Wenas, tengo como reto terminar esto antes de que salga la nueva serie de Phineas y Ferb y me descanonice (Aunque esto en realidad no es canón) todavía más.


Es mi universo muy divertido

La arena legal

En medio del espacio exterior, en algún lugar lejano del planeta tierra estaba un Sistema Planetario muy especial. Un planeta con colores predominantes amarillo, café y dorado se encontraba a larga distancia de un punto en el espacio que no parecía ser un lugar de interés para nadie, pues no había ningún objeto cerca, sin embargo, unos destellos eléctricos aparecieron y después de unos instantes, una fragata con un motor incendiándose apareció. Hecho que no fue apreciado por nadie, pues estaban demasiado alejados de cualquier sistema de detección.

Dos días atrapados en el inter-espacio. Estoy un poco harto— Se quejó el mayor.

Al menos di que pudimos navegar por la dimensión intermedia sin perder nuestras barreras de protección cuánticas— Respondió la piloto, irritada con la actitud del Wan.

¿En dónde estamos?— Preguntó Zack para tratar de amenizar la conversación y por el simple hecho de que no podía ver.

Estamos en el sistema de Beethovia ¿No es así?— Preguntó el maestro de los chicos, con molestia.

Antes de seguir hablando, debemos abordar el Azulejo, la fragata está demasiado dañada para seguir volando— Respondió la extraterrestre.

Todos obedecieron y de inmediato se dirigieron a la parte superior de la fragata, para transbordar hacia su nave más pequeña. Pero en el camino, el moreno detuvo a Milo.

¿Podemos hablar?— Preguntó tímidamente.

Este no parece un buen momento...

—Este es el único momento Milo. Ya pasaron dos días.

—Lo sé. Pero...— Dudó por un momento — Yo no quería...

—Lo entiendo perfectamente, y lo lamento. Pero también entendí la postura de Meap. No podía dejar que su planeta fuera destruido. Yo habría hecho lo mismo para salvar la tierra. Para salvarte a ti.

De pronto, detuvo sus palabras al escuchar lo que acababa de pronunciar. Un leve sonrojo se apoderó de su rostro sin que él lo pudiera controlar.

No digas eso— Le replicó, ignorando la incomodidad deliberadamente —Ya has sacrificado mucho por mi. Muchas personas han sacrificado todo por culpa de esta guerra, y todo es...

—Culpa de Shar-cos y sus compañeros por no poder detener a Liarrem. Por provocarlo hasta que simplemente se rebeló

—Aún así, por mi culpa fue liberado. Si alguien tuviera que sacrificarse, tendría que ser yo.

—Créeme, no te lo permitiría jamás— Le respondió el de la playera amarilla mientras rodeaba a su mejor amigo con su brazo, apretando un poco su mejilla.

De pronto, otra persona se acercó a ellos.

¿Van a venir o qué? Jake y Heath— Pronunció la pelinaranja desde la rampa de abordaje, dejándolos solos otra vez.

¿Qué quiso decir con eso?— Preguntó el castaño, a lo que el moreno le respondió con un genuino encogimiento de hombros.

Ambos abordaron la nave espacial, la cuál se desprendió de la fragata, dejándola atrás. Todos se reunieron entonces en la cabina de mando a tomar decisiones importantes mientras una alerta sonaba en una de las consolas.

Bien, como lo prometimos. Vamos a ayudar a Quorra a recuperar Beethovia— Sentenció el castaño.

—Oh, no lo creo. Tenemos que dirigirnos ahora mismo a enfrentar a Liarrem— Comenzó a pronunciar.

De la consola con la alarma comenzó a sonar una transmisión entrante.

"Nave sin identificar, se encuentra ingresando a espacio galáctico Beethoviano restringido, si no se identifica no se le permitirá aterrizar en el planeta"— Dijo una voz a través del transmisor y los tripulantes no tenían ninguna intención de desviar el curso, a excepción de uno.

Ya tenemos seis de los siete cristales y el último se encuentra en las cercanías del planeta que ustedes conocen como Octalia, debemos dirigirnos para allá en este mismo instante. — Trató de ordenar el Wan con cierto malestar en la voz un hombre alto con tono desesperado. Hasta unos momentos atrás, se encontraba meditando y utilizando sus poderes de semi-omnisciencia para verificar el estado del universo.

Primero debemos cumplir nuestra promesa y recuperar Beethovia. El tiempo de Quorra se terminó— Replicó Milo, con una ausencia de emociones en su voz. Sabía que llegado el punto tendría que debatir con su maestro, quién ya había mostrado signos de incomodidad cuándo se hablaba de utilizar sus poderes para interferir en los asuntos de un planeta.

Cada minuto, cada segundo, cada microsegundo que pasa nos acerca más a un destino fatal que involucra la destrucción de todo lo que conocen y aman. ¿Están dispuestos a sacrificar todo, por salvar la autocracia de un planeta?— Respondió Shar, con un tono bastante despectivo.

¡Beethovia no es una autocracia!— Replicó Quorra en un grito. —Y ya no tenemos tiempo que perder. Mi plazo de tiempo para no ser encontrada se venció hace un par de días, cuándo estábamos en el planeta de Meap y no dejaré que nada le pase a mi madre o a mi pueblo.

—¡Exacto! ¡Ya no tenemos tiempo! ¿Saben lo que ha estado haciendo Liarrem mientras nosotros recorríamos el universo? ¡Ha estado fabricando naves y drones para volver a tener el mejor ejército!

La interacción verbal hostil continuó durante varios minutos, por un lado, sabían que Shar tenía razón. Un simple planeta no valía para condenar el resto del universo. Cada segundo que pasaba, Liam se hacía más y más poderoso, y sería mucho más difícil utilizar los cristales para encerrarlo en su propia dimensión. Ya habían arriesgado mucho, ya habían peleado mucho y esa batalla final, cuyo resultado definiría el destino del universo y cuyo calor era palpable desde ese momento no podía evitarse. Ya no tenían opciones. También sabían que era necesario derrotar a Yong-kum de una vez por todas, ya sus jugarretas por toda la galaxia se habían vuelto insoportables y habían costado suficientes vidas como para dejar las cosas así. Sin embargo, no abandonarían a Quorra, no abandonarían a gente que los necesitaba. Se arrepentían con toda el alma de haberlo hecho bajo las ordenes de su maestro con anterioridad, y no cometerían ese error. No de nuevo. Por lo que finalmente, Milo decidió por el grupo, no sin antes recibir un sermón.

Los Wan sabían que debían dejar los asuntos de cada planeta en manos de sus habitantes. No romperé esa promesa interfiriendo y usando los poderes que nos fueron confiados para fines egocéntricos. Este planeta no se ha visto involucrado en la guerra contra Liarrem aún y aquí no existe ningún elemento de valor que nos haga desviarnos del objetivo, así que, si eligen enfrentar esto, lo harán solos. No puedo interferir.

