CAPÍTULO 9
Jack llevó a Lisa a un restaurante italiano, de estilo elegante y con música instrumental de fondo. Las mesas estaban dispuestas de manera cuadrangular y dejaba un espacio en medio de ellas para las parejas que quisieran bailar de salón. Las chicas habían asesorado muy bien a Jack en lo que se refería a los gustos de la Capitana. Le dijeron que a Lisa le encantaba la comida italiana y que le gustaban los sitios tranquilos.
Entre tanto, el host los dirigió a la mesa reservada para ellos. Al caminar, Lisa iba aferrada al brazo de Jack, lo cual le resultó extraño al atractivo capitán.
–¿Qué sucede, Lisa? –preguntó Jack con curiosidad–. ¿No te sientes cómoda?
–Son las zapatillas, Jack. –respondió Lisa.
–¡Pero si tú hasta corres con tus zapatillas del uniforme! –exclamó Jack.
–¡Oh sí! Sólo que ahora es diferente… –rió Lisa nerviosamente–. No quisiera caerme cuando es mi debut en sociedad, como dicen las chicas y más, cuando tengo a un capitán como acompañante. Así que aprovecha, Jack, a sujetarme fuerte. De verdad, no quiero caerme. ¡Estas zapatillas tienen unos 12 o quizá 15 cm de tacón!
–Lo único que noto es que te ves hermosa, Lisa. Además, ahora tienes la estatura perfecta para mí. –mencionó Jack muy coqueto, sujetándola firmemente de la cintura y con su otra mano le ofreció apoyo.
–Le recuerdo, capitán, que esto no es una cita romántica, sino una cena para relajar a su capitana –dijo Lisa, como si estuviera dando una orden y luego rió.
–El romanticismo y el amor quitan el estrés –respondió Jack con un guiño.
–¡Eres imposible! –contestó ella con una sonrisa.
–Puedo ser todo lo posible que tú quieras... –le dijo Jack con voz seductora.
–Aquí está su mesa –dijo el host–. En un momento les toman su orden. Que disfruten su velada.
Jack ofreció la silla a Lisa y la acomodó para que ella se sentara. Después él se sentó y quedaron frente a frente El camarero les proporcionó el menú. En lo que Lisa observaba el suyo, Jack no dejaba de admirarla. Lisa se veía realmente hermosa. Ambos ordenaron. Lisa pidió una lasaña y Jack ordenó ravioles.
–¿Puedo ofrecerles un vino tinto? –preguntó el camarero.
Lisa se sorprendió al oír la palabra vino y enseguida se puso a pensar en lo que sucedió la última vez que tomó vino. «La última vez que tomé vino, Rick y yo… estuvimos… juntos… ». Por ésta y otras razones, declinó la oferta.
–Para mí, no, gracias. Me gustaría una naranjada natural –dijo Lisa.
–Yo sí, quisiera una copa del mejor vino tinto que tenga –solicitó Jack. ¿Tienes problemas con el alcohol?
–¿Problemas? No, ninguno, es solo que no bebo alcohol. Menos ahora que… -Lisa se detuvo en seco. Jack la miró extrañado.
–¿Decías?
–Que… tengo miles de vidas en mis manos –contestó Lisa con nerviosismo.
–Entiendo. Pensé que te convertías en una fiera indomable y después no iba a poder contigo.
–Oh, Jack, ¡qué cosas dices! –dijo Lisa.
–Al menos te estoy haciendo sonreír. Tus ojos tienen un brillo especial esta noche.
–Jack, yo quisiera…
–¿Quieres bailar? –Jack no dejó terminar a Lisa.
Lisa dudó ante tal ofrecimiento. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que ella había bailado con alguien, además, las zapatillas eran muy altas y corría el riesgo de caerse y éste no era el momento para arriesgarse.
–Vamos, voy a seguirte y a cuidar que no te caigas –le dijo un sonriente Jack.
–Está bien –respondió Lisa.
Caballerosamente Jack extendió su mano a Lisa y tomándola de la cintura, se dirigieron a la pista de baile. Hacían muy bonita pareja y acapararon las miradas de los comensales que estaban ahí. Algunos reconocieron a la Capitana pero no conocían al apuesto caballero que la acompañaba, pensaban que si sería el Capitán Hunter, por el parecido físico con el Capitán Archer.
