Capitulo 1: ¿En donde estoy?

El aire en el viejo distrito industrial de Nueva York era denso, casi palpable, cargado con la electricidad estática que emanaba de Electro. Rayos de un azul brillante crepitaban y danzaban entre las estructuras abandonadas, iluminando fugazmente las paredes desconchadas y las ventanas rotas. Spider-Man, ágil como una araña de verdad, se movía entre los ataques con la gracia de un acróbata. Los cuatro brazos mecánicos del Doctor Octopus, relucientes y amenazantes, se extendían con una precisión fría, intentando atraparlo en un abrazo letal.

Rhino, con la fuerza bruta de un tren de carga, embestía los pilares de acero del almacén destartalado que habían elegido como su guarida, haciendo temblar el suelo bajo las zapatillas de Peter. El metal retorcido gemía bajo el impacto, y el polvo y los escombros caían como una lluvia grisácea. Desde las alturas, la sombra del Vulture se cernía sobre ellos. Sus alas afiladas cortaban el aire con un silbido siniestro mientras descendía en picada, listo para desgarrar a su presa. En la penumbra, Mysterio flotaba, su casco burbuja reflejando la luz azul de los rayos de Electro, proyectando ilusiones confusas que hacían que la misma realidad pareciera vacilar y ondular. Y acechando en las sombras más profundas, como un depredador paciente, el Escorpión movía su aguijón venenoso con una lentitud que prometía un dolor agónico.

—¡Vaya equipo de bienvenida! —exclamó Spider-Man, su voz resonando ligeramente amplificada por la máscara, mientras lanzaba una rápida telaraña que se adhirió a las piernas de Rhino, inmovilizándolo momentáneamente con un tirón seco. Esquivó con un salto ágil un tentáculo de Doc Ock que silbó a su lado y respondió con una patada rápida y precisa en el abultado torso del científico loco. —¡Realmente saben cómo arruinarle el día a un chico! ¿No podrían simplemente pedir un café y hablar de sus problemas como gente civilizada? ¡Digo yo!

La batalla era un torbellino de golpes, telarañas y gruñidos, todo ello teniendo lugar en el interior de un almacén destartalado, lleno de maquinaria oxidada y cajas apiladas. Era el tipo de lugar que olía a polvo, óxido y promesas rotas. Sin que Spider-Man lo supiera, Mysterio, en su rincón oscuro, había estado perfeccionando un nuevo dispositivo. Era una modificación de su ya inquietante tecnología de ilusiones que, según su retorcida mente, le permitiría manipular la percepción a un nivel completamente nuevo, desdibujando la línea entre lo real y lo imaginario hasta someter a su némesis arácnida. Su objetivo era simple: desorientar a Spider-Man hasta el punto de la rendición, quebrantando su voluntad en un laberinto de engaños.

En medio del caos de la pelea, mientras Spider-Man se enfrentaba a la descarga eléctrica de Electro, Mysterio, con un movimiento teatral, activó su dispositivo. No era el proyector de ilusiones habitual que Peter conocía. Este emitía un extraño zumbido, un sonido agudo y vibrante que parecía resonar en los huesos, acompañado de una luz morada pulsante que llenaba el aire con un aura inquietante. La energía comenzó a distorsionar el aire a su alrededor, creando ondas de choque visuales que hacían que el almacén pareciera respirar y contraerse.

—¡Quentin! ¿Qué demonios estás haciendo? —rugió Doc Ock, sus tentáculos se agitaron con visible molestia ante la interferencia inesperada. Su plan, que consistía en atrapar a Spider-Man con una estrategia coordinada, parecía estar descarrilándose gracias al egocéntrico ilusionista.

Mysterio, dentro de su casco burbuja, con su rostro oculto tras la brillante superficie, ignoró la pregunta. Estaba absorto, casi hipnotizado, por los extraños patrones de energía que se formaban a su alrededor, como si estuviera contemplando una obra de arte cósmica. De repente, una de las ondas de choque moradas golpeó a Spider-Man con una fuerza inesperada, justo en el momento en que estaba a punto de lanzar una telaraña cargada eléctricamente hacia Electro.

Sintió una punzada de dolor agudo, como si un millar de agujas incandescentes lo hubieran atravesado, seguida de una sensación de desgarro, como si sus átomos estuvieran siendo estirados y retorcidos a través de una sustancia viscosa e invisible. El mundo a su alrededor comenzó a distorsionarse de manera grotesca. Los colores se mezclaban y se fundían en un remolino psicodélico, los sonidos de la batalla se volvían confusos y distorsionados, como si estuvieran pasando a través de un filtro roto.

—¡¿Qué está pasando?! —gritó Spider-Man, agarrándose la cabeza con ambas manos a través de la máscara, sintiendo como si su cerebro estuviera tratando de escapar de su cráneo. Vio cómo las figuras de los villanos se desdibujaban y se alargaban, como si estuvieran pintadas sobre un lienzo que se estaba derritiendo bajo un sol abrasador. El suelo bajo sus pies parecía ondularse como agua, y la estructura del almacén se retorcía y se deformaba, convirtiendo la realidad en una pesadilla viviente.

El mundo se desenfocó por completo, sumiéndolo en una oscuridad momentánea, y luego volvió a enfocarse con un dolor punzante que recorrió cada fibra de su cuerpo, desde la punta de sus dedos hasta el último cabello de su cabeza. Cayó de rodillas sobre el frío y oscuro asfalto de un callejón, sus músculos temblaban incontrolablemente por el esfuerzo desconocido y extenuante del repentino y violento viaje. El aire olía a humedad y a algo más, algo metálico y desconocido que le erizó la piel.

—¡Uf! ¡Eso sí que dolió! ¿Qué demonios pasó? —se preguntó en voz alta, llevándose una mano al costado, justo donde sintió la punzada inicial. No recordaba haber experimentado algo así, ni siquiera después de los peores encuentros con sus villanos habituales, aquellos que involucraban explosiones, veneno o incluso viajes en el tiempo. Se puso de pie con dificultad, apoyándose en una pared de ladrillo cubierta de grafitis, observando el entorno con creciente confusión. No era Nueva York, eso era seguro. Los edificios que lo rodeaban tenían una arquitectura diferente, con líneas más limpias y materiales que no le resultaban familiares. El aire olía a algo que no podía identificar, una mezcla de vegetación exuberante y un ligero aroma dulce, casi floral.

Se palpó los cinturones de los lanza telarañas bajo su traje, notando con una punzada de preocupación que los cartuchos no estaban tan llenos como le gustaría. Calculó mentalmente cuántas descargas le quedaban. —Genial, justo lo que necesitaba. ¿Varado en quién sabe dónde y con poca telaraña? Esto no pinta nada bien.

Decidió buscar un punto de vista más alto para orientarse. Con un salto ágil, se adhirió a la pared del edificio más cercano, sintiendo la familiar aspereza de los ladrillos bajo sus guantes, y trepó con rapidez hasta el tejado. Desde allí, la ciudad se extendía ante sus ojos, vibrante y llena de vida, con luces de neón parpadeando y vehículos voladores surcando el cielo. Pero no era una vida que reconociera. Los coches tenían formas aerodinámicas extrañas, y los anuncios luminosos mostraban símbolos e idiomas desconocidos.

Sus ojos se abrieron con sorpresa, casi incredulidad, al observar a la gente en las calles. Un hombre con una cabeza de pájaro, con plumas suaves y brillantes, caminaba tranquilamente por la acera, hablando animadamente por un teléfono móvil con una pantalla holográfica. Una mujer con orejas de conejo gigantes, que se movían con nerviosismo, saltaba con una agilidad asombrosa sobre un contenedor de basura, como si fuera la cosa más natural del mundo. Un niño con una larga cola escamosa, de un color verde brillante, jugaba con una pelota que parecía levitar a unos centímetros del suelo en un parque cercano, mientras su madre, con alas de libélula revoloteando a su espalda, lo observaba con una sonrisa.

—¡Pero qué...! —murmuró Peter, completamente desconcertado, sus ojos moviéndose rápidamente de una persona a otra, tratando de procesar lo que estaba viendo—. ¿Qué les pasa a todos? ¿Es algún tipo de festival, una convención de disfraces muy elaborada o...?

Bajó del edificio con cuidado, aterrizando suavemente en un callejón menos transitado, y se acercó a un grupo de personas que esperaban pacientemente en una parada de autobús futurista. Una señora de mediana edad con pequeñas alas de mariposa revoloteando detrás de su cabeza, de un color azul iridiscente, leía una revista con la portada de un héroe con una capa ondeante y una sonrisa deslumbrante.

—Disculpe, señora —comenzó Peter, tratando de sonar lo más amable y normal posible—. ¿Podría decirme dónde estoy? Esto no parece Nueva York.

La señora lo miró por encima de sus gafas de montura cuadrada, con una expresión extraña, como si le hubiera preguntado algo obvio y un poco tonto. —¿Nueva York? ¿De qué estás hablando? Estás en Musutafu. ¿Acaso no lo sabes? ¿Estás bien, jovencito?

—¿Musutafu? Nunca he oído hablar de ese lugar. Y... disculpe que pregunte, pero... ¿por qué tiene alas? —Peter no pudo evitar señalar las delicadas alas que revoloteaban detrás de su cabeza.

La señora entrecerró los ojos, como si estuviera evaluando su salud mental. —¿Mis alas? Son mi Quirk, jovencito. ¿Tú no tienes uno? ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Quizás deberías ir a un centro de salud.

—¿Un Quirk? No, yo... soy Spider-Man. Mis poderes vienen de una araña —explicó Peter, esperando que eso aclarara algo, aunque en su mente sonaba cada vez más absurdo.

La señora soltó una pequeña risita, como si hubiera escuchado la broma más ingeniosa del día. —Una araña, qué imaginación tienes. Bueno, que tengas un buen día —dijo, volviendo a su revista con una sonrisa condescendiente.

Peter se encogió de hombros, sintiéndose cada vez más confundido y aislado. Intentó hablar con otras personas en la parada de autobús, preguntando por la ciudad y por qué la gente tenía esas características tan particulares, pero las respuestas eran similares. Lo miraban con extrañeza, algunos incluso se reían o lo evitaban, murmurando cosas incomprensibles sobre alguien que no sabía qué era un Quirk.

De repente, un fuerte estruendo sacudió la calle, haciendo vibrar los cristales de los edificios cercanos. Un grito ahogado resonó no muy lejos. Peter, sin dudarlo un segundo, activó su sentido arácnido, que vibraba con una intensidad alarmante, y corrió hacia el origen del ruido. Al doblar una esquina, vio una escena caótica: un hombre corpulento, con la piel áspera y grisácea como la piedra, levantaba un coche destrozado por encima de su cabeza, listo para lanzarlo contra la fachada de un edificio de apartamentos. La gente gritaba aterrorizada y corría despavorida en todas direcciones, tratando de escapar de la furia del villano.

Sin pensarlo dos veces, Peter se lanzó a la acción. Disparó una telaraña al coche, adhiriéndola firmemente a su mano, y jalándolo con fuerza para que cayera al suelo con un golpe metálico antes de que el villano pudiera completar su ataque. El coche rebotó sobre el pavimento, activando las alarmas y esparciendo fragmentos de cristal y metal.

