Ella despertaba antes de que rompiese el alba. Por mucho que lo intentara, no podía dormir más, 5 horas era su límite, por muy cansada que estuviera. No eran pesadillas, terrores nocturnos o el calor lo que le despertaba, quizá fuese la expectativa, el saber que a más temprano empezase su jornada, más temprano la terminaría, aun si al final del día se quedase sola con sus recuerdos de cuando las cosas eran mejor, permanecer ahogada en la melancolía resultaba mejor que soportar lo que se había vuelto su día a día.
Cuando empezó a levantarse del catre al que llamaba cama fue cuando empezó a sentir el dolor de ayer y de todos los ayeres previos. La espalda hecha polvo, las manos resecas y agrietadas, las rodillas chirriantes, el cansancio perenne, los moretones en sus brazos... Se quedó mirando las heridas por un momento, con una expresión de desapego en el rostro, como si viese las heridas de un desconocido. El dolor era tan general que le era difícil identificar a cual de ellos correspondía cada moretón, se entretenía un poco tratando de descifrarlo hasta que sus neuronas por fin se liberaban de la modorra del sueño y se percataba de lo retorcida que era la situación. Entonces saltaba del catre y se vestía, nada más que un vestido roñoso y unas sandalias, recogía su cabello, bajaba sus orejas de liebre y amarraba ambas para que no estorbaran para así salir a hacer lo suyo.
Fuera de las barracas de las obreras el ambiente era seco y apagado. Como de costumbre, ella era de las primeras en levantarse, incluso antes que el sol. Encaminó sus pasos a la cocina del comedor principal donde encontraría a la única persona que despertaba antes que ella. En la parte trasera del recinto, una vieja búfalo pelaba unas tristes patatas, sentada encorvada sobre un diminuto banquillo junto a, al menos, 6 sacos repletos de las mismas.
"Buenos Días", dijo la liebre mientras se acercaba.
"Días, Ana", respondió la búfala sin levantar la mirada.
"¿Cuál es el menú de hoy?"
"El mismo de ayer"
"¿En qué puedo ayudar?"
La búfala no respondió, absorta en las patatas. Ana se limitó a buscar otro pelador y a sentarse junto a la anciana a pelar los tubérculos.
Conforme pasaba el tiempo, el día se iba aclarando y los sacos de patatas vaciándose, más gente empezó a salir de las barracas. Para las 7 de la mañana el comedor fue llenándose animales de todas las especies, todos con el mismo pesar en la mirada. Cuando todas las papas fueron peladas Ana la Liebre se dispuso a cortarlas para cocinarlas, pero una chica cierva se acercó a la ventanilla de la cocina con estrepito y cuando vio a Ana, grito:
"¿Se puede saber qué estás haciendo allí? ¿Y dónde está tu uniforme?"
"Solo estoy ayudan-", intento responder la liebre antes de ser interrumpida.
"¿Tú le pediste su ayuda?", preguntó la cierva a la búfala.
"No", respondió la anciana.
"Entonces no tienes nada que hacer allí. Ven acá rápido antes de que nos metas en problemas".
Ana dudo por un momento, pero luego soltó un suspiro resignado y dejó lo que estaba haciendo para salir de la cocina, donde la cierva la esperaba para llevarla de la mano a una esquina del comedor donde se encontraban sentadas otras chicas.
"Después de comer te vamos a arreglar y vamos a trabajar ¿Ok?".
Ana solo respondió asintiendo con la cabeza.
Tras el desayuno de puré de papas insípido con salchichas flácidas, la cierva llevo a Ana de vuelta a las barracas para que se cambiara, fue entonces que descubrió que el uniforme de Ana estaba sucio y por eso no lo se lo había puesto, por lo que decidió pedir prestado uno de una de las demás chicas. El que encontraron no era exactamente de la talla de Ana, pero no había de otra. La cierva hizo lo que pudo para apretar el corsé lo más que podía y mantener la minifalda de sirvienta en su sitio. Buscó su estuche de maquillaje y se percató de que estaba casi por acabar, la cierva se quedó dudando un momento.
"No tienes que hacerlo si no quieres...", le decía Ana.
La cierva puso una media sonrisa.