—Lo entiendo— Sentenció el castaño, extendiendo las empuñaduras de sus espadas en dirección a él— Llévate los seis cristales, incluso puedes llevarte mis espadas, los guantes de Zack y el collar de Melissa. Al fin y al cabo no los necesitaremos para esto. Pero la nave es nuestra. Te ofrecería la fragata, pero está averiada, así qué no podemos darte más. Si tu no tienes el coraje para ayudar a un planeta necesitado es tu problema, pero nosotros vamos a ir a ayudar a Quorra a liberar Beethovia.

La determinación en su voz era admirable, el brillo de sus ojos denotaba que no estaba mintiendo. Estaba listo para llegar hasta sus últimas consecuencias. Lo que dejó boquiabiertos a todos los presentes dentro de la cabina de pilotaje. Los otros dos terrícolas presentes se sorprendieron. No planeaban contradecir a su mejor amigo y compañero, por lo que decidieron retirarse los guantes y el collar respectivamente y lo extendieron en dirección al heraldo Wan, quien los miraba incrédulo. Era obvio que sería un reto liberar Beethovia sin sus poderes, sobre todo para Zack, quién sin su visión y sin la capacidad de percibir los objetos extrasensorialmente sufriría más que todos. Shar dudó durante unos segundos y estuvo a punto de recibirles esos poderos objetos. Sus maestros le habían enseñado que los asuntos de las civilizaciones son asuntos de las civilizaciones, por lo que ninguna deidad tiene derecho por sobre de ellos. Pero sus estudiantes no eran los Wan y tampoco eran los heraldos de los Wan. Simplemente eran aliados que tenían objetivos similares y que necesitaban toda la ayuda del mundo para sobrevivir en este frío universo. Además, habían probado ser dignos portadores de dichos objetos y en tan solo unas semanas habían alcanzado un nivel que incluso a los propios creadores de dichos objetos les había tomado décadas alcanzar. Incluso estaba dispuesto a dejar que conservaran sus poderes finalizando la guerra, como premio de reconocimiento al mérito. Vaciló por unos segundos con la mano extendida, pero la regresó a su posición original.

Eso no será necesario. Pueden portar sus objetos místicos con mi bendición. Hice una promesa con los Wan, pero esa promesa no los involucra a ustedes. Son libres de ayudar a este planeta si lo desean. Pero recuerden que si algo sale mal, si por alguna razón fallo en mi misión de detener a Liarrem...

—No ocurrirá— Interrumpió de nueva cuenta el castaño— Sin una nave espacial que de un salto al inter-espacio te tomará algo de tiempo llegar a Octalia desde aquí.

—Puedo usar los seis cristales para fortalecer mis poderes y mis habilidades de vuelo.

—Aún así te tomará al menos unos cuantos días llegar. Así que si nos apuramos, podemos alcanzarte y todos juntos pelearemos contra Liam y lo volveremos a encerrar.

—Vamos a necesitar refuerzos— Exclamó Melissa, al recordar el poderío militar que su oponente poseía — Toda la ayuda que podamos. Incluso así derrotar a Yong-kum será toda una proeza.

No se preocupen— Pidió la princesa — si logramos recuperar mi planeta, tendremos todo el poder de las fuerzas armadas de Beethovia. No hay muchos ejércitos que puedan contra nosotros.

—Pero ¿Cuál es nuestro plan si llegamos a vernos en Octalia?— Preguntó el chico de tez morena.

Llevo seis de los siete cristales; El cristal de zafiro, el cristal de esmeralda, el cristal de ámbar, el cristal de amatista, el cristal de diamante y el cristal de rubí. Esto me basta para hacerle frente a Liam, pero necesitaré los siete si quiero encerrarlo en su dimensión de nueva cuenta.

—Y esta vez, no te quedarás encerrado en el limbo entre ambas dimensiones, te lo prometo— Añadió Milo, mientras se despedía de él con un apretón de manos.

Todos bajaron al piso inferior de la nave, dónde podían usar el acceso inferior como cámara de aire, Shar ingresó a la habitación con la rampa principal y la puerta se cerró tras de sí. La presurización de dicha cabina se desactivó. Dio media vuelta, y a través del vidrio de la ventana ubicada en la puerta que separaba ambas secciones podía ver a sus discípulos. Eran más que eso, eran sus amigos. Alzó la mano como gesto de despedida, los cristales flotaban haciendo círculos a su alrededor y finalmente la rampa de acceso se abrió, dejando ver el vacío inmenso del espacio a través de ella. Se dejó caer de espaldas y cuándo menos acordó ya se encontraba flotando sin rumbo por el espacio. Los seis cristales lo rodearon, formando una media luna alrededor de su espalda. Estiró ambos brazos y su aura completamente blanca comenzó a mezclarse con seis colores: azul, verde, naranja, morado, blanco y rojo. Solo le faltaba el cuarzo que era amarillo. Usó todo su poder mezclado con el de los cristales para propulsarse, adquiriendo una gran velocidad al tiempo que dejaba un rastro muy colorido por el espacio que poco a poco se desvanecía. Los chicos lo observaron hasta que terminó de desaparecer de su campo visual, volviendo a la cabina de la nave.

¿Funcionó?— Preguntó Melissa, impaciente.

Sí, activé el sistema sigiloso en cuanto Shar dejó la nave, por lo que los sensores Beethovianos únicamente detectaron a una "nave" alejándose a velocidad subluz de este sistema—Respondió la talentosa piloto, tratando de disimular su emoción y su nerviosismo.

Escúchame, Quorra. Vamos a necesitar un plan. Sé que es tu planeta, y lo conoces mejor que nada, pero en estos momentos somos nosotros cuatro contra todos—Informó el castaño, mientras se colocaba en el asiento del copiloto.

Eso ya lo había pensado, vamos a necesitar que la Corte Suprema y a la sabandija de mi tío Billius estén en un mismo lugar. También necesitaremos la ayuda de la guardia real.

—Entonces...—Preguntó el moreno— ¿Cuál es el plan?


El rascacielos principal del ayuntamiento del sector real se encontraba humeando. Un agujero en el techo era la prueba de un impacto directo con una nave espacial. La nave se encontraba varada en el suelo, echando humo debido al forzado aterrizaje, mientras que los cuatro ocupantes se encontraban fuera de ella, combatiendo con los guardias del edificio.

¿En serio? ¿Ese fue el plan? ¿Estrellarnos en el edificio del ayuntamiento y pelear con los locales?— Preguntó Zack, con su característico tono de sarcasmo.

Ante todo, recuerden que son mis ciudadanos... Traten de no lastimarlos— Replicó la chica local, quién usaba su casco para cubrir su identidad, así como utilizaba un bastón diferente al suyo para defenderse de sus oficiales. Dicho bastón era de una calidad inferior y fue otorgado por Milo, quién le sugirió que el uso de acero beethoviano real en un arma podría delatar su identidad.

