Capítulo 6

Los pensamientos de Rick seguían enfocados en los inesperados sucesos románticos de esa noche lluviosa.

Después de que él se despertó en la madrugada, trató de no moverse mucho para no despertar a Lisa, sin embargo, ella reaccionó por inercia al movimiento del cuerpo de Rick, sintiéndose alarmada de tener a alguien junto a ella, hasta que el velo del sueño fue desapareciendo y recordó lo que había vivido con el piloto que tanto amaba. Adormilada, Lisa le sonrió tiernamente a Rick, quien pensó que ella se veía divina, casi dormida y sonriéndole.

Instintivamente, el cuerpo de Rick comenzó a reaccionar al sentir el hermoso cuerpo desnudo de Lisa. Ella comenzó a dar pequeños besos en el pecho del atractivo piloto, provocando que se encendieran las emociones de ambos y volvieron a amarse tanto como pudieron y tanto como el tiempo les permitió, pues tenían que presentarse a la base en la mañana siguiente.

Rick también recordó que él y Lisa quedaron de platicar con respecto a lo ocurrido esa noche, sin embargo, esa plática nunca llegó porque sus múltiples actividades les impidieron verse. La única comunicación personal que lograron tener, fue cuando Rick invitó a Lisa a un día de campo… «Si hubiera sabido… Desde ahí eché todo a perder, Lisa. Te invité al día de campo, por el canal de comunicación abierta. Todos los pilotos y toda la base se enteraron. Aún recuerdo la felicidad en tu rostro cuando te hice la invitación y la alegría de tu voz al decirme que aceptabas. Pero no… Tuve que ser un tonto y comportarme como un verdadero patán para dejarte plantada e ir tras Minmei. Te hice quedar como el hazme reír de la base. Muchos militares te vieron sentada en el café Seciele, esperándome por horas. Otros tantos pasaron por ahí antes de entrar a su turno laboral y al salir, volvieron a verte pues tú aún seguías esperando por mí. Y yo… Con Minmei, en una de esas citas que nunca debieron ser pues no tenían ningún propósito y ella según me invitó para agradecerme que la hubiera rescatado, aunque yo creo que solo me invitó porque no quería sentirse sola o para darle celos a Kyle.

A partir de ese día, nada fue igual entre tú y yo. Me evitaste a toda cosa. Te las ingeniaste para que no coincidiéramos en la cafetería o en los pasillos, ni siquiera al entregar mi reporte de patrullaje. Pasé días persiguiéndote por toda la base, esperándote en cualquier lado, sin tener éxito. Mi última opción fue rogarle a Claudia que intercediera por mí y te convenciera para que hablaras conmigo. Y pese a todos los pronósticos, pues yo ya había intentado de todo, Claudia lo logró… Te hizo cambiar de opinión y accediste a ir a mi casa a platicar.

Nuevamente, la vida, el destino o qué sé yo, nos jugó un mal momento. Unos minutos antes de que tú llegaras a mi casa, acababa de llegar Minmei pidiéndome ayuda y asilo. Como siempre, yo no pude negarme, la acepté en mi casa y tú escuchaste todo. Al día siguiente, cuando por fin te encontré, cuando yo podría haber hablado contigo de ese mar de sentimientos que tenía, volví a equivocarme y en lugar de hablarte de las cosas que habían quedado pendientes por aclarar o de lo mucho que esa noche había significado para mí, te reclamé porque no me habías llamado para contraatacar a Khyron. Pude ver que tus ojos siempre tristes, estaban particularmente sin vida. Lo único que me contestaste era que sabías todo lo de Minmei. Me quedé desarmado y no supe qué más decirte. Solo quería abrazarte, decirte que me perdonaras, que me besaras, que necesitaba sentir tus labios otra vez, sentir tu calor, tu pasión, tu amor...