"¿Qué importa lo que yo quiera? De todos modos, esto es para él, como todo en este lugar", respondía la cierva mientras empezaba a aplicar el maquillaje sobre el rostro de Ana. "Eres su favorita, después de todo".
La última frase hizo que un revoltijo se formase en el estómago de Ana. Tragó saliva y respiró hondo para mantenerse controlada y no arruinar el trabajo de su compañera.
Cuando todo terminó, con el maquillaje puesto, el vestido colocado y su pelaje claro casi blanquecino, Ana parecía una muñeca de porcelana viviente, aún su mirada melancólica no restaba a su enigmática belleza. La cierva se le quedó observando por un momento, con cierto aire de orgullo, antes de acercársele para abrazarla. Luego, con sus dedos índices, le dibujo una sonrisa a la liebre y le dijo:
"Mantente así y lo de ayer no se repetirá ¿Sí?"
"Si..."
"Fuerza. Yo sé que puedes", concluía la cierva antes de volver a abrazar a Ana y despedirla para así poder ella arreglarse.
La liebre fue a reunirse junto a más de una docena de sus compañeras, todas vestidas de la misma forma y cargando la misma sonrisa falsa, esperando a ser despachadas para cumplir sus labores diarias.
"Ana", llamó una voz fuerte y autoritaria al final de la fila de chicas.
Ana sacó la cabeza y se encontró con que el llamado provenía de la jefa del grupo, una gacela bastante más mayor que las demás chicas.
"Tienes que venir al frente. Apresúrate y ven"
"Si, señorita", respondía la liebre mientras se dirigía a liderar el grupo de chicas.
"¿Ya estamos todas? Solo tenemos dos minutos".
"¡Ya voy!", gritaba la cierva mientras corría para juntarse con el grupo.
"Por Gaia ¿Qué pasó con tu maquillaje? ¿No tienes suficiente?", cuestiono la jefa.
"Eh... no, es que-"
"Ya, no tenemos tiempo. Por favor, mantente al final de la fila y que el señor te vea lo menos posible".
"S-si, señorita..."
La jefa tomó su lugar al frente de la fila junto a Ana, llenó de aire sus pulmones para así realzar su busto, acción que las demás chicas imitaron, y luego empezó a caminar con prisa pero con gracia mientras las demás chicas le seguían el paso rumbo al edificio principal.
En su camino se cruzaron con el grupo de trabajadores varones de camino a la plantación y la pequeña fabrica del asentamiento. El sol de la mañana empieza a calentar, el aire del desierto se sentía más seco. Cuando llegaron al edificio fueron recibidas por los guardias, quienes les abrieron las puertas de par en par para que pasasen. Ana fue de inmediato golpeada por el aire helado del interior del recinto, el contraste le conmocionó un poco, pero mantuvo la postura mientras entraba junto a la jefa, que vociferaba con el mayor entusiasmo impostado podía:
"¡Buenos Días, Querido Amo Fang!".
"¡Buenos Días!", Las demás chicas repitieron al unísono.
En la parte central de la sala, sobre una alta tarima cuyas escaleras daban directamente a lo que parecía un trono hecho con material ostentoso, se encontraba sentado la comadreja ex cazarrecompensas, ahora más regordete y descuidado, con una expresión de fastidio.
"Si si, buenos días. Ya pónganse a trabajar".
Las tareas de las sirvientas en el asentamiento de Fang La Comadreja consistían en mantener el edificio principal limpio y en orden a su vez que servir de "entretenimiento" para Fang y sus secuaces. Si bien lo primero podía ser extenuante debido a la envergadura del edificio y a lo difícil que resultaba mantenerlo libre del polvo del desierto, lo segundo era lo que las chicas más lamentaban. La comadreja con los años y estando ebrio de poder tras haber conquistado el asentamiento, se había vuelto errático, siendo molesto e inapropiado en el mejor de los casos y abusivo en el peor. Nada parecía satisfacerle, y aun así las chicas tenían que hacer el esfuerzo de buscar contentarlo. Trabajaban por turnos, una mitad se encargaba de la limpieza y la otra mantenía a Fang contento, y tras un rato se intercambiaban. Resultaba sencillo ya que Fang las veía a todas iguales... salvo cuando le hacían enojar.