—¡Oye, grandullón de granito! ¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño? —bromeó Spider-Man, aterrizando ágilmente frente al villano, con los brazos cruzados y una sonrisa confiada bajo la máscara. Su presencia, aunque inesperada, infundió una chispa de esperanza en los rostros aterrorizados de los civiles.

El hombre de piel de piedra rugió con furia, mostrando unos dientes amarillentos y afilados, y se abalanzó sobre Peter, sus puños enormes como mazos listos para aplastarlo. Spider-Man esquivó sus golpes con una facilidad asombrosa, moviéndose con la agilidad y la rapidez de una araña. Enredó las piernas del villano con múltiples telarañas, haciéndolo tropezar con sus propios pies pétreos y caer al suelo con un golpe sordo que hizo temblar el asfalto. El villano, sorprendido y frustrado, intentó levantarse, pero sus piernas estaban firmemente pegadas al suelo.

Justo cuando la situación parecía estar bajo control, y la gente comenzaba a salir de su escondite con cautela, dos figuras imponentes llegaron a la escena, aterrizando con gracia y autoridad. Una mujer de estatura gigantesca, con el pelo rubio recogido en dos moños altos que parecían antenas, vestida con un traje ajustado de heroína de color morado y amarillo, se encogió rápidamente hasta alcanzar un tamaño humano normal, dejando escapar un suspiro como si hubiera estado conteniendo la respiración. Era Mt. Lady, su presencia llenaba el callejón con una aura de poder y confianza. A su lado, un hombre alto y delgado, vestido con un traje de color verde oscuro que parecía hecho de madera, con ramas que le salían de los hombros y se extendían ligeramente a su alrededor, observaba la situación con una expresión seria y analítica. Era Kamui Woods, su rostro enmarcado por hojas y ramitas.

—¡Alto ahí! —exclamó Kamui Woods con voz firme, sus ramas extendiéndose ligeramente, como si estuvieran listas para inmovilizar a cualquier amenaza—. ¿Quién eres tú y qué Quirk usaste para detener a ese villano? Nunca te hemos visto por aquí.

Peter se giró hacia ellos, con las manos en alto en un gesto de rendición pacífica. —Yo soy Spider-Man. Y no tengo un Quirk. Solo estaba ayudando. Vi que la gente estaba en peligro y... bueno, hice lo que cualquier héroe haría.

Mt. Lady cruzó los brazos sobre su pecho, su mirada recorriendo a Peter de arriba abajo con escepticismo. —"Spider-Man"... Nunca hemos oído hablar de un héroe con ese nombre por aquí. Y esa habilidad de lanzar esas... ¿cuerdas pegajosas? Eso parece un Quirk bastante útil. ¿Cuál es tu registro?

—No son cuerdas, son telarañas. Y no es un Quirk, es... complicado —intentó explicar Peter, sintiéndose cada vez más frustrado por la falta de comprensión y por la forma en que lo miraban—. Es una larga historia que involucra una araña radiactiva...

—Usar tu Quirk en público sin una licencia de héroe es ilegal —intervino Kamui Woods con voz aún más firme, sus ramas se movieron ligeramente, como si estuvieran impacientes—. Necesitamos que nos acompañes a la estación de policía para aclarar esta situación. Tenemos que verificar tu identidad y tu registro de héroe.

—¿Acompañarlos? ¿Por qué? ¡Yo detuve al villano! ¡Soy un héroe! —protestó Peter, señalando al hombre de piedra que aún luchaba por liberarse de las telarañas.

—Entendemos que querías ayudar, y lo apreciamos —dijo Mt. Lady, dando un paso hacia adelante, su expresión suavizándose ligeramente—. Pero las reglas son las reglas. Por favor, ven con nosotros pacíficamente y podremos resolver todo esto de la manera correcta.

Peter dudó por un instante. No quería meterse en problemas con la ley, especialmente en un mundo que apenas entendía. Pero la idea de ser arrestado por hacer lo correcto, por salvar a gente inocente, le parecía completamente absurda. Su sentido arácnido comenzó a zumbar con fuerza, advirtiéndole de una posible confrontación si se quedaba. La forma en que lo miraban, con sospecha y desconfianza, no le inspiraba mucha confianza.

—Lo siento mucho, pero creo que prefiero no ir —dijo Peter, su voz ahora firme y decidida, mientras lanzaba una telaraña a la cornisa de un edificio cercano y se preparaba para impulsarse—. ¡Gracias por la invitación! ¡Quizás en otra ocasión!

Antes de que los dos héroes profesionales pudieran reaccionar, Spider-Man salió disparado hacia arriba, balanceándose ágilmente entre los edificios, dejando atrás a Mt. Lady y Kamui Woods, quienes lo observaban con sorpresa e incredulidad, con los ojos fijos en la figura que se alejaba rápidamente. La persecución acababa de comenzar, y Peter sabía que tendría que usar toda su habilidad y astucia para escapar de estos nuevos y persistentes perseguidores.

—¡No te escapes! —rugió Mt. Lady, su voz resonando en todo el callejón, comenzando a crecer a una velocidad asombrosa. Su cuerpo se expandió, sus músculos se hincharon y su ropa se rasgó mientras se convertía en una gigante imponente que llenaba la calle con su enorme presencia. Su sombra cubrió los edificios circundantes, sumiendo el área en una oscuridad momentánea.

Spider-Man, al verla transformarse en cuestión de segundos, sintió un escalofrío recorrer su espalda. —¡Vaya! ¡Eso sí que es un Quirk! ¡Definitivamente no ves eso en Queens! —exclamó, con una mezcla de sorpresa y admiración.

Con un ágil movimiento, lanzó otra telaraña y se balanceó por encima de la cabeza de la ahora gigantesca Mt. Lady. Sus enormes manos, del tamaño de coches, intentaron atraparlo como si fuera un insecto, pero él era demasiado rápido y escurridizo, moviéndose con la agilidad de una mosca.

Kamui Woods, mientras tanto, se impulsó hacia adelante con una velocidad sorprendente para alguien hecho de madera, sus ramas creciendo y extendiéndose a su alrededor, creando una especie de red aérea de madera y hojas para intentar atrapar a Spider-Man en su intrincada estructura. Las ramas se movían con una velocidad sorprendente, cerrando los posibles caminos de escape con una precisión casi telepática.

—¡Esto se está poniendo interesante! —comentó Peter, esquivando por poco una rama gruesa que pasó rozando su máscara, dejando una estela de hojas verdes—. ¡Parece que a estos héroes no les gusta mucho que la gente ayude! ¡Quizás deberían poner un cartel!

Se movía a toda velocidad entre los edificios, utilizando su sentido arácnido para anticipar los movimientos de sus dos perseguidores. Mt. Lady, a pesar de su tamaño colosal, era sorprendentemente ágil, dando zancadas gigantescas que la hacían avanzar rápidamente por las calles, haciendo temblar el suelo a su paso. Kamui Woods, con sus ramas largas y flexibles, se balanceaba entre los edificios como si fueran lianas, cerrando los posibles caminos de escape y lanzando zarcillos de madera que intentaban enredarlo.

—¡Detente, Spider-Man! ¡Solo queremos hablar! —gritó Mt. Lady, su voz resonando como un trueno que sacudía los cristales de las ventanas.

—¡Hablar! ¡Ustedes querían esposarme! ¡Eso no suena a una conversación muy amigable! ¡Suena más bien a una encerrona! —respondió Peter, lanzando una telaraña para girar bruscamente en una esquina estrecha, evitando por poco ser aplastado por el pie gigante de Mt. Lady.

Kamui Woods lanzó varias de sus ramas afiladas hacia Spider-Man, intentando atraparlo en un abrazo de madera. Peter las esquivó con piruetas en el aire, su cuerpo flexible moviéndose con una gracia increíble, como si estuviera bailando en el aire.

—¡Es muy escurridizo! —exclamó Kamui Woods, frustrado al ver cómo Spider-Man se alejaba una y otra vez, desapareciendo entre los huecos de los edificios.

—¡No te preocupes, lo atraparé! —gruñó Mt. Lady, dando un salto que la elevó varios metros en el aire. Su enorme sombra cubrió varios edificios mientras intentaba caer sobre Spider-Man, como si fuera un gigantesco insecto intentando aplastar a una pequeña araña.

Peter sintió la enorme masa acercándose y se lanzó hacia un lado justo en el último segundo. El impacto de Mt. Lady contra el tejado del edificio que acababa de abandonar hizo temblar toda la estructura. Los escombros y el polvo volaron por todas partes.

—¡Uf! ¡Eso estuvo cerca! ¡Esta chica sí que tiene fuerza! ¡Y tamaño! —pensó Peter, acelerando su ritmo. Necesitaba encontrar una manera de perderlos. Quizás meterse por callejones estrechos y laberínticos donde el tamaño de Mt. Lady sería una desventaja, y la naturaleza rígida de Kamui Woods lo haría menos maniobrable.

Se lanzó en picada hacia una serie de callejones angostos y oscuros, esperando que la heroína gigante no pudiera seguirlo y que las ramas de Kamui Woods se enredaran en los edificios. Kamui Woods, sin embargo, no tuvo problemas para seguir su trayectoria, sus ramas deslizándose ágilmente por las paredes y los tejados, adaptándose a los espacios reducidos con una flexibilidad sorprendente.

—¡No creas que vas a escapar! —gritó Kamui Woods, sus ramas intentando atraparlo como serpientes verdes y retorcidas.

Spider-Man continuó su frenética carrera, saltando sobre contenedores de basura volcados, deslizándose por los tejados inclinados y lanzando telarañas para cambiar de dirección en el último momento, su sentido arácnido zumbando constantemente, advirtiéndole de cada peligro inminente. Sabía que no podía mantener este ritmo para siempre. Su cuerpo comenzaba a sentir el esfuerzo, y sus reservas de telaraña no eran infinitas. Necesitaba un plan, y rápido. Pero con dos héroes profesionales de alto calibre pisándole los talones, pensar con claridad era todo un desafío. Su mente trabajaba a mil por hora, buscando una estrategia, una salida, cualquier cosa que le permitiera ganar algo de tiempo y comprender la extraña situación en la que se encontraba.

Spider-Man continuó su frenética carrera por los tejados, su sentido arácnido trabajando horas extras para esquivar las ramas de Kamui Woods que se extendían como látigos verdes y evitar ser aplastado por las gigantescas pisadas de Mt. Lady, cuyo tamaño ahora llenaba la visión en los callejones adyacentes, haciendo que los edificios parecieran de juguete.

—¡Esto es como una versión gigante y de madera del escondite! —jadeó Peter, con el aliento entrecortado, lanzando una telaraña para impulsarse sobre una antena parabólica oxidada.

De repente, una ráfaga de viento lo azotó con una fuerza increíble, como si un huracán repentino hubiera aparecido de la nada. Sintió como si un tren de carga invisible hubiera pasado justo a su lado, sacudiéndolo violentamente. Se tambaleó en el aire, perdiendo momentáneamente el control de su balanceo, su máscara azotada por la fuerza del viento.

Antes de que pudiera comprender lo que había sucedido, una figura imponente aterrizó suavemente en el tejado justo delante de él, bloqueándole el camino. Era alto, musculoso, con un cabello rubio que se alzaba en dos puntiagudas secciones como orejas de conejo y una sonrisa tan brillante y confiada que parecía iluminar toda la azotea, incluso a pesar de la creciente oscuridad del atardecer. Peter nunca había visto a este tipo antes. Su traje era llamativo, con colores primarios vibrantes y un aire de poder innegable que emanaba de cada fibra de su ser.