La música era de piano, suave y cadenciosa. Jack acercó a Lisa hacia él, sosteniéndola de su espalda descubierta. Sentir la piel tersa y desnuda de la capitana, envió descargas eléctricas al Capitán e incluso a la propia Lisa, porque no estaba acostumbrada a ese tipo de contacto. Se sentía algo extraña pues las manos que la estaban abrazando no eran las de Rick, quien había sido el único hombre en la vida de ella. Sin embargo, de cierto modo, Lisa se sentía cobijada por los brazos de Jack, quien no dejaba de admirarla.
«Jack… Me recuerdas tanto a Rick. El parecido físico es impresionante, solamente la altura es la que me hace poner los pies sobre la tierra y saber que no eres él. Son tan parecidos y tan distintos a la vez» pensaba Lisa mientras veía los cristalinos ojos ámbar del capitán.
«Lisa… Eres tan hermosa y tan parecida a la mujer que amé. Eres fuerte y a la vez, frágil, inteligente, elegante… No pensé que volvería a fijarme en alguien más, pues sellé mi corazón el día en que la perdí pero tengo tantas ganas de besarte, de cuidar de ti, de estar a tu lado» decía el capitán para sus adentros, observando a Lisa sin parpadear y sonriéndole coquetamente. Finalmente, se decidió a hablar.
–Lisa, yo quisiera pedirte que… –Jack hizo una pausa.
–¿Decías, Jack? –preguntó ella.
–Quisiera que me dejes estar a tu lado y... que me des una oportunidad de conquistar tu corazón. Sé de tu historia agridulce con ese piloto. Solo que él se quedó en la Tierra y tú y yo estamos aquí.
Lisa tenía los ojos abiertos a más no poder y pensaba «¿Sabe mi historia? ¿Cómo es posible, si yo he tratado de mantener un bajo perfil social y …». La bella militar no pudo aguantar su duda.
–¿Cómo es que sabes de mí y de mi historia? –preguntó Lisa sorprendida.
–¡Cómo no saberlo! Creo que tu historia de amor y desamor con Hunter es más que conocida entre todos los militares, incluso entre los que no pertenecíamos a Nueva Macross, como yo. Lo que nunca nos quedó claro, es por qué lo elegiste a él y por qué le aguantaste tantas jugarretas y malos ratos –espetó Jack amargamente y pudo sentir cómo el cuerpo de Lisa se tensaba y sus ojos volvían a recobrar su infinita tristeza.
–Bueno, yo... no quisiera hablar de eso… -dijo Lisa esquivando la mirada de Jack.
–Discúlpame, Lisa… no quise… incomodarte… uhm… olvídalo, mejor regresemos a la mesa pues acaban de servir la cena –dijo Jack y pensó para sí mismo «¡Imbécil! ¡Estoy arruinándolo todo!»
Una vez en la mesa y tratando de dejar atrás el momento incómodo, se dispusieron a cenar. Lisa enseguida probó la lasaña y la sonrisa volvió a sus labios:
–¡Mmm! Está riquísima, Jack. Muchas gracias por todo –exclamó ella y siguió devorando su platillo.
–¡Qué bueno que te gustó! Lisa, al parecer todo lo haces con pasión: tu trabajo y hasta tu forma de comer –dijo Jack entre risas.
–Oh, disculpa, normalmente no soy así, ¡es que esto está riquísimo! –decía Lisa muy sonriente.
–¡Pues adelante! –respondió Jack–. Por cierto, ¿comiste hoy, Lisa?
–No… no tuve tiempo… –dijo una apenada Lisa.
–Ya veo por qué tienes tanto apetito… Espero algún día me devores así –dijo Jack sosteniéndole la mirada a Lisa.
Lisa casi se atraganta con ese comentario. «Jack, eres un coqueto seductor por naturaleza» pensó la capitana y sonrió.
–¡Hey! ¿Es que no vas a dejarme de lanzarme indirectas toda la noche? –preguntó Lisa.
–Es que es mi manera de relajarte y hacerte reír –dijo Jack sonriéndole y guiñando un ojo.
–Bueno, ya que te gustan las indirectas y los temas fuertes… cuéntame de ti –respondió Lisa–. Eres muy atractivo, caballeroso y seductor. Un hombre que se ve que ha vivido mucho, tanto cosas buenas como malas. ¿Cómo es que sigues soltero?
Ahora fue Jack a quien la comida pareció atragantársele. La sonrisa se borró de su rostro y bajó la mirada hacia su plato, formándose un incómodo silencio.
–Jack… no quise incomodarte… si te trae recuerdos no gratos, olvida mi pregunta.y continuemos disfrutando de esta velada –agregó Lisa con una tierna sonrisa, alcanzando la mano de Jack. Era la primera vez que ella tenía algún gesto así con él, lo cual no pasó desapercibido por el Capitán.
