CAPÍTULO 10

Los días en el espacio transcurrían con tranquilidad mientras la fortaleza espacial navegaba hacia el planeta Haydon. La amistad entre Jack y Lisa se hacía cada vez más cercana y sólida. Se les podía ver juntos por los pasillos o degustando sus alimentos en compañía uno del otro, cuando así era posible. Por otra parte, las chicas y los comandantes también habían estrechado lazos de amistad y a su vez, los comandantes se habían convertido en fieles subordinados de la capitana Hayes, quien consideraba a la tripulación del puente, como si fuera su propia familia.

Entre tanto, en la Tierra, había llegado el tan esperado día para Minmei, mismo que se había convertido en un fatídico día para Rick, quien siempre había soñado con casarse con la hermosa chica que conoció años atrás y que ahora era una celebridad, sin embargo, ese sueño estaba lejos de hacerlo feliz, porque no se estaba casando por amor, sino por cujplir una responsabilidad que contrajo con la cantante.

La mayoría de las personalidades de Ciudad Macross y de las ciudades aledañas, estaban reunidas en el majestuoso salón que contrató Minmei para su boda. Entre ellas se encontraban famosos actores, músicos y cantantes, reconocidos militares, personalidades del gobierno y civiles, los tíos de Minmei, así como una multitud de integrantes de los medios de comunicación. Minmei había vendido la transmisión exclusiva de su boda al canal MBS, mismo que la había seguido desde sus inicios como cantante y que había pagado una fortuna por tener los derechos de transmisión de tan grande y esperado evento, pues se trataba de la boda de la famosa cantante Lynn Minmei con el reconocido militar y héroe de guerra de la RDF, Richard Hunter.

A petición de Rick, Max era el caballero de honor que lo acompañaba. Roy y Claudia no asistieron porque Roy seguía hospitalizado debido a que su estado de salud se reportaba estable pero delicado. aunado a que para Claudia, Rick estaba cometiendo un error garrafal al casarse con la estrellita del canto, pues ella le decía que podía hacerse responsable de ese bebé sin necesidad de casarse, además de que había una gran duda que el bebé fuera efectivamente de Rick y no de Kyle o de alguien más. Por estos motivos, Max nunca se apartó de Rick puesto que sabía la congoja de su amigo y se dedicó a apoyarlo aunque no estuviera de acuerdo con la boda.

–¿Estás seguro, Rick? Aún puedes retractarte –cuestionó Max.

–¿Cómo podría, Max, si ya está todo listo? Además, lo hago por mi hijo –dijo Rick sin nada de emoción.

–Está bien, Rick. Cuentas conmigo incondicionalmente –dijo Max mientras tocaba el hombro de Rick en señal de apoyo.

–Lo sé, amigo. Lo sé y muchas gracias –respondió Hunter, casi sin ganas.

–El pajarraco cantor ha llegado… –avisó Miriya, con enojo en su voz–. Rick, si tú quisieras, le doy su merecido a ésa y la boda se suspende.

–No, Miriya. Ella lleva a mi hijo, debo cuidarla para que mi bebé nazca bien –dijo Rick.

–Te entiendo. –afirmó Miriya–. Siempre y cuando ese bebé sea tuyo…

–Mir, amor, ya hemos platicado de eso. Creo que Rick no la está pasando bien, hay que apoyarlo.

–Disculpa, Rick, es solo que yo no estoy de acuerdo. Siento que debes casarte por amor, como Max y yo –afirmó la zentraedi–. ¿Amas a Minmei?

Hubo un silencio.

–¿Ves? Ese silencio es la respuesta. Aunque tú no lo quieras aceptar, tu corazón pertenece a alguien más…

–Pero ella está muy lejos y quizá no vuelva a verla jamás –respondió Rick acongojado–. Vamos, amigos, se hace tarde.

Así, los tres militares fueron al salón ceremonial. Rick y Max se dirigieron a la mesa principal donde estaba el juez con el libro de actas para proceder a celebrar el matrimonio. Las mesas y asientos estaban dispuestos para dejar un pasillo por el que Minmei iba a hacer su magnífica entrada hacia donde se encontraban Rick y el juez. Ella tenía una cara de satisfacción, una sonrisa y una felicidad que no podía ocultar, pues ese día se casaba con uno de los máximos héroes de guerra, un hombre universalmente conocido, uno de los solteros más guapos y codiciados, lo que significaba un trofeo para ella pues uniría su vida con el recién ascendido Mayor Richard Hunter.

