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El Negocio Perfecto

-Capítulo 6: Cuando la sorpresa llama a tu puerta-

"En este mundo que habitamos, todo está sujeto a cambios continuos e inevitables".

Jean-Baptiste Lamarck

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Me quedé en el sillón toda la mañana. En pijama, sin lavarme la cara, medio dormida con la frazada que había traído de mi habitación.

Mi hermano llegó de la escuela, dispuesto a sacarme desupreciado asiento, quería ver sus tontos programas deNickelodeon.Yo le dije que se largara y me dejara tranquila. Se adelantó a mí, dispuesto a tirarme un golpe, papá lo detuvo y lo regañó. Casi me carcajeé por ver cómo lo reñían "injustamente", pero no tuve ganas de reír…

¡Oh… estaba tan aburrida!

Después de la fiesta para Shion y su novia soy-la-mujer-más-perfecta-del-mundo, todo había vuelto al curso monótono y angustiante que había resentido antes de que me pidiera organizar la dichosa reunión de bienvenida. Y todo por culpa de ese hombre rico y de familia problemática. Había estado sobre mí las últimas semanas y ahora ni siquiera un mensaje de texto podía escribirme.

Lune estaba igual… Desaparecidos los dos. Aunque al menos él me había contestado un email.

"No hagas tonterías.

Continúas libre por los próximos días…"

Claro, si a eso podemos llamarlerecibir noticias, ya estaba bien informada.

Me escuché resoplando, ahí desparramada en mi lugar. La televisión estaba repitiendo esa película de Julia Roberts donde es una afortunada prostituta que encuentra al hombre perfecto, millonario y de buenos sentimientos.Puaj, qué mundo tan raro es el de la ficción… Sí, lo sé, el señor Minos había resultado ser menos pedante de lo que yo pensé. Pero de eso a que se enamorara de mí…

Suspiré de nuevo…

Cambié de canales sin siquiera poner atención a lo que veía. Escuché a la abuela roncando en el sillón de al lado, ella también se había aburrido. Envidié lo fácil que era para ella quedarse dormida. Un buen sueño no me vendría nada mal.

—Ya deja ese control, hija. Le vas a sacar los botones.

Mamá estaba atrás de mí, con las manos en la cintura. Mi hermano le había lloriqueado hasta hartarla con tal de que le dejara la tele de su habitación. Ahora estaba aquí en la sala para quitarme a mí la mía.

Le pasé el control.

—Ponle a donde quieras.

Me tomó la palabra y me quitó el control para ir a sentarse junto a la abuela. Estuvo cambiando un par de veces sin encontrar nada. Hay días en los que la televisión es muy aburrida, ¿no?

—Ya me voy… —ese era papá. Había llegado ayer y tenía que volver a realizar otro viaje.

Mamá se levantó un momento de su lugar: —Cuídate.

—Sí, regreso en una semana… Adiós, Agasha. Despídanme de la abuela y de Celinsa.

—Adiós, papá… —apenas alcé la mano. Pocas cosas me disgustan tanto como verlo marchar. No sé cómo mamá pudo casarse con un operador de autobús.

Volvimos a nuestro dilema con los canales cuando cerró la puerta. Mamá optó por un programa de espectáculos. Quise decirle que no lo hiciera, pero todos ahí dentro de la caja de vidrio parecían muy concentrados en lo que Scarlett Johansson, y sabe cuántos famosos más, harían en Navidad, por lo que el tema dichoso de mi relación con mi jefe quedó recluido. Al poco tiempo, sentí la mirada de mamá sobre mí. Frunció el ceño.

—¿Ya no vas a ir a trabajar? —dije que «no»—. ¿Y cómo piensas mantenerte?

¿Acaso comenzaba a ser un estorbo? —Élme da dinero, mamá.

—Agasha…

Aquí íbamos… comenzaría a sermonearme otra vez. "¿Estás segura que es correcto?", "¿Cuánto tiempo va a durar esto?", "Está bien si es algo serio pero, ¿cómo sabes que no te botará?". Bla, bla, bla… He ahí la razón por la cual no quería estar en casa. Incluso papá había optado por no decir nada. Tal vez, hasta él sabía que esto no era nada formal. Parecía que todos intuían que el señor Minos no podría tomar en serio a alguien como yo…

—¿Qué miran?