Y cuando por fin, supe tus verdaderos sentimientos hacía mí, cuando me dijiste de frente que me amabas, ¡te admiré aún más! ¡Qué temple el tuyo de declarar tu amor, sin importar que Minmei estaba ahí, sujetándome del brazo! Sentía cómo me estaba enterrando sus uñas conforme tú hablabas. Te agradezco que me hayas confesado tu amor, Lisa, debió ser un momento difícil para ti, pero al menos tú tuviste el valor de expresar tus sentimientos. Y yo… cuando finalmente te dije que te amaba, ya habías partido hacia no sé qué parte del universo y ahora me encuentro en este dilema con Minmei. Viene un bebé en camino. Ese ser inocente al que voy a querer con todo mi amor porque él nada tiene que ver en esto. Y al parecer, su madre está más preocupada por la publicidad que pueda sacar de la boda y no por el bebé que lleva en su vientre.

Lisa… Amor mío… Creo que no he aprendido nada. Nunca he podido decirle que no a Minmei, siempre he accedido a todo lo que ella quiere. Incluso ahora, no he podido negarme a su absurda idea de casarnos. Casarnos… cuánto tiempo fue mi sueño casarme con ella y ahora que finalmente se hará realidad, siento como si fuera una pesadilla. Me haces tanta falta, Lisa, apenas te has ido y no sé qué hacer sin ti. No sé cómo vivir ni cómo aguantar los días sin tu presencia. ¿Dónde estarás ahora? ¿Estarás bien? ¿Estarás luchando todavía con Khyron? ¿Qué peligros te esperan en ese espacio infinito? ¿Cómo podré comunicarme contigo? No sé cómo alcanzarte… Solo me queda mirar al cielo porque sé que en algún lugar de la inmensidad de las estrellas, estás tú, mi amada Lisa.»

El tren de pensamientos del atractivo militar hizo que su mente se sintiera agotada y poco a poco el cansancio se apoderó de él, quien inconscientemente cerró sus párpados, cubriendo sus hermosos ojos azules que ansiaban ver a la mujer con la cual empezaba a soñar en ese momento.

En un muy lejano punto en el universo, una muy cansada Lisa Hayes, también observaba a la inmensidad de las estrellas a través del ventanal que quedaba cerca de su dormitorio, mientras sus pensamientos volaban a la Tierra, en especial, al piloto dueño de su amor.

«¿Qué estarás haciendo ahora, amor mío? Espero puedas ser muy feliz. Por fin tu sueño se hizo realidad y estás con la mujer por la que tanto esperaste.

Ciudad Macross está a salvo, por ahora. No sé qué batallas tendrá que enfrentar después, espero que ninguna.

Breetai ha hecho un gran servicio de inteligencia pero Khyron siempre ha sido muy astuto. Sin embargo, sé que su nave ha sido destruida y espero ya no tener ataques zentraedi, aunque no sé con qué fuerzas alienígenas vayamos a enfrentarnos aquí, que estamos en otra parte del espacio que aún no hemos estudiado. Bueno, ya se verá, espero podamos resistir todo y regresar algún día a la Tierra y…»

–Buenas noches, Capitana Hayes… ¿Mirando a las estrellas? –dijo una voz masculina.

–Sí… mirando a las estrellas... y más allá, Capitán Archer. –contestó Lisa sin dejar de ver al ventanal.

–¿Más allá? ¿Puede ver más allá de las estrellas? –cuestionó el capitán.

–Es en sentido figurado, Capitán. Más allá de estas estrellas, se encuentra la Tierra, nuestro planeta, al cual debemos proteger con esta misión –dijo Lisa con preocupación.

–Tranquila, Capitana. Nos irá bien. Salvamos a la Tierra esta vez, con esta primera batalla y la seguiremos protegiendo –afirmó el capitán Archer–. Además, tiene un gran equipo de trabajo que la aprecia y la admira.

–Gracias, Capitán. Y de mi equipo de trabajo, no sé si me admiren… Creo que muchos no me conocían hasta el día que tuve la conferencia oficial con ellos.

