Nota de la autora:

¡Hola y bienvenidos! La etiqueta más importante de este fic es "Tensión con trama". Esta historia es 100% una excusa para escribir dos semanas enteras de tensión sexual entre mis idiotas favoritos. Dieciséis capítulos que abarcan dieciséis días de proximidad forzada. Es un slow burn en términos de smut real, pero es sucio una vez que llegan allí.

¡Todo mi cariño a NaginisLinguini por la edición beta!

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Nota de la traductora:

Mentiría si dijera que no me han salido recomendaciones de este Dramione por TikTok, pero en este caso lo traduzco a petición recomendada de veritooovdm, que me dio una pequeña lista en de algunos que le habían gustado y que no tenían traducción todavía. Y nada más, estoy deseando saber más de toda esta tensión sexual, ¡vamos allá!

Esta historia contiene algunas imágenes que aquí no será posible incorporar, así que muy recomendado leerla en AO3 o Wattpad, mismo usuario: Naikiara.

En mi cuenta de TikTok publico un poco cómo van las traducciones, pistas de la siguiente y algunas tonterías: naikiaradra.

Los personajes y todo lo reconocible es de la autoría de JK Rowlingy la historia es de morriganmercy.

Traducción oficial autorizada.

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Prólogo

Lucius Malfoy estaba gritando.

Parecía un tipo de exhibición nada sofisticada para alguien que se enorgullecía de su superioridad social, pero Hermione se alegró del ruido. A pesar del hecho profundamente inquietante de que se encontraba completamente de acuerdo con el patriarca de los Malfoy, había una especie de profundo alivio en escuchar a alguien expresar su indignación de una manera tan explosiva. La de Hermione aún no había pasado de la silenciosa e incrédula desesperación.

Estaba segura de que más tarde tendría un arrebato. Pero para entonces, la reunión se habría aplazado y sus quejas habrían caído en los oídos sordos del Ministro. Probablemente llegaría a arrepentirse de no haber aprovechado esta oportunidad para decir lo que pensaba, pero los escasos momentos en que había podido apartar los ojos del pergamino que tenía en las manos fueron más que suficientes para reconocer la expresión cuidadosamente inexpresiva que se extendía por las facciones de Kingsley. Estaba dando una clase magistral de como consentir la rabieta de un hombre adulto. Nada de lo que dijeran los presentes podría hacerle cambiar de opinión.

La uña del pulgar de Hermione se deslizó una vez más por el desgarrón que había cerca de la esquina superior izquierda de la hoja que tenía en sus manos, el desgarrón que se había formado hacia las dos de la mañana, unas horas después de que la lechuza certificara la entrega de la carta. Mientras tanto, el constante movimiento de sus dedos había hecho que avanzara hasta casi el membrete estampado en la parte superior de la hoja. Dentro de unos minutos, en la página habría un cisma irreparable entre el Ministerio y la Magia.

Irónico, dado que las palabras del pergamino hablaban de crear lazos en lugar de romperlos.

Hermione tardó unos segundos en darse cuenta del repentino silencio que reinaba en la habitación y miró hacia los lados a tiempo de ver a Lucius desplomarse en la silla junto a su mujer. Narcissa Malfoy estaba sentada con la espalda erguida y la mirada fija en el frente, como si estuviera decidida a captar lo menos posible de su entorno.

Kingsley permaneció inmóvil durante varios segundos, marcado por el silencioso tic-tac de un ornamentado reloj dorado sobre su enorme escritorio. Parecía estar esperando el siguiente aluvión de quejas, pero cuando no llegó ninguna, habló.

—Aprecio tu preocupación, Lucius, —comenzó, con las manos cómodamente entrelazadas sobre el medio—, pero como sabes, las estipulaciones de la legislación son claras: tu hijo ha sido asignado para casarse con la señorita Granger, y lo hará si no desea regresar a Azkaban.

El sonido del nombre de la prisión pronunciado en el profundo barítono de Kinsgley pareció retumbar directamente en el Malfoy más joven. Se estremeció en la silla, la primera señal de vida desde que había entrado en la habitación hacía cinco minutos.

