Capítulo 3

Como reacción automática, los ojos de Lisa comenzaron a humedecerse por lo que no le permitieron confirmar quién estaba ahí, pero esa silueta y ese cabello alborotado eran inconfundibles. Se limpió los ojos para distinguir mejor y se dirigió rápidamente hacia el hombre que estaba parado cerca de la entrada del puente de mando. Conforme la distancia se iba acortando, ella podía distinguir la delgada silueta de aquel chico de abundante cabello negro, con rostro de rasgos finos y unos grandes y hermosos ojos... color ¡ámbar!

Lisa se detuvo súbitamente y contuvo las ganas de abrazar a ese militar casi gigante que estaba frente a ella. Su estatura le recordó a Roy Focker. La capitana se sentía confundida pues la había traicionado su deseo de ver al piloto dueño de su corazón y su similitud con el militar que estaba en el puente. Pero no, no era Rick, su Rick Hunter, ¡aunque eran tan parecidos! La voz varonil del militar la regresó a la realidad.

–Capitana Hayes, yo... no quise asustarla… –dijo consternado el gallardo militar que había entrado al puente–. Disculpe, regreso en otra ocasión, cuando esté… más tranquila. Creo que no fue buena idea venir hasta aquí. Sólo quería conocerla.

–No se preocupe… ehh… –dijo Lisa dubitativa, sin saber el nombre del militar.

–Archer, capitán Jack Archer –respondió el joven–. Soy el jefe del CAG y líder del escuadrón Wolf. Vengo a ponerme a sus órdenes. –añadió el capitán, haciendo el saludo militar y extendiéndole la mano cortésmente.

–Gracias capitán –dijo Lisa, respondiendo la venia militar y además, también saludó de mano, como educación, por corresponder la atención del capitán–, yo… estoy a cargo de esta fortaleza espacial.

Ella aún un se encontraba un poco contrariada por el parecido del capitán con cierto piloto, por lo que se demoraba unos instantes en responder. Sin embargo, el capitán aprovechaba cada segundo para mantener una conversación fluida con la capitana.

–Lo sé, capitana, usted es del tipo de persona no necesita presentación ni aclarar sus funciones –dijo el capitán, sonriéndole sinceramente–, pues es mundialmente conocida como una heroína de guerra, además de ser una de las mujeres más codiciadas, inteligentes y qué decir, atractivas y poderosas del universo. Bueno, qué podría decirle a usted que no haya escuchado con anterioridad.

Era bien sabido por Lisa que sus logros militares eran conocidos, pero era la primera vez que escuchaba a alguien decir que ella era «Codiciada, inteligente, atractiva y poderosa… ¡Vaya, qué combinación tan magnífica! Ni yo misma me hubiera descrito así. ¿De dónde sacará tantos calificativos aduladores?». Lisa no acertaba bien qué debería contestarle al capitán.

–Me… Me halagan sus palabras, capitán –dijo Lisa, tratando de recobrar su postura militar–. Le agradezco –añadió formalmente.

–Y a mí me halaga hablar con una mujer como usted –respondió el capitán mientras con sus ojos estudiaba el rostro de la capitana.

Lisa notó cómo los grandes ojos ámbar del capitán la observaban sin perder ningún detalle, como queriendo memorizar sus rasgos. Los ojos de él iban de un lado a otro como escaneando el rostro de ella. No era una sensación que la molestara sino que se quedó intrigada por esa acción.

–¿Sucede algo, capitán? –preguntó ella.

–En lo absoluto, capitana… Sólo me permití admirarla unos segundos –respondió Archer–. Para mí es un honor trabajar bajo su mando y formar parte de su equipo de colaboradores. Así que vengo a ponerme a sus órdenes, mi señora. Para todo lo que necesite. Siéntase en la total confianza de contar conmigo. –afirmó él con firmeza–.

«El capitán tiene temple. Los nervios de la mayoría de militares se quiebran al hablar conmigo, pero él parece no inmutarse. Al contrario, muestra una seguridad sorprendente. Espero no sea igual de insubordinado que… que Rick. Todo me recuerda a él y más con este capitán. ¡El parecido físico es sorprendente! ¡Y yo que casi lo abrazo!» pensó Lisa para sus adentros e inconscientemente, una ligera sonrisa se dibujó en su rostro.

–Con todo respeto, es usted más hermosa cuando sonríe, mi señora –comentó el capitán, esbozando una sonrisa también.

–Capitán, nuevamente le agradezco los halagos, sin embargo, considero que no es lo más apropiado. Ante todo, debemos ser profesionales y yo soy su oficial superior.