–No te preocupes, Lisa. Yo empecé con esto, así que voy a responderte –contestó Jack con seriedad–. Yo tengo un pasado en el cual hice cosas, digamos, prohibidas.
–¿A qué te refieres? –preguntó Lisa mientras seguía disfrutando su platillo.
–Era muy joven cuando me quedé huérfano. Fui reclutado por la milicia de mi país y empecé a destacar como piloto debido a mis habilidades en vuelo. Sin embargo, debido a mi juventud y mi rebeldía, comencé a hacer todo tipo de trabajos y me convertí en un mercenario a sueldo, trabajando así para la milicia así como para los enemigos de mi país.
Al escuchar esto, Lisa levantó la cabeza y abriendo sus ojos a más no poder, dirigió su mirada a Jack.
–Sorprendida, ¿no es así? –continuó Jack.
–Sí… es solo que no me esperaba escuchar eso –respondió Lisa.
–Así, me convertí en un agente libre. Viajé a muchos países, conocí a mucha gente y a… –Jack no pudo continuar porque Lisa interrumpió.
–¿Y a muchas mujeres? Y es por eso que sabes ser un seductor atractivo
–Bueno, no era precisamente lo que iba a decir. Sí, conocí a muchas mujeres pero creo que estoy perdiendo mis encantos seductores –dijo Jack en tono de broma.
–¿Cómo es eso?
–No he podido seducir a la capitana más bella del universo.
–Oh, ya veo –respondió Lisa–. Lamento decirte que eso no será posible.
–¿Quieres intentarlo?
–Preferiría que continuaras con tu relato. Decías que conociste a mucha gente… –comentó Lisa.
–Sí, conocí a mucha gente y también conocí a Roy.
–¿Roy Focker?
–Sí, el mismísimo as del pilotaje.
–¡Vaya! ¡No lo sabía!
–Nos conocimos durante la guerra global y nos convertimos en buenos amigos. De hecho, fue Roy quien me invitó a unirme a las fuerzas Robotech, como piloto de prueba de los primeros modelos de los varitechs y después participé en la reconstrucción del SDF-1.
–¡Increíble!
«¡Vaya! Además de las similitudes físicas, Rick y Jack tienen varias coincidencias. Ambos fueron invitados por Roy a participar en la RDF y ambos son excelentes pilotos. Estoy muy sorprendida».
Jack veía el genuino interés de Lisa en la conversación. «Me agrada que haya captado totalmente tu atención, preciosa».
–También estudié en la Academia Robotech. Mis habilidades de vuelo eran sobresalientes pero no así la parte teórica, que fue lo que impidió que me graduara con honores. Soy 100% práctico.
–¡Wow! –exclamó Lisa–. Tu historia me ha impresionado pero tengo una duda…
–Adelante, Lisa.
–Si estabas en la RDF cuando el SDF-1 estaba en la Tierra, ¿por qué no fuiste al espacio con nosotros?
–Porque estaba asignado a la Tierra y no al área espacial. Además, en la primera batalla con los Zentraedi, el día de la exhibición aérea, fui derribado y estuve internado en el hospital. Antes del despegue del SDF-1, fui reasignado a la Base Alaska y fue por eso que no viajé con ustedes.
–Jack, tu historia no deja de sorprenderme –comentaba Lisa–. ¿Entonces estuviste en la base en Alaska?
–Así es. Ahí estuve hasta que me asignaron a la base en Australia.
–Si estuviste en la Base Alaska, entonces debiste haber conocido a…
–¿Al Almirante Hayes?
–Precisamente…
–Sí, Lisa, conocí al Almirante… Tu padre… –respondió Jack.
–¿Cómo… cómo lo sabes? –preguntó Lisa–. Si yo siempre traté de mantener oculto ese parentesco con mi padre. Incluso él me pedía que lo llamara por su rango en asuntos laborales.
–Bueno, no hay muchos Hayes en la milicia y muchos sabíamos de la existencia de la hija del Almirante –añadió Jack–. También sé que te graduaste con honores de la Academia Robotech y que tú sola te labraste tu camino en la milicia, sin el apoyo de tu padre.
–Es verdad, Jack. Hubiera sido sencillo pedirle su ayuda pero todo lo que he logrado, ha sido por méritos propios –dijo Lisa y sonrió–. No tenía idea de que hubieras conocido a papá…
Súbitamente, la mirada de Lisa se tornó melancólica. Jack lo notó enseguida.
–¿Pasa algo? –preguntó él.
