La autoría de Ranma y todos los derechos, pertenecen a Rumiko Takahashi. Esta obra es sin ánimo de lucro y para entretenimiento.
AVISO: Temática adulta. Referencias al uso de drogas. Escenas de contenido sexual.
Capítulo 4 - El show.
La calidez y estrechez lo mareó al borde del desmayo. Jamás había experimentado que un cuerpo encajase tan perfectamente con el suyo, como un guante… como si estuviera hecho a medida.
La tomó fuertemente de la nuca y del glúteo, bajándola hacia él conforme levantaba las caderas, desesperado, queriendo entrar en ella hasta lo más profundo que le fuera físicamente posible. Hasta que no se distinguiera delimitación alguna que pudiera determinar dónde terminaba y empezaba el cuerpo de cada uno.
Akane gimió fuerte, sensualmente, apoyándose rendida en esos musculosos hombros que la sostenían. Se sentía repleta, rebosante de él al punto del éxtasis. Sus caderas se movían al ritmo que imponían las grandes y callosas manos que la asían dominantes, hundiendo los dedos en su piel, en un vaivén de cadencia ondulada, disfrutando la sensación de cómo esa dura y a la vez suave virilidad empujaba sus paredes para abrirse paso, invadiéndola completa.
Definitivamente su amante era sobresaliente en todos y cada uno de los aspectos de su fisionomía.
De pronto y sin soltarla, él la levantó bruscamente para recostarla y colocarse encima. En su embelesamiento, ella no lo percibió, pero fue durante ese movimiento que el joven de cabellos negros había aprovechado para escupir el asqueroso narcótico, que cayó lejos de la cama, perdiéndose en el suelo.
La penetró una y otra vez con furia, con hambrienta desesperación, mirándola fijamente para grabar a fuego en su retina la imágen de esa preciosa mujer derritiéndose, llena de él.
Sus imponentes orbes azules la hacían temblar, la fiereza de esa mirada la sometía al punto de convertirla en una servil y diligente esclava de sus deseos. Mientras más sucios y oscuros, mejor.
Sin cortar el intenso vaivén de su cuerpo, Ranma sostuvo ambos lados de su rostro y la besó muy profundamente, recorriendola invasivo con la lengua, como buscando algo.
En ese momento Akane entendió y abrió los ojos de par en par. Intentó correr la cara pero sus grandes manos se lo impedían y las eximias embestidas que le estaba asestando, torcían su voluntad, haciendo que su cuerpo no le respondiera. De repente el joven cortó el contacto entre los labios y girando la cabeza, escupió la pastillita sublingual que le había robado.
Ella no hizo a tiempo a quejarse, porque rápidamente la tomó suave del cuello y empujando sus caderas rudamente, le habló grave al oído. -No necesitas esas porquerías para que esta noche sea especial… Si quieres alucinar, deja todo en mis manos y disfruta…-
-Hiciste… trampa…- jadeó cerrando los ojos, posando sus pequeñas manos en el ancho pecho del moreno y soltó un lloroso gemido al sentir a ese hombre indomable, rotar sus caderas mientras se mantenía profundamente dentro de ella. -Sí, hice trampa… pero la que recibirá castigo serás tú, bonita- susurró guturalmente entre profundas respiraciones, mordiéndole el cuello con el recaudo de no marcarla.
Ella negó con la cabeza, reuniendo fuerzas para empujarlo hacia arriba, logrando que saliera del hueco entre su rostro y el hombro, y le devolviera la mirada con párpados pesados. Se veía absolutamente hermoso con su largo y oscurísimo cabello, salvaje y revuelto. Unos finos mechones se pegaban a su cuello por el sudor, mientras el resto de la melena se mecía al compás del delicioso vaivén de su cuerpo.
-Me… engañaste… yo te pedí que…-
-¿Acaso quieres que me detenga?- la interrumpió él, haciéndola gritar con una repentina y profunda estocada. Akane se revolvió excitada, acalorada y sensible. Todas sus terminaciones nerviosas parecían centellear en un cortocircuito que le impedía ejercer control sobre sus acciones. El avasallante muchacho salió de ella para girarla sobre el colchón y recostándola sobre su vientre, le corrió suavemente el sedoso y azulado cabello, para dejar a la vista su cuello. Apoyó un puño al lado de la femenina cintura para sostener su peso y lamió despacio desde su hombro de porcelana, hasta la base de su oreja.