El recién llegado lo observó con una expresión seria pero amable, sus ojos azules brillando con una intensidad tranquila. Su presencia irradiaba una calma y un poder que Peter podía sentir incluso a través de su máscara, una sensación de autoridad benevolente que lo hizo detenerse en seco.

—Joven —dijo el hombre, su voz resonando con una autoridad suave pero innegable, como el trueno antes de la tormenta—. Sé que quizás tengas tus razones, pero correr de los héroes profesionales solo empeorará las cosas. Por favor, detente y hablemos. Podemos resolver esto pacíficamente.

Peter se detuvo en seco, observando al desconocido con cautela, su sentido arácnido aún vibrando ligeramente. Era obvio que era alguien importante aquí, dada la forma en que había aparecido, casi como si hubiera teletransportado, y la manera en que hablaba, con una confianza que solo alguien en la cima podía permitirse.

—Señor... ¿quién es usted? —preguntó Peter, sintiéndose un poco intimidado por su presencia imponente—. Yo... yo solo estaba ayudando. No sé nada de licencias ni de... Quirks. Solo vi a alguien en peligro y actué. Es lo que hago.

El hombre suspiró levemente, su sonrisa disminuyendo ligeramente, aunque sus ojos seguían mostrando amabilidad. —Entiendo que puedas estar confundido, joven. Pero las reglas están para proteger a todos. Por favor, baja conmigo y te explicaremos todo. No tienes que tener miedo. Estamos aquí para ayudarte a entender las cosas.

Mientras el hombre hablaba, Mt. Lady, ahora de su tamaño normal y con su traje algo rasgado, y Kamui Woods, con algunas hojas caídas de sus ramas, aterrizaron en el tejado detrás de Spider-Man, cercando su posición. Sus expresiones mostraban frustración y alivio a partes iguales.

—¡Spider-Man, no tienes escapatoria! —exclamó Mt. Lady, con el ceño fruncido—. Ríndete ahora y no haremos más preguntas.

Kamui Woods asintió con seriedad, sus ramas preparadas, aunque no de forma amenazante. —Por favor, ríndete pacíficamente. No queremos usar la fuerza, pero si nos obligas...

Peter miró al hombre rubio, buscando alguna señal de qué hacer. Parecía ser el que estaba al mando, la figura de autoridad en este grupo. —Pero... yo soy un héroe. En mi ciudad, esto es lo que hago. Ayudo a la gente que está en peligro. No entiendo por qué eso es un problema aquí.

El hombre mantuvo su mirada firme pero compasiva, transmitiendo una sensación de sinceridad que era difícil de ignorar. —Lo sé, joven. Y aprecio tu deseo de ayudar. Es la marca de un verdadero héroe. Pero aquí, las cosas funcionan de manera diferente. Por favor, confía en mí. Si cooperas, todo se resolverá. Te lo prometo.

Spider-Man apretó los puños bajo sus guantes, sintiendo la tensión en sus músculos. No conocía a este tipo, por muy imponente y tranquilizador que pareciera. La idea de ser detenido por hacer lo correcto seguía sin encajar en su cabeza. Su sentido arácnido le gritaba que la situación era peligrosa, que algo no encajaba.

—Lo siento mucho, señor —dijo Peter, su voz ahora llena de determinación, aunque con un ligero temblor—. Pero no puedo ir con ustedes. Tengo que entender qué está pasando aquí y encontrar una manera de volver a casa. No pertenezco a este lugar.

Antes de que el hombre rubio pudiera responder, Spider-Man lanzó dos telarañas en direcciones opuestas, hacia edificios lejanos que se alzaban contra el cielo crepuscular, y con un fuerte tirón, se impulsó hacia el cielo, dejando atrás al desconocido y a sus compañeros, quienes lo observaban con sorpresa y una creciente preocupación. La persecución continuaba, y para Spider-Man, el rostro de este nuevo y poderoso perseguidor se sumaba a la larga lista de preguntas sin respuesta en este extraño y fascinante mundo.

All Might reaccionó casi al instante, su movimiento tan rápido que apenas fue perceptible. Cerró la distancia que Spider-Man había logrado ganar en un abrir y cerrar de ojos, como si se hubiera teletransportado. Aterrizó suavemente en el tejado delante de Peter, bloqueándole el paso una vez más, su sonrisa, aunque ligeramente forzada por la urgencia de la situación, aún presente. El aire a su alrededor parecía vibrar con una energía contenida.

—Joven Spider-Man —dijo All Might, su voz aún amable pero con un tono de urgencia que Peter no había escuchado antes—. Por favor, detente. No quiero que esto termine en una confrontación innecesaria. Ríndete ahora, y te prometo que encontraremos una manera de entender tu situación. Solo necesitamos que nos des una oportunidad.

Spider-Man se detuvo en seco, observando al héroe número uno con una mezcla de asombro y cautela. Su presencia era aún más imponente de cerca, y Peter podía sentir el peso de su poder, incluso contenido.

All Might, con su imponente figura y una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora, extendió una mano hacia Spider-Man, en un gesto de paz. —Joven, por favor. No tienes que huir. Podemos resolver esto juntos. Solo baja y explícanos qué está sucediendo. Te escucharemos.

Spider-Man, con Mt. Lady y Kamui Woods acercándose por detrás, flanqueándolo, pareció sopesar sus opciones por un breve instante. Bajó ligeramente la guardia, asintiendo con una falsa sensación de rendición. Su mente trabajaba rápidamente, buscando una salida.

—Está bien, señor... —dijo Peter, dando un pequeño paso hacia el héroe número uno, con los ojos fijos en su rostro—. Usted tiene razón. No quiero causar más problemas. Quizás pueda explicarles todo.

All Might sonrió, un brillo de alivio cruzando su rostro. —Excelente. Sabía que eras un joven sensato. Ahora, bajemos y...

En ese instante, con una voz llena de urgencia y señalando hacia el borde del tejado detrás de All Might, Spider-Man exclamó con convicción—: ¡Señor, mire! ¡Ahí!, ¡Parece que alguien va a caer!, ¡Rápido! ¡Necesitan ayuda!

La reacción de All Might fue instantánea, grabada en años de heroísmo puro e instintivo. Sin dudarlo un segundo, giró su cuerpo entero hacia el punto que Spider-Man había indicado, su mirada poderosa escaneando el borde del edificio en busca de la persona en peligro. Su movimiento fue rápido, eficiente, completamente enfocado en la potencial víctima. Su capa ondeó dramáticamente con el giro.

Pero en ese breve lapso de tiempo, mientras All Might se giraba, Spider-Man se movió con una velocidad que desafiaba la vista, incluso para el héroe número uno. Con una agilidad increíble, lanzó dos telarañas en direcciones opuestas, hacia edificios que se alzaban en la distancia, aprovechando la distracción para su propia ventaja. Antes de que All Might pudiera completar su giro de ciento ochenta grados, Spider-Man ya no estaba allí. No había un rastro de telaraña recién lanzada, ni el más mínimo indicio de la dirección que había tomado. Parecía haberse desvanecido en el aire.

Cuando All Might se volvió de nuevo, su sonrisa se desvaneció por completo, reemplazada por una expresión de sorpresa genuina, casi infantil. El tejado donde Spider-Man había estado parado hacía apenas un instante estaba completamente vacío. No había señales de él, ni rastro de su partida. Era como si se hubiera evaporado.

Mt. Lady y Kamui Woods, que apenas habían llegado al tejado, observando la interacción con cautela, también quedaron boquiabiertos, sus expresiones reflejando una mezcla de asombro y confusión.

—¿Pero qué...? —murmuró Mt. Lady, mirando a su alrededor con incredulidad, como si esperara que Spider-Man apareciera de repente detrás de un conducto de ventilación.

Kamui Woods extendió sus ramas, palpando el aire como si buscara algún rastro invisible, alguna pista de la dirección que el joven había tomado. —Desapareció... así de rápido. Es increíble.

All Might permaneció en silencio por un momento, sus ojos azules escrutando el horizonte, tratando de rastrear cualquier movimiento. Una pequeña sonrisa, esta vez llena de una mezcla de asombro y respeto, apareció en sus labios. —Increíble... realmente increíble. Ese joven tiene una velocidad y una astucia extraordinarias. Subestimé su capacidad.

Spider-Man, mientras tanto, ya se encontraba varios bloques de distancia, balanceándose a toda velocidad entre los edificios, aprovechando cada sombra, cada callejón oscuro y cada rincón para desaparecer por completo de la vista de los héroes profesionales. Había logrado evadir al mismísimo All Might, y ahora, más que nunca, necesitaba encontrar un lugar seguro donde pudiera intentar entender el extraño mundo en el que se encontraba y planear su próximo movimiento. La adrenalina de la persecución comenzaba a ceder, dejando paso a un agotamiento profundo y a la punzante incertidumbre de su situación.

Con la adrenalina disminuyendo gradualmente, Spider-Man aterrizó suavemente en el tejado de un edificio que parecía estar en una zona más tranquila y menos transitada de la ciudad. El sol comenzaba a descender lentamente en el horizonte, tiñendo el cielo de una paleta de tonos anaranjados, rosados y morados, anunciando la llegada de la noche y proyectando largas sombras sobre los edificios.

Con un suspiro de alivio, se llevó las manos a la parte posterior de la cabeza y se quitó la máscara, revelando el rostro juvenil y ligeramente sudoroso de Peter Parker. Su cabello castaño estaba algo revuelto por el viento de la persecución, y sus ojos marrones reflejaban una mezcla de cansancio físico y profunda confusión mental.

—Uf... por un momento pensé que me iban a encerrar en una jaula para fenómenos con etiquetas y todo —murmuró, dejando la máscara a su lado sobre la superficie cálida del tejado. Se pasó una mano por la cara, sintiendo el ligero picor del sudor seco y el roce de la tela del traje. Miró la ciudad que se extendía a sus pies, las luces de los edificios comenzando a encenderse como luciérnagas en la oscuridad, creando un espectáculo de luces desconocido y fascinante. —Pero... ¿dónde demonios estoy? Esto no es Queens, ni Manhattan, ni siquiera reconozco este estilo de edificios. Todo parece tan... diferente.

Un gruñido fuerte y prolongado en su estómago le recordó una necesidad básica que había estado ignorando por completo en medio de toda la acción y el caos. —Oh, genial. Ahora, además de estar perdido en un universo paralelo o lo que sea, también tengo hambre. Esto se pone cada vez mejor. Parece que mi suerte me ha abandonado por completo.

Miró a su alrededor, buscando algún indicio de un lugar donde pudiera conseguir algo de comer o al menos un sitio seguro y discreto donde pasar la noche sin ser molestado. La idea de seguir corriendo por los tejados a oscuras, sin saber quién o qué podría encontrarse, no le resultaba nada atractiva. Necesitaba un respiro, un momento para asimilar todo lo que había pasado.

—Creo que por hoy ya he tenido suficiente emoción como para toda una vida —decidió Peter, suspirando profundamente y dejando caer los hombros—. Lo mejor será encontrar un lugar tranquilo para descansar y mañana, con la luz del día, podré intentar averiguar cómo funciona este lugar y, con suerte, cómo volver a casa. Tengo que encontrar una manera de regresar.

