¡HOLA MIS BELLAS!
¡SI, LO HE CONSEGUIDO! He podido actualizar prontito.
Os comento que este capi, es de los que os enfadan... De los que doy gracias a que no sepaís donde vivo. ¡Jajajaja! Aunque las que hayais pasado por un embarazo, lo entendereis perfectamente; las que no... querréis matar a Bella.
Pero también hay un sorpresón, nada más comenzar el capi. Os dejo con él...
PS. PIDO PERDÓN DE ANTEMANO, PORQUE ALGO LE PASA AL CORRECTOR, Y HAY ALGUNA LETRA/PALABRA MAL PUESTA. HE INTENTADO FIJARME Y CORREGIRLA, PERO SEGURO QUE ALGUNA SE HA ESCAPADO.
CAPÍTULO 40
Por la mañana, Bella se despertó tranquila. Había dormido bastantes horas seguidas y se sentía descansada, por lo que su habitual mal humor mañanero estaba controlado.
Se desperezó como un gatito, y acarició su tripa con mimo, como cada mañana.
Tras incorporarse en la cama, sus ojos se abrieron ante lo que tenía delante de ellos:
Su habitación, estaba llena de flores, de todos los colores. En jarrones, en cestas… y su cama, llena de pétalos de rosa roja. Inspirándose, llenándose de la fragancia que inundaba la estancia.
Una melodía, comenzó a sonar…
Canción Bella
Era su canción. La que Edward había compuesto para ella.
Sintió que su pecho se amplió. Tenía tanto, tanto amor dentro de ella, que su caja torácica se había triplicado en tamaño.
El huésped se retiró. Él, o ella, también estaba entusiasmada.
- ¿A ti también te ha gustado la sorpresa de papá ? - La sonrisa se le escapaba a borbotones de los labios.
- Me alegra que te haya gustado - Edward se acercó a la cama con una mirada brillante; arrebatadora.
- ¿Y cómo sabes que me ha gustado? - Le preguntó picándolo.
- A parte de que tu rostro tiene luz propia, - Ambos sonrieron - Tus latidos se escuchan por toda la casa.
- Es preciosa. - Murmuró romántica - Pero… poco original. - Lo miró fingiendo soberbia. - Yo misma te di la idea… - Pero Bella tuvo que llamar su discurso.
Edward se puso a los pies de su cama, a su lado, con una rodilla en el suelo. El pulso de la humana, subió como la espuma, mientras sus ojos triplicaron su tamaño. El vampiro tenía una cajita de terciopelo negro en sus manos.
- Bella… Isabella… - Ella tragó, sintiendo que podía flotar. - Te quiero… Te amo. Tú, eres mí vida. No podría vivir sin ti… Así que… ¿Me harías el extraordinario honor, de convertirte en mi esposa?
Bella bajó la mirada, sobrepasada, aunque feliz.
- No. - soltó suave, pero firme. - Si quiero - Aclaró - Pero… No puedo. Lo siento.
- Saca a Amelia de tu pensamiento, por favor. - Le imploró Edward. Bella suena con amargura, ante el acertado comentario del vampiro.
- No puedo ser la segunda señora Cullen. No quiero ser el segundo plato de nadie.
- Tú eres la única. Tú, te repito, eres mi vida. Te expliqué porque me caso con ella. Ahí, no había amor… Simplemente responsabilidad y… obligación.
Edward abrió la cajita, sacando un precioso anillo de compromiso.
Anillo de compromiso
- Este anillo, era de mi madre. - Bella jadó impresionada. Tanto por lo preciosísimo del anillo, como por su legado - Carlisle lo guardó cuando ella falleció. Hasta ahora, no encontré a alguien que fuera digno de llevarlo. Alguien a quien amase lo suficiente como para desprenderme de él. - Bella respiraba agitada, presa de la emoción. - A ella, no se lo di. - La miró con las cejas alzadas. - El suyo, lo compré en una joyería, Rose me ayudó a elegirlo. Elish lo tiene de recuerdo. - Explicó. - Pero este… Esta sortija estaba esperando a la elegida. Lleva más de un siglo esperándote.
Bella alzó la mano, posando sus dedos en los labios de Edward; se inclinaba hacia él quedando a menos de treinta centímetros un rostro de otro.
- No he dicho que no… Solo que hoy, ahora, - Especificó - No puedo. Me siento un remplazo - El aliento de Edward dio en sus dedos, y ella los apoyó contra sus labios con más fuerza para que no la interrumpiera. - Sabes que soy orgullosa, y ahora me siento la segunda y es algo que no quiero…
- Bella… te amo. Se que a veces soy un completo gilipollas - Ambos sonrieron y Bella asintió divertida - Y mi arrogancia me lleva a hacer cosas que… bueno - suspiró y rodó los ojos - Pero tu, eres la única que sabes ponerme en mi sitio.