Un estruendo metálico retumbó por toda la sala mientras una bandeja de aluminio rebotaba sobre los escalones yendo escalera abajo. Todas las personas presentes voltearon a ver. En la cima, junto al trono, una de las trabajadoras temblaba mientras se cubría el rostro, a su lado Fang se encontraba con la ropa ligeramente manchada de crema batida de uno de los aperitivos que la trabajadora intentaba darle en la boca. La comadreja estaba encolerizada, maldiciendo e insultando a diestra y siniestra, sus gritos haciendo eco en toda la sala.
"¡lo-siento-lo-siento-lo-siento muchísimo, Amo!", se disculpaba insistentemente la pobre muchacha. "¡V-voy a por una toalla para limpiar-!".
"¿¡A donde demonios crees que vas!?", interrumpía Fang mientras sostenía con fuerza el brazo de la chica. "¿Crees que te vas a escapar tan fácil después de humillarme así, huh? ¿Tengo acaso cara de payaso para que te burles de mí?".
"¡No fue una burla, fue un accident-!"
"¡No te atrevas a llevarme la contraria!", Fang empujó a la chica de tal forma que la dejo a solo un paso de caer de la alta tarima, solo siendo detenida por el agarre abrasivo de Fang, que ya empezaba a dejar marca. "Dime ¿Hace falta un pequeño golpe en la cabeza para que dejes de ser una idiota, niña?
"¡Por favor no, no era mi intención! ¡No era mi intención, por favor!"
"Oh, entonces si admites la burla...", decía la comadreja mientras liberaba de apoco su agarre, dejando que la chica se deslizase más al abismo.
"¡Por favor, perdóneme! ¡Perdóneme, lo lamento tanto!", suplicaba la chica mientras se agarraba al brazo de Fang con desesperación.
Las demás chicas no podían hacer nada más que apartar la mirada y soportar el coraje, algunas cerrando con fuerza los puños, otras mordiéndose el labio. Ana permanecía estoica, al menos en apariencia, mientras pasaba el paño de limpieza con tal fuerza sobre la cerámica que casi parecía querer desvanecer su patrón.
Al final Fang volvió a poner a la chica lejos del borde para luego despacharla y requerir a otra de las chicas para que le limpiase. La pobre chica amenazada se retiró entre lagrimas sin que nadie pudiera ir a consolarla, ya que debían seguir trabajando. No era una ocurrencia extraña, la última chica a la que le ocurrió no tuvo tanta suerte, resultando en una pierna fracturada y un hombro dislocado, lo cual se tradujo en menos trabajo para ella, o lo que es lo mismo: menos ración de comida y, por su puesto, agua.
Cerca del mediodía la gran alarma que avisa de la repartición diaria de la ración de agua sonó. Todas las chicas detuvieron sus labores y levantaron la mirada al cielo como si estuviesen oyendo un canto divino directo desde el cielo. Todas se fueron acomodando en fila frente a la salida para ser dirigidas por los obreros hasta el área de repartición.
"¡Recuerden: ¡Un vaso por persona! ¡Una ración al día!", comandaba uno de los guardias del lugar. "¡Es su responsabilidad el cómo administren su ración de agua! ¡No se les entregará ninguna más por el resto de la jornada!".
La fila de trabajadores era increíblemente larga, casi tanto como las caras de sus integrantes. Pobres almas cansadas, mal alimentadas y, sobre todo, sedientas. Caminaban de forma aletargada y tambaleante. Por cada persona que tomaba su ración de agua y se retiraba, daban un paso, de forma periódica y precisa, como el funcionamiento de un reloj. Nadie charlaba, nadie volteaba a mirar a la persona que tenían detrás, todos clavaban su mirada en el suelo y avanzaban de forma automática, como espigas movidas por el viento.
Y a mitad de la fila, Ana se movía al unísono junto a sus compañeros, sobándose los brazos por el sobre esfuerzo que hizo lavando la cerámica. En su mente se repetía en bucle lo que recién había ocurrido con Fang y una de sus compañeras. Absorta como estaba, se sorprendió mucho cuando alguien le tocó el hombro para llamar su atención.