La situación a todas luces estaba fuera de control. Los guardias locales estaban usando fuerza letal, lo que a cualquier persona le parecería excesivo e imposible de manejar. Sin embargo, estos chicos ya habían visto demasiada acción, y estaban a la altura del reto. Milo esquivaba los disparos que podía y los que no, los absorbía con maestría impresionante utilizando la hoja de sus confiables espadas. Melissa utilizaba la energía de su collar para crear dos escudos con forma de disco con los que se cubría y atacaba, moviéndolos con sus brazos con gran habilidad. Zack aprovechaba sus habilidades telequinéticas para cubrirse, arrancando placas soldadas al suelo y de vez en cuando atacaba arrancando trozos del techo y golpeándolos con todas sus fuerzas para utilizarlos como proyectil. Siempre había dicho que para él, los disparos se sentían como una bruma en el aire, difícil de percibir. En ese momento pensó que tener su vista de regreso sería muy útil para él. Mientras tanto, Quorra se movía a una velocidad sobrehumana, más lenta que la de los chicos, pero la suficiente para esquivar los disparos o bloquearlos con su vara, girando el arma como si fuera la hélice de un helicóptero acostado.

Si el plan era tan precario ¿Para qué usamos el sistema sigiloso?— Volvió a quejarse el moreno mientras arrojaba escombros con sus puños.

Sin el sistema sigiloso, nos habrían derribado antes de llegar aquí.

—Muy bien, capitana...— Exclamó el castaño, mientras sujetaba una pequeña bolita entre sus dedos.

Como lo acordamos— Completó la frase, mientras el chico arrojaba la pequeña pelotita al suelo, provocando que una nube de humo apareciera aumentando el caos.

No me gusta para nada este plan— Se quejó el moreno entre la lluvia de disparos.

Para cuándo el humo se disipo, ya no había rastro de Quorra en el edificio, quedando únicamente los terrícolas quienes aún peleaban. Notaron entonces lo difícil que sería escapar de ahí. Si había alguna especie de arrepentimiento ya no era el momento para retractarse. Entonces el castaño comenzó a girar a alta velocidad para esquivar los ataques que le llegaban. Mientras tanto, Zack seguía corriendo y derribando a los guardias con sus golpes mágicos y Melissa arrojaba tanta energía como fuera posible. Después de un tiempo prolongado, habían terminado con la décima oleada, cuándo cinco escuadrones más llegaron, acompañados de vehículos que tenían rodeado el lugar. Todos los soldados recién llegados les apuntaban con sus armas.

¿Creen que otra ronda sea necesaria?— Preguntó la chica.

No lo creo, mira el emblema en ese transporte— Señaló a una de las naves que tenía un símbolo de varios diamantes como el tatuaje en el rostro de Quorra.

¿Quién rayos son ustedes?— Preguntó una figura de un hombre alto, quién se había puesto de pie sobre el vehículo, abierto la cúpula que lo protegía y caminado a la orilla del edificio.

¿Ahora?— Les preguntó la pelinaranja.

Ahora— Le ordenó el castaño y en ese momento se pusieron en formación de ataque, orientándose a ese hombre.


Todo se había vuelto oscuridad, ni una sola fracción de luz llegaba a sus ojos. Ninguno de los presentes había dicho una sola palabra en todo el tiempo que estuvieron ahí, hasta que de pronto escucharon una puerta automática abrirse y un hombre les retiró un manto de sus ojos.

Que irónico, yo sigo sin poder mirar— Dijo el moreno, hecho que hizo reír por lo bajo a sus dos amigos.

Estaban los tres al interior de una habitación bastante oscura, con una fuente de luz tenue por encima de sus cabezas. Se encontraban amarrados a las sillas sobre las que estaban sentados y hasta hacía unos momentos, sus rostros estaban cubiertos por un objeto de tela.

Muy bien, invasores. Quiero que me digan quiénes son ustedes. ¿De qué planeta vienen? ¿Cuáles son sus intenciones?— Ordenó un hombre Beethoviano robusto, quién portaba un traje que los chicos pudieron adivinar se trataba de un capitán o un coronel.

Mejor díganos quién es usted y por qué debería importarnos— Retó con sagacidad el moreno.

Saben algo, su asalto a la alcaldía me impresionó. Creo que tienen razón. Soy el Coronel Kellex, uno de los hombres más importantes de este planeta y el que decide si viven o mueren.

—No creo que eso sea verdad— Contestó el moreno, quién no podía detectar mucho sobre el sujeto sin sus guantes especiales.

Mi amigo tiene razón, si usted nos liquida, ¿Qué hará la Corte Suprema con usted?— Cuestionó el castaño, mientras observaba la reacción de aquél hombre.

—¿Cómo... cómo saben del juicio con la Corte Suprema?— Aquél hombre hizo la pregunta, pero por alguna razón no sonaba confundida.

Unos diamantitos nos dijeron cómo funciona esto— Añadió la pelinaranja.

Aquél hombre militar esbozó una ligera sonrisa, pero de inmediato la borró.

Escuche, "Capitany".—El coronel cambió de expresión al escuchar ese apodo— Nosotros somos terrícolas. Me llamo Milo Murphy. Venimos desde muy lejos para hablar con el Rey Padre Billius y convencerlo de unirse en nuestra cruzada contra Liarrem.

—¿Y por qué no vinieron por la vía pacífica? ¿Si su intención era diplomática o de reclutamiento por qué atacaron la alcaldía?

—Mire, la realidad del asunto es que nosotros siempre tenemos la guardia alta— Contestó el moreno, haciendo énfasis en las palabras realidad y guardia.

—Entiendo— Respondió aquél coronel, saliendo de la habitación de interrogatorio.

Coronel Kellex. ¿Qué información obtuvo?— Le preguntó un hombre alto, quién portaba una capa y un cetro de acero beethoviano real. Su cuerpo estaba fornido artificialmente por una pechera que escondía por debajo de sus ropajes. Su cabello era blanco y sus facciones eran de un rostro en forma de diamante.

Rey Padre Billius, ellos dicen que han venido a hablar con usted sobre la guerra contra aquél que llaman Liarrem.

—¿Liarrem?— Meditó un poco sobre esas palabras —¿Qué hay de la cuarta persona que venía con ellos? ¿Le dijeron algo sobre ella? ¿Sabemos dónde está?

—¿Ella?— Preguntó el Coronel, desconcertado.

Ella, él, eso. ¿Ha obtenido información o no?— Su tono de voz denotaba su frustración.

—Dijeron que no saben hacia dónde huyó. Que su plan involucraba a esa persona hasta que decidió abandonarlos a su suerte.

Todo esto es muy extraño, no creo que debamos presentarlos ante la Corte Suprema aún— Sentenció el rey interino del planeta.

No podemos postergar la audiencia. Cometieron un crimen de nivel omega y el Master Magister ya ordenó a la Corte Suprema reunirse.

—Hmmm...— Balbuceó aquél que ostentaba el título real. Se giró para dirigirse a su asistente— Llame al Príncipe Remy, dígale que tiene que estar presente en dicha audiencia. Contacte a nuestros invitados de honor y avíseles que su llegada fue oportuna y los requeriremos en el tribunal... Ah, y reúna a los tres floretes. Observaremos todos la audiencia desde el balcón impulsado.

—A la orden, Rey Padre.— Exclamó, haciendo un saludo militar.


