Capitulo 5

El pie gigantesco del Nomu descendió, una losa de músculo oscuro lista para extinguir la llama parpadeante de resistencia que era Spider-Man. El aire mismo pareció contener la respiración; el único sonido era el crepitar distante del fuego simulado y los sollozos ahogados de los estudiantes más cercanos a la entrada. Aizawa maldijo en silencio, luchando inútilmente contra su propio cuerpo destrozado. Shigaraki se inclinó, una sonrisa demente visible incluso a través de la mano macabra que cubría su rostro, saboreando el aplastamiento inminente.

Peter sintió la sombra cernirse sobre él. El dolor era un océano rugiente, amenazando con ahogarlo. Sus músculos gritaban con cada mínima contracción. Esto es todo... pensó, una extraña calma descendiendo sobre el pánico. Al menos... intenté...

¡BOOM!

La onda de choque golpeó primero, una fuerza invisible que barrió la plaza, levantando polvo y haciendo vibrar los huesos. Las enormes puertas de la USJ se desintegraron hacia adentro, fragmentos volando como metralla. A través de la nube de escombros y la repentina ráfaga de viento, una silueta se materializó en el umbral destrozado, bañada por la luz del sol exterior que ahora entraba a raudales. Imponente, inconfundible, la encarnación misma de la esperanza.

—¡Ya todo está bien! —La voz, un trueno de barítono imbuido de una confianza absoluta, atravesó el caos como un faro. Cada sílaba era una promesa, una declaración contra la desesperación reinante—. ¿Saben por qué?

La figura dio un paso adelante, emergiendo completamente del polvo. La luz captó el brillo de su traje icónico, los músculos definidos, los dos mechones de cabello desafiando la gravedad. Y la sonrisa. Esa sonrisa que había tranquilizado a millones, que era el símbolo mismo de la seguridad. Se ensanchó, radiante y desafiante.

—¡PORQUE YA ESTOY AQUÍ!

Fue como si una represa se rompiera dentro de cada estudiante. El terror acumulado, la tensión insoportable, la certeza de la muerte inminente... todo se desvaneció en una oleada catártica de alivio. Uraraka, que había estado temblando con los ojos cerrados, los abrió de golpe y soltó un grito que fue mitad sollozo, mitad celebración. Mina Ashido se aferró a Sato, las lágrimas ahora fluyendo libremente pero por una razón completamente diferente. "¡All Might!", gritaron varios, sus voces quebradas por la emoción. Kirishima golpeó el aire con el puño, una sonrisa salvaje iluminando su rostro. El sonido colectivo fue abrumador: una cacofonía de llanto aliviado, risas histéricas y el nombre repetido como un mantra: "¡All Might! ¡All Might!".

Para Peter, escuchar esa voz, ver esa silueta, fue como si el peso aplastante que lo inmovilizaba se evaporara. El dolor seguía allí, un grito agudo en cada nervio, pero fue eclipsado por una incredulidad asombrada y luego por un alivio tan profundo, tan visceral, que sintió que sus rodillas finalmente cedían. Llegó... después de todo... él realmente llegó. La tensión sobrehumana que había mantenido solo para seguir de pie comenzó a disiparse, dejándolo temblando y peligrosamente cerca del colapso, pero vivo. La sentencia de muerte había sido conmutada en el último segundo posible.

All Might asimiló la escena con la velocidad de un procesador cuántico, su sonrisa inquebrantable ocultando la fría y rápida evaluación que ocurría detrás de sus ojos azules. El panorama era sombrío: Aizawa, su colega estoico y eficiente, yacía gravemente herido, la sangre manchando el suelo a su alrededor. Trece, cerca de la entrada, también estaba caído, rodeado por un grupo de estudiantes visiblemente conmocionados pero, notó con alivio, físicamente casi ilesos. Los villanos principales, el tipo de las manos y el de la niebla, estaban cerca del centro, junto a la monstruosidad que era claramente el músculo principal de la operación: el Nomu.