"Ana", era la jefa del grupo. "El Amo te requiere ahora".
"¿Qué?", respondió una de las chicas detrás de Ana antes de que la propia Ana pudiera reaccionar. "Es tiempo de tomar agua, el trato era que no nos iba a molestar mientras fuera tiempo de tomar agua".
"Es verdad", agregó otra de las chicas que estaba cerca. "Si Ana se va de la fila, no podrá tomar su ración de agua de hoy".
"Es una orden directa", sentenció la jefa.
"¡Pues que se espere! ¡Ya casi llega!".
"Esto no te incumbe a ti, es a Ana a la que requiere".
"¡Ana, di algo!", reprochó la chica mientras intentaba llamar la atención de la liebre.
"Está bien...", respondió al fin Ana. "Iré".
"¿Qué? ¡No!", protestó la chica.
"¡Que espere, ya casi estás!", agregó otra chica más.
"Al Amo Fang no le gusta esperar, y ya voy tarde", concluía la liebre mientras salía de la fila.
"¡Al menos déjame tu vaso para que yo pueda-!", intentó proponer una de las chicas antes de ser interrumpida por uno de los guardias.
"Una ración por persona", sentenció el guardia mientras alentaba a las personas a que siguiesen caminando.
Se fue formando una conglomeración en el punto en que Ana había dejado la fila, las chicas discutían con los guardias mientras estos trataban de mantener el orden y los obreros que estaba detrás se quejaban de que la fila no avanzase. La jefa alejó a Ana del caos y la acompaño hasta la sala principal.
"No olvides sonreír Ana", le recordó la señora.
"Si, Señorita".
"Y... lo siento mucho. Aún tengo mi ración sin tomar, si quieres puedo-".
"No, por favor", le interrumpió la liebre. "Está bien. Gracias, Señorita", Dijo Ana como despedida antes de entrar por su cuenta al encuentro con Fang.
Entonces...
Era el tercer día consecutivo en que la eriza y el equidna no encontraban nada de agua.
Se habían extendido en un radio de 10 kilómetros desde la casa, Amy hacia Este, Knuckles hacia el Oeste, rastreando de Norte a Sur. Knuckles concluyo que lo mejor era realizar un agujero a por lo menos 20 metros del último agujero realizado, tratando de ser lo más preciso posible, pero sin caer en la redundancia. Habían realizado su mayor esfuerzo para racionalizar los recursos, solo comer comida seca, tomar solo un vaso de agua de la que quedaba cada 5 horas, también habían tomado en cuenta la excepción de los cuidados que necesitaba Sonic, en su estado de coma anormal. Alimentarle con comida seca era muy difícil, requería humedecerla, y como era imposible cerrarle los ojos por algún motivo aún tenían que ser humectados con solución salina cacera para que no quedasen atrofiados. La situación era precaria y no parecía querer mejorar.
Los terrenos alrededor de la casa de la eriza se asemejaban a un campo de batalla abandonado, con agujeros perforando la tierra allá donde se posase la vista. El cielo permanecía nublado aunque no menos caluroso, la luz de sol se dispersaba entre las nubes dando una iluminación lóbrega y aséptica, sin sombras fuertes ni mucho contraste, dándole al paisaje la apariencia de ser un lugar irreal y extraño.
En el punto más occidental del radio de búsqueda, desde donde la casa parecía una mota de polvo en el horizonte, knuckles se encontraba terminando de cavar su último agujero. Sudaba profusamente, sus guantes manchados de todo tipo de tierra, caliza, arcilla, arenisca, etc. Estaba cansado, harto, furioso, frustrado... Golpeaba con fuerza las paredes del agujero, buscando aliviar su ira de alguna forma.
Era más fácil encontrar tesoros, su intuición no estaba preparada para buscar agua, menos aun agua subterránea. El agua era abundante en Angel Island, nunca se había preocupado por encontrarla, e incluso en los desiertos más áridos cabía la esperanza de una lluvia pasajera. Pero el cielo permanecía indolente e indiferente ante las necesidades de los mortales mientras permanecía en apariencia expectante por un diluvio.