El momento había llegado. Minmei inició su entrada al recinto. Llevaba un vestido blanco de seda, strapless, con escote tipo corazón. El vestido estaba tan entallado que dejaba poco a la imaginación y hacía que la cantante luciera su hermosa y voluptuosa figura. Un velo transparente cubría su cara y la cola del velo era larguísima. Minmei no quiso que su tío Max la entregara por la relación de éste con Kyle, entonces el mayor de Ciudad Macross era quien la acompañaba hasta la mesa principal, donde estaba Rick, que parecía un robot. Escuchaba los cuchicheos de los reporteros, que decían que él se veía tan atónito, que quizá era porque había mucha gente o porque estaba tan enamorado que por fin veía su sueño hecho realidad al casarse con la cantante, pues él había esperado el amor de ella, desde que se perdieron juntos en el SDF-1.

Después de irse luciendo y caminando a paso lento, finalmente Minmei llegó con Rick, quien no acertaba qué hacer. Max tuvo que decirle a Rick que tenía que descubrir la cara a Minmei. Rick hizo ese movimiento como si fuera un autómata. Minmei se veía triunfante y muy feliz. El rostro del militar no reflejaba emoción alguna aunque igualmente reconoció que Minmei se veía hermosa.

A continuación, se llevaron a cabo los protocolos para el matrimonio y antes de que el juez les entregara el libro de actas para firmar, el abogado de Minmei le entregó un documento a Rick, para que lo firmara.

–¿Qué es esto, Minmei? –preguntó Rick en voz baja.

–Es un contrato prematrimonial –contestó ella, con la mejor de sus sonrisas, mirando a las cámaras.

–¿Contrato prematrimonial? Nunca me hablaste de esto –respondió Rick.

–Es solo para que no te divorcies de mí en los próximos tres años –mencionó ella muy quitada de la pena.

–¡¿Cómo?! Yo no firmaré eso –espetó Rick–. O quitas ese documento de aquí o no me caso contigo. Lo que te interesa es casarte y eso ya te lo estoy concediendo. ¡Olvida esa basura de contrato o no me caso!

–Pero Rick, ¡¿cómo me haces esto?! Nos están grabando y transmitiendo en vivo. Sonríe, por favor, amor y firma.

–Me retiro entonces –dijo firmemente Rick.

«¡Es mi oportunidad de acabar con esta locura! No me importan los medios de comunicación ni que me estén viendo en el universo entero, me retractaré y...» sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz chillona de la chica.

–Entonces, querido Rick, ¡jamás verás a tu hijo! Sólo le daré mi apellido y no tendrás ningún derecho legal sobre él –lanzó Minmei con rencor en su voz.

-Eres… eres de lo peor. Sabes cuánto amo a ese bebé –susurró Rick–. Solo firmaré el acta de matrimonio. No más.

Debido a que se había formado un silencio incómodo, los asistentes al evento se preguntaban qué pasaba. El canal de televisión seguía transmitiendo y la gente en sus casas se estaba enterando de todo, si bien, no se escuchaba del todo, los gestos faciales y el lenguaje corporal de los novios decía más que mil palabras. Entonces Rick habló.

–Señor juez, procederemos con la firma del libro de actas. Estoy tan ansioso por casarme que no puedo esperar ni un minuto más –dijo Rick con sarcasmo. Sin embargo, nadie lo notó pues por la emoción del momento, los asistentes comenzaron a aplaudirle.

Con dolor en su corazón, Rick procedió a firmar el acta, después Minmei y posteriormente, los testigos. Una vez cumplido el protocolo y leídos los derechos y obligaciones del nuevo matrimonio, los asistentes comenzaron a vitorear y a corear: ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!

Minmei y Rick se dieron su primer beso como matrimonio. Rick sentía que los labios de la cantante le quemaban. Se sentía tan impotente y desolado, hizo un sobreesfuerzo por aguantar las lágrimas y no rechazar a su ahora esposa.

La pareja hizo su recorrido por el salón, hasta llegar a la mesa de honor. Ahí se llevó a cabo el brindis, por parte del mayor de Ciudad Macross, posteriormente hubo un momento para los abrazos, buenos deseos y entrega de regalos.

