Me disculpo de antemano si alguna religión que realiza rituales, ceremonias, bautizos o lo que sea se siente ofendida con este capítulo. Es solo que adoctrinar a los niños desde temprana edad está mal, ya deberían saberlo. Saludos.
[... Hay un gran sol ...
... Astros también ...
... De nuevo camino y me veo bien ...
... Una galaxia para explorar ...
... Aprender astronomía para variar ...
... (Whoa...) ..
... Este es un viaje especial ...
... Y yo sigo sin estar aburrido ...
... Mi universo es divertido ...
... (Whoa... Es muy divertido) ...
... Y yo sigo sin estar aburrido ...
... Mi universo es divertido ...]
Es mi universo muy divertido
Heridas reales
La nave del príncipe Remyson avanzaba a toda velocidad, rumbo al palacio. Cada tanto realizaba movimientos erráticos para simular el fallo que había anunciado anteriormente y realmente estaban cerca de llegar a su destino. Zack se encontraba aferrado a los reposabrazos de su asiento con fuerzas, acción provocada mayoritariamente por la ansiedad y no por miedo al choque que era inminente y que sus dañados ojos no le podrían advertir. El príncipe entonces soltó el mando del pequeño transporte aéreo, activando el piloto automático por unos instantes y presionando unos botones en su cabina.
—Transfiriendo toda la potencia disponible al escudo frontal— Pronunció con mucha determinación, mientras volvía a activar su comunicador— Evacúen el sector 7G del palacio. Mis controles dejaron de funcionar.
Apagó el transmisor, mientras la nave estaba a unos segundos de impactar contra una pared.
—¿Qué hay en ese sector?— Preguntó Melissa, con confusión en su tono.
—Un laboratorio con una bóveda de seguridad— Le respondió la princesa, quién comenzaba a imitar a su amigo terrícola, encajando sus uñas a su asiento.
—¿Qué querrá lograr ese idiota de tu tío?
—Supongo que puso a los científicos del palacio a analizar sus armas por alguna razón estúpida como "Replicar su poder".
—Dudo que sean capaces de lograr algo— Respondió, mientras en su interior comenzaba a sentir algo. Una especie de sensación familiar que llevaba un rato sin percibir. Acababa de sentir la cercanía de su collar— ¡Posición de impacto!
Todos se cubrieron mientras la nave, rodeada con un escudo en su proa embestía una de las paredes de la base del palacio. Una buena parte de la estructura colapsó, mientras el pequeño transporte se deslizaba en el suelo, levantando chispas por la fricción y arrasando con todo a su paso. Remy apenas fue capaz de detener el vehículo antes de impactar un segundo muro. El choque le había costado inmensas abolladuras, un par de cristales rotos y el tren de aterrizaje. Entre los cuatro levantaron la cúpula mientras veían el caos que habían provocado en ese nivel.
—No les tomará mucho llegar a este punto, vámonos— Ordenó el príncipe mientras ajustaba sus dos brazaletes de acero beethoviano real, de los cuales brotaron dos cuchillas sobre el dorso de sus manos, las cuales utilizaba para atacar. Los cuatro comenzaron a correr por los pasillos.
—Solo espero que los dos floretes restantes no estén por aquí— Señaló la chica con los tatuajes en el rostro.
—¿Quiénes son esos?— Preguntó su amiga terrícola.
—¿Recuerdan a tres hombres con armadura tinta que observaban nuestra batalla en el tribunal junto a Billius?
—Ya los recuerdo.
—Son guerreros Beethovianos, entrenados bajo las enseñanzas de la orden de la Guardia Real. Sin embargo, los tres fueron expulsados debido a su carácter y a que eran demasiado volubles. Después de eso se volvieron mercenarios a sueldo. Supongo que Billius los contrató como sus guardaespaldas. Eran tres hermanos, expertos en combate y en el esgrima. Es una lástima que durante la batalla, tuve que acabar con la vida del menor de ellos. Los tres siempre tuvieron mucho talento.
Durante ese breve recorrido por el palacio, los terrícolas se arrepintieron de no tomar un disco de armadura o dos de la bodega de su propia nave espacial. Los habían olvidado completamente y sus funciones de batalla les serían de gran utilidad. Corrieron por un pasillo finamente ornamentado hasta que encontraron una gran puerta con una contraseña de seguridad. Las cuchillas de Remy se extendieron hasta alcanzar una longitud de medio metro y las utilizó para atravesar la puerta en dos extremos, cortando un círculo gigante a través de ellas por el cuál ingresó, presionando un botón en el interior para abrir el resto de la entrada.
—¿Príncipe Remy?— Cuestionó uno de los científicos, quién tenía los guantes de Zack en una mano.
El humano dio un salto impresionante por encima de sus compañeros, golpeando a dicho científico en el rostro con su puño y colocándose los guantes que le había arrebatado mientras seguían girando en el aire recuperando así sus poderes. Sintiéndose útil una vez más al readquirir su anhelada percepción extrasensorial. En menos de un segundo, utilizó su recobrada telequinesis para, con un ademán de su mano, arrojarle su collar a Melissa, quién nuevamente se sintió completa con ese bello palpitar que sentía en su corazón al portar aquél dije. La chica creó dos manos gigantes de energía sobre sus propios brazos y los utilizó para despejar el camino de todos los genios que estaban en el lugar. Sin embargo, uno alcanzó una pequeña palanca roja en la pared, lo que activó las alarmas del lugar.
—Ahí va nuestro ataque sorpresa— Se quejó el príncipe, mientras golpeaba al hombre con la parte no filosa de sus brazaletes, dejándolo inconsciente. Tomó una máscara que cubría sus facciones y la colocó sobre su cara.
—No tenemos tiempo para esto— Complementó el moreno, quién golpeó la puerta de una bóveda repetidas veces con sus poderes destructivos hasta que cedió y cayó al suelo, revelando el bastón de la princesa. Lo sujetó con sus manos, para tentar su material y se lo lanzó a su dueña, quién lo atrapó fácilmente.
—Gracias, nos vemos— Se despidió su amiga beethoviana, mientras salía corriendo a lado de su primo. Tanto el príncipe, como la princesa estaban preparados para derrocar al rey falso.
La pelinaranja estuvo a punto de hacer lo mismo y abandonar las instalaciones, pero fue detenida por el chico.
—Espera— Tomó los mangos de las espadas de Milo, que flotaban en un campo magnético artificial y sujetó cada uno con sus manos. De inmediato reaccionaron a su determinación, convirtiéndose en espadas nuevamente— Toma esto, Milo las necesitará.
Le arrojó la espada defensiva, mientras él se quedaba con la ofensiva. Sonrió por primera vez en mucho tiempo, mientras un aura blanca se formaba a sus espaldas, hecho apreciado solo por la terrícola y por un hombre que estaba a millones de kilómetros de ellos, volando en dirección a Octalia.