«Ahora estoy comprendiendo el apodo de "Reina de Hielo", los halagos parecen no tener efecto alguno en ella. Eso me agrada, capitana. Usted será como un reto para mí» se dijo Jack para sí.

–Sí, señora. Lo siento. Acepte mis disculpas, por favor –mencionó el capitán–. Y antes de que se moleste más, me despido.

Dicho esto, el capitán se cuadró ante ella y procedió a hacer el saludo militar, mismo que fue correspondido por Lisa. Sin embargo, antes de retirarse, Jack Archer tomó la mano derecha de la capitana, levantándola a una altura idónea para que él pudiera agacharse y besar el dorso de la mano de ella, mientras él, mantenía la mirada en los ojos verdes de la capitana. Este hecho tomó por sorpresa a Lisa y finalmente le resultó divertido.

–Buenas noches, capitán. Ya vaya a descansar –respondió Lisa.

–Buenas noches, capitana –respondió el capitán.

«Bueno, ¿quién se cree este capitán? Es una mezcla de Roy con Rick. ¡Qué complejidad! Se la pasó coqueteándome, pero lo siento, Archer, sus coqueteos no van a surtir efecto en mí» rió Lisa internamente.

Entre tanto, el capitán se dirigía al área de dormitorio general, pues todavía no les habían asignado el dormitorio que tendrían definitivo. Mientras llegaba a su habitación, en su mente estaba el rostro de Lisa. Se le quedaron grabados sus hermosos ojos verdes y su hermosa piel. «Es tan hermosa... Tiene un rostro atractivo, con unos labios exquisitos, su frondoso cabello color miel y esos hermosos ojos verdes como los de… No, ya no debo recordarla, es que son tan parecidas. Pero ella ya no es parte de mi vida. Prefiero enfocarme en ti, Elizabeth Hayes» pensaba el capitán hasta que llegó a su cuarto. Se bañó y se puso su pijama. El cansancio y la adrenalina del día hicieron que se quedara profundamente dormido.

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Al día siguiente, las tres comandantes se presentaron temprano al puente e hicieron enlace con Lisa, quien les informó que todo estaba sin novedad. Los comandantes llegaron casi al mismo tiempo que las chicas, quienes ya los habían visto el día anterior, sólo que esta vez los examinaron de pies a cabeza pues con la premura de la batalla en la que se encontraban, no habían tenido la oportunidad de realizar tan exhaustivo análisis a los caballeros que las acompañaban en el puente. Lisa les leyó los ojos a sus amigas y sólo esbozó una ligera sonrisa.

Ella conocía que las conejitas eran curiosas y llevarles a estos jóvenes militares no iba a ser la excepción al escaneo de ellas. Si bien, siempre andaban analizando a los chicos que consideraban guapos, en su trabajo eran muy formales y aplicadas pues tenían gran responsabilidad a cuestas, motivo por el cual no habían encontrado a alguien con quien tener una relación estable. «Claudia… puedo notar tu intervención en la elección de los comandantes del puente. Amiga, te extraño tanto y siempre piensas en nosotras. Estos comandantes se ven muy serios, además de guapos. Espero que las chicas por fin puedan encontrar el amor que tanto desean, si no es con ellos, con alguien más. Trabajan mucho y merecen ser muy felices» dijo Lisa sonriendo para sí.

Aprovechando que era el inicio de las labores del día y que en ese momento había tranquilidad. Lisa encomendó las funciones que realizaría cada comandante.

–Bien, comandantes, sé que cada quien ya sabe cuáles serán sus funciones en esta nave, sin embargo, me gustaría dárselas a conocer formalmente. –señaló Lisa y tanto las chicas como los tres militares, asintieron con la cabeza–. Comandante Samantha Porter, usted será la primera oficial de la nave y la controladora de vuelo principal –dijo Lisa, mientras Sammy abría sus ojos como una chiquilla–. Sé que usted está preparada y es una oficial muy eficiente.

–Acepto el cargo –dijo Sammy, haciendo un saludo militar.

–Comandante Vanessa Leeds, usted estará a cargo del radar principal de la nave. Será la líder del grupo de apoyo de radares, mismos que cuentan con radares de amplio espectro y de radares de onda corta, situados en varias partes de la nave.

–Acepto el cargo, Capitana –dijo Vanessa e hizo un saludo militar.

–Comandante Kim Young, usted liderará al equipo de telecomunicaciones. Estará encargada de los monitores y de la recepción de cualquier tipo de señales que recibamos del exterior.