–Hijo, ¿estás bien? –preguntó el Almirante Gloval.

–Almirante... No, no lo estoy. Es solo que… bueno… –respondió Rick cuando el Almirante lo interrumpió.

–Lo entiendo y lo sé, no tienes que darme explicaciones. Cuenta con mi apoyo para lo que necesites, nunca lo dudes. Ustedes son como mis propios hijos –le dijo el Almirante, dándole un abrazo fraterno.

–Gracias, Almirante.

–¡Almirante! ¿A mí no me va a felicitar? –dijo Minmei, casi cantando.

–Señorita Minmei, felicidades por su matrimonio. En hora buena –el Almirante le dio un abrazo a la cantante.

–Prensa, por favor, tómenme una foto con el Almirante y con mi esposo.

Minmei posó con la mejor de sus sonrisas, mientras que en Rick reinaba la seriedad. El Almirante mantuvo su ecuanimidad, como siempre.

Y así transcurrió toda la noche, entre abrazos, fotos y rumores de los periodistas. El banquete terminó muy tarde. Cuando los invitados se habían ido, Max y Miriya se despidieron de un agotado Rick mientras que Minmei, acostumbrada a estar rodeada de gente y bajo las luces de los flashes y reflectores, se notaba muy contenta, sin señas de cansancio todavía.

–Rick, sonríe. Es nuestra primera noche como marido y mujer. Deberías verte feliz. No sabes lo que te espera una vez que lleguemos a la suite –dijo Minmei sensualmente, cerca del oído de Rick.

–No me interesa –dijo Rick con voz seca.

–Pues quitas esa cara ahora, porque nos vamos a subir en la limusina que nos llevará al hotel y no quiero chismes de los reporteros o del chofer –ordenó Minmei.

–¡Vaya! ¿Así va a ser esto? ¿Dónde quedó la dulce esposa y la chica desamparada que llegó a mi casa pidiendo asilo porque no tenía nadie más con quién quedarse? Y mira, la multitud de gente que vino a la boda. Más de 500 invitados. Y yo caí como tonto en tus redes.

–Ni tan tonto... Tú te lo buscaste al pasar esa noche conmigo. Yo no te obligué a nada. Y ya cállate porque ya llegó la limusina, tenemos que salir. Así que sonríe… amor…

La pareja salió del recinto, tomados de la mano. Minmei tenía la mejor de sus sonrisas. Rick estaba sin gesticular nada, sin emociones. No emitió ninguna palabra durante el trayecto al hotel y una vez en la habitación, Rick se metió a bañar. Cuando salió, Minmei lo estaba esperando desnuda en la cama con una pose sensual y provocativa.

–No, Minmei. Ya fueron suficientes cosas en este día. –dijo Rick, caminando en dirección contraria a la cama y dándole la espalda a la cantante.

–Pero mi amor, voy a complacerte... –dijo Minmei con voz seductora y se dirigió a abrazar a Rick por la espalda, rozándolo con la voluptuosidad de sus encantos femeninos.

–De verdad, Minmei. No quiero tocarte y no voy a tocarte hasta que vayamos a revisión con el médico. Por favor, cúbrete y ve a dormir –dijo Rick, tajantemente.

–Tú te lo pierdes –dijo la cantante, se dio media vuelta y se metió a la cama.

Rick se fue al sofá, ese sofá que se había vuelto su compañero en las noches inciertas, en las madrugadas cuando no podía conciliar el sueño. Así como sus estrellas, sus grandes compañeras que brillaban en la inmensidad. Esa inmensidad de las estrellas, que lo unían con la persona que más amaba y en la cual estaba pensando en ese momento. "Lisa… si supieras la locura que acabo de hacer… Te necesito conmigo."

°oOoOoOo°

A millones de kilómetros de Rick Hunter, navegaba una fortaleza espacial en la que habitaba la dueña del corazón del devastado militar. En ese espacio, el tiempo había transcurrido sin mayores eventualidades, solo algunos meteoritos que habían tenido que esquivar y cuidando de evitar hoyos negros, pues había incertudumbre en cómo podían comportarse.

Otro día más de trabajo terminaba para la tripulación del puente de mando, los comandantes se despedían de la capitana, que como de costumbre, se quedaba revisando los reportes de patrullaje y las instrucciones para la junta operativa del día siguiente.

