Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato. Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.

—comentarios.

pensamientos.

—*hablando por teléfono, comunicador, etc.*

—[Ddraig, Albion, etc.]


Capítulo 9:

DECISIÓN


Las luces frías de la sala de conferencias proyectaban sombras alargadas sobre la mesa de cristal negro. Natasha Romanoff se encontraba de pie frente a la gran pantalla que dominaba la pared principal, donde se reflejaban los rostros de varios agentes y analistas de alto nivel de S.H.I.E.L.D. No todos estaban presentes físicamente; algunas figuras aparecían enmarcadas en las pantallas de comunicación, conectados desde diferentes partes del mundo.

Con un ademán práctico, Natasha colocó sobre la mesa un grueso informe, impreso en papel y encuadernado con firmeza. En la portada se leía en letras rojas: "Interrogatorio de la entidad designada como 'Raynare'." Su expresión era inmutable, profesional, pero los que la conocían bien podían notar la leve tensión en su postura. No era miedo ni nerviosismo, sino una seriedad absoluta ante la importancia del informe.

—Todo lo que se podía verificar ha resultado ser cierto —dijo Natasha, sin preámbulos.

El silencio que siguió fue breve, roto por el crujido de una silla al moverse. Un hombre de cabello canoso y mirada inquisitiva, el jefe de inteligencia externa de S.H.I.E.L.D., hojeó las primeras páginas con interés calculado.

—Veamos… —murmuró, ajustándose las gafas mientras sus ojos recorrían el texto—. Confirmación de bases operativas de Grigori en al menos seis puntos estratégicos. Agentes infiltrados en diversas esferas de poder… Y lo más preocupante: interés en Sacred Gears específicos, con una posible fuente de poder de origen desconocido.

Nick Fury, sentado al otro extremo de la mesa, tamborileó los dedos sobre la superficie cristalina. Su ojo sano se mantuvo fijo en Natasha, evaluando cada palabra.

—Raynare sabía lo que decía —continuó la espía—. No era solo una fanática con ilusiones de grandeza. Sabía cómo funcionan los ángeles caídos, cómo operan en las sombras. Tenía información clasificada, nombres clave, rutas de abastecimiento. Nada de lo que dijo parece haber sido inventado.

Uno de los analistas levantó la vista de su tableta, donde las palabras transcritas del interrogatorio aparecían organizadas en secciones minuciosas.

—Hemos rastreado las coordenadas que mencionó. Al menos tres bases han confirmado actividad reciente. No son instalaciones principales, pero hay presencia de Grigori en ellas. Parece que utilizan una rotación constante de personal para evitar ser detectados.

Fury soltó un resoplido y cruzó los brazos.

—¿Cuántos agentes identificados?

El analista intercambió una mirada con otro de sus colegas antes de responder.

—Seis nombres con registros comprobados. Algunos con antecedentes en inteligencia y seguridad, otros en investigación tecnológica. Pero podría haber más. Raynare dejó claro que Grigori no juega con pocas piezas. Si ella y su equipo eran prescindibles, significa que hay operativos más importantes en la jerarquía.

Natasha asintió.

—Esa es la parte preocupante. Si Raynare fue descartada tan fácilmente, significa que Grigori tiene recursos suficientes como para no verse afectado por la pérdida de un pequeño grupo.

Hubo un momento de silencio. El peso de la información era evidente.

Fury exhaló pesadamente.

—Muy bien. Esto confirma lo que sospechábamos. Grigori no solo está interesado en los Sacred Gears como concepto general, sino en algunos en particular. Y si tienen acceso a una fuente de poder que no conocemos, eso los hace aún más peligrosos.

Una agente de pelo oscuro, sentada junto a los analistas, intervino en ese momento.

—Director, si me permite… —Fury le dio una señal para continuar, y ella volvió la vista a la pantalla—. Si Grigori está interesado en Sacred Gears específicos, lo más probable es que tengan un método para localizarlos. No podemos asumir que dependen solo de informantes o bases de datos. Si han identificado ciertos Gears, significa que tienen tecnología o habilidades que les permiten rastrearlos.

Los engranajes en la mente de Fury se pusieron en marcha. La información no solo confirmaba lo que ya sabían, sino que ampliaba el panorama de forma preocupante. Grigori no era solo una organización de estudiosos caídos; eran jugadores activos en el tablero global, con una agenda que todavía no comprendían del todo.

Natasha cerró su informe con un último comentario.

—Esto es solo el principio. Si hemos confirmado todo esto en tan poco tiempo, significa que hay mucho más que no estamos viendo. Y Grigori ya nos lleva ventaja.

El director de S.H.I.E.L.D. se puso de pie y ajustó su abrigo. Su mirada recorrió la sala con firmeza.

—No por mucho tiempo.

La sala quedó en silencio tras las palabras de Maria Hill. En la pantalla, los informes seguían pasando, mostrando ubicaciones de bases, nombres de posibles agentes encubiertos y estructuras de poder dentro de Grigori. Fury cruzó los brazos y recorrió la información con la mirada, repasando los nombres de las bases y agentes de Grigori revelados por el interrogatorio. Natasha se apoyó en la mesa con los brazos cruzados, observando a Hill, quien revisaba la información con el ceño fruncido.

—No deberíamos apresurarnos a descartar a Raynare y su grupo como piezas sin valor —dijo finalmente Fury.

Natasha giró ligeramente la cabeza hacia él.

—¿Por qué lo dices? Su misión no vino de Grigori directamente. Actuaron por su cuenta.

Coulson, que hasta el momento había permanecido en silencio, apoyó un codo en la mesa.

—Precisamente por eso —dijo el agente—. ¿Qué significa que un grupo de ángeles caídos pueda operar de manera independiente sin que Grigori los detenga? No hemos visto ningún movimiento de Grigori tras su desaparición. No han enviado equipos de búsqueda, no han hecho preguntas, no han tomado represalias. O no los consideraban importantes… o lo eran tanto que no quieren delatar su interés.

Hill soltó un leve resoplido

—O que Grigori no los consideraba una amenaza para ellos mismos.

—O quizás, Grigori ya sabía que tarde o temprano iban a ser descubiertos y simplemente los dejaron a su suerte —opinó Natasha.

—O que los consideraban un experimento interesante —añadió Fury—. Si dejaban que un grupo actuara sin respaldo, pero sin intervenir tampoco para detenerlos, significaba que estaban dispuestos a ver qué pasaba.

Natasha tamborileó los dedos sobre la mesa.

—Raynare estaba obsesionada con las Sacred Gears. No solo por el poder, sino porque veía la oportunidad de obtenerlas a cualquier costo.

—Y si bien lo hizo por su cuenta, eso no significa que no haya llamado la atención de su organización —dijo Coulson—. Especialmente después de que desapareciera sin dejar rastro.

Fury inspiró hondo.

—Grigori aún no ha movido ficha, pero no podemos asumir que simplemente la han olvidado. Puede que solo estén esperando el momento adecuado para actuar —dijo haciendo alusión a las palabras de Coulson..

Hill asintió.

—Si estaban siguiendo sus pasos, puede que ahora quieran saber qué le ocurrió.

Natasha entrecerró los ojos.

—Y eso nos deja con la pregunta de si han empezado a buscar respuestas.

Un nuevo silencio cayó sobre la sala. Lo único que se escuchaba era el leve zumbido de los monitores mostrando información recién verificada.

—Si Grigori está interesado en ciertas Sacred Gears —continuó Coulson— y alguien como Raynare estaba dispuesta a jugar con fuego para obtenerlas… ¿qué nos dice eso sobre el resto de su gente?

Natasha exhaló despacio.

—Que Raynare no fue la primera… y probablemente no será la última.

XXXXX

La sala de conferencias estaba sumida en penumbras, con el único resplandor proveniente de las pantallas que mostraban los rostros de los miembros del Consejo de Seguridad. Algunos estaban en oficinas lujosas, otros en habitaciones más austeras, pero todos compartían la misma expresión: seriedad Fury, con los brazos cruzados y su característica mirada impenetrable, esperaba a que la última conexión se estabilizara antes de tomar la palabra, dejando que el silencio se prolongara por unos segundos antes de hablar.

—Estamos aquí por un motivo claro —comenzó Fury, su tono cortante—. La información obtenida en el interrogatorio ha sido verificada. Todo lo que se pudo comprobar resultó ser cierto. Y lo que no, es lo suficientemente coherente como para que no podamos descartarlo sin más.

Un murmullo recorrió la sala. En una de las pantallas, un hombre mayor con el ceño fruncido se inclinó ligeramente hacia adelante. Era uno de los representantes europeos, de semblante siempre escéptico.

—Es decir, que Grigori tiene más presencia en el mundo de la que suponíamos. ¿Y qué implicaciones tiene esto exactamente?