—Vamos— Le ordenó el pelinegro. Ambos chicos revirtieron su correspondiente espada a su modo discreto y las colgaron de sus cinturones, mientras salían corriendo del lugar.— Oh, oh
La chica se detuvo cuándo divisó, al final de un pasillo cercano, un grupo completo de guardias que corrían en su dirección para atacarlos. Se preparó para atacar, sin embargo, Zack la colocó por detrás de él, arrojó sus brazos hacia atrás, tomando un gran impulso y con todas sus fuerzas empujó de nueva cuenta sus brazos hacia adelante. Melissa pudo sentir la presión de los poderes de su mejor amigo a pesar de estar por detrás de él, hecho que la dejó desconcertada por unos instantes, mientras observaba todo como si fuera cámara lenta. Los poderes de su mejor amigo provocaron una onda expansiva de telequinesis la cual arrasó con el ejército de guardias, chocándolos en contra de una pared que se encontraba al final del pasillo, mientras que el suelo y las paredes de todo el lugar quedaban completamente destruidas, sumidas sobre sí mismas y con grietas por todos lados, como si hubieran estado en medio un devastador terremoto. El moreno jadeó por unos instantes, ante tal demostración de poder, solo para reincorporarse, sujetar la mano de su mejor amiga y continuar corriendo en el pasillo semi-destruido completamente despejado. Podía sentir algunos huesos quebrados y feas contusiones en los guardias derribados pero poco le importó al chico.
—Guau— Fue lo único que la chica logró pronunciar.
—Vámonos— El jaloneo molestó un poco el brazo de su amiga, quién seguía anonadada de haber presenciado dicho acto brutalidad como para darle importancia al pequeño dolor en su coyuntura.
Regresaron a dónde la nave de Remy había impactado, la cuál seguía echando humo. Ninguno de los dos estaba seguro de la viabilidad del plan, pero ninguno de los dos dudó en ejecutarlo. Zack utilizó sus poderes para hacer que el vehículo levitara, mientras la chica ingresaba al interior y comenzaba a reactivar los motores. La mayor parte de la pared por la que ingresaron había sido derribada, por lo que era la vía de escape apropiada. Con la levitación, el chico giró el transporte hasta que tuvo el hueco del muro de frente. En un segundo, los propulsores verticales comenzaron a mantener a la nave en el aire, al interior del palacio, lo que fue suficiente para que Zack golpeara el suelo para propulsarse hacia ella y caer sobre una de sus alas. La cúpula suponía un problema, por lo que la arrancó con otro ademán de su mano y la arrojó a la distancia, mientras tomaba asiento por detrás de su amiga. Entonces, Melissa presionó un botón y la nave comenzó su recorrido, mientras un mapa y una guía que Remy había programado les indicaban el camino para llegar hacia el buque de Yong-kum.
Dakota, quién se había recuperado parcialmente de las heridas, se encontraba manipulando el cañón del nivel superior de la nave, mientras que el resto estaban en la cabina de pilotaje, dirigiéndose hacia una pequeña luna que orbitaba al planeta.
—¿Por qué vamos hacia esa luna?— Preguntó Theseus, mientras Cavendish operaba una de las consolas en la parte trasera.
—Según los datos que nos transfirió Remy, hay una estación espacial por detrás de la luna del planeta. Ahí es dónde los piratas guardan los tesoros y esconden sus naves.
—Y ¿por lo menos tenemos un plan?— Era raro para el propio chico del futuro preguntar por un plan, siendo que él era tan espontáneo y repentino, pero algo en su interior le sugería que necesitarían ayuda. Sin mencionar que aún no entendía por qué estaban en tal lugar, apoyando a unos desconocidos.
Por otro lado, Doofenshmirtz estaba ocupado reparando el daño en sus brazos ortopédicos sin escuchar la conversación por completo, mientras que el ornitorrinco seguía con sus funciones de copiloto. De pronto, una voz se escuchó a través de la radio.
—"Azulejo Sagrado... Azulejo Sagrado... Aquí Prince-1. Contesten Azulejo Sagrado"
—Creo que somos nosotros— Respondió el británico.
—Aquí el capitán Theseus Murphy— Una de las computadoras mostró un letrero que decía "Tu no eres el capitán -Quorra", sin embargo, el chico lo ignoró—Identifícate o abriremos fuego.
Cesó la transmisión por un momento. Encendió el radar que él mismo había apagado por la diversión de navegar a ciegas, cuándo se percato que un grupo de por lo menos veinte naves pequeñas, parecidas a la de Remy se les acercaban por la popa. Dakota desde su torreta ya las había divisado y girado su propio cañón para apuntarles. Sin embargo, otra transmisión ingresó.
—"Azulejo Sagrado, aquí Prince-1. Quiero decir, mi nombre es Lexer. Somos aliados. El príncipe Remyson nos envió para apoyarlos"— Respondió la transmisión.
—Dakota, no dispares todavía— Dijo el británico por su propio comunicador.
—¿Cómo podemos saber que son aliados? Literalmente todo el mundo en ese planeta feo nos disparó.— Se quejó el joven con mala suerte sin responder al mensaje.
—Nadie en ese planeta sabe que el príncipe es nuestro aliado— Resolvió Cavendish, mientras se dirigía a su mejor amigo— Dakota, gira el cañón. Alinéalo con la proa.
—Estás muy seguro de esto, Cavendork. Si nos destruyen, será culpa tuya. Bueno a ti ya te destruyeron en el futuro.— Presionó un botón para comunicarse— Bien, Prince-1 ¿Cuál es la situación?
—"El pirata Raz y sus secuaces se alojan en la estación espacial abandonada, pero hay un Dromón espacial y un escuadrón de Drakkares protegiéndola".
—Eso suena como a muchos problemas— Mencionó el doctor, mientras seguía soldando las conexiones en su brazo.
—Naves más grandes han perdido contra mi. Hora de ver si estas criaturas están de nuestra parte— Afirmó el joven Murphy, mientras se preparaba para activar su radio— Escuadrón Prince, formación de cuña. Pongan las naves en modo piloto maestro enjambre.
Las naves beethovianas se colocaron por detrás de ellos, formando una alineación que parecía la punta de una flecha, con el azulejo sagrado a la cabeza. En la consola de Theseus aparecían las naves de color amarillo en su radar por detrás de él, cuándo de pronto, todas cambiaron a color verde y unas líneas comenzaban a entrelazarlas, dibujando el triangulo de muchos vértices. La formación hacía parecer que todas las naves fueran realmente una pieza de algo más grande, pues se movían todas al unísono, sin romper filas y manteniendo la figura del triángulo. Incluso llegó el punto en el que rodearon la luna y divisaron las naves enemigas, orbitando su cara oculta. Del otro lado, divisaron al pequeño ejército enemigo, quiénes eran lentos pero estaban bastante blindados. Poco a poco comenzaron a acercarse a ellos.
