El Símbolo de la Paz y la Justicia

Escrito por TheGodfather93, traducido por Fox McCloude

Disclaimer: Dragon Ball, My Hero Academia y todos sus personajes respectivos son propiedad de Akira Toriyama y Kouhei Horikoshi. Todos los derechos reservados.


Capítulo 22: Causa y consecuencias.


– ¡Dieciocho!

Una violenta patada giratoria mandó a volar por los aires a un hombre gritando, hasta estrellarse de cabeza contra un pilar.

– ¡Diecinueve!

Otro hombre salió lanzado por la habitación, cortesía de una patada en el costado, colisionando contra una pila de contenedores de metal que rápidamente le colapsaron encima.

– ¡Veinte!

Una mujer recibió un puntapié en el estómago, tan duro que se cayó sobre una mesa de metal llena de vasos de precipitado llenos de colores extraños, los cuales cayeron al suelo y se hicieron añicos, haciendo que los químicos que contenían empezaran a desparramarse y sisear.

Mirko sonrió mientras admiraba su trabajo, poniendo los brazos en jarras. – ¡Acabé con veinte! ¿Cómo vas, chico?

A poca distancia, al otro lado de una banda transportadora arruinada, Gohan estaba enfrascado en un combate mano a mano con varios rufianes, mientras varias filas de cuerpos yacían tendidas a su alrededor. – Doce, trece, catorce. – contó, despachando sin preocupaciones a un trío de matones con tres karatazos bien dirigidos a sus nucas.

El último que quedaba en pie, un tiburón humanoide, dejó caer su tubo de metal y trató de salir corriendo, sólo para encontrarse con un puño que se le hundió en el estómago. Con los ojos casi saliéndose y algo de escupitajo volando, se desplomó en el piso. – Quince.

Gohan saltó hacia un lado cuando una enorme máquina le explotó cerca, y un hombre enorme y musculoso salió de un salto fuera de los escombros. De alguna manera, este sujeto se las había arreglado para acoplar a cinco de sus amigos a sus brazos, piernas y cabeza. – ¡Eres hombre muerto, muchachito! ¡Mi modo Big Emperor te aplastará como a un insecto! – le dijo retándolo.

Gohan frunció el ceño, al instante dándose cuenta de a lo que se parecía… y como alguien que adoraba a los Power Rangers, esta retorcida bastardización de un Megazord no podía permanecer en pie.

Riéndose como un maniático, el Megatonto estiró el brazo para darle un manotón, pero Gohan lo evadió agachándose y se barrió de frente, antes de lanzarlo en el aire con una patada de mula. Luego prosiguió dándole un jab al aire, lanzando una ráfaga de viento que lo hizo salir disparado hacia el techo, donde se golpeó de espaldas antes de volver a caer al suelo.

Atrapando al Megatonto en descenso con una mano, Gohan lo dejó caer al suelo, donde se desensambló en seis rufianes inmóviles. – Umm, ¿veintiuno?

– ¡Oh, diablos, no! ¡Ese todavía cuenta como uno solo! – le dijo Mirko desde el otro lado de la habitación.

– ¿En serio? ¿Entonces por qué estoy contando a seis tipos malos frente a mí? – le espetó Gohan.

Un ligero gruñido se le escapó al rufián de pelo azul, pero eso fue suficiente para que Mirko saltara sobre la cinta transportadora y le diera una patada como a un balón de fútbol, mandándolo a estrellarse a la pared más lejana hasta deslizarse en el piso, inmóvil. – ¡Veintiuno! ¡Ja, yo gano!

– ¡Hey! ¡Ese ya estaba fuera para el conteo! – protestó Gohan.

– No cuenta si no está noqueado. – lo regañó Mirko con una sonrisa. – Por lo que sabemos, podría haber tenido un último truco bajo la manga que podría habernos acabado no sólo a nosotros, sino a toda la cuadra.

Gohan frunció el ceño. Eso… tenía sentido. – Entonces no hay nada que decir. Usted gana, sensei.

– ¡Diablos que sí, por supuesto! ¡Pero hey, no te infravalores, chico! ¡Tú también pateaste muchos traseros! – lo halagó Mirko, dándole con el puño en el hombro.

Rascándose detrás de la cabeza, Gohan observó la caótica escena que los rodeaba: varias máquinas hechas trizas y traqueteando chispas eléctricas; cintras transportadoras arrancadads; las paredes tenían varias siluetas humanas hundidas en ellas; trozos de vidrios rotos estaban esparcidos por todo el suelo, al igual que varias sustancias desconocidas mezclándose y burbujeando ominosamente… era salvaje pensar que todo este daño hubiera ocurrido en un espacio de cinco minutos.

Gohan no sabía cuál sería el protocolo para el proceso de limpieza de una fábrica de drogas destruida, pero sinceramente esperaba que los pobres bastardos a cargo de ese trabajo recibieran mucha ayuda.

– Vamos, chico, larguémonos de este basurero. Necesito hacerles una llamada a los polis… ¡esto va a estar bueno! – Mirko se rio, guiándolo hacia una sección rota de la pared; antes había una puerta en ella, pero ella la derribó de una patada para anunciar su llegada.

Un escuadrón de oficiales de policía llegó a los pocos minutos, liderados por un tipo grande y fornido con bigote daliniano. Mientras su equipo examinaba el almacén, echó una mirada adentro y palideció, haciendo que Mirko se carcajeara.

Ahora estaba echando humo visiblemente, y se plantó frente a la heroína sacudiendo un puño furioso. – ¡Maldición, Usagiyama! ¡Mira todo este desastre! ¡Pensé que ahora que tenías un estudiante contigo ibas a contenerte por lo menos un poco, demonios! – le gruñó.

– ¡Ah, cállese, jefe! ¡Tenía que enseñarle a Gohan cómo hacemos las cosas en esta ciudad! – replicó Mirko, con una sonrisa arrogante en su rostro. – Además, si usted cree que yo me pasé, ¡debería ver lo que hizo el chico!

– ¡Hey! – La quijada de Gohan casi se cayó. – ¡No me tire a mí debajo del autobús! ¡Usted fue la responsable de por lo menos el 95 por ciento del daño aquí dentro!

Mirko se rio. – Quizás, ¿pero qué tal aquel incidente en el puesto de hamburguesas cuando ese tipo se prendió en llamas? ¿O cuando acabamos a esos rufianes que estaban golpeando a gente con yoyos? ¿O cuando aquel desquiciado trató de hacer volar la rueda de la fortuna en el parque? ¿O en el museo cuando…?

– ¡Ok, ok, ya dejó su punto claro! – concedió Gohan, sintiendo el calor en sus mejillas.

– ¿Ya lo ve, jefe? ¡Somos tal para cual! – dijo Mirko, dándole unas palmadas en la espalda.

El jefe sacudió su bigote, enmascarando su expresión. – Así que, tú eres Son Gohan, ¿eh?

– Sí, señor. Gusto en conocerlo. – lo saludó Gohan, inclinando su cabeza. Siempre había sentido un gran respeto por los oficiales de la ley.

– Bueno, al menos tú tienes modales, no como Usagiyama. – replicó el jefe, a lo cual Mirko le hizo una trompetilla con la lengua. Le dio un tic en el ojo. – Como sea, realmente nos impresionaste a muchos allá en la estación, chico. Tienes mucho potencial. Sólo no dejes que Usagiyama te arrastre a hacer nada que te haga sentir incómodo. Su cerebro no funciona como el de una persona normal.

– ¡Hey! ¡Eso ofende, viejo!

– No se preocupe, señor. Confío en el juicio de Mirko-sensei. – le aseguró Gohan con una sonrisa.

El jefe le lanzó una mirada severa, pero lo aceptó con un resoplido. – De acuerdo. Sólo ten en mente lo que te dije. ¡Y tú! – gruñó, hundiendo su dedo en la cara de Mirko. – ¡Trata de mantener tu destrucción ambiental al mínimo! ¡Recuerda que se supone que debes poner el ejemplo aquí!

– Perdón, ¿dijo algo? – preguntó Mirko despreocupadamente, metiéndose el dedo meñique en la oreja. – Tendrá que hablar más fuerte; mi cerebro no funciona como el de una persona normal.

La papada del jefe comenzó a temblar, como si fuera una bomba a punto de explotar. Pero antes de la detonación, levantó las manos en señal de derrota y las dejó caer, lo que le sacó una risa por lo bajo a Mirko.

Una vez que estuvo fuera del radio de escucha, le puso la mano en el hombro a Gohan. – Gracias por defenderme, chico. No hacía falta que lo hicieras, pero significa mucho que lo hayas hecho.

– Creo que no debería haber dicho eso. – razonó Gohan, frunciendo el ceño mientras veía al oficial de policía retirarse.

– Aww, el jefe no es tan malo. Sus intenciones son buenas, sólo que está obsesionado con hacer las cosas según el reglamento al pie de la letra, y absolutamente odia tener que hacer papeleo por culpa mía. – explicó Mirko, sonando bastante orgullosa de lo que dijo.

Gohan todavía pensaba que eso no justificaba un comentario tan cruel, pero si a Mirko no le importaba, no iba a presionar el asunto. – Si usted lo dice.

Sintió que le apretaban el hombro. – Ven, vamos por algo para comer. Yo invito, por un día de trabajo sólido.

Su estómago instintivamente gruñó, sacándolo de su ensimismamiento. Una mano salió volando hacia atrás de su cabeza. – Umm, perdón por eso. Supongo que me olvidé que ha pasado mucho desde que comí algo.

Mirko soltó una carcajada. – ¡Bueno, sólo hay una forma de arreglar eso! ¡Vamos! Conozco un buen restaurante de filetes no muy lejos de aquí.

Gohan sintió que se le hacía agua la boca, así que se tragó la saliva rápido antes de empezar a babear. Mientras Mirko lo guiaba fuera de la escena del crimen, miró atrás y vio un escuadrón de oficiales vestidos con trajes NBQ irrumpiendo en el almacén. ¿Qué diablos estarían haciendo allí dentro?

Una vez que el almacén quedó fuera de vista, Mirko se echó las manos detrás de la cabeza y soltó un largo suspiro de satisfacción. – ¡No sé si eres un imán para los tipos malos, o mi amuleto de la buena suerte! ¿Qué posibilidades hay de que encontráramos toda una fábrica de drogas en nuestra primera patrulla? – dijo sonriendo ampliamente.

– Cualquiera de las dos está bien, mientras pueda seguir haciendo lo que hago. – declaró Gohan.

Mirko lo miró de reojo. – Nada de esto te afecta ni un poco, ¿eh?

– ¿Honestamente? No en realidad. – admitió Gohan. A pesar de que llevaba menos de un día de conocer a Mirko, se sentía extralamente tranquilo con ella, al punto que no tenía miedo de mostrar cómo se sentía de manera genuina.

Ella silbó, impresionada. – Tengo que decirlo, chico, si todos los ayudantes fueran como tú, me habría conseguido uno hace años.

Gohan sintió una calidez en su estómago, y no pudo evitar sonreír con gratitud. – Técnicamente sólo soy un pasante, no un ayudante.

– Oh, cierto. – gruñó Mirko, y luego sus ojos se iluminaron. – En ese caso, ¿por qué no te olvidas de la U.A. y vienes a trabajar conmigo a tiempo completo? ¡Será divertido! ¡Sólo piensa en todo el caos que podríamos hacer juntos!

– Por tentador que suene eso, me temo que tendré que declinar. – replicó Gohan. – Todavía me faltan algunos años antes de sacar mi licencia de héroe, y no puedo exactamente hacer nada si no tengo una.

– ¡Al diablo! – Mirko no se amilanó. – ¡Te conseguiremos una falsa! ¡Conozco a algunos tipos que me deben algunos favores! ¡Nadie notará la diferencia!

Gohan se rio. – Aprecio el gesto, sensei, pero nos descubrirían de inmediato. Usted tiene un perfil muy alto, y yo he atraído mucha atención de los medios desde el festival deportivo.

– Lo sé, lo sé, es sólo que se me hace muy tonto. – concedió Mirko resoplando. – Tú sabes manejarte mucho mejor que la mayoría de los profesionales con los que he trabajado, y tienes mejor actitud que cualquiera de ellos. Entiendo que todavía eres un niño, pero deberían poder hacer excepciones en casos como el tuyo.

– Gracias, sensei. – replicó Gohan, genuinamente conmovido por toda la fe que ella tenía en él.

Mirko le lanzó una sonrisa pícara. – Puedes agradecerme no dejando que se te vuelva a parar el miembro la próxima vez que entrenemos. No hay muchos profesionales allá afuera que sean capaces de seguirme el paso, y quiero ver exactamente de qué eres capaz.

Eso inmediatamente hizo desaparecer la sonrisa del rostro de Gohan. – ¡S-sensei! ¿Le importaría no decir eso en público? – dijo tartamudeando. – ¡Nunca se sabe quién podría estar escuchando!

– ¡Bah, no te preocupes! ¡Si alguien trata de espiarnos, podré escucharlos a un kilómetro y medio de distancia! – se jactó Mirko. – Peeeero, probablemente tengas razón. Me guardaré eso para cuando estemos en privado. De todos modos, ya estamos aquí.

Muy feliz de tener una excusa para quitarse de encima ese mortificante recordatorio de la mente, Gohan siguió la mirada de Mirko hacia una enorme fila de gente formada para… algo. No podía ver hacia dónde llevaba, ya que la fila rodeaba todo un edificio, pero le hizo preguntarse si tendrían que formarse también.

Su pregunta fue respondida cuando Mirko se lo llevó hasta el frente de la fila, donde un hombre alto y con gafas vestido de esmoquin se encontraba al pie de una pequeña escalera. Detrás de él había un enorme edificio rectangular pintado de colores oscuros, y un gran letrero de neón encendido que decía "Imperio Wagyu".