–Es solo que recordé a papá –respondió ella–. ¿Sabes? Murió frente a mis ojos… Él estaba hablando conmigo a través del monitor en el área del Gran Cañón, cuando éste explotó y…
Jack tomó la mano de Lisa en señal de apoyo.
–Tranquila, Lisa. La guerra con los zentraedi fue tan devastadora. Casi todos perdimos a nuestros seres queridos –dijo Jack con voz serena, ofreciéndole una cálida sonrisa a Lisa.
–Gracias, Jack… Tú… ¿tú también perdiste a alguien querido?
–Verás, yo… amé a alguien con todo mi ser –comenzó a contar el apuesto capitán–. Cuando nos conocimos, no podíamos vernos ni en pintura, éramos como el agua fría y aceite hirviendo, juntos echábamos chispas y peleábamos por todo. Un buen día, tuvimos una plática decente y decidimos abrir nuestros corazones. Sentimos que nos entendimos y empezamos a salir en plan amistoso. Nos identificamos tan bien, que las salidas comenzaron a ser más frecuentes y pasábamos juntos la mayoría de nuestro tiempo libre. Fue así que nos enamoramos, nos comprendimos y decidimos vivir juntos para formar nuestra propia familia.
Lisa lo escuchaba muy atenta. De cierta manera, el comienzo de la historia de Jack era similar a la suya con Rick. Lisa estaba completamente interesada en oír al capitán y sus pensamientos iban al piloto de ojos azules y cabello alborotado.
–Desde el día en que me enamoré, se acabó Jack el mercenario, el conquistador, el que aprovechaba cualquier oportunidad para salir con chicas. Y a ella, le di la mejor versión de mí porque la amaba tanto…
Lisa sonreía tiernamente. Escuchar a Jack con esa voz que salía de su corazón, la había emocionado.
–¡Qué historia tan romántica! –exclamó Lisa–. Puedo preguntar… ¿Qué pasó después? ¿Por qué no está ella contigo? –preguntó intrigada.
–El ataque de Dolza me la arrebató. Se llevó a quien más amaba y se fueron mis sueños de formar una familia con ella –dijo Jack, con dolor en su voz.
–Oh, Jack, lo siento. No… no debí preguntar –comentó Lisa muy apenada–. Cambiemos de tema, si tú quieres. –propuso con consternación.
–Está bien, Lisa. Ya han pasado varios años. Lo he superado, es solo que me hubiera gustado verla y despedirme de ella. Ver su cabello pelirrojo y sus hermosos ojos verdes, así como los tuyos –mencionó Jack.
«Ojos verdes como los míos» pensó Lisa, quien solo se limitó a escuchar pues Jack estaba abriendo su corazón con ella. «Jack, deduzco que tu interés en mí se debe a que te recuerdo a la mujer que tanto amaste porque físicamente somos parecidas. Así como tú me recuerdas a Rick. Sin embargo, tu chica ha muerto y no hay nada por hacer. Caso contrario con Rick, quien aún está vivo... Eso me atormenta y a la vez, me hace tener esperanzas de verlo y más ahora qué yo…». Lisa fue sacada de sus pensamientos por la varonil voz de Jack, quien continuaba relatando su historia.
–¿Sabes? Nunca encontraron su cuerpo después del ataque –dijo Jack–. No volví a verla otra vez. Me quedó ese deseo de despedirme, de decirle cuánto la amaba, de decirle adiós para siempre. La busqué por más de dos años y nunca tuve éxito.
–Entiendo, Jack. Mucha gente quedó desaparecida o … destruida al instante. Fue un ataque masivo, muy poderoso. Hubo… hubo muy pocos sobrevivientes –respondió Lisa empáticamente, sujetando la mano del capitán por un momento–. Lo siento mucho. Aunque estoy segura que ella sabía cuánto la amabas y donde quiera que ella esté, quiere verte feliz.
–Eso trato, Lisa. La vida sigue…
–¡Hey! –exclamó Lisa, volviendo a tomar la mano de Jack–. Se supone que era una cena para relajarnos y mira, nos estamos poniendo nostálgicos. Mejor cuéntame algo alegre, por ejemplo, si hubieras viajado con nosotros en el SDF-1, podrías haberme empezado a acosar desde esos días –dijo Lisa en tono burlón.
–Si yo hubiera sabido que tan bella dama como tú era la primera oficial del SDF-1, no hubiera dudado ni un segundo en cambiarme de la división aérea a la espacial –estalló Jack en risas.
–Qué bueno que te ríes, ya empezaba a preocuparme –rió Lisa también.