No ayudaba el hecho de que sus instintos naturales le distraían más que le ayudaban. Un presentimiento, una sensación familiar le llamaba más allá del horizonte... Pero era imposible. Todo el rato se decía a si mismo que eso que presentía era producto del desajuste de Energía del Caos que se había producido tras La Unión. Era muy tenue como para ser lo que creía que podía ser... Pero también le era difícil de ignorarla en ocasiones, y la frustración de no poder saber que era eso se sumaba a su ya inmensa frustración de que no lloviera.
"¡Maldita sea! ¡Termina de caer de una buena vez!", gritaba el equidna inútilmente al cielo. "¡Si no vas a servir de nada, lárgate!".
El silbido del viento arenoso fue su única respuesta. El equidna dio otro golpe frustrado a la tierra antes de salir del agujero y encaminarse al Este.
Cuando knuckles llegó a la punta opuesta del radio de búsqueda se encontró con una Amy que yacía sentada en el fondo de un agujero, abrazando sus piernas y con la cabeza enterrada entre las rodillas. A su lado, la pala que estaba utilizando para excavar se encontraba partida a la mitad, mientras su cantimplora con su ración de agua se hallaba derramada sobre la tierra.
"¿Se puede saber qué estás haciendo?", preguntó el equidna irritado.
"... No hay nada...", musitó la eriza.
"Si, eso veo. ¿Por qué no estás excavando el siguiente agujero? Es lo que estoy preguntando".
"La pala se rompió... Estoy cansada... Tengo hambre... Tengo sed... Apesto..."
"¿Apestas? ¿Eso es lo que te preocupa? ¿Por qué no excavas el siguiente agujero a ver si encuentras con qué darte un baño?
"... No hay nada..."
"¿Acaso ya buscaste o...?"
"... No hay nada..."
"¿¡Te vas a quedar allí como imbécil repitiendo lo mismo o qué!?"
"¡NO HAY NADA!", explotó de pronto la eriza, levantándose del agujero. "¿A dónde más quieres que busque? ¿Adónde más quieres que vaya? ¡Aquí no hay nada! ¡Podría ir a la otra punta de la isla y daría lo mismo!"
"¿Y vas a rendirte ya?"
"¿¡Qué más quieres de mí!? ¡No hay agua aquí! ¡Ya no hay agua en la casa! ¡La poca agua que nos queda se acabará hoy!"
"Aun tendríamos más agua si no la malgastases en...", decía el equidna para si mismo.
"¿¡Puedes dejar a mis flores en paz!?"
"¡Sabes que es verdad!"
"¡Vete al diablo!", espetó la eriza antes de dar media vuelta y alejarse del equidna a paso rápido. Knuckles empezó a seguirle de cerca.
"Lo digo en serio, sobre todo con esa flor azul rara que tanto cuidas ¿Cómo puedes gastar tanta agua para regar una flor que de todos modos se va a-?".
"¡No morirá, ya cierra la boca!"
"¡Ayer ví como te saltabas 3 turnos para tomar agua para poder regar esa flor! ¿Cómo rayos puedes apreciar una flor que te dio Sonic más que a ti misma o al propio Sonic?"
"¡Esa Flor no es de Sonic, es...!", exclamaba iracunda la eriza mientras daba la vuelta para encarar al equidna, pero a mitad de la frase su ira fue reemplazada por una profunda tristeza. "Es de Sally...".
Knuckles parpadeó y se mantuvo confundido por un segundo. "¿De Acorn? ¿La que robó y destruyó las Esmeraldas del Caos?", pensó. Pero antes de que pudiera decir nada, Amy continuó-
"Esa flor es lo único... Lo Único que me queda de ella antes de..."
"¿Pero ella no fue-?", intentó cuestionar Knuckles.
"No", interrumpió tajantemente Amy. "Ella no lo hizo, lo sé".
Knuckles se mantuvo en silencio mientras cruzaba los brazos. Sabía que Amy era muy apasionada y sentimental, pero dicha pasión jamás nublaba su juicio. Si ella consideraba a alguien redimible, es porque efectivamente lo era. Pero los hechos no parecían concordar en su cabeza, aunque ya era muy tarde como para que importase.