Fury hizo un leve movimiento con una mano y en las pantallas principales comenzaron a mostrarse imágenes de bases identificadas, nombres y ubicaciones clave.

—Múltiples bases confirmadas, agentes infiltrados en gobiernos, corporaciones, universidades… Respecto a las bases, sabíamos de la existencia de alguna, cuyo radar pusimos sobre ellas, pero muchas otras nos eran desconocidas. Además, los agentes encubiertos mencionados por nuestra prisionera han sido verificados en varias agencias gubernamentales, corporaciones privadas y universidades.

Una mujer de origen asiático, que representaba a una potencia importante, entrecerró los ojos.

—¿Cómo podemos estar seguros de que esta información no es una distracción? Si Grigori está infiltrado en tantas partes, ¿qué nos impide pensar que todo esto es parte de su juego?

Fury apoyó ambas manos sobre la mesa, su mirada recorriendo a los presentes.

—Si esta información es falsa, significa que Grigori es lo suficientemente listo como para engañarnos a este nivel… y eso sería aún más preocupante. Pero no lo creo. Hasta ahora, todo lo que hemos verificado ha resultado cierto. Esto no es un engaño.

Hubo un silencio denso. El peso de la revelación era innegable. Una cosa era sospechar de Grigori, y otra era tener pruebas concretas de su alcance.

—Entonces, lo que debemos preguntarnos —intervino otro de los representantes, un estadounidense con tono firme— es qué hacemos con esta información.

Fury asintió lentamente.

—Grigori no ha tomado ninguna acción hostil contra S.H.I.E.L.D. o contra ninguna nación. ¿Cuál es nuestra postura? —preguntó el representante de la India.

Fury observó la reacción de los demás. No había consenso. Algunos querían moverse con cautela, otros parecían considerar a Grigori una amenaza latente.

—Si han estado operando con este nivel de discreción, no podemos descartar la posibilidad de que ya hayan estado moviendo piezas sin que nos demos cuenta —continuó Fury—. No han actuado de forma hostil contra nosotros… o eso queremos pensar.

La mujer asiática asintió con lentitud.

—Quizás Raynare y su grupo no eran simplemente agentes desechables. Tal vez estaban recopilando información, evaluando el terreno… y nosotros no lo notamos.

—O tal vez sí eran prescindibles, pero su fracaso ha llamado la atención de alguien en Grigori —dijo otro de los representantes—. Si es así, podría haber represalias.

—Ese es el siguiente punto de la agenda —dijo la representante de China—. Pero antes de discutir nuestras opciones, necesitamos dejar algo claro: hasta ahora, Grigori no ha hecho movimientos abiertamente hostiles contra S.H.I.E.L.D. ni contra ninguna nación.

—Eso no significa que no los harán —interrumpió Fury, su expresión endurecida—. Con esta cantidad de infiltración, podríamos estar rodeados de enemigos sin siquiera saberlo. Y por eso debemos decidir cómo manejar este conocimiento sin provocar una reacción precipitada.

Los murmullos volvieron. Algunos intercambiaban miradas de incertidumbre, otros se mantenían en absoluto silencio, analizando la situación. Fury observó a los presentes y dejó que el peso de sus palabras se asentara antes de continuar.

—Lo primero que tenemos que determinar es nuestra postura con respecto a Grigori. ¿Seguimos observando en las sombras o tomamos una postura más activa?

La pregunta quedó flotando en el aire, cargada de implicaciones. Fury dejó que el silencio se prolongara unos segundos más, observando las expresiones de los miembros del Consejo de Seguridad. Sabía que esta discusión no sería sencilla. El representante de cierto país sudamericano fue el primero en hablar.

—Si decidimos tomar una postura más activa, corremos el riesgo de exponer nuestra propia mano. Hasta ahora, Grigori no ha tenido motivos para fijarse en S.H.I.E.L.D. Si de repente empezamos a movernos contra ellos, podrían considerarlo una amenaza.

La mujer asiática inclinó la cabeza con un gesto pensativo.

—Por otro lado, si seguimos observando sin intervenir, perdemos la oportunidad de adelantarnos a cualquier movimiento que puedan hacer. Grigori ha demostrado ser calculador. Si esperamos demasiado, podríamos estar reaccionando a una crisis en lugar de prevenirla.

Fury entrecerró los ojos.

—Tenemos que considerar qué significaría «una postura más activa». No estamos hablando de lanzar una ofensiva directa. Pero podríamos redirigir más recursos a la vigilancia, infiltrar más agentes en sus círculos, bloquear sus operaciones cuando sea posible sin hacer demasiado ruido.

El representante estadounidense se cruzó de brazos.

—¿Y qué pasa si se dan cuenta? Si Grigori detecta nuestra interferencia, podrían interpretar que estamos declarando una guerra encubierta. Y si realmente tienen una fuente de poder como sugiere la información obtenida, podríamos estar despertando a un gigante que aún no sabe que lo estamos observando.

El silencio volvió a caer sobre la sala.

Fury rompió el silencio con un tono grave.

—No olvidemos el otro riesgo: quedarnos de brazos cruzados y darnos cuenta demasiado tarde de que ya han hecho su jugada. No sabemos qué tan cerca están de sus objetivos, pero si están investigando Sacred Gears con métodos extremos, eso ya es razón suficiente para preocuparnos.

Un representante europeo frunció el ceño.

—Entonces la pregunta no es si hacemos algo o no… sino cuánto estamos dispuestos a arriesgar con cada opción.

Fury asintió.

—Exactamente.

El Consejo guardó silencio por un momento, sopesando los riesgos de cada camino. No había una opción segura, solo la menos peligrosa.

—Si decidimos intervenir más activamente —dijo la representante de China, finalmente—, tendremos que ser extremadamente cuidadosos. Necesitamos una estrategia clara, una línea que no cruzaremos para evitar desencadenar algo que no podamos controlar.

—Y si decidimos solo observar —agregó el estadounidense—, necesitamos asegurarnos de que realmente estamos viendo todo lo que necesitamos. Si perdemos de vista un solo detalle importante, podría costarnos caro.

Fury los miró a todos con seriedad.

—Entonces, ¿cuál será nuestra decisión?

La tensión en la sala era palpable. Estaban a punto de inclinar la balanza en una dirección… y no habría marcha atrás. Otro representante europeo soltó un suspiro y se apoyó en la mesa.

—Si nos mantenemos pasivos, solo estaremos esperando a que algo salga mal. No podemos darnos ese lujo.

El representante de otro sudamericano asintió con gravedad.

—Estoy de acuerdo. No sugiero una intervención abierta, pero debemos empezar a mover nuestras piezas antes de que ellos muevan las suyas.

El representante estadounidense miró a Fury con expresión severa.

—Sabemos lo que Grigori es capaz de hacer. Si ignoramos esto y algo sale mal, la responsabilidad caerá sobre nosotros. Estoy a favor de una postura más activa.

El ruso, que había permanecido en silencio hasta ahora, tamborileó los dedos en la mesa antes de hablar con su tono bajo y calculador.

—Si tomamos este camino, debemos asegurarnos de que cada acción sea justificada. No podemos permitirnos errores ni movimientos innecesarios.

Fury los observó a todos, calibrando la decisión que acababan de tomar.

—Entonces es unánime —dijo con un tono neutro, pero con un brillo calculador en los ojos—. S.H.I.E.L.D. dejará de ser solo un observador cuando se trate de Grigori.

Un murmullo de aprobación recorrió la sala.

—¿Cuáles serán nuestras primeras medidas? —preguntó uno de los europeos.

Fury cruzó los dedos sobre la mesa.

—Primero, reforzaremos la vigilancia. No solo sobre Grigori, sino sobre cualquier posible punto de interés relacionado con ellos: bases, agentes encubiertos, contactos en el mundo humano y sobrenatural.

—¿Y si detectamos movimientos sospechosos? —preguntó la mujer asiática.

—Intervención selectiva —respondió Fury—. Operaciones encubiertas para sabotear cualquier actividad peligrosa antes de que se convierta en una amenaza real. Pero sin levantar demasiadas alarmas.

Otro sudamericano se inclinó hacia adelante.

—¿Y qué hay de esta «fuente de poder» que mencionaste? Si realmente poseen algo así, no podemos quedarnos esperando a ver qué hacen con ello.

Fury asintió.

—Eso será una prioridad. Necesitamos saber qué es, qué tan peligroso puede ser y qué medidas tomar si llega el momento de neutralizarlo.

El ruso soltó una breve risa seca.

—Asumiendo que eso sea posible.

Fury lo miró con expresión inescrutable.

—Siempre hay una forma. Solo necesitamos encontrarla antes de que la situación nos obligue a improvisar.

Un silencio cargado de tensión cayó sobre la sala. Todos entendían lo que significaba este cambio de rumbo. La mujer asiática fue la primera en romperlo.