Y entonces su mirada se fijó en Spider-Man. Peter. El chico estaba de pie, pero apenas. Se aferraba a su costado con una mano, su cuerpo entero temblaba visiblemente por el dolor y el agotamiento. El traje rojo y azul, símbolo de una responsabilidad que Peter sentía tan profundamente, estaba hecho jirones, revelando la palidez de la piel magullada debajo. La máscara, su única protección de identidad, estaba rota, una telaraña de fracturas recorriendo uno de los lentes blancos, pero a través de ella, All Might podía sentir la determinación casi febril que mantenía al chico en pie por pura fuerza de voluntad. El marcado contraste entre el estado devastado de Peter y la relativa integridad física de los otros estudiantes contó una historia silenciosa pero poderosa. Este chico... pensó All Might, una oleada de feroz preocupación protectora surgiendo en su pecho, mezclada con un asombro a regañadientes por la tenacidad del joven. Este chico se enfrentó a esa cosa... recibió los golpes dirigidos a otros... El pensamiento "Mi chico..." fue involuntario, un eco de la promesa que le había hecho, de la responsabilidad que ahora sentía por él.

—¡ALL MIGHT! —El grito desesperado de Midoriya confirmó sus peores temores—. ¡SPIDER-MAN! ¡Está muy herido!

La decisión fue instantánea. La prioridad era Peter. Ignorando a Shigaraki y al Nomu por ese segundo vital, All Might explotó en movimiento. Desapareció de la entrada y reapareció junto a la fuente en un instante. El Nomu, que comenzaba a girar hacia él, fue recibido con un puñetazo lateral cargado de poder.

—¡CAROLINA SMASH!

El golpe no buscaba necesariamente derrotar, sino crear espacio. La fuerza fue suficiente para enviar al Nomu tropezando varios metros hacia atrás, desestabilizado y momentáneamente confundido. En esa misma fracción de segundo, All Might ya estaba levantando a Peter del suelo con una gentileza inesperada, sintiendo lo frágil que era el cuerpo del chico bajo el traje dañado, los temblores incontrolables, la respiración superficial. Con Peter asegurado en sus brazos, All Might se impulsó de nuevo, regresando al lado de Aizawa y depositando al joven héroe con cuidado junto a Midoriya, Tsuyu y Mineta.

—¡All Might! —repitió Midoriya, las palabras saliendo atropelladamente por la urgencia—. ¡Peleó solo contra esa cosa después de que Aizawa-sensei fuera derrotado! ¡Nos protegió!

All Might asintió gravemente, absorbiendo la confirmación de lo que ya había deducido. Su mirada se posó brevemente en el rostro enmascarado y dolorido de Peter, luego se levantó para encarar al Nomu que se recuperaba y a Shigaraki, cuya rabia ahora hervía visiblemente. La sonrisa de All Might permaneció, pero ahora contenía el peso de la justicia a punto de ser desatada. El Símbolo de la Paz estaba listo para luchar.

All Might depositó con cuidado al malherido Spider-Man en el suelo junto a Midoriya, Tsuyu y Mineta, quienes observaban con una mezcla de alivio y profunda preocupación. El joven héroe enmascarado se apoyó contra un trozo de escombro, su respiración era un silbido doloroso a través de la máscara rota.

Antes de que All Might pudiera volverse completamente para enfrentar la amenaza principal, la voz áspera y tensa de Spider-Man lo detuvo.

—All Might... —jadeó Peter, levantando la cabeza con un esfuerzo visible, sus ojos fijos en el héroe número uno a través del lente fracturado—. Cuidado... Esa cosa... el Nomu... absorbe los golpes... y se regenera... casi al instante.

Hizo una pausa, luchando por cada palabra. —Shigaraki dijo... fue hecho... para matarte...

All Might miró al joven vigilante. La advertencia, entregada con tanto dolor y urgencia, confirmó la resistencia inhumana que ya había presenciado en el Nomu. La gravedad de la situación se asentó más profundamente. Puso una mano grande y tranquilizadora sobre el hombro de Peter por un instante.

—Entendido, joven luchador. Gracias por la advertencia y por tu increíble valor —dijo, su voz seria pero firme—. Descansa ahora. Recupera tus fuerzas. ¡Yo me encargo de esto!