Se sentó con la espalda apoyada en la pared fresca de la caseta de ventilación del tejado, sintiendo el cansancio acumulado en cada músculo de su cuerpo. Cerró los ojos por un momento, disfrutando de la relativa calma del lugar. Antes de que el sueño comenzara a hacer mella, una punzada de preocupación le atravesó el pecho.

—Tía May... ¿cómo estará? —se preguntó en voz baja, con una mezcla de nostalgia y profunda preocupación. La imagen de su cariñosa tía, con su sonrisa cálida y sus ojos llenos de afecto, apareció en su mente, y un nudo se formó en su garganta. Esperaba con todo su corazón que estuviera bien, que no estuviera demasiado preocupada por su repentina y misteriosa desaparición. Prometió mentalmente que, sin importar los obstáculos que tuviera que enfrentar, sin importar lo extraño que fuera este nuevo mundo, encontraría la manera de regresar a ella. Con ese pensamiento reconfortante, aunque teñido de incertidumbre, Peter cerró los ojos, dejando que el cansancio lo venciera mientras la noche envolvía la desconocida y fascinante ciudad de Musutafu.

El sol de la mañana se filtraba entre los edificios más altos, despertando a Peter de un sueño inquieto y lleno de imágenes confusas en el frío y duro tejado. Se desperezó, sintiendo cada músculo de su cuerpo dolorido y rígido por la noche a la intemperie, y se levantó lentamente, contemplando la ciudad bajo la luz clara y brillante del nuevo día. Todo parecía un poco menos amenazante y más definido a la luz del sol, pero la confusión sobre dónde estaba y cómo había llegado allí seguía siendo palpable.

—Bien, Parker, día nuevo, problemas nuevos —se dijo a sí mismo, con una determinación renovada, volviéndose a poner la máscara que había dejado a su lado—. Lo primero es lo primero: necesito encontrar algo de ropa que no me haga parecer un bicho gigante de otro planeta. Y luego, comida. Mucha, muchísima comida. Mi estómago está rugiendo como un motor viejo.

Con cuidado, bajó del edificio utilizando sus habilidades arácnidas, deslizándose por la pared con agilidad hasta llegar a una calle concurrida y llena de gente que comenzaba su día. La gente seguía con sus vidas, muchos de ellos exhibiendo sus extraños y variados Quirks sin llamar demasiado la atención. Peter se dio cuenta de que, en este mundo, él era el que desentonaba con su llamativo traje rojo y azul, atrayendo miradas curiosas y algunas incluso asustadas. Necesitaba pasar desapercibido si quería investigar y encontrar respuestas.

Mientras caminaba por la acera, observó a una anciana luchando por alcanzar una caja pesada que estaba colocada en el estante superior de una pequeña tienda de comestibles al aire libre. El dueño de la tienda parecía estar demasiado ocupado atendiendo a otros clientes y no se percataba de la dificultad de la mujer. Sin pensarlo dos veces, Peter se acercó discretamente.

—Disculpe, señora —dijo Peter con una sonrisa amable y sincera—. ¿Le gustaría que le alcance eso? Parece que está un poco alto.

La anciana lo miró con sorpresa, sus ojos arrugados brillando con gratitud. —Oh, joven, ¿serías tan amable? Es que mi Quirk hoy no está funcionando muy bien. Mis huesos no me dejan estirarme como antes.

Peter asintió con una sonrisa y, con un pequeño salto apenas perceptible para los demás, alcanzó la caja sin esfuerzo y se la entregó a la anciana con cuidado.

—¡Oh, muchas gracias, muchacho! Eres un verdadero salvador —exclamó la anciana, visiblemente aliviada, sosteniendo la caja entre sus manos temblorosas. Buscó en su bolso arrugado y sacó algunas monedas brillantes—. Ten, quédate con esto por tu amabilidad. Es lo menos que puedo hacer.

Peter dudó por un momento. No esperaba nada a cambio, su instinto de héroe era ayudar sin esperar recompensa, pero se dio cuenta de que necesitaba el dinero más de lo que la anciana podría imaginar. —Muchas gracias, señora —dijo, aceptando las monedas con una sonrisa agradecida—. No era necesario, pero lo aprecio mucho.

Con las pocas monedas tintineando en su bolsillo, Peter sabía que no alcanzaría para comprar ropa nueva en una tienda, pero era un comienzo. Decidió explorar los callejones traseros y las zonas menos transitadas, con la esperanza de encontrar algo que pudiera usar para mezclarse con la multitud y no llamar tanto la atención. No tardó mucho en encontrar, cerca de unos contenedores de basura detrás de una lavandería, una bolsa de plástico con algunas prendas desechadas. Con cuidado, revisó el contenido y encontró unos pantalones vaqueros un poco desgastados pero limpios, una camiseta lisa de color gris que le quedaba algo grande pero que era usable, y una gorra de béisbol vieja y descolorida que le serviría perfectamente para cubrir su cabello castaño y ocultar parcialmente su rostro. Aunque no era la última moda ni la ropa más cómoda, era infinitamente mejor que ir por la calle con su llamativo traje de Spider-Man, que lo hacía parecer un extraterrestre en este mundo. Se cambió rápidamente en un rincón apartado del callejón, doblando cuidadosamente su traje y guardándolo en su mochila, esperando el momento en que pudiera volver a usarlo sin levantar sospechas.

Con su nueva apariencia improvisada, Peter se sintió un poco menos llamativo e inmediatamente más seguro. Lo siguiente en la lista de prioridades era la comida. Recordó las monedas que le había dado la anciana. Siguiendo su olfato, que siempre había sido bastante bueno, encontró una pequeña panadería que desprendía un aroma delicioso a pan recién horneado y a dulces. Con las pocas monedas, compró un par de bollos rellenos de crema y una botella de agua fría, disfrutando de cada bocado mientras caminaba por la calle, sintiendo cómo la energía comenzaba a regresar a su cuerpo hambriento.

—Ahora, el siguiente paso lógico: información —murmuró Peter, recordando su plan inicial—. Necesito saber dónde demonios estoy exactamente y qué son exactamente esos "Quirks" que todo el mundo menciona. La señora del autobús actuó como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Recordó haber visto un edificio con un letrero que parecía decir "Biblioteca" no muy lejos de donde había aterrizado la noche anterior. Se dirigió hacia allí, sintiéndose un poco más seguro y con el estómago menos vacío después de su improvisado desayuno.

La biblioteca era un edificio grande y tranquilo, con estanterías altas llenas de libros y un ambiente de silencio respetuoso. Peter se acercó al mostrador de información y, con la ayuda de una amable bibliotecaria de mediana edad con gafas y una mirada inteligente, encontró la sección dedicada a la historia local, la geografía de la región y, lo más importante para él en ese momento, los Quirks y la compleja sociedad de héroes que parecía existir en este mundo.

Pasó horas hojeando libros y revistas, leyendo con avidez sobre la repentina aparición de los Quirks en la historia de la humanidad, cómo se clasificaban según su tipo y poder, las estrictas leyes que regulaban su uso en público y la enorme importancia de los héroes profesionales en la sociedad, quienes eran venerados y regulados por el gobierno. Cuanto más leía, más se daba cuenta de lo radicalmente diferente que era este mundo del suyo. Aquí, los superpoderes eran la norma, algo común y aceptado, y la gente como él, con orígenes inusuales y poderes no clasificados como Quirks, eran la excepción, posiblemente vistos con sospecha o incluso temor. Y usar esos poderes sin la debida licencia y registro podía acarrear graves problemas legales.

—Esto es mucho más complicado de lo que imaginé —pensó Peter, sintiéndose un poco abrumado por la cantidad de información y la magnitud de la diferencia entre su mundo y este—. Pero al menos, ahora tengo algunas respuestas a mis preguntas más urgentes. La siguiente tarea es averiguar cómo usar esa información para sobrevivir en este nuevo entorno y, con suerte, encontrar el camino de vuelta a casa. No puedo quedarme aquí para siempre.

Peter salió de la biblioteca con la cabeza llena de información sobre Quirks, héroes profesionales y leyes que regulaban el uso de poderes. Era un mundo completamente diferente al suyo, donde los superpoderes eran la norma y no la excepción. Sin embargo, una cosa estaba clara: no podía seguir viviendo en tejados y alimentándose de bollos que encontraba por casualidad. Necesitaba un techo sobre su cabeza, un lugar seguro donde dormir, y una fuente de ingresos, aunque fuera mínima, para poder subsistir y eventualmente encontrar una manera de volver a su hogar.

Se sentó en un banco de un parque cercano, observando a la gente pasar. Familias con niños cuyos Quirks se manifestaban de formas curiosas y a veces sorprendentes, estudiantes con uniformes distintivos que probablemente pertenecían a alguna de las famosas academias de héroes que había leído en los libros, trabajadores apresurados con expresiones serias... todos parecían tener un lugar al que pertenecer, una rutina establecida. Él, en cambio, se sentía como un extraño, un náufrago solitario en un mar de superpoderes, sin un rumbo claro ni un lugar al que llamar hogar.

—Tengo que conseguir un trabajo —se dijo en voz baja, la determinación comenzando a asentarse en su rostro juvenil—. No puedo seguir viviendo así, dependiendo de la caridad y durmiendo a la intemperie. Necesito dinero para comer decentemente, para encontrar un lugar donde dormir que no sea un tejado frío... y quién sabe, quizás para encontrar a alguien que pueda ayudarme a entender cómo volver a casa.

La idea de buscar empleo en un mundo donde la mayoría de la gente tenía habilidades especiales era un poco intimidante. ¿Qué podría ofrecer él, un chico de otro universo con poderes arácnidos, en un mercado laboral lleno de gente que podía levitar objetos, generar fuego con las manos o transformarse en animales? Sus habilidades, aunque impresionantes en su mundo, podrían no ser tan únicas o valiosas aquí.

Sin embargo, Peter siempre había sido ingenioso y adaptable. Quizás podría encontrar algo que no requiriera un Quirk llamativo o una licencia especial. Tal vez algún trabajo manual, o algo en donde su agilidad, sus reflejos rápidos y su fuerza sobrehumana pudieran ser útiles sin levantar demasiadas sospechas sobre su origen o sus "poderes".

Se levantó del banco, con una nueva meta clara en mente. Empezó a caminar por las calles, observando atentamente los escaparates de las tiendas y los letreros de los locales. Buscaba cualquier anuncio de "se busca personal", un simple papel pegado en una ventana o un cartel en la puerta. No sabía exactamente cómo funcionaban las cosas aquí, si necesitaría algún tipo de identificación especial, permiso de trabajo o si su falta de un Quirk sería un obstáculo insuperable. Pero tenía que intentarlo. No tenía otra opción.

Pasó por delante de restaurantes bulliciosos, pequeñas tiendas de comestibles con productos extraños y coloridos, talleres mecánicos llenos de herramientas y maquinaria desconocida... en algunos lugares se asomó tímidamente, tratando de escuchar si alguien mencionaba la necesidad de contratar a alguien. Su japonés seguía siendo limitado, aunque había estado practicando mentalmente las frases que había aprendido en la biblioteca, lo que dificultaba la comunicación fluida, pero estaba aprendiendo rápido, absorbiendo nuevas palabras y expresiones como una esponja.