En el espacio cercano a Beethovia, en una pequeña nave dónde no cabían más de cinco personas, un chico se encontraba recostado entre dos asientos, observando la nada infinita. El chico no era muy alto, era bastante obvio que todavía se encontraba en etapa de desarrollo. En su rostro aparecían unos tatuajes blancos con forma de diamantes, delatando su estatus real. Su cabello era corto de un lado y alargado del otro y tenía una nariz puntiaguda. El cabello era blanco, igual al de su padre y su piel parecía una bellísima gema de obsidiana. Su pequeña nave era dorada, tirándole a anaranjada. Tenía dos pequeños cañones para disparos rápidos en la parte frontal y en las alas a los extremos otros cañones largos que podían hacer mucho daño. Aún así, la nave volaba a la deriva sin rumbo aparente, mientras el chico solo podía repetir las últimas palabras que tenía en la mente.

«Billius ordenó que la matáramos»— Pronunció en voz baja con melancolía. Estaba feliz de haber derogado esa orden temporalmente. Pero aún así estaba preocupado y desconfiado. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un sonido penetrante que le indicó que tenía una llamada— Aquí el príncipe Remy.

—"Príncipe Remy, su padre ha requerido su presencia para un juicio en los tribunales de la Corte Suprema."

—¿La corte suprema?— Preguntó con confusión. — Ahora ¿Qué planea hacer mi padre?

—"Han capturado a un pequeño grupo de invasores que atacaron la alcaldía de la capital y serán procesados por terrorismo"

—¿Qué clase de invasores? ¿Acaso es otro grupo de piratas?

—"No lo creo, más bien, pienso que es un grupo de choque. Poseen armas con poderes misteriosos, aún así nuestros científicos no pudieron determinar nada sobre ellas."

—¿Y qué tengo que figurar yo en todo esto?

—"Su padre, el Rey Interino lo ha ordenado. Quizás si usted no hubiera abdicado..."

—Estaré ahí— Interrumpió con molestia, cortando la transmisión.

Dio un largo suspiro. Tomo el mando de la nave, su único lugar dónde se sentía en control de todo y cambió el rumbo. Hasta ese momento, la nave simplemente orbitaba alrededor del planeta. Por un segundo pensó que lo mejor sería no ir, pero algo en su interior lo hizo cambiar de opinión. Tomó sus brazaletes hechos de acero beethoviano real y se los colocó. Primero pensó en que debía llegar a su penthouse y darse un baño, pues llevaba un tiempo flotando en el espacio. Además de todo, se pondría ropa para la ocasión.


¿Quién habla?— Preguntó un hombre bajo una capucha a un pequeño comunicador improvisado.

"El juicio se llevará acabo mañana a la hora de la nocta. La instrucción principal que se rumora en los canales de información es ejecución, sin importar qué."

—¿Estarán los objetivos?

—"Afirmativo. Me imagino que VIP ya está con ustedes."

—Es correcto.

—"¿Qué hay del buque de guerra que aterrizó en la zona industrial hace unos días?"

—Es irrelevante, está al otro lado del planeta.

—"Alguien intenta hackear esta transmisión, activen protocolo doce".

—Procederemos según lo acordado— Contestó esa misma voz, bajo la capucha, cortando la comunicación y destruyendo el aparato con su fuerza bruta— ¡Atención a todos! ¡Esto no es un simulacro! ¡Plan de contingencia 325!


El día del juicio había llegado. Los tres terrícolas habían sido despojados de sus trajes espaciales, armas místicas y dispositivos electrónicos, dejándolos únicamente con sus cambios de ropa habituales. Milo y Melissa habían adaptado su vestuario durante el viaje, con Milo utilizando una playera gris, chaqueta estilo japonés y jeans rasgados de las rodillas, Melissa portando su camisa negra térmica y por encima un chaleco y cinturón tácticos y un pantalón largo y siendo Zack el único que se sentía cómodo con su usual playera amarilla con mangas blancas, y jeans azules que utilizaba en la tierra, además de las vendas que cubrían sus ojos. El trío se encontraba atado de manos y pies, cada uno a un pequeño pilar electrónico. Cada mano estaba atada a la otra y a su vez al pico del pilar, lo mismo con sus pies y las bases. A sus espaldas, estaban sus objetos místicos, envueltos en tubos transparentes con dispositivos digitales en ambos extremos. En frente de ellos, había una mesa semi-circular con un total de nueve hombres importantes, cada uno con un asiento y un grupo de papeles. Detrás de ellos, habían asientos de lo que parecían ser simples espectadores.

¿Qué tal está el lugar?— Preguntó el chico invidente.

Es como si fuera un anfiteatro gigante y subterráneo— Le contestó su amiga pelinaranja.

La chica no mentía. El lugar era como si fuera un enorme tribunal incrustado en la tierra, con la forma de un anfiteatro rodeado de forma circular por gradas, en las cuales, una cantidad exagerada de personas se encontraban presentes, como si estuvieran en una especie de estadio subterráneo. El techo estaba suspendido por una buena cantidad de metros desde dónde estaban las gradas más altas. Milo notó que en las gradas que estaban en la circunferencia habían bastantes entradas, cosa que les sería conveniente en caso de tener que escapar. Lo que le preocupaba era la cantidad de civiles que podían salir heridos en el fuego cruzado.

Silencio en el tribunal de la Corte Suprema, por favor— Ordenó una voz por megáfonos que se extendían por todo el recinto— Preside el honorable juez de la Corte Suprema, Tuku.

Los terrícolas cada vez se sentían más como si fueran la atracción principal en un espectáculo de medio tiempo del super-tazón. Aún así, trataron de mantener la calma el mayor tiempo posible. Milo miró a su alrededor otra vez. Observando a un grupo de guardias, protegiendo tanto a los nueve hombres importantes, como al público que se encontraba a sus espaldas, fuera de las gradas y en la parte más profunda del lugar, a la misma altura que los chicos.

No solamente hay guardias, si no que también trajeron soldados— Susurró el castaño a sus amigos. La frente de Zack derramó una gota.

De pronto, el hombre en el centro de la mesa de jueces se puso de pie.

Damos inicio a este procedimiento. Les pedimos a los acusados que digan sus nombres y orígenes en voz alta.— Dijo aquél hombre con túnica larga, envuelto por una capucha.

—Zack Underwood, terrícola.

—Melissa Chase, terrícola.

Milo Peligro Murphy, terrícola.

—Muy bien, Zack Underwood, Melissa Chase, Milo Peligro Murphy. Ustedes fueron capturados por el equipo de guardia de la alcaldía durante un intento fallido de invasión. De eso no hay duda y no nos faltan evidencias. La Corte Suprema está aquí para indagar sobre sus motivaciones y determinar en base a ellas cuál será el castigo. Tomen en cuenta que el pueblo soberano de Beethovia no aceptará jamás esta clase de agravios. Cómo podemos recordar hace unos meses el incidente con los piratas...