- Por favor… - le pidió Bella. Respiró dándose valor. - Sabes… porque lo ves, y porque invades, o invadías, mis pensamientos, que nunca dejé de amarte… - Edward sonrió - Y por eso, dolía tanto. Pero necesito sentirme segura. Y no es por ti, es… seguridad en mi misma. - Respiró profundamente, poniendo en orden sus siguientes palabras. - No quiero que te tortures con mi idea de la segunda… Tu has hecho y dicho, todo lo posible por hacerme entender, y creeme que lo hago, pero… es algo que tengo dentro de mí misma, algo que solucionar yo sola. Quiero que sea diferente… Todo hasta ahora, lo está siendo respecto a Amelia. Nuestro compromiso y nuestra boda, debe serlo también - lo miró fijamente - Si aceptara ahora, esto me torturaría toda la eternidad.
Edward iba a volver a hablar, pero Bella lo cortó de una forma inmejorable.
Se inclinó un poco más, y posó sus labios en los de él.
De una forma tan romántica que cortaba la respiración.
Lo que fue un roce, se convirtió en otro, y en otro. La respiración de Bella se volvió rápida y jadeante.
Edward pasó una mano por la espalda de ella y la otra la posó en su mejilla. Bella subió su mano libre al cuello de él.
El beso adquirió rápidamente otra connotación. Seguía siendo romántico, pero el deseo comenzó a subir posiciones.
- No sabes lo mucho que te deseo - Ronroneó él en los labios de ella.
- Ummm… - Gimió ella, separándose. - Lo sé, porque es el reflejo de mi propio deseo.
Se miraron a los ojos. Mirada limpia, amorosa. Brillante por la pasión.
- No voy a volver a insistir. - Bella lo miró escéptica. Eduardo río. - Nada de presiones. Lo prometo. Ese beso, ha sido un compromiso por tu parte, igual de importante que si hubieras aceptado el anillo. - Bella le sonríe, mostrándole una mirada traviesa. - Pero si recalcar que tu, jamás, serás una segunda. Eres la primera y la única. Por toda la eternidad.
- Esa es una promesa muy larga, Sr. Cullen. - Lo picó. Eduardo río.
- Lo sé… Señorita Isabella. Cambiarás de parecer. - Ella le inclinó una coqueta al hombro.
- Espero que ahora no te pongas en plan "Ogro completo gilipollas" porque te he dicho que no. Está usted a prueba, Sr. Cullen. - Edward le alzó las cejas, de forma que a Bella se le saltó un latido.
En un movimiento vampírico, se volvió a acercar a ella, quedándose a dos centímetros. Sus alientos se mezclaban por la cercanía.
- Te salva el huésped que tienes ahí dentro… Si no… Pasaría esa prueba en cuestión de minutos. - La mirada de Edward soltaba chispas de deseo. Bella tuvo que hacer grandes esfuerzos por no reír. A parte de morderse el labio, manteniendo su propio deseo.
- Estás muy seguro de ti mismo… Exudas arrogancia - Meneó la cabeza, fingiendo molestia.
- Pareces no recordar que juego con ventaja. - Se tocó la frente con el dedo índice.
- Cito textual "Cómo no me di cuenta… Un hombre normal no puede follar de esa manera… ufff. Solo de pensarlo, me hierve la sangre"
- ¡Jajajaja! - Se soltó a reír a carcajadas. - Es verdad… No puedo negarlo. Tienes una forma de follarme que… - Inspiró, exagerando el gesto. - Pero, es fácil impresionar a una simple mortal - lo miró altiva. - La próxima vez que me folles , seré igual que tu… Espero, que estés a la altura - lo miró retándolo.
- Cuando eso pase, te darás cuenta de lo que es, imponiéndole un reto a uno de los nuestros… - La miró con los ojos brillantes. - Te haré el amor de tal manera, que necesitarás respirar. Literalmente. - Voz intensa, susurrante y erótica.
Algo entre las piernas de Bella, vibró. Y no, no era el huésped . Era su excitación. Estaba mojada. En ese momento se hubiera tirado sobre Edward y lo hubiera montado como una gata.
- ¿Te ocurre algo en las piernas, querida? - Le preguntó socarrón.
- Si… Y lo sabes perfectamente… Me has puesto cachonda… Mucho… - Su mirada fija, intensa… Electrizante.
- ¿Tienes hambre? - Intentó cambiar de tema.