Con esa promesa resonando en el aire, All Might se giró, su imponente figura ahora completamente enfocada en el Nomu y en Shigaraki, quien observaba con una mezcla de rabia y anticipación. La sonrisa de All Might era amplia, pero sus ojos azules ardían con la luz de la batalla.

Mientras All Might caminaba con determinación hacia el centro de la plaza, Midoriya se arrodilló rápidamente al lado de Spider-Man, sus propios ojos llenos de una mezcla de preocupación y admiración casi reverencial.

—Spider-Man... gracias... de verdad —susurró Midoriya, su voz temblorosa por la emoción acumulada—. ¡Fuiste increíble! ¡Nos salvaste! ¡Salvaste a Aizawa-sensei cuando nadie más podía...! ¿Estás... estás bien?

Peter apenas logró un leve asentimiento, el dolor impidiéndole hablar más. Cada respiración era una batalla. Cerró los ojos por un momento, concentrándose en el sonido distante de la confrontación que estaba a punto de estallar, confiando en que All Might podría hacer lo que él no pudo.

—¡Así que! —exclamó All Might, plantándose frente al Nomu—. ¡Un muñeco de carne diseñado para matarme! ¡Debo decir que estoy ofendido! ¡Creí que requeriría algo más original!

El Nomu rugió y cargó, sus puños como mazos listos para pulverizar. All Might lo recibió de frente. La batalla que siguió fue de una escala diferente a todo lo que los estudiantes habían presenciado. Fue un choque titánico. All Might lanzaba golpes con la fuerza de explosiones —¡Detroit Smash! ¡Nebraska Smash!—, cada uno generando ondas de choque que hacían temblar el suelo y levantaban nubes de polvo.

El Nomu, fiel a su diseño, recibía los impactos directos. Su cuerpo absorbía la energía cinética de una manera antinatural, sin retroceder, sin mostrar signos de dolor, aunque la fuerza pura lo hacía vibrar violentamente. La súper regeneración entraba en juego si algún daño superficial lograba pasar, curándose casi instantáneamente.

—¡Es inútil, All Might! —gritó Shigaraki con regocijo—. ¡No puedes vencerlo! ¡Solo absorbe tus golpes!

All Might frunció el ceño mientras esquivaba un golpe salvaje del Nomu que pulverizó el suelo donde había estado. Era cierto, sus golpes más directos estaban siendo neutralizados. Necesitaba sobrepasar esa absorción.

Intentó una táctica diferente, agarrando al Nomu en un intento de suplex, planeando usar su propia fuerza y la gravedad para causar un daño diferente. —¡Si no puedo golpearte hasta la sumisión, quizás un viaje rápido al suelo ayude!

Pero mientras luchaba por levantar a la bestia increíblemente pesada y resistente, Kurogiri vio su oportunidad. El villano de niebla se deslizó silenciosamente detrás de All Might.

—Ahora —susurró Kurogiri.

Abrió un portal de disformidad directamente debajo y alrededor de la mitad inferior del torso de All Might. All Might rugió de sorpresa y dolor cuando sintió la extraña sensación de ser absorbido por la nada y una presión intensa justo en su vieja herida, su punto más débil. Quedó atrapado, con las piernas y la parte inferior del torso sumergidos en el portal oscuro que se arremolinaba en el suelo, mientras la parte superior de su cuerpo permanecía expuesta y vulnerable.

—¡ALL MIGHT! —gritaron varios estudiantes al unísono, viendo a su invencible símbolo atrapado e inmovilizado.

—¡JAJAJA! ¡Sí! ¡Así se hace, Kurogiri! —celebró Shigaraki—. ¡Ahora, Nomu! ¡Aprovecha que está atrapado! ¡Arráncale las...!

Pero la celebración de Shigaraki fue interrumpida. Varios de los estudiantes, que habían estado observando desde lejos, reaccionaron casi por instinto.

Bakugo Katsuki, viendo la parte metálica del soporte del cuello de Kurogiri expuesta mientras mantenía el portal, explotó hacia adelante con una furia repentina.