Al notar a Mirko, el hombre de esmoquin le dio una gran sonrisa e hizo una reverencia. – Srta. Usagiyama, es un placer verla de nuevo. ¿Y esta vez trae un invitado? Qué inesperado.

– Hola, Toshi. – saludó Mirko. – Este es Son Gohan, mi nuevo pasante.

Los ojos de Toshi se ensancharon al reconocerlo. – Ahh, el ganador del festival deportivo. Qué apropiado. Es un placer conocerlo, joven Son. – lo saludó con otra reverencia.

– Lo mismo digo. – replicó Gohan, luchando por mantener la compostura. Realmente no le estaban gustando todas las miradas curiosas y murmullos que estaban atrayendo; esa línea era enorme.

Toshi tecleó algo en su Tablet y les sonrió al dúo. – Los dos pueden pasar, Koto se hará cargo de ustedes. Espero que disfruten de su cena.

– Muy apreciado, Toshi. Vamos, chico. – Mirko le hizo el gesto para que la siguiera, y Gohan se sintió muy feliz de obedecerla. Alcanzó a escuchar un par de comentarios de fastidio de parte de algunos de los que esperaban en la fila, pero honestamente no podía culparlos. Seguramente habrían estado esperando durante horas.

Justo después entrar, una camarera de cabello negro, probablemente Koto, los saludó con una reverencia. – Srta. Usagiyama, joven Son, si son tan amables de seguirme, por favor. – les indicó.

La iluminación del restaurante estaba un poco baja, pero eso no les impidió a los héroes sobresalir como un par de pizzas de microondas en una degustación de foie gras.

– ¡Whoa! ¡Esa es la heroína número siete, Mirko! – susurró una mujer sin mucha sutileza. – ¡Escuché que viene aquí a menudo, pero creí que sólo eran rumores!

– ¡Y el chico que la acompaña es Son Gohan de Hierro, del festival deportivo de la U.A.! – exclamó un hombre, sonando igual de emocionado.

– ¡Wow, tienes razón! ¡Qué equipo!

Eso provocó que todos los demás clientes se agitaran en un ligero frenesí, pero Gohan no les prestó atención mientras Koto los llevaba hacia el área del comedor, subiendo por unas escaleras, y luego por otra área de comedor, eventualmente llegando hasta una sala privada en una esquina recóndita del restaurante, muy lejos de ojos y oídos que pudieran espiarlos.

La camarera les sonrió radiantemente a los dos y les indicó que entraran, y lo hicieron: Gohan tomó un asiento en el lado derecho de la mesa, y Mirko en el de la izquierda. Les pusieron un par de menús frente a ellos. – Volveré en unos minutos para tomar sus órdenes. Mientras tanto, ¿desean que les traiga algo de beber?

– Me tomaré una cerveza Asahi. – replicó Mirko.

– Agua está bien para mí, por favor. – añadió Gohan.

– Muy bien. – asintió Koto. – Por favor discúlpenme.

Una vez que salió de la habitación, Gohan se permitió relajarse y disfrutar del silencio reconfortante. Le incomodaba un poco recibir el tratamiento VIP, especialmente en detrimento de todos los demás, pero supuso que esta era una parte necesaria del trabajo, y tendría que acostumbrarse.

Mirando a Mirko, notó un brillo curioso en sus ojos. – ¿Sensei?

– ¿Son Gohan de Hierro? – inquirió con una ceja levantada.

Gohan hizo una mueca. – Un nombre que me pusieron los niños en las redes sociales. Realmente esperaba que no se hiciera viral.

– ¿Eso es todo? – Mirko se carcajeó. – Podría haber sido mucho peor.

– En eso no se equivoca. – concedió Gohan, dando un respingo ante el pensamiento.

– Los niños son inofensivos. Sólo alégrate de no haberte puesto en el lado malo de los medios. – le advirtió Mirko, mientras miraba distraídamente su menú. – A esos bastardos no hay nada que les encante más que poner a alguien en un pedestal, sólo para tirarlos en el momento en que les salpique una gota de sangre. Eso es lo que les da más visitas.

– No me diga. – gruñó Gohan. La Mancha Dorada ni siquiera tuvo el lujo de ser puesto en un pedestal; ya había estado en la lista negra de los medios desde el primer día, todo porque no podían desenmascararlo. Con suerte, Son Gohan recibiría un mejor tratamiento.

Suponiendo que era un buen momento para cambiar el tema, se puso a mirar su menú, sólo para que inmediatamente la mandíbula se le cayera hasta el suelo. – S-sensei, ¿está segura de esto?

– ¿De qué?

– De pagar por mí. – aclaró Gohan. – Estos precios están de locos.

– ¡Claro que estoy segura! Te dije que yo te invitaba, ¿no?

Gohan frunció el ceño. – Sí, pero no me esperaba que fuera tan caro, y me sentiría mal por…

– Muy bien, voy a tener que cortarte allí mismo antes que realmente empieces a cabrearme. – intercedió Mirko, con su tono volviéndose serio.

Tragando saliva, Gohan dejó el menú en la mesa, y le dio a la heroína toda su atención.

– Me agradas, chico. En serio no entiendes lo mucho que he estado esperando para poder trabajar contigo toda esta semana. ¡Pero tienes que aprender a relajarte y dejar! ¡De! ¡Ser! ¡Tan! ¡Estirado! – dijo enfáticamente.

– ¿Estirado? – repitió Gohan.

– ¿Estirado? – confirmó Mirko. Se frotó el mentón y se inclinó hacia adelante. – No diría que soy exactamente una experta en leer a las personas, pero tú me pareces el tipo de persona que haría cualquier cosa por los demás, pero no querría que otros hicieran cosas por él. ¿Tengo razón?

Gohan abrió la boca para responderle, pero no le salió nada.

– Eso pensé. – sonrió Mirko. – Siempre das esa vibra, ¿lo sabías? También voy a asumir que tienes un pequeño círculo de amigos cercanos y adultos en los que confías, y que realmente no interactúas con más gente fuera de ese círculo.

– Umm, ¿supongo? – Gohan estuvo de acuerdo, tentativamente. Aunque se llevaba bien con la mayoría de sus compañeros de clase, era cierto que en realidad sólo era cercano con muy pocos de ellos. En cuanto a adultos, el único en quien confiaba plenamente era el Doctor Shuzenji. – No estoy seguro de qué tendrá eso que ver con todo esto, sin embargo.

– ¡Todo! – dijo Mirko en tono severo. – Eso me dice que has vivido tu vida muy protegido, y que hay muchas posibilidades de que nadie te haya hablado sobre esta particular falla en tu personalidad.

– ¿Y he de suponer que usted va a rectificar eso? – preguntó Gohan, ahora moderadamente perturbado.

– ¡Absolutamente! – sonrió Mirko. – ¡Así que escúchame bien, porque sólo te lo diré una vez! ¡Primero! – Levantó un dedo. – ¿A quién le importa si unos niños se ponen a postear mierda estúpida sobre ti en el internet? Acéptalo y ríete de ello; ¡no le está haciendo daño a nadie! Ahora, si los medios empezaran a perseguiré, entonces sí tendrías un problema, pero ya cruzaremos ese puente si llegamos a él.

»¡Segundo! – Levantó otro dedo. – ¿Por qué te molestas si hay extraños que ni conoces hablando mierda a tus espaldas o mirándote feo? Probablemente sólo están celosos de ti, y desearían estar en tu posición. Entiendo que sea algo incómodo, especialmente para un introvertido, pero eso es sólo la naturaleza humano, y nada jamás va a cambiar eso.

»¡Tercero! – Levantó otro dedo. – ¿Por qué te importa tanto si alguien quiere comprarte un regalo o invitarte algo agradable? ¡Déjales que lo hagan! Es su decisión, y su manera de darte las gracias. Créeme, los ofenderás mucho más si los rechazas.

Gohan bajó la mirada; todo lo que Mirko le estaba diciendo tenía sentido, pero que se lo dejara caer todo de una sola vez era… muy desafiante, por decirlo suavemente, y genuinamente no sabía qué decir. Sintió que el estómago se le revolvía, y no era por el hambre.

Mirko suavizó su expresión. – Mira, Gohan, no te estoy diciendo que dejes de ser como eres. Sólo te estoy diciendo que… no seas tan estirado con las cosas que te hagan sentir incómodo, ¿ok? Lo único que harás será preocuparte de más y acortarte la vida. All Might no se convirtió en el mejor sólo porque es fuerte. Se convirtió en el mejor porque, además de ser fuerte, es carismático, y siempre tiene una gran sonrisa en el rostro. Por eso es que ese patán amargado de Endeavor jamás llegará a su nivel, sin importar cuánto se esfuerce.

Aspirando profundamente, Gohan exhaló y asumió una expresión de aplomo. – Lo sé, sensei. Voy a trabajar en ello, lo prometo.

– ¡Buen chico! – lo halagó Mirko, alargando la mano para darle una palmada en el hombro. Luego de reclinarse en su asiento, su oreja derecha se movió, y una ligera sonrisa se formó en sus labios. – ¡Ya puedes entrar, Koto! ¡Sé que estás allí afuera!

La puerta se abrió, y una camarera con el rostro escarlata entró torpemente. – ¡Discúlpeme, Srta. Usagiyama! ¡Le juro que no estaba espiando! ¡Sólo escuché voces muy fuertes y no quise interrumpirlos!

Mirko se rio. – ¡Tranquila, Koto, no te estaba acusando de nada! Estamos bien, ¿verdad, chico?

– Sí, estamos bien. – dijo Gohan estando de acuerdo, logrando sonreír de manera genuina. Sabía que no iba a ser fácil, y había algunas cosas sobre las cuales no podía dejar de preocuparse, pero haría un esfuerzo genuino por seguir el consejo de Mirko. Ella no se equivocaba: realmente necesitaba soltarse un poco.

Suspirando aliviada, Koto puso la bandeja sobre la mesa y les entregó sus bebidas. – ¿Ya están listos para ordenar?

– ¡Yo sí! – dijo Mirko en tono alegre. – Quiero un tomahawk de wagyu A5, cocinado a término medio. ¿Qué hay de ti, chico?

Gohan revisó su menú rápidamente. – Yo también quiero lo mismo. – confirmó él, suponiendo que ella sabría lo que era bueno. Aunque tenía una idea sólida de lo que ofrecía la mayor parte del menú, muchas de las opciones sonaban demasiado pretenciosas. Le gustaba disfrutar de una cena elegante de vez en cuando, pero en lo que a comida se refería, los almuerzos rústicos cocinados en casa siempre serían su primer amor.

– Excelente. – declaró Koto. – Volveré con sus órdenes en breve.

Con una reverencia, la camarera se había ido. Cogiendo su cerveza, Mirko la vertió lentamente en su vaso y observó con emoción cómo se formaba la capa de espuma. Todavía quedaba un poco en el fondo de la botella, así que se la extendió a Gohan. – ¿Te gustaría pulir esto?

– ¡No gracias! – replicó rápidamente.

Mirko se carcajeó. – Buena respuesta.

Mientras se bajaba de un trago lo que quedaba en la botella, Gohan se tomó un sorbo de su agua y frunció la cara. Algo le supo a tierra en el líquido, como si hubiese sido extraída directamente del suelo. Hasta el sabor del agua en este lugar era caro.

– Y bien, ¿listo para el resumen? – inquirió Mirko.

Gohan asintió. – Soy todo oídos.

– ¡Grandioso! – Mirko sonrió de oreja a oreja. – Empezaré diciendo que hiciste un trabajo malditamente bueno allá afuera hoy. Ayudamos a mucha gente, y acabamos con muchos rufianes. Diablos, ese ha sido el día de trabajo más productivo que he tenido en años.

– Me alegra haber podido ser de ayuda. – reveló Gohan. – Se sintió muy bien finalmente poder salir afuera y actuar como un héroe.

– Entiendo la sensación, créeme. – remarcó Mirko con un suspiro de nostalgia. – ¿Cómo diablos fue que te volviste tan fuerte, de todos modos?

– Una mezcla de genética y entrenamiento brutalmente duro. – declaró Gohan.

Mirko levantó una ceja. – Respeto eso. El talento sin trabajo duro es sólo un desperdicio. Aunque dicho eso… – Una sonrisa diabólica abrió sus labios. – Te manejaste bastante bien allá afuera. Yo creía que los únicos que podían seguirme el paso serían los tres primeros, quizás hasta el cuarto, pero tú demoliste por completo mis expectativas.

– Yo, ahh, aprecio sus amables palabras, sensei. – murmuró Gohan, rascándose detrás de la cabeza. No le gustaba por dónde iba esto…

– Eso también me hace pensar que podrías haberte estado conteniendo conmigo durante nuestra pelea de esta mañana. – presionó Mirko, cuyos ojos escarlatas se entrecerraron ligeramente.

Gohan luchó por mantener el rostro calmado. – ¿En serio?

Afortunadamente, sus facciones se relajaron, aunque la sonrisa nunca abandonó su rostro. – No te preocupes, tienes derecho a tener tus secretos. Eso sólo significa que depende de mí sacar lo que sea que estás ocultando. – proclamó ella, golpeándose la palma con el puño.

– C-claro. – tartamudeó Gohan, optando por echarse otro trago de su agua. Una cosa de la que se dio cuenta sobre Mirko era que ella realmente no se complicaba con sus emociones. Siempre decía lo que sentía, y rápidamente lo dejaba de lado en cuanto algo más captara su atención. Era una cualidad admirable, de cierto modo. Él nunca podría ser así de despreocupado.

Por desgracia, Mirko todavía no terminaba con su interrogatorio. – Y también, ¿qué onda con esos golpecitos suaves que estuviste repartiendo hoy? – inquirió. – Sé muy bien que podrías haber mandado a volar a esos tipos si quisieras.