–Acepto el cargo, Capitana– dijo Kim e igualmente saludó militarmente.

–Teniente Comandante Diego Delacroix, usted será el Oficial de Armas de la fortaleza. Trabajará en conjunto con la Comandante Porter, Primera Oficial.

–Acepto el cargo, Capitana Hayes –dijo Diego con un marcado acento francés y un muy efusivo saludo militar.

–Teniente Comandante Mario Ramírez, usted estará a cargo del monitoreo de las comunicaciones internas de la nave, así como de los sistemas internos de la misma. Trabajará en equipo con la Comandante Young.

–Acepto el cargo, Capitana –dijo el teniente comandante Ramírez, haciendo un saludo militar impecable.

–Con base en la experiencia que tuvimos con el SDF-1, se ha creado un puesto nuevo, el cual se dedicará al monitoreo de los niveles de protocultura de la nave, del equipo réflex, así como también de los reactores y armamento basado en la energía con neutrones, que fue diseñada exclusivamente para esta fortaleza. Comandante Georg Strauss, usted estará a cargo.

–Acepto el cargo, Capitana –dijo el Comandante Strauss, con su voz varonil, con un marcado acento alemán e hizo la venia militar.

–Bien, señores y señoritas, estaremos trabajando como un equipo. Quiero que exista el respeto, la comunicación y el compañerismo, pues de nosotros depende el éxito de esta misión. Sé que ustedes son especialistas en sus áreas, sin embargo, les reitero que cuentan con mi apoyo para lo que necesiten. Me retiro a mi dormitorio y después iré a la conferencia con la demás tripulación. Para mañana está programada la conferencia con los civiles. Se quedan en sus puestos de trabajo. La Comandante Porter queda a cargo en mi ausencia. Buenos días –se despidió Lisa.

Lisa se dispuso a ir a su habitación para descansar unas horas y posteriormente ocuparse en los detalles de la conferencia que tendría con la milicia.

Las conferencias tanto para los militares, así como para los civiles, fueron muy emotivas y fueron transmitidas en todos los canales de comunicación de la nave. En su discurso, Lisa supo decir las palabras exactas para motivar a los militares y para hacer que los civiles se sintieran seguros y convencidos de que las fuerzas Robotech harían todo para salvaguardar su integridad y encaminarían sus esfuerzos para que la misión colonizadora fuera un éxito.

Los primeros días en el espacio transcurrieron sin mayor novedad. No sabían qué podrían encontrarse en el inmenso universo ni tampoco a qué clase de seres extraterrestres tendrían que enfrentarse. por lo que la tripulación siempre debía estar alerta ante cualquier eventualidad.

Otro día había transcurrido. La jornada de trabajo había terminado para el personal del puente, quedándose sólo una guardia. Una muy cansada Lisa Hayes, se dirigió a su habitación a tomar un merecido descanso. Había estado trabajando en estrategias de posicionamiento de escuadrones en caso de algún ataque, así como también en el mejoramiento de los programas de simulación con los que los pilotos deberían entrenar. Sabía que parte de su equipo únicamente tenía experiencia en vuelo aéreo, así que tenían practicar más para obtener la pericia necesaria en vuelos espaciales. Ese trabajo mental la tenía agotada.

La capitana siguió caminando, absorta en sus pensamientos. Inconscientemente, justo antes de llegar a su dormitorio, se detuvo en un pequeño pasillo que terminaba en una pequeña ventana por la cual se podía ver la inmensidad de las estrellas en el espacio y se detuvo a contemplarlas. Inmediatamente su mente viajó hacia un lugar muy lejano. Pensó en el piloto dueño de su amor, sintiendo que esas estrellas eran un enlace entre él y ella.

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Muy lejos de esa inmensidad interestelar, en el planeta Tierra, Rick llegó a su casa, la cual tenía cuarteaduras y no tenía puerta, como resultado del último ataque de Khyron. Reportó los daños a recursos materiales y se dirigió a hacer una maleta con ropa. Sintió que su recámara ya no era la misma. En el tiempo en que Minmei había estado viviendo ahí, había quitado las pertenencias de Rick y la cantante había colocado las suyas. El olor de la recámara era una mezcla de perfumes de olores muy escandalosos, tal como la personalidad de la cantante. Inevitablemente pensó en Lisa, en su aroma tan sutil, en el olor natural de su piel y en el perfume de esencia floral tan fina que le llenaba los sentidos y lo enloquecía.