—¡NO TE ATREVAS A TOCARLO, PORTAL DE MIERDA! —rugió, y con una explosión precisa, se lanzó sobre Kurogiri, inmovilizando la pieza metálica contra el suelo.

—¡Te tengo, maldito! —gruñó Bakugo.

Kirishima, endureciendo su cuerpo, intentó golpear la masa de niebla de Kurogiri. —¡Toma esto! —Pero su puño pasó a través sin efecto—. ¡Maldición! ¡Es como golpear aire!

Al mismo tiempo, Shoto Todoroki, evaluando fríamente la situación, vio al Nomu parcialmente inmovilizado por el agarre de All Might (aunque All Might también estaba atrapado). Sin dudarlo, extendió su mano derecha y desató una ola masiva de hielo que envolvió la mitad izquierda del cuerpo del Nomu en segundos, desde la pierna hasta el hombro, cubriéndolo con una gruesa capa de escarcha.

—Esto debería ralentizar sus movimientos y quizás hacer su cuerpo más quebradizo —murmuró Todoroki.

Midoriya, viendo a All Might atrapado y vulnerable, sintió una oleada de pánico y determinación. Recordó las palabras de All Might sobre superar los límites, sobre One For All. Sabía lo que tenía que hacer, por arriesgado que fuera.

—¡All Might! —gritó, mientras líneas rojas de poder comenzaban a serpentear por su brazo derecho, preparándose para liberar un Smash cerca del héroe atrapado, esperando crear una onda de choque que liberara a All Might o al menos desestabilizara aún más al Nomu congelado.

La situación había llegado a otro punto crítico, con All Might atrapado, el Nomu parcialmente congelado pero aún peligroso, y los estudiantes arriesgándolo todo en un intento desesperado por salvar a su símbolo.

La tensión en la USJ era casi palpable. All Might luchaba contra la presión aplastante del portal de Kurogiri que lo aprisionaba por la mitad, su vieja herida gritando en protesta. Bakugo mantenía ferozmente inmovilizada la pieza metálica del villano de niebla, impidiéndole una maniobra de escape o un ajuste del portal. Kirishima observaba impotente, incapaz de afectar la forma etérea de Kurogiri. Todoroki había logrado congelar una porción significativa del Nomu, ralentizándolo pero no deteniéndolo por completo, la criatura aún forcejeaba contra el agarre de All Might desde dentro del portal. Y Midoriya, con lágrimas de determinación en los ojos, estaba a punto de desatar un Smash devastador cerca de su ídolo, una apuesta desesperada para liberarlo.

Desde el suelo cerca de la fuente, donde cada respiración era una tortura, Peter observaba la escena desarrollarse. Vio la energía crepitante acumulándose en el brazo de Midoriya. Vio la desesperación en la postura de All Might. Vio al Nomu, aunque parcialmente congelado, resistiendo con una fuerza impía. Y supo, con una claridad que atravesó la niebla del dolor, que el Smash de Midoriya, aunque bien intencionado, era un comodín peligroso. Podría liberar a All Might, sí, pero la onda de choque podría herirlo más, o el Nomu podría simplemente absorberla y contraatacar al instante. Necesitaban más que fuerza bruta; necesitaban una apertura controlada.

No... no así... tiene que salir limpio... y el Nomu... tiene que estar listo para él... El pensamiento atravesó la mente de Peter. Ignorando el grito de sus costillas rotas y la sensación de que sus músculos se desgarraban, buscó en lo más profundo de sí mismo, encontrando una reserva de energía que no sabía que poseía, alimentada por pura adrenalina y una voluntad indomable forjada en innumerables batallas imposibles en otro universo. Tengo que... hacer que cuente.

Justo cuando Midoriya gritó "¡SMAAAASH!" y su puño descendió, liberando una onda de choque explosiva que distorsionó el aire cerca del portal...

...Spider-Man actuó.

Apuntó sus lanzadores, sintiendo el mecanismo casi vacío. Disparó sus últimas hebras de telaraña. No fueron muchas, apenas un par de líneas finas, pero volaron certeras, adhiriéndose a la musculatura expuesta del hombro no congelado del Nomu.