—Aquí vienen los Drakkares— Señaló el británico, mientras múltiples naves del tamaño de una fragata avanzaban en su dirección. Cada una tenía un juego de alas en ambos costados que se movían y creaban la ilusión de que la nave podía nadar en el vacío del espacio. Era bastante obvio que no estaban coordinadas, así que cada una se fue acercando a ellos a su propio ritmo, lo que les daba la ventaja.
—Aguarden mis instrucciones— Les ordenó el capitán al resto del escuadrón, mientras mantenía el control del movimiento de todas las naves.
Las puertas de obsidiana y cristal reluciente se cerraron a espaldas de un par de jóvenes promesas con un estruendo sordo, resonando por los pasillos infinitos del palacio de Beethovia. El pasillo ante ellos se alzaba como un túnel de mármol pulido y metales líquidos que serpenteaban por las columnas, pulsando con una tenue luz azulada. Cada lámpara colgante, una mezcla de cristal cortado y microcircuitos flotantes, proyectaba destellos dorados que danzaban como estrellas atrapadas en una cúpula infinita. Ambos potenciales herederos al trono corrían sin descanso desde los niveles bajos. Cualquier guardia o grupo de guardias eran derribados de inmediato por el bastón de la chica, mientras su primo hacía lo posible por dejarlos inconscientes.
—Si Billius escapa, vendrá de regreso con un ejército más grande que solo los guardias del palacio— Se quejó la princesa, mientras otra oleada los acorralaba por detrás de un pilar junto a un gran ventanal.
—Lo sé— Su primó tomó un pequeño disco y lo arrojó hacia el ventanal, destruyéndolo en una leve explosión. Ambos se dirigieron a la ventana—Espero que no hayas olvidado el día de campo y la torre Dwight.
Ambos salieron a la cornisa, viendo hacia el cielo. Desde el nivel en el que estaban la caída sería ya prolongada, sin embargo, ninguno de los dos dudó. Remy extendió sus cuchillas hasta que alcanzaron el metro de longitud, por encima del dorso de su mano. Comenzó a encajarlas sobre la pared del lugar, escalando como si fueran picas de alpinista. Quorra por su lado, saltaba de un lado a otro, clavando la punta de su bastón entre cada salto para la estabilidad, subiendo con premura. La velocidad con la que trepaban era impresionante para cualquiera que se atreviera a observarlos y ninguno de ellos tenía miedo. La ventaja del palacio es que estaba un tanto retirado de la ciudad, a diferencia de la alcaldía, por lo que no había naves patrullando el exterior. Después de escalar una infinidad de pisos, ingresaron por otro ventanal, dónde unas personas los ayudaron a reincorporarse.
—Creí que el plan era que ustedes tratarían de ser más discretos— Les dijo la voz de un chico, con una armadura práctica de combate.
—¿Chuck?— Preguntó la chica, emocionada de verlo. Detrás de él estaban unos cuántos miembros sobrevivientes de la guardia real, armados con rifles comunes y corrientes.
Chuck era uno de sus mejores amigos de Quorra. A quién no había visto desde que su tío se apoderó del planeta. Billius había encerrado a todos los allegados a la princesa en campos de reeducación y control mental. Sin embargo, Remy también tenía muchas amistades, quienes estaban dispuestos a todo por él, no solo por ser el príncipe, sino por ser su amigo. Gracias a ellos, todos los que fueron encerrados por apoyar a Quorra estaban ahí, listos para apoderarse del palacio.
—Nos alegra verte de nuevo en el planeta, Lady.— Se burló su mejor amigo.
—Jamás pensé que me daría tanto gusto escuchar tus apodos rancios— Se giró hacia su primo— ¿Pero como es esto...? ¿Lexer?
—Lexer— Confirmó el joven heredero.
—¿Y dónde?
—Lidera un equipo de apoyo, con los terrícolas en la misión de rescate en el espacio.
Quorra, por primera vez desde que todo había pasado, bajó la guardia con su primo y se abalanzó sobre él para darle un fuerte abrazo.
—Muchas gracias.
—Lamento no haber hecho esto antes— Se sinceró el chico, y entonces, prosiguieron con su marcha.
—Princesa, hora de irnos. Naves de seguridad se dirigen hacia acá a toda prisa— Le informó uno de sus guardias reales.
El equipo de asalto improvisado continuó con su misión. Tenían la ventaja de que las patrullas del palacio no conocían su ubicación exacta, y estaban realmente cerca al salón del trono. Remy comenzó a introducir comandos en su brazalete izquierdo, mientras el resto abría el camino para llegar a la sala previa al salón del trono.
—Casi estamos en rango. Grupo de babor, concentren su fuego en las alas del flanco izquierdo, grupo de estribor, lo mismo para el flanco derecho. Dakota, coloca tu cañón en modo aniónico y apunta a la aleta superior— Ordenó el capitán de aquella mini flota improvisada.
Sorprendentemente todas las naves le hicieron caso. Las alas del Drakkar más cercano volaron en miles de pedazos ante la magnitud y la cantidad de disparos. Cada ala poseía un motor a diferente altura, lo que hizo que al destruirse, el Drakkar perdiera estabilidad. El disparo de Dakota fue esencial, pues aquél vehículo blindado quedó deshabilitado inmediatamente. Flotando a la deriva.
—¡Funcionó!— Alabó el británico, mientras el científico terminaba de ajustar sus reparaciones y se reincorporaba a la diversión.
—Vaya, para ser un loquito del futuro me tienes sorprendido.
Theseus dio un gran giro, lo que hizo que todas las naves al unísono cambiaran su dirección de forma casi instantánea. Esquivando aquél bulto de tuercas apagado qué realizó algunos disparos desde sus cañones.
—Sus motores ya no sirven pero, sus sistemas de armas siguen en línea. Repitamos el proceso, procuren mantenerse alejados de los Drakkares inhabilitados.
La experiencia de Theseus con los piratas tenía una razón. En el futuro distópico del que él provenía, era bastante común toparse con piratas de mundos que ya no existían, buscando sobrevivir. No importaba si eran de la cofradía o no. Muchas personas al perder sus hogares y a sus amigos hicieron de todo para sobresalir entre los supervivientes. La oposición, liderada en ese entonces, por el General Brown descubrió las debilidades de sus Galeones, Dromones y Drakkares. Theseus había participado en diferentes batallas contra ellos, volviéndose prácticamente un experto en cazar piratas, antes de que experimentaran con su mente. Sujetó por unos instantes el mango de su espada, esbozando una sonrisa maliciosa, mientras una transmisión entrante lo sacaba de su ensoñación.
