Capítulo 46
* * * P.V.G * * *
Tengo que detenerme cuando intento alcanzar una caja de una balda no muy alta en el almacén, porque el costado empieza a dolerme demasiado. Joder, esto va a hacerse muy largo, más sin poder ir en moto. Espero que por lo menos la rehabilitación ayude de verdad a avanzar más ágilmente.
Mientras me apoyo en la estantería con una mueca de dolor y maldiciendo por lo bajo, Theia entra en el lugar parándose en seco al verme allí, hablando cuando descubre que me ocurre algo.
-¿Estás bien? Deberías dejarnos recoger a nosotros, aún no estás recuperado.
-Estoy bien. –Murmuro tratando de recuperarme rápido, y volver a intentar coger la caja, pero ella me detiene para hacerlo.
-Venga, déjame a mí. Arriba está Ken preguntando por ti.
-Gracias. –Respondo rindiéndome finalmente, dejándola en el almacén para volver arriba.
Agradezco salir de aquella atmósfera tensa al instante, porque desde que me cabreé y me excedí con ella las cosas han quedado algo tirantes, pero sirvió para que todo volviera a donde correspondía y me dejara en paz. Además, ahora ha dejado ese rollo que llevaba, así que mejor para todos.
Cuando salgo tras la barra Ken se levanta del taburete donde está, y deja de hablar con Ushiyama para centrarse en mí.
-Genji, no deberías haber vuelto al trabajo tan pronto, no estás bien.
-Ya le he dicho que yo puedo ocuparme, pero es un cabezota.
-Estoy bien. –Añado ante el comentario de Ushiyama, encendiéndome un cigarro mientras me apoyo en la barra y Ken se pone a mi lado, mirándome de refilón como suele hacer hasta que habla, tanteando el terreno.
-¿Qué te pasa? Estás más serio de lo normal. ¿Por qué no te quedaste en casa? Parece que te duele aún.
-Prefiero hacer algo que estar allí pensado sin más en el sofá. Airi fue a mi casa ayer. –Suelto sin poder contenerme.
Él se queda en silencio un instante, y yo a pesar de todo siento alivio al haberlo soltado, porque no he podido dejar de pensar en ello, ni en el sentimiento de echarla de menos que me ha dejado.
-¿Quién se lo dijo? –Pregunta finalmente.
-No lo sé, pero ya no importa; lo sabe.
-¿Volvisteis a pelearos?
-No. Ella me ayudó con la herida y no me dijo nada, claro que yo estaba borracho. –Le doy una calada al cigarro par tragarme con el humo los detalles de la noche, y Ken vuelve a tomar la palabra, dando en el clavo, como suele hacer.
-La echas de menos, ¿eh? Tienes que volver con ella, Genji. Os necesitáis el uno al otro, y nada se arreglará hasta que volváis a estar juntos, porque eso es lo que os hace estar bien.
-No, Ken –niego con la cabeza mientras exhalo el humo-. Nada estará bien hasta que Kuroki deje de tenerme en el punto de mira. Es mejor así. Está mejor sin mí.
Apago el cigarro con una amarga resignación comiéndome por dentro ante el nuevo silencio de Ken, y me apresuro a decirle que me voy a casa antes de que pueda volver sobre lo mismo de siempre, cosas que ya sé y me joden.
-Puedo acompañarte si quieres. –Agrega antes de que me marche a recoger mis cosas, y encuentro en su mirada ese deje de compasión y miedo que últimamente no lo abandona.
-Gracias, pero prefiero ir solo. Cogeré un taxi. Adiós.
Agradezco que me deje sin más, con lo que inspirando me adentro tras la barra y bajo las escaleras para recoger la chaqueta del almacén y salir por la puerta trasera del bar, abrochándome la chupa en cuanto salgo al exterior.
Empiezo a caminar a paso lento con las manos en los bolsillos del pantalón, y casi de inmediato surge un deseo en mí que me impulsa a tomar rumbo hacia casa de Airi, aunque sé que no voy a verla, pero es casi imperiosa la necesidad de seguir andando hacia el lugar.
Cuando llego al barrio y cruzo una de las calles para entrar en la avenida donde está el bloque de Airi, mi cabeza empieza a recordar todas las escenas pasadas con ella, las veces que me ha rogado volver, y el sufrimiento que ha pasado por mí.