—Entonces es oficial. S.H.I.E.L.D. está entrando en el juego.

—Así es —confirmó Fury—. Y si lo hacemos bien, Grigori nunca sabrá que estuvimos aquí… hasta que sea demasiado tarde.

La reunión llegó a su fin, pero todos sabían que esto era solo el principio. El ambiente en la sala seguía tenso tras la decisión de adoptar una postura más activa respecto a Grigori. Sin embargo, el tema aún no estaba completamente cerrado. El representante estadounidense revisó algunos documentos en su tableta antes de hablar:

—Bien, hemos determinado nuestra nueva postura, pero hay algo más que debemos considerar: el problema de la extracción de Sacred Gears.

Otro representante europeo asintió, cruzándose de brazos.

—Sabemos que Grigori ha experimentado con la extracción de Sacred Gears en el pasado, pero lo que hemos aprendido recientemente sugiere que han perfeccionado la técnica más de lo que imaginábamos.

La mujer asiática entrelazó los dedos sobre la mesa.

—Esto presenta dos problemas: primero, el riesgo de que utilicen esta tecnología con fines militares o de supremacía. Segundo, el precedente que esto podría sentar en la comunidad sobrenatural. Si otros grupos descubren que es posible extraer y reutilizar Sacred Gears…

El ruso completó la frase con voz grave:

—Podría desatar una carrera armamentista en el mundo sobrenatural.

Todos guardaron silencio por un momento. Fury se recargó ligeramente en su asiento, observándolos.

—Lo que Grigori ha hecho ya es preocupante de por sí. Pero si otros empiezan a seguir su ejemplo, podríamos ver un conflicto de escalas que S.H.I.E.L.D. no está preparada para manejar… al menos no aún.

Un representante sudamericano exhaló, frotándose las sienes.

—El problema es que, a diferencia de amenazas más convencionales, esto no es algo que podamos simplemente contener con diplomacia o fuerza militar. No sabemos quién más puede estar experimentando con esto.

—Si no lo han hecho aún, lo harán pronto —dijo un representante europeo con un dejo de resignación—. ¿Qué propone, Director Fury?

Nick Fury los observó a todos con su característica mirada calculadora.

—Primero, recopilamos toda la información posible sobre el proceso exacto que Grigori usa para la extracción. Saber cómo funciona nos permitirá determinar qué tan replicable es, y qué tanto riesgo supone que caiga en manos equivocadas.

—¿Y si ya está en otras manos equivocadas? —preguntó el ruso con una ceja alzada.

Fury estrechó ligeramente su ojo sano.

—Entonces nos aseguramos de que no lleguen demasiado lejos.

Hubo un leve murmullo entre los miembros del Consejo. Otro representante europeo fue el primero en asentir.

—De acuerdo. Pero también debemos considerar otra cosa. Si Grigori ha perfeccionado este proceso, ¿podría S.H.I.E.L.D. hacer lo mismo?

El silencio en la sala se hizo más profundo. Miró fijamente al representante.

—¿Estás sugiriendo que empecemos a experimentar con la extracción de Sacred Gears?

—Estoy sugiriendo que entendamos la tecnología lo suficiente para saber cómo contrarrestarla. Y si en el proceso descubrimos algo que pueda ser de utilidad para nuestra organización… bueno, todo conocimiento tiene valor.

La mujer asiática intervino con cautela:

—Si tomamos ese camino, debemos asegurarnos de que se haga con límites claros. No podemos permitir que S.H.I.E.L.D. caiga en la misma mentalidad que Grigori.

El representante estadounidense asintió.

—Si vamos a investigar esto, debe ser con el propósito de defendernos. No de replicarlo.

El ruso dejó escapar una risa baja.

—Es fácil decirlo ahora. Pero una vez que empiecen las investigaciones, la línea entre defensa y ofensiva se vuelve borrosa muy rápido.

Fury los miró a todos con expresión inescrutable.

—Por eso yo trazaré esa línea.

Los miembros del Consejo intercambiaron miradas. Finalmente, la mujer asiática asintió.

—Bien. Entonces estamos de acuerdo en que necesitamos más información.

—Y en que debemos estar preparados para lo que podamos encontrar —agregó un europeo.

—En ese caso, nuestros agentes comenzarán a trabajar de inmediato —concluyó Fury.

La decisión estaba tomada. Ahora, lo que viniera después dependería de qué tan profunda fuera la verdad que estaban a punto de descubrir. El silencio que siguió a la declaración de Fury no duró mucho. Un representante europeo entrecerró los ojos mientras volvía a revisar los informes.

—Antes de que avancemos demasiado en esto… hay un detalle que no podemos pasar por alto.

Otro representante sudamericano asintió.

—El método de extracción de Sacred Gears que usa Grigori, al menos según lo que hemos podido verificar hasta ahora, es letal para el usuario.

El estadounidense frunció el ceño y apoyó los codos sobre la mesa.

—Eso no concuerda con lo que sabemos de Azazel. El líder de Grigori tiene fama de valorar a los portadores de Sacred Gears. Siempre ha estado más interesado en estudiarlos que en desecharlos.

El ruso resopló, cruzándose de brazos.

—Si eso es cierto, entonces aquí hay dos posibilidades: o este método de extracción es una versión temprana y aún imperfecta de algo que están intentando desarrollar…

—O no fue autorizado por Azazel en primer lugar —interrumpió otro europeo, con el ceño fruncido.

Fury tamborileó los dedos sobre la mesa, meditando la información.

—Si Raynare y su grupo actuaron por su cuenta, entonces la posibilidad de que este procedimiento no sea una orden directa de Azazel es bastante alta. Pero eso también significa que hay miembros dentro de Grigori que están dispuestos a cruzar líneas peligrosas sin su permiso.

La representante asiática entrelazó los dedos.

—Si hay facciones dentro de Grigori que están operando con agendas propias, eso podría significar que la organización es menos unificada de lo que creíamos.

El estadounidense exhaló con una mezcla de frustración y preocupación.

—Si Azazel realmente no está detrás de esto, ¿qué hará cuando descubra lo que ha estado ocurriendo?

El ruso sonrió con ironía.

—Si realmente valora a los usuarios de Sacred Gears, dudo que le haga gracia saber que algunos de sus subordinados los han estado matando.

Fury se recargó en su asiento.

—Eso podría jugar a nuestro favor… o podría convertir esto en una situación aún más complicada.

El Consejo se sumió en un nuevo silencio mientras procesaban esa posibilidad. Finalmente, un representante sudamericano habló en voz baja:

—Si este método aún no es perfecto, significa que están trabajando en mejorarlo. Y si lo mejoran…

Un europeo completó la idea con gravedad.

—Ya no necesitarán matar a los usuarios.

El ruso dejó escapar un suspiro y miró a Fury.

—¿Crees que tenemos tiempo antes de que lleguen a ese punto?

Fury no respondió de inmediato. Su mirada se desvió ligeramente hacia la gran pantalla que tenía frente a él, donde los datos recopilados hasta ahora aún parpadeaban. Finalmente, habló con tono seco.

—Eso es lo que vamos a averiguar.

El Consejo intercambió miradas tensas, pero ninguno tenía nada más que añadir. Por ahora, lo único seguro era que el tiempo no estaba de su lado. El murmullo entre los miembros del Consejo de Seguridad se redujo cuando uno de los representantes apoyó ambos codos sobre la mesa y entrelazó los dedos. Era un hombre de mirada fría, perteneciente al sector de inteligencia japonés.

—Hemos hablado de su interés en los Sacred Gears y en la extracción de estos… pero aún no hemos discutido la estructura de mando de Grigori. —Su voz era calculadora—. ¿Qué tan descentralizada es esta organización? ¿Qué tan fuerte es su liderazgo?

Nick Fury apoyó las manos sobre la mesa con calma.

—Según la información de nuestra fuente —se refería a Raynare sin mencionarla directamente—, Grigori tiene una estructura bien definida. Su liderazgo recae principalmente en Azazel, el fundador y actual gobernador. Bajo él están sus principales ejecutivos, los que se encargan de manejar diferentes divisiones. A diferencia de otras facciones, no poseen un sistema de castas ni una jerarquía estrictamente militar. Su funcionamiento es más flexible… pero eso no los hace menos eficientes.

Una de las representantes asiáticas chasqueó la lengua.

—Eso no es precisamente un alivio. Un sistema más horizontal significa que pueden reaccionar rápido a los cambios. Sin burocracia pesada, pueden ejecutar planes sin necesidad de pasar por cadenas interminables de mando.

Otro de los consejeros, un hombre mayor con porte de militar retirado, asintió con gravedad.

—Y, sin embargo, no hemos visto ninguna represalia significativa por la pérdida de sus agentes en Kuoh. Eso podría significar dos cosas.