—"Capitán Murphy, he detectado la presencia de la flota Beethoviana cerca de este sector"— Dijo la voz del hombre llamado Lexer por el canal de comunicaciones.
—Con eso estoy contando— Su pequeña sonrisa se amplificó.
Inhabilitaron unos cuántos Drakkares hasta que solo quedaron seis, los cuales comenzaron maniobras evasivas a la vez que el imponente Dromón comenzaba a acercarse a ellos. Dicha monstruosidad era mucho más grande que Galeón del pirata Yonfer Diprow. Era bastante obvio que había sido mejorado gracias a la tecnología y minería beethoviana. Aún así, a Theseus no le tembló la mano. Sujetó su timón con fuerza, mientras el ornitorrinco en el asiento cercano a él ajustaba sus múltiples cinturones de seguridad. Por los costados del Dromón, diferentes tipos de cañones, obuses y lanza torpedos mostraron el poderío de dicho transporte gigante. Una gota resbaló por la frente de Cavendish, y el doctor Doofenshmirtz se sentía extrañamente emocionado.
—¿No pensarás ir de frente contra eso?— Preguntó el británico, bastante asustado.
El piloto del Azulejo lo ignoró y presionó un botón en su consola.
—Prince-1, prepare acción evasiva. Recuperen el control manual.
—"Entendido. Cambiando de modo enjambre a control manual."— Le respondió, mientras las naves rompían un poco la bella formación, pero manteniéndose cerca de ellos.
Theseus estaba impresionado de que ningún miembro del escuadrón que los escoltaba había sido destruido aún. A pesar de toda la artillería habida en el dromón, el espectáculo de luces aún no comenzaba. Justo cuándo estaban a punto de estar en rango el chico ordenó.
—¡Ahora! Acción evasiva, sepárense.
El escuadrón se dividió en dos grupos, girando a babor y estribor. Theseus llevó el azulejo con el grupo de babor mientras los múltiples cañones del Dromón comenzaron a hacer su trabajo. Cavendish, quién estaba de pie observando una consola, no tuvo más remedio que tomar asiento y colocarse el cinturón, mientras la batalla daba lo mejor de si. El doctor lo imitó sobre otro asiento cerca de una consola, a la que pudo acceder para comenzar a controlar el armamento frontal de la nave, con la que comenzó a atacar el fuselaje de los piratas.
—Desviando potencia adicional a los escudos laterales— Anunció el británico, al momento que la nave estaba en rango de quemarropa con el transporte pirata.
A simple vista, la batalla parecía más un grupo de mosquitos agrediendo la cabeza de alguna persona. Sin embargo, el daño provocado por las pequeñas naves era algo más que significativo. Sin mencionar que tenía una segunda intención, pues había llamado la atención a cierto grupo de personas.
La chica Beethoviana no podía negar que se sentía inquieta. Acababan de llegar a la última sala antes del salón del trono, dónde no sabían se Billius seguía ahí o ya habría escapado. El calor del lugar era palpable, después de muchos disparos y explosiones que habían acontecido sin control. Una parte de ella se arrepentía de no haber acabado con su tío el día que enjuiciaron a sus amigos. En esos momentos, temía que su imagen de parricida se viera fortalecida. Sin embargo, el día de hoy no tenía dudas. Era la última oportunidad de vengar a su padre, El difunto Rey Vaglud. Ahora no dudaba. Por culpa de él no sabía si su madre, la Reina Merrie seguía con vida. Por culpa de él no sabía si su padrino, el antiguo consejero real, Zynler, seguía con vida. Así que no era momento para dudar. Los últimos guardias estaban ahí, cubriendo las enormes puertas del salón del trono. Atrincherados con muebles y todo lo que pudieron utilizar para crear barricadas.
—¿Estás lista?— Le preguntó su primo.
—Creo...— No estaba segura qué contestarle a un chico, cuyo padre era su objetivo— ¿Tan siquiera sabemos si sigue aquí?
—Los hangares están cerrados. El transductor que planté en la oficina del burgomaestre el día de la fuga me dio acceso al sistema.
El palacio real no era un lugar independiente, en lo que a redes tecnológicas se refería. Dependía directamente de la alcaldía. Por eso, cuándo Remy ayudó a Melissa y los demás a fugarse, colocó un transductor digital que alteraba las señales recibidas desde la computadora principal. Gracias a eso, Remy, quién era bastante habilidoso con los sistemas informáticos había logrado obtener todos los permisos del Burgomaestre, quién tenía poder suficiente como para acceder a los sistemas del palacio real. Básicamente, el príncipe había hackeado su propio palacio real. Gracias a eso, había colocado una zona de silencio sobre el palacio, impidiendo comunicaciones con el exterior, e incluso había aislado ciertas zonas en el interior. También había dado la instrucción de cierre de emergencia con el exterior. De esa manera, aseguraba que su padre no huyera del lugar.
—Detrás de esa puerta está mi destino.— Resolvió a decir.
—Hay algo que debo decirte. Ha estado tomando químicos extraños para mejorar sus habilidades. Ya no es el mismo debilucho que conocías.
—Ni yo soy la misma niña crédula de siempre. La pelea en este frente no tiene sentido. Utilizaré la entrada secreta.
—Perfecto, yo me quedaré con Chuck y los otros y...
—¿De que hablas?— Lo interrumpió la princesa —No puedo enfrentar a Billius solo. Menos si se ha alterado físicamente para obtener ventaja.
—¿Me pides qué...— tartamudeó un poco— en-enfrente a mi propio padre?
—Montaste un rescate impresionante. Salvaste a mis amigos. Trajiste refuerzos. Reuniste a todos los que me apoyaban en el mismo lugar. Algo me dice que tu tampoco quieres que tu padre siga reinando.
—Desde que me enteré de la verdad. Su pacto con Raz. El plan para destruir al tío Vaglud. Después de ver las grabaciones que él eliminó y logré reconstruir. Después de enterarme que está usando obreros Beethovianos como esclavos para ayudar a Yong-kum. Después de todo esto, ya ni siquiera lo considero mi padre.
—¿Le otorgará acero beethoviano al ejército de Liarrem? Después de todo el daño que le ha hecho al univer...— No terminó la frase— Espera. ¿Cuáles grabaciones?
La lluvia de disparos seguía su curso. Afortunadamente, ellos estaban por detrás de unos pilares con enormes bases que los cubrían. Eran un total de seis pilares de ese lado de la sala. Sus amigos estaban distribuidos cubriéndose y disparando cada tanto. Remy comenzó a articular sus ideas de nueva cuenta.