- Mmm…mucha. - Bella le lanzó una mirada de arriba a abajo; parándose unos segundos en su erecta entrepierna. Edward irritantemente socarrón. - Pero sí. Me apetece la pasta. Esa tan rica con nata y tocino… Solo de pensarlo… - Ronroneó y se lamió los labios. Edward río y meneó la cabeza.
- Esme dice que estará lista en unos minutos.
- De verdad que estoy deseando poder escuchar igual que vosotros. - Bufó pero dejando clara su gracia.
Hoy no aceptaría casarse con él… Para nombrarla "Señora Cullen" por méritos. La única que podría portar ese apellido con la dignidad que caracterizaba a su familia. Pero sabía cuando debía volver a preguntarle. Ella sola le había dado la pista, a parte de que la había escuchado hablar con Seth cuando el chico le preguntó.
El plan comenzó a elaborarse en su mente… Solo tendría que esperar unos días.
- Ese será el momento idóneo. Hoy no lo era, pero debía ser así. Todo saldrá perfecto. - Le habló Alice mentalmente.
- · -
·
Al día siguiente, Bella siguió manteniendo un buen humor constante. El haber soltado esas lágrimas y confesarle a Edward su miedo, pareció aligerar su carga, manteniéndola en un estado de felicidad radiante.
La petición de mano de Edward consiguió potenciar esa felicidad; Bella parecía irradiar luz propia.
Se tomó el día con calma, ya que aunque estaba más tranquila, no podía dejar de sentirse algo inquieta.
Pasó tiempo con todos, en tareas relajadas.
Habló con Charlie durante un largo rato, en una videollamada, donde su tío le relataba que el encierro iba a tocar a su fin y que, aunque en la zona había varios casos de Covid, estaba bastante controlado.
También aprovechó a ultimar detalles sobre su patrimonio. Todos le habían asegurado que el cambio iba a salir bien, pero ella no acababa de hacerse a la idea de revivir, y el dejar las cosas atadas, la hacía sentirse más tranquila. Por lo que Carlisle arregló el tema del testamento de Bella con su abogado.
A última hora, mientras cenaba, sintió un pequeño dolor en su zona íntima; justamente en su vulva. Eso la hizo ponerse tiesa como un palo, su respiración atorarse y el corazón le brincó en el pecho.
Tanto el dolor como su reacción solo duraron cuatro segundos. Tan vino rápido, de igual manera se fue.
Pero la angustia no desapareció; el miedo se quedó con ella durante un buen rato. La suerte es que, como cosa excepcional, estaba sola en la cocina. Esme, que estuvo mientras cenó, acababa de irse con las chicas fuera, al jardín. Carlisle en el hospital y Edward había salido a una batida rápida de caza con los chicos.
- Bella… ¿Estás bien? - Alice entró en la cocina mirándola con preocupación. - He sentido… - La psíquica meneó la cabeza.
- Sí, tranquila. El bebé ya es grande y me hace algo de daño cuando se mueve. - Contestó como una gran actriz. Alice no se quedó muy convencida ante esa contestación, pero la vio tan segura y, tan factible que no insistió.
- No debes asustarte, es normal que ahora cuando se mueva, te cause algo de molestia. - Rose, entrando por la puerta trasera del jardín, apoyó la versión, no del todo falsa, de Bella.
·
Tras dar las buenas noches, se fue a su dormitorio donde se aseó y aplicó sus cremas, como de costumbre. Al salir del baño, Edward ya estaba en el dormitorio, esperando para ponerle la sangre.
Se miraron y se sonrieron, pero mantuvieron silencio. No era incómodo, pero si un tanto raro.
Bella se sentía agobiada, y Edward notó nada más verla que estaba preocupada.
Ya acostados, el vampiro habló:
- Bella, no debes estar preocupada. Se que es fácil decirlo, pero de verdad, todo está controlado y estudiado. Se que el dolor te da miedo, pero solo serán unos instantes hasta que te durmamos.
- Lo sé Edward. Solo estoy un poco cansada. Estoy muerta de sueño.
Bella se dejó caer en la almohada, sobre la pila de cojines que ahora usaba para dormir, y cerró los ojos. Al poquito, se giró dándole la espalda a Edward, y fingio que dormía.
Sabía que él estaba al tanto de que seguía despierta, pero agradeció que no la agobiase más.
- · -
·
A la mañana siguiente, se despertó con Edward en la habitación, manipulando la vía por donde le administraban la sangre.
- Voy a ponerte una bolsa pequeña ahora, por la mañana. Solo tardará unos minutos en entrar. Mientras te desesperas. - La informó con una mirada suave.
- De acuerdo. - Se estiró con pereza. - Me siento un poco cansada.
- Es normal. Con esta bolsa te encontrarás mejor enseguida. Carlisle quiere que los días que quedan, añadamos este extra para la mañana.