Finalmente, mientras caminaba por una calle tranquila cerca de una estación de tren, vio un pequeño café con un cartel escrito a mano con letras un poco torcidas pero legibles pegado en la puerta de cristal: "Se busca ayuda. Se requiere persona responsable y rápida. Preguntar en el interior". Su corazón dio un pequeño vuelco de esperanza. Responsable y rápido... esas eran dos palabras que describían bastante bien a Peter Parker, incluso sin sus poderes arácnidos.

Respiró hondo para calmar los nervios y entró al café, con la firme esperanza de que esta fuera la oportunidad que necesitaba desesperadamente para dejar de vivir en la calle, conseguir algo de dinero y comenzar a construir una nueva vida, aunque fuera temporalmente, en este extraño y fascinante mundo lleno de gente con habilidades asombrosas.

Peter entró al café, sintiendo el cálido y reconfortante aroma a café recién hecho, mezclado con el dulce olor a pan horneado y a canela. Era un lugar pequeño y acogedor, con unas pocas mesas de madera oscura ocupadas por clientes que charlaban animadamente, bebiendo sus cafés y leyendo periódicos. La luz que entraba por las ventanas era suave y dorada, creando un ambiente tranquilo y agradable. Detrás del mostrador de madera pulida, un hombre corpulento con un bigote espeso y canoso y un delantal manchado de harina atendía a una señora mayor que pagaba su pedido con una sonrisa.

Peter esperó pacientemente a que el hombre terminara con la clienta y luego se acercó al mostrador, sintiéndose un poco nervioso pero decidido a aprovechar esta oportunidad.

—Disculpe, señor —comenzó Peter en su mejor japonés, tratando de sonar educado y confiado—. Vi el cartel en la puerta... sobre la ayuda que necesitan. ¿Aún están buscando a alguien?

El hombre lo miró de arriba abajo, evaluando su apariencia con una mirada penetrante. La ropa que Peter había encontrado en la basura no era precisamente elegante ni nueva, y la gorra de béisbol intentaba disimular su alborotado cabello castaño. Peter se sintió un poco incómodo bajo su escrutinio.

—Ah, sí, el anuncio —dijo el hombre finalmente, con una voz grave pero sorprendentemente amable—. ¿Estás interesado en el puesto?

—Sí, señor. Mucho. Soy... soy nuevo en la ciudad y estoy buscando trabajo desesperadamente. Soy rápido aprendiendo y estoy dispuesto a trabajar duro en lo que necesiten.

El hombre apoyó los codos en el mostrador, cruzando sus robustos brazos y observando a Peter con una mirada escrutadora pero que no parecía hostil. —¿Nuevo en la ciudad, eh? No pareces de por aquí. ¿Qué te trae a Musutafu? Y, si no te importa que pregunte, ¿por qué esa ropa? Parece que has tenido un día difícil.

Peter sintió un ligero escalofrío recorrer su espalda. Tenía que pensar rápido y elaborar una historia creíble que no levantara demasiadas sospechas. —Bueno, señor... tuve un pequeño percance al llegar. Perdí mi equipaje en la estación y... sí, esta es la ropa que pude encontrar por el momento. Estoy tratando de empezar de nuevo aquí. No tengo familia ni amigos en esta ciudad.

El dueño del café entrecerró los ojos por un momento, como si estuviera dudando de su historia, tratando de leer entre líneas. Luego suspiró, como si hubiera visto muchas historias similares a lo largo de su vida, y se rascó la barba canosa con una mano grande y callosa.

—Mira, chico —dijo finalmente, su voz suavizándose ligeramente—. Necesito a alguien que pueda trabajar duro y que sea confiable. Este es un negocio pequeño y no tengo tiempo para juegos ni para gente que no se toma las cosas en serio. ¿Sabes algo de trabajar en una cafetería? ¿Alguna experiencia previa?

Peter negó con la cabeza con sinceridad. —No mucha experiencia directa, señor, pero aprendo rápido. Soy muy observador y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que necesite que haga, desde lavar platos y limpiar mesas hasta aprender a preparar café. Lo que sea necesario.

El hombre lo miró fijamente durante unos segundos más, pareciendo sopesar su sinceridad y su necesidad. Finalmente, asintió lentamente, como si hubiera tomado una decisión. —Está bien. Te daré una oportunidad. Necesito urgentemente a alguien que pueda ayudar con la limpieza, especialmente en las horas punta, y quizás aprender a servir mesas cuando esté muy ocupado. El pago no es mucho, pero te dará para comer y quizás ahorrar algo para que puedas ponerte de pie. ¿Qué dices? ¿Estás dispuesto a intentarlo?

Los ojos de Peter se iluminaron de alivio y una sonrisa genuina se dibujó en su rostro. —¡Claro que sí, señor! ¡Acepto sin dudarlo! No lo defraudaré. Trabajaré duro y haré todo lo que me pida.

El dueño del café extendió una mano grande y callosa sobre el mostrador. —Bien. Me llamo Kenji. Tú serás...?

—Peter —respondió Peter, estrechando su mano con firmeza y gratitud—. Peter Parker. Es un placer conocerlo, señor Kenji.

—Bienvenido a bordo, Peter. Empiezas mañana por la mañana temprano. Abremos a las seis, así que no llegues tarde. Necesito que estés aquí quince minutos antes para que te explique algunas cosas.

—No lo haré, señor Kenji. ¡Muchas gracias por la oportunidad! De verdad, no sabe cuánto significa esto para mí.

Peter salió del café sintiéndose mucho más ligero y optimista que en días. Tenía un trabajo. No era el trabajo de sus sueños de fotógrafo del Daily Bugle, pero era un comienzo sólido. Al menos ahora tendría un ingreso regular y la posibilidad de dejar de dormir en la calle y preocuparse por su próxima comida. Las cosas, por fin, parecían estar tomando un rumbo un poco más positivo en este extraño y nuevo mundo.

Los días en el café de Kenji se convirtieron en semanas. Peter se esforzaba al máximo en cada tarea, aprendiendo rápidamente cómo preparar diferentes tipos de café, cómo atender a los clientes con una sonrisa amable y cómo mantener el local limpio y ordenado. Kenji, aunque inicialmente reservado y un poco desconfiado, pronto apreció la diligencia, la rapidez y la actitud positiva de Peter. Le pagaba un salario modesto al final de cada semana, lo suficiente para que Peter pudiera comer decentemente, alquilar una pequeña habitación en una pensión cercana y comenzar a ahorrar una pequeña suma de dinero. Poco a poco, Peter comenzaba a adaptarse a su nueva vida en Musutafu, aunque la idea de encontrar una manera de volver a su hogar seguía presente en su mente.

in embargo, la supervivencia seguía siendo una batalla cuesta arriba para Peter. Cada amanecer lo encontraba despertando con el cuerpo entumecido y la mente agotada, producto de una noche más durmiendo a la intemperie. Los tejados ofrecían una vista panorámica de la ciudad, pero también la crudeza del viento y el frío penetrante. Los parques, aunque más resguardados, lo exponían a la mirada desconfiada de los transeúntes y a la constante sensación de vulnerabilidad.

La rutina diaria era un ejercicio de invisibilidad. Se lavaba a hurtadillas en los baños públicos, el eco frío de los azulejos amplificando su sensación de desarraigo. Vestía la misma ropa raída día tras día, esforzándose por no llamar la atención, por fundirse con el bullicio anónimo de la ciudad. El cansancio era un compañero constante, un peso invisible que se sumaba a la carga de la incertidumbre. En sus sueños, una y otra vez, volvía a sentir la suavidad de su cama en Queens, la familiaridad de su habitación, la privacidad que ahora anhelaba con cada fibra de su ser.

A medida que los yenes se acumulaban lentamente, fruto de su trabajo en el café, una pequeña chispa de esperanza comenzó a encenderse en su interior. Con cautela, comenzó a preguntar a Kenji y a otros clientes habituales sobre la posibilidad de encontrar alquileres económicos. Le hablaron de barrios periféricos, zonas donde el ritmo de la vida era más pausado y los precios, por fortuna, más accesibles a su bolsillo.

Una vez terminado su turno, con el sol comenzando su lento descenso, Peter se aventuraba a explorar esos distritos menos iluminados. Caminaba por calles estrechas, observando con atención los letreros descoloridos de "Se Alquila" que aparecían en las ventanas de edificios antiguos. Cada cartel era una promesa, una posibilidad de escapar de la intemperie.

Finalmente, en un barrio que rezumaba historia en cada grieta de sus edificios, encontró un pequeño bloque de apartamentos que parecía haber resistido el paso de varias décadas. Un cartel desvaído por el sol anunciaba la disponibilidad de un apartamento de una habitación. No era un lugar que inspirara lujo; la pintura se desprendía en escamas, revelando capas de colores pasados, y la fachada mostraba las cicatrices del tiempo. Sin embargo, a sus ojos cansados, parecía seguro, y lo más importante, se ajustaba a sus precarios ahorros.

La reunión con el propietario fue breve y pragmática. Un hombre de mediana edad, con una barba descuidada que acentuaba sus ojos cansados, lo recibió con un apretón de manos flojo. Parecía más preocupado por llenar el vacío que por indagar en la vida de su futuro inquilino.

—Cincuenta mil yenes al mes, más otros cincuenta mil de depósito —dijo el casero con una voz áspera, señalando un diminuto apartamento en el tercer piso. Era un espacio exiguo, con una cocina básica que apenas contenía una hornilla y un fregadero, y un baño aún más reducido. Las paredes suplicaban una mano de pintura, pero al menos ofrecía una cama vieja con un colchón hundido y un armario desvencijado.

Peter asintió con rapidez, sintiendo un alivio casi palpable. Era más de lo que se había atrevido a esperar. —¿Eso incluye los servicios?

—Agua sí, la luz va por tu cuenta —respondió el casero, encogiéndose de hombros con indiferencia.

Con manos temblorosas, Peter sacó los billetes arrugados que había estado guardando celosamente. —Aquí tiene el depósito y el primer mes.

El casero tomó el dinero sin molestarse en contarlo, guardándolo en su bolsillo con un gesto descuidado. —Bien. Aquí tienes las llaves. No hagas mucho ruido y paga a tiempo. No me gustan los problemas.

No le preguntó su edad, ni le solicitó identificación, ni mostró el más mínimo interés en su vida personal. Para Peter, fue una bendición disfrazada. Inventar una historia creíble sobre su verdadera situación habría sido una tarea casi imposible.

Esa noche, con las llaves apretadas en su mano, Peter subió los tres tramos de escaleras hasta su nuevo hogar. Al abrir la puerta y entrar en el pequeño espacio, una oleada de alivio lo inundó. No era un palacio, pero era suyo. Un techo sobre su cabeza, una cama donde descansar su cuerpo dolorido y la privacidad que tanto había anhelado. Se sentó en el borde del colchón, sintiendo cómo cedía bajo su peso, y una sonrisa cansada se dibujó en su rostro. Por fin, tenía un rincón al que podía llamar hogar en este mundo extraño y desconocido. Ahora, con esa necesidad básica cubierta, podía concentrarse en la tarea más ardua: sobrevivir y, quizás, encontrar una manera de volver a casa.

Con la modesta seguridad de un techo sobre su cabeza, una renovada sensación de propósito comenzó a germinar en el corazón de Peter. Las noches, después de agotar sus energías en el café, se transformaron en su tiempo para ser Spider-Man. La necesidad de ayudar, de utilizar sus habilidades para aliviar el sufrimiento ajeno, era una fuerza imparable en su interior, una brújula moral que lo guiaba incluso sabiendo que sus acciones eran consideradas ilegales en este mundo sin el respaldo de una licencia de héroe.