– No se equivoca. – confesó Gohan, bajando su vaso y entrelazando los dedos. Luego suspiró. – No quería dejarlos lisiados de por vida, así que estaba atacando sus puntos de presión. También estoy tratando de ver cuál es la cantidad mínima de fuerza que necesito para incapacitar a alguien. Es… un trabajo en progreso.

No le estaba mintiendo. Se había acostumbrado tanto a correr por allí como la Mancha, que acabar con rufianes en su forma base mientras se restringía a la velocidad de un humano regular, requería un nivel de fineza que todavía no lograba dominar.

Tampoco quería hacerlo parecer demasiado fácil, lo cual era algo de lo que nunca tuvo que preocuparse mientras iba como Super Saiyajin moviéndose a velocidades imposibles de rastrear; aún le quedaban varios años antes de poder operar de manera independiente, así que necesitaba mantener su fuerza bajo control para evitar levantar sospechas.

– Supuse que ese era el caso. Eres demasiado amable, ¿lo sabías? – lo acusó Mirko, aunque no estaba molesta. – Me parece justo si así es como quieres trabajar, pero espero que sepas que sólo te estás haciendo las cosas más difíciles. Además, puede que no siempre tengas ese lujo.

– Soy consciente de ello. – confirmó Gohan con toda seguridad. Mientras no hubiera vidas inocentes en riesgo, estaba contento tomándose su tiempo para despachar a los rufianes ordinarios.

Mirko resopló, pero sonrió a pesar de todo. – Respeto eso. Tienes una buena cabeza sobre tus hombros, chico. Sólo espero que esa amabilidad no vaya a morderte en el trasero un día.

– Sólo podemos tener esperanza. – musitó Gohan, devolviéndole la sonrisa.

Y justo a tiempo, Koto eligió ese preciso momento para volver a la habitación, balanceando dos platos en sus manos, antes de colocarlos frente a ellos. Mirando el suyo con curiosidad, Gohan rápidamente se fijó en el enorme trozo de carne, cortado en la forma del hacha que le daba su nombre. También se dio cuenta que traía una pequeña porción de ensalada genérica, y un puñado de papas fritas cortadas muy delgadas.

– Espero que ambos disfruten su cena. – expresó Koto, haciendo una reverencia antes de marcharse.

Mirko no perdió ni un instante, cogiendo su filete por el hueso y arrancándole un buen pedazo a la carne con los dientes. Gohan, entretanto, juntó sus manos y murmuró un quedo "itadakimasu".

Ya con las formalidades fuera del camino, cogió una papa frita de su plato y se la echó a la boca. Luego de dos mordiscos, sus ojos se iluminaron; el exterior dorado y crocante estaba perfectamente sazonado, rompiéndose con facilidad y dando paso a un interior blando y jugoso que se derretía en su lengua. Realmente le gustaba.

Cogiendo el cuchillo y el tenedor, optó por ir por el filete a continuación, cortando un trozo pequeño y degustándolo; sus dientes fácilmente rompieron la corteza exterior, y no encontraron nada de resistencia en la carne jugosa de adentro. Intentó masticarla lentamente, esperando saborear hasta la última gota, pero la carne estaba tan tierna que se disolvía casi al instante.

¿Era esto lo que hacía tan especial al wagyu? La última vez que lo había comido fue en una de las fiestas de Bulma en su momento, pero eso fue hace tanto tiempo que apenas recordaba su sabor.

– ¿Qué opinas? – preguntó Mirko.

Gohan tragó, y se detuvo momentáneamente para responder. – Está… ¿bueno, supongo? Ya veo por qué lo tienen en tan alta estima, pero definitivamente no creo que valga un precio tan exorbitante.

Mirko se rio. – Yo tampoco, pero hey, bienvenido a la mejor cena fina en el corazón de Tokio. Quería que tuvieras una probada de lo que se siente estar en la cima, porque un día tú también estarás allí.

El corazón de Gohan se derritió ante el cumplido. Esta mujer era una absoluta joya. – Gracias, sensei. Y gracias por tener tanta fe en mí.

– Cuando quieras, chico. – replicó Mirko, lanzándole una sonrisa de oreja a oreja. – Ahora cómetelo todo. Tendremos un gran día mañana, empezando a las ocho en punto. Eso significa nada de quedarse dormido hasta tarde, ¿capiche?

– Pero… si usted fue la que se quedó dormida. – contraatacó Gohan.

– ¡Oi! ¡Estoy intentando proyectar la vibra de sensei seria, no me la arruines! – espetó Mirko.

– Mis disculpas. – remarcó Gohan, alzando las manos intentando aplacarla. – Por supuesto, sensei.

– ¡Demasiado tarde! ¡Ese momento se acabó! Ahora cállate y cómete tu filete. – gruñó Mirko.

Gohan no pudo evitar reírse mientras se lanzaba de nuevo a su cena. No hacía falta que se lo dijeran dos veces; quién sabría cuando sería la próxima vez que podría volver a un restaurant así de caro.

El segundo día de su pasantía terminó muy similar al primero, salvo por no tener un incidente de la escala de haber acabado con esa fábrica de drogas. Gohan y Mirko hicieron sparring en la mañana (sin incidentes embarazosos, afortunadamente), y luego se iban a patrullar en la ciudad, donde se ocuparon sin problemas de un número de criminales de poca monta.

De todo lo que sucedió ese día, las ocurrencias más notables incluyeron acabar con una banda de ladrones de zapatos de lujo, exponer a un falso psíquico que buscaba estafar a las masas, y detener un juego mortal de hockey de aire con un disco explosivo, por una disputa de alquiler, de todas las cosas.

El día tres fue marginalmente menos memorable, así que Gohan y Mirko terminaron su patrulla temprano y volvieron a su apartamento para un poco más de sparring al final de la tarde. Habían estado en ello por unos diez minutos cuando un pensamiento cruzó por la mente de Gohan.

– Si no lo supiera mejor… – empezó a decir, esquivando una serie de patadas que buscaban moldearle la cara – … diría que la única razón por la que usted me quiso de pasante fue para tener un compañero de sparring.

Deteniendo su asalto, Mirko jadeó ante la acusación y se llevó la mano al pecho. – ¡Gohan, me siento ofendida! ¡Eso solo fue sesenta por ciento de la razón!

Gohan se rio. – Lo sabía.

Se vio obligado a agacharse cuando ella trató de darle una patada giratoria, evadir una patada lateral hacia el costado, y luego saltar para evadir otra patada de revés. – Quédate quiero, pequeño-¡whoa!

Entrando a la ofensiva, Gohan presionó con una serie de puñetazos precisos, dirigidos hacia la parte superior del cuerpo de Mirko; ella esquivó la mayoría de ellos, pero algunos lograron dar en el blanco, y en el momento en que bajó la guardia, le hundió un gancho de izquierda directo al estómago. Ella jadeó, esta vez de verdad, y dejó caer sus manos.

Con su abertura asegurada, Gohan dio un paso al frente con la pierna derecha, y le estampó un uppercut con la derecha, directo a la barbilla expuesta de Mirko; ella logró desviar la cabeza hacia arriba apenas lo suficiente para diluir la peor parte del impacto, pero la fuerza del golpe bastó para mandarla a volar.

Para darle crédito, de alguna manera logró recomponerse lo suficiente para dar una voltereta hacia atrás y aterrizar de pie, aunque algo tambaleante. Jadeando con algo de agotamiento, se hizo tronar el cuello, y le lanzó a Gohan una sonrisa feroz, con una gota de sangre chorreándole de la boca. – ¡Nada mal, chico! ¡Ese golpe sí me sacudió! Supongo que fue mi culpa por ponerme impaciente, ¿eh?

– Más o menos. – confirmó Gohan. Esta era la primera vez que ella perdía el control en una de sus peleas, y él no pudo evitar capitalizar su error.

Mirko se rio. – Entonces ese era tu plan, ¿eh? ¡Mocoso astuto! ¡Veamos qué haces con esto! – Poniéndose en posición como una corredora olímpica, se lanzó hacia él con una voltereta, antes de atacarlo con una venganza. – ¡Luna Ring!

Como una sierra giratoria humana, sus pies lo golpearon con tanta fuerza que podrían haber partido en dos a un humano ordinario, pero el movimiento era muy lineal, y todo lo que Gohan tenía que hacer para esquivar era hacerse a un lado.

Sin embargo, la voltereta fue una finta; el siguiente movimiento de Mirko fue plantar las manos en el suelo y enterrarle una patada como un taladro directo en el estómago. – ¡Luna Rush!

Gohan bloqueó el golpe inicial, y luego desvió la ráfaga resultante, y ya que sus pies estaban arraigados sobre la lona, Mirko no fue capaz de ganar suficiente impulso para empujarlo y hacerlo retroceder. Al sentir que el asalto de ella comenzaba a bajar su fuerza, él se lanzó de frente y apretó el puño, sólo para que su corazón se le parara por un momento, cuando una lectura desconocida de ki pulsó los botones de sus sentidos.

– ¡Luna Fall!

Algo lo golpeó desde arriba, pero él no le prestó atención.

– ¡Auch! ¡Maldición! ¿De qué diablos está hecha tu cabeza?

Gohan permaneció en silencio, con la quijada colgando abierta y sus ojos casi saliéndose de sus cuencas al sentir otras cinco, seis, siete… no, doce diferentes lecturas de ki, lo que hacía un total de trece. ¿Qué demonios estaba sucediendo?

– Hey, chico, ¿estás bien? No te sacudí el cerebro, ¿verdad?

El genuino pánico en la voz de Mirko hizo que Gohan parpadeara, trayéndolo de vuelta a su realidad. Tragando saliva, se giró para encararla. – ¡Lo siento, sensei, pero tengo que irme! ¡Acabo de sentir un montón de señales extrañas de ki!

– Espera, ¿qué? ¿De qué diablos estás hablando? – preguntó Mirko confusa.

Gohan frunció la cara con frustración; tenía que hacer esto rápido. – ¿Recuerda el ataque del Nomu en el U.S.J.?

Mirko cruzó los brazos. – Sí, leí el reporte.

– De alguna manera, el Nomu fue capaz de utilizar elementos de mi Quirk. – explicó Gohan, haciendo que los ojos de ella se ensancharan. – Aún no tengo idea cómo, pero eso me permitió sentir su energía. Ahora estoy percibiendo trece señales de energía diferentes, todas similares al Nomu.

Todo el color desapareció de la cara de Mirko al instante. – Mierda, eso no suena nada bien. ¿En dónde están?

– En Hosu.

– Y más mierda. Ahí es donde han sido los avistamientos de Stain.

Gohan frunció aún más la cara. – Ni siquiera había considerado eso, pero ahora usted sabe por qué tengo que ir.

– Claro, pero tú no vas a ir a ningún lado sin mí. – declaró Mirko.

– ¿Está segura?

Soltando un suspiro, Mirko sacudió su cabeza. – Entiendo que estés muy sacudido, pero usa el cerebro, chico. Si te vas para allá tú solo, harás que los dos nos metamos en serios problemas.

Gohan hizo una mueca. – Claro. Por supuesto. Lo siento, sensei.

– No te preocupes por eso. Sólo dame un momento para alistarme, y saldremos de inmediato.

– Por supuesto, sensei. – asintió Gohan. – Gracias.

Mientras ella salía a toda prisa, él abandonó el gimnasio y se echó encima la capa antes de ponerse las botas. Saliendo hacia el balcón, inhaló todo el aire fresco que pudo, antes de soltarlo lentamente. Era tiempo de fijar el objetivo; no podía permitirse perder la calma.

Justo entonces, Mirko apareció junto a él, ya vestida con su uniforme de heroína y con los brazos en jarras. – ¿Estás listo? – le preguntó.

– Más de lo que jamás lo estaré. – exclamó Gohan, endureciendo su rostro. – Sígame, ¿ok?

– ¡Mírate asumiendo el mando! ¡Eso me gusta!

Doblando las rodillas, Gohan dio una pequeña carrera antes de saltar por el balcón, aterrizando fácilmente sobre el edificio que estaba debajo antes de saltar al siguiente. Mirando atrás, vio que Mirko le seguía los talones fácilmente, y en cuanto él saltó desde el borde hacia el próximo edificio, ella fue detrás de él sin problemas.

Para estas alturas ya tenía una idea sólida de su velocidad y maniobrabilidad, por lo que podía bajar su propia velocidad para igualar la de ella. Afortunadamente, en lo que se refería a héroes profesionales que había visto en acción, ella era por mucho la más rápida.

El mundo se volvió una mancha ligera mientras saltaban entre las azoteas bajo la luz que se iba apagando en el atardecer, deteniéndose sólo para correr atravesando vigas de construcción suspendidas por grúas. Él optó por usar la ruta aérea ya que habría tráfico mínimo que pudiera estorbarles en el camino, y ya que estaban en la parte más concurrida de Tokio, donde abundaban los rascacielos. Era lo segundo mejor después de volar.

Para cuando llegaron al final de la zona urbana, se encontraron lo suficientemente cerca de Hosu que Gohan pudo ver varias columnas de humo en la distancia. Maldiciendo entre dientes, aceleró y descendió sobre el camino, pasando rápidamente entre peatones y vehículos que huían de la carnicería. Su corazón también se aceleraba, pero no tuvo tiempo de calmarlo; su único objetivo era llegar a la señal de ki más cercana y asegurarse que nadie saliera herido.

Y entonces lo vio: una criatura con aspecto de Nomu con el cerebro expuesto flotaba encima de un cráter, rodeado de autos en llamas y edificios destruidos. Una verdadera ráfaga de ki salió volando fuera de su boca, siendo su objetivo una aterrorizada familia de cuatro que estaban acurrucados frente a una pared.