- Vale. El bebé es grande y cada día, más fuerte. Mejor que haya más sangre en mi sistema. - Edward asintió y la miró sonriente.
Había pensado que esto podría alterarla, pero estaba siendo muy consciente y realista con la situación.
- ¿Quieres desayunar en la cama? - La miró de forma dulce. Aunque un tanto pícara.
- ¿A ti? - Edward dejó entrever sus perfectos dientes en un gesto sonriente. La respuesta de Bella lo había sorprendido y divertido.
- Umm… Solo unos días y serás mía. Entera. - Su voz cambió de talante y su mirada también. Fuera rastro de diversión, dentro del erotismo puro. - Pero me refería a tu café y tus bollos. - Edward recuperó las formas. No era bueno alterar a Bella así, ya que con la excitación, las mujeres liberaban oxitocina y no era bueno ahora mismo, a riesgo de adelantar el parto.
Bella aprovechó que Edward bajó a por su desayuno, para poner morros y resoplar.
Desde hacía días se sentía de mil formas diferentes. Sin más, cualquier mínima cosa que hiciese Edward, la ponía literalmente cachonda, y el no poder liberar ese estrés la agobiaba muchísimo, y eso provocaba un ataque de tristeza y rabia.
Otro tema era lo mal que llevaba esos dolores que le producía el bebé al moverse, y eso desencadenaba una crisis de pánico.
Y todo eso, intentando que cualquiera de esas sensaciones no se le notará; toda la familia estaba feliz, tranquila… Y ella no quería nublar esa aura con sus paranoias.
Toda la familia al verla de tan buen talento, decidió sorprenderla enseñándole la habitación del bebé. Ya llevaba montada desde el día que subió a la reserva, pero no se decidían a cuando sería el mejor momento. Hasta ese.
El parto, tal como insinuó Edward y la propia Bella confesó, tenía toda la pinta de adelantarse, así que contaban con cuatro o cinco días de margen.
·
Tras desayunar, Bella fue a ducharse y vestirse. Desde hacía más de una semana, alguna de las chicas la acompañaban para ayudarla, ya que las dimensiones de su tripa eran considerables y la humana se sentía bastante torpe.
Ese día, fue Elish la encargada de esa tarea.
- Estas preciosa - Elish la miraba con ojos iluminados.
- Elish… - Rodó los ojos divertida - Parezco una bola del mundo. Estoy… - se señaló la tripa con las manos - enorme.
- No… Estas preciosas, repito. Dentro de esta tripita, esta una de las personitas más importantes de mi vida. - Bella casi se lanza a ronronear.
Elish le dio un mimito y un tierno beso a la panza de Bella, y el bebé, como era habitual, se movió; aunque desde hacía un par de días, se movía menos. Era más grande y había menos sitio dentro de mamá.
Elish mantenía su cara apoyada susurrándole palabras amorosas, cuando de pronto, Bella se movió apartándose y llevando su mano hacía su pubis.
La semi vampira alzó la cara, ante el gesto de la humana y frunció el ceño de preocupación.
- ¿Qué pasa Bella?
- Perdona Elish… El bebé se ha movido y… ahora es más grande y fuerte y… alguna vez me hace daño. - Bella apretó los dientes, respiró profundamente y le dedicó a Elish una sonrisa, para calmarla.
Pero los ojos de su alumna eran muy aventajados y no se tragó el rictus de su tutora; Estaba cargada de mentira.
- Chicas… ¿Venís? - Las llamaba Emmet.
Bella inspiró y escuchó, ahora más genuina, pensando en porqué Emmet la estaba apurando.
Elish la adelantó justo cuando iban a entrar en el salón, casi brincando.
A Bella no le dio tiempo a pensar en qué pasaba, ya que según enfocó el salón, toda la familia estaba allí.
- ¿Y esto? - Preguntó extrañada, pestañeando.
- Tenemos una sorpresa para ti. - Contestó Alice visiblemente ilusionada. Todos lo estaban. Sus rostros los delataban.
- Todos hemos ayudado. Así que ha sido un poco de todos. - Exclaración Esme.
- ¡Ay, vaya! No se qué decir… - Sonrió, otra vez un tanto forzada.
De forma inconsciente, su miraba se posó en Jasper, el cual la observaba fijamente. Respiró profundamente apartando la mirada de inmediato.
No se encontraba bien, y sabía qué él, que Jasper estaba captando ese malestar.
El citado, aviso en un susurró al resto de que fuesen con cuidado, que Bella estaba algo alterada.
Pero aunque lo escucharon, hiciero caso omiso a su advertencia. Todos estaban entusiasmados por la sopresa para Bella.