–Trabaja mucho, Capitana –mencionó la ya conocida voz del Capitán Archer, quién llegó y saludó a Lisa de un beso en la mejilla –Vamos a cenar, Lisa, ya es tarde. Son casi las 2100 horas.

–Está bien, Jack. Podemos ir a la cafetería de la base, me siento cansada, no tengo ánimo de ir a la ciudad –dijo Lisa.

–Sí, Lisa, últimamente te he visto muy cansada. Trabajas demasiado, preciosa –dijo Jack sonriéndole coquetamente–. ¿Nos vamos? –preguntó, extendiendo su amplia y varonil mano hacia la capitana.

-¡Seguro! Vámonos –contestó Lisa con una sonrisa y sujetó la mano del capitán.

Ambos iban caminando y platicando alegremente. Los militares que los veían, les hacían el saludo obligatorio. Al principio los miraban extrañados, pero después de varias semanas, ya era común ver a los capitanes juntos. Incluso había rumores de que eran pareja, pero nadie tenía una confirmación de tal información, pues a los capitanes únicamente se les veía platicando amenamente, nunca se les había visto tomados de la mano o abrazados ni mucho menos, besándose. Ambos militares se dirigieron a la cafetería y cenaron como normalmente lo hacían. Ya se habían acostumbrado a tener las miradas de los comensales sobre ellos. Jack y Lisa, solo se reían. Terminaron de cenar y se dirigieron a sus habitaciones.

–Llegamos, señorita –dijo Jack.

–Gracias, Jack –contestó Lisa mientras abría la puerta de su habitación para que ambos entraran.

A estas alturas, la amistad era tan estrecha que Jack pasaba a la sala de Lisa y viceversa. Tomaban café, té o soda y se quedaban platicando, no muy tarde, porque al siguiente día debían presentarse a trabajar. Esta noche no era la excepción.

–Jack, debo ir al sanitario. Estás en tu casa –le dijo Lisa muy apresurada..

–¿Quieres que prepare agua para el té? –preguntó Jack.

–Sí, ¡lo que tú quieras! –le contestó Lisa mientras se dirigía rápidamente al sanitario.

–La siguiente vez, ¡asegúrate de ponerte un pañal! –le gritó Jack de forma burlona–. ¡No te vaya a ganar! –rió.

–¡Jack! –se escuchó la voz de Lisa a lo lejos.

Jack se sentía muy cómodo al lado de Lisa. Ella significaba para él, el hogar que nunca pudo formar con la mujer de la que había estado enamorado años atrás. Se sentía tranquilo y feliz de tener lazos tan estrechos con una mujer admirable, bella e inteligente como la capitana Hayes, con la cual, no era sencillo lograr una amistad debido a la barrera de hielo con que ella siempre anteponía ante la gente.

Aún con la sonrisa reflejada en su rostro, Jack se dirigió a la cocina para buscar la tetera y las tazas para el té, pero no las encontraba. Abrió una de las varias puertitas de la parte alta de la alacena, sin encontrar nada. Siguió abriendo las puertas, hasta que en la tercera puerta, algo llamó su atención. Era un frasco de lo que parecía ser medicina y traía las indicaciones escritas. No quería husmear pero le fue imposible dejar de leer. Su cara se transformó, borrándose la sonrisa inmediatamente.

–¿Encontraste las tazas? Las cambié de lugar –dijo Lisa con una sonrisa, sin embargo, se encontró con un Jack a punto de explotar–. ¿Qué sucede. Jack?

–¿Qué significa esto? –le dijo malhumorado Jack, sosteniendo el frasco que había encontrado– ¿Cuándo pretendías decírmelo? Bueno, si es que tenías la intención de hacerlo

Jack comenzó a elevar el volumen de su voz, lo cual sorprendió a Lisa pues él siempre se había comportando caballerosamente con ella.

–Jack, yo… –contestó Lisa sorprendida.

–Ahora entiendo tu temor a caerte con zapatillas y el feroz apetito que tenías en la cena de esa noche en especial... Lisa… Pensé que éramos amigos y que había confianza entre nosotros, pero ya veo que no. Te abrí mi corazón y nada ha valido la pena. ¿Por qué, Lisa? –le dijo Jack con mucho enojo en su voz.