Lentamente, casi como un susurro al principio, el nombre de Spider-Man comenzó a resonar en los callejones y las conversaciones de Musutafu. Sus actos de valentía, su agilidad asombrosa y su peculiar sentido del humor en medio del peligro se convirtieron en tema de conversación en las calles. La gente hablaba de un nuevo vigilante, una figura enmascarada que aparecía de la nada para detener robos, rescatar personas atrapadas en accidentes y frustrar pequeños actos de vandalismo, siempre con movimientos fluidos y un ingenio rápido que dejaba a los criminales desconcertados.

Sin embargo, su creciente reputación también atrajo una atención no deseada. Las autoridades locales, la policía y, lo que era aún más preocupante, los héroes profesionales, pronto se percataron de la presencia de este justiciero enmascarado. Las alertas se volvieron más frecuentes, y las patrullas se intensificaron en las zonas donde Spider-Man solía hacer acto de presencia.

Para Spider-Man, la tarea de evadir a la policía y a los héroes profesionales se convirtió en una parte casi rutinaria de sus noches de patrullaje. Apenas terminaba de frustrar un crimen cuando escuchaba el ulular de las sirenas acercándose o sentía la presencia inconfundible de un héroe en las cercanías. Entonces, comenzaba la persecución, una danza peligrosa entre la justicia y la ley.

Gracias a su sentido arácnido, una punzada de advertencia que lo alertaba del peligro inminente, Spider-Man se movía con una agilidad sorprendente. Se balanceaba entre los edificios con la gracia de un acróbata, se deslizaba por callejones estrechos como una sombra y utilizaba cualquier obstáculo a su favor. Con cada encuentro, aprendía a anticipar las tácticas de la policía y los diferentes Quirks de los héroes, desarrollando un repertorio de maniobras evasivas que lo mantenían siempre un paso por delante.

Recordaba con claridad una noche en la que logró escapar de las extensibles ramas de madera de Kamui Woods saltando ágilmente sobre una hilera de coches en movimiento, el viento azotando su máscara mientras las raíces se cerraban justo detrás de él. En otra ocasión, despistó a la gigante Mt. Lady encogiéndose a su tamaño normal y colándose entre sus piernas colosales antes de que pudiera atraparlo con su mano masiva. Incluso había logrado evitar ser rastreado por héroes con Quirks sensoriales, moviéndose silenciosamente a través de las sombras, utilizando su conocimiento del laberinto urbano para desaparecer sin dejar rastro, como un fantasma en la noche.

Cada noche era una cuerda floja, una constante negociación entre su profundo deseo de ayudar a los demás y la imperiosa necesidad de evitar la captura. Sabía que tarde o temprano su suerte podría agotarse, que podría cometer un error o enfrentarse a un héroe con un Quirk que no pudiera contrarrestar. Pero la simple idea de no intervenir, de ignorar el peligro que acechaba en las sombras de las calles, era algo que su conciencia simplemente no podía aceptar. Así, noche tras noche, Spider-Man continuaba su labor como vigilante, siempre al límite, siempre escapando por poco de las garras de la ley y de los héroes profesionales de Musutafu.

Las noches de patrullaje para Spider-Man a menudo lo llevaban a sumergirse en los murmullos y rumores que flotaban en los bajos fondos de Musutafu. En los últimos días, una inquietante tendencia había comenzado a filtrarse en las conversaciones que escuchaba desde las azoteas y en los callejones oscuros: la desaparición de niños. Pequeños, arrebatados de sus hogares o de las calles sin dejar rastro alguno. La sola idea de esos niños indefensos, perdidos y asustados, había tensado aún más los nervios de Peter, manteniéndolo en un estado de alerta constante.

Una noche, mientras se balanceaba sobre los tejados iluminados por la luna, captó una conversación fragmentada en un callejón particularmente sombrío. Dos figuras encapuchadas hablaban en voz baja, susurrando sobre "entregas" y un "lugar abandonado en las afueras". Aunque los detalles eran escasos, una palabra resonó con fuerza en la mente de Peter: "niños". Su sentido arácnido vibró con una punzada de inquietud, confirmando sus sospechas de que algo terrible estaba sucediendo.

Siguiendo ese hilo tenue de información, Spider-Man se encontró balanceándose hacia la periferia de la ciudad, dejando atrás el brillo de los neones y adentrándose en una zona más oscura y desolada. Su destino: un parque industrial abandonado que se alzaba como un esqueleto de la actividad pasada, sus fábricas y almacenes ahora silenciosos y cubiertos de óxido. El lugar emanaba una atmósfera sombría y desolada, el tipo de sitio donde las actividades ilícitas podían florecer sin ser molestadas.

Al aterrizar suavemente sobre el tejado de una vieja fábrica, el silencio ominoso que envolvía el lugar lo recibió como un escalofrío. Las ventanas rotas parecían ojos vacíos mirando hacia la oscuridad, y el viento gemía al pasar a través de las estructuras metálicas corroídas. De repente, una figura emergió de un almacén destrozado, su silueta recortada contra la tenue luz de la luna.

Era una presencia imponente, alta y corpulenta, pero lo que realmente heló la sangre de Peter fue la sustancia oscura y viscosa que parecía formar su cuerpo. Se movía y se retorcía constantemente, como si estuviera hecha de sombras vivientes. Sus ojos brillaban con una luz roja e intensa, como brasas encendidas en la oscuridad, y en el aire se percibía un aura de poder maligno, una sensación palpable de amenaza.

Junto a la criatura, Peter pudo distinguir varias formas pequeñas e inmóviles, envueltas en la misma sustancia oscura y pegajosa. Eran niños, sus pequeños cuerpos inertes, aprisionados en esa oscuridad opresiva. La visión lo golpeó con la fuerza de un puñetazo, confirmando sus peores temores.

—¡Oye, monstruo! —gritó Spider-Man, lanzándose desde el tejado con una agilidad felina—. ¡Suéltalos ahora mismo!

La criatura respondió con un aullido gutural que resonó en todo el parque industrial, un sonido primario y aterrador. La sustancia oscura que formaba su cuerpo se extendió como tentáculos, formando látigos afilados que azotaron el aire con una velocidad sorprendente, destrozando maquinaria oxidada y esparciendo fragmentos como si fueran de juguete.

—¡Así que tú eres el que ha estado aterrorizando a la ciudad! —murmuró Spider-Man, tensando sus músculos bajo el traje, sintiendo que esta noche se presentaba como un desafío mucho mayor de lo que había anticipado.

Se lanzó hacia la criatura, disparando una telaraña con la esperanza de inmovilizarla, de detener esa amenaza antes de que pudiera hacerles más daño a los niños. Pero la sustancia oscura simplemente se disolvió alrededor de la telaraña, como si fuera agua, dejándola caer inútilmente al suelo. La criatura giró, sus ojos rojos fijos en Spider-Man con una malevolencia palpable, y se abalanzó sobre él con una velocidad sorprendente para su tamaño, dejando un rastro de oscuridad pegajosa a su paso.

Peter apenas tuvo tiempo de reaccionar, esquivando el golpe por un pelo, sintiendo el aire moverse con la fuerza bruta del impacto. La criatura era increíblemente fuerte, cada uno de sus movimientos era una amenaza latente. Spider-Man se vio obligado a retroceder, utilizando toda su agilidad y su sentido arácnido para evitar los ataques implacables, mientras su mente trabajaba a toda velocidad buscando una manera de acercarse a los niños secuestrados.

Intentó contraatacar con golpes rápidos y precisos, aprovechando su velocidad y fuerza sobrehumana, pero la sustancia oscura parecía absorber el impacto, como si no sintiera nada. Los látigos de la criatura lo obligaron a mantenerse a distancia, cada azote dejando una sensación de frío intenso en el aire, un presagio de su poder oscuro.

La pelea se intensificó rápidamente, convirtiéndose en una danza desesperada por la supervivencia. Spider-Man se dio cuenta con una punzada de temor que estaba completamente superado. Sus telarañas, su arma más fiable, eran inútiles contra esta oscuridad. Sus golpes, aunque fuertes, apenas parecían inmutar a la criatura. La velocidad y la fuerza del monstruo eran abrumadoras, una fuerza de la naturaleza corrupta. En un momento dado, uno de los látigos oscuros lo alcanzó en el pecho, lanzándolo contra una pared de ladrillo con un impacto doloroso que le hizo jadear.

Cayó al suelo, sintiendo un dolor agudo recorrer su cuerpo, como si cada una de sus costillas se hubiera astillado. La criatura se acercó lentamente, su forma oscura y amenazante cerniéndose sobre él, con los pequeños cuerpos inertes de los niños envueltos en su sustancia pegajosa justo detrás. Peter intentó levantarse, pero sus movimientos eran lentos y torpes, su cuerpo gritando por el impacto. Estaba acorralado, herido y enfrentándose a un enemigo que parecía estar muy por encima de su nivel. La desesperación comenzó a apoderarse de él al pensar en los niños indefensos que dependían de él, en su promesa silenciosa de protegerlos. Esta noche, su sentido arácnido le gritaba con una intensidad aterradora que el peligro era mayor de lo que jamás había imaginado.

La pelea contra la criatura oscura se había convertido en una pesadilla palpable. Cada intento de Peter por ganar terreno se veía frustrado por la implacable ofensiva del monstruo. Sus golpes, habitualmente capaces de detener un coche, parecían disiparse inútilmente contra la masa sombría. Los látigos de oscuridad, rápidos como rayos, lo mantenían a raya, infligiendo dolorosos impactos que lo hacían jadear y tambalearse. Miró sus lanza telarañas, la pequeña luz roja parpadeando de forma ominosa, un recordatorio cruel de su menguante munición. Se estaba quedando sin telaraña, su red de seguridad, justo en el peor momento posible.

Con un gruñido bestial, la criatura lanzó otro zarpazo, sus garras oscuras afiladas como cuchillas. Spider-Man se vio obligado a arrojarse a un lado, rodando torpemente sobre el suelo irregular. Aterrizó con un gemido, sintiendo un dolor punzante irradiar desde su tobillo, probablemente torcido por el impacto anterior. Los niños seguían allí, inertes, envueltos en la sustancia oscura, sus pequeños cuerpos pálidos y vulnerables. La visión lo llenó de una rabia fría y desesperada, un torrente de adrenalina luchando por superar el dolor. Tenía que hacer algo, cualquier cosa, para detener a este monstruo, para liberar a esos niños de su prisión oscura.

Justo cuando la criatura se preparaba para asestar un golpe final, su forma oscura elevándose sobre él como una sentencia de muerte, un estruendo sónico sacudió el aire. El suelo tembló ligeramente bajo el peso de la vibración, y una ráfaga de viento barrió el parque industrial, levantando nubes de polvo y hojas secas. Varias figuras aterrizaron con fuerza en la zona, rodeando al villano y al maltrecho Spider-Man.