¡Gracia al cielo, Celinsa había llegado a rescatarme! Me replegué aún más para darle espació junto a mí. Ella y mamá comenzaron a hablar sobre los arreglos para la boda. Aún era demasiado pronto pero querían ir cuanto antes a mirar salones y vestidos de novia. Me invitaron a ir con ellas, pero les dije de inmediato que tendría que ir a ver a minovio…Una mentirilla que me salvaría de pasar las próximas horas oyendo su embeleso.

Sí, sí… Aún tenía un poco de envidia.

Cerré los ojos, tanto encierro me embotaba la cabeza y ya la sentía adolorida. Casi estuve a punto de dormirme cuando mi mamá echó un quejido con mi nombre:

—¡Agasha!

Entreabrí los ojos, más valía que no se tratara de un comercial anunciando algún electrodoméstico. Pero… en cuanto vi a medias la televisión mis ojos se dilataron. Me senté rápidamente para mirar mi cara, una fotografía de mi certificado universitario. ¡¿Cómo la habían conseguido?!

El título anunciaba algo embarazoso:

«AGASHA EMINRETH: Novia afortunada u oportunista…»

El conocido periodista de espectáculos comenzó a dar la nota mientras imágenes borrosas de mi fiesta de presentación pasaban por la pantalla.

—"Aquellas ideas sobre una posible farsa pueden ser más que rumores… Tenemos información, de muy buena fuente, de que probablemente todo ha sido una estratagema utilizada para cautivar a los fanáticos de la familia Van der Meer. Y Agasha Eminreth, a quien su…—aquí rio—,sunovionombró como de nobles sentimientos, podría ser sólo una caza fortunas que encontró en Minos Van der Meer su mejor apuesta".

Apreté los dientes. No… No podía ser cierto. Una cosa era saber que en efecto todo era una mentira. Pero que ahora me llamaran "caza fortunas", y dijeran que era yo quien se aprovechaba de mi jefe. ¡Aah… qué clase de periodismo es ese! Antes de arrojarle mis pantuflas a la televisión, me detuvo la nueva imagen que apareció en la pantalla. Ahí estaba, la recatada fuente de la que hablaban. La Medusa contemporánea, con unos enormes lentes de sol y su bonita boca pintada de rojo.

—"…Estoy algo cansada de que me pregunten si pienso que todo esto es una mentira o no. La verdad, ¿eso importa? Todos estamos seguros de que este teatro es una estrategia formada por el abogado de los Van der Meer… Oh, y yo lo quería tanto. Pero si él es feliz con esa mujer, apoyo su decisión aunque…—se quitó los lentes para mirar a la cámara—:Minos, cariño, ¿por qué no buscas a una mejor mentirosa? ¿O hay alguien aquí que se crea su historia?"

Las personas que la rodeaban se rieron, incluso el reportero que la entrevistaba se carcajeó junto a ella…

Celinsa tuvo piedad de mí y se levantó para cambiarle.

—Es obvio que sólo están mintiendo, Agi. Ellos quieren hacerte sentir mal. No hagas…

—¡Basta! —me levanté arrojando mi frazada—. ¡No entiendes nada! Ellos no… Yo… yo…

Corrí hacia mi habitación. Mamá me llamó, furiosa por haberle gritado a mi prima. Ambas llamaron a la puerta, pero no abrí. No quería verlas, no soportaba sus rostros decepcionados… Sí, ¿acaso me creían una idiota? Era obvio que ellas también sabían que todo esto, este estúpido trato, era sólo una mentira. Y ahora podían burlarse de mí, periodistas, millonarios, incluso mi familia.

Incluso usted, señor Minos…

Con todo su dinero, con toda su historia familiar cruda e igual de decepcionante, también él podía tomarse un tiempo de relajación y divertirse a mis expensas. Si sólo era una oportunista, una cazadora de hombres ricos… ¡me merecía todo esto, ¿no?!

No escuché cuando Celinsa y mamá dejaron de insistir. Me quedé tendida sobre las cobijas que usábamos de cama improvisada para mi prima. Llorando llena de rabia, por fin me pude dormir.

Me desperté con la cara adolorida. No era buena idea dormir en algo tan plano y sin almohada. Amodorrada, miré a mi ventana, luego a mi reloj en la muñeca.