—Que no los consideraban lo suficientemente importantes —intervino una voz desde el extremo de la mesa.

—O que aún no han terminado de atar los cabos —completó Fury.

Hubo un breve silencio en la sala. La posibilidad de que Grigori estuviera observando y evaluando la situación, en vez de actuar impulsivamente, no era una que pudieran ignorar.

—Lo que está claro —continuó otro de los representantes— es que Azazel mantiene el control absoluto. Si quisiera, podría haber lanzado una ofensiva para recuperar a sus agentes… pero no lo ha hecho.

Fury asintió.

—Lo que significa que no los necesita… o que ya ha sacado conclusiones y planea actuar en otra dirección.

Se produjo otro momento de reflexión antes de que alguien más hablara.

—Eso nos lleva a otra pregunta: ¿cuán probable es que existan otros operativos de Grigori que no estén siguiendo órdenes directas?

—Es posible. —Fury no se apresuró a responder—. Pero antes de adentrarnos en esa teoría, deberíamos asegurarnos de que entendemos bien su estructura. No queremos asumir que son un grupo desorganizado solo porque permiten cierta autonomía.

El Consejo quedó en silencio por unos segundos tras la última declaración de Fury. La idea de que Grigori no solo era eficiente, sino también lo suficientemente flexible como para permitir cierta autonomía dentro de sus filas, era inquietante. Fue el representante británico quien rompió el silencio, acomodándose las gafas antes de hablar.

—Si bien es cierto que Azazel parece tener control sobre su organización, ¿qué tan probable es que haya células operando fuera de su supervisión directa?

Una mujer de la delegación del Medio Oriente, con años de experiencia en inteligencia, apoyó un codo en la mesa.

—Los datos obtenidos del interrogatorio sugieren que la ángel caída Raynare y su grupo actuaron sin autorización expresa. Si extrapolamos esto, es razonable suponer que Grigori podría tener más agentes llevando a cabo operaciones independientes, incluso sin la aprobación de su liderazgo.

Fury asintió.

—Es una posibilidad. Azazel tiene un enfoque más académico y pragmático sobre los Sacred Gears. No parece el tipo de líder que fomente acciones imprudentes sin un propósito claro.

El hombre de aspecto militar cruzó los brazos.

—Lo que significa que tenemos dos escenarios: uno, que existen agentes como Raynare que operan sin permiso y son descartables para Grigori; o dos, que hay agentes que sí tienen autorización para operar con autonomía bajo objetivos específicos, pero sin un control constante.

Un murmullo recorrió la mesa. Era una distinción crucial.

—Si hay agentes en el segundo escenario, eso los hace mucho más peligrosos —dijo una mujer asiática—. Significa que Grigori podría negar cualquier involucramiento si algo sale mal, pero seguir beneficiándose de sus operaciones en las sombras.

Otro de los representantes golpeó suavemente la mesa con un dedo.

—¿Cuántos de estos operativos podrían estar ahí fuera? ¿En qué posiciones? ¿Solo están interesados en Sacred Gears o hay algo más?

Fury no respondió de inmediato. Se inclinó hacia adelante, con expresión seria.

—No podemos saberlo con certeza… aún. Pero con la información que hemos obtenido, podemos empezar a conectar los puntos. Si Grigori tiene agentes encubiertos en otras partes del mundo, más allá de Kuoh, debemos localizarlos y monitorearlos.

—Eso implicaría redirigir recursos de otras operaciones, otra vez, y ya habiendo aprobado la anterior —señaló otro consejero con tono pragmático—. ¿Estamos preparados para eso?

El silencio que siguió fue pesado. No se trataba solo de un asunto de logística; estaban decidiendo si elevar a Grigori en su lista de prioridades globales. Finalmente, uno de los miembros habló.

—Antes de asignar más recursos, necesitamos evaluar si representan una amenaza inmediata para la seguridad global o si es mejor mantener la vigilancia y esperar.

Fury observó al Consejo. Ya sabía qué camino prefería él… pero ahora era cuestión de ver qué decidían ellos. El Consejo se sumió en un breve silencio. Las pantallas proyectaban los rostros de los miembros que no estaban físicamente presentes, algunos meditabundos, otros con expresión calculadora. Finalmente, fue el representante británico quien tomó la palabra.

—Está decidido. Aprobaremos la resolución sin ser agresivos.

—Pero sin descartar medidas más directas si la situación cambia —agregó el delegado de Rusia con un tono seco.

Fury asintió.

—Entendido. Mi equipo comenzará a trabajar en la redistribución de recursos para reforzar la vigilancia.

—¿Y sobre los Sacred Gears? —preguntó la mujer asiática—. La posibilidad de que Grigori avance en sus estudios de extracción sigue en pie.

—Mantendremos la prioridad en la investigación —respondió un representante estadounidense—. Si ellos están avanzando en su conocimiento, nosotros debemos hacer lo mismo.

El presidente del Consejo inclinó levemente la cabeza.

—Entonces concluimos por hoy. Director Fury, manténganos informados de cualquier cambio relevante.

Fury simplemente se levantó. No había necesidad de más palabras. Se giró y salió de la sala, dejando tras de sí la tensión de la política y sumergiéndose nuevamente en la acción. Había trabajo por hacer.

XXXXX

Habían pasado tres semanas desde el interrogatorio de Raynare, y la vida en la academia de S.H.I.E.L.D. seguía su curso. Sin embargo, para Issei Hyödö, las cosas habían cambiado. Su entrenamiento con el Boosted Gear había sido ajustado, basado en la nueva información obtenida sobre los Sacred Gears.

Ahora, en lugar de simplemente intentar aumentar su poder bruscamente, los científicos y entrenadores habían desarrollado métodos para ayudarlo a controlar mejor la energía sin desgastar su cuerpo tan rápido. Issei estaba equipado con sensores y un traje especializado que monitoreaba sus funciones vitales, permitiéndole entrenar con menos riesgo de agotamiento extremo. En un amplio salón de entrenamiento reforzado, con paredes de aleación capaz de resistir impactos sobrehumanos, el joven se preparaba para otra sesión.

—Bien, recluta —dijo el entrenador asignado, un hombre alto con un uniforme de combate estándar de S.H.I.E.L.D., un veterano agente con experiencia en el combate con habilidades especiales—. Hoy trabajaremos en la eficiencia energética. No se trata solo de aumentar tu poder, sino de saber cómo usarlo de manera estratégica.

Issei asintió, sintiendo el peso de la Boosted Gear en su brazo izquierdo. Desde que había comenzado a entrenar en serio, había comprendido lo exigente que era su Sacred Gear. No bastaba con tener poder; debía aprender a controlarlo con precisión. Enfrente de él, un conjunto de drones de combate se activó, simulando enemigos móviles.

—Empezamos con algo simple —continuó el entrenador—. Intenta activar Boost sin sobrecargar tu sistema. Controla la intensidad en cada aumento.

Issei cerró los ojos por un momento y respiró hondo. Sabía que la clave estaba en mantener la calma.

—¡Boost! —exclamó, sintiendo la energía recorrer su brazo.

Un indicador en su visor le mostró un incremento moderado de poder, pero su pulso se mantenía estable. Los drones se movieron rápidamente a su alrededor y él se lanzó al ataque. Golpeó a uno con fuerza, enviándolo contra la pared, pero en el proceso sintió cómo su energía fluctuaba de manera inestable.

—¡Cuidado con la dispersión de energía! —le advirtió su entrenador—. Estás desperdiciando demasiado en cada golpe. Intenta canalizarlo de forma más precisa.

Chasqueando la lengua, Issei reajustó su postura. Activó otro Boost, pero esta vez en ráfagas cortas, concentrando la energía en su puño antes de soltar un golpe más controlado. El dron estalló en chispas y cayó al suelo.

—Eso es —asintió el entrenador—. Poco a poco, pero vas mejorando.

Issei resopló, cansado, pero satisfecho. Sabía que aún le quedaba un largo camino por recorrer, pero cada pequeño progreso significaba un paso más hacia el dominio de su poder. No tenía otra opción más que seguir adelante. Inhaló profundamente y volvió a tomar posición, con los pies firmemente plantados en el suelo acolchonado de la sala de entrenamiento. La sala estaba equipado con sensores avanzados que monitoreaban su actividad física, cerebral y la energía emitida por la Boosted Gear. A su alrededor, varios investigadores observaban desde detrás de una barrera de vidrio reforzado, tomando notas en tiempo real sobre cada reacción de la Sacred Gear. El entrenador frente a él cruzó los brazos mientras evaluaba su postura.

—Recuerda, Hyödö. No es solo cuestión de activarlo, sino de sentir el flujo de energía, de aprender a controlarlo sin depender únicamente del comando verbal —explicó con voz firme—. Ahora, intenta nuevamente.