La voz de aquél hombre se hacía difusa para el moreno, quién estaba más concentrado en tratar de detectar su entorno, de la misma manera que su maestro le había enseñado a hacer en ausencia de sus guantes. Era difícil, pero poco a poco, basado en sus sentidos restantes y en su conexión con la energía cósmica de la que el universo estaba hecho, de un momento a otro lograba sentir pequeñas punzadas en su piel. «Hay al menos una docena de guardias para cada uno de los jueces. Dos por cada acceso, y entradas y salidas de emergencia subterráneas que en estos momentos están bloqueadas». El chico entonces dirigió su rostro al cielo. A pesar de no poder ver, acababa de detectar algo extraño. En el punto más alto, casi llegando al techo del tribunal, había una plataforma de observación. Dónde al menos unas diez figuras observaban todo, como si hubieran maquinado todo. Esa plataforma no era parte de las gradas, si no que estaba en la orilla superior del lugar.

Pon atención— Le susurró su amiga, quién notó que estaba distraído.

¿Desean dar alguna declaración?— Preguntó aquél hombre, quién presidía el juicio.

Los tres chicos se miraron entre sí, suponiendo que Zack pudiera mirar, y Milo fue quién tomó la palabra.

Juez Tuku, honorable presidium, pueblo soberano de Beethovia. Como ya sabrán, yo me llamo Milo Murphy. Vengo de un planeta muy lejano llamado Tierra, el cuál hace unas semanas fue invadido por el terrible ejército perteneciente a una entidad conocida como Liarrem— Los ojos de los jueces se abrieron de par en par al escuchar ese nombre— El día de hoy hemos venido a pedirles su asistencia, para que nos apoyen en contra de esta criatura que no quiere otra cosa si no la destrucción de la vida en todo el universo. Nosotros, con anterioridad, nos hemos enfrentado a sus esbirros. Hemos visto lo que hacen con cada planeta al que invaden. En múltiples ocasiones, fuimos apoyados por los planetas pertenecientes a la coalición, sin embargo, el día de hoy no venimos en representación de la coalición. Si no, que venimos por nuestra propia voluntad a rogarles su ayuda. Sabemos que las maneras en que lo hicimos no fueron las mejores, fue un grave error cometido en medio de nuestra desesperación. Solo nos queda rogarles por su perdón y su ayuda.

Zack no pudo evitar sonreír levemente. Escuchar a su mejor amigo hablar de esa manera lo había conmovido incluso a él. No pudo evitar dar un suspiro. Se sentía impotente de no haber sido capaz de verlo con sus propios ojos mientras pronunciaba ese breve pero emotivo discurso. Aún así, sentía un leve cosquilleo en las yemas de sus dedos y en la punta de su estómago.

¿Entonces quieren que nuestro planeta se una a ustedes y posiblemente a la Coalición para encarar a ese tal Liarrem?— Preguntó uno de los jueces que estaba hasta el extremo de la mesa alargada y semicircular.

El juicio se prolongó por más de dos horas, preguntando a cada uno su versión, sus motivaciones, y con la genuinidad de Milo, la franqueza de Zack y la voz esperanzada de Melissa. El público se notaba contrariado, de cierta manera comenzaban a apoyarlos, pero al mismo tiempo, sentían como que algo faltaba en la historia de los chicos. Quizás tenía algo que ver con el hecho que ninguno mencionó nada acerca de sus poderes. En cuanto las preguntas se acabaron, los nueve jueces deliberaron por unos instantes hasta que el juez Tuku se puso de pie.

Atención, terrícolas. La corte suprema ha deliberado y hemos decidido que, a pesar de que su historia perfectamente elaborada pareciera tener sentido, no tiene sustento en pruebas reales que determinen que Liam— Los tres chicos apretaron los dientes al escuchar esa versión del nombre — representa una amenaza para la seguridad de los seres vivos. A su vez, hemos determinado que ninguna excusa de las que el día de hoy fueron pronunciadas justifica el hecho de atacar un edificio administrativo del pueblo soberano de Beethovia abiertamente, por lo que este tribunal ha decidido sentenciarlos a una ejecución.

—¡¿Qué?!— Gritó el moreno desconcertado a la vez que la multitud en todo el juzgado jadeaba sorprendida. Se giró en dirección a su amigo y le susurró— Este sería un buen momento.

De pronto, en la plataforma superior que Zack había logrado percibir, una figura encapuchada logró caminar por el puente que conectaba con dicha plataforma sin llamar la atención de nadie. Sobre la plataforma se encontraban el tío de Quorra, Billius, su hijo Remy, y el coronel Kellex hasta adelante. Por un costado, tres figuras con trajes de combate y cascos tintos que cubrían sus rostros, mientras tenían cada uno una espada guardada en una funda colgando de su cinturón. Las últimas cuatro figuras eran simples soldados, quienes habían sido encomendados a resguardar a los presentes, sin embargo, todos estaban distraídos con el veredicto, por lo que ninguno de ellos se percató que la figura había logrado posicionarse por detrás del Rey. La figura encapuchada rápidamente se retiró la tela del rostro, tomó un bastón de acero Beethoviano real con punta de lanza y dirigió el filo al cuello de Billius, deteniéndose unos centímetros antes de impactar. Los soldados rápidamente tomaron sus armas, pero las bajaron de inmediato al ver de quién se trataba.

Princesa Quorra— Pronunció su tío, con altanería—Me preguntaba cuándo aparecerías.

—Tu mentira se acabó. Es hora de que todos sepan la verdad— Le respondió la chica, quién poseía un pequeño dispositivo el cuál transmitía su voz por todos los parlantes del lugar. Después de eso, dio un silbido especial, el cuál retumbó por todo el lugar.

De entre toda la multitud, docenas de infiltrados se pusieron de pie, cada uno sacando un arma diferente que se recubría de plasma. Porras, hachas, martillos, lanzas, incluso algunos cañones, mazos, garrotes, tridentes. manguales, en fin, múltiples armas de combate cuerpo a cuerpo mejoradas para mayor rango, alcance y funcionalidad. Los civiles normales, asustados, comenzaron a correr a través de todas las salidas. Todos y cada uno de los soldados y policías que estaban en el lugar habían alzado sus armas de fuego, pero las bajaron de inmediato al ver de quién se trataba.

Así que lograste reunir a la vieja y jubilada guardia real. Estoy verdaderamente impresionado.

Los miembros del tribunal escaparon por una de las salidas subterráneas que Zack había percibido, las cuales se sellaron haciendo un ruido sonoro y de un momento a otro, el lugar estaba casi vacío, únicamente con unos cuantos chismosos, la guardia real, los soldados y policías que ya estaban en el lugar. Quorra trató de decir otra cosa, pero su aparato transmisor emitió un chispazo y cayó al suelo en pedazos.

¿Pero qué...?— Trató de reincorporarse la princesa al notar el estado de su aparato.

No hay forma en que puedas ganar esto— Le respondió su tío con una sonrisa en el rostro..

¿De qué hablas? No hay forma en que tú puedas ganar esto. ¿Acaso olvidas que, por ley, ni el ejército, ni la policía ni nadie está autorizado a atacar a la Guardia Real? En lo que a mi concierne, somos la Guardia Real y yo, contra ustedes cinco.