–Cómo puede creer que no la conocen, pues como alguna vez le mencioné, usted es una de las mujeres más poderosas del universo; es el ejemplo a seguir de mucha gente y ¿sabe? Estamos orgullosos de estar bajo sus órdenes –dijo Jack sinceramente.

-¡Oh! Ya veo. Entonces eso me motiva a ser mejor de lo que soy ahora. Tantos ojos puestos sobre mí y tantas vidas en mis manos –mencionó la capitana Hayes, con un tono de preocupación–, tengo que ser una buena líder.

–Cierto, capitana, usted tiene una gran responsabilidad, pero como le dije, todos vamos a apoyarla, en especial yo, pues además de ser el piloto con más experiencia en esta nave, soy el más guapo de los capitanes en espera de sus órdenes –le dijo Jack con una mirada pícara.

Lisa lo volteó a ver, abrió sus ojos enormemente y regresó su mirada al ventanal. «¿Acaso el Capitán Archer me está coqueteando? Al parecer, este hombre no pierde oportunidad de hacer gala de su atractivo físico… Quizá eso le haya funcionado con otras mujeres, pero no conmigo. Lo siento, capitán, sus esfuerzos son en vano.» dijo la capitana para sus adentros.

–Bueno, Capitana, ¿es que usted nunca sonríe? –preguntó Jack con una leve sonrisa en sus labios.

–¿Cómo dice? –preguntó Lisa desconcertada.

–Es que estoy tratando de decirle un chascarrillo para distraerla y liberar la tensión. No es bueno lidiar con tanto estrés.

–¿Y cuál se supone que fue el chascarrillo, capitán? –dijo Lisa, volteándolo a ver con sus ojos verdes que lo analizaban y que podían haber atemorizado a cualquiera.

«No ha bajado la mirada. Si fuera otro militar, ya estuviera temblando ante mi intensa mirada de Reina de Hielo» pensó Lisa y sonrió internamente.

–¿Tan malo soy con las bromas que ni siquiera pudo identificarla, capitana? –preguntó Jack con curiosidad.

–Capitán, lo que acaba de decir, no lo dijo de broma –afirmó Lisa con seriedad–. Usted sabe que es muy guapo, atractivo, con mucha personalidad y justo en este momento está tratando de coquetear conmigo –le dijo Lisa, dejando de observar a las estrellas y mirando fijamente a los ojos ámbar del capitán.

Jack quedó desarmado. Ninguna otra mujer lo había enfrentado de ese modo. Todas se ponían nerviosas ante su galantería y no podían sostenerle la mirada. El verde esmeralda de los ojos de ella se encontró con el ámbar cristalino de los ojos de él, quien cada día se impactaba más por los descubrimientos que hacía de la mujer que tenía frente a él. Y desde ese día, la capitana Hayes se convirtió en el más grande reto para el conquistador Jack Archer.

–Pero… –siguió hablando la capitana Hayes–. Ese tipo de atributos físicos no funcionan conmigo. No pierda su tiempo, capitán y ya deje de seguirme, pues no conseguirá nada –añadió Lisa con sarcasmo–. No sé qué hace aquí y por qué me lo encuentro todas las noches, precisamente en este corredor.

-Con todo respeto, mi Señora, no la estoy siguiendo –respondió ásperamente el capitán–. Mi habitación queda justo en este pasillo. Así que seguramente coincidiremos y nos estaremos encontrando frecuentemente. –aclaró Jack mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa suspicaz.

«¡Por fin te gané una, Hayes! Ya me habían advertido de tu carácter indomable, pero una cosa es decirlo y otra es conocerte en persona… ¡Eres indomablemente irresistible!» pensó el atractivo militar.

–Ya veo –dijo Lisa sin mucho interés y sin bajar la mirada.

–Y le aseguro, que de mi cuenta corre quitarle la tristeza a esos hermosos ojos verdes que usted posee. Aclaro que no es coquetería, sino una afirmación –aseveró Jack–. Buenas noches, capitana.