3:47…¡Había dormido por más de dos horas! Mamá tenía razón en estar preocupada, me estaba convirtiendo en una holgazana. Me estiré, sólo atraje más sopor a mi cuerpo. Me arrojé a mi propia cama y casi a punto de dormirme otra vez, escuché que algo rascaba la puerta. Me puse de pie y abrí, el «pequeño señor Minos» se metió confianzudo a mis aposentos, se había escapado del corral donde lo teníamos en el patio.

Me senté en mi cama, viéndolo inspeccionar los rincones. ¡Nada más le faltaba marcar su territorio en mis cosas! Pero él se acercó después de un rato, me olisqueó y se paró en sus pequeñas patitas traseras hacia mí.

Bueno, bueno, admito que sí era algo tierno.

Le rasqué su cabecita, al menos ya no me gruñía. Oh, si tan sólo su copia humana pudiera volverse así de tranquilo…

—Agasha —miré hacia mi puerta. Fruncí el ceño, era mi hermano.

—¿Qué quieres, Pefko?

Se metió a mi habitación: —¿Y mamá? Me dormí en su cuarto un rato y ya no están ni ella ni Celinsa.

—Fueron de compras.

—¿Y por qué tú no fuiste? —se sentó junto a mí. Agarró al perrito y lo subió con nosotros.

Encogí los hombros: —Me aburren esas cosas… —me interrumpió su risa burlesca.

—Aah, sí, claro… Mamá dijo que te compraste sabe cuánta ropa y ahora resulta que te aburre.

Entorné los ojos, no iba a darle explicaciones a un niño inmaduro. Pefko jugueteó un rato con el «pequeño señor Minos».

—Vi lo que dijeron de ti por televisión —soltó. Ahora sí me hizo enojar.

—Me da igual, niño. Puedes burlarte también de mí si quieres. No me interesa…

Me levanté.

—Pues de hecho sí me burlé. Al principio, cuando pasaron tu cara llena de maquillaje… Y luego besando a ese sujeto,iiiaak,¡qué asco!

Apreté los puños, le atinaría uno en su cabezota…

—Pero luego me dio mucho coraje que dijeran que eres una mentirosa. Eres molesta y violenta pero… ¿mentirosa? ¡Qué tontos! Quería patearles el trasero cuando lo dijeron.

—¡Pefko! —si papá y mamá lo oyeran… Pero el alzó el rostro y me sonrió, malicioso.

—Oye, Agasha… Sé que tú y yo somos enemigos naturales, pero, si esos inútiles vuelven a decir esas cosas, ¡los machacaré a golpes! Y eso va para tu noviecito también. Ni pienses que me asustan sus millones.

No pude contenerme. Lo apreté fuerte con los brazos. Hacía mucho que no lo abrazaba. Peleábamos, pasábamos demasiado tiempo atentos a nuestros asuntos… Casi me había olvidado de lo afortunada que era por tenerlo conmigo.

—Tonto… —murmuré—. Eres muy tonto y un malcriado.

Lo rodeé más. El «pequeño señor Minos» gruñó, apretujado y sin aire entre los dos.

—Aaay, ¿qué haces? Alejate, ¡es vergonzoso! —Pefko trató de apartarse. Lo dejé ir no sin antes darle un ataque de nudillos en su cabeza. Gritó, adolorido—:Oouch, eres una agresiva, ¡una mujer monstruo!

Le soné otro suave golpe, sonriendo: —Y tú eres un quejumbroso —lo miré, una idea pasó por mi cabeza.

—Vayamos a pasear aLuckyal parque, ¿qué dices?

Mi hermano me miró también, dudoso.

—No lo sé… Si salgo contigo puede ser que mis amigos se burlen de mí y yo...¡aaauch!¡Agasha! —se sobó el nuevo golpe que le di. Me crucé de brazos, no iba le iba a permitir negarse, aunque volviera a comportarse como un chiquillo sin neuronas. Además tenía la herramienta ideal para engancharlo:

—¿Y si vamos jugar videojuegos después de eso? —ofrecí, y claro que él aceptó.

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Paseamos al «pequeño señor Minos» –Luckypara el resto de mi familia–, en el parque central donde ese mismo condenado perro me había hecho pasar mi mayor vergüenza. Mi hermano tuvo que quitármelo un par de veces, él era mejor que yo en eso de guiar a un perro.

