bueno, Mimi no iba a acabar con su proactividad. Además ya era hora de que Ben se hiciera más independiente, como el resto de los chicos de su edad.

"Sí. Además una amiga me acompañará hasta la estación donde tengo que hacer el transbordo. De ahí es directo hasta Odaiba."

"De acuerdo, pero mantén tu teléfono con el timbre encendido. No quiero llamarte y que no me contestes por no escucharlo."

"Sí, mamá."

Ben levantó el pulgar hacia Osen quien asintió en respuesta.

Después de haber escuchado a Ben hablar sobre Nueva York, Osen sintió la necesidad de defender su ciudad natal. Le contó sobre algunos de sus lugares favoritos, haciendo énfasis en un enorme salón de videojuegos que estaba de camino hacia Odaiba.

—Casi no voy allí porque queda un poco lejos de la casa de mi madre. A veces voy con mi papá cuando regresamos de visitar a los abuelos. Pero de verdad es increíble, tienen incluso juegos viejitos, como los que jugaban nuestros papás, de esos clásicos que son super difíciles —le explicó con más detalle mientras caminaban hacia la estación—. Mi papá es muy bueno en ellos.

—Qué interesante que te gusten los videojuegos también —aquel resultaba ser uno de los temas preferidos de Ben.

Osen estaba resultando ser todo un personaje, pensó Barton. No se esperaba nada de lo que había descubierto sobre esa pequeña niña pelirroja en tan poco tiempo, pero Osen era particularmente parecida a él, lo cual era extraño. Ben normalmente se sentía completamente fuera de lugar, otra razón por la que no era fanático de vivir en Tokio, pero platicar con Osen estaba resultando ser cada vez más sencillo.

—Mi papá solía prestarme su computadora en donde tenía muchísimos juegos y ahí me hice fanática. Después de que se separara de mi mamá, me compró una consola de videojuegos pero la verdad no me dan muchas ganas de jugar sola, así que le pedí que la instaláramos en su casa. Cada vez que lo visito intentamos jugar un poco.

Caminaron en silencio un poco más, cruzaron los torniquetes y encontraron el andén correspondiente. Osen lo acompañaría hasta la estación de transferencia, ya que ella no iba hacia Odaiba, pero les daría la oportunidad de observar el arcade desde la ventana del tren. Después de allí, Osen iría a encontrarse con su padre en la oficina de él.

—No había pensado que en realidad tengo suerte de que mis padres viven en la misma ciudad —reflexionó Osen en voz alta mientras tomaban asiento en el tren—. Lamento que el tuyo esté tan lejos.

—Como sea.

—¿Por qué no se mudó también? —Osen preguntó, se le hacía ilógico que un padre viviera tan lejos de su propio hijo.

Ben apretó los labios, estaba empezando a arrepentirse de aceptar la ayuda de Osen para viajar en el tren por su cuenta.

—¿Por qué no le dices a tu padre que tomas los cursos? —rebatió. Osen se sobresaltó un poco por el cambio en el tono de voz de Ben.

—¿Eso que tiene que ver?

—Pensé que hablábamos de nuestros padres. El Sr. Izumi parece una persona muy tranquila, ¿acaso tienes miedo de que te regañe?

—No es eso…

Ben resopló. ¿De qué le servía a Osen tener a su padre cerca si mantenía secretos con él? Ben no tenía ninguno con su papá, ellos se contaban absolutamente todo.

—Mi mamá no quiere cerca a mi papá —confesó Ben al ver el rostro triste de Osen—, y mi papá quiere olvidarse de mi mamá. Asi que…

No estaba muy seguro de cómo terminar aquella oración así que, sin querer, reprodujo de manera exacta una muletilla del mismísimo Michael Barton. Osen lo miró extrañada y aquello solo le pesó más a Ben. No quería que la hija perfecta del amigo de su madre sintiera lástima por él, no cuando empezaban a ser amigos.

—Yo… —Osen intentó no tartamudear—, solo no quiero defraudar a mi papá. Él tiene mucho trabajo y no tiene tiempo para lidiar con estas cosas. Prefiero que aprovechemos los momentos juntos para jugar o escuchar música.


—¿No te mueres del susto cuando Osen viaja sola?

La voz de Mimi resonó en el altavoz del celular de Koushiro, quien terminaba de revisar algunos papeles antes de que llegara su hija para pasar la noche con él. Mimi le había contado sobre la repentina decisión de Ben y, al notarla algo decaída, había decidido llamarle.

—No te negaré que me ponía muy ansioso al principio, sobre todo porque ella empezó a ir sola al colegio al iniciar la primaria.