–He intentado decírtelo varias veces, pero siempre pasa algo que me interrumpe –dijo Lisa.

Jack estaba tan enfurecido que ni siquiera se molestó en mirarla. Lisa en automático volvió a tomar su faceta como Reina de Hielo y prosiguió con su diálogo.

–Ultimadamente es algo mío, solo mío. No tengo por qué contárselo a alguien –dijo Lisa con frialdad–. Además, no tienes por qué enojarte y mucho menos reclamarme, pues no te estoy pidiendo nada –continuó.

La postura de Lisa sorprendió negativamente a Jack quien se enfureció más pues para él significaba que Lisa no le tenía la suficiente confianza para contarle todo de ella. Así que decidió irse de esa habitación.

–No me importa, quédate con tus secretos, ¡y vaya qué secretos! Buenas noches, Capitana –respondió Jack, con mucho coraje, haciendo hincapié en la palabra capitana y volviendo a dirigir la mirada hacia ella. De sus grandes y cristalinos ojos ámbar, emanaba fuego, enojo e impotencia, su mandíbula estaba contraída a tal grado que podían verse reflejados los músculos en su cara.

Un fúrico y rabioso Jack se retiraba del dormitorio de Lisa, depositando el pequeño frasco en las manos de ella, quien estaba muy contrariada con todo lo sucedido.

"Jack, si tan solo comprendieras que yo también apenas estoy asimilando lo maravilloso y delicado que esto significa para mí" pensó Lisa mientras miraba el frasco y recordaba lo sucedido semanas atrás…

FLASHBACK

Lisa se dirigió a la enfermería de la base para recibir sus resultados, se encontraba muy preocupada, lo cual no pasó desapercibido por la doctora que la atendía.

–Capitana, tranquila, todo está bien. Sus resultados son normales… –dijo la doctora.

–¡Gracias a Dios! –exclamó Lisa–. Entonces, ¿por qué fue el desmayo?

–El desmayo fue debido a su estado –respondió la doctora.

–¿Mi estado? ¿Qué quiere decir? –cuestionó Lisa muy confundida.

–Pensé que lo sabía… Ahora entiendo que no –añadió la doctora con una tierna sonrisa–. Capitana, usted está embarazada.

–¡¿Embarazada?! –exclamó Lisa completamente sorprendida y abriendo sus ojos a más no poder.

–Sí, capitana. ¡Felicidades!

–¡Gracias! –dijo Lisa, sonriendo y enseguida salieron sus lágrimas mientras llevaba sus manos a su vientre–. Embarazada…

–Capitana, le pido que vaya con la doctora especialista en ginecología en el hospital militar, para que la revise y le lleve el control de su embarazo. Ya le avisé y dice que se reporte con ella en cuanto llegue al hospital, o bien, puede atenderla hoy en la tarde, a las 1700 horas.

–Está bien, doctora. Iré ahora mismo. Hasta luego y gracias otra vez –se despidió Lisa.

De camino al hospital militar, Lisa tenía un remolino de pensamientos así como de emociones. Se sentía feliz, dichosa y a la vez, con muchas dudas y después, volvía a sentirse alegre y soñaba en cómo sería su bebé, a quién se parecería. Se sentía plena, pues ahora sería madre de un bebé engendrado con el hombre que ella amaba. Un bebé producto del amor. Y nuevamente la tristeza la invadía al pensar que ese hombre, estaría ahora con otra mujer, a kilómetros de distancia de ellos, que solo eran un punto en la vastedad espacial.

Una vez que llegó al hospital Militar, Lisa se reportó en la recepción y enseguida salió la ginecóloga a recibirla.

–Soy la Dra. Eva, pase por aquí, Capitana –se presentó la doctora, diciendo solo su nombre para generar cercanía con la capitana.

–Capitana Lisa Hayes, mucho gusto, doctora –saludó Lisa.

–Bien, tengo los resultados de sus análisis de laboratorio, capitana. ¡Felicidades por su embarazo!

–Muchas gracias –dijo Lisa con una tierna sonrisa.

–Le preguntaré datos generales de usted y de su periodo, para poder determinar las semanas de gestación del bebé y posteriormente haremos un ultrasonido –mencionó la doctora.

