Los dos amigos se quedaron quietos por un momento, hasta que Alyssa decidió actuar.
—Muy bien, vamos a seguirla.
—¿Que qué? —Bradley cruzó los brazos —. ¿Estás loca?
—Quizá nos guíe hasta la salida…
Bradley estaba a punto de protestar, pero Alyssa ya iba en dirección a la novia fantasmal.
—Como muramos te mato.
Con prisa, siguió a Alyssa, quien estaba atenta de Melanie. La novia iba cantando una canción melancólica, con la cabeza agachada.
—¿Y cuál es el plan exactamente? ¿Dejar que nos lleve a una cripta donde acabe con nosotros más cómodamente?
—No seas estúpido, quizá nos lleve a algún…
La novia ya no estaba enfrente.
—¿Qué? ¿Dónde está?
—¿Dónde está quién? —Dijo una voz detrás de ellos.
La mismísima Melanie Ravenswood estaba de pie detrás de ellos, mirándolos fijamente.
—¡Por favor no nos comas! —Se arrodilló Bradley.
—¿Porqué os iba a comer? Es mi boda… —Contestó Melanie.
—¿Tu… boda?
—Sí… Mi amado me espera en el altar, estoy segura…
Los amigos se miraron confundidos.
—¿La boda no fué como… hace tiempo?
Melanie se quedó en silencio por unos instantes.
—No. No ha sido. —Respondió cortante.
—Vale… Felicidades por la boda entonces.
—¿Eh? —Le susurró Bradley—. Pero es imposible que…
Alyssa le dió un golpecito a Bradley.
—Síguela el juego.
—Gracias. —Contestó Melanie con una sonrisa nostálgica, como si realmente fuera una sonrisa de profundo dolor.
—Por cierto, no habrás visto a un hombre por aquí llamado Lucius, ¿no?
—Lucius… Sí, si lo he visto, seguidme.
Tras levantar el candelabro, Melanie empezó a guiar al dúo hacia Lucius.
El suelo crujía con cada paso que daba el trío.
—Mi Viernes por la tarde idílico: siguiendo un fantasma.
—Bradley, no es el momento. No creo que ella nos haga daño.
—Te recuerdo que sus predendientes desaparecieron sin dejar rastro. No quiero que una novia loca me corte la cabeza o algo así.
—Ves demasiados documentales en Internet, Bradley. —Contestó Alyssa poniendo los ojos en blanco.
—¿Dijisteis algo? —Se giró Melanie, con su sonrisa decaída.
—No… Perdona.
Melanie asintió y volvió a posar la mirada al frente.
—Bradley, confía en mí.
—Si muero te mato.
—Por aquí… —Melanie avanzó hasta una sala con un ataúd enorme en el centro.
—Alyssa, dime por favor que con esto ya vas a entrar en razón.
—Ese ataúd no es para nosotros… Creo…
Antes de poder decir nada más, el ataúd empezó a moverse, y ante la atónita mirada de los amigos, una malo esquelética se asomó de él.
—¡Sacadme de aquí, por favor, sacadme de aquí! —Dijo mientras intentaba levantar la tapa del ataúd, sin éxito.
—¡Un zombie, un zombie!
Melanie había seguido su camino sin prestar atención.
—Vámonos de aquí. —Alyssa corrió hasta llegar a Melanie.
—Oye, ¿no has visto eso de ahí? —Bradley tenía la respiración entrecortada.
—Eso es normal aquí… —La respuesta de Melanie fué totalmente inesperada.
—Espera… ¿Te refieres a que sabes que hay fantasmas en la mansión?
—Claro, estás hablándole a uno.
Alyssa y Bradley se miraron sin mediar palabra.
—¿Acaso eres el Fantasma, ese espíritu maligno que habita en esta casa?
—¡Alyssa, no digas eso!
—Por supuesto que no, el Fantasma lleva atormentándonos desde hace mucho.
—¿Desde hace mucho? ¿Y sabes porqué?
—No lo sé… Sólo sé que es muy poderoso, y que siempre está vigilando.
Bradley tragó saliva al oír aquello.
—Eso suena horrible… ¿No hay forma de echarlo?
Melanie miró a su alrededor ante las palabras de Alyssa.
—Creo que sí… Pero sólo lo sabe Madame Leota, una médium que está en alguna parte de esta mansión. Pero nosotros no podemos hacerlo, somos muy vulnerables a él.
Alyssa miró los ojos atormentados de Melanie, sintiendo una extraña sensación en su interior, como si el destino les hubiera puesto allí por algo.
—¿Y si fuéramos a hablar con esa médium nosotros?
—¿Te has vuelto loca? —Bradley se cruzó de brazos cruzados.
—No podemos dejarlos así, tenemos que ayudarlos, ¿no crees?
Bradley miró a la joven fantasma, y suspiró.
—Está bien, pero como la cosa se ponga fea me piro.
Melanie, por primera vez en mucho tiempo, sonrió de verdad.
Pero lo que el grupo no sabía es que el Fantasma lo oyó todo, en las sombras…
En una taberna cercana, el sheriff Edwin Moon esperaba sentado.
—Ah… Aquí estás. —Dijo una voz detrás de él.
El Fantasma entró en la sala, que se inundó de un ambiente pesado sólo con su presencia. En su hombro reposaba un cuervo, su mascota.
—¿A qué viene esta reunión, Fantasma?
—Unos necios mortales han llegado a la mansión. Y parece que se quieren hacer los héroes.
Edwin se rió de aquello.
—Parece que pierdes tu esencia…
El Fantasma le agarró del cuello, y Edwin empezó a temblar.
—Ten cuidado, sheriff, recuerda que hicimos un trato… Y si lo rompes, créeme que hay destinos peores que la muerte.
—S… sí, Fantasma.
Edwin cayó al suelo, completamente asustado.
—¿Q… qué quieres que haga?
—Haz que se vayan y no vuelvan… Y si eso no funciona, invítalos a reposar eternamente. —La risa retumbó hasta en los rincones ocultos del lugar.
—¿Porqué quiere que los ponga a dormir?
—¡Me refiero a que acabes con sus vidas, idiota!
Edwin salió corriendo asustado tras esto, con el Fantasma sacudiendo la cabeza.