Entre ellos, Peter reconoció las siluetas inconfundibles de héroes profesionales de renombre. Endeavor, con sus llamas furiosas danzando a su alrededor como un halo incandescente. Hawks, con sus poderosas plumas rojas extendidas, listas para atacar como una bandada de flechas carmesí. Mirko, con sus orejas de conejo características, tensa y preparada para saltar con la fuerza bruta de sus piernas poderosas. Incluso Eraser Head estaba allí, su mirada intensa y penetrante fija en la criatura oscura, sus vendas flotando levemente en el aire, un presagio de su Quirk anulador.

Y luego, con un impacto que hizo resonar el aire y levantar una nube de polvo, llegó él. All Might aterrizó con una sonrisa firme, aunque tensa, su presencia imponente llenando el espacio, eclipsando incluso la amenazante figura del villano.

Los héroes profesionales observaron la escena con expresiones serias, evaluando rápidamente la situación. El villano, con su aura oscura y opresiva, los niños envueltos en su sustancia pegajosa, y Spider-Man, visiblemente herido, su traje desgarrado y sucio, arrodillado a unos metros de distancia, luchando por recuperar el aliento.

All Might fijó su mirada en Spider-Man por un instante, una mezcla de preocupación y un brillo de reconocimiento en sus ojos azules. Luego, su atención se centró en la criatura oscura, su sonrisa desapareciendo por completo, reemplazada por una determinación inquebrantable que irradiaba poder.

—No se preocupen —dijo All Might, su voz resonando con una fuerza tranquilizadora que atravesó el silencio tenso—. Por que ya estamos aquí.

Endeavor, con sus llamas crepitando con una intensidad aún mayor, fue el primero en dirigir su atención hacia Spider-Man. —¡Tú! ¡El vigilante! Qué oportuno que aparezcas justo cuando hay problemas. Será mejor que te quedes quieto hasta que la policía llegue.

Eraser Head, con su mirada penetrante, activó su Quirk, sus ojos brillando levemente mientras sus vendas flotaban en el aire, listas para inmovilizar a su objetivo. —No te muevas, mocoso. Estás bajo arresto.

Incluso Mirko, aunque sus ojos estaban fijos en la criatura oscura con una sed de lucha contenida, lanzó una mirada de advertencia a Spider-Man, sus músculos tensos como resortes. —No intentes nada raro.

All Might, sin embargo, levantó una mano, deteniendo a los otros héroes con un gesto firme. Observó a Spider-Man por un momento más, notando la desesperación y la innegable determinación en su postura, a pesar de sus heridas evidentes.

Spider-Man, ignorando el dolor punzante que le recorría el cuerpo y el sabor metálico de la sangre en su boca, se puso de pie con dificultad, apoyándose en una rodilla para estabilizarse. Sus ojos, ocultos tras la máscara rota, estaban fijos en la criatura oscura que aún mantenía a los niños atrapados en su abrazo sombrío. Su voz, aunque cansada y áspera por el esfuerzo, resonó con una seriedad inusual.

—¡Escúchenme! —exclamó Spider-Man, su tono firme y urgente, cortando la tensión en el aire—. ¡Ahora no es el momento! Hay niños ahí dentro. ¡Están en peligro! No importa quién sea yo o qué haya hecho. ¡Tenemos que detener a ese monstruo antes de que sea demasiado tarde!

Su mirada recorrió los rostros de los héroes profesionales, buscando una chispa de comprensión, una señal de que entendían la urgencia de la situación. —Por favor... esos niños nos necesitan. Dejen de preocuparse por mí ahora.

All Might mantuvo su mano levantada, su mirada ahora completamente centrada en Spider-Man. Pudo ver la sinceridad cruda en sus ojos, la genuina preocupación por los niños que trascendía cualquier consideración por su propia seguridad. Asintió lentamente, un reconocimiento tácito de la verdad en sus palabras.

—El joven tiene razón —dijo All Might, su voz ahora cargada de la autoridad del héroe número uno—. Ahora, nuestra prioridad son esos niños. Endeavor, Hawks, Mirko, Eraser Head... ¡prepárense! No permitiremos que este villano les haga daño.

La tensión en el aire seguía siendo palpable, pero la atención de los héroes profesionales se desvió del vigilante arácnido hacia la amenaza mayor que se cernía sobre ellos. Spider-Man, aunque herido, con poca telaraña y la perspectiva de un arresto inminente, se mantuvo alerta, listo para hacer lo que fuera necesario para ayudar a esos niños, incluso si eso significaba luchar junto a aquellos que momentos antes querían encerrarlo.

—Bien, Peter, tenemos que acabar con esto —murmuró Spider-Man para sí mismo, ajustando los restos de su máscara y preparándose para la lucha.

La criatura oscura rugió, liberando una oleada de energía oscura que hizo retroceder instintivamente a varios héroes. Los látigos de sombra se movían con una furia renovada, golpeando y destrozando el suelo a su alrededor. Endeavor lanzó intensas llamaradas de fuego azul, pero la oscuridad parecía absorber el calor sin inmutarse, como si se alimentara de él. Hawks envió una lluvia de plumas endurecidas, cada una afilada como una navaja, pero muchas eran desviadas por los látigos o simplemente se hundían en la sustancia viscosa sin causar daño aparente. Mirko, con su increíble velocidad, intentaba acercarse para asestar golpes directos con sus poderosas piernas, pero la criatura la mantenía a raya con sus rápidos y amplios ataques de sombra. Eraser Head activó su Quirk, sus ojos brillando con intensidad, pero parecía que la naturaleza del poder del villano era diferente a cualquier cosa que hubiera enfrentado antes, o quizás tenía múltiples fuentes de energía oscura que su Quirk no podía anular completamente.

All Might se lanzó al ataque con su característico poderío, conectando poderosos golpes que hacían temblar el suelo bajo sus pies. Cada impacto lograba desestabilizar momentáneamente a la criatura, haciendo que su forma oscura se tambaleara, pero se reformaba rápidamente, la oscuridad retorciéndose y volviendo a tomar forma con una tenacidad inquietante. Spider-Man, a pesar del dolor punzante en sus costillas y la escasez de telaraña, se movía ágilmente alrededor del monstruo, lanzando las pocas redes que le quedaban en un intento desesperado por distraerlo, inmovilizarlo o encontrar algún punto débil en su armadura sombría.

En medio del caos de la batalla, con explosiones de fuego, ráfagas de plumas y el retumbar de los golpes de All Might, Spider-Man notó un patrón. La criatura parecía especialmente protectora con los niños envueltos en su oscuridad. Cada vez que los héroes se acercaban demasiado a ellos, el villano desataba una furia aún mayor, sus ataques volviéndose más rápidos y salvajes.

—¡All Might! —gritó Spider-Man, esquivando por poco un látigo oscuro que destrozó un trozo de pared detrás de él—. ¡Creo que los niños son su punto débil! ¡Está tratando de protegerlos! ¡Al parecer tiene un tipo de simbiosis con ellos!

All Might asintió con firmeza, su mirada azul fija en la criatura, analizando sus movimientos. —¡Entendido, joven! ¡Debemos crear una apertura!

Los héroes intensificaron sus ataques, coordinando sus esfuerzos de manera improvisada pero efectiva para presionar al villano. Endeavor lanzó una ráfaga de llamas aún más intensa, un torrente de fuego abrasador que obligó a la criatura a retroceder, aullando de dolor por primera vez. Hawks aprovechó la oportunidad creada por la distracción para lanzar una oleada de plumas afiladas hacia los lazos oscuros que rodeaban a los niños, logrando cortar algunos de ellos, aunque la sustancia oscura se regeneraba casi al instante. Mirko, con un salto impresionante que desafiaba la gravedad, se acercó a la criatura y asestó una potente patada giratoria en su costado, haciéndola tambalearse y liberar un grito de furia.

En ese breve momento de vulnerabilidad, All Might vio su oportunidad. Con un grito poderoso que resonó en todo el parque industrial, lanzó un golpe cargado de toda su fuerza, un puñetazo devastador que impactó de lleno en el centro del cuerpo de la criatura. El golpe fue tan poderoso que la sustancia oscura se dispersó momentáneamente como humo, y la criatura lanzó un aullido de dolor que parecía desgarrar el aire.

—¡Ahora, Spider-Man! —gritó All Might, su voz resonando con urgencia.

Con la poca telaraña que le quedaba, Peter se impulsó hacia adelante, moviéndose más rápido de lo que su cuerpo herido parecía permitirle. Saltó sobre los restos dispersos de la criatura, apuntando directamente al núcleo de oscuridad que parecía latir en su interior, una masa concentrada de sombra palpitante. Lanzó sus últimos cartuchos de telaraña, envolviendo el núcleo con múltiples capas pegajosas, esperando que eso fuera suficiente para frenarlo.

La criatura gritó de furia, retorciéndose y luchando por liberarse de las pegajosas redes, pero las telarañas, aunque escasas, lograron sujetar el núcleo por un instante crucial. Peter aprovechó ese momento de vulnerabilidad con una determinación feroz. Con toda la fuerza que le quedaba, concentró su energía y asestó una serie de golpes rápidos y poderosos justo en el centro del núcleo oscuro, cada impacto acompañado de un crujido ominoso, como si algo dentro de la criatura se estuviera rompiendo.

En el último golpe, la sustancia oscura que formaba la criatura se desintegró por completo, desvaneciéndose en la nada, dejando caer a los niños, ahora liberados de su prisión pegajosa, sobre el suelo frío y polvoriento. Al mismo tiempo, los lanzatelarañas de Peter emitieron un último clic vacío. Se había quedado sin telaraña.

Exhausto hasta la médula, adolorido hasta el punto del entumecimiento, Spider-Man cayó de rodillas, observando con un alivio agridulce cómo los niños, aunque inconscientes, parecían estar a salvo. La amenaza oscura, por fin, había desaparecido.

on el último vestigio de su energía, Spider-Man observó cómo los otros héroes se acercaban rápidamente a los niños inconscientes, liberándolos completamente de los restos de la sustancia oscura que aún se adhería a sus pequeñas ropas. Endeavor vigilaba la zona con sus llamas aún crepitando intensamente, asegurándose de que no hubiera ningún vestigio de la amenaza. Hawks descendió suavemente, examinando a los niños con una mirada preocupada, mientras Mirko intercambiaba una breve mirada de alivio con él, su postura tensa relajándose ligeramente. Eraser Head parecía estar evaluando la situación con su habitual seriedad, sus ojos escaneando el área en busca de cualquier peligro persistente.

Peter sintió un dolor punzante en las costillas, cada respiración era una punzada aguda. Su tobillo torcido latía con un dolor sordo y constante. La adrenalina que lo había mantenido en pie durante la pelea comenzaba a desaparecer, dejando paso a un agotamiento extremo que lo hacía temblar. Sabía que no podía quedarse allí mucho tiempo. Los héroes probablemente querrían interrogarlo, o peor aún, arrestarlo por su actividad como vigilante.

Lentamente, con movimientos cautelosos quejándose en cada articulación, se puso de pie. Sus lanza telarañas estaban vacíos, inútiles. La discreción era su única opción. Se deslizó entre los restos de maquinaria destrozada, tratando de mantenerse en las sombras y lejos de la vista de los héroes, quienes ahora estaban concentrados en los niños y en asegurar la zona. Su plan era simple: llegar a la periferia del parque industrial y luego encontrar una ruta segura de vuelta a su pequeño apartamento, donde podría intentar curar sus heridas en soledad.