Sabía que llevar a Pefko conmigo me costaría, pero nunca imaginé quétanto…

Palomitas, helado, algodón de azúcar, manzana con caramelo, hot dogs, salchichas asadas… ¡Ese niño comía como una ballena! ¿En dónde guardaba tantas calorías? Y que no me viniera con esas ideas de que era un adolescente en pleno desarrollo. Yo también lo fui y no me atragantaba de esa manera. Qué fortuna tener una cuenta de ahorro, o ese niño me habría dejado en la ruina.

Y sus energías no eran menos gigantescas. Caminamos durante una hora y el seguía brincoteando detrás deLucky.Cuando propuso escalar otra planicie en el camino tuve que decirle que "no, gracias". Estaba agotada y lo esperaría en una banca junto al trayecto. Sí, tenía las fuerzas de una anciana, pero no me culpen. Meses sentada en una oficina, tecleando y haciendo llamadas. El único ejercicio que hacía era el de mi brazo colgando y descolgando el teléfono. No me juzguen si ahora parecía una vieja…

Además, el aire de la tarde en el parque le sienta a uno bien si ha estado todo el día encerrado. Escuché el canto de los pájaros en los árboles y me adormilé, ya sin frustración. Hasta me olvidé de las tonterías de Pandora y los canales de espectáculos. Mi buen ánimo se había restaurado por completo cuando Pefko regresó corriendo. Había otros chicos junto a él cuando llegó hasta mí.

—Me los encontré hace un rato —eran sus amigos de la escuela. Prácticamente estaba diciéndome que ya era hora de que yo me regresara a casa sola. Pero me vio intensamente un momento.

Aah, eraeso…

Saqué el dinero que se supone habríamos gastado jugando videojuegos. Sus amigos sonrieron victoriosos.

—No se lo gasten todo —advertí, pero ellos ya estaban corriendo. Sin duda, lo despilfarrarían…

Me senté nuevamente. Qué envidiable es la juventud cuando no está en problemas…

El «pequeño señor Minos» ladró hacia la dirección por donde ellos se habían perdido. A los dos nos habían desplazado muy fácilmente. Suspiré… El perro siguió ladrando, le di un empujoncito con el pie.

—Calla, no seas rencoroso… —le acaricié la cabeza y él me gruñó. Ah, ¡volvíamos al mal humor!

Lo levanté y lo dejé en mi regazo aunque se batiera como un pez fuera del agua. Se calmó cuando lo estrujé contra mi pecho, era mi estrategia para hacerlo regresar a su buen genio. Gimió triste unos segundos hasta quedarse callado y acostado en mis piernas. Era tan pequeño que cabía perfectamente. Pasé mis dedos en su pelo grisáceo. Ambos volvimos a apaciguarnos con el aire fresco entre las ramas.

No sé cuánto tiempo pasó, hasta que me di cuenta de que la cabeza de mi «pequeño señor Minos» estaba girada en mi dirección. No pude evitar acordarme de mi jefe nuevamente, y fue triste darme cuenta de que sólo su copia canina podría sentirse así de bien en mi compañía. Aunque, por un momento, olvidé todas las maldades que había cometido en mi contra, y deseé que, así como yo, él, algún día, en algún lugar, pudiera sentirse igual de tranquilo. Aunque fuese con alguien más…

Bajé aLuckyde mi regazo y lo sujeté de la correa. Caminé en dirección a casa cuando mi celular vibró con su llamativoringtone.Me emocioné, como llevaba haciendo las últimas llamadas. Podría ser él…

Pero mi alegría se disipó al ver la pantalla. Era Celinsa.

¿Agi? ¿Cómo estás? ¿Saliste de tu casa? Estamos llamando pero nadie contesta…—la abuela seguiría dormida, seguro. Le dije en dónde estaba. Pareció aliviada… —Qué bueno. Tú mamá dice que… bueno, no sé si tengas ánimo, pero… ¿quieres venir a cenar con nosotras? Estamos en el mismo lugar de la otra vez, ¿recuerdas?

Le dije que sí, me acordaba. Pero dudé… Después de lo de las noticias, estar en público era lo que menos quería. Aunque, también recordé mi actitud con mi prima. No, mi actitud con toda mi familia. Siempre distante y amante del trabajo, disgustada con ellos por hablar de mi negocio con el señor Minos como si tuvieran la culpa de mis tonterías. Vaya… Y decía que Pefko era el inmaduro.

—Voy para allá.