Acelerando de nuevo, Gohan salió disparado como un borrón en frente del rayo, y lo desvió de un manotón hacia el cielo. Antes que el Nomu pudiera procesar su llegada, apareció arriba de él y le estampó una patada devastadora directo en la cabeza, enterrándolo sin piedad en el suelo. Y para rematarlo, canalizó algo de ki hacia las puntas de sus dedos, antes de golpear con ellos varios puntos en la espalda del Nomu, donde sabía que habría puntos de presión en el cuerpo de un humano normal. No tenía idea de si sería efectivo, pero tenía que probar algo para incapacitar a estos fenómenos.

Entretanto, la ráfaga de ki que desvió explotó en el cielo del atardecer, envolviendo a la calle debajo de ella en una luz brillante de color naranja. En ese momento apareció una Mirko que venía jadeando, tratando de recuperar el aliento.

– ¡Cielos, chico! A la próxima avísame cuando… ¡santa mierda! ¡Esa cosa es fea como el infierno!

– Sensei, si este de aquí es un indicio, estos son mucho más débiles que el Nomu del U.S.J., pero pueden volar y lanzar disparos de energía. – explicó Gohan a toda prisa. – No sé cuáles sean sus capacidades regenerativas, pero es mejor esperar lo peor.

Parándose derecha, Mirko se limpió el sudor de las cejas y se golpeó la palma con el puño. – Tranquilo, me aseguraré de que esos bastardos reciban su merecido. ¿Tienes un plan de ataque? Y recuerda, no estás solo en esto. Lo que sea que decidas, tienes mi apoyo.

Frunciendo el ceño mientras se concentraba, Gohan hizo un escaneo rápido del área. – Hay un grupo de cuatro Nomus en aquella dirección. – le indicó señalando hacia las lecturas de ki más cercanas. – Usted encárguese de ellos, y yo me ocuparé de los que están más lejos.

Mirko asintió, con una sonrisa algo sutil pero competitiva adornando sus facciones. – Entendido. Que tengas buena cacería, chico.

– Usted también, sensei.

Una vez que Mirko se fue, Gohan echó un vistazo rápido al Nomu derrotado, y se alegró al notar que todavía podía sentir una ligera pero constante energía en él. Eso significaba que su plan de bloquear los puntos de presión con su ki había funcionado. La familia a la que salvó también aprovechó para salir corriendo, lo que significaba una cosa menos de la cual preocuparse.

Pero no se permitió celebrar todavía; su trabajo estaba muy lejos de terminar. Arriesgándose con un poco más de velocidad, despegó hacia una carretera totalmente destruida y rápidamente vio a un par de Nomus: uno grande y gordo, que empuñaba un martillo gigantesco que parecía hecho de carne, y el otro más pequeño y delgado, cargando una lanza empapada de sangre.

El Nomu más grande acababa de manotear lejos a un héroe con máscara de hockey, mientras su hermano más pequeño intentaba empalar con su lanza a un héroe pelirrojo con cuernos y sin camiseta, que parecía estar en sus últimas. No muy lejos de la carnicería, un heteromorfo con aspecto de pulpo yacía inmóvil en medio de un autobús estrellado.

Al ver inmediatamente una forma de acabar con los dos objetivos de una sola vez, Gohan alteró ligeramente su trayectoria y golpeó con el hombro al Nomu grande, haciéndolo que se chocara con el pequeño, y mandándolos a los dos a estrellarse contra una casa. Se escuchó un ruido ahogado, y la casa, que ya apenas se mantenía en pie, rápidamente se desplomó sobre ellos.

El héroe con la máscara se acercó dando tumbos hacia Gohan, y le dio una palmada en la espalda. – ¡No sé quién seas, pero gracias por salvarnos!

– ¡Hey, yo te conozco! ¡Eres Son Gohan del festival deportivo! – exclamó su aliado con cuernos.

Como si se acabara de prender un interruptor, el héroe enmascarado palideció. – ¡¿Un niño?! ¡¿Te has vuelto loco?! ¡Lárgate de aquí antes que…!

Un rugido ensordecedor provocó que los tres se tuvieran que tapar las orejas, antes que los restos de la casa explotaran y los dos Nomus salieran volando de allí, con ligeras auras blancas envolviendo sus figuras negras como el carbón. Habían desechado sus armas, pero tenían los brazos extendidos, con unos agujeros abiertos donde antes estaban sus manos, haciendo que parecieran como si tuvieran cañones pegados a sus cuerpos.

Y con toda certeza, varios disparos de ki salieron de estos agujeros, haciendo que el héroe enmascarado gritara en pánico. – ¡Son! ¡Cuidado!

Trató de empujar a Gohan fuera del camino, pero el híbrido Saiyajin dio un paso al frente y extendió su mano. – ¡Ha!

Los disparos de ki al instante se disiparon, y los dos Nomus salieron volando de espaldas por la fuerza del kiai. Lanzándose hacia ellos rápidamente, Gohan le hundió un codazo en la cabeza al más pequeño, y luego saltó arriba del más grande para noquearlo con una patada hacha.

Cuando golpearon el suelo, él descendió a baja altura, y les dejó caer a ambos una ráfaga veloz como metralleta de golpes con los dedos hacia sus puntos de presión. Una vez que quedó satisfecho, se dirigió hacia los dos héroes estupefactos.

– Asegúrense que estos dos estén bien restringidos, luego ocúpense de su camarada. Yo me ocuparé de los demás.

El héroe enmascarado frunció el ceño. – Oye, espera un…

– ¡No discutan conmigo! – le gruñó Gohan. – ¡Ahora no tenemos tiempo para esto!

El héroe con cuernos le puso una mano en el hombro a su amigo. – Tiene razón en eso, colega. Esas cosas nos estaban haciendo pedazos, pero él se los cargó como si no fueran nada. Claramente puede manejarse por sí mismo.

El héroe enmascarado se mordió los labios con frustración, pero en última instancia terminó cediendo con un suspiro cansado. – De acuerdo. Pero no te atrevas a dejar que te maten. No necesito la muerte de un niño en mi conciencia.

Gohan asintió, antes de desaparecer abriéndose camino en medio de una serie de calles dilapidadas mientras intentaba seguirle el rastro a todo lo que sucedía en otros lugares. Dos de las señales de ki en el lugar a donde envió a Mirko se habían reducido a casi nada, mientras que otra mucho más distante había desaparecido por completo.

No tuvo tiempo para preguntarse quién fue el responsable, pues rápidamente encontró al siguiente Nomu: una monstruosidad enorme de cuatro patas, que parecía más bestia que humanoide. Saliva chorreaba de su hocico abierto, y su cuerpo peludo y negro temblaba de anticipación mientras acechaba a una heroína de cabellera rubia y corta con una bufanda roja. Tenía los brazos alzados en una guardia rudimentaria, y una mirada absolutamente desafiante, pero la forma en que sus extremidades temblaban como si estuvieran hechas de plomo evidenciaban que ya había llegado a su límite.

Viendo cómo el Nomu doblaba sus patas delanteras, Gohan volvió a acelerar; el mundo a su alrededor se ralentizó y sus alrededores se volvieron un ligero borrón. Saltó encima de un camión colapsado, luego rebotó en un farol de la calle, y se lanzó directamente arriba del Nomu.

En el momento en que se iba a lanzar, él atacó, estampándole una palma detrás de la cabeza para hundírsela en la tierra. El cemento se agrietó, y luego colapsó, creando un pequeño cráter y esparciendo esquirlas en el aire.

Este Nomu en particular podría haber sido más animal que hombre, pero su espalda se veía similar a la de sus congéneres al punto que Gohan se sintió envalentonado para ir de nuevo por los puntos de presión, y en sólo unos segundos, ya había terminado. Parándose de manos brevemente, dio una voltereta fuera del cráter y aterrizó frente a la heroína rubia, que se quedó viéndolo boquiabierta y con los ojos casi saliéndose de su cara. – ¿Estás bien? – le preguntó.

– ¡S-sí! ¡Estoy bien! – dijo ella tartamudeando.

– Bien. Baja por esa carretera y te encontrarás con otros tres héroes. – le sugirió, señalando en la dirección por donde vino. – Quédate con ellos hasta que las cosas se calmen.

– E-entendido. – asintió la rubia. – Gracias.

Y con eso, Gohan se fue. La siguiente señal de ki era por mucho la más grande de todo el grupo. No estaba en el mismo nivel que el Nomu del U.S.J., pero tampoco estaba muy lejos de él.

Mirko ya se había deshecho de otro Nomu, pero también lo había hecho quienquiera que estuviese operando en las afueras de Hosu. Ahora, sólo quedaban cuatro Nomus todavía de pie, y uno de ellos (el más débil del grupo) se estaba desplazando rápidamente por la ciudad, manteniendo su ki relativamente estable. Gohan decidió dejar ese para el último.

Justo entonces, un chillido perforador casi le rompió los tímpanos, pero apretó los dientes y se lo sacudió. No podía dejar que nada lo retrasara, especialmente no ahora. Con toda certeza, vio un muro de llamas alzándose adelante, y pudo ver una silueta enorme a través del fuego. Encendiendo su ki ligeramente, se lanzó entre las llamas y frenó bruscamente, encontrándose dentro de una enorme plaza.

Un rugido atronador atrajo al instante su atención, directo hacia el centro de la plaza, donde un monstruoso Nomy, masivo y bípedo, rugía amenazadoramente mientras se golpeaba el pecho con un par de brazos fornidos. Así que ese era el bastardo que casi lo dejó sordo…

Era enorme, al menos el doble de grande que el Nomu que había atacado el U.S.J., y estaba cubierto de pies a cabezas en una armadura de músculos negros y abultados. Arriba de su cuello largo descansaba una cabeza que parecía la de un lagarto, con un hocico pronunciado y dientes afilados como navajas que parecían demasiado grandes para caber en su boca. Igual que los otros Nomus, su cerebro estaba totalmente expuesto, y se había fusionado con un par de ojos delgados y reptilianos sin párpados, que estaban permanentemente entrecerrados.

Cráteres de varios tamaños llenaban todo el pavimento agrietado, había vehículos de todas clases volcados y destrozados, y un anillo de fuego se alzaba furioso alrededor del borde exterior de la plaza, atrapando a todos los que tuvieron la mala suerte de quedar en su interior.

Afortunadamente, no había civiles presentes. Desafortunadamente, sí había héroes, y estaban en dificultades.

– ¡Fly! ¡Cuidado!

The Fly, un héroe con un par de alas que crecían en sus brazos, miró arriba asustado mientras salía de un agujero en el suelo, sólo para ver que un disparo de ki que el Nomu acababa de escupir venía directo hacia él. Y entonces, explotó.

– ¡Fly! ¡Nooooo! – gritó un héroe enmascarado en un traje amarillo, cayendo de rodillas.

– ¡No te preocupes, lo tengo! – le aseguró Gohan, dejando a un tembloroso Fly junto a él.

El héroe con traje miró al salvador de su amigo en shock. – ¿C-c-cómo?

Con velocidad, por supuesto, no que Gohan tuviera tiempo para responderle, optando en lugar de eso por correr hacia el Nomu y desafiar al monstruo con la mirada. – ¡Oye, feo! ¡¿Qué tal si te enfrentas a mí para variar?!

Otros tres héroes habían rodeado a la bestia: un hombre que parecía estar hecho de cuerda, otro con una máscara roja, y un tipo de pelo blanco con una camiseta negra, pero estaban golpeados, ensangrentados y apenas podían mantenerse en pie. Habían hecho un esfuerzo muy valiente dadas las circunstancias, pero su pelea se había terminado.

– ¿Son Gohan?

– ¡¿De la U.A.?!

– ¡Sal de aquí! ¡No es seguro!

– ¿Qué tal si ustedes siguen su propio consejo para variar? – le espetó Gohan al héroe de pelo blanco, callándolo al instante. ¿Qué onda con estos tipos que siempre le decían que se fuera, incluso después de salvarles el trasero? ¿No podían ver que era perfectamente capaz de manejarlo?

Al Nomu eso no le importaba, rugió de furia y levantó su puño como un martillo para aplastar a Gohan justo donde estaba.

– ¡Son! ¡Muévete!

En cuanto el brazo descendió, Gohan lo agarró de la muñeca, canalizó ki hacia su puño, y golpeó al Nomu en el medio de su tríceps. Su brazo derecho inmediatamente cayó flácido, y soltó un chirrido que helaba la sangre, forzando a Gohan a apretar los dientes. Empezó a temblar, y luego una onda de choque de ki invisible emanó desde su cuerpo, enviando a los tres héroes a volar y haciendo que la capa de Gohan ondeara con el viento.

Todavía chillando como un lunático, el Nomu flotó hacia el cielo y apuntó con su mano izquierda hacia Gohan, antes de soltar una ráfaga de disparos de ki; extendiendo sus propias manos, él desvió cada uno de ellos de vuelta como si estuviera jugando en una mesa de ping pong, llenando al Nomu de agujeros con sus propios ataques.

Cuando vio que sus tendones comenzaban a volver a regenerarse, y que carne fresca comenzaba a crecer sobre sus heridas, no pudo evitar ahogar una maldición entre dientes. La regeneración siempre era un dolor en el trasero…

Aun así, los siguió desviando, y en poco tiempo, el Nomu se quedó cubierto por una nube de humo gris y espeso. Detuvo su asalto, pero entonces gritó, dispersando el humo al instante. Haciendo estallar su aura y doblando las piernas, descendió de nuevo, pero todo lo que pisó fue el pavimento; Gohan había saltado hacia la derecha, y luego le dio una patada directo a sus cuádriceps.