–Lo que menos quiero es preocuparte –respondió Jack–. Bueno, algo que no te he dicho es que cuando Roy Focker y yo estábamos en el mismo escuadrón, nos decían los gigantes, pero yo me gané el apodo del Gigante Asesino, por esos trabajos exclusivos que tenía que hacer y porque no se me escapaba ningún enemigo en el aire.
–Ya veo… -contestó Lisa.
–Y yo veo que ya acabaste tu lasaña. ¿Te gustaría algún postre? –preguntó Jack.
–Ehm… quizá una rebanada de pastel.
–De verdad, pide con confianza. Yo pediré un helado napolitano.
–De acuerdo –dijo Lisa sonriéndole.
Así, transcurrió la velada. Ellos siguieron platicando anécdotas y a grandes rasgos, platicaron de la revisión médica de Lisa, hasta que llegó el momento de regresar a los dormitorios de la base.
–Muchas gracias por la cena, Jack. Por contarme tu historia y... por todas las cosas que me enviaste con las chicas. Tendré que hablar muy seriamente con ellas –dijo Lisa con una sonrisa.
–Fue un placer, Lisa. Espero que se repita y aceptes volver a salir conmigo. También me da mucho gusto saber que tus análisis salieron normales y que está todo bien contigo. –mencionó Jack.
–Bueno, de eso… yo, quiero decirte algo pero no sé cómo… -habló Lisa con mucha duda en su voz
–Ya me lo imagino, Lisa, no te preocupes. –interrumpió Jack.
–¿Te lo imaginas? Pero… ¿cómo lo sabes? –Lisa pensaba en decirle algo más, muy personal.
–Lo sé, lo veo en tus ojos.
–¿En mis ojos?
–Sí, son como cristales transparentes, no pueden ocultar nada. En ellos puedo ver que todavía lo amas y que no puedes ofrecerme algo más que amistad. Descuida, Lisa, no voy a presionarte y yo sabré esperar por ti.
Lisa abrió los ojos sorprendida.
–Jack, no me refería precisamente a eso... yo…
–Llegamos, Lisa. No digas más. Gracias por aceptar mi invitación. Disfruté mucho tu compañía –dijo Jack.
–Gracias a ti, Jack, por todo. –dijo Lisa y le sonrió.
–Au revoir, mademoiselle –habló Jack en un tono muy seductor, tomando la mano de Lisa para darle un beso.
–Au revoir, monsieur. –contestó Lisa.
Jack le sonrió y se acercó a darle un beso en la mejilla, que por la cercanía, casi lo deposita en los labios de ella y se fue, dejando a Lisa sorprendida y confundida con tal acción.
Ambos entraron a sus respectivas habitaciones. Jack se sentía muy contento y a la vez, melancólico porque recordó a la mujer que había amado alguna vez. Sin embargo, estaba cautivado por Lisa, por su personalidad, su inteligencia, su belleza y las cualidades que ella poseía. Dio un gran suspiro y se dispuso a cambiarse de ropa para dormir.
Al entrar a su habitación, Lisa cerró la puerta y se quedó unos segundos recargada en ella, recordando los sucesos de la noche. Comprendió más del capitán y su manera de actuar. Jack era un hombre muy atractivo y la había tratado muy bien.
Lisa se dirigió a su recámara y volvió a observarse en el espejo, aún usando el vestido rojo y las zapatillas. Sonrió y pensó que efectivamente, se veía muy bien. Procedió a quitarse la ropa y los zapatos, se deshizo el peinado y buscó su ropa para dormir. Nuevamente se detuvo frente al espejo, observándose completamente desnuda y trazando con sus manos, las figuras femeninas de su bien torneado cuerpo: sus cuello, sus hombros, sus senos, su cintura, su abdomen, sus muslos y regresando sus manos al abdomen. Suspiró, se puso su ropa, fue al baño a asearse y a quitarse el maquillaje y se dispuso a dormir, abrazando una almohada y pensando en los acontecimientos que estaban por venir.
Continuará…
Nota de autor:
Hola a todos. Comparto este capítulo, en el cual se narra parte de la vida de Jack Archer. Si bien, no aparece en la serie Robotech como tal, es un personaje muy conocido del universo de los videojuegos de Robotech y que muchos autores de fanfics lo hemos elegido para hacer la competencia a Rick Hunter, incluso hay varios lectores que muestran afinidad con Jack (Archer's team).
Este es un capítulo de enlace, necesario para dar continuidad a la historia debido a algunos detalles que serán retomados en capítulos posteriores.
Gracias por los comentarios que han escrito y asimismo, agradeceré sus reviews a este capítulo.
Saludos.