Logró escabullirse sin ser detectado por Endeavor, Hawks o Mirko, quienes estaban completamente absortos en la situación de los niños. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de alcanzar la oscuridad que ofrecían los límites del parque, sintió una presencia familiar, una energía poderosa que lo hizo detenerse en seco. Era una sensación inconfundible, una fuerza que había llegado a reconocer en sus breves pero intensos encuentros.

Con un suspiro silencioso, resignado a lo inevitable, dobló una esquina detrás de una pila de contenedores oxidados y se encontró en un callejón oscuro y estrecho, flanqueado por muros de ladrillo cubiertos de grafitis. Bloqueando la salida, con su imponente figura llenando casi todo el espacio, estaba All Might. Su sonrisa habitual, ese símbolo de esperanza que había llegado a definirlo, había desaparecido, reemplazada por una expresión seria pero no amenazante, una mirada que transmitía una mezcla de preocupación y determinación.

Spider-Man se detuvo, sin intentar siquiera una huida. No había escapatoria posible. All Might lo había encontrado, y esta vez, parecía que la conversación era inevitable.

—Joven Spider-Man —dijo All Might, su voz suave pero firme, resonando en el silencio del callejón—. No tienes que huir más.

Spider-Man permaneció en silencio por un momento, observando al héroe número uno. La luz tenue que se filtraba desde el exterior del callejón apenas iluminaba el rostro de All Might, pero Peter podía sentir la intensidad de su mirada. Su propio cuerpo adolorido gritaba por descanso, y la perspectiva de tener que enfrentarse a All Might, incluso en una simple conversación, lo agotaba aún más que la reciente batalla.

—Señor All Might —dijo finalmente Peter, su voz áspera y cansada, apenas un susurro—. No quería causar problemas. Solo... vi a esos niños. Tenía que hacer algo.

All Might dio un paso más cerca, su imponente sombra cubriendo casi por completo a Spider-Man en el estrecho callejón. Sin embargo, su expresión no era de ira o acusación, sino más bien de una profunda preocupación, casi paternal.

—Lo sé, joven. Vi lo que hiciste. Fuiste increíblemente valiente y, sin duda, salvaste esas vidas. Por eso quiero hablar contigo.

Peter se encogió de hombros, sintiendo el peso de la máscara rota y sucia en su rostro. —¿Hablar de qué? ¿De cómo usé mis... "habilidades" ilegalmente? Ya tuve esa conversación con otros héroes. No terminó muy bien, si mal no recuerdo.

—Esta vez será diferente —aseguró All Might, su voz transmitiendo una sinceridad palpable—. Vi tu determinación, tu preocupación genuina por esos niños. Eso es lo que define a un verdadero héroe, más que una licencia. Pero también debes entender que en nuestra sociedad existen reglas por una razón, joven. Reglas que buscan proteger a todos.

—Lo entiendo —respondió Peter, suspirando, el cansancio pesando sobre sus hombros—. Es solo que... soy nuevo por aquí. No estoy muy familiarizado con cómo funcionan las cosas aquí, lo de las licencias y todo eso. En mi... donde yo vivía antes, las cosas eran un poco diferentes.

All Might asintió lentamente, su mirada penetrante. —Nuevo por aquí, ¿eh? Ya veo. Tu Quirk... es bastante inusual. Tu agilidad, esa forma de lanzar esas... redes. No es algo que se vea a menudo.

Peter se tensó ligeramente. ¿Cuánto había notado All Might?

—Bueno... siempre he sido ágil —murmuró Peter, evitando la mención de sus telarañas.

—Entiendo —dijo All Might, aunque su tono sugería que sospechaba que había más en la historia—. Mira, joven. Aprecio tu valentía y tu deseo de ayudar. Pero operar sin licencia es peligroso, tanto para ti como para los demás. Tal vez... podamos ayudarte a entender el sistema aquí. Podríamos... guiarte.

Las palabras de All Might tomaron a Peter por sorpresa. No esperaba esa oferta de ayuda, especialmente después de haber escapado de él y de otros héroes varias veces.

—¿De verdad...? —preguntó Peter, con un hilo de incredulidad en su voz.

All Might asintió, su sonrisa regresando lentamente, aunque con un matiz más serio. —Sí, joven. Creo que tienes potencial. Pero necesitas aprender a canalizarlo de la manera correcta aquí. Pero primero... ¿estás herido? Necesitas atención médica.

—Estoy bien…—Expreso Spiderman claramente mintiendo.

All Might observó a Peter con una mirada penetrante, tratando de comprender la motivación detrás de sus acciones. —Joven, has demostrado una valentía increíble esta noche, arriesgando tu propia seguridad para salvar a esos niños. Pero sigo preguntándome... ¿por qué haces esto? ¿Por qué te pones ese traje y te enfrentas al peligro de esta manera, al margen de la ley?

Peter dudó por un momento, recordando las palabras de su tío Ben, la lección que lo había marcado para siempre. Miró a All Might, y a pesar de su cansancio y dolor, una determinación firme brilló en sus ojos tras la máscara.

—Porque... con un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Alguien tiene que ayudar a la gente cuando nadie más lo hace.

Las palabras de Peter resonaron en el callejón, cargadas de convicción. All Might lo observó con aún más atención. Había algo en la voz del joven, en su actitud, que le recordaba a sí mismo en sus primeros días como héroe. Además, a pesar de su habilidad y valentía, había una cierta ingenuidad, una vulnerabilidad que All Might no podía ignorar. Estimó su edad... no debía tener más de dieciséis años.

All Might sonrió suavemente, una idea comenzando a formarse en su mente. —Ya veo. Unas palabras muy sabias para alguien tan joven. Dime, muchacho, ¿has considerado alguna vez... convertirte en un héroe de verdad? Un héroe que pueda usar sus habilidades para proteger a la gente dentro del marco de la ley.

Peter lo miró con sorpresa. —¿Un héroe... de verdad?

—Sí —confirmó All Might—. Con tu talento y tu sentido de la justicia, creo que podrías llegar muy lejos. De hecho... me gustaría hacerte una oferta. ¿Has oído hablar de la Academia U.A.? Es la mejor escuela para héroes del país.

Los ojos de Peter se abrieron con asombro tras la máscara. ¿La U.A.? La legendaria escuela de héroes.

—Yo... no sé qué decir. No tengo... un Quirk registrado. Y ciertamente no tengo ninguna recomendación.

All Might sonrió con confianza. —Eso no tiene por qué ser un obstáculo. He visto lo que puedes hacer, joven. Tienes un potencial increíble. Si estás dispuesto a aprender y a seguir el camino correcto, creo que podrías convertirte en un gran héroe. ¿Qué dices, Spider-Man? ¿Te gustaría ir a la U.A.?

All Might continuó, su voz llena de convicción. —En la U.A., joven, aprenderías a controlar tus habilidades, a entender las leyes que rigen nuestra sociedad de héroes y a trabajar junto a otros aspirantes a héroes. Tendrías acceso a los mejores profesores, a instalaciones de entrenamiento de vanguardia y a la oportunidad de obtener tu licencia de héroe de manera oficial. Podrías convertirte en el símbolo de esperanza que claramente deseas ser, pero de una manera que te proteja a ti y a los demás.

Peter escuchó atentamente, las palabras de All Might resonando en su mente. Ser un "verdadero" héroe... la idea era tentadora. Siempre había querido ayudar a la gente, pero hacerlo siempre al margen de la ley, siempre huyendo, era agotador y limitante. La U.A. ofrecía una oportunidad para aprender, para crecer y para usar sus poderes de una manera más efectiva y aceptada.

Sin embargo, también había dudas. ¿Cómo explicaría su falta de un Quirk registrado? ¿Qué pasaría si descubrían que no era de este mundo? ¿Podría confiar realmente en All Might? Pero al mirar al héroe número uno, vio sinceridad y una genuina preocupación.

Pensó en la tía May, en su deseo de que estuviera seguro y haciendo lo correcto. Pensó en su tío Ben y en la responsabilidad que sentía. Quizás esta era la oportunidad que necesitaba para honrar su memoria de una manera significativa, incluso en este extraño y lejano mundo.

Respiró hondo, sintiendo una mezcla de nerviosismo. —Señor All Might... —comenzó Peter, su voz un poco temblorosa—. Si usted cree que puedo hacerlo... si realmente piensa que tengo el potencial... entonces... acepto. Quiero ir a la U.A. Quiero intentar ser un verdadero héroe.

All Might sonrió, una sonrisa genuina que iluminó el oscuro callejón. —¡Excelente! Sabía que tenías la determinación de un verdadero héroe, joven Spider-Man... o debería decir, joven Peter.

Peter se sorprendió de que All Might recordara su nombre. —Usted... ¿cómo...?

—Durante la batalla —explicó All Might con un guiño—. Uno escucha muchas cosas en el fragor del momento. No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. Pero ahora... —La sonrisa de All Might se desvaneció, su mirada recorriendo el cuerpo de Peter—. Joven Peter, estás bastante herido. Vi ese golpe que recibiste, y tu movimiento era... limitado. Necesitas atención médica de inmediato. La conversación sobre la U.A. puede esperar. Tu salud es lo primero.

Sin darle tiempo a replicar, All Might se acercó con cuidado y, con una gentileza sorprendente para su tamaño, ayudó a Peter a levantarse. —Apóyate en mí. Te llevaré a un lugar donde puedan revisarte esas heridas. No te preocupes, estarás en buenas manos.

Con el apoyo de All Might, Peter caminó con dificultad, sintiendo un dolor punzante en cada movimiento. El héroe número uno lo guio por las calles aún desiertas del amanecer, su presencia imponente brindando una sensación de seguridad inesperada.

—Hay un centro médico cercano en el que confío —dijo All Might mientras doblaban una esquina—. Podrán atenderte sin hacer demasiadas preguntas, dadas las circunstancias. Una vez que estés recuperado, hablaremos más sobre tu futuro y la U.A. ¿Te parece bien?

Peter asintió débilmente, agradecido por la preocupación de All Might. En ese momento, lo único que quería era que el dolor cesara. La idea de una cama cómoda y atención médica era mucho más atractiva que cualquier conversación sobre escuelas de héroes.

All Might lo llevó a un edificio discreto, diferente a los hospitales bulliciosos que Peter imaginaba. Allí, una enfermera amable y un médico con un Quirk de curación se encargaron de sus heridas. Mientras lo examinaban y vendaban sus costillas magulladas y su tobillo torcido, All Might esperó pacientemente en una sala cercana, listo para continuar la conversación una vez que Peter estuviera en mejores condiciones. La promesa de la U.A. aún flotaba en el aire, pero por ahora, la prioridad era la recuperación de Spider-Man.
Y así, en un giro inesperado del destino, Peter Parker, el sorprendente Spider-Man de otra dimensión, se encontró al borde de un nuevo comienzo, Su encuentro fortuito con el legendario All Might, la oportunidad de convertirse en un héroe en la prestigiosa Academia U.A. Peter se preparaba para dejar atrás las sombras de los tejados y abrazar un futuro incierto pero lleno de potencial. El camino hacia el heroísmo en este nuevo mundo apenas comenzaba, y para Spider-Man, una nueva y emocionante aventura estaba a punto de desplegarse.

Fin del capitulo 1

Muy Bien aqui termina el capitulo 1 de esta historia, espero que les haya gustado, y si les gusto pueden seguir la historia y les agradeciera que dejen una reseña sobre que les pareció.
¡Gracias por leer y hasta la próxima!