—Cuándo Billius tomó el control, y las grabaciones de seguridad del palacio se perdieron misteriosamente supe que algo andaba mal. Logre restituir los archivos eliminados y encontré la grabación de Billius, apuñalando a tu padre por la espalda. Logré intervenir sus transmisores, y me enteré de todo lo que estaba pasando. La única razón por la que no lo encaré en ese momento fue para proteger a tu madre. Necesitaba un plan para rescatarla y traerte de regreso al planeta. Fingí que estaba de acuerdo con sus métodos. Fue así que me presentó a Raz, después de unos cuántos meses. Eso me dio acceso a verificar el estado de la reina. Tenía la esperanza de poder rescatarla e ir a buscarte. Seguí reuniendo evidencia cuándo de pronto caíste del cielo.
—¿Todavía tienes esa evidencia?
A Remy le daba vergüenza admitir que no se le había ocurrido lo que a Quorra se le acababa de ocurrir. Hasta ese preciso momento, se dio cuenta que no habría mejor oportunidad. Comenzó a presionar unos botones sobre su brazalete.
—Activando el protocolo "de-cero, equis-equis, tres-cero".
—¿Eso significa qué?
—Todos los dispositivos del planeta recibirán la evidencia como una primicia de emergencia proveniente de la alcaldía. Semanas y semanas de transmisiones. Pactos con piratas, desvíos de recursos, llamadas, e incluso los vídeos de seguridad del palacio.
Los ojos de Quorra brillaron como nunca lo habían hecho. Ahora su determinación era innegable. Ahora estaba motivada al saber que si se le pasaba la mano con Billius, nadie la juzgaría y volvería a tener el apoyo de todos en el planeta. Entonces se dirigió a su mejor amigo.
—Chuck ¿Te encargas de esto?— Su mejor amigo asintió, mientras continuaba disparando a los guardias que cubrían la entrada al palacio. Entonces se giró a su primo —¿Vamos?
Quorra había elegido ese pilar para cubrirse por una razón. Todas las bases estaban diseñadas de una roca de mármol lisa, con una decoración de piedras preciosas a su alrededor. Presionó unas cuantas en un orden específico, y la cara de la base se hundió en la tierra, revelando una escalera de mano que ascendía hacia el techo, por toda la superficie del pilar. Remy fue el primero en ingresar, con la princesa siguiéndolo de cerca.
Theseus mantenía la nave externadamente cerca del Dromón. A tal grado que en algún momento uno de los cañones comenzó a dispararle, errando cada tiro, pero impactando sobre el fuselaje de su propia nave. El piloto aprovechó eso para volar cerca de las otras armas de la nave, haciendo que dicho cañón, las fuera destruyendo. Sin embargo, ese proyecto no pudo perpetuarse, pues al final, dicho cañón explotó en mil pedazos, por otro impacto de fuego amigo. Quienes sufrían más eran los amigos de Remy, a quienes les costaba trabajo esquivar la intensa lluvia de disparos y atacar al mismo tiempo. Un par de ellos ya había sido destruido para entonces.
—"Azulejo Sagrado..."— Trató de decir Lexer, pero fue interrumpido por el chico del futuro.
—No molestes— Le gritó el Murphy, quién disfrutaba de toda la diversión.
Dakota también disfrutaba lo que hacía desde la parte más alta de la nave. Destruyendo cañones y torpedos que los seguían a toda velocidad.
—Oigan chicos, esto está divertido alguien lo quiere intentar— Pronunció en su comunicador, mientras tomaba un cuadro que estaba cerca de él. Dentro mostraba una foto en la que salían sus tres amigos adolescentes, junto a su maestro y Quorra. Dicha fotografía se la habían tomado en Claudssy, antes de despegar. El castaño sonrió al notar la posición de sus amigos. Zack y Milo estaban a la izquierda de la foto, con un brazo alrededor del otro. Melissa era la tercera, haciendo una seña de paz con su mano izquierda, con su otro puño sobre la cadera. Un poco más atrás de ella estaba la chica Beethoviana, poniéndole cuernos a la pelinaranja con dos dedos. Por último estaba Shar-cos, de perfil. Se le veían los brazos cruzados y se notaba que estaba más concentrado en la nave espacial que en la foto, lo que hizo que Dakota preguntara para si mismo —¿Quién es ese?
De regreso a la cabina, Theseus sonrió al percatarse de que la mayoría de armas del Dromón habían pasado a la historia y que, la batalla, lo había arrastrado lejos de la estación espacial.
—Está funcionando— Admiró su propio plan para después detectar la presencia de un par de buques y una docena de fragas volando en su dirección.
—"Azulejo Sagrado..."
—Ya los vi— Volvió a interrumpirlo —Contáctenlos, díganles que son piratas y pidan refuerzos. Nosotros vamos por el pez más grande.
El plan del joven del futuro había funcionado cien por cien a la perfección. Ahora el ejército Beethoviano no tenía otra alternativa que encarar las naves piratas que quedaban mientras ellos aprovechaban para infiltrarse en la estación espacial. Giró bruscamente la nave. Todos se sujetaron a algo y de pronto utilizó los impulsores subluz que estaban instalados en su transporte, aquellos que fueron proporcionados en Wengar, acelerando a toda prisa, perdiéndose del radar del Dromón. La velocidad los aplastó a todos en sus asientos unos instantes, hasta que aparecieron de frente a la estación espacial.
—¡Cuidado!— Exclamó el británico, al notar que estaban a punto de chocar con lo que parecía ser un acceso sellado por el metal, sin embargo, Dakota desde el cañón logró derribar los sellos, mientras la nave aún avanzaba, haciendo que la gigantesca pared de metal colapsara y volara sin control por el espacio exterior.
—¡Espléndido! ¡Ese cabeza de estropajo no podría haberlo hecho mejor!— Theseus se puso de pie, y comenzó a caminar— Pato, aterriza la nave si puedes.
Perry castañeó los dientes en replica por haber sido llamado pato. Presionó un botón para obtener el control total de la nave, y la hizo ingresar por el hueco recién creado. La velocidad era alta, pero dicha zona de la estación era bastante amplia. Para cuándo un campo de fuerza selló el ingreso y volvió a presurizar la zona, Theseus ya se encontraba cayendo al interior, con su espada en mano. Un par de piratas comenzaron a dispararle, sin embargo, el chico no dudó en utilizar su espada para absorber los disparos, y deshacerse de ellos con un par de estocadas maestras. Perry estacionó la nave con maestría y todos corrieron a descender, incluido Dakota, quién hasta hacía unos minutos estaba en la parte superior de la nave.
Billius caminaba impaciente de un lado al otro dentro del salón del trono con una gran cantidad de rabia acumulada. Cualquiera que lo viera creería que estaba a punto de echar espuma por la boca. Una enorme pantalla que anteriormente existía en el lugar y que estaba reducida a pedazos fue testigo de su peor momento. Los disparos al otro lado de la puerta lo hacían sentir cada vez más vulnerable. Pensaba que en cualquier momento esa puerta se abriría y podría ser su fin. No sería capaz de llegar a ninguna nave de escape sin toparse a alguien que tratara de detenerlo. En ese momento solo podría preguntarse una cosa.