—Oh, Dios…

Koushiro rio levemente.

—Tranquila. Ben es un chico listo, no tendrá problema alguno. Además ya conoce la ruta, ¿no?

—Si, es solo que…

Mimi siempre había padecido de ser tal vez demasiado orgullosa, aunque no estaba segura que tenía eso de malo. Y, desde que se había convertido en madre soltera, evitaba a toda costa contar a detalle sus problemas e inseguridades. Por alguna razón sentía que era su obligación mostrarse ante todos como una mujer independiente y capaz, que ella y Ben tenían todo lo que necesitaban. Después de todo, había sido su decisión no casarse con Michael.

Era particularmente difícil cuando además el resto de sus amigos habían logrado formar una familia normal y les brindaban a sus hijos esa estabilidad que ella tanto deseaba para Ben. Pensó que Koushiro podría entenderla un poco, aunque también había una gran diferencia entre ser madre soltera y padre soltero y ella lo sabía muy bien. ¿Lo sabría Koushiro?

A veces se sentía tan culpable de no amar a Michael. ¿Kou se sentiría igual?

—¿Mimi?

—Me es… difícil separarme de él. Siento que tenemos el tiempo contado.

Koushiro dejó lo que estaba haciendo para quitar a Mimi del altavoz y poder ponerle más atención a la conversación desde el auricular.

—Ben regresará a Nueva York a estudiar allá la secundaria en unos años y yo sé perfectamente que una vez que se vaya no querrá regresar. Entonces, me cuesta dejarlo ir.

Koushiro se dejó caer en uno de sus sofás. Podía empezar a entender la aprehensión de Mimi ahora sobre Ben. Suspiró un tanto acongojado, odiaba no poder ayudarla en esto.

—¿Te pasa algo parecido con Osen? —Mimi necesitaba no sentirse tan vulnerable, no al menos por su cuenta.

—Bueno, Osen está a punto de tener un padrastro y no te voy a mentir que eso me tiene muy nervioso —explicó Koushiro un tanto sofocado—. He notado que cada vez está más callada en mi presencia, como si le aburriera. Cuando era más chica, Osen y yo hablábamos todo el tiempo sobre por qué el cielo era azul o por qué los pájaros podían volar. Hacía las preguntas más locas que te puedas imaginar.

Mimi sonrió al imaginarse a Kou y a una pequeña niña pelirroja caminando de la mano mientras él le explicaba cómo funcionaba el mundo. Suspiró algo nostálgica, Ben solía hacerle las mismas preguntas aunque ella no tuviese siempre las respuestas.

—Osen es afortunada de tenerte, Koushiro. Estoy segura que su padrastro es un buen tipo, pero tú… no hay nadie como tú.

Mimi se sonrojó un poco al decir aquello, lo supo al sentir sus mejillas calientes. Del otro lado de la bocina pudo escuchar a Koushiro suspirar y aquello estaba causándole estragos.

—y yo estoy seguro que Ben jamás te dejaría sola —Koushiro intentó reconfortarla. Justo en ese momento vio a Osen aparecer en la entrada de su oficina—. Escucha, tengo que irme, Osen ya está aquí.

Mimi se despidió también y ya había colgado cuando escuchó la puerta principal abrirse. Ben entró al departamento de una pieza y llamó por ella para avisarle que ya estaba en casa. Mimi suspiró aliviada.

—¿Mom?

—¡Ya voy! —dijo desde su habitación. Necesitaba quitar la cara de nervios antes de salir a servirle la cena a Ben para que no sospechara que había estado comiéndose las uñas todo ese tiempo.

"Ben también ya llegó," le confirmó a Koushiro por texto.

"Que buena noticia. Te lo dije, todo saldría bien."

"Y como siempre tuviste razón. Gracias por estar al pendiente. Diviértete con O-chan."


Más tarde, mientras Koushiro terminaba de pagar un par de malteadas de la fuente de sodas del salón de videojuegos al que Osen había elegido ir aquella noche, otro mensaje llegó a su bandeja de entrada.

"¿Salimos a cenar la siguiente semana?"

Mimi le texteó de imprevisto. Había decidido tomar ese salto mientras veía televisión con un exhausto Ben quedándose dormido sobre sus rodillas mientras ella le acariciaba la cabellera. Mientras cenaban, Ben le había dicho que iría al arcade con una compañera de los cursos vespertinos en unos cuantos días.

Si Koushiro decía que todo estaría bien, no había razón para no confiar en él. Eso lo había comprobado tantas veces ya.

Sonrió como boba cuando obtuvo respuesta casi de inmediato.

"Claro que sí."