Corrí a dejar a mi acompañante canino en casa y llamé a un taxi para que me llevara al centro comercial. Algo se removió en mi estómago cuando vi el farol donde había encontrado a Shion la última vez. Me metí rápidamente al restaurant de comida griega. Mamá y Celinsa estaban en una mesa en la esquina, agradecí su consideración. Mi prima nos sugirió platillos y nos platicó lo emocionante que era preparar comidas de países extranjeros.

—Si no eres cuidadoso con los ingredientes puedes matar de intoxicación a tus comensales… —entrecerró los ojos, meticulosa—. A Teneo casi lo demandan por eso. Pero descuiden, yo probaré primero lo que nos traigan. Si acaso dejo de respirar, sabrán si lo tienen que comer o no.

Mi mamá se asustó, y eso no hizo más aumentar mis carcajadas. Ojalá todas mis salidas fueran así de divertidas. La comida estuvo igual de bien. Fa-so-la-da, es el platillo que habíamos probado en nuestra última visita. Sin habladurías o miradas indiscretas, todo me supo delicioso. El mesero se acercó para ofrecernos algún digestivo, yo propuse una botella de vino blanco. Celinsa se apresuró a negar.

—Será costoso después…

Yo contra repliqué: —Es para celebrar oficialmente lo de tu boda.

Era la verdad. Tantas cosas habían invadido mi cabeza y mi vida que no presté la atención correcta a la alegría de mi prima. Daba igual si me sentía miserable por ser una solterona mentirosa; estaba feliz por ella. Brindamos en su favor, deseándole lo mejor. Celinsa casi se puso a llorar, se enjugó unas lágrimas de los ojos antes de que le arruinaran el delineador.

El mesero nos ofreció un postre, pero estábamos demasiado abotagadas. Preferimos pedirlo para llevar, mamá quería continuar nuestra pequeña celebración en casa con mi abuela y mi hermano.

Nos trajeron la cuenta junto al pastel en su caja. Mamá y mi prima me miraron, ella torció el gesto, nerviosa. Ah, ahora entendía por qué me habían invitado… Aun así, pagué. Estaba dispuesta a ser utilizada una vez más, la alegría de Celinsa lo ameritaba.

Salimos del restaurant. Me sentía agradecida… ¡estaba ilesa, nadie me había mirado ni murmuraron cosas!

Mi prima me tomó de las manos y me apartó un momento. Sus ojos brillaron.

—Muchas gracias, Agi. Perdónanos por dejarte pagar…

Yo le dije que no se preocupara. Que le agradecieran a mi jefe y su cuenta infinita… Le sonreí.

—Estoy feliz de que estés aquí, Celinsa. Nos hacía falta tu buen humor.

Ella rio y me abrazó. —¡Gracias, gracias! ¡Oh, Agasha…! Un día te veré así, feliz. No te preocupes por lo que los otros digan. Tú conseguirás una vida plena, te lo aseguro.

Fue triste escucharla. De alguna manera, Celinsa sabía que mi vida actual no era "plena"… Sus deseos de felicidad iban encaminados a ese destino que ella tendría con Teneo, lo sabía. ¿Cómo decirle que lo que las personas hablaban de mí no estaba tan alejado de la verdad? Asentí, y le di las gracias.

—Iré a buscar un taxi —les dije y salí hacia las aceras del centro comercial.

Asomé la cabeza hacia la avenida, pero ni uno solo de los carros amarillos aparecía. Me adelanté unos cuantos pasos, rumbo a la esquina para buscar en la calle de al lado. Pasé junto un tumulto de personas, todas formadas para entrar al restaurant de un hotel. ElVergonnianera más concurrido por sus ofertas decembrinas.

De pronto, me paralicé. La imagen de un hombre con una cámara me cortó el aliento.

Oh, no, oh no…

Pero él corrió y me pasó de largo como si fuese invisible. Giré en mi eje para verlo. Se unió a otro grupo de reporteros. Se congregaron a la salida del famoso restaurante, la gente comenzó a acercarse también. Mi curiosidad me dominó de nuevo. Caminé unos cuantos pasos, sólo vería quién saldría y luego me iría a por mi taxi.

Nadie salió. Me di cuenta que no esperaban a algún comensal dentro del restaurante sino a alguien que llegaría a éste. Una limosina se detuvo, los carros atrás se quejaron con pitidos. La gente se emocionó cuando el chofer abrió la puerta de los pasajeros. Un hombre de cabellos rojos fue el primero en salir y le ofreció una mano a quien sea que estuviera dentro. Pandora asomó la cabeza y ambos caminaron felices de la vida hacia el restaurant… ¡tomados del brazo!