Pero entonces, Billius soltó una sonora risa, mientras, desde abajo, los terrícolas observaban impávidos.

—Si, recuerdo esa pequeña regla que impide al ejército Beethoviano atacar a la realeza o a la guardia real— Volvió a reírse con mucho sarcasmo— Al ejército Beethoviano

De pronto, por detrás de ella una docena de drones comenzaron a acercarse por el mismo puente por el que llegó ella. La chica abrió los ojos como platos al notar su diseño. Los drones no eran otros que los drones utilizados por el ejército de Liarrem. Quorra tuvo que darle la espalda a todos, mientras comenzaba a girar su bastón al tiempo que una lluvia de disparos la tenían como objetivo. Ella era bastante hábil, sin permitir que un solo láser la impactara. El más alto de los hombres de traje tinto desenfundó su espada y con un movimiento rápido y potente se dispuso a cortar a la chica, quién logró percibir la amenaza por el rabillo del ojo a tiempo para bloquear la espada con su bastón. Sin embargo, la potencia del golpe fue suficiente para arrojarla por fuera de la plataforma de observación, directo hacia dónde sus amigos y los guardias reales se encontraban. La chica dio vueltas en el aire para reducir la velocidad de la caída y tocó el suelo con gracia. Un grupo exagerado de los mismos drones comenzó a ingresar por todas y cada una de las entradas por las que había escapado la multitud, dejando a la guardia real y sobre todo a los terrícolas pasmados. La guardia real no dudó y comenzó a correr en dirección a dónde el mayor grupo de drones se encontraba con la intención de abatirlos.

¡Ahora!— Gritó la terrícola encadenada.

Las empuñaduras que se encontraban dentro de un tubo por detrás de ellos se transformaron en espadas, rompiendo los cristales en el proceso, dirigiéndose a las manos de Milo, quién en un hábil movimiento cortó sus cadenas y con sus poderes, se deshizo de las ataduras de sus compañeros. Corrió en dirección a los otros tubos de contención y liberó el collar y los guantes con rapidez, arrojándoselos a sus respectivos dueños. La parte civil que quedaba en aquél tribunal finalmente terminó de evacuar y una gran pelea comenzó a llevarse a cabo. Un grupo de soldados vivos, pertenecientes al ejército de Liarrem encontraron la forma de ingresar al nivel más bajo y comenzaron a atacar a cualquier guardia real que se les cruzara. Para su suerte, sus armas de plasma podían generar escudos que los protegían de los disparos. Zack se colocó los guantes, tomó impulso y con sus habilidades telequinéticas consiguió derrumbar al menos a una docena de soldados a la distancia para ganar terreno. En ese momento, una explosión impactó cerca de ellos, separando al equipo en dos grupos, Melissa y Zack por un lado y Milo por el otro. El castaño en esos momentos apreciaba su duro entrenamiento, aprendiendo a repeler disparos, porque en esos momentos le estaba siendo de mucha utilidad. Pensó por unos instantes en invocar su escudo de energía con su espada defensiva, pero desistió de la idea y prefirió seguir esquivando todo lo que pudiera y absorbiendo con el filo de sus sables lo que no. Cada tanto lograba acercarse a un grupo de drones para derribarlos. Mientras tanto, la pelinaranja cargaba energía desde sus manos.

Vamos— Ordenó mientras conjuraba una plataforma en el aire un poco extensa en la que cabían dos personas perfectamente. El moreno sin dudarlo, abordó la plataforma junto a su mejor amiga, quién le agregó a su construcción de energía un gancho que se encajó en el suelo. La plataforma comenzó a moverse a gran velocidad con los chicos abordo, dejando su rastro en el piso y cortando en pedazos a cualquier enemigo que se les atravesara. Mientras tanto, su amigo acababa de aprender a redirigir los disparos a alta velocidad mientras estaban en el aire, impactando a decenas y decenas de drones y soldados enemigos.

¿Es todo lo que tienes?— Le preguntó de manera burlesca, a lo que la chica comenzó a lanzar esferas de energía que causaban pequeñas explosiones al impactar.

Mientras tanto, en la plataforma de observación, por encima de todos, los seis abordo miraban el espectáculo. Eran pocos los disparos que llegaban a desviarse hacia ellos, sin que realmente pusieran en peligro su integridad. Cada uno mostraba una reacción diferente. Era bastante obvio que Billius era el más complacido, mientras que a Remy y al Coronel Kellex se les notaba la incomodidad, y a los tres floretes no se les podía apreciar su expresión, pues sus cascos la cubrían perfectamente. Por debajo de ellos, los Guardias Reales realmente se estaban luciendo. Cada uno había sido entrenado en su propia arma de plasma para destacar y proteger a la familia real. Realmente eran movimientos elegantes los que realizaban con mucha precisión y celeridad. Algunas de sus armas también poseían la capacidad de disparar por lo que no era necesario el cuerpo a cuerpo todo el tiempo, y eso les daba mucha ventaja ya que podían cubrirse con el escudo, disparar o atacar con fuerza bruta.

¡Por Beethovia!— Exclamó uno de ellos a la vez que acababa con una veintena de los drones él solo, pero por desgracia era abatido por un tirador que no contempló.

En otro lado del tribunal, la princesa por si sola era capaz de resistir todos los ataques con su bastón y acabar con varios de los guerreros utilizando su punta de lanza, en el extremo del bastón. Uno tras otro los arrasaba, acabando con sus armaduras utilizando el filo Beethoviano casi perfecto. En un punto comenzó a girar el bastón con tal velocidad para frenar una lluvia de disparos que se dio cuenta que no podría durar mucho así, por lo que cambió de estrategia, evadiendo los disparos y extendiendo su bastón para utilizarlo a modo de garrocha, lanzándose por los aires, alejándose de un grupo que la tenía rodeada. Uno de los soldados enemigos se giró para tratar de emboscarla en el aire, pero ella en un hábil movimiento logró atravesar su cuello con la punta de lanza, mientras aún no tocaba el suelo. Al caer, notó la cercanía con Milo, quién se habría rendido de esquivar los disparos y había invocado un escudo a partir de su espada defensiva, mientras lanzaba ondas de corte a un grupo de drones que intentaba ingresar por uno de los accesos subterráneos, frenándolo en su totalidad. La guerrera no lo pensó dos veces y corrió hasta él, para aprovecharse de su escudo y al mismo tiempo cubrirle las espaldas.

Lamento haberlos metido en esto— Trató de que sus palabras sobrepasaran el ruido de la batalla.

No te preocupes, saldremos de esta— Le contestó mientras seguía concentrado en evitar disparos.

En retrospectiva, este plan no fue tan buena idea.


El día que invadieron el palacio, mientras entraban a la atmósfera del planeta dentro de la nave la chica comenzó a explicarles el plan.

Necesito que ustedes sean arrestados por un crimen tan grave que no tengan otro remedio qué llevarlos a tribunal ante la Corte Suprema.

—¿Perdón?— Cuestionó el moreno, con incredulidad.

Si, necesitamos reunir a tres factores diferentes si queremos exponer la verdad. Necesitamos a la Corte Suprema, ya que ellos son los únicos que pueden destituir a un rey o un rey interino en funciones. Necesitamos que Billius esté presente y que la Guardia Real nos asista.