Hermione no tenía ni idea de qué esperar cuando recibió una segunda carta, esta vez escrita en papel de carta de los Malfoy y no del Ministerio, solicitando su presencia en una apelación a la mañana siguiente. Había estado demasiado preocupada por la idea de verse obligada a casarse con Draco Malfoy como para pensar que a él le desagradaría tanto la idea de casarse con ella. Le había sorprendido que los Malfoy hubieran podido conseguir una reunión privada con el Ministro con tan poca antelación, pero dada la intensidad del disgusto de Lucius, tal vez Kingsley había tomado el camino de menor resistencia al escucharle sin demora.

—Esta asignación es una parodia, —siseó Lucius—. Nos dijeron que los emparejamientos se basarían en la compatibilidad mágica.

—Y así es, —respondió Kingsley.

Draco resopló.

Un destello de indignación atravesó el gélido abatimiento que Hermione sentía en el pecho al oír aquel sonido. De todas las miles de personas con las que podría haber sido emparejada, tenía que ser alguien que la consideraba inferior. Estuvo tentada de agradecer el emparejamiento solo para cabrearlo.

Aunque no había vuelto a saber nada de Malfoy desde que lo liberaron de Azkaban, en cuanto lo vio aquella mañana, pudo ver que nada había cambiado en él. A pesar de que estaban allí reunidos para discutir una decisión que alteraría por completo el curso de la vida de ambos, su mirada había patinado sobre la silla en la que ella estaba sentada como si estuviera vacía. La única prueba de que era consciente de su presencia era la altiva postura de sus hombros y el leve gesto de desdén en sus labios. Y aunque ahora estaban sentados lo suficientemente cerca como para que sus brazos casi se tocaran, en lugar del calor de un cuerpo humano real junto a ella, todo lo que podía sentir era un manto de arrogante indiferencia.

—Kingsley, —empezó, con la voz ronca por el desuso—. Seguro que la compatibilidad es un espectro. Tiene que haber otras parejas adecuadas.

—Adecuadas, sí, —estuvo de acuerdo—. Pero no ideales. Estamos hablando del destino del Mundo Mágico, Hermione, y hay que hacer sacrificios individuales por un bien mayor.

Se le erizó la piel ante la frase, pero él continuó.

—Pedimos a todos los ciudadanos elegibles que den de sí por las generaciones futuras.

—¿Dar de sí? —repitió Hermione con incredulidad—. Di toda mi infancia a la guerra, ¿y no fue suficiente? ¿Necesitas también el resto de mi vida?

Dar tu infancia, —se burló Malfoy con sorna—. Merlín, apiádate de mí.

—Y la tuya fue robada, —espetó—. Ya has cumplido una condena por tus crímenes. ¿Estás tan ansioso por otra?

—Eso depende, —esbozó—. ¿Te refieres a casarme contigo o a volver a la cárcel?

—Cualquiera de los dos, —espetó.

—Buen punto, —dijo con una sonrisa burlona.

Hermione puso los ojos en blanco, volviéndose hacia el Ministro.

—Esta sentencia es absurda, Kingsley, quiero decir...

—Veinte años...

—Es el mínimo por asesinato, —se quejó.

—A lo mejor puedes matarme, entonces, y hacernos un favor a los dos, —se ofreció Malfoy.

—¡No lo descarto! —gritó.

—¡Esto no es una negociación! —exclamó Kingsley de repente. Hermione sintió que se le levantaba la barbilla, sorprendida. Continuó en voz más baja, pero el tono no era menos severo—. Te casarás o pasarás veinte años en Azkaban. No hay alternativa.

Miró a cada uno de ellos por turno, pero ninguno habló. La pesada carga de la desesperanza se deslizó de nuevo en las entrañas de Hermione cuando el Ministro volvió a mirar la legislación que tenía delante.

—Bien, —continuó—, se ha tenido en cuenta el hecho de que muchas parejas estarán formadas por desconocidos. Por esa razón, tendréis dos semanas después de la ceremonia para conoceros antes de que se os pida consumar vuestra unión...

—Esto es jodidamente asqueroso, —estalló Malfoy, sonando realmente enfadado por primera vez. Hermione vio cómo se ponía en pie y salía furioso de la habitación.

Dolió.

No debería, ella sabía lo que él pensaba de ella, pero así fue.

Hermione nunca podría haber imaginado un futuro para sí misma en el que se casaría con alguien a quien le diera asco, pero dos días después, eso es exactamente lo que le pasa.

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Nota de la autora:

¡Muchas gracias por leer!

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