¡Qué descaro! El señor Asterion y esa mujer…

Los reporteros los asediaron. Hacían preguntas de la compañía, de los "recientes hechos" que implicaban al señor Minos. Y él se detuvo, alzó la mano y meneó la cabeza. Sus palabras llegaron muy claras a pesar de la distancia.

—Siempre lo he dicho… De todos mis hijos,éles quien siempre me ha dado las peores decepciones. Es lamentable que yo lo diga, pero, soy su padre y tengo que opinar al respecto. He escuchado lo que ustedes han dicho sobre todo esto y, sinceramente, apoyo sus palabras. Estando aquí, con esta mujer llena de clase, cualquiera pensaría que mi hijo es, o un mentiroso o un completo imbécil por cambiar a tan buen prospecto. Pero… No se alarmen, ésta no es la primera vez que toma decisiones tan absurd…

—¡Cállese de una vez!

¿Esa había sido yo? ¿Cómo había llegado hasta ellos? No lo supe… Sólo tenía esa sensación en mis entrañas, quemándome. Las palabras salieron de mi boca sin que pudiera evitarlo.

—¡No hable de ese modo! ¡No hable como si lo conociera! Usted… ¡Ustedes no son nadie para burlarse asíél!¡Pare de decir tantas mentiras!

Sentí las miradas de todo mundo en mí. Aah, cielos… Ahora sí estaba metida en problemas. Los camarógrafos se alejaron lo necesario para hacer una toma completa de los tres.

Pandora soltó una risita, colgándose todavía más del brazo del señor Asterion.

—Ahí la tiene… ¿no le dije que era todo un caso? Es realmente fea cuando se enoja, ¿no lo cree? Y pensar que Minos se acerca a besar a una chiquilla tan… amorfa.

Agaché el rostro… Recordé lo ocurrido en la terraza. Su cara histérica. El señor Asterion rio también, inclinándose a mí para inspeccionarme.

—Sí, bastante fea. Y muy malcriada… —alzó el mentón, fulminándome—: Tienes agallas para atreverte a darme una orden. Pero, ¿qué pasa? ¿Te asusto ahora que estamos de frente? —temblé, su mirada pesaba, ¿cómo pude comparar su presencia con la del señor Minos?—. Te crees muy lista por salir con uno de mis hijos, ¿no es así? No eres más que una pobre desahuciada, una secretaria que pasea en un auto pagado por mí. Pobre niña, pobre niña… Mi hijo se divierte contigo y te piensas muy importante. Pero él también es un niño malcriado, ¿no crees? Una pareja ideal de vástagos inútiles, se divertirá mucho usándote y luego te escupirá como sólo sabe hacerlo un Van der Meer.

Le estiró el brazo a Pandora. Ambos se metieron al restaurant seguidos por la gente y la mayoría de los reporteros. Los que se quedaron conmigo repitieron la misma pregunta.

—¿Tiene alguna respuesta a las palabras del señor Asterion?

"Señorita Agasha…"

"Señorita Agasha…"

Siguieron gritándome. Me persiguieron cuando caminé hacia donde había dejado a mamá y Celinsa. Una nueva oleada de pesar me dominó cuando las vi a corta distancia: habían presenciado toda la escena. Ninguna comentó nada, pero sus gestos compasivos hablaban más que cualquier palabra. Celinsa fue quien logró parar a un taxi, los reporteros siguieron acosándome pero mamá les gritó como una fiera airada que se largaran de una vez. Gracias al cielo por ese instinto maternal…

Llegamos a casa sin que lo notara. Mi prima se encargó de llenar a todos de su buen ánimo sacando el pastel que habíamos traído con nosotras. Mi hermano se emocionó igual que la abuela; en mi familia, comer un postre de esa clase sólo ocurre en ocasiones muy importantes. Así que cortar las rebanadas y degustarlo con café, convirtió a nuestra noche cualquiera en algo especial. Yo no quise arruinar la velada y decidí quedarme con ellos aunque todavía sintiera el temblor de mis rodillas.

Aproveché la primera oportunidad para escapar sin que ellos pudieran ofenderse.

—Iré a conectar mi celular —la pila estaba baja. Ellos me dejaron ir.