—¡¿Quién fue el bastardo que filtró toda esa información?!— Gritó con todas sus fuerzas.
De pronto, de un mosaico en el techo cayeron dos figuras. Una de ellas portaba un bastón bastante duro, con la punta filosa preparada para el combate. La otra figura, portaba dos brazaletes, cada uno con una cuchilla alargada, preparadas para el combate.
—Creo que te refieres a mi— Lo retó su hijo, con tono de insubordinación.
—Debí saber que serías una rata traicionera al igual que tu madre.
Los ojos de Remy se abrieron como platos al escuchar esas palabras. Atónito, perdió el foco por unos instantes.
—¿Mi madre?
Billius aprovechó para tomar un arma de entre sus vestiduras y arremeter contra su hijo. La princesa fue mucho más rápida y con un rápido giro constante de su bastón logró cubrir a su primo. El rey falso prosiguió disparando, esta vez, apuntando hacia su sobrina, quién hacia gala de sus habilidades para esquivar o desviar los disparos láser con su bastón. De pronto, un clic constante le hizo saber al más grande entre ellos que su arma estaba descargada. El hombre entonces desechó el arma, y tomó un cetro de acero beethoviano real, con un bello adorno redondo en su cabeza. Presionó un botón y de la parte inferior del la vara se desprendió un acabado de goma, revelando una punta filosa. Quorra comenzó a ver todo en rojo al notar lo que su tío tenía entre las manos.
—Suelta... el bastón... de mi padre...— Dijo, con pausas obligadas debido a su respiración acelerada.
—Si lo quieres tendrás que quitármelo.
La chica sonrió, irónicamente.
—Suena sencillo.
—Ríndete Billius— Intervino el chico, quién acababa de recomponerse de su shock inicial — Somos dos contra uno, no puedes ganar.
—Los patos le tiran ahora a las escopetas ¿eh? ¿Cómo te atreves a hablarme utilizando mi propio nombre? Te enseñaré a respetarme.
—¿Prefieres rata asesina?— Su tono de irreverencia comenzaba a fastidiar al mayor.
Remy dio un paso, pero retrocedió al ver a su padre hacer lo mismo, quién rio al percatarse. El rey falso desabotonó su playera, revelando una pechera que lo hacía parecer más musculoso de lo que en realidad era. Se la retiró y la arrojó al suelo, hizo lo mismo con unas prótesis que utilizaba en los brazos, revelando a un hombre a poco de parecer famélico.
—Definitivamente suena sencillo— Reiteró la chica, cuándo de pronto, observó a su tío tomar un collar con un pequeño frasco, el cuál tenía un líquido verde que resplandecía.
El hombre lo bebió hasta su última gota y de un segundo a otro, su cuerpo se hinchó y aumentó de tamaño, ganando unos músculos bastante impresionantes. Todas las venas de su cuerpo se saltaron. Algunas prendas de su ropa se rompieron y las venas rojas de sus ojos se sobresaltaron. Parecía una especie de monstruo.
—Esto es malo— vaticinó su primo— Usualmente se toma una o dos gotas. Acaba de beberse la botella entera.
—Si algo he aprendido, viajando por el universo con dos terrícolas varones, una mujer y al único sobreviviente de un culto antiguo es que cualquier exceso se resume en la perdición de su adicto. — Ambos chicos se sonrieron mutuamente y asintieron con la cabeza.
—No mueras...
—Tú tampoco...— Sonrió, mientras observaba el bastón de su padre, a manos de su enemigo, con detenimiento. Rememorando mejores épocas.
El rey Vaglud era realmente una persona grande. Debía medir por lo menos un metro con noventa centímetros. Era sumamente risueño y mostraba una barba de candado platinada, perfectamente recortada y simétrica. Vestía acorde a los estándares reales, con sus elegantes ropajes y su capa hecha de piel sintética roja. Sus rasgos eran muy parecidos a los de su hija, con la diferencia que eran definitivamente más robustos. Su cuerpo si era corpulento, a diferencia del de su hermano y su rostro estaba adornado por esos tatuajes con patrón de diamante que caracterizaban a la realeza Beethoviana. Junto a él, Zynler parecía el asistente de un superhéroe, hecho que no le molestaba al padrino de la pequeña Quorra, quién paseaba tomada de la mano de su padre por los bellos jardines del palacio. En la otra mano, el rey encaminaba al pequeño Remy, quién recién había obtenido sus tatuajes, al igual que su prima.
—Tío Vaglud... duele...— Se quejó el pequeño.
—Lo siento. Siempre he dicho que esta clase de ceremonias y rituales deberían hacerse en los sucesores de la corona a una mayor edad. Pero esos puritanos de la Orden de la Realeza no quieren cambiar las cochinas tradiciones.
—A mi ya no me duele, papi— Presumió la chica, mintiendo en el proceso— Primo Remy es un llorón igual que su padre...
—¡Oye!— El chico se soltó del agarre del adulto, preparado para presionar sus dedos sobre el rostro de su prima para probar que la chica mentía, solo para ser detenido en el último instante. Estaba a punto de soltar el llanto, cuándo su tío levantó un solo dedo para mediar la situación
—No es bueno que mientas, mi pequeña. Además no debes expresarte así de tu primo, ni de tu tío Billius.
—Papi ¿Por qué tío Billius no tiene tatuajes en el rostro como nosotros?— Preguntó la chica, con mucha curiosidad.
—Sinceramente no lo sé. De nuevo tendré que culpar a los puritanos. Solo les diré que desearía que tío Billius los tuviera. De esa manera, él podría cuidar de Beethovia mientras yo me encargo de cuidarte mi princesa— Se giró hacia su sobrino — Y a ti también, futuro guerrero.
Zynler, quién venía caminando por delante de ellos desde el inicio, se detuvo para hablar con el Rey.
—Rey Vaglud— En anteriores ocasiones, él había sido regañado por miembros de la Orden de la Realeza, sin embargo, el Rey ordenó que se le permitiera a Zynler, su mejor amigo de toda la vida, dirigirse a él sin utilizar la palabra "Rey"—Lamento interrumpirte pero acabo de recibir un mensaje de qué...
—Usted no acaba de recibir nada, Zynler— Dijo, haciendo énfasis en la formalidad. —El día de hoy, está dedicado a mi hija y a mi sobrino. Ya había hecho anuncios para que este día nadie nos molestara. Cualquier cosa, el Master Magister o el Burgomaestre se podrán encargar.
—Entendido...