Issei asintió, concentrándose. Elevó su brazo izquierdo, sintiendo la presencia familiar del dragón rojo en su mente.

—¡Boost!

El guantelete rojo brilló intensamente, y de inmediato sintió el poder recorrer su cuerpo como un torrente ardiente. Los monitores en la pared registraron un leve aumento en su ritmo cardíaco y en la densidad de su energía. Esta vez, el incremento de fuerza fue más estable que en intentos anteriores, sin la sensación de que su cuerpo fuera a colapsar por la tensión.

—Bien. Ahora, canaliza esa energía sin desperdiciarla en movimientos innecesarios —indicó el entrenador, acercándose con cautela.

Issei apretó los dientes. Aún no tenía el control absoluto, pero sentía que, poco a poco, la respuesta de su Boosted Gear se volvía más natural. El entrenador observó con atención el estado de Issei. Sus lecturas aún indicaban inestabilidad en el uso de la Boosted Gear, pero definitivamente estaba mostrando mejoras en la contención de energía.

—Bien, sigamos adelante —dijo, retrocediendo un paso—. Ahora quiero que concentres la energía en tu brazo sin liberarla de inmediato. Siente su flujo, manténla bajo control.

Issei tragó saliva. Esta parte siempre le resultaba difícil. Sentía la energía dentro de él, rugiendo con un poder latente que pedía ser liberado. Era como tratar de sostener un río con las manos. Cerró los ojos por un instante, tratando de visualizarlo como le habían enseñado.

—Concéntrate en el flujo, no en la potencia —le recordó una de las científicas desde la sala de observación.

Respiró hondo y trató de seguir las indicaciones. Sintió la energía acumulándose en su brazo, pero esta vez, en lugar de liberarla de golpe con un Boost, intentó mantenerla contenida, circulando dentro de su cuerpo. El entrenador asintió, viendo el brillo rojo en la Boosted Gear intensificarse sin que Issei colapsara de inmediato.

—Bien, eso es un avance. Ahora, prueba a dirigir esa energía a tu palma y estabilizarla.

Issei extendió su brazo izquierdo, mirando la garra roja con concentración. Poco a poco, una ligera esfera de energía comenzó a formarse en su mano. Al principio era inestable, fluctuante, pero con esfuerzo logró darle cierta consistencia.

—Interesante… —murmuró uno de los científicos al ver la lectura energética cambiar.

Pero entonces, el entrenador decidió añadir presión al ejercicio.

—Ahora, intenta mantenerla mientras te mueves —ordenó.

Issei apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el hombre avanzó a gran velocidad y lanzó un golpe directo hacia él. No iba con intención de dañarlo, pero sí lo suficiente para forzarlo a reaccionar. La sorpresa fue demasiado para Issei. Su instinto tomó el control antes que su razonamiento. En un reflejo, cerró el puño con fuerza y, sin darse cuenta, la acumulación de energía se desbordó.

—¡Ah!

Un rugido ensordecedor resonó en la sala. De su palma salió disparado un torrente de energía roja y dorada, un proyectil que atravesó el aire con una potencia arrolladora. El entrenador apenas tuvo tiempo de girar y esquivar por puro reflejo. La explosión impactó contra la barrera de contención de la sala de entrenamiento, haciendo que las alarmas se encendieran de inmediato. La onda de choque sacudió la habitación y los científicos en la sala de observación se cubrieron por instinto. Cuando el polvo se disipó, Issei estaba inmóvil, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada. Miró su mano con incredulidad.

—¿Q-qué fue eso…?

Nadie respondió de inmediato. Los científicos revisaban frenéticamente las lecturas, mientras el entrenador lo miraba con una mezcla de sorpresa y análisis.

—Eso… —murmuró una de los investigadores—. Eso fue un ataque de energía pura…

Otro ajustó sus gafas y revisó las lecturas de la Boosted Gear.

—El nivel de energía… y la dirección del disparo… Ha sido como si hubiese usado una pistola.

Issei tragó saliva, incapaz de creerlo.

—¿Y-yo hice eso… sin darme cuenta?

El entrenador cruzó los brazos, aún sorprendido, pero con un atisbo de orgullo en su mirada.

—Parece que tenemos más trabajo por delante del que pensábamos.

Los científicos intercambiaron miradas llenas de asombro y anticipación. El entrenamiento de Issei acababa de volverse mucho más interesante. Tras las palabras del entrenador personal, la sala quedó en un silencio sepulcral. Solo se escuchaba el zumbido residual de la energía disipándose en la barrera de contención y la respiración agitada de Issei. El joven aún miraba su mano, atónito. Nunca había hecho algo así antes. Sabía que la Boosted Gear aumentaba su poder cada diez segundos, pero aquello… aquello era completamente distinto. El entrenador fue el primero en reaccionar. Bajó lentamente los brazos y echó una mirada a los científicos en la sala de observación.

—¿Tenemos lecturas?

Una de los investigadores, una mujer mayor de gruesas gafas, revisó los monitores con el ceño fruncido.

—Definitivamente fue una descarga de energía, pero no entendemos del todo cómo funcionó. Las lecturas muestran un incremento brusco de poder justo antes de la expulsión… casi como si se hubiera estado acumulando sin que él lo notara.

—Eso explicaría por qué no se dio cuenta —comentó otro científico—. Tal vez, sin querer, fue almacenando la energía de los Boosts previos y, al verse en peligro, su cuerpo buscó una forma de liberarla.

El entrenador cruzó los brazos.

—¿Está diciendo que, si no hubiera disparado esa energía, habría explotado desde dentro?

—No lo sabemos —respondió el primer científico—. Pero si lo hizo sin darse cuenta, significa que este poder estaba ahí desde el principio y simplemente nunca lo había usado.

Issei sintió un escalofrío en la espalda.

—O sea… ¿esto es algo que puedo hacer?

El entrenador lo miró con seriedad.

—Si lo hiciste una vez, puedes hacerlo de nuevo.

Los científicos intercambiaron miradas y uno de ellos tomó la palabra.

—De momento, no podemos asegurar que sea algo natural en la Boosted Gear o si es una habilidad única de este usuario en particular. Pero… —ajustó sus lentes y miró a Issei— es nuestra prioridad descubrirlo.

El joven tragó saliva.

—Genial… como si ya no tuviera suficientes problemas con esto.

—Es un problema que también es una oportunidad —intervino el entrenador—. Y vamos a exprimirlo hasta entenderlo por completo.

Los científicos asintieron, y la conversación se tornó en la mejor manera de analizar el fenómeno.

—Podemos recrear la situación en condiciones controladas y medir cómo se acumula la energía antes de liberarla —sugirió un científico.

—Deberíamos analizar si es un mecanismo automático o si puede aprender a activarlo a voluntad.

—Y necesitamos asegurarnos de que no haya consecuencias negativas para su cuerpo al liberar tanta energía de golpe.

Issei suspiró y miró su Boosted Gear otra vez.

—No sé si esto es bueno o malo… pero si significa que puedo volverme más fuerte, tendré que aprender a controlarlo.

El entrenador sonrió de lado.

—Entonces prepárate, recluta.

El silencio que siguió al descubrimiento del ataque fue apenas interrumpido por el sonido de los monitores en la sala de observación, emitiendo lecturas incomprensibles para cualquiera que no estuviera especializado en la materia. Issei permaneció con la vista fija en su mano enguantada por la Boosted Gear, sintiendo aún el leve hormigueo en su palma donde antes se había concentrado aquella energía. El entrenador caminó lentamente hacia él, con los brazos cruzados.

—Bien, ¿cómo te sientes?

El joven parpadeó, como si apenas ahora recordara que tenía que responder.

—No… no sé. Siento un poco de calor en la mano, pero nada más.

Uno de los científicos anotó algo en su tablet.

—¿Cansancio? ¿Mareos? ¿Dolor?

Issei negó con la cabeza.

—Nada de eso. Es raro… sentí cómo la energía se acumulaba y de repente salió. No lo pensé, simplemente ocurrió.

El entrenador asintió.

—Bien, eso nos dice que tu cuerpo es capaz de manejar la liberación sin efectos secundarios inmediatos. Ahora necesitamos saber si fue un evento único o si podemos replicarlo.

Issei tragó saliva.

—¿Quiere que lo haga otra vez?

—Sí. Pero esta vez, veamos si puedes controlarlo desde el principio.

Los científicos ajustaron algunos parámetros en la sala. Se aseguraron los sensores estuvieran listos para captar cada fluctuación de poder.

—De acuerdo, recluta —dijo uno de ellos por el intercomunicador—. Esta vez, en lugar de esperar a que la energía se acumule por sí sola, intenta dirigirla conscientemente.

Issei asintió, pero por dentro no estaba seguro de cómo hacerlo.