Subí a mi habitación y puse el cerrojo. No quería que alguien entrara repentinamente y me sorprendiera en ese estado. Era patética, sin duda. Allí sola, pude reprocharme a placer mi estupidez. ¡Había sido tan ridículo! Me había arrojado a gritarle a ese hombre, temeraria como una heroína de película, sólo para terminar avergonzada en público, ¡otra vez! Había tenido tanto miedo… Su presencia era aterradora y sus palabras demasiado crueles.

"Sí, bastante fea… Mi hijo se divertirá mucho usándote…"

Lo ocurrido en su oficina pasó por mi cabeza. Sus manos tocándome… Su forma de besarme, ¿besaría así a cualquier mujer que le pasara en frente?

Sí… torpe, estúpida, soñadora. ¿En qué momento creíste que sería diferente? ¿Me daban unos tulipanes, me besaban cariñosamente y me decían que me amaban y yo le creía? Y… ¿dónde estaban mis revoloteos por Shion? ¡Ahora sufría por segunda vez! ¡Porque nuevamente me había engañado YO misma y era el mundo quien me traía a la realidad!

Celinsa vino a por mí. Me excusé diciendo que estaba poniéndome mi ropa de dormir. En cuanto lo hice y dejé mi cara libre de mis estúpidas lágrimas, fui con ella de nuevo a la cocina con los demás. Mi celular quedó conectado al cargador, junto al jarrón donde mis flores casi habían terminado de marchitarse.

~O~

Todos se fueron a dormir demasiado pronto. Mañana era sábado y acordamos ir a un centro acuático. Aunque hacía un frío de los mil rayos, a mamá le entusiasmaba la idea de usar los cupones a que mi hermano había ganado en un concurso de natación. Créanlo o no, Pefko era bueno con los deportes.

Por esa razón decidimos acostarnos antes de la medianoche, necesitaríamos bastantes fuerzas –yo en especial– si queríamos resistir el ajetreado día que nos esperaba.

Yo me quedé en la sala nuevamente. Terminaba mi día como había comenzado, tirada en el sillón, con la televisión encendida en algún canal que no tuviera estupideces de espectáculos.Luckyhizo ruido con sus patitas cuando volvió a escabullirse desde el patio y se acomodó a los pies de mi lugar. Estiré la mano y le rasqué la barriga, parecía agotado luego de la jornada en el parque. Y con lo loco que era mi hermano, lo comprendía muy bien…

Mis ojos comenzaron a cerrarse. Tenía frío, mi frazada estaba en el cuarto otra vez, pero no tenía ánimo para dejar mi cómodo sitio e ir a traerla. Seguí acariciando la cabeza de pelo gris, perdiéndome en medio de mis sueños, cuando escuché pasos en las escaleras.

—¿Agasha? ¿Estás despierta? —era mi prima, se me acercó y me estiró el brazo con algo en su mano—. Tu celular ha estado sonando.

—¿Qué…?

Ya estaba medio dormida. Con dificultad lo tomé y miré a la pantalla. Todo mi letargo se quitó en un instante. Eran cinco llamadas perdidas, todas de Lune… Iba a remarcar su número cuando un sonido fuertísimo se oyó en la puerta de entrada. El celular se me cayó de las manos y Celinsa dio un brinco. Siguieron tocando, quién sea que fuera estaba apurado.

Mamá salió de su habitación, apretándose la bata de dormir. Habría reído por su pelo revuelto pero me apresuré a la puerta.

—¿Quién es?

Otros golpes sólidos fueron la respuesta. Me asomé por la mirilla, se me cortó la respiración. Abrí de inmediato, tranquila por verlos, desconcertada por esa escena tan extraña.

Sí, era Lune… Y Byaku estaba del otro lado. En medio de ellos había un hombre, cada uno sostenía uno de sus brazos en sus hombros. Reconocí al señor Minos.

—Lamentamos la intrusión, pero estuve llamándote y no contestabas —Lune afianzó más su agarre.

—¿Qué…? ¿Qué sucedió?

Lune apretó los labios, como buscando las palabras. —Estuvo bebiendo. Toda la tarde… Queríamos llevarlo a casa pero el insistió con la idea de verte.

¿Verme…?