- ¿Preparada, mamá? - Edward se adelantó, acercándose a ella. Alzó una mano, invitándola a tomarla. Bella lo hizo; Tomó su mano con cierto miedo.
Se había percatado que cuando la familia se ilusionaba con algo, llegaban al extremo. Rozando, o más bien sobrepasando, lo obsesivo.
Se dejó guiar por Edward. Aunque el camino fue corto. Tan solo unos pasos.
Los justos para llegar frente a la puerta del dormitorio que debía ser del bebé.
El pulso se le paralizó por un segundo, suponiendo que se trataba de la le dio tiempo a articular palabra, cuando Elish abrió de golpe la puerta y Edward la arrastró dentro. Para cuando quiso reaccionar, estaba casi en el centro del dormitorio.
Obviando su disgusto, no pudo evitar emocionarse de antemano. Aquella estancia era una auténtica monada. El sueño de cualquier futura mamá. Una preciosa cuna, armario, cambiador, cómoda, mecedora, mesa auxiliar, lámparas de varios tipos, juguetes… No se podía pedir más. Cualquier mínimo detalle que pudiese desear, estaba allí. Dispuesto con el mayor de los gustos.
Una sonrisa melosa comenzó a iluminar su rostro. Todos estaban emocionados al ver tan sensible emoción.
Al bebé también pareció gustarle, ante la reacción de su madre y se movió, de forma algo brusca; movimiento que le ocasionó a Bella una molestia en sus zonas íntimas. Molestia que más bien se podía describir como dolor.
Apretó los dientes, aguantando su rostro. Todo rastro de Sensible emoción, desapareció.
- Bella, ¿qué pasó? - Le preguntó Carlisle.
- ¿Hay algo que no te guste? ¿Nos hemos pasado? - Preguntó con congoja Esme. Carlisle le lanzó una mirada intensa a su esposa, indicándole que callara.
- Algo te ha pasado… ¿No pretenderás engañar a un médico vampiro, verdad? - Carlisle quiso aligerar el ambiente, pero Bella ni pestañeaba. Mantenía su rostro tenso y su mandíbula apretada. Una gota de sudor recorrió su sien, perdiéndose entre el pelo de su patilla.
- Bella… - La llamó Edward con un claro déje de pánico en su voz. -Cariño.
La humana, tragó saliva audiblemente. Y sin más, se giró hasta que encontró a Jasper.
- ¡Para! - Alzó la voz, haciendo a su audiencia pestañear ante la sorpresa de ese gesto. - Es todo precioso. De verdad. No os habéis pasado, para nada. - Le habló a Esme, intentando mostrar un gesto agradecido y sonriente. - Ha sido… una bonita sorpresa. - Forzó una sonrisa, y… otra gota de sudor surcó su frente.
Todos estaban asombrados. Casi hasta aterrados de lo que estaba sucediendo.
- No me tengáis en cuenta mi falta de entusiasmo, - murmuró - Pero las hormonas me tienen poseída. - Suspiró - Necesito un poco de aire. - Inspiró - Voy a bajar al jardín un ratito… - Volvió a respirar profundo.
Nadie necesitaba del don de Jasper para ver que Bella estaba completamente colapsada.
- Te acompañó… - Edward no pudo completar ni tan siquiera esas dos palabras.
- ¡No! Quiero ir sola. - Su respiración ahora, como un animal salvaje. - En otro momento subo y miré detenidamente la habitación. Perdón. - Bajó la mirada, la cual brillaba, llena de lágrimas.
Salió de allí como si se ahogara. Avanzando lo más rápido que su tripa le permitía.
Tenía que salir de ese cuarto ¡ya!
·
·
No fue a su jardín, si no que siguió de largo. Necesitaba distancia. Necesitaba… Demasiadas cosas, pasando por su mente, demasiado rápido.
Cuando llevaba doscientos metros recorridos, tuvo que parar.
Sus pulmones no transmitían el suficiente oxígeno a su sistema, y sus piernas no reaccionaban a su ligera carrera.
Unos pinchazos en su vulva, la hicieron sostenerse a un tronco e inclinarse. Eso no era un movimiento del bebé. Eso, era dolor.
- Mierda… no. Aun no. No estoy lista… Por favor… - Susurró aterrada.
El dolor cesó. Pero no el miedo.
Sentía su rostro lívido y su frente perlada en sudor.
Al cabo de unos segundos, estaba fatigada, pero bien. El dolor desapareció y el malestar también. Caso a parte era su miedo. Ese no desapareció.
Se alzó y apoyó la espalda contra el mismo tronco, respirando con calma. Su sistema pareció oxigenarse, por lo que su cerebro se puso en funcionamiento. Aunque mejor hubiera estado apagado, ya que los pensamientos que comenzaron a invadirla, la hicieron hervir la sangre.