Ella sintió su caliente aliento cuando le dijo, muy cerca y muy despacio. -Dime que me detenga…- La chica cerró los ojos y exhaló sonoramente cuando su amante, al no haber recibido respuesta, volvió a invadir lentamente su humanidad, hasta llevarla al clímax.
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Ranma la observaba, sentado contra el respaldo de la cama, tapado de la cintura para abajo con sus sábanas amarillo pastel. Tenía los musculosos brazos cruzados y el ceño fruncido. Sus gruesas y oscuras cejas enmarcaban la mirada reprobatoria, haciéndola parecer más grave y toda su expresión le erizaba la piel. -Deja de mirarme así.-
-¿Así cómo?- respondió, cortante.
-Así, como si tuvieras la potestad de juzgarme.-
-No te juzgo, Akane. Intento entenderte.-
La chica apagó el cigarrillo y terminó de expulsar el humo hacia afuera por la ventana, tiró la colilla en el cesto y se roció perfume en las manos. -No puedes entender lo que no conoces.-
-No puedo conocerte si no me dejas.-
-¿Y quién te dijo que quiero que me conozcas?-
Ranma se llevó las manos hacia la nuca y con un gesto arrogante, trenzó su cabello mientras le respondía. -Pues no parecías tan reservada hace cinco minutos.-
Enojada por la provocación, la chica le lanzó un adorno que él atrapó en el aire. -Eres un idiota. No se suponía que tendríamos esta conversación porque no estaríamos sobrios. Lo arruinaste.-
-¿Acaso preferías que termináramos babeando boca arriba, viendo elefantes de colores?-
La chica bufó y tomó un largo trago de su brandy.
-¿Puedes dejar de meterte porquerías!?- levantó la voz indignado, sentándose molesto en el borde de la cama mientras metía los pies en sus boxers para comenzar a vestirse.
Akane sonrió de costado, finalmente la estaba repudiando como ella pretendía. Le escocía sentir que le generaba rechazo al atractivo muchacho, pero seguía convencida de que lo mejor para él, era alejarse de ella. -No estaría bebiendo si no hubieras escupido mi ácido.-
Ranma se terminó de atar el pantalón y se aproximó a ella. La miró amenazante desde su altura, cubriendo con su sombra a la menuda joven, quien de repente no se sentía tan desafiante. Sin mover la vista, le arrancó el vaso de la mano y lo tiró por la ventana que continuaba abierta.
-¡Oye! ¿Qué haces? ¡Deja ya de tirar mis cosas!-
-Eres la heredera de la escuela Musabetsu Kakutō Ryū. Eres una maldita Tendô. ¿Acaso crees que estás actuando como tal? Deja ya de victimizarte por lo que mierda haya sucedido en tu pasado, que ya es pasado, y espabila, niña boba!-
Desde la entrada del edificio, Shinnosuke vio caer un copón de vidrio que se estrelló contra la acera. Subió la vista ante la sorpresa e identificó fácilmente la ventana del cuarto de Akane ya que era la única del piso que se encontraba abierta.
Esa noche, el castaño se había negado ofuscadamente a asistir a la fiesta de la disquera, optando por internarse en el gimnasio hasta tarde. Opinaba que esas reuniones solo servían de excusa para que la gente se emborrachara o consumiera cualquier porquería que los mismos ejecutivos se encargaban de proveer. Un artista que no está en pleno uso de sus facultades, es un artista manipulable y moldeable, por lo que era una práctica muy común en el mundo de la música y el espectáculo.
Ingresó apurado, preocupado por su amiga, sospechando que al haber ido a esa reunión seguramente había hecho cualquier cosa menos cuidar su salud. Apenas puso un pie en la sala de estar, observó los zapatos que reconoció eran de ella, tirados en el suelo junto a una tela arrugada, de color rojo.
Al tomar la prenda, observó indignado que se trataba de esas camisas chinas que siempre usaba el maldito de Saotome. La arrugó en su puño, apretando los dientes con odio y se dirigió raudo al pasillo de los dormitorios.
Cuando estaba por entrar a la habitación, escuchó la potente voz de su némesis. -...¡espabila, niña boba!-
Esto sí que no lo iba a permitir. ¿Quién demonios se creía para hablarle de esa manera?!