—No hagas caso, está fuera de sí…

—¿Fuera de mí? —de pronto, el casi muerto que traían a cuestas levantó la cabeza. Los ojos vidriosos del señor Minos me observaron—. Mírenla… Allí está… —rio, se alejó de ellos y caminó en mi dirección—. Justo a la chica que quería ver… ¿No es maravillosa?

Tropezó, carcajeándose. Se me echó encima, menos mal que preví sus movimientos y resistí su peso.

Su aliento me quemó en la oreja. Sólo yo lo escuché.

—Apuesto que tú no vas a traicionarme, ¿cier…to?

Antes de que pudiera decir nada, Lune y Byaku se adelantaron para apartarlo, gritándole que tuviera cuidado. A ellos se sumaron las expresiones de indignación de mamá y Celinsa. Pero los brazos del señor Minos se cerraron en mi espalda cual coala aferrado a un árbol…

Lune insistió. —Por favor, señor Minos…

Le hice callar levantando un brazo.

—Deja que se quede.

Mamá aulló enfurecida, Lune y Byaku se miraron, dudando. Al final, Lune suspiró. Ambos lo sostuvieron de donde fuera posible, mientras yo lo dirigía hacia el sillón. Tratamos de recostarlo y él se quejó como un niño. Aumentó la fuerza de sus brazos en mi espalda y me asió con él. Mamá volvió a quejarse y se fue echando humo hacia su habitación, yo sólo quería reír… ¿Quién diría que llegaría el día en que mi jefe dependiera de mí?

Por fin, logramos zafar sus brazos de mi cuerpo. Me quedé sentada a su lado, ya había cerrado los ojos aunque seguía murmurando cosas que ninguno de nosotros comprendimos. Sí, completamente ebrio.

—Jamás había bebido así —Lune lo observó, preocupado.

—¿Y tienes idea de por qué lo hizo?

Negó. —Salió de la oficina y se fue directo a un bar. Nadie sabe por qué. Estuvo distante los últimos días…

Miré al señor Minos. Sentí pena por él… Quizá el asunto con su padre sí había acabado con sus fuerzas.

—Nos quedaremos a cuidarlo —indicó Lune.

—No. Yo lo haré… Es decir… No creo que a mi madre le caiga bien la idea de tener a muchas personas aquí. No se preocupen, me aseguraré de que esté bien.

Lune hizo una mueca, pero tuvo que aceptar. No le quedaba otra opción. Byaku y él se encaminaron a la puerta, fue Celinsa quien los despidió, pues mi mano continuaba apresada por los dedos del señor Minos. Mi prima regresó al cabo de un rato, nos echó una mirada traviesa. Sonrió y subió a dormir sin decir nada. Mamá volvió a salir de su cuarto, su expresión era de pura indignación.

—¡Eso era lo que faltaba, Agasha! Un borracho… ¡Ahora tendrás que soportar estas actitudes y…

—¡Mamá! —murmuré entre mis dientes, también enojada—. Sólo esta noche, ¿quieres? Sólo hoy…

Soltó un gemido de odio hacia mi jefe, y tal vez hacia mí también. Pero regresó a su cuarto y ya no salió. Eso me devolvió la calma. Sola nuevamente, pude pensar bien en lo ocurrido. Miré el rostro dormido del señor Minos, sus mejillas estaban rojas y parecía que le ardían. Oyéndolo ronronear como un gato, tuve la misma sensación que me había llegado en el parque al abrazar aLucky.Asimilarlos en otro rasgo me hizo reír otra vez.

Me atreví a pasarle una mano entre su cabello revuelto.

—Pobre señor Minos…

¿Por qué habría bebido tanto? ¿Sería realmente culpa de su padre? Con un hombre así, cualquiera querría beber hasta olvidar que lo ha tenido enfrente… Acordarme de él me trajo el mismo malestar que había sentido por nuestro encuentro en elVergonnian.Tal vez estaba siendo aún más tonta de lo que ya era al cuidar a mi jefe cuando él sólo cumplía un trato conmigo.

Mi mano se detuvo en su cabeza. ¿Y si esto era una burla más…?

Sus labios se entreabrieron, soltando más de sus murmullos. Me incliné para tratar de descifrarlos… Volví a sonreír cuando lo entendí.

"Buena chica…"

Sí, seguramente soy una mujer fácil de convencer. Pero para mí, esas palabras fueron suficientes para mandar al carajo a todas las personas que se han burlado de mí.

Y junto a ellas, también se fueron todas mis dudas.