El dormitorio del bebé.
Era un sueño, sí. Y todos estaban ilusionados por su regalo. Sus rostros felices, y unos segundos después, llenos de congoja. Por su culpa. Por su egoísmo.
Por su falta de personalidad y por dejarse llevar por sus teorías de segundana .
Pero ella no había vuelto a hablar del dormitorio del bebé. Había cambiado de idea por completo. Su idea era usar la habitación de Elish.
En poco más de dos meses, cumpliría los tres años. La edad en que daría uno de sus últimos cambios. A parte de que ella, ya llevaba semanas pasando muchísimo tiempo en la reserva, con Jake. Apenas pasaba por casa.
Su idea era que Elish acondicionara la habitación del ático a su gusto, para que mantuviese un sitio en la casa. Que pudiese venir y quedarse cuando quisiera.. que ella sintiera que era parte de la familia, aunque estuviese casi comprometida con Jake.
Pero... no lo había dicho. A nadie.
¿Cómo iban ellos a suponer eso?
Pero… arreglar ese cuarto, sin su permiso… Todos sabían, sobretodo Edward, que ella no quería usarlo para el bebé.
Podía parecer infantil, irracional… pero era su decisión, y debía ser respetada. Tenía claro que agradecía el gesto, pero había sido erróneo.
·
Cuando ya estaba a pocos metros de la casa, Elish iba en su búsqueda.
- Bella… - Respiró dejando salir un claro alivio. - Iba en tu búsqueda. Llevabas fuera un rato y…
- ¡Por Dios! - Exclamó alzando los brazos, alterada - Solo ha sido media hora.
- Te fuiste de estampida, sin móvil. Si te llegas a poner de parto, en esa media hora, podrías haber muerto. - soltó Edward apareciendo de golpe, claramente molesto.
- No será para tanto… - Soltó desairada Bella.
- ¡Si, si lo es! - Alzó la voz él. - Cuando comience el parto, el proceso solo durará unos minutos. Y en esos treinta que has estado fuera, incomunicada, te sobran muchos.
- Tu sabías donde estaba. - Contestó respondona. - Solo tienes que olfatearme. Además, estaba aquí al lado, ni siquiera me acerqué al acantilado.
Edward fue a refutarle otra vez, pero ella lo silencio alzando la mano.
- ¡Basta! Solo necesitaba unos minutos de fingida soledad. - Soltó con tono dañino. - No quiero discutir más contigo. Quiero desayunar, tengo hambre.
Y con las mismas, Bella lo rodeó, marcando una distancia entre ellos al pasarlo, más que clara.
- Déjala. No conseguirás nada más que enfadarla, aún más - Elish rodó los ojos y suspiró. - Está muy agobiada, y asustada.
- Lo se. Esos dolores no son solo porque el bebé se mueve; el bebé se está preparando para nacer. Así fue contigo también. - Explicó Edward.
- Las mujeres humanas normales también sufren esos dolores, se llaman contracciones de Braxton Hicks. - Edward asintió.
- Pero el resultado es bastante diferente - Murmuró él en respuesta. Ambos asintieron con los rostros apesadumbrados.
·
Bella se fue a la cocina donde se sirvió un café y tomó un bollo. Se sentó en la mesa, ya que el taburete del desayunador no le era cómodo.
Engulló ese bollo y de forma un tanto glotona, se comió un segundo bollo.
Casi no le había llegado al estómago, sintió unas inmensas ganas de vomitar.
Pudo llegar por los pelos al baño de la planta baja.
- Joder… - Gruñó. - Bien, vale… solo un bollo. - Sonrió entre divertida y agobiada.
·
Se fue al salón, donde estaba casi toda la familia; los cuales habían escuchado perfectamente su vomitona y su murmullo.
Se sentó junto a Emmet, que miraba una revista sobre nuevos juegos para la Play Station.
De forma muy sutil, y sin levantar la mirada de la revista, el osote le abrió los brazos, indicándole que se tumbara.
Bella obedeció soltando un último suspiro.
Al cabo de quince minutos, Bella comenzó a revolverse inquieta; intentando buscar postura. Hasta que al final, con ayuda de Emmet se incorporó quedando sentada.
- ¡Ufff! No encuentro postura. - Gruñó. - Mierda de barriga - Murmuró visiblemente molesta. - Eres demasiado duro. - Se giró recriminándole a un pasmado Emmet.
- ¿Quieres que te ponga un cojín? - Edward se acercó con sus mejores intenciones.
- ¡NO! - Alzó ella la voz. - Deja de ser tan servicial… - Apretó la mandíbula y su rostro se contrajo rozando la ira. - Esto… - señaló su gran panza - Es… ¡Todo culpa tuya! - Edward bajó la cabeza, abatida.