—¿Y si simplemente… no pasa nada?

—Entonces probaremos de nuevo hasta que pase.

El entrenador le dio una palmada en el hombro.

—Recuerda cómo se sintió antes. No te concentres en disparar, sólo en reunir la energía.

El joven aspiró hondo y miró su Boosted Gear.

—Está bien… vamos allá.

Cerró los ojos y empezó a sincronizarse con la sensación de antes. Sabía que su Boosted Gear duplicaba su poder cada cierto tiempo, pero nunca había intentado dirigirlo de manera consciente.

—Boost.

La voz resonó en su mente con la misma firmeza de siempre. Sintió el incremento de energía recorrer su brazo, como un latido fuerte y profundo. Se enfocó en ello, tratando de identificar dónde exactamente se almacenaba la potencia.

—Boost.

Otro incremento. Esta vez, intentó visualizarlo, imaginar que esa energía no solo se acumulaba en su cuerpo, sino que tenía un destino específico.

—Boost.

Un tercer latido de poder. Sus dedos temblaron ligeramente y sintió un calor extraño en la palma. Era como si la energía buscara una salida, pero en esta ocasión, Issei intentó retenerla por más tiempo. Los científicos en la sala de observación intercambiaron miradas mientras las lecturas mostraban una acumulación diferente a la del intento anterior.

—Está reteniendo más energía esta vez —murmuró una.

—Pero su pulso sigue estable. No parece que su cuerpo lo esté rechazando.

El entrenador, con los ojos fijos en Issei, alzó una ceja.

—A ver cuánto más puede manejar.

Issei apretó los dientes, sintiendo el calor incrementarse.

—No sé cuánto más puedo aguantar…

—Cuando creas que es suficiente, intenta liberar la energía en un punto —le indicó el entrenador—. No pienses en disparar, solo en soltarla.

Issei sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero obedeció. En un solo instante, canalizó todo hacia su mano y dejó que su instinto hiciera el resto. Una nueva ráfaga de energía estalló desde la Boosted Gear, más grande y definida que la anterior. Un haz de luz rojo brillante surcó la habitación a una velocidad sorprendente, impactando en la barrera con una fuerza considerable. Los sensores de la sala vibraron con la intensidad del ataque, mientras que Issei respiraba con dificultad. El silencio volvió a instalarse en la sala antes de que un científico murmurara con asombro:

—Definitivamente no fue un accidente.

Issei bajó lentamente el brazo, sintiendo aún el cosquilleo residual de la energía disipándose en su palma. Esta vez, no había sido un arrebato accidental. Lo había sentido, lo había retenido y, finalmente, lo había liberado a voluntad. El entrenador rompió el silencio con un tono neutro, aunque su mirada reflejaba un inconfundible interés.

—Eso fue mucho más controlado que la primera vez.

Uno de los científicos revisó los datos proyectados en la pantalla de la sala de observación.

—La cantidad de energía acumulada fue un treinta y cinco por ciento superior a la del intento anterior, y la velocidad de liberación aumentó en un dieciocho por ciento.

Issei parpadeó, todavía recuperando el aliento.

—¿Eso es… bueno?

El científico ajustó sus gafas.

—Es significativo. Significa que puedes generar y contener más poder con cada intento. Pero más importante aún… significa que puedes aprender a usarlo deliberadamente.

Issei tragó saliva.

—Entonces, ¿puedo hacer esto siempre que quiera?

—Por ahora, no —intervino otro de los analistas, revisando los registros—. Aún no entendemos del todo cómo funciona este mecanismo en la Boosted Gear. Has replicado el fenómeno, pero eso no significa que puedas hacerlo en cualquier momento o sin consecuencias.

El entrenador dio un paso adelante.

—Sigamos con esto, Hyödö. Hazlo una vez más, pero esta vez intenta ajustar la cantidad de energía antes de liberarla. No queremos que esto sea simplemente un disparo sin control.

Issei miró su Boosted Gear. Aún no se había desactivado, el brillo carmesí latía suavemente, como si estuviera respondiendo a su voluntad.

—Bien… vamos allá.

Respiró profundo y comenzó el proceso de nuevo.

—Boost.

La energía se acumuló de nuevo. Ahora que estaba más consciente del proceso, podía notar la diferencia.

—Boost.

La presión se hizo más intensa, pero en lugar de dejar que creciera sin dirección, trató de moldearla, mantenerla estable sin perder el control.

—Boost.

El cosquilleo en su palma volvió a intensificarse. Esta vez, se concentró en la cantidad de energía que dejaba fluir, intentando liberarla en un nivel menor que las veces anteriores. Cuando finalmente dejó salir el ataque, el destello fue más tenue, el impacto en la barrera menos intenso, pero el disparo fue mucho más preciso. Los analistas inmediatamente compararon las lecturas.

—Redujo la potencia en un cuarenta y dos por ciento sin perder estabilidad.

El entrenador asintió, satisfecho.

—Eso es lo que buscábamos. No basta con disparar a lo loco, tienes que aprender a medir la cantidad de energía que usas.

Issei sonrió levemente.

—Así que esto significa que… ¿puedo mejorar?

El entrenador soltó una breve risa.

—Por supuesto. Y nos encargaremos de sacarle todo su potencial.

Issei bajó lentamente el brazo, aún sintiendo un leve cosquilleo en la palma de su mano. La emoción de haber logrado algo completamente nuevo recorría su cuerpo, pero no tuvo mucho tiempo para disfrutarlo. El entrenador dio un paso adelante, con una sonrisa que denotaba tanto satisfacción como expectación.

—Ya viste lo que puedes hacer cuando tu energía se libera de manera abrupta. Ahora es momento de trabajar en la consistencia.

Uno de los científicos, revisando una pantalla con los datos recogidos, asintió.

—El flujo de energía en tu cuerpo no es constante, Hyödö. Aumenta y disminuye con cada pulso de "Boost", pero aún no tienes control real sobre cómo manejarla. Si aprendes a administrar esa energía sin depender únicamente de la descarga, tu rendimiento mejorará drásticamente.

El joven asintió con seriedad, aunque en su interior aún se sentía inseguro. Su poder crecía en oleadas, y hasta ahora su única forma de aprovecharlo era usándolo en fuerza bruta o liberándolo de golpe. Pero si quería convertirse en un agente de S.H.I.E.L.D., no podía depender de instintos descontrolados.

—Entonces, ¿cuál es el siguiente paso? —preguntó, ajustando la postura.

El entrenador cruzó los brazos y miró al equipo de científicos, quienes asintieron en señal de aprobación.

—Vas a intentar estabilizar tu energía sin necesidad de liberarla de inmediato. Esto significa que, en lugar de dispararla en un solo instante, vas a contenerla dentro de ti y aprender a distribuirla poco a poco.

—¿Distribuirla?

—Exacto —dijo el entrenador, con un tono más serio—. Hasta ahora, cada vez que acumulas poder, este busca una salida rápida. Lo que haremos ahora es enseñarte a mantener ese poder dentro de ti sin que te sobrepase. Si logras eso, no solo podrás resistir más en combate, sino que tal vez encuentres nuevas formas de usarlo.

Issei tragó saliva. La idea de retener toda esa energía sin dejar que se descontrolara lo ponía algo nervioso. ¿Era siquiera posible?

—Bien, probemos.

Adoptó una postura firme y respiró hondo. Activó el Boosted Gear, sintiendo el conocido resplandor carmesí rodear su brazo. ¡Boost! El primer pulso de energía lo recorrió como una corriente ardiente. Usualmente, tras algunos segundos más, gritaría otro "Boost" y buscaría la manera de soltar el exceso de poder antes de que se volviera inmanejable. Pero esta vez, debía contenerlo. La segunda acumulación llegó. ¡Boost!

Las pulsaciones crecían en intensidad, y con ellas, la presión en su cuerpo. No era doloroso, pero sí extraño. Como si su propio poder estuviera buscando salir y él se lo estuviera impidiendo.

—Concéntrate —indicó el entrenador—. No pienses en liberar la energía. Solo respira y deja que fluya por todo tu cuerpo.

Tercer pulso. ¡Boost! Un escalofrío recorrió su columna. Sus músculos se tensaron, y por un momento sintió que iba a estallar.

—¡Agh…!

El entrenador alzó una mano.

—No la sueltes. Aguanta un poco más.

Cuarto pulso. ¡Boost!

El guantelete brilló con más fuerza. Issei cerró los ojos e intentó visualizar la energía recorriéndolo, en lugar de simplemente estallar hacia afuera. Su respiración era más agitada, pero algo dentro de él comenzaba a encajar.

—Bien… bien… —murmuró el entrenador.