—¿Guardia Real?— Preguntó la chica terrícola con curiosidad.

Si, es una grupo de guerreros de élite, cuyo único objetivo es proteger a la familia Real. Cuándo Billius orquestó el ataque con los piratas, la Guardia Real fue el primer grupo de respuesta. Ahí fue cuándo Billius aprovechó para dar su propio golpe de estado. Me imagino que su primer acción como Rey Regente fue deshacerse de ellos, de ser así, sé que estarían montando un grupo rebelde esperando el regreso de un verdadero heredero al trono. El plan es ser arrestados y llevados a la Corte Suprema, que Billius esté ahí y que la Guardia Real pueda infiltrarse entre los asistentes. Por eso tenemos que atacar la alcaldía

—Pero si nos atrapan a los cuatro invadiendo...

—Si, sobre eso... Esperaba que ustedes lograran crear una distracción que me permitiera escabullirme de ese lugar.

—No me está gustando para dónde va esto— Se quejó el pelinegro.

—Necesito tiempo para encontrar el escondite de la Guardia. Ustedes deben atacar a todos en la alcaldía mientras yo me escabullo en la ciudad...

—Pero...— Trató de pronunciar la chica con prótesis de dientes, pero fue interrumpida.

—Hay una ley que informa que ningún soldado, militar o servidor público puede atacar a ningún miembro de guardia real, Billius no ha tenido tiempo de derogarla. Por eso es vital que estén presente. Durante el ataque, sé que podrián durar mucho tiempo, incluso ganarle a todos, pero necesito que se detengan en un momento en específico. Cuándo vean un vehículo con una marca parecida a mis tatuajes, pretendan atacarlo y después déjense arrestar.

—Si, sabía que diría eso— Respondió el chico.

Ese vehículo está piloteado por el Coronel Kellex. Fue un regalo de mi padre, y estoy seguro que aún nos es leal a nosotros.

—Okay...— Trató de no sonar sorprendido el castaño.

Cuándo los reúna para interrogarlos, deben decirle una serie de frases y palabras clave para informarlo de la situación sin que otras personas que estén en el interrogatorio se den cuenta, empezando por llamarlo "Capitany".

—¿"Capitany"?— Cuestionaron los tres humanos.

—Así lo llamaba yo cuándo era niña...


De regreso al presente, ambos jóvenes, terrícola y Beethoviana continuaban protegiéndose el uno al otro. Mientras un grupo de guardias reales estaba cerca de ellos para apoyarlos. Uno de los drones que intentaba atacar a la princesa explotó al recibir un disparo de uno de ellos, provocando que sus partes volaran por todas partes y una de ellas impactara a la princesa en la sien, haciéndola sangrar un poco. La chica cayó al suelo por unos instantes debido al shock, pero se reincorporó al instante para seguir la pelea.

¡Basta!— Exclamó el Coronel Kellex, buscando un arma que tenía escondida entre sus ropas mientras se giraba hacia el rey, no obstante, el segundo de los hombres con trajes tintos ya lo había previsto, empalando al militar con su propia espada.

¿De verdad pensabas que no había visto venir tu traición, Kellex?— Cuestionó Billius, con tono mordaz.

El florete extrajo su sable, limpiando la sangre con su manga y arrojando al moribundo hombre por fuera de la plataforma, haciéndolo caer cerca de dónde Quorra y Milo se encontraban, lo cuál distrajo a la princesa el tiempo suficiente para no prevenir una explosión que la separó del castaño. Los dos hombres de armadura tinta más grandes se quedaron viendo al menor de ellos, como si esperaran que él también contribuyera con algo, por lo cual, el menor simplemente se arrojó al campo de batalla, tomando por sorpresa a Milo, tumbado en el suelo debido a la explosión, quién no pudo esquivar su ataque del todo y recibió una nueva marca en su rostro, cruzada a la marca que la pelea contra Bradley le había provocado. El florete menor estaba preparado para empalar al chico, cuándo recibió una comunicación en su casco «A él no». Le dio una patada en el estómago, incapacitándolo momentáneamente y se dio la vuelta, localizando a los otros dos terrícolas a la distancia, quiénes seguían montando la plataforma de la pelinaranja. Tomó una pequeña granada de sus compartimentos, con la intención de arrojarla hacia ellos, pero fue detenido por el bastonazo de la princesa.

Acabaré con la princesa— Pronunció hacia su transmisor, a lo que recibió un «Incapacitarla» como respuesta.

El joven se enfrascó en una breve escaramuza con la chica, quién utilizaba su bastón como espada, desviando estocada tras estocada. En un impresionante movimiento, la chica dio un giro completo e impactó al florete en su costado con fuerza, para después girar en sentido contrario, dándole la espalda y alargando su bastón desde la punta de lanza retráctil, perforando entre el casco y la pechera del espadachín, atravesando su garganta fatalmente. Los otros dos espadachines observaron todo desde arriba, impávidos, mientras Billius apretaba los colmillos al percatarse de lo sucedido.

Esto es por Kellex— Le respondió con odio y dolor, para después ayudar al castaño a reincorporarse, el cuál, comenzó una oleada masiva de ráfagas de energía cortantes, acabando con cientos de drones y soldados al instante.

Mientras tanto, Zack y Melissa estaban en su propio frenesí de destrucción, deslizándose por todos lados. Para ese punto, todas las mesas, sillas y todo el mobiliario estaban destruidos y había cráteres y fuego por todas partes. De pronto, un grupo de cuatro robots gigantes con forma de tarántulas ingresaron al complejo desde distintas zonas, agregando otra capa de complejidad a la pelea. La terrícola aprovechó su gancho para cortar las patas de una de ellas, la cuál cayó al piso derrumbada, sin embargo, otra de ellas tenía un cañón con el cuál destruyó el gancho y parte de la plataforma de energía, mandándolos a volar a otra parte de la batalla. El moreno no lo dudó, y utilizó sus poderes para levantar las esquinas de dos placas metálicas que conformaban el suelo, para crear un pequeño refugio improvisado en forma de pequeña cueva, en la cuál ingresaron ambos. La chica seguía cubriéndose con escudos de energía, mientras su amigo levantaba rocas del suelo destruido y las golpeaba con su super-fuerza a modo de proyectil. En ese momento, lo último en lo que quería pensar era en sus sentimientos, pero la situación era tan grave que incluso él imaginaba que no habría otra oportunidad para ello.

¿Sigues creyendo que soy un cobarde con puños de acero?— Le preguntó el chico picaronamente, mientras seguía atacando.

Creo que tienes tus momentos— Le respondió la chica, con mucha autosuficiencia, emitiendo una sonrisa coqueta mientras continuaba derribando todo enemigo que se le cruzara, a lo que el chico solo pudo formar una leve sonrisa cínica, confiada y juguetona, mientras seguía buscando maneras de atacar a sus enemigos.