El piloto fue removido de sus pensamientos porque sintió que lo abrazaban por la espalda. Por un momento pensó que sería la dama de hermosos ojos verdes y con larga cabellera color miel. Pero no, eso no era posible porque él mismo había visto desaparecer al SDF-2, llevándose a Lisa. La inconfundible voz de la cantante resonó en el lugar.

–Rick, ¡qué bueno que estás aquí! Te he estado buscando –dijo Minmei con una melódica voz.

–Minmei… ¿Fuiste al hospital a que te revisaran?¿Cómo… Cómo está el bebé? –preguntó Rick muy cansado.

–Todo está excelente, Rick. ¡Y te tengo una noticia genial! El hotel Macross Plaza está en buenas condiciones así que alquilé la suite principal en lo que encontramos dónde vivir.

–Yo… yo tengo mi casa… Minmei. Preferiría quedarme aquí.

–Sí, pero está sin puerta y tiene averías. Así que decidí que nos fuéramos a un hotel, en lo que nos casamos.

–Minmei, el día que llegaste a mi casa, me dijiste que no tenías dónde quedarte… ¿Por qué no te quedaste en el hotel esa vez? –le cuestionó Rick sin ningún ánimo, dándose cuenta de cómo el hecho de haberla dejado quedarse en su casa, había cambiado por completo su vida. Si tan solo la cantante no hubiera llegado en ese momento, él hubiera hablado con Lisa y probablemente estarían juntos ahora.

–Eso ya no importa, estamos juntos y tenemos muchas cosas de qué platicar. ¿Cuándo nos casaremos, Rick? Porque vamos a casarnos, ¿verdad?

–Minmei, no… no puedo contestarte eso ahora -respondió el piloto lleno de dudas.

–¿Cómo que no? ¿Me vas a dejar sola con tu hijo? No me esperaba eso de ti. Siempre has sido un caballero, bueno, hasta que te aprovechaste de mis sentimientos hacia ti.

–¿Cómo puedes decir eso? ¡Yo no me aproveché de nada! Siempre te he respetado y te esperé por años –refutó el piloto.

–Pues por esos años que me esperaste, ahora me tienes y tengo el tesoro más preciado del mundo. Para que mi bebé no nazca sin padre, debemos casarnos. ¿O qué, te detienes por esa mujer que prefirió irse al espacio y dejarte a ti, abandonado, después de que se presentó intempestivamente a decirte que te ama? Ella no te ama como yo, por eso me entregué a ti y ahora llevo a nuestro bebé –mencionó Minmei haciendo una mueca.

–Está bien, Minmei. Será como tú digas… –dijo Rick sin emoción–. Solo quiero que te quede claro que lo hago por mi bebé, porque quiero que crezca en una familia y con todo el amor que le podamos dar.

Minmei lo abrazó y no cabía de alegría. Rick se sentía emocionalmente destrozado. Una vez más sucumbía ante los deseos de Minmei. Jamás en su vida había podido negarse a las peticiones de la cantante. En estos momentos era cuando más extrañaba a Lisa. Por esa obsesión que él tuvo por años por la cantante y por creer en una ilusión que pensó que era amor, había dejado ir a una mujer excepcional que se había entregado totalmente a él, sin condiciones y que lo amaba tal cual él era, con sus virtudes y defectos. Nuevamente, el piloto fue regresado a la realidad por la voz de la chica.

–Vámonos al hotel. Esta zona me deprime. No sé cómo aguanté estar casi encerrada en cuatro paredes pequeñas, sin salir, sin nada de diversión –dijo la cantante con fastidio–. ¡Apúrate, Rick! Tenemos tanto de qué platicar. ¿Cuándo será nuestra boda? Tiene que ser pronto, antes de que empiece a perder mi figura por el embarazo, porque quiero que mi vestido se me vea genial. También por qué religión nos casaremos, por tu religión o la mía y…

–¡Espera! ¡No nos casaremos por ninguna religión! –gritó Rick–. Me caso contigo sólo por las leyes civiles. A Dios no puedo mentirle, a ti tampoco, me caso solo por el bebé, Minmei.

El comentario del piloto dejó perpleja a la chica. Ella quería una boda fastuosa, con miles de invitados y que fuera transmitida por todos los medios posibles. Casarse de blanco con un suntuoso vestido y tener un banquete enorme siempre había sido su sueño y le encantaba ser el centro de atención.

–Pero… pero yo quiero usar un hermoso vestido y tener un gran banquete de bodas.

–Entonces hazlo, no necesitas que nos casemos religiosamente para tener todo eso –contestó Rick con hastío.