Su pierna derecha se quedó flácida, y se dejó caer de rodillas. Rugiendo una vez más, levantó su mano izquierda, formando una bola de ki, pero Gohan lo agarró de la muñeca y se la retorció con fuerza, y luego le perforó los tríceps con otro puñetazo imbuido de ki.

El Nomu sufrió un espasmo, y luego se desplomó, y Gohan detuvo su asalto. Eso… ¿era todo? ¡No podía ser! ¡Todo lo que había hecho era inutilizarle tres de sus extremidades! Estos fenómenos podían soportar mucho más castigo en eso, y este en particular…

De pronto empezó a picarle la nariz, y la visión se le tornó borrosa; su instinto le empezó a gritar que se moviera de allí, y los escuchó, saltando para alejarse del Nomu justo cuando una nube de humo púrpura salió de entre sus poros. ¡Veneno!

Extendiendo sus manos, dio una palmada lo más fuerte que pudo, generando una ráfaga de viento que dispersó la nube tóxica y sacudió a la diabólica criatura responsable de ella. Por desgracia todavía no estaba fuera de peligro, ya que vio una esfera brillante y abultada que viajaba por el cuello serpentino del Nomu. Miró fijamente a la cosa, estupefacto, y entonces sus ojos se ensancharon al sentir la acumulación de ki.

– ¡Todo mundo, corran! – rugió.

– ¡N-no puedo!

Gohan miró en dirección hacia la voz, y su quijada se cayó. ¡¿Manual?! ¿Qué diablos estaba haciendo él aquí?

En efecto, el Héroe Normal se encontraba tirado en el suelo, descansando contra un hidrante colapsado. Un trozo de cabilla le había perforado la pierna, y ahora estaba hundida en la carne como una lanza. Gohan sintió una oleada de pánico; si Manual estaba aquí, entonces eso significaba que Iida también… ¡no! ¡Ahora no tenía tiempo de pensar en eso!

Doblando las rodillas, salió corriendo hacia el héroe caído, y se lo echó encima de los hombros, antes de saltar justo cuando el punto donde antes había estado sentado se prendía en llamas por el impacto de una energía blanca ardiente, puntualizado por un chirrido agudo.

Con Manual ahora a salvo, Gohan se giró hacia el Nomu y vio que un rayo literal de láser hecho de ki ardiente emanaba de su boca, abriendo una trinchera de pura destrucción dondequiera que tocara.

Dándose cuenta que tenía que ponerle fin a esto ahora, le murmuró una disculpa silenciosa a Manual, y luego cargó de frente; se agachó para evadir un barrido horizontal de energía, saltó por encima de un segundo, y luego evadió de lado un barrido vertical y se lanzó, hundiéndole una patada directo a la rótula izquierda del Nomu, haciendo que la bestia cayera de rodillas.

El rayo láser se disipó, y la cabeza del Nomu se desplomó. Dejando en el suelo a Manual, Gohan se lanzó de nuevo, y fijó la mirada en los ojos de la criatura, que ahora estaba a su nivel. Estaba gruñendo y chasqueando la mandíbula, pero fuera de eso permanecía en silencio, claramente incapaz de emitir ninguna forma de comunicación. Entretanto, las llamas que había encendido se volvían más furiosas a su alrededor.

Le hundió un puñetazo en el esternón, y luego le aplastó las sienes de la cabeza para revolverle cualquier neurona que le quedase, para terminar con un tajo en la nuca, haciendo caer al Nomu finalmente.

– ¡Wow! – murmuró Manual casi sin aliento. – ¿Cómo rayos lograste eso?

– Si el enemigo insiste en hacer la guerra, tienes que arrebatarle su habilidad de pelear. – murmuró Gohan, mirando la silueta noqueada de su enemigo, por si acaso se le ocurría volver a levantarse.

A pesar de sus heridas, Manual soltó una risita. – ¿Oíste eso en una película?

– No. De un maestro de artes marciales llamado Toguchi Chozen.

– Huh. Nunca escuché de él.

Finalmente satisfecho de ver que el Nomu estaba fuera de comisión, Gohan se giró hacia Manual. – ¿Iida está por aquí?

El hombre dio un respingo. – Por desgracia. Fue tras el Asesino de Héroes.

– ¡¿Stain?! ¡Mierda! – gritó Gohan. – ¿Sabes por dónde se fue?

Manual negó con su cabeza. – No, lo siento. Nos separamos en el momento en que esas cosas comenzaron a atacar.

Frunciendo la cara y apretando los puños de frustración, Gohan se obligó a calmarse. Perder el control ahora no ayudaría a nadie. Exhalando profundamente, miró fijamente al héroe herido. – ¿Estarás bien aquí?

Manual miró por encima del hombro de Gohan, antes de darle un pulgar arriba tembloroso. – Estaré bien. La ayuda viene en camino. Tú sólo asegúrate de que Tenya se encuentra a salvo.

Siguiendo su mirada, Gohan vio a cuatro de los héroes de antes corriendo hacia ellos, con el de traje amarillo cargando a Fly en su espalda. El héroe de pelo blanco levantó la mano. – ¡Son! ¡Espera un momento!

Pero Gohan no lo esperó, ya que ahora había desbloqueado un nuevo nivel de urgencia.

Saliendo de la plaza a toda velocidad, saltó encima de un edificio y se enfocó en la más grande de las dos lecturas de ki que quedaban. Todos los Nomus en el área de Mirko habían sido derrotados, y el que él estaba persiguiendo ahora se estaba debilitando. No sabía quién se estaría enfrentando a él, y dudaba que Iida estuviera allí, pero entre más pronto atase todos los cabos sueltos, más pronto podría buscar a su amigo.

El mundo se ralentizó a su alrededor mientras saltaba cuatro edificios de un solo impulso, luego atravesó una torre de reloj y rebotó en una iglesia, permitiendo que el impulso lo llevara por el aire hasta que aterrizó en un complejo residencial justo arriba de su objetivo. Asomándose sobre el borde, vio un torrente de llamas que literalmente incineraron al Nomu, y se echó atrás del shock.

¡¿Endeavor también estaba aquí?! ¿Eso significaba que Todoroki también habría venido? Endeavor estaba solo allá abajo, pero si conocía a Todoroki…

Suprimiendo la sensación que le daba en el estómago, maniobró por los alrededores y se dirigió hacia el último Nomu a toda velocidad; y apenas acababa de saltar dos edificios cuando sintió que su ki se elevaba de golpe. ¡Esa era la primera vez que se elevaba en toda la tarde!

Apretando los dientes, aceleró aún más, permitiendo que el aura blanca de su ki envolviera su cuerpo, como si fuese una estrella fugaz. Y entonces, lo vio: una pequeña criatura con forma de gárgola huyendo de la excena, que llevaba algo pequeño y verde atrapado entre sus garras.

Sus ojos se entrecerraron de confusión, y su corazón dio un vuelco. – ¡¿M-Midoriya?!

Abriendo sus dedos como una garra, salió disparado como un cohete, y hundió los dedos en la espalda del Nomu, perforándole la carne y estrellándolo sin piedad contra el suelo; agarró a Midoriya con su mano libre, y el Nomu se fue en picada como un meteorito, deslizándose por la carretera y cavando una trinchera por el cemento.

Cuando se asentaron el polvo y las esquirlas, Gohan dejó a su amigo en el suelo y lo miró de pies a cabeza: su traje de héroe estaba rasgado en varios lugares, su piel estaba moteada de moratones, y el brazo derecho le colgaba algo más bajo que el izquierdo, pero sus ojos esmeraldas seguían ardiendo de determinación.

– ¿S-Son-kun? – murmuró Midoriya.

Incapaz de contenerse, Gohan le lanzó una ligera sonrisa. – Hey, hermano. Qué sorpresa encontrarte por aquí.

– ¡Son-kun! ¡No tienes idea de lo aliviado que estoy de verte!

Un momento… ¿ese era Iida?

– Sin duda te tomaste tu tiempo en llegar aquí.

¿Y también Todoroki?

Con toda certeza, a los pocos metros más adelante en el camino estaban un ensangrentado Iida apoyado sobre una rodilla, luchando por mantenerse en pie, y un exhausto Todoroki desplomado contra una pared de ladrillo. Y si eso no fuera suficiente para el shock, a poca distancia estaba el maldito Asesino de Héroes en persona, amarrado y claramente inconsciente, y vigilado por un hombre vestido como un Nativo Americano.

Gohan sintió como si le quitasen de encima de los hombros el peso del mundo entero, y exhaló un largo y profundo suspiro de alivio. Lo único que le impidió caer de rodillas fue una repentina subida de frustración. – ¡Por el amor de Kami, chicos! ¡No tienen idea de lo preocupado que estaba por ustedes! En serio, Iida, ¿en qué diablos estabas pensando, yendo por tu cuenta tras Stain?

– ¡Mis más humildes disculpas, Son-kun! – dijo Iida, tratando de levantarse para inclinar la cabeza. – Dejé que mis emociones se apoderaran de mí, y por eso, de verdad lo siento.

Gohan sintió que se le formaba una migraña y se frotó las sienes agotado. – Sé que querías vengarte, hombre… lo entiendo. Créeme. ¿Pero por qué no hablaste con ninguno de nosotros? ¿Por qué no hablaste conmigo? Te habría ayudado.

– ¡Perdóname, amigo mío! ¡Sabía que mis acciones serían irresponsables y poco heroicas, y no quería echarle a nadie más mis problemas encima! – confesó Iida, casi ahogándose.

Gohan sintió un tic en su ojo. ¿No quería echarle a nadie más encima sus problemas? ¿Por qué eso le sonaba tan familiar?

Suspirando una vez más, sacudió su cabeza y se acercó a su compañero con gafas y le dio una palmada en el hombro. – Está bien. Sólo me alegra que estés a salvo. También ustedes, por supuesto.

– ¡E-eres demasiado amable! – dijo Iida con la voz ahogada.

– Honestamente, tuvimos suerte de haber salido casi ilesos de eso. – admitió Midoriya, acercándose hacia donde estaba Gohan.

– Sí. Aún con los tres juntos haciendo equipo, apenas logramos sobrevivir. – añadió Todoroki, que no sonaba muy feliz. – Fue sólo cuando Stain metió la pata y se descuidó que pudimos tomar ventaja.

– Entonces, ustedes realmente acabaron con él, ¿eh? – preguntó Gohan retóricamente, acercándose hacia el derrotado Stain y echándole una mirada a lo que le habían hecho. – Wow. Eso es realmente impresionante. Este tipo no es ninguna broma.

– Tus amigos también salvaron mi vida, y por eso, les estoy eternamente agradecido. – proclamó el hombre que vigilaba a Stain.

– Este es Native. – lo presentó Midoriya.

– Gusto en conocerlo, señor. – lo saludó Gohan, extendiéndole la mano, a lo cual Native se la estrechó.

– El placer es todo mío, muchacho.

– Odio admitirlo, pero creo que nos habría venido bien tu ayuda, Son. ¿Por qué te tardaste tanto? – inquirió Todoroki.

– ¿Huh? – Gohan estaba confundido. – ¿A qué te refieres?

Todoroki lo miró de reojo. – ¿No recibiste el mensaje de texto de Midoriya?

– ¿Mensaje? – repitió Gohan. Sacó su teléfono, y efectivamente, había un mensaje de Midoriya con estas coordenadas exactas. – Vaya, tonto de mí. Lo siento, ni siquiera se me ocurrió verificar mi teléfono.

– Ya veo. ¿Supongo que estabas ocupado peleando contra Nomus? – extrapoló Todoroki.

– Sip.

– Por supuesto que lo estabas. Y ese que acabaste, ¿está…?

– ¿Muerto? Nah, sólo lo noqueé. – le informó Gohan. – No soy un asesino. También espero que lo que sea que les hayan hecho a estos tipos se pueda revertir, y que puedan volver a la normalidad. Ellos también son víctimas.

– Ya veo.

Native se aclaró la garganta. – Por lo que veo, ustedes tienen muchas cosas por las que ponerse al día, así que veré si puedo contactar a una ambulancia y a la policía. – declaró, pausando brevemente para mirar con cautela a su cautivo. – No creo que despierte pronto. He estado vigilándolo como un halcón, y ni siquiera se ha movido. Volveré en lo que pueda.

Midoriya le dio una sonrisa al hombre. – Gracias, Native. Nos veremos pronto.

– Hmm. – Gohan murmuró, inclinándose para ver el daño que Stain había recibido. – Quemaduras por fuego, y por congelación, una pierna rota, y lo que parece una muñeca fracturada… ahh, también se rompió la mandíbula. Supongo que también debe tener heridas internas.

Alejándose momentáneamente del villano derrotado, no pudo evitar fruncir el ceño. – Sé que este sujeto es una escoria masiva, pero si no recibe atención médica pronto…

– ¿A quién llamaste escoria?

Los ojos de Gohan se ensancharon. – ¿Qué…?

Las cuerdas que sujetaban a Stain se rompieron, y el Asesino de Héroes se paró sobre una rodilla, con cada una de sus extremidades temblando por el esfuerzo. – Sólo estaba esperando…

– ¡No! ¡Stain! – rugió Iida.

– ¡Son-kun! ¡Retrocede! – gritó Midoriya.

– ¡Esperen! – Includo Todoroki estaba entrando en pánico. – ¡Me ocuparé de…!

– ¡Atrás! – exigió Gohan, extendiendo la mano para evitar que se acercaran más.

– … esperando el momento perfecto… ¡para escapar! – gruñó Stain entre dientes apretados, con la boca chorreándole de sangre.

– Este tipo está a las puertas de la muerte. – observó Gohan, mirando a Stain levantarse con dificultad. – Ya no es una amenaza para nadie.

– ¿A las puertas de la muerte? No puedo morir aquí… no hasta que… no hasta que haya… ¡completado mi purga! – chilló Stain, cuya cara de zombi se contorsionaba de agonía.