Quinto pulso. ¡Boost! Esta vez, la sensación no fue de descontrol. Fue de poder. Issei abrió los ojos, y aunque su cuerpo temblaba por la presión acumulada, algo dentro de él le decía que podía seguir un poco más. El entrenador sonrió.

—Parece que estamos haciendo progreso.

El resplandor carmesí que envolvía su brazo pulsaba con una intensidad que hasta ahora Issei nunca había experimentado. Las ondas de energía recorrían su cuerpo, vibraban en su piel, zumbaban en sus oídos. Cada "Boost" había sido como añadir una nueva capa de presión a su organismo, y sin embargo, por primera vez, no sentía que iba a perder el control de inmediato.

Podía sentirlo dentro de él. No como un poder ajeno que simplemente debía liberar, sino como una extensión de sí mismo. Los científicos observaban los monitores con interés, analizando cada fluctuación en los niveles de energía. Uno de ellos, un hombre de lentes delgados y gesto analítico, murmuró algo en voz baja mientras observaba la pantalla.

—Su nivel de estabilidad ha aumentado en comparación con pruebas anteriores. El flujo de energía sigue intenso, pero no muestra los signos de colapso que habíamos registrado antes…

Issei apretó los dientes. La presión no desaparecía, pero era manejable. El entrenador observaba con atención.

—Ahora, sigue concentrándote. Siente el poder, pero no lo sueltes. Visualízalo como si fuera una corriente dentro de ti, moviéndose en un circuito continuo…

Issei respiró hondo y trató de hacer lo que le pedían. En su mente, imaginó la energía no como una bomba de tiempo que debía detonar, sino como un río que fluía por su cuerpo, empapando cada músculo, cada fibra de su ser con una fuerza latente. Sexto pulso. ¡Boost! Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Su puño se cerró con fuerza y un leve resplandor se intensificó en las líneas del guantelete. El entrenador intercambió una mirada con los científicos. Hasta ahora, Issei nunca había acumulado tanto poder sin perder el control.

—¿Cómo te sientes? —preguntó el entrenador.

Issei tragó saliva. Su respiración era más pesada, y su cuerpo vibraba con la energía acumulada, pero…

—Extraño… pero bien —dijo con una sonrisa algo tensa.

El científico de lentes revisó más datos y asintió lentamente.

—El límite de su estabilidad aún es incierto, pero en teoría… podría seguir acumulando más.

El entrenador cruzó los brazos.

—Sigamos.

Issei asintió, con una mezcla de emoción y nerviosismo. Séptimo pulso. ¡Boost! Un leve destello escarlata surgió de su cuerpo. Por un momento, sintió un aumento repentino en su temperatura, como si su sangre estuviera ardiendo con energía pura. Las luces en el cuarto parpadearon por una fracción de segundo.

—Eso fue… nuevo —comentó un científico, mientras revisaba los sensores.

El entrenador mantuvo la mirada fija en Issei.

—¿Sigues en control?

El joven inspiró hondo. Se sentía pesado, como si cada célula de su cuerpo estuviera vibrando con energía. Pero aún no explotaba.

—Sí… pero no sé cuánto más puedo aguantar.

El científico de lentes tecleó rápidamente en su consola.

—Su temperatura corporal ha aumentado en un 15%. La tensión en sus músculos sigue en niveles seguros, pero se recomienda precaución.

El entrenador observó a Issei.

—Escucha, Hyödö. El siguiente impulso podría acercarte a tu límite. Depende de ti si quieres intentarlo o detenerte aquí.

Issei sintió un nudo en el estómago. Sabía que debía ser prudente… pero también sabía que nunca había llegado tan lejos. Apretó el puño, miró su guantelete y tomó una decisión. Octavo pulso. ¡Boost! Un sonido grave resonó en la sala. Como un latido amplificado, como un trueno distante. El resplandor en su guantelete se intensificó, irradiando un aura de energía roja que cubría su brazo por completo. Su visión se volvió ligeramente borrosa por un instante, pero se forzó a mantenerse firme.

—¡Issei! —llamó el entrenador con voz alerta.

El joven se tambaleó un poco. Su cuerpo estaba cargado, como una batería a punto de estallar. Pero algo le decía que si lograba resistir solo un poco más… Entonces, de repente, sintió un cambio. La energía dentro de él ya no buscaba desesperadamente una salida. En cambio… esperaba. Esperaba su decisión. Por primera vez, Issei no sentía que el Boosted Gear lo controlaba. Él lo estaba controlando. El entrenador observó atentamente.

—Hyödö… ¿qué estás sintiendo ahora?

Issei levantó la mirada, su guantelete brillando con intensidad.

—No lo sé… pero creo que…

Apretó su puño con fuerza.

—Creo que aún puedo más.

El aire en la sala de entrenamiento se sentía denso. No era solo la acumulación de energía en el cuerpo de Issei, sino también la tensión de los científicos y el entrenador, quienes observaban sin perder detalle lo que estaba ocurriendo. Issei cerró los ojos por un momento. Su respiración era pesada, pero dentro de su pecho, algo latía con una intensidad que nunca antes había sentido. Su cuerpo no temblaba por debilidad, sino por la fuerza contenida que buscaba un canal de escape.

Por reflejo, estiró el brazo y abrió la palma de la mano. Fue un movimiento instintivo, sin pensar demasiado en ello. Y en cuanto lo hizo, la energía que había estado acumulando pareció responder de inmediato, fluyendo desde el centro de su cuerpo hacia su guantelete. Las líneas escarlata que recorrían la superficie metálica de la Boosted Gear brillaron con una intensidad nueva. Las luces en la habitación parpadearon otra vez, y uno de los monitores de energía marcó un pico inusual.

—¿Qué está haciendo? —preguntó uno de los científicos, ajustando rápidamente las mediciones.

—No lo sé… —respondió el de lentes, observando atentamente los datos en la pantalla.

El entrenador dio un paso adelante.

—Hyödö. ¿Puedes describir lo que sientes?

Issei entreabrió los ojos. El resplandor rojizo se reflejaba en ellos, dándole una apariencia más intensa de lo habitual.

—No lo sé… Es como si… —Hizo una pausa, buscando las palabras correctas—. Es como si todo este poder que acumulé estuviera esperando a que lo use de alguna manera. Pero no siento que vaya a perder el control.

El entrenador asintió con calma.

—Bien. Entonces, intenta canalizarlo de forma controlada.

Issei tragó saliva.

—¿Cómo?

—Piensa en ello como un torrente de agua —dijo el entrenador, cruzándose de brazos—. Si solo lo dejas salir sin control, será como una inundación caótica. Pero si le das dirección, se convertirá en un río con cauce definido.

Issei miró su mano, donde la energía se acumulaba cada vez más.

—Darle dirección…

En su mente, trató de visualizarlo. No como un simple destello de poder, sino como algo con un propósito claro. Por instinto, flexionó ligeramente los dedos y tensó el brazo. Y entonces, la energía se movió. No como un estallido descontrolado, sino como un flujo dirigido, moldeándose en un punto específico frente a su palma. Un orbe de luz roja comenzó a formarse. Pequeño al principio, pero pulsante, girando lentamente sobre su eje. Las lecturas de energía se dispararon en los monitores.

—Esto… esto no lo habíamos registrado antes —susurró el científico de lentes, tecleando frenéticamente.

El entrenador observó con ojos afilados.

—Mantén el control, Issei. No lo sueltes todavía.

Issei sintió cómo la esfera crecía, alimentándose del poder que había acumulado con cada Boost. Podía percibir la presión en su brazo, la vibración en su piel, la electricidad en el aire. Pero no era incontrolable. Por primera vez, no sentía que iba a ser arrastrado por el poder. Lo estaba sosteniendo.

—Increíble… —murmuró uno de los científicos.

Pero justo en ese momento, algo cambió. El orbe comenzó a agitarse. Su luz parpadeó con un ritmo errático, como si estuviera perdiendo estabilidad. Issei sintió un pinchazo de alarma en su pecho.

—No sé si podré aguantarlo mucho más…

El entrenador reaccionó rápido.

—Si sientes que pierdes el control, entonces úsalo.

—¿Cómo?

—Expúlsalo. No lo retengas, pero dirígelo.

Issei miró al frente. No había un objetivo claro, solo la pared reforzada del entrenamiento. Pero no importaba. Inhaló profundamente. Y, sin pensarlo demasiado, soltó la energía. El orbe de luz roja se expandió de golpe, convirtiéndose en un rápido proyectil que cruzó la sala en un instante.

El impacto contra la pared fue violento. No hubo explosión, pero una onda de choque sacudió la habitación y una hendidura humeante quedó marcada en la superficie metálica reforzada. Un silencio absoluto se apoderó del lugar. Los científicos miraban los datos, completamente desconcertados. El entrenador dejó escapar un silbido bajo. Y en el centro de la habitación, Issei observó su propia mano con una mezcla de asombro y temor.