El alto capitán se despidió con el saludo militar, dio media vuelta y se dirigió a su habitación, que efectivamente estaba en ese mismo pasillo. A dos habitaciones del dormitorio de Lisa. Archer abrió la puerta de su apartamento. Lisa seguía viéndolo y el capitán, desde lejos, le dirigió una coquetísima sonrisa a la capitana, guiñándole un ojo y cerró la puerta. Lisa sólo acertó a abrir los ojos y sus labios tomaron una expresión de sorpresa ante el gesto despreocupado y de galán de galanes que el atractivo militar acababa de ofrecerle.

–¡Pero qué temple de este hombre! ¿Quién se cree? ¿Por qué siempre me toca lidiar con pilotos de boca floja? ¡Y éste es peor pues se siente muy guapo! Bueno… es cierto, es muy atractivo… ¡Cielos! ¿Por qué el jefe de mi grupo aéreo tenía que ser una mezcla de la coquetería de Roy Fokker con la insensatez de Rick Hunter? –mencionó Lisa en voz baja y entró a su habitación con una tímida sonrisa dibujada en su rostro.

«Buenas noches, capitán Archer… Cómo quisiera que el jefe del grupo aéreo fueras tú, Rick... ¿Qué estarás haciendo ahora? Ya no debería preocuparme de tu vida, porque seguro estás con ella, sin embargo, me es inevitable pensar en ti porque te amo, eso no puedo cambiarlo de la noche a la mañana ni de un universo a otro ni teniendo a un capitán coqueto que parece clon tuyo» pensó Lisa y se dispuso a descansar.

Todos los días en el SDF-2, había breves juntas informativas al inicio de la jornada, en las cuales, la Capitana Hayes les daba a conocer más detalles de los planes del Almirante Gloval con respecto a la misión. Les explicaba los objetivos diarios, mismos que estaban basados en la información de los descubrimientos de la flota Zentraedi: Había dos planetas con condiciones similares a la Tierra. Eran los planetas que ellos identificaron como Haydon y Tirol.

Los Zentraedi, cuando no estaban luchando, se dedicaban a viajar en el universo tratando de encontrar otros planetas para conquistar, así que eran grandes exploradores. Debido a los acuerdos de paz entre la raza humana y Zentraedi, Breetai había compartido la información de sus exploraciones intergalácticas con el Almirante Gloval. Así que para la misión del SDF-2, ya se tenían las localizaciones aproximadas hacia las cuales dirigirse.

El primer punto, era ir al planeta Haydon. Si bien, con el ataque de Khyron realizaron la primera transposición, por seguridad, no la dirigieron directamente al planeta Haydon, sino a un sitio en la galaxia, no tan cercano al citado planeta pero del cual pudieran navegar y acercarse a él, lo cual les permitiría explorar el espacio alrededor y conocer los peligros y condiciones espaciales existentes.

Habían transcurrido diez días en que habían salido del salto espacial y estaban navegando en el espacio. 50 días en total en que dejaron la Tierra y hasta ahora, había sido un viaje tranquilo.

Se realizaban vuelos de patrullaje todos los días, hacia perímetros controlados. Los reportes eran sin novedades.

–Bien, Comandantes, es todo por hoy. Ya es hora de su salida. –dijo la Capitana Hayes a su tripulación del puente de mando–. Yo me quedaré más tiempo aquí. Recuerden dejar encendidos tanto los pilotos automáticos como los sensores de las alarmas, así como también, ustedes deben estar disponibles en sus dispositivos móviles.

–Sí, señora –contestaron los comandantes al unísono.

–Capitana Hayes, quisiéramos ayudarle más –dijo el Comandante Ramírez.

–Gracias, Comandante Ramírez. Ya me apoyan todos los días. Cualquier cosa que necesite, me dirijo al grupo de guardia en el cuarto de comunicaciones- dijo la Capitana amablemente –. Ya es justo que se vayan a descansar, por hoy.

–Con todo respeto, Señora, trabaja usted mucho –afirmó el Comandante Delacroix.