–¿Y mi anillo de compromiso? ¿Cuándo me propondrás matrimonio formalmente? Porque se lo tengo que comunicar a mis fans. ¡Esta noticia seguro será una catapulta para mi carrera! Tengo que localizar a mi publicista, a mi anterior representante, oh Rick, tantas cosas que tengo que hacer.

Rick sólo oía el murmullo de la cantante sin prestarle verdaderamente atención. Él se sentía desolado, sentía que había perdido una parte de él. Sentía que estaba traicionando a sus propios sentimientos, traicionando a Lisa, su Lisa, esa mujer que al principio lo desquiciaba pero que lo hacía dar lo mejor de él y que tardíamente descubrió que ella era el amor de su vida. Se sentía frustrado, sin voluntad, haciendo lo que Minmei quería pero ya todo le daba igual. Con negarse no iba a solucionar nada porque Lisa se había ido. Lo único que le quedaba, era aferrarse a ese pequeño ser que se gestaba en la cantante y al cual, él le daría todo su amor.

Así, llegaron al hotel. La suite que Minmei había reservado estaba en el último piso. Era una habitación amplia, tenía una cama que se veía muy cómoda, un mobiliario lujoso, un comedor, jacuzzi y unos grandes ventanales cubiertos con delicadas cortinas que llamaron la atención del piloto pues recordó cuando Lisa y él habían ido al centro comercial a escoger las cortinas para la casa de él, justo cuando se la habían asignado.

Minmei seguía con su perorata de la cual Rick no quería saber nada. Entonces Rick se dirigió a lo que parecería era la ventana principal de la habitación y abrió las cortinas. La vista sería hermosa si la ciudad no estuviera tan destruida por el ataque de Khyron. Los rastros de la batalla eran visibles. Había edificios caídos y una capa de polvo grisáceo que cubría la ciudad. Sin embargo, por momentos, podía observarse el cielo. Si bien, estaba cubierto por nubes de humo y polvo, el viento lograba despejar algunas partes por donde alcanzaban a verse las primeras estrellas de la noche.

Rick dirigió sus pensamientos hacia la inmensidad de las estrellas, pensando en Lisa. «En dónde estarás ahora. Te necesito conmigo. Si supieras la locura que voy a hacer, seguro me amonestarías y me mandarías a encerrar a un calabozo. En este momento, eso sería lo mejor porque impediría llevar a cabo los planes de boda. Siempre soñé en tener a Minmei para mí, en que algún día fuera mi novia y que tuviéramos una hermosa historia de amor, pero la realidad es otra. Minmei, la mujer más deseada de la ciudad, por la que cualquier hombre daría lo que fuera por tenerla cerca, por besarla o por pasar una noche con ella, quiere casarse conmigo y... yo… después de haberte conocido completamente, sólo quiero estar contigo. Ahora tengo a la cantante estrella para mí, pero no es lo mismo, no es como yo lo imaginé, no estoy bien… No soy feliz porque ella no eres tú, Lisa, y mi corazón sólo te ama a ti.

Pensé que al tenerla entre mis brazos, sus besos y sus caricias me envolverían y sería el hombre más feliz de la Tierra, ¿de la Tierra? ¡De toda la galaxia! Tan enceguecido había estado todo ese tiempo, esperándola a ella, deseando que se fijara en mí y cuando finalmente lo hizo, no fue como yo imaginé. Faltó la magia, la inocencia, las caricias trémulas, los besos cargados de cariño y de pasión, faltó el amor que tú me diste, mi Lisa… Amor que yo no supe reconocer por mis miedos y por la obsesión que tenía con esta mujer».

Y así, mirando a través del gran ventanal, el condecorado capitán dejó escapar una lágrima que rodó por su mejilla hasta esconderse en su cuello, mientras sus pensamientos volaban hacia la inmensidad de las estrellas, donde se encontraba Lisa Hayes, su gran amor.

Continuará…

Notas de autor:

Hola a todos. Este es un capítulo que yo llamaría de "enlace" que sirve para explicar algunos detalles que más adelante desencadenarán otras circunstancias que vivirán tanto los protagonistas, así como los demás personajes de esta historia.

Como pudieron leer, se trata de un capítulo tranquilo en el cual se da a conocer algunos de los pensamientos internos y de situaciones especiales ocurridas entre Rick y Lisa.

Recomiendo que lean el siguiente capítulo, para tener un mejor panorama de este fic.

Muchas gracias por los reviews que han publicado. También agradezco de antemano, los nuevos comentarios.

¡Saludos!