- Si, lo se. - Su voz hecha el arrepentimiento y la culpa.
- ¡Joder! - Se levantó, con una pequeña ayuda de Emmet, que la impulsó por la espalda.
- ¿Qué quieres que te diga? - Le preguntó Edward con el tono controlado.
- ¡No lo se! - Alzó la voz. - Pero deja de aceptar las culpas así… - Meneó la cabeza y respiró fuerte. -¡Dios…! Tu sola presencia me irrita…
·
Se fue al jardín, al que habían construido para ella. Tras menearse durante un rato, pareció encontrar postura y se adormiló casi una hora. Al despertar se sentó y se puso a jugar con el móvil, pero al poco tiempo, volvió a estar incómoda; se dedicó un rato a pasear alrededor del jardín, por la zona de las flores, pero pronto se vio cansada y le entró hambre por lo que se fue a la cocina a tomar algún tentempié.
En el salón, los presentes, menos Carlisle que estaba en el hospital, la sentían deambular de un lugar para otro.
- El parto es más que inminente. - Soltó Edward. - No creo que pase de mañana. - El resto asintió con rostros compungidos.
- Esperemos… - Medio río Emmet. - Porque menudas malas pulgas. - Rodó los ojos y Jasper alzó sus ojos al cielo.
- Me tiene destrozado con sus cambios de humor. - Suspiró - Pero a parte de que sus hormonas la tengan poseída, lo que está es aterrada.
- Gracias por la aclaración, pero eso ya lo sabía. - Contestó Edward, soltando aire con resignación. - Todo junto la hacen estar así…
- Encabronada - Añadió Emmet.
- Yo no hubiera soltado esa palabra, pero si. Encabronada va perfecta.
·
Unas horas después y tras comer, despacio y poco, Bella se recostó en el sofá grande del salón. Se acurrucó, una vez tomó una postura cómoda y dejando claro que no quería estar sola en su habitación, pero que no quería que la molestaran, se durmió con cierta ayuda de un vampiro empático.
Se despertó un tanto adormilada, pero con unas pocas pulgas menos. Aunque el buen humor duró poco; Duró hasta que el bebé se volvió a mover y las molestias volvieron.
- Vamos Bella… - la llamó Carlisle acercándose y alzando la mano para que ella la tomara.
- Vamos… ¿A dónde? - Preguntó suspicaz.
- Arriba… vamos a hacer una ecografía. Tu estarás más tranquila al ver a tu bebé y yo veré en que postura está. No pasa nada, no temas.
Esta vez fueron solos. Nadie estuvo invitado.
Carlisle hizo sus comprobaciones, pero dejó al ecógrafo más tiempo del habitual para que Bella viese a su bebé. Que lo observara, que escuchara su corazón fuerte latir, y sus movimientos.
Era una forma de que ella se hiciese a él. Que fuese más consciente.
Y tal como avecinó el doctor, las constantes de la futura mamá bajaron, relajándose.
- Gracias - Lo miró con agradecimiento. - Se que estoy portándome como una perra - Rodó los ojos, simpática. - Pero… - Inspiró y bajó la mirada.
Las palabras no le salían. No quería reconocer en voz alta lo tan aterrada que estaba, porque ella era muy consciente de lo inminente que era el parto y por consiguiente, su muerte.
- · -
·
Por la noche, las chicas se arremolinaron junto a su cama, charlando y entreteniéndola. La presencia de Edward seguía siendo non grata.
De madrugada, despertó con ganas de hacer pis, cosa habitual desde hacía ya unos días; su vejiga estaba comprimida lo que hacía que su aguante de orinar se veía reducido a muy poco.
Al revolverse para incorporarse en la cama, alguien la ayudó de forma muy gentil desde atrás.
Su eterno caballero, Edward, estaba allí con ella. Sin hacer ruido, sin molestarla; pero siempre cerca.
- Gracias. - Susurró.
Una vez de vuelta en la cama, la ayudó a acomodar los cojines y con delicadeza, le masajeó suavemente los riñones.
Bella casi se lanza a ronronear.
- Ya puedes parar… Gracias. Me ha aliviado mucho. - Su voz llevaba gratitud, pero seguía tenso.
Edward no quiso tensar la situación, y ante un murmullo, se apartó de ella, sin tocarla ni molestarla.
· -
Por la mañana, y tras asearse y vestirse, Bella tuvo una sorpresa para desayunar:
Charlie estaba allí, en la cocina, esperándola para desayunar juntos.
- ¡Tío Charlie! - Su sonrisa y su entusiasmo, era completamente genuina. El cual llevaba días sin dejarse ver.