—¿Qué… qué fue eso?

Nadie respondió de inmediato. No porque no quisieran, sino porque ninguno tenía aún una respuesta clara. El silencio se prolongó por unos segundos más. Issei seguía mirando su mano, como si esperara que la respuesta estuviera ahí, en los restos de energía roja que aún titilaban sobre su piel. Finalmente, uno de los científicos se movió. Se acercó lentamente al monitor principal, donde las lecturas de energía seguían registrando niveles anormales.

—Esto… —su voz se cortó cuando vio los datos—. Esto no encaja con lo que conocíamos de la Boosted Gear.

El científico de lentes se ajustó los cristales, parpadeando mientras revisaba las cifras.

—No es solo un aumento de poder. Parece que ha canalizado la energía acumulada en un ataque dirigido. Pero…

—Pero hasta donde sabemos, la Boosted Gear duplica la energía de su portador —dijo el entrenador, girando lentamente la cabeza hacia Issei—. No dispara proyectiles de energía.

Todos los ojos se posaron en el joven. Issei sintió el peso de sus miradas y tragó saliva.

—E-espera. Yo no… —Hizo una pausa, sacudiendo la cabeza—. No tenía idea de que podía hacer eso.

El entrenador entrecerró los ojos.

—¿Cómo te sentiste al hacerlo?

Issei frunció el ceño, tratando de recordar la sensación exacta.

—No sé. Fue como… como si toda la energía acumulada tuviera que salir de alguna manera. No podía contenerla más, así que simplemente… la dejé ir.

Uno de los científicos se inclinó sobre el monitor, tomando notas apresuradas.

—Eso implicaría que la Boosted Gear no solo acumula energía, sino que también puede almacenarla temporalmente en una forma que luego se pueda expulsar…

El científico de lentes asintió, tecleando en su computadora.

—Y si puede expulsarse, entonces existe la posibilidad de moldearla en distintos tipos de ataque.

El entrenador cruzó los brazos.

—Eso suena como una teoría prometedora, pero antes de sacar conclusiones, tenemos que asegurarnos de que Hyödö pueda reproducirlo.

Issei parpadeó.

—¿Quieres que lo haga otra vez?

—¿Tienes miedo?

Issei apretó los dientes.

—No, es solo que…

Miró hacia la pared reforzada. La marca negra y humeante todavía estaba ahí, un testigo mudo de lo que acababa de hacer.

—Solo quiero entender qué fue exactamente lo que hice.

El entrenador sonrió levemente.

—Buena respuesta. Entonces probémoslo.

Los científicos intercambiaron miradas.

—Si vamos a hacer esto, tenemos que monitorear todo en tiempo real —dijo el de lentes, escribiendo rápidamente en su terminal—. Ritmo cardíaco, presión energética, patrones de flujo de poder…

—Vamos a necesitar más sensores —añadió otro.

Un técnico se apresuró a conectar un par de cables adicionales al guantelete de Issei.

—De acuerdo, Hyödö —dijo el entrenador, volviendo a ponerse en posición—. Esta vez, concéntrate en lo que sientes desde el principio. No lo hagas por instinto. Trata de controlarlo.

Issei respiró hondo y asintió. Extendió su brazo otra vez. Las líneas escarlata de la Boosted Gear comenzaron a brillar con intensidad. El entrenamiento apenas estaba comenzando. Issei tomó aire lentamente, sintiendo la energía de la Boosted Gear vibrar en su brazo. Aún no estaba del todo seguro de cómo había disparado ese ataque, pero sabía que la clave estaba en la acumulación y liberación de poder.

—De acuerdo —dijo el entrenador con calma—. Paso uno: Acumula la energía.

Issei asintió y cerró los ojos por un instante.

—¡Boost!

El guantelete escarlata brilló. Las lecturas en las pantallas se elevaron de inmediato.

—Nivel de energía aumentando progresivamente… Todo dentro de los parámetros esperados —murmuró el científico de lentes, mientras registraba los datos en su terminal.

El entrenador observó atentamente cada reacción del joven.

—Bien. Ahora, siente la energía. No pienses solo en aumentar tu poder. Trata de percibir cómo fluye dentro de ti.

Issei frunció el ceño, concentrándose. La energía ardía en su brazo como un fuego controlado. En su primer intento, la había soltado sin más, sin ser realmente consciente del proceso. Ahora, necesitaba entenderlo.

—¡Boost!

Un segundo aumento de poder recorrió su cuerpo. Los sensores registraron otro pico de energía, más pronunciado que el anterior.

—Los niveles de poder se están acumulando correctamente. Hasta ahora, no hay sobrecarga.

—Entonces pasemos a la segunda fase —indicó el entrenador—. Encuentra la forma de liberar la energía.

Issei tragó saliva. La última vez, lo había hecho por accidente. Ahora, tenía que provocarlo intencionalmente. Intentó recordar la sensación exacta del momento en que el disparo salió de su mano. Se había sentido al límite, como si su cuerpo no pudiera contener más energía.

—¿Podría haber un punto crítico donde la Boosted Gear busque liberar el exceso de poder? —susurró uno de los científicos, tomando notas.

—Es posible —contestó el de lentes—. Pero necesitamos ver cómo se activa para confirmarlo.

El entrenador inclinó la cabeza.

—Hyödö, intenta concentrar la energía en un solo punto, como si la estuvieras conteniendo. No la dejes fluir por todo tu cuerpo, sino dirígela a tu mano.

Issei asintió. Cerró los ojos por un instante, imaginando la energía roja acumulándose en su palma. Podía sentirla vibrar, creciendo. Poco a poco, la presión aumentaba.

—¡Boost!

Un tercer aumento de energía sacudió su cuerpo. Las alarmas en los monitores comenzaron a parpadear.

—¡Nivel de poder crítico!

—¡Mantengan las mediciones, aún no hay signos de inestabilidad!

Issei sintió su corazón latir con fuerza. La energía crepitaba en su brazo, buscando salida. El entrenador notó cómo su mano temblaba.

—Hyödö. Ahora, déjala ir.

Issei apretó los dientes. Se enfocó en la energía concentrada en su mano y, con un grito, la liberó. Un destello carmesí explotó en el aire. El proyectil de energía atravesó la sala de entrenamiento a una velocidad abrumadora, impactando contra la pared reforzada con una explosión contenida. Esta vez, todos lo vieron claramente.

No había sido un accidente. El laboratorio quedó en completo silencio. Las lecturas se estabilizaron lentamente en los monitores, mientras el humo del impacto se disipaba. Uno de los científicos fue el primero en romper el silencio:

—Es… Es un ataque de energía.

El de lentes ajustó sus gafas, con la mirada fija en los datos.

—Se confirma. Hyödö ha logrado reproducir el disparo.

El entrenador sonrió con aprobación.

—No está nada mal para un principiante.

Issei miró su mano, sin dar crédito a lo que acababa de hacer.

—Yo… realmente lo hice.

Pero más allá de la sorpresa, una sola pregunta surgió en su mente.

—¿Cuánto más podré mejorar?

El científico de lentes miró la pantalla y, tras unos segundos, murmuró para sí mismo:

—Acabamos de abrir una nueva puerta en la investigación de los Sacred Gears…

Issei observaba los datos proyectados en los monitores, tratando de entenderlos. Gráficas de energía, registros de estabilidad, tiempo de recuperación... toda una serie de mediciones que para él eran solo números sin contexto.

—Oye, entrenador —dijo, con curiosidad—. Comparando esto con los otros agentes que tienen Sacred Gears… ¿qué tal estoy?

Los científicos se intercambiaron miradas, hasta que uno de ellos tomó la palabra.

—Tus valores iniciales están entre los más altos que hemos registrado, especialmente en lo que respecta al incremento de energía y la resistencia al desgaste. Es una ventaja considerable.

Issei sintió un ligero orgullo ante la afirmación, pero este se disipó de inmediato cuando el entrenador chasqueó la lengua.

—No te emociones demasiado. Tener buenos números al inicio no significa nada si no los desarrollas correctamente. Algunos de los mejores agentes empezaron con valores más bajos que los tuyos, pero lograron superar a los que tenían mejores registros iniciales porque entrenaron más duro y aprendieron a aprovechar su Sacred Gear de manera óptima. Issei asintió, comprendiendo la advertencia. Tener potencial era solo el primer paso. Lo importante ahora era explotarlo al máximo y seguir mejorando.


Otro más para la saca. Poco a poco se va moviendo la cosa. Espero llevar buen rumbo.

stipscrac: no conozco a ningún personaje llamado reinaré, me suena más a tiempo verbal ja, ja, ja. Broma, broma. Y me alegro que te haya gustado, ha costado bastante.

Y sin más que decir, me despido.

¡Nos leemos!