Así transcurrió la serie de preguntas y respuestas, llegando al turno del ultrasonido. Lisa se dirigió a otra sección del consultorio. Siguiendo las indicaciones de la doctora, Lisa se quitó su uniforme y se puso una bata, recostándose en la cama de exploración. La doctora procedió a realizarle el ultrasonido e iba explicándole a Lisa todo lo que se veía en la pantalla.

–Éste es el bebé –mencionó la doctora, tomando datos de las medidas del bebé, para calcular las semanas aproximadas de gestación, aunado a los cálculos automáticos del aparato de ultrasonido.

–Mi bebé… –dijo Lisa, muy emocionada. Las lágrimas escapaban de sus ojos.

–Voy a imprimir unas imágenes para usted e imprimiré otras para su expediente médico.

Lisa miraba atónita a la pantalla.

–Ahora vamos a escuchar su corazón. Los latidos son más rápidos que el corazón de los adultos –dijo la doctora.

En unos segundos, se empezaron a escuchar los latidos del corazón del bebé. Lisa no paraba de llorar, estaba muy feliz, emocionada y conmovida.

–¡Qué hermoso sonido! –exclamó Lisa–. ¡El corazón de mi hijo!

La doctora sonrió.

–Bien, todo está en orden, Capitana. Vístase y pasemos al consultorio otra vez.

Una vez en el consultorio, la doctora le dio a Lisa las imágenes impresas del ultrasonido y le dijo el tiempo aproximado de gestación del bebé. Igualmente, la doctora le dio una serie de recomendaciones, qué comidas evitar, tipo de zapatos, ropa, etc.

–¿Ha consumido ácido fólico, Capitana? –preguntó la doctora.

–Tomo un complejo vitamínico que contiene ácido fólico –contestó Lisa.

–Muy bien. Solo que ahora le voy a recetar vitaminas y minerales prenatales que también contienen ácido fólico. Tiene que tomarlas una vez al día. Aquí está la receta, pase a la farmacia. El frasco tendrá impresas la dosis y las instrucciones. Le doy cita de control dentro de dos semanas. Cuídese mucho, Capitana. Cualquier duda o cualquier síntoma desconocido que sienta, puede llamarme o venir, estoy a sus órdenes.

–Muchas gracias, doctora.

Así, Lisa regresó a la base, pero antes pasó a su habitación a dejar el frasco de vitaminas prenatales, mismo que colocó en su alacena.

Ese mismo día en la noche, Lisa salió a cenar con Jack. Ella usó un hermoso y entallado vestido rojo, mismo que hacía resaltar su cuerpo perfecto. Una vez que llegó a su casa, Lisa se quitó el vestido y se vio desnuda de cuerpo entero, frente al espejo. Delineó sus curvas femeninas con sus manos, mirando su figura esbelta, su breve cintura y deteniéndose en su aún vientre plano. «Dentro de poco tiempo, ya no estarás así de plano», decía mientras seguía acariciando su vientre. «Rick, al menos me quedó algo de ti. En mi vientre llevo a un bebé, tuyo y mío. Te amo, bebé y… aún te amo, Rick».

Sonriendo, se vio por última vez en el espejo, se puso la pijama, se acostó hasta que el sueño venció sus sentidos, quedándose profundamente dormida.

FIN DEL FLASHBACK.

Nota de autor:

Hola, lectores. Comparto el siguiente capítulo de esta historia alterna, que explora varias versiones de qué hubiera pasado si: Si Lisa y Rick fueran separados por las circunstancias o si Rick se casara con Minmei o si Lisa quedara embarazada de Rick, producto de aquella noche lluviosa en el capítulo 33, o bien, una simple historia en la que a Rick le sucede de todo por haberse portado tan denso con Lisa en la serie, que había veces que daban ganas de meterse a la TV para decirle a Rick que reaccionara y no se portara pesado con Lisa.

Agradezco sus comentarios en este tiempo que estuve ausente. Seguiré con la actualización de ésta y mis demás historias.

Espero sus reviews acerca de este capítulo.

Saludos.

*Fabiola Collao: Gracias por tus comentarios y tu interés. Traté de contactarte pero no supe por cuál medio. Tu correo no salió publicado, trata de escribirlo sin arrobas y con espacios y en los puntos, escribe punto, para que no eliminen el enlace. ¡Saludos!