La pelea entre la realeza era frenética. A los potenciales herederos, después de la ceremonia en que se les otorgaban sus tatuajes, se les comenzaba a entrenar, tanto el físico, como en lo psicológico y en lo público para ser excepcionales y aptos para ocupar el cargo. El cetro que portaba Billius emitía un sonoro ruido cada vez que chocaba con el bastón de Quorra o los brazaletes de Remy. En una situación normal, lo habrían doblegado en cuestión de segundos. Pero ese líquido experimental que ingirió, no solo había mejorado su fuerza física, si no que también su velocidad, resistencia y reflejos también habían sido mejorados.
—Tramposo como en toda la vida ¿Eh?— Lo provocó la chica, después de esquivar una potencial apuñalada con la parte filosa del cetro.
—Nunca fuiste apto para la corona como nosotros. Así que solo de esta manera pudiste sentarte en el trono...
—Le tenías envidia a mi padre. A la persona que más te apoyó.
—¡Cállense!— Gritó mientras seguía defendiéndose de las estocadas conjuntas.
En dicha pelea, ambas partes sabían que era solo una formalidad. El lado de Quorra había ganado, y no faltaba mucho tiempo antes de muchos grupos de personas vinieran a capturar al rey. Sin embargo, ese capítulo en sus vidas necesitaba un cierre y lo obtendrían a cualquier lugar. Mientras que para Billius, su plan ya estaba frustrado, lo único que podría hacer era vengarse de su hijo y su sobrina.
—No tienes a dónde huir— Resolvió la chica, mientras se acercaba cuidadosamente a él, con su arma lista.
—De la misma manera en que la Reina Merrie ¿eh?—
—¿Qué dices?— Una parte de Quorra sabía que Billius trataba de jugar con sus mentes. Sin embargo, no pudo evitar distraerse y recibir un golpe en el rostro desde el adorno sólido en el tope del cetro. Dicho golpe la arrojó varios metros hacia atrás, rompiendo uno de sus dientes.
—¡Maldito!— Gritó el príncipe, quién retrajo las cuchillas de sus brazaletes solo para tener el placer de golpear a su padre con sus propios puños, logrando propinarle una docena de impactos, antes de saltar hacia atrás.
Billius no perdió el tiempo y comenzó a perseguir a su hijo, con intenciones de impactarlo con cualquier extremo de su cetro. El chico estaba demasiado ocupado esquivando intentos frenéticos que no tenía oportunidad de desenfundar sus cuchillas de nueva cuenta. Fue entonces que en un descuido recibió un golpe en el pecho, que él sabía, acababa de fracturarle una costilla. Remy cayó al suelo, escupiendo un poco de sangre y jadeando por el daño. Billius alzó el cetro y comenzó a girarlo sobre su cabeza para preparar la punta afilada. Estaba preparándose para atravesar a su propio hijo cuándo un sonido lo puso alerta. Por una fracción de segundo, logró casi esquivar la punta afilada de la lanza de Quorra, pero una parte logró cortar la parte lateral de su cuello, derramando una cantidad alarmante de sangre. Remy como pudo logró darle una patada con todas sus fuerzas directo a su mandíbula mientras aprovechaba el impulso para hacer un mortal hacia atrás y poner distancia entre ellos de nueva cuenta y liberar sus dagas.
—Buen golpe— Le aplaudió la chica, quién también jadeaba, al notar el daño provocado.
La boca de Billius estaba completamente descuadrada, pues la mitad inferior ahora estaba fuera de su coyuntura. El hombre monstruo sujetó su mandíbula desviada con ambas manos, la tomó con fuerza y la estiró hacia abajo y posteriormente la volvió a colocar en su lugar, en una escena que era bastante dolorosa de ver. Ambos adolescentes corrieron a prisa por ambos extremos del salón, pero dicha acción fue contraproducente. De una u otra forma, recibieron una paliza a partir de ese punto. Era como ver una y otra vez, una escena de acción repetirse, con ambos chicos siendo apaleados por el mayor. Después de una gran cantidad de golpes, Quorra cayó de espaldas a la distancia, mientras que Remy intentaba de nueva cuenta atacar a su padre.
—¡Detente de una vez!— Le gritó el príncipe.
Billius logró esquivar una estocada que iba directo a su cuello. Su cuerpo en esos momentos ardía peor en su interior que si estuviera en el interior de un enorme ahumador. Pateó el cuerpo de su hijo para hacerlo retroceder, y trató de clavar la punta afilada del cetro sobre su pecho, cosa que el chico casi logró esquivar completamente, de no ser porque el filo del arma logró hacer una rajadura sobre su pecho. Cayó al suelo, también de espaldas. Comenzando a recordar una situación similar
—¡Eres un inútil! ¡Siempre has sido un inútil!— Le gritó su padre.
—¡Eres un inútil! ¡Siempre has sido un inútil!— Fue el último grito que escuchó de su padre, mientras se alejaba del lugar en el que lo había dejado tirado.
Unos cuantos años habían pasado desde que Remy y Quorra habían obtenido sus tatuajes. Era obvio que el resentimiento en Billius hacia la realeza había crecido exponencialmente desde que se enteró que su propio hijo si era un digno candidato a la corona, pero el seguía siendo indigno. No tenía ese gen que valoraban en ese planeta. Un buen día, se le ocurrió llevar a Remy de viaje de cacería, sin embargo, solo quería un pretexto para emborracharse y desquitar sus frustraciones con su hijo. Habían intentado cazar un animal parecido a un venado terrícola, pero Remy erró el tiro, lo que asustó al pequeño animalito quién lo derribó. Fue entonces que su padre, ahogado en excesos, decidió lanzar todo el veneno que traía dentro de él, solo para dejar a su propio hijo tirado en el bosque. Tomó el vehículo en el que habían llegado y simplemente se fue, dejándolo en el suelo, con lágrimas en los ojos. Pasaron un par de horas, y él estaba casi dónde mismo. Había buscado un bello árbol con un pedazo hueco para cubrirse de la lluvia, cuándo de pronto escuchó unos pasos.
—¡Remy!— Gritó una voz familiar a lo lejos.
—¡Príncipe Remy!— Gritaron otro grupo de voces que no conocía.
Con toda su alma quería salir del lugar, pero por alguna razón no podía. Sentía que no era digno de ser rescatado. Solo sentía que era un inútil, tal como su padre lo había anunciado. Fue entonces que las pisadas de unas botas se acercaron, y una linterna lo apuntó directamente.
—Aquí estás...— Era el Rey Vaglud, su tío— ¿Qué haces aquí? Estás empapado. Anda, es hora de irnos.
—No— Le respondió el chico.
—¿Qué sucede?
—Soy un inútil y siempre lo seré— Dijo el pequeño, escondiendo su rostro entre sus piernas, las cuales abrazaba con fuerza.