-¿AKANEE? - Los fuertes golpes de Shinnosuke distrajeron a los dos jóvenes que estaban dentro de la habitación.
Ranma la miró serio, de repente parecía nerviosa. -No me importa que ese idiota interrumpa, más vale que te haya entrado en esa linda y torpe cabecita lo que te he dicho.-
Akane se apresuró a recoger y entregarle la camiseta de tirantes y las alpargatas. -N-necesito que salgas, por favor… ¿Puedes usar la ventana?- lo empujaba despacito hacia la abertura.
-¿Me estás echando? P-pero…-
-Akaneee… ¿Estás bien?- seguía golpeando.
-Por favor, Ranma…- lo movía poco y nada con sus pequeñas manos en la ancha espalda.
El alto moreno se clavó en el sitio y la miró a los ojos, entre confundido y dolido. -¿Me ocultas de él? ¿Acaso te arrepientes de lo que hemos hecho?-
-Akane, voy a entrar…-
Los ojos azules se ensombrecieron, llenándose de lágrimas que se negaba a derramar.
Con que la avergonzaba…
Antes de que ella pudiera decir nada, la puerta se abrió de par en par y Shinnosuke entró como una tromba, mirando en todas las direcciones. Su amiga lo observaba con sorpresa, mientras las cortinas ondeaban por el fresco viento nocturno.
No había señales del joven de trenza.
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La mañana siguiente, Ukyo preparaba los huevos revueltos mirándolo de reojo. Estaba taciturno, algo ojeroso y despeinado…
Sentados junto a él en la barra, Ryoga y Ryu comían en silencio, dudando sobre si debían preguntar qué le sucedía. Optaron por hacer esa estupidez que hacen los hombres, que es patear todo debajo de la alfombra e intentar aliviar el ambiente bromeando.
-Oye Ranma, ¿sabías que anoche Ryu terminó con la camisa empapada por baboso?
-¿Cómo que por baboso, idiota? ¡Fue por aceptar tu estúpido desafío!-
-Te veías muy gracioso. El morado del vino combinaba muy bien con el que te dejaré en el ojo, por el golpe que te daré! ¡A quién llamas idiota!?-
-Apuesto a que si salgo de la habitación, ya ni me encuentras, maldito desorientado!-
Un omelette se estrelló contra el rostro de Kumon y Ryoga rió con esos protuberantes colmillos tan característicos. Ukyo tenía la espátula levantada y el ceño fruncido. -¡No te burles de su sentido de orientación!-
El joven de trenza los miraba con las cejas levantadas y el mentón apoyado en la mano, masticando un escarbadientes. No podía negar que encontraba la dinámica tan curiosa como divertida.
-Buenos días.- saludó Shinnosuke. Volvía de su trote matutino con una toalla doblada sobre los hombros. Todos lo recibieron con un cálido saludo, a excepción del joven de ropas chinas, que solo movió la cabeza con gesto adusto.
La tensión no pasó inadvertida para el resto de los presentes. Ukyo, en su eterna y compulsiva necesidad de mantener la armonía, lo invitó a desayunar. El joven de ojos verde agua aceptó cordialmente y tomó asiento al otro extremo de la barra. -Hoy corriste más de lo normal, debes estar hambriento Shinno.- le sonrió la simpática cocinera, sirviéndole un plato de huevos, arroz, tocino crocante y legumbres.
-Sí… estoy muy hambriento. Creo que es porque tampoco comí anoche.-
Ranma lo miraba de reojo, moviendo el palillo de un lado a otro entre sus dientes. Lo enfurecía pensar que Akane no lo tomaba lo suficientemente en serio, como para decirle a ese bueno para nada que habían estado juntos.
-¿Y por qué no cenaste? Ucchan dejó varios contenedores en el refri con las sobras del almuerzo.- le preguntó Ryu mientras se servía más té.
El castaño miró al artista marcial de ojos azules antes de responder. -Llegué del gimnasio y al entrar a casa… se me cerró el estómago.-
-Pues yo cené muy bien.- lo provocó Saotome saltando de la banqueta para irse de la cocina.