– ¿Purga? ¿Cuál purga? – presionó Gohan.

Un cuchillo ensangrentado resbaló de entre las manos de Stain. – ¡Hay demasiados… héroes falsos en este mundo… que sólo les importan… el dinero y la fama! – dijo Stain con la voz entrecortada, mientras caminaba con las piernas temblándole y dando tumbos. – ¡Demasiados… criminales… que sólo les importa… causar problemas menores! ¡Por el bien… de una sociedad mejor… tengo que… inundar las calles… con su sangre!

Gohan no podía creer la depravación que salía de la boca de este sujeto. – ¿Estás demente? ¿Qué te da derecho a asesinar a cualquiera que no encaje en tu estrecha definición de lo que es un héroe?

– ¿Asesinar? – repitió Stain, bamboleándose de izquierda a derecha. – Hasta que… complete mi purga… los únicos que permitiré que me maten son… ¡All Might y… la Mancha Dorada!

Habiendo finalmente alcanzado su límite, cayó de frente y se estampó de cara en el pavimento. Gohan se quedó mirando al villano inconsciente en un silencio estupefacto, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. Fue sólo cuando vio la sangre que salía de debajo del cuerpo de Stain que recuperó el sentido.

– ¡Mierda! ¡Se va a desangrar si no consigue ayuda pronto!

– ¿Q-qué hacemos? – tartamudeó Midoriya mientras Iida y Todoroki se inclinaban para verlo.

– Primero, hay que moverlo a posición de recuperación, para que no se ahogue. – exclamó Gohan, arrodillándose antes de voltear a Stain sobre su costado, sólo para retirar las manos al ver que estaban impregnadas de rojo. – ¡Todavía está perdiendo mucha sangre! ¡Diablos!

– Está por todas partes. – observó Todoroki.

– ¡Tenemos que aplicarle un torniquete! – sugirió Iida. Los ojos de Gohan se ensancharon.

– ¡Por supuesto! – exclamó. Arrancándose un trozo de la capa, lo utilizó para enrollar alrededor del cuerpo de Stain. Le quedó a medida. – No tengo nada para desinfectar las heridas, pero esto tendrá que servir por ahora. Necesito que lo mantengan quieto mientras le amarro esto por todo el cuerpo. ¡Deprisa, se nos agota el tiempo!

– Estoy en ello.

– ¡Por supuesto!

Gohan asintió mientras los dos se ponían en posición. – Midoriya, necesito que arranques trozos lo bastante grandes como para cubrirle cada una de sus extremidades.

– ¡C-claro!

Con la ayuda de sus compañeros, y uso liberal de su capa, Gohan fue capaz de vendar individualmente el torso, brazos y piernas a Stain, dejándolo como si hubiera salido de un antiguo sarcófago egipcio. Con el sangrado frenado temporalmente, movió a Stain de vuelta a su posición de recuperación, y sólo entonces fue que soltó el aliento que estaba conteniendo.

– Gracias, chicos. No habría podido hacer esto sin ustedes. – admitió, sacudiéndose el sudor de la frente.

– No, Son-kun… gracias. – murmuró Iida. – Creí que quería ver a Stain muerto, pero cuando comenzó a desangrarse, ¡m-me sentí asqueado consigo mismo! ¡No pude soportar el pensamiento de ser responsable por la muerte de otra persona, incluso alguien tan despreciable como Stain!

– Nunca pierdas esa humanidad, Iida. – lo consoló Gohan, dándole a su amigo una sonrisa gentil.

– No te preocupes. No lo haré.

– No puedo creer que haya podido ponerse de pie a pesar de sus heridas. – comentó Todoroki.

– Yo tampoco. – añadió Midoriya. – Los tres le dimos con todo lo que teníamos, y aun así no fue suficiente para vencerlo.

Gohan sacudió su cabeza. – Nah, ustedes definitivamente le hicieron suficiente daño para derrotarlo. Fue sólo que su fuerza de voluntad lo mantuvo andando más allá de sus límites. Para cuando se le acabó, literalmente estaba corriendo con lo poco que le quedaba.

– Qué hombre tan aterrador. – murmuró Iida.

– En efecto. – Gohan estuvo de acuerdo. En ese momento, sus oídos captaron algo en la distancia… ¿voces, tal vez? ¿De gente discutiendo? – Hey, ¿escuchan eso, chicos?

– Sí estoy oyendo algo. – reconoció Midoriya.

Los cuatro estudiantes prestaron atención, y tal como dijo Gohan, se empezaron a oír dos voces distintivas.

– … ¡completamente irresponsable!

– ¡Oh, ya bájale! ¡Sólo porque en tus tiempos peleaban con palos y piedras, no significa que tienes que ponerte celoso de los niños de hoy en día!

– Qué… ¡¿cómo que palos y piedras?! ¡Si todavía no tengo ni setenta años!

– ¿Seguro? ¡Podrías haberme engañado!

Una sonrisa amplia se formó en los labios de Gohan; sólo había una persona a quien conocía que sería capaz de meterse así de desvergonzadamente bajo la piel de la gente… y con toda certeza, llegó doblando la esquina con otras dos personas acompañándola. – ¡Mirko-sensei!

– ¡Y Gran Torino! – exclamó Midoriya.

– Y por supuesto Endeavor también tenía que venir con ellos. – gruñó Todoroki.

– ¡Hola, mocosos! – dijo Mirko alegremente, saludándolos con la mano. – ¿Quién es la momia?

– Stain. – declaró Gohan. Los ojos de Mirko se abrieron levemente, mientras que la quijada de Gran Torino se fue hasta el suelo.

– ¡Whoa, ¿en serio?! ¿También acabaste con él?

– No, fueron ellos. – reveló Gohan, señalando a sus compañeros de clase.

Mirko silbó con apreciación. – ¿De verdad? Diablos. Este año sí que tenemos un lote talentoso, ¿eh?

– Talentoso… ¡pero irresponsable! – espetó Gran Torino, lanzándose de frente con una velocidad que no iba con su edad avanzada y hundiéndole la bota en la cara a Midoriya. – ¡¿No te dije que te quedaras en tu puesto?!

– ¡L-lo siento! – tartamudeó Midoriya.

– Bueno, al menos todavía estás vivo. – gruñó Gran Torino, saltando de vuelta al suelo y cruzando los brazos. – Malditos mocosos estos días… llenos de orina y vinagre.

Mirko soltó una risotada. – ¿Orina y vinagre? ¿En serio? Y te preguntas por qué digo las cosas que digo.

– ¡Cállate!

– Shoto, ¿estás bien? – le preguntó Endeavor a su hijo.

– Estoy bien. – espetó Todoroki, que no quería mirar a los ojos a su padre.

– ¿Es cierto que tuviste una mano en la derrota del Asesino de Héroes?

– Sí.

Un destello apenas perceptible de algo cruzó por la cara de Endeavor, pero Gohan no fue capaz de identificar qué fue. – Ya veo. Buen trabajo. – lo halagó el héroe número dos, sólo para que cayera en oídos sordos.

Iida, entretanto, observaba las interacciones con preocupación en el rostro. – ¿Alguno de ustedes ha visto a Manual?

– Oh sí, él está bien. – le aseguró Mirko. – Tiene un hueco gigante en una pierna que tuvieron que parcharle, pero vivirá. Dijo que vendrá a verte en breve.

Iida se cayó de rodillas, exhalando de alivio. – Gracias al cielo.

– Hablando de eso… – empezó a decir Mirko, acercándose a Gohan y dándole unos toquecitos en las costillas con el codo. – Me di un tour por la ciudad y eché un ojo a tu trabajo. ¡Impresionante! ¿Cuántos Nomus te cargaste al final?

– Seis. – respondió Gohan.

– ¡Qué bien! – sonrió Mirko. – ¡Yo hice pedazos por completo a esos cuatro que me indicaste! ¡Los bastardos no supieron ni qué los golpeó!

Gohan sonrió también. – Buen trabajo, sensei.

– ¿Qué hay de ti, Endeavor? – inquirió Mirko, lanzándole una sonrisa pícara al hombretón. – ¿Cuántos acabaste tú?

Endeavor eligió no responder, optando por alejarse del grupo con las manos en los bolsillos.

– Vaya, como que alguien está de mal humor esta noche. – murmuró Mirko entre dientes. – Me pregunto si algo se le metió entre el trasero y murió.

– Creo que es porque sólo acabó con tres Nomus. – le susurró Gohan al oído.

Mirko resopló. – ¡Oh sí, es verdad! ¡Había trece de esos fenómenos! ¡Buen trabajo, chico! ¡Derrotaste al Número Dos!

– Usted también.

Justo entonces, un muy emocionado Native llegó corriendo del callejón, sosteniendo con orgullo un teléfono. – ¡Oigan todos! Acabo de ponerme en contacto con…

Se quedó congelado, mirando primero a Gohan y Mirko, luego a Midoriya y Gran Torino, luego a Endeavor, y finalmente el cuerpo momificado de Stain, que yacía en un charco de sangre. El teléfono se le resbaló de las manos y se partió al golpear el cemento.

– ¿Q-qué rayos fue lo que pasó aquí? – tartamudeó. – ¡No han pasado ni diez minutos!

Midoriya soltó una risita nerviosa. – S-sí, umm, acerca de eso… mejor será que se siente. Es una historia un poco larga.

Un par de horas después del ataque de los Nomus, Gohan se encontraba en una sala de hospital con Midoriya, Iida y Todoroki. El trío se veía significativamente más deprimido que la última vez que los había visto; supuso que se debía a que la adrenalina de antes ya habría abandonado sus cuerpos.

Los tres llevaban varios vendajes encima, mientras él todavía llevaba su traje de héroe, excepto la capa. Había ocurrido un torbellino de actividades tras los eventos de esa noche, y debido a eso no tuvo la oportunidad de volver al apartamento Mirko por una muda de ropa para cambiarse.

Mirando a sus compañeros heridos, suprimió el impulso de fruncir el ceño. Todo esto podría haberse evitado si Iida hubiese acudido a él en busca de ayuda. Aun así, él ya había dicho lo que pensaba al respecto, y lamentarse más por ello no iba a ayudar a nadie.

– ¿Cómo se sienten, chicos? – les preguntó.

Midoriya sacudió levemente su brazo derecho. – Puede que me haya excedido un poco contra Stain, pero lo peor que tuve fue una fractura en la muñeca. También tengo una herida en la pierna, pero no es nada de qué preocuparse.

– "Gracias a Kami por eso." – pensó Gohan, feliz de que su protegido tuviera algo de sentido común. Lo último que necesitaba era que volviera a destrozarse el brazo sólo para potenciar su Quirk.

Iida bajó la cabeza, con aspecto peor que los otros ya que tenía ambos brazos en cabestrillo. – No estoy seguro de cuánto daño sufrí. Tendrán que hacerme más pruebas.

Gohan frunció el ceño, sintiendo que su frustración se evaporaba. – Lo siento, hermano. Con suerte no será demasiado serio. – Cuando Iida se quedó en silencio, se giró hacia el último del trío. – ¿Qué hay de ti, Todoroki?

– Estoy bien. – dijo el chico con heterocromía.

Gohan parpadeó, tomando nota de la enorme venda que le cubría la muñeca izquierda. – Como digas. – No iba a indagar más.

– No es que no aprecie tu preocupación, ¿pero por qué estás aquí? – inquirió Todoroki. – Claramente tú no necesitas atención médica.

Gohan se rascó detrás de la cabeza. – Honestamente, no tengo idea. Mirko-sensei me dijo que viniera a relajarme con ustedes, y que vendrían a vernos pronto.

– ¿Quiénes? – presionó Todoroki.

Lo único que Gohan pudo hacer fue encogerse de hombros. – No lo sé.

Midoriya frunció los labios. – Tengo un mal presentimiento sobre esto.

– Yo también. – añadió Iida, con aspecto deprimido. – Asumo que se trata de nuestros castigos por utilizar nuestros Quirks fuera de la ley.

Gohan se llevó la palma a la cara, haciendo una mueca. – Por supuesto. – No podía ser otra cosa.

– En serio no creerás que van a castigarnos, ¿o sí? – preguntó Todoroki, sonando algo agitado.

– Las reglas son las reglas. – murmuró Iida.

– ¡Pero si acabamos con Stain, y Son se hizo cargo de un montón de Nomus! – espetó Todoroki. – ¡Deberían darnos una medalla!

– ¿T-t-tal vez están sacando conclusiones antes de tiempo? – sugirió Midoriya. – Sólo esperemos para ver de qué se trata.

Afortunadamente, no tuvieron que esperar por un largo tiempo, ya que la puerta se abrió para revelar a Mirko, Manual, Gran Torino, Endeavor, y un hombre absolutamente enorme con una cabeza de perro, a quien Gohan no reconoció. De repente, sintió algo revolviéndose en su estómago; la habitación se había llenado de mucha gente…

– Vaya pandilla de mocosos rudos que tenemos aquí, ¿eh? – les saludó Mirko con una enorme sonrisa. – ¡Pensé que el Cuatro Ojos ya estaría con las luces apagadas!

– Vamos, Srta. Mirko, ¿no te parece que eso es un poco insensible? – la regañó Manual.

Antes que ella pudiera replicarle, Gran Torino se aclaró la garganta. – Vamos, ya basta, ustedes dos, que estamos trabajando aquí. Mantengamos las cosas profesionales, ¿quieren?

– Gran Torino tiene razón. Mejor arreglemos esto de una vez para que podamos irnos a casa. – gruñó Endeavor.

Mirko le sacó la lengua, pero todos la ignoraron.

– Caballeros, éste es Tsuragamae Kenji, el jefe de la policía de Ciudad Hosu. – dijo Gran Torino, señalando al heteromorfo con cara de perro.