—¿Qué rayos...? Tu no eres un inútil. ¿Quién te dijo eso?— Le preguntó Vaglud, quién ya sabía la respuesta.
—Mi padre me lo dijo cuándo no pude cazar a un venado...
El rey entonces apretó los ojos.
—Déjame decirte un secreto, Remy. Tu padre está celoso de ti. Él siempre quiso ser candidato a rey. Pero nunca pudo. Por eso no tiene tatuajes tan bonitos como los que nosotros tenemos.
—Pero él...
—Él ha tenido una vida difícil. No justifica lo que te dijo para nada, pero hasta cierto punto, debemos entenderlo. Solo me queda decirte que no eres un inútil. A tu edad yo no era capaz de la mitad de cosas que tu puedes. Los maestros de la Orden de la Realeza me han dicho muchas cosas buenas sobre ti. Has progresado con tus nuevos brazaletes. Además eres bueno con los sistemas de información. Por favor, ya no estés triste. Vuelve con nosotros al palacio...
Esa misma noche, lo único que Remy podía recordar eran unos gritos a través de una puerta cerrada.
—"¡¿Cómo se atreven ustedes a criticar la manera en que educo a mi hijo?!"
—"¡¿Cómo te atreviste tu a dejar al príncipe Remy abandonado en medio del bosque?!"
—"Señor Billius, espero que entienda la gravedad de la situación, la Orden de la Realeza no tolerará que usted..."
—"Ustedes y su ridícula Orden. Sepan que son una bola de..."
Quorra se acercó a su mejor aliado. Si hincó a su lado y examinó la profundidad de su herida. Billius acababa de romper una ventana y saltó por ella hacia un balcón, el cuál tenía un pequeño panel de control.
—Estaré bien, ve tras él— Le sonrió el chico, mientras su prima detenía la hemorragia con un trozo grande de su propia vestimenta rasgada.
—No creo poder perderte a ti también— Respondió sollozante. En ese momento, las puertas enormes se abrieron, mostrando un grupo de guardias y a sus amigos, entrando en modo de asedio al lugar.
—Está herido— Señaló a su primo, mientras los guardias se acercaban a examinarlo.
—¿Dónde está Billius?— Preguntó uno de los guardias, quienes era obvio que se habían cambiado de bando.
La princesa señaló la ventana destrozada y se percató que el extremo del balcón se había separado y ahora flotaba a baja velocidad, alejándose del palacio. La chica dudo por unos instantes, al ver a su primo en el suelo, sin embargo, su mejor amigo la tomó de los hombros
—Ve. Yo lo cuido.
—Gracias, Chuck.
Quorra sonrió, tomó su bastón y lo extendió lo más que pudo, salió por la ventana y utilizó la garrocha para llegar hasta la plataforma flotante dónde su tío le daba la espaldas.
—¿Vienes por más?— Jugueteó el hombre, pero en esos momentos, un humo verde empezó a salir desde sus músculos, que comenzaban a desinflarse, revelando su aspecto real.
—Ya lo creo— La chica sonrió, desarmó con facilidad a su tío y comenzó a golpearlo con el puño cerrado.
El hombre cayó al suelo, mientras la chica lo dominaba y seguía golpeándolo sin parar en el rostro. Una vez, y otra, y otra, y otra, y otra. La plataforma siguió avanzando durante un tiempo, hasta que llegó a una zona en el exterior del palacio dónde había un grupo de gente, entre ministros, guardias y visitantes observando todo desde tierra. Fue entonces que la chica se percató de lo que sucedía, mientras seguían avanzando. Soltó a su tío y frenó el piloto automático, aterrizando el balcón motorizado en el pasto del lugar. Su tío estaba derribado y aturdido, apenas consciente de sus alrededores. La chica esperaba que las armas de los guardias la apuntaran pero no fue el caso. Todos la observaban directamente, cuándo de pronto, una de las personas comenzó a aplaudir lentamente, seguida de una segunda y después una tercera. Hasta que una lluvia de aplausos inundó el ambiente. Un vehículo de transporte acababa de traer a todos los que habían estado en el salón del trono hasta ese lugar. Incluido Remy, quién estaba siendo atendido por médicos del lugar. Muchos de los civiles presentes tomaron sus dispositivos de comunicación y comenzaron a transmitir en vivo lo que estaba pasando, fue entonces que los gritos comenzaron.
—¡Mátalo!— Exclamó una de las personas.
—¡Mata a ese traidor!— Se sumó uno de los guardias, mientras escuchaba cada vez más animos.
—¡Acaba con él!
—¡Es un traidor!
—¡Acabó con la vida del Rey!
—¡Vendió nuestro planeta a piratas.!
—¡Corrupto!
Todos esos gritos comenzaron a envalentonarla. Giró su cabeza hacia Remy, quién le dedicó una sonrisa comprensiva y asintió con la cabeza. Sin embargo, Billius poco a poco recobraba los sentidos. Tomó unas pinzas y las encajó en la espalda de la chica, presionando un botón que le dio una fuerte descarga eléctrica. Cualquier persona habría sucumbido ante ello, sin embargo, la chica podía aguantar eso y más. Tomó su bastón y terminó el trabajo. La carne del rey falso había sido empalada contra el suelo, y él solo pudo dar un gran alarido de dolor y soltarlas pinzas eléctricas que había encajado sobre ella, las cuales cayeron al suelo con unas gotas de sangre. Un par de guardias intentaron ir en su auxilio, pero la chica los detuvo con un gesto de su mano. Tomó el cetro que alguna vez le perteneció a su padre y que estaba en posesión de su tío.
—Sé que este hombre acabó con la vida de mi padre. Sé que ha cometido delitos graves. Pero no me corresponde hacer justicia por mi propia mano.— En ese momento, se quitó del camino y todos pudieron observar que lo que había atravesado había sido únicamente su brazo derecho, dejándolo completamente inhabilitado e inmóvil— Es por eso que les pido a los guardias que lo tomen en custodia, lo lleven a un hospital para que después pueda pagar por sus crímenes. Y yo, continuaré el legado de mi padre.
Al terminar su breve discurso, alzó el cetro. Todos la miraron incrédulos. Jamás pensaron que quedaba una pizca de piedad en la determinación de la chica. Quorra sonrío de forma amplia y todos los presentes la alabaron. Los aplausos inundaron de nueva cuenta, no solo en el palacio, si no en todo el planeta. Los testigos habían sido claves para ello al transmitir dicho evento y ahora, la chica podía sonreír de nueva cuenta.
—¡Salve Princesa Quorra!— Gritaron todos una y otra vez al unísono.
{Es Beethovia muy divertido}
Ánimo, que la saga de Beethovia ya casi termina y se viene la confrontación final.