Shinnosuke quebró los palillos que tenía en la mano por la brutal presión que ejerció sin darse cuenta. ¿Acaso ese estúpido confirmaba sus sospechas? ¡Akane le había negado fervientemente haber tenido algo que ver con él!
Le había dicho, que la voz que había escuchado era de un mensaje en la contestadora que borró enojada. También dijo que lo de la camisa en el piso junto con sus zapatos, había sido meramente una coincidencia.
Cuando fue iracundo a llamar a la puerta del cuarto de Saotome, el joven le gritó sin abrirle que se largara o le bajaría todos los dientes. Así que, entre su enorme confusión y nerviosismo, lo dejó estar.
Pero la sobradora frase que le acababa de espetar parecía dar a entender lo contrario…
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-Estúpida niña consentida, tonta…- iba murmurando entre dientes con las manos en los bolsillos.
La puerta al final del pasillo se abrió y una recién duchada Akane salió radiante, vestida con un sweater de punto blanco, faldita negra y medias can can a tono, que dejaban ver una pequeña parte de sus cremosos muslos. La miró de arriba a abajo y su estómago se llenó de violentas mariposas.
-B-buenos... buenos días.- la saludó con un estúpido sonrojo que se replicó en el delicado rostro de su compañera de alquiler.
-Buenos días, Ranma…- inclinó su cabeza respetuosamente juntando las delicadas manos frente a sus muslos, en un gesto tan femenino, educado y sumiso, que lo embobó.
Sin decir nada más, el chico se metió en su habitación cerrando la puerta y para gastar esa energía que lo inundaba y amenazaba pulsante en zonas impúdicas de su cuerpo, realizó tres veces seguidas su extenuante rutina diaria de abdominales, flexiones de brazos, dominadas y mancuernas.
Mientras tanto, la chica se sentó a desayunar con Shinnosuke, ya que Ukyo había ido a bañarse y los otros dos muchachos se habían ido a cumplir con su trabajo de medio tiempo en el servicio de mensajería.
-Buen día, Shinno.- lo saludó apoyando sus manos en los fuertes hombros y le dio un beso en la mejilla mientras él levantaba una palma y la apoyaba sobre la suya. -Buen día, Akane chan.-
La miró servir su ración, llevándose una y otra vez los largos mechones sueltos que la incomodaban, detrás de la oreja. Decidido, se levantó y parándose detrás de ella, recogió su cabello en una media coleta, con una suavidad y dulzura que resultaron electrizantes en la sensible piel de la joven.
-G-gracias…- dijo en un susurro involuntario y él se sonrojó, inclinando la cabeza en respuesta.
Volvieron a acomodarse en las banquetas y comieron en silencio, hasta que el muchacho se armó de valor y habló. -Sabes, cuando llegué hace unos minutos, Saotome dijo algo que me dio mala espina.-
Akane tosió al atragantarse un poco, ante la mera mención de ese nombre. No dijo nada, expectante de ver a dónde quería llegar.
-Dió a entender, que anoche le había pasado algo… placentero.-
-¿Ah sí? Qué bien por él…- trató de sonar desinteresada pero se puso colorada como un tomate. Nunca había sido buena disimulando y tenía la mala suerte de que su amigo, tan enamorado, había dedicado 8 largos años de su vida a observarla minuciosamente, sin perder detalle de cada uno de sus gestos y reacciones, por lo que la conocía demasiado bien.
-Sí. Y algo me dice que tiene que ver contigo.- terminó con cierta congoja, asustado por lo que ella pudiera confirmar.
-Shinno ya te dije que era un mensaje de voz y que no tengo la culpa de dónde deja tiradas sus camisas. Quizá volvió borracho…-
-Escuché a Ukyo comentarle a Ryoga que Saotome y tú volvieron juntos anoche. Que te trajo porque se cruzaron al hijo de puta de Lei.-
La chica se apresuró a tomar un sorbo de té demasiado largo, evitando a su inquisidor amigo. Intentó sonar lo más tranquila y convincente posible. -Sí, es cierto. Los Nekonron estaban en la fiesta y me sentí físicamente enferma cuando vi a Kirin. Pero Ranma se apresuró a sacarme de allí y me trajo a casa en su motocicleta. Eso es todo.-
El muchacho siguió observándola seriamente, habiéndola descubierto en su mentira, lo que terminó por molestarla. Se giró a devolverle la mirada. -¿Por qué no te dejas de rodeos y me dices lo que tanto te aqueja?-
-Él no te conviene, Akane. Es un maldito narcisista que te utilizará. Es igual a Kirin, volverás a sufrir! Akane yo… déjame cuidarte…- tomó la mano de la chica que reposaba sobre la barra y la apretó con cariño. Su expresión se tornó dulce y añorante.