–Si no trabajara demasiado, no sería ella. –dijo Kim ante la preocupación de los comandantes.

–Nosotras la conocemos de años, la capitana es así, siempre trabaja mucho –dijo Sammy.

–¿Cómo es que aguanta jornadas tan largas de trabajo? –preguntó Strauss, el gallardo comandante alemán.

–Es la esencia de la Capitana Hayes. Nosotras hemos aprendido mucho de ella. –respondió Vanessa.

–Es que nos preocupa, Capitana. Usted es nuestro líder y el cerebro de esta misión, no queremos que decaiga su salud, pues comienza a verse un poco demacrada. Cuídese, por favor –dijo Strauss.

Las chicas solo se miraron entre sí, ante la preocupación de la tripulación del puente.

–Agradezco su preocupación, les prometo que no me quedaré mucho tiempo después de nuestro horario de trabajo y me iré a descansar. Solo quiero analizar unos datos. Es todo –afirmó Lisa–. Nos vemos mañana. Buenas noches a todos, pueden retirarse a descansar.

–Buenas noches, capitana –contestaron al unísono.

Lisa estuvo analizando la ruta que estaban siguiendo. Si debían continuar navegando día tras día a la velocidad en la que iban o si también podían realizar otra transposición espacial y sus posibles consecuencias, pues gastarían gran cantidad de energía de los reactores principales misma que tardaría meses en volverse a producir. Igualmente, esa energía podría ser necesaria para utilizar las armas principales de la nave, pues no sabían a las amenazas que se enfrentarían. Lisa tenía que decidir lo mejor para la misión militar y colonizadora. Miles de vidas estaban a su cargo, tanto militares como civiles. Si bien, la población civil no era tan numerosa como la población que tenía el SDF-1, eran vidas y tenía que protegerlas a toda costa.

El SDF-2 era mucho más grande que el SDF-1. Técnicamente mejorado, con varios sistemas de armamento y de energía, así como diversos sistemas de barrera de protección. La experiencia adquirida con el SDF-1, había servido de base para el diseño y construcción de la nueva fortaleza. Por otra parte, los civiles que se enlistaron para la misión, eran gente que había perdido todo en la gran batalla contra Dolza y voluntariamente se anotaron para ser los colonizadores de un nuevo planeta. Su mentalidad era que no tenían nada que perder y mucho que ganar para ayudar a la supervivencia de la humanidad. Estas decisiones giraban en la cabeza de Lisa, por lo cual, cada noche se quedaba a analizar los datos recopilados durante el día.

«Suficiente por hoy» pensó la capitana y se fue a su dormitorio. Esa noche se sentía particularmente cansada, sin embargo, como era su costumbre, antes de entrar a su habitación, se dirigió al ventanal al final del pasillo, para enviar sus buenos deseos a Rick. De cierto modo sentía que las estrellas y su inmensidad, la conectaban con él. «¿Qué estarás haciendo, amor? ¿Amor? Nunca pude llamarte así cuando estuve junto a tí». El tren de pensamientos de la capitana fue drásticamente interrumpido.

–Y nos volvemos a encontrar, capitana –dijo esa voz tan común últimamente.

Lisa solo rodó sus ojos para sí misma y pensó «Bueno, este hombre se ha convertido en una calcomanía, mi guardia personal ¿o qué? Le contestaré por educación.»

–Buenas noches, capitán. Ya me iba a dormir. –respondió Lisa sin dejar de mirar a las estrellas.

–Yo no estoy muy seguro de que ya se vaya a dormir. Aún sigue de pie frente a esta ventana, sin intenciones de entrar a su habitación. Quizá es porque no tiene compañía. –le dijo el Capitán sin ninguna mesura.

–¿A qué se refiere, capitán? –dijo Lisa con un poco de molestia en su voz y esta vez dirigiendo su mirada hacia él.

–Ehm… A las estrellas, capitana... Las estrellas le hacen compañía y por eso todas las noches las observa. –le contestó Jack con tranquilidad, desviando la idea original de su comentario, pues él quería proponerse como acompañante para la capitana.