Gohan hizo una mueca. – "Ahh, diablos."

– Así que, ustedes son los estudiantes de la U.A. responsables por detener al Asesino de Héroes. – ladró el jefe, cuyos pequeños ojos marrones escudriñaban a los tres chicos en cama. – Comenzaré diciendo que se encuentra en cuidados intensivos, recibiendo tratamiento por sus quemaduras por fuego y congelación, huesos rotos y sangrado interno. De no haber sido por esos vendajes improvisados, bien podría haberse desangrado hasta morir. Aun así, es un individuo remarcablemente resistente, y los doctores esperan que se recupere por completo.

El trío intercambió miradas entre ellos, y no fueron de celebración. La vibra en la habitación era… muy pesada. Si el Jefe Tsuragamae lo notó, no hizo ningún comentario. En lugar de eso, se aclaró la garganta.

– Cuando los Quirks aparecieron por primera vez, la policía eligió no utilizarlos como armas para mantener el estatus quo. Eso dejó un vacío que eventualmente sería llenado por los héroes profesionales… mientras tuvieran las cualificaciones necesarias.

»La autorización del uso de Quirks como armas fue criticada duramente al principio, pero al final resultó ser la decisión correcta, y rápidamente se ganó el apoyo del público, y lo ha mantenido todos estos años, porque sus predecesores actuaron moralmente y mantuvieron un estricto código de ética.

– "¡Ya deje la pontificación y vaya al grano de una vez!" – gruñó Gohan en su mente. No le gustaba para dónde iba esto.

– Pero… – ladró de nuevo el jefe – … usar Quirks sin permiso, y lastimar a otros sin las cualificaciones necesarias, constituiría una seria violación de la ley… independientemente de si haya sido contra un ladrón de poca monta, o el Asesino de Héroes en persona. A la luz de los eventos de esta noche, ustedes tres, al igual que sus mentores, Endeavor, Manual y Gran Torino, tienen que ser juzgados estricta e imparcialmente.

El corazón de Gohan se hundió.

– ¡Espere un minuto! – exclamó Todoroki, saltando fuera de su cama.

– ¡Shoto! ¡Siéntate! – le gruñó Endeavor, pero fue en vano.

– ¡Si Iida no hubiese actuado, Native habría sido asesinado, y si Midoriya no hubiera aparecido, los dos estarían muertos! ¡Nadie sabía que Stain estaba allí! – gritó en tono tajante. – ¡¿Deberíamos haberlos dejado morir, sólo por seguir sus estúpidas leyes?!

– ¡Ya basta! – rugió Endeavor.

– ¡¿No se supone que el trabajo de un héroe es salvar vidas inocentes?! ¡¿Cuál es el punto de usar nuestros poderes para hacer el bien en tiempos de crisis, si lo único en que resulta es en que nos castiguen a todos?!

A estas alturas, Endeavor parecía estar a punto de hacer erupción; la temperatura de la habitación parecía haberse elevado por lo menos diez grados. – ¡Ya! ¡Basta! ¡Shoto!

– ¡Oi, tómalo con calma! ¡El mocoso tiene razón! – lo regañó Mirko.

– Suficiente, Endeavor. – le advirtió el Jefe Tsuragamae, alzando la mano. Todoroki seguía echando humo, pero el jefe mantuvo su compostura. – Tu espíritu es admirable, jovencito, pero aún tienes mucho por aprender sobre cómo funciona el mundo. Todo lo que les he dicho… es la postura oficial del departamento de policía.

El gesto fruncido de Todoroki se suavizó, pero sólo marginalmente. – ¿Huh?

Gohan se sentía similarmente confundido. El jefe por su parte se rascó el mentón.

– La pregunta real es si debemos lidiar o no públicamente con este problema. Si dejamos que la verdadera historia salga a la luz, ustedes tres serán alabados como héroes, pero no podrán evitar su castigo. Por otro lado, podríamos decir que Endeavor fue el que derrotó a Stain. Sus quemaduras servirían para respaldar la historia, y podemos fingir que ustedes no estuvieron involucrados. Esto significa que ustedes no recibirán el reconocimiento por haber acabado con un villano tan notorio, pero podrán seguir con sus vidas de manera normal.

Lanzándole al trío el equivalente perruno de una sonrisa, el jefe extendió las manos como si los invitara. – Me gusta pensar que soy un tipo justo, y odiaría castigar a tres héroes jóvenes y prometedores por un despliegue de heroísmo tan impecable… aunque haya sido admitiéndolo una enorme violación de la ley. ¿Ustedes que dicen, muchachos?

Gohan no pudo creer lo que escuchó. ¡¿Lo encubrirían todo?! Hasta Mirko se veía perturbada.

Todoroki resopló burlonamente. – No puedo decir que me alegre que este tipo se quede con el crédito por nuestro duro trabajo, pero si eso es lo que hace falta, que así sea.

– No te creas por un segundo que yo estoy feliz por esto, chico. – gruñó Endeavor, que finalmente parecía haberse calmado. Cruzó los brazos haciendo una mueca. – Así no es como hago las cosas.

– Lo acepto. – proclamó Iida, inclinando la cabeza frente al jefe.

– Yo también. – añadió Midoriya, haciendo una reverencia también.

El Jefe Tsuragamae asintió. – Excelente. Me alegro de escuchar eso. Ahora, queda un último asunto que tenemos que resolver…

Gohan tragó saliva cuando todas las miradas en la habitación se giraron hacia él. Esa sensación revuelta en su estómago se convirtió en algo malicioso, haciéndolo sentirse genuinamente enfermo, pero endureció su rostro, indispuesto a demostrar hasta una pizca de debilidad.

– El prodigio Son Gohan, campeón del festival de la U.A. – lo alabó el jefe, mirando fijamente a los ojos al híbrido saiyajin. – Sin duda te has hecho un nombre por tu cuenta. ¿No es así, Mirko?

– De los mejores, sin duda. – dijo Mirko con orgullo.

El jefe suspiró y se frotó el hocico. – Nos has dejado en un gran predicamento, chico. El incidente del Asesino de Héroes, podemos fácilmente barrerlo bajo la alfombra porque no hubo testigos. Tus acciones, por otro lado, están por todas las redes sociales… y estoy seguro de que un joven como tú está al tanto de que, una vez que una historia despega en internet, es casi imposible suprimirla.

– Ya veo. – replicó Gohan. ¿Qué más podría decir? Si estaban en el siglo XXII, cualquier cosa y cualquier persona estaba conectada con el internet de alguna forma.

– Veamos ahora… hay fotos borrosas de ti peleando contra los Nomus, el testimonio de una familia a la que salvaste, un grupo de reporteros de noticias capturó tu pelea contra ese Nomu gigante, un par de héroes han dado entrevistas halagándote por tu asistencia. – dijo el jefe haciendo cuentas. – ¡Oh! Y también un clip muy corto de ti hablando con el Asesino de Héroes. No sabemos cómo fue que se filtró eso.

– ¿Y qué sucederá ahora? – preguntó Gohan, manteniendo su semblante firme, aunque su estómago por dentro no dejaba de revolverse.

El jefe frunció el ceño. – Para ponerlo en términos directos, tus acciones de esta noche han sido la violación más escandalosa de las leyes de regulación de Quirks que he visto en mis cuarenta años en la fuerza, y eso… no podemos ignorarlo.

– ¡Oiga, espere un minuto! – gruñó Mirko, dando un paso al frente para ponerse junto a Gohan y poniéndole la mano en el hombro. – ¡Lo único que hizo el chico fue obedecer mis órdenes!

– ¿S-sensei? – Sintió un ligero apretón.

– ¡Yo fui la que le dije a Gohan que deberíamos separarnos para pelear contra esos Nomus! ¡Sé de lo que él es capaz, y confiaba plenamente en que él podría ir por su cuenta y darles a esos fenómenos la paliza de sus vidas, y lo hizo! ¡Los dejó a todos en ridículo y salvó muchas vidas por el camino, incluyendo la de Stain! ¡Deberían darle la llave de toda la maldita ciudad por lo que hizo!

La expresión del jefe se tornó grave. – Mirko, ¿estás admitiendo que enviaste a un menor de edad que ni siquiera tiene licencia provisional de héroe, a pelear por su cuenta contra varios villanos altamente peligrosos?

– ¡Diablos! ¡Maldición! ¡Claro que lo hice! – Mirko sonrió desafiantemente. – ¡Y no lo lamento ni por un segundo, porque Son Gohan es un héroe mucho más competente que el 99% de los profesionales que tienes rondando por las calles!

La sala se quedó en un silencio de muerte; no se oía ni una respiración. Endeavor tenía los ojos muy abiertos, los otros héroes tenían las quijadas en el suelo, y los compañeros de Gohan se veían estupefactos… y en cuanto a él, todo lo que pudo hacer fue mirar a Mirko en shock, con el corazón latiéndole a más de cien kilómetros por minuto.

Y entonces, una epifanía lo golpeó: sin importar la hora, día, planeta o dimensión, se juró que protegería a esta mujer con cada vibra de su ser. Cualquiera… quien fuera que tratara de causarle cualquier tipo de daño, se enfrentaría a toda su ira, y no le tendría piedad.

El Jefe Tsuragamae se frotó el puente de la nariz, con el aspecto de ser el veterano que decía ser. – Eso… cambia las cosas, pero no hace que mi trabajo sea más fácil. – gruñó. – Es cierto que lo que hizo fue en contra de la ley, pero también es cierto que ayudó a salvar muchas vidas. Además, gracias a su habilidad y control, ninguno de los Nomus murió.

»Si decidiera… castigarlo, sin duda habría una reacción masiva del público, y nuestra reputación recibiría un golpe enorme. Sin embargo, las reglas son las reglas, y dejar que ese comportamiento pase sin castigo sentaría un mal precedente. Sólo porque Son Gohan sea un prodigio en un millón, no significa que no haya niños impresionables allá que podrían tratar de imitar su comportamiento.

Gohan frunció el ceño. Eso… no fue algo que hubiera considerado, pero de nuevo, se podría extender el mismo nivel de cautela a todo lo demás. Él no creía que fuera justo recibir trato diferente de los demás, sólo por un escenario hipotético.

– Dicho eso, la confesión de Mirko lo cambia todo. – musitó el jefe, dándole a Gohan toda su atención. – Dadas las circunstancias, creo que el desenlace más justo sería cancelar tu pasantía y colocarte en arresto domiciliario por el resto de la semana.

– ¡¿Qué?!

– Por supuesto, tendrás permitido salir de tu apartamento para hacer tus compras y ejercitarte. No estarás en prisión ni nada de eso. Considéralos unos días de vacaciones, por un trabajo bien hecho. – razonó el jefe, tratando de sonar amable, pero fallando miserablemente. – Notificaremos a tu guardián sobre los acontecimientos.

– Eso es una mierda, y todos aquí lo saben. – espetó Todoroki.

– Shoto… – le advirtió Endeavor.

– Está bien, Todoroki. – intervino Gohan, lanzándole a su compañero de clases una sonrisa triste. – Aceptaré mi castigo.

Todoroki cruzó los brazos resoplando, todavía visiblemente insatisfecho, pero aplacado por el momento.

Aclarándose la garganta, el Jefe Tsuragamae se giró hacia Mirko, con el ceño fruncido. – En cuanto a ti, Mirko… podrás volver a tus deberes como heroína como de costumbre, pero tendrás que pagar una enorme multa por negligencia y romper tus deberes de cuidadora. Y más aún, estarás suspendida de tomar aprendices para pasantía durante dos años completos.

– ¿Eso es todo? Wow, me salió ligero el castigo, ¿eh? – bromeó Mirko, sonriéndole al hombre con cabeza de perro. – Hey, ¿qué tal si me quitas la casa mientras estás en ello? Sólo para probar el punto, ya sabes.

– No me presiones, Mirko. Considérate afortunada de ser tan popular como eres. – le advirtió el jefe. – No podemos permitirnos más prensa negativa.

– "¡¿Prensa negativa?!" – se preguntó Gohan. ¿Qué clase de sistema retorcido era éste, donde las relaciones públicas y regulaciones arcaicas tenían precedencia sobre hacer lo que era moralmente justo?

La mente de Gohan ahora era un absoluto desastre de emociones; ya había pasado las etapas de ansiedad, dolor, aceptación reacia, y ahora, una furia ardiente que amenazaba con consumirlo, ¡todo en el espacio de unos cuantos minutos! Aun así, logró pelear para ocultar cada onza de rabia que sentía, ocultando su furia tras una máscara sumisa.

Aclarándose la garganta de nuevo, el Jefe Tsuragamae se dirigió a todos en la habitación. – Me disculpo por mantenerlos despiertos hasta tan tarde. Sé que deben estar exhaustos. No se preocupen, ya casi hemos terminado. Ahora… – Se giró hacia Midoriya, Iida y Todoroki. – Como alguien cuya prioridad principal es proteger a los inocentes, quisiera agradecerles por ponerle fin al reinado de terror del Asesino de Héroes. Me disculpo porque no podrán recibir sus justas recompensas, pero así es el mundo en el que vivimos. Para mantener la paz, todos debemos hacer concesiones, ya sea que nos gusten o no.

Y dicho eso, hizo una reverencia. Todavía no se veían felices, pero asintieron a pesar de todo.

Finalmente, el jefe fijó la mirada con Gohan e inclinó su cabeza. – En cuanto a ti, Son Gohan, también quisiera extender mi más grande y sincero agradecimiento por tu excepcional valentía y heroísmo. Ayudaste a salvar a mi ciudad y a sus ciudadanos, y por eso, te estaré eternamente agradecido.

Se inclinó nuevamente, pero Gohan eso le importaba muy poco. Cuando se levantó de nuevo, pudo ver que sus diminutos ojos marrones se habían entrecerrado ligeramente.