En otra parte de la batalla, el castaño se encontraba arrinconando a un gran equipo de soldados enemigos, buscando desarmarlos como su objetivo principal, cuándo de pronto sintió los pasos de una cosa gigante retumbando en el suelo a sus espaldas. Se dio la vuelta y se topó de frente con una tarántula gigante robótica, quién le apuntaba directamente con su cañón. El terrícola no dudó, dio un gran salto en el aire, esquivando la poderosa explosión que esa cosa había provocado y corrió por sus extremidades, agigantando sus espadas con su propia energía, hasta que en un hábil movimiento, decapitó a la bestia robótica, la cuál se desplomó al suelo emitiendo chispazos de energía.

Mientras tanto, dos figuras más se unieron a la plataforma de observación por encima de todos— Creo que es hora de acelerar esto, ¿No lo crees, Billius?

Más y más drones comenzaron a ingresar al lugar, con mucha velocidad, derribando a docenas y docenas de guardias reales a su paso. A pesar de la buena pelea que estos daban. Poco a poco la resistencia que apoyaba a la princesa Quorra iba retrocediendo. Milo ya no podía derribar a nadie, únicamente cubrirse de la lluvia de disparos. Zack y Melissa se reunieron con un grupo de guardias reales, quienes habían combinado el escudo de sus armas en uno más grande que cubría mayor territorio. Ambos estaban agotados, por lo que aprovecharon para cubrirse de la lluvia de fuego que acababa de llegar. La princesa sabía mejor que nadie que estaba en un predicamento. En ese momento solo podían pensar en todas las batallas en las que habían participado en las épocas recientes. En todas y cada una habían sido apoyados por un ejército y sin embargo ahora solo contaban con la ayuda de pocos Guardias Reales y unos cuantos soldados Beethovianos que habían decidido unirse a ella tras ver a Kellex caer de la plataforma. En un punto, estaban alrededor de treinta guardias reales sobrevivientes formando un medio circulo contra una pared, cubriéndose con un escudo combinado desde sus armas de plasma. Por detrás de ellos estaban los tres terrícolas y la princesa. En ese punto, el rey dio un chasquido, a lo que el fuego cesó de manera inmediata.

¿Qué está pasando?— Se cuestionó la terrícola, quién volteó hacia el cielo, para percatarse de los nuevos invitados en la plataforma de observación.

Yong-kum y Moaze— Gruñó el castaño, con rabia.

Aunque el alcance de la percepción extrasensorial de Zack no era tan potente, había presentido el poder del Campo Oscuro invadiendo el cielo. El rey Billius fue el siguiente en tomar la palabra, mientras una pantalla improvisada en el lugar mostraba su imagen y la palabra "Transmitiendo" y los pocos parlantes que sobrevivieron a la batalla reproducían sus palabras.

Y así, princesa Quorra, otro de sus intentos de sublevación fue detenido.

¿Pero qué...?— Dijo la chica, con rabia.

En todo el planeta, en toda la ciudad, en cada pantalla del sistema, las palabras de Billius eran transmitidas en tiempo real, mientras había tomas del Rey y de los sobrevivientes arrinconados.

Gracias a la ayuda y alerta de nuestros aliados, Yong-kum y Moaze, pertenecientes al gran ejército de Liam, hemos podido frenar estos ataques llenos de traición y ambición de poder de la princesa— Continuó pronunciando, mientras las dos personas a sus espaldas sonrían con suficiencia —De la misma forma como logramos detener su ataque orquestado con la ayuda de piratas, en la que deliberadamente usted acabó con la vida de su padre, hemos logrado detener este nuevo ataque, que tenía como objetivo tomar mi vida.

—¡NO TE ATREVAS A HABLAR SOBRE MI PADRE! ¡TU LO MATASTE!— Gritó con todas sus fuerzas, pero era inútil. Sus palabras no eran transmitidas por ningún equipo, por lo tanto, ningún Beethoviano lograba escucharlas. Cayó de rodillas al suelo, envuelta en llanto. Completamente llena de odio y frustración.

Ahora, esto se acabó. Sus amigos invasores, junto con la Guardia Real que decidió traicionar al pueblo de Beethovia, serán llevados a prisión y ejecutados por conspiración, sedición y terrorismo. Y me complace anunciar la integración de Beethovia al gran ejército de Liam. —La pantalla entonces se apagó, junto con la transmisión, por lo que Billius se dirigió a Yong-kum— Muy bien, como lo acordamos. Llévate al chico y yo me quedo con sus armas, sus amigos y la princesa.

Moaze utilizó sus poderes para envolver a su esposo, quién saltó con los anillos para frenar su caída, y cayó por delante de los sobrevivientes. Al verlo de cerca, notaron que ya se encontraba en las últimas, completamente envejecido, débil. Con exceso de arrugas, mala postura y apoyándose en un bastón.

Milo Murphy, tu vendrás conmigo.

—Tendrás que derrotarme si quieres llevarme.— Le respondió el castaño, preparado para atacar.

En esos momentos, una pequeña nave llegó hasta dónde quedaban los sobrevivientes, la cuál, de inmediato disparó un ataque sónico muy potente hacia ellos. Las armas de plasma resistieron unos instantes, pero terminaron como chatarra al recibir dicho ataque. Todos cubrían sus oídos para tratar de defenderse, pero era casi imposible no ceder ante ello. Milo ni siquiera podía abrir los ojos. Los drones comenzaron a arrojar garras retráctiles hacia los guardias reales, capturándolos, y alejándolos de los demás. Yong-kum no dudó ni un segundo y utilizó sus tentáculos de Campo Oscuro afilados, los cuáles desarmaron al castaño, atravesándole las palmas de las manos y separándolo del grupo. Milo solo pudo soltar un alarido de dolor, mientras era secuestrado por aquél villano. Otros drones le retiraron los guantes al moreno, el collar a la pelinaranja, y el bastón a la princesa, recogieron las espadas de Milo, las cuales ya se habían revertido a simples empuñaduras y entonces el ataque sónico ceso.

¡Milo!— Gritó Zack impotente— ¡MILO!

Moaze se arrojó desde la plataforma y cayó encima de la pequeña nave espacial, la cual descendió, para recoger a Yong-kum y a Milo, y despegó, abandonando el lugar. Todos los sobrevivientes fueron encadenados y esposados por los drones y uno de los soldados se acercó a Billius.

¿Qué quiere que hagamos con ellos, Lord Billius?— Le preguntó en el tono más servil que tenía.

A los guardias reales sobrevivientes y soldados llévelos a los campos de reeducación. Creo que me pueden ser útiles como kamikazes. En cuanto a los terrícolas y la princesa, llévenlos a la prisión de la alcaldía, aún debo decidir cómo serán ejecutados.

{Es mi universo muy divertido}


Un detalle que había olvidado comentar es que la torre de escape que Phineas y Ferb construyeron y que mantenía la galaxia atrapada fue destruida cuándo el universo cambió de forma. También quería comentarles que he estado teniendo problemas con la plataforma porque de repente no muestra bien los capítulos (Pone 18 cuándo ya son 20), te metes al 19 o al 20 y te muestra como si no existieran. Pero eso se resuelve recargando la página.