"Esa flor...", continuó la eriza. "No puedo... No quiero perderla... Estoy harta de perder cosas, de perder gente. Cream, Vanilla, Jewel, Whisper, Tangle, Belle, Shadow, Rouge, Los Chaotix...", la voz de Amy empezó romperse. "Tails...", sus piernas flaquearon y se vio obligada a permanecer en canclillas, intentando detener las lágrimas con sus manos. "No sé nada de ellos, no sé si aún siguen vivos o... No quiero perder la esperanza, estoy dando todo mi esfuerzo, haciendo todo lo que puedo para mantener la esperanza de volverlos a encontrar a todos, y...".
"Está bien", interrumpió el equidna mientras posaba su mano sobre la cabeza de Amy. "Lamento lo que dije, yo tampoco quiero perder la esperanza de-", knuckles se quedó en silencio de pronto para luego virar su vista al cielo.
Amy se limpio la pocas lagrimas que habían surgido en sus ojos y se quedó mirando extrañada al equidna.
"¿... pasa algo, knux?".
"Shhhh", hizo el equidna presionando su índice contra sus labios y luego extendiendo la mano con la palma bocarriba.
"¿Qué sucede? ¿Qué es lo que-?", la eriza se congelo en el momento.
Amy giró su vista a su hombro derecho, siguiendo la ligera sensación fría que sintió de pronto. tuvo que parpadear varias veces para corroborar que sus ojos no le engañaban, luego pensó que quizá era su sudor, pero innegablemente estaba viendo una gota de algún liquido transparente. Luego se levantó e imitó a Knux, virando su vista al cielo.
Ambos se quedaron en silencio por un largo rato, quizá minutos, totalmente paralizados, como temiendo que, si movían, sus deseos desaparecerían en el éter. Respiraban lenta y profundamente, parpadeaban poco, la brisa silbaba mientras pasaba por sus orejas, una brisa más... fresca.
Amy entonces se llevó la mano a sus labios resecos rápidamente, knuckles volteo a verla y la encontró pasmada.
"Por Gaia...", alcanzó a decir la eriza mientras veía la humedad en sus dedos.
La segunda gota cayó en el brazo de knux, la tercera en la espalda de Amy y así, alrededor suyo cayeron las demás, una lluvia en toda regla.
"Por Gaia, está-"
"¡Amy, Rápido! ¿Tienes hoyas y baldes suficientes en casa?", espetó Knux.
"¿Q-que?"
"¿¡Tienes o no!?"
"¡N-no lo sé!"
"¡Maldición, Vamos!", gritó el equidna antes de tomar a Amy del brazo y arrastrarla de vuelta a la casa lo más rápido que sus cansadas piernas podían ir mientras el cielo empezaba a amenazar con caérseles encima.
Reflexiones Posteriores:
Si algo he aprendido es que JAMÁS prometas nada que no tengas al menos un 80% seguro, lo mejor es simplemente cumplir, cueste lo que cueste y dure lo que dure, pero cumplir al fin y al cabo.
Han pasado muchas cosas, cosas malas, cosas buenas, cosas que no les interesa, si somos francos. La única cosa que diré, eso si, es que la publicación de este capitulo es ¡Un auto regalo de cumpleaños! Más allá de eso, solo les pido a quienes sigan leyendo que me tengan paciencia. Tengo mucho que contar sobre esta historia, y todo será épico.
Esto lo puedo prometer porque estoy seguro, no en 80%, sino un 1000%.
Trivia al Azar: Los Hooligans
En un principio tenia pensado poner a los zorrillos Rough y Tumble como los esclavistas del asentamiento, pero caí en cuenta de que eso sería literalmente plagiar su introducción en los comics de IDW, así que lo descarte y preferí cambiar a los Hooligans.
Los Hooligans, siendo Bark, Bean y Fang, son unos personajes muy poco utilizados en la franquicia. En Archie tenían sus momentos (pocos, pero los había), y en IDW está el comic este especial del Sonic Clásico, pero poco más. Ya en los juegos ni aparecen Bean y Bark, solo Fang. Al parecer, uno de los mandatos de SEGA es que los Hooligans se queden como enemigos del Sonic Clásico, nada de interacción con el moderno, lo cual es una lastima, ya que son muy interesantes.