– Sin embargo, creo que es justo que también te deje una advertencia. Al final del día, rompiste la ley, y eso no es negociable. Fuiste afortunado de que Mirko haya sido la culpable en esta ocasión, pero no tendrás esa excusa de tu lado si vuelve a ocurrir… y si ese llega a ser el caso, las consecuencias serán mucho más severas.

Gohan asintió. – Lo entiendo, señor.

– Me alegra escucharlo. – replicó el jefe. – Ahora, les deseo a todos buenas noches, y espero que nuestro próximo encuentro sea bajo circunstancias mucho más agradables.

Y con eso, se marchó, con Endeavor siguiéndolo de inmediato. Gran Torino y Manual fueron a charlar con sus psantes, y Mirko se le acercó a Gohan. – ¿Cómo te sientes? – le susurró ella.

– Horrible. – admitió él.

Ella se rio, sin alegría genuina. – Esa es la cruel realidad del mundo en que vivimos, chico, pero no dejes que eso quebrante tu espíritu. Acéptalo, sigue adelante, enfócate en las cosas que puedes controlar, y esfuérzate por ser el mejor héroe que puedas ser.

Gohan no tenía más nada que decir a eso, así que Mirko le apretó suavemente el hombro.

– Te dejaré un momento con tus amigos. Ven a verme afuera cuando hayas terminado.

Dicho eso abandonó la sala, y Gran Torino y Manual la siguieron, dejando a los cuatro adolescentes en silencio. Gohan no sabía qué decir, Midoriya parecía decaído, e Iida se veía absolutamente devastado. Todoroki simplemente miraba hacia el techo, pero eso no era tan inusual, dado que era por mucho el más reservado del grupo.

Lo que sí fue sorprendente, sin embargo, fue que él terminó siendo el que rompió el silencio. – Son.

– ¿Hmm?

– ¿Cuánto de lo que dijo Mirko sobre darte órdenes era verdad? – preguntó Todoroki.

– Nada en absoluto. – confesó Gohan. – Ella me puso a mí a cargo, y yo fui el que le dijo qué hacer.

Todoroki sonrió de lado. – Me lo imaginaba. Elegiste a una buena heroína con quien hacer tu pasantía, Son.

– La mejor de todas. – corrigió Gohan.

– Lo siento mucho, Son-kun. No es justo que a ti te castiguen por haber hecho lo correcto. – murmuró Midoriya.

– No, definitivamente no. – Iida estuvo de acuerdo, con un suspiro cansado. – Los últimos días me han dado mucho en qué pensar.

– Trata de descansar un poco primero. – sugirió Gohan. Les dio un asentimiento a Midoriya y Todoroki. – Lo mismo para ustedes dos. Veré si puedo venir a visitarlos mañana. Como resulta ser, mi horario para todo el resto de la semana acaba de abrirse totalmente.

Eso le sacó una pequeña risita a Midoriya, lo cual fue suficiente para él. Despidiéndose por última vez de sus compañeros, salió de la habitación.

Afuera de la habitación, encontró a Mirko apoyada contra una pared con los brazos cruzados. Al verlo, levantó las orejas y se le acercó. – ¿Qué tal te fue allí dentro?

– Lo siento mucho, sensei.

– ¿Lo sientes? – Mirko parecía perpleja. – ¿Por qué?

– Por haberla metido en problemas, y que tenga que pagar una multa. – replicó Gohan. – Sé lo mucho que usted estaba esperando esta pasantía. Y yo también, por lo que vale.

– Aww, está bien. – Mirko le restó importancia, mostrando una expresión de ternura que nunca le vio antes. – Créeme, chico, ¡estos últimos tres días han sido los más divertidos que he tenido en años!

– ¿En serio? – Eso lo pilló con la guardia baja. ¿Aún después de ser una de las heroínas más reconocidas en Japón durante años?

– ¡Diablos que sí! – confirmó ella. – ¡Tenerte fue un absoluto deleite para mí!

– Pero… la multa, y la suspensión…

– ¡Son irrelevantes! – terminó de decir Mirko por él. – ¡Me importa un cuerno el dinero, y el único pasante que quiero tener eres tú! ¡No me extraña que esos burócratas estén tratando de nerfearnos! ¡No pueden manejar lo rudos que somos juntos tú y yo!

A pesar de sí mismo, Gohan sonrió. – En eso no se equivoca, sensei. – Aunque no estaba seguro si "rudos" sería la palabra que utilizaría; lo que hicieron parecía más una carnicería en este contexto.

Mirko sonrió y se puso a desordenarle el cabello. – ¡Eso es lo que quiero escuchar! Y oye, por lo que vale de mi lado, no me arrepiento de nuestra pasantía juntos ni por un segundo. Y lo digo en serio cuando… ¡uff!

– Gracias, sensei. – murmuró Gohan con la boca apretada contra el collar esponjoso que le rodeaba el cuello, luego de atraparla en un abraza. – ¡Muchas, muchas, muchísimas gracias!

– No puedo… respirar…

– ¡Oh! ¡Diablos! – La soltó al instante. – ¡L-lo siento, sensei!

Mirko se carcajeó. – ¡No lo sientas! ¡Me acabas de ahorrar un viaje al quiropráctico!

Sintiendo que el calor se le subía a las mejillas y se rascó detrás de la nuca. – Sí, sólo que… supongo que dejé que se me subieran las emociones. Lo siento.

Ella sonrió de nuevo. – Hey, al menos esta vez no se te paró el miembro allá abajo.

– Senseiiii… – gruñó Gohan, sólo para que ella se carcajeara tan fuerte que casi parecía al borde de las lágrimas. Una vez que se recuperó, se limpió los ojos y le sonrió.

– ¿Estarás bien yéndote a casa por tu cuenta?

– Estaré bien. – asintió él.

– Muy bien. Mándame un mensaje si necesitas cualquier cosa, ¿sí? Tienes mi número.

– Lo mismo digo. – replicó él, pillándola con la guardia baja. – Adiós, sensei.

– Tómalo con calma, Gohan. Ve a casa y descansa un poco. Enviaré a alguien para que te lleve tu bolso en la mañana.

– Gracias. Y lo intentaré. – fue todo lo que pudo ofrecerle, sabiendo que estaba demasiado agitado para hacer ninguna promesa.

Le pareció ver un pequeño destello en los ojos escarlatas de ella, ¿tal vez era preocupación? Pero se fue tan rápido como vino, y despidiéndose con la mano, ella se fue, bajando por el corredor y saliendo por la ventana.

Ahora a solas en ese frío y estéril pasillo del hospital, apenas podía oír el sonido lejano y ahogado de las sirenas de la policía en la distancia. Le hizo fruncir el ceño. Lo último que necesitaba ahora era pensar en la policía. Estaba seguro de que habría cámaras por todo este lugar, así que saldría por la puerta del frente, encontraría un callejón lejos de la vista, y luego despegaría hacia el cielo. Con algo de suerte, no se encontraría con una sola alma.

Antes de poner su plan en marcha, se puso a pensar en sus tres compañeros heridos, atrapados en este lugar a pesar del alboroto de afuera. Sabía que, si él estuviera en la posición de ellos, no lograría tener ni una pizca de sueño. Con suerte, ellos tal vez sí podrían descansar.

Esa noche, Gohan se encontró explayado sobre la azotea de su apartamento, mirando perdido al cielo sin estrellas. La contaminación del aire seguramente estaba particularmente densa esa noche, lo cual era una pena. Siempre le había gustado mirar las estrellas, especialmente cuando necesitaba aclararse la cabeza.

Aun así, al menos no llevaba su teléfono consigo. No tenía dudas de que la maldita cosa debía estar explotándole toda la noche, con mensajes preocupados de sus amigos y notificaciones en varias apps de noticias, pero lo había apagado poco después de su confrontación con Stain. Sabía que habría un furor absoluto por el ataque de los Nomus, y en ese momento no se sentía con ganas de lidiar con ello.

Se sentía marginalmente mal por dejar a sus amigos sin decirles nada, pero honestamente, se merecía ser un poco egoísta de vez en cuando. Además, Midoriya, Iida y Todoroki les podrían asegurar a todos que él estaba bien. Si sus amigos querían escuchar sobre él, podrían esperar hasta la mañana.

Un suspiro largo y profundo se le escapó de los labios. ¿Por qué el mundo tenía que ser tan injusto a veces? ¡Lo único que quería hacer era ayudar, porque sabía que tenía la capacidad para hacerlo! ¿Y qué obtuvo por ello? ¡Arresto domiciliario! Y de no ser porque Mirko asumió la culpa para protegerlo a él… no quería imaginarse cuál habría sido su castigo.

Ya era suficiente para hacerlo querer gritar directo al abismo con todas sus fuerzas. ¡¿Por qué las leyes tenían que ser tan condenadamente estúpidas?! ¡¿Y por qué ese maldito hombre con cabeza de perro tenía esa actitud frustrante de no arrepentirse de su decisión?!

Otro suspiro se le escapó, este mucho más ahogado. – No hay nada que hacer. – murmuró, dando un salto para ponerse de pie y caminando hacia el borde. Miró abajo y sólo vio oscuridad, no se veía ni un farol encendido en la calle. Si se atrevía a adivinar, ya probablemente pasaba de la una de la madrugada. Eso serviría para su beneficio.

Si había una lección que Mirko le había impartido durante su breve pasantía, fue que siempre tenía que tratar de ver los lados positivos, sin importar lo malas que se vieran las situaciones. Lamentarse por lo malo sólo lo haría sentirse aún más miserable.

Oh, estaba absolutamente lívido de que le hubieran suspendido su pasantía con Mirko, y que la hubieran castigado a ella por eso. Pero una oportunidad perdida significaba otra que se abría. Si Son Gohan estaba fuera de la acción, entonces la Mancha Dorada tendría que tomar su lugar, y esta vez, lo haría de manera personal.

No sabía en dónde estaban fabricando a esos malditos Nomus, o cómo eran capaces de utilizar el ki, pero lo iba a averiguar. No tendría que ser esta noche, o mañana, pero lo averiguaría, y cuando lo hiciera, habría una deuda infernal por pagar. Y entretanto, cualquiera que se sintiera envalentonado para causar problemas luego del ataque de Stain y los Nomus se arrepentiría muy rápidamente de su decisión.

Colocándose su capucha, Gohan se transformó, encontrando algo de confort en la calidez dorada de su forma de Super Saiyajin. Si había una cosa en el mundo con la que siempre podía contar… una que nunca le fallaría… era ésta. Le hacía sentirse invulnerable, como si pudiera lograr cualquier cosa, y en noches como la de hoy, era exactamente lo que necesitaba.

Tronándose los nudillos, se paró sobre el borde y saltó hacia abajo, mientras su silueta brillante se perdía en la oscuridad. Y entonces, en un destello de luz dorada, ya había desaparecido.

Esta historia continuará…


Notas del traductor:

Uff, hasta que por fin terminé de traducir este capítulo. Me llevó toda la semana debido a que los constantes cortes de luz me interrumpían, y apenas ahora es que pude acabarlo para publicar. No les voy a mentir, fue muy frustrante y a veces me sentí tentado a simplemente dejarlo, pero bueno.

En fin, la pasantía de Gohan con Mirko terminó interrumpida apenas a los tres días, pero al menos hicieron que valiera la pena. La coneja es una heroína bastante irreverente a comparación de otros profesionales, y claramente le encanta meterse bajo la piel de la gente, pero en este incidente demuestra que su corazón está en el lugar correcto cuando realmente importa. Ella claramente sabe que el mundo necesita más héroes como Gohan, y por eso se aseguró de cargar con toda la culpa del incidente para mantener el expediente de Gohan limpio. Es el tipo de mentora que él necesita, así que espero que no hayamos visto lo último de ella, y que a pesar de la suspensión tengan la oportunidad de volver a trabajar juntos en un futuro no muy lejano.

Saben, algo de lo que me di cuenta en retrospectiva de este arco, era que la mayor preocupación de las autoridades sobre que Stain hubiese sido detenido por un grupo de estudiantes era que les daría un golpe a su reputación, por el hecho de que hubiera niños haciendo el trabajo de adultos, y que lo estaban haciendo MEJOR. Esto también se aplica al incidente de cuando rescataron a Bakugou en Kamino. Y si bien puedo entenderlo hasta cierto punto, considerando lo que estaba sucediendo en ese momento, pienso que deberían tener más fe en ellos. Por eso mi parte favorita de este capítulo es que Mirko no tuviera pelos en la lengua para decirles lo que pensaba y que defendiera a Gohan, aunque eso significara tener que asumir toda la culpa para evitar que él fuese castigado. A veces, la gente debería centrarse más en seguir el espíritu de la ley en lugar de la letra, especialmente cuando hay vidas inocentes en riesgo. Por mi parte, espero que no hayamos visto lo último de la coneja, y que podamos verla trabajar codo a codo junto a Gohan a pesar de esa suspensión que le fue impuesta.

De este capítulo podemos inferir que el incidente con Stain transcurrió muy similar a como pasó en canon, con la única diferencia de que, ya que Deku tiene mayor control sobre su Quirk en este punto, parece ser que le infligió más daño. A su vez, hubo más Nomus durante el ataque, y varios de estos usaban ki igual que el del U.S.J., lo que añade más al misterio del cómo y por qué tienen esta habilidad. Según dijo TheGodfather93, en el próximo veremos las secuelas de lo sucedido en Hosu y una pequeña sorpresita. ¿Qué podrá ser?

Creo que eso ya es todo lo que tengo que decir. Gracias por los reviews a BRANDON369, Aspros D'Lars y Guest. Hasta la próxima, y como siempre, ¡superen los límites, PLUS ULTRA!