Fijo la vista en el pasillo donde está su puerta, observando a ceño fruncido en la distancia que hay alguien saliendo de la casa. Al principio creo que me he equivocado, pero a menudo que me cerco más rápido, veo que no es un error. Ella está en el umbral de la puerta despidiendo a un tío que me da la espalda.
Primero siento miedo al creer que es alguien intentando molestarla de nuevo, pero entonces veo que se abrazan y eso se disipa, dejando paso a un sentimiento de celos y extrañeza que en un primer momento intento desechar pensando que quizás es Serizawa, pero no es él.
Me paro en seco cuando el tío se gira, y una oleada de celos e incomprensión me invaden en cuanto reconozco a Taiga, quien se aleja cuando ella se mete en la casa y cierra.
En sólo un segundo mi cabeza se colapsa con demasiadas preguntas a la vez, igual que al mismo tiempo la rabia y el miedo me inundan. ¿Qué coño hace con Taiga y desde cuándo se ven? ¿Por qué se abrazan?
La ira se hace protagonista y me hace avanzar hacia el lugar para encarar a Narumi, pero enseguida me detengo en seco cuando entiendo que no tengo derecho a decir nada a nadie por mucho que me joda, y es cuando esos pensamientos vienen a mí el momento preciso en el que ese odio y enfado se desvanecen para ser sustituidos por miedo y dolor. ¿Y si la pierdo?
Aprieto la mandíbula con impotencia en cuanto aquello cruza mi mente, y tratando de no dejarme dominar por el miedo, giro sobre mis talones para alejarme rápidamente del lugar, deshaciendo mis pasos.
Vuelvo a pasar por delante del bar para acercarme a la avenida más importante de la zona y coger un taxi, cuando tras pasar varias calles desiertas veo aparecer caminando justo frente a mí a un tipo rubio teñido vestido de traje, flanqueado por otros dos, uno a cada lado. En cuanto veo sus caras mirarme fijamente mientras avanzan sé que habrá problemas, pero sigo acercándome hasta que ellos se paran y el rubio habla.
-Genji Takiya. Tenía ganas de conocerte en persona por fin.
-¿Quién eres?
-Takashi Kuroki.
-Hijo de puta.
En cuanto susurro con rabia aquello me lanzo para ir contra él, pero me detengo cuando los dos que lo escoltan sacan sus pistolas, apuntándome sin vacilar. La rabia me quema tanto que no siento miedo, y sigo clavando mi mirada en Kuroki, quien alza la mano para hacer que sus hombres bajen las armas antes de hablar tranquilo, riéndose de mí.
-Entiendo que me odies, Genji, pero no he venido a pelear. Eres un tipo valiente, tienes madera para esto, y creo que es una pena que vayas a acabar muerto sólo por dinero, Sería un desperdicio. ¿Por qué no te unes a mí y ganamos todos?
-Mataste a mi padre, casi a uno de mis amigos y has estado usando a mi novia como si fuera una puta. Tú y yo nunca vamos a estar en el mismo lado, y en cuanto pueda voy a acabar contigo.
-Me parece justo, aunque es una pena. –Se ríe con una sonrisilla vacilona en la cara, que hace que apriete los puños para no perder la poca paciencia que me queda y partírsela, aunque me llevase un tiro después.
Sin decir nada comienzo a andar para seguir mi camino sin desviarme una pizca, haciendo que sea él el que tenga que moverse, golpeándolo en el hombro al pasar, y provocando que emita un quejido a modo de risa antes de que vuelva a hablar, haciendo que me gire con enfado en cuanto abre la boca.
-Saluda a Airi de mi parte. Echo de menos tenerla por allí. Dile que puede volver cuando quiera. Yo que tú no lo haría. –Añade con una sonrisa de triunfo en cuanto ve que amago con volver a por él sin vacilar, haciendo que sus hombres vuelvan a sacar las armas.
-Voy a matarte, te lo juro.
Él sigue aguantándome la mirada con aquella chulería que me cabrea más, y tras unos segundos continúo mi camino sin cambiar mi cara de seriedad, tratando de luchar contra la rabia de mi interior.