- Hola pequeña. Vengo a ver esa barriga tan preciosa - Le soltó con ojos enamorados. Bella se derritió ante esa demostración de sentimientos por parte del esquivo Charlie.
Desayunaron solos en la cocina, sin interferencia de ningún miembro de los Cullen. Después de más de una hora de charla, Edward hizo acto de presencia, saludando a Charlie y, suavemente, a Bella.
- ¿Qué tal el futuro papá? ¿Nervioso?
- Bueno… un poco, he de reconocerlo. - Sonrió meloso - Pero deseando verle la carita y… saber qué es. Sigue sin dejarse ver. - Inclinó los hombros divertido, ante la expresión confusa de Charlie. - No se ha dejado ver en ninguna ecografía, y estamos seguros de que ha sido a propósito.
Charlie pestañeó asombrado, pero su extrañeza pronto dio lugar a una sonrisa, casi al borde de la risa.
- Me alegra de que te divierta - Soltó Bella molesta, disimulando su propia diversión.
- Claro que me divierte… El que el papá sea especial, tiene que tener algún privilegio, ¿no? - Edward sonriendo ante el cumplido de su sueño .
La visita se alargó hasta casi la hora de comer, donde se excusó de que debía irse ya.
Bella lo despidió en el salón, donde estaba tumbada, adormilándose.
·
- Está tensa como un hilo a punto de romperse… - Charlie soltó el aire, en un gesto de asombro.
- Si… No podías haberlo descrito mejor. - Comentó Carlisle.
- Me alegra de que estés en casa… Aunque Edward está sobradamente capacitado, tu presencia le será de gran ayuda.
- Estos días he hecho más horas seguidas en el hospital, para tener unos días libres. Creo que no pasará de hoy.
- Edward me lo comentó cuando me llamó. Por eso no lo dudé y vine. Dejé unos asuntos en la comisaría listos para poder estar con ella estas horas. - Explicaba Charlie. - Con esto del covid, hay una liada tremenda.
- Imaginó. Esta es la última semana de encierro. A partir del próximo lunes se podrá salir, con limitaciones y mascarillas, pero por fin la gente podrá dejar el encierro domiciliario. -Charlie asintió.
- Por eso tenemos ahora tanto trabajo… Pero eso, en cuando Edward me explicó, vine. Ya se lo había comentado el día de la reserva, que me avisara antes de que ocurriera; Quería verla humana una última vez, y ella a mí. Se que era algo importante para Bella.
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La futura mamá durmió durante un par de horas, de forma plácida. Por supuesto en el salón, acompañada de todos. No quería estar sola, y eso era un hecho clarísimo, sin falta que ella lo dijese.
Elish, que había vuelto de la reserva, estaba inquieta. Mirando para Bella a cada pocos minutos, a la expectativa.
Edward que conocía bien a su hija, sabía que algo quería comentarle a Bella, y Carlisle igual; el cual le lanzó un par de miradas reprobatorias a su nieta, de que no hiciese nada por despertarla.
Tras una larga espera para Elish, Bella por fin se despertó. Como venía pasándole los últimos días, se sintió algo aletargada durante unos minutos, para de pronto, espabilar de golpe.
Alice y Elish la acompañaron a merendar, y estuvieron charlando animadas durante un rato, hasta que Bella comenzó a hacer silencios.
Las molestias que ya venían siendo habituales, comenzaron. Con la única suerte de que no llegaron a dolor.
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- ¿Por qué no damos un paseo? Hace sol y calor. - Le propuso Elish. Bella no estaba muy segura, pero al mirar a Elish, algo en su cara la hizo aceptar.
Fueron caminando despacio hasta el linde del bosque. Donde, aunque seguía siendo propiedad de los Cullen, el terreno no estaba despejado.
- ¿Cuántos kilómetros hay hasta la reserva? - preguntó Bella curiosa.
- Hasta donde comienza, en linea recta desde aquí, hay cerca de 5. Hasta la zona de las casas, unos 8.
- Por aquí es mucho más rápido - Sonrió divertida. - Por la carretera, desde casa de Charlie hay casi 15. Por eso Jake suele venir por aquí… Por que es mucho más rápido.
Se hizo un silencio, mientras seguían caminando despacito.
- Ya se que no estamos en el acantilado, a tres kilómetros, pero… No seré capaz de llegar hasta allí - Elish sonrió mientras asentía. - Así que… Suéltalo.
Ambas pararon su paseo, y Elish tomó de las manos a Bella. Su rostro se iluminó, lleno de entusiasmo; con una alegría que casi podía tocarse con las manos.
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¿QUÉ SERÁ ESO QUE QUIERE DECIRLE ELISH A BELLA?