Lisa dio un gran suspiro y trató de no estar a la defensiva para tener una plática normal con Archer.

–Sí, capitán. Me gusta ver las estrellas y la inmensidad del universo. –dijo Lisa con un tono de voz neutral y volvió a mirar a las estrellas.

–Lo sé. Por eso es que aceptó esta misión…

–Sí... Y porque… Bueno, sí, por eso…

Lisa dudó en ampliar su respuesta. Parcialmente era cierto, le gustaba el espacio. Había aceptado la misión porque en parte era su sentido del deber y la otra parte era para escapar de Rick ahora que formalmente estaba con Minmei.

Jack se acercó a ella y se puso a la misma distancia frente al ventanal.

–Lo que no sabe usted, es que las estrellas la envidian –seguía diciendo Jack con una voz tranquila pero muy varonil, lo que provocó que Lisa volteara a verlo inmediatamente.

–¿Qué dice, capitán? –preguntó Lisa muy contrariada.

–Dije que las estrellas la envidian… Envidian su belleza y ese brillo que sus ojos desprenden cuando usted defiende su punto de vista. Sus ojos resplandecen tanto que opacan a cualquier estrella.

Lisa no dejaba de ver al capitán, estaba sorprendida por la osadía de éste pero al mismo tiempo, parecía que la voz de él iba alejándose y perdiendo volumen. Veía que el capitán continuaba hablando pero ella ya no lograba captar lo que él estaba diciendo.

Mientras tanto, Jack empezaba a sonreír triunfante porque por primera vez, sus palabras, fuera de temas oficiales, habían logrado captar la atención de tan bella mujer, quien lo empezaba a mirar con ojos de ensoñación. «Voy bien. He captado su atención.» pensó.

–Y como le dije, yo me encargaré que sus ojos mantengan ese brillo hermoso que tienen, tan hermoso como usted… -dijo Jack, acercándose lentamente a Lisa.

Lisa lo miró y mordiéndose el labio inferior, también se acercó a él mientras colocaba su fina mano de largos dedos en el pecho del capitán y con la otra mano, lo sujetaba del brazo, como buscando apoyo.

Esta acción sorprendió a Jack, quien pensó que había dicho las palabras adecuadas pues Lisa estaba reaccionando mejor de lo que él hubiera imaginado. Prácticamente la capitana lo estaba abrazando. Lisa levantó la cabeza para mirar a Jack a los ojos. Los ojos de ella estaban entrecerrándose y seguían teniendo una mirada de ensoñación.

El Capitán se sentía triunfante. Por fin, la capitana empezaba a corresponder a su galantería. Jack fue acercándose más y más hasta bajar su cabeza preparándose para besar a tan atractiva mujer. Entonces la Capitana le dijo:

–Capitán… por favor… abráceme… –dijo Lisa con un susurro de voz.

–Claro, Capitana, abrazarla es un placer –respondió coquetamente el capitán. Cerrando el espacio entre ellos y tomándola de su breve cintura.

–No me suelte… por favor… porque creo... que… me… voy a –fue lo último que pronunció Lisa cuando se desvaneció en los brazos del capitán.

–¡Capitana! –exclamó Jack reaccionando imediatamente para sostener a Lisa–. ¡Rayos!

Continuará…

Nota de autor:

Jack Archer, ¡A escena!

Comparto el sexto capítulo de este fanfic. Un capítulo tranquilo, necesario para la evolución de la trama y en el que comienzan a verse las intenciones del atractivo y seductor capitán Archer.

Esta historia trata de muchos "¿qué pasaría si…?" que me hubiera gustado se exploraran en la serie original, pero como no fue así, lo voy a expresar en los capítulos de este fic.

Agradezco sus comentarios. Siempre es un gusto leer sus ideas.

¡Saludos a todos!

***Capítulo dedicado a un hermoso ser de luz y de amor incondicional***