La joven se giró en su banqueta y posó ambas manos sobre la del muchacho. -Shinnosuke, tú sabes que te adoro. Eres mi mejor amigo y te agradezco de corazón todo lo que me cuidas y defiendes, tal como lo hago yo por tí. Pero debes entender que tus deseos conmigo no son mutuos. No quiero lastimarte, por favor, entiende que hay cuestiones de mi vida en las que no debes involucrarte, pues no te corresponde. Y con quién me enrede, es una de ellas.-
Los rasgados ojos verdes se nublaron de lágrimas, pero sus labios dibujaron una sonrisa sincera. -Lo sé, Akane. Siempre lo supe. Yo siempre te amaré más que a nadie en este mundo. Simplemente quiero… quiero protegerte. Por favor, ten cuidado con Saotome. Solo eso.-
Ella asintió y parándose entre las piernas de su alto amigo que se mantuvo sentado en el taburete, lo abrazó fuertemente con la intención de trasladar en ese contacto, todo el cariño que sentía por él. Shinnosuke rodeó su cintura y hundió su rostro en el hueco de su cuello, derramando una lágrima que no pudo contener.
Un joven de trenza los observaba desde la arcada que unía la sala con la cocina, con sus gruesas y oscuras cejas fruncidas y los puños apretados.
-Con que esas traemos… maldito abraza árboles.- murmuró invadido por los celos, antes de retirarse sin hacer ruido.
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Finalizada la etapa de la masterización y con el primer single lanzado, la banda se encontraba más atareada que nunca. Las entrevistas para medios gráficos no cesaban y los periodistas parecían fascinados por la dupla vocalista - guitarra líder, ya que, si bien todos los integrantes eran extremadamente atractivos, ambos jóvenes parecían salidos del cine o de una agencia de modelaje.
La revista que tenía a Ranma y Akane en portada había agotado cuatro tiradas consecutivas, por lo que se habían convertido en el dúo predilecto para todos los editores.
El joven Saotome llamaba poderosamente la atención, pues más allá de su cincelado rostro y esculpido cuerpo, se veía por demás curioso.
Su peinado tan característico, su elección de ropa algo extravagante y su actitud entre altanera, graciosa y despreocupada, resultaban hipnotizantes para el público, mientras que Akane era una joven demasiado hermosa para ser real, lo que contrastaba llamativamente con su carácter distante, desafiante y serio. Ello, combinado con sus letras oscuras y voz poderosa, la convertían en un ser inalcanzable al que todos soñaban conquistar.
La pareja a cargo de la representación y legales del grupo, Tatewaki y Nabiki, le habían insistido al más reciente miembro para que se decantara por un look un poco más "occidental" y que no lo ligara tan explícitamente con su otra pasión, las artes marciales, ya que querían centralizar toda la atención en la música y evitar que el foco se bifurcase hacia su carrera, por demás exitosa, como atleta de alto rendimiento.
A regañadientes, había aceptado vestir diferente en sus presentaciones en vivo, intentando estar en paz con su incomodidad al pensar en ello más como un "uniforme de trabajo", que como en un nuevo estilo impuesto por el management.
Esa noche sería el primer vivo. Tocarían un modesto set de cinco canciones, actuando como teloneros de una banda extranjera que venía batiendo récords de audiencia.
Ukyo lucía bellísima con su top azul noche brillante, leggins negras simil cuero y botas media caña. Su hermoso cabello suelto adornado con un listón azul metalizado y el maquillaje estilo ahumado que resaltaba sus ojos azules, cerraban un look espectacular que hacía que a Ryoga y a gran parte de la platea masculina, le temblaran las rodillas.
Los cuatro hombres del grupo habían optado por vestir totalmente de negro, con camisas arremangadas a tres cuartos de sus antebrazos y pantalones de vestir, pero cada uno llevaba un pañuelo de camisa de diferente color: Ryoga amarillo, Ryu verde militar, Shinnosuke azul eléctrico y Ranma rojo. Lucían muy elegantes y daban esa visual de grupo que tanto atraía al ojo del espectador.
Finalmente Akane vestía un ceñido vestido strapless corto, color vino tinto, medias de red que hacían lucir sus largas y bien torneadas piernas mostrando lo justo de piel, tacones negros acharolados, una fina gargantilla de plata que la hacía lucir muy sexy y elegante y su hermoso cabello… bueno, había tomado una drástica decisión que sorprendería y agradaría al grupo en partes iguales.
Su otrora larga melena caía corta, apenas pasando las orejas, que estaban adornadas por pendientes color plata que brillaban refractando las luces del escenario. Su maquillaje coronaba un estilo salvaje pero a la vez cuidado, femenino pero rockero. Era un lujo de mujer.
Mientras las chicas conversaban con el técnico de sonido para comentarle los pormenores de la lista de temas, los muchachos estaban ya en el escenario, terminando de afinar sus instrumentos, muy concentrados y dándose las últimas indicaciones previa apertura del telón, cuando cuatro hombres entraron a saludarlos para desearles suerte.
Ranma se encontraba agachado con su guitarra ya colgada, programando los efectos de su pedalera, cuando sintió una mano en su hombro y vio otra extendida frente a su rostro. -Mucha suerte, Saotome. Estoy muy ansioso por escucharte tocar, me han hablado maravillas de tu talento.-
Los ojos azules recorrieron desde los dedos hasta el rostro y se quedó congelado al ver los ojos rasgados de Kirin Lei posados en él. Le sonreía con amabilidad mientras esperaba que estrechase su mano.
El moreno se paró bien derecho, midiendo su altura y sosteniendo la guitarra al lado de su cuerpo. Luego de observarlo brevemente, le dio la mano a su colega.
Kirin sonrió maquiavélicamente cuando sintió que el joven japonés le apretaba la mano con una fuerza brutal que él decidió replicar. No iba a permitir que este novato intentase amedrentarlo.
-Gracias.- siseó el de trenza. -Espero que disfrutes el espectáculo.-
-Amigo, seguramente disfrutaré la música casi tanto como sé que disfrutaré de ver a la bella Akane. Zhù nǐ hǎo yùn. (Buena suerte)-
Y con eso, llamó a Taro, Toma y Mousse con un gesto de su cabeza para que se retiraran con él.
Antes de irse, Mousse se inclinó hacia Ryu y le habló despacio para que sólo él lo escuchara. -Mucha suerte, imbécil. Sería una lástima que hicieras el ridículo en frente de Xian Pu. Escuché que andas interesado en ella.-
Kumon sonrió burlón e imitando el gesto, se inclinó hacia Mousse. -Interesada estaba ella en que no la dejara en su casa sin echarle al menos cinco polvos, cieguito. Llegaste tarde.-
El chino alzó su brazo para asestarle un puñetazo pero Taro lo tomó del codo. -No vale la pena Mousse, no queremos conflictos con Happosai. Vamos.- y mirando al baterista con asco, lo arrastró fuera del escenario mientras Ryu les lanzaba besos.
Ranma miraba su mano, en conflicto con lo que sentía. Si bien el líder de Nekonron lo había saludado con aparente educación, la tensión que se había generado al mero momento de entrecruzar miradas, había sido por demás abrumadora. Sus agudos y bien entrenados sentidos le indicaban casi con certeza que tanto él como Kirin se inspiraban la misma aversión.
Y es que el artista marcial no lo sabía, pero desde la noche de la fiesta, Lei se había dedicado a averiguar todo lo que pudiera sobre el muchacho de trenza que se había llevado a Akane y cuando se enteró de que aparentemente podría existir una incipiente relación entre ellos, se había determinado a separarlos.
Para Kirin, Akane fue, era y sería siempre suya.
Moldeada a su gusto y antojo. Inocente, ignorante, dócil y perfecta. Manipulable y complaciente, perturbada y marcada por él. Desvirgada, corrompida, atormentada… su propio proyecto personal.
Y ahora que había llegado a sus oídos la existencia de un posible contrincante, de un hombre que finalmente podría interesarle a su siempre desinteresada muñequita… no pensaba cederla.