En el mismo instante en que la onda de choque de Midoriya golpeaba el portal y a Kurogiri (contenido por Bakugo), desestabilizando aún más la disformidad, Spider-Man tiró.

No fue un tirón para derribar; fue un tirón calculado, agudo, usando cada gramo de la fuerza sobrehumana que le quedaba. Tiró hacia atrás y hacia un lado, en dirección opuesta a All Might.

La combinación fue perfecta. La fuerza del Smash de Midoriya sacudió el portal. El tirón simultáneo de Spider-Man sobre el Nomu creó una palanca inesperada. Y con Kurogiri incapaz de ajustar su Quirk debido al agarre de Bakugo, All Might fue violentamente arrancado del portal justo cuando este parpadeaba y se encogía.

All Might aterrizó sobre sus pies con un gruñido, libre pero claramente afectado por la experiencia. Al mismo tiempo, el Nomu, golpeado por la onda de choque y desequilibrado por el tirón de Spider-Man en su lado no congelado, tropezó hacia adelante. Su cuerpo medio helado se inclinó, perdiendo el equilibrio torpemente, quedando expuesto y vulnerable...

...justo delante del recién liberado All Might.

La ventana. Peter lo había logrado. Había usado su último recurso para crear la apertura perfecta.

El esfuerzo fue demasiado. Las líneas de telaraña se disolvieron cuando los lanzadores quedaron completamente secos. La fuerza sobrehumana que había invocado se desvaneció, dejando solo el dolor abrasador y un agotamiento que lo hundió en la oscuridad. Spider-Man se desplomó en el suelo de piedra una vez más, su cuerpo finalmente rindiéndose, su misión cumplida.

All Might se irguió, ignorando su propio dolor y límite de tiempo. Vio al Nomu desequilibrado frente a él. Vio a sus estudiantes, que habían arriesgado todo. Vio a Peter, caído e inmóvil después de ese último acto crucial. La determinación endureció sus rasgos. Era hora de terminar esto. La oportunidad estaba servida.

All Might aterrizó con la solidez de una montaña, el suelo bajo sus pies protestando por el impacto. Libre del portal, vio la oportunidad dorada creada por el esfuerzo combinado y desesperado de sus estudiantes. Vio al Nomu, la encarnación de la pesadilla diseñada para destruirlo, tropezando hacia él, desequilibrado, su lado izquierdo congelado por Todoroki, su lado derecho momentáneamente desestabilizado por el último tirón de telaraña de Spider-Man. Y vio a Spider-Man, el chico increíblemente valiente e imprudente, derrumbarse en el suelo después de ese último acto, inmóvil.

Absorción de impactos... Regeneración... resonó la advertencia de Peter en la mente de All Might. No es invencible. Solo está hecho para resistir. ¡Pero todo tiene un límite!

La sonrisa de All Might se ensanchó, pero esta vez, era la sonrisa feroz de un depredador que acorrala a su presa. El vapor comenzó a emanar de su cuerpo con una intensidad alarmante, señal de que estaba quemando las últimas brasas de su poder prestado.

—¡Villano! —rugió All Might, su voz haciendo vibrar los cristales restantes del domo—. ¡Has hecho daño a mis estudiantes! ¡Has herido a mis colegas! ¡Y has subestimado gravemente lo que significa ir... MÁS ALLÁ! ¡PLUS ULTRA!

Lo que siguió no fue una pelea; fue una ejecución de poder absoluto. All Might se lanzó hacia el Nomu desequilibrado antes de que pudiera recuperar la compostura. Sus puños se convirtieron en borrones dorados y rojos, golpeando al Nomu con una velocidad y una fuerza que desafiaban la comprensión.

¡Uno! ¡Dos! ¡Diez! ¡Cincuenta! ¡Cien golpes!

Cada puñetazo aterrizaba con la fuerza de un ariete, creando ondas de choque que levantaban escombros a su alrededor. El Nomu intentó resistir, intentó devolver los golpes, pero era inútil. La velocidad de All Might era simplemente abrumadora; golpeaba más rápido de lo que el Nomu podía regenerar o absorber por completo. Pequeñas grietas comenzaron a aparecer en la piel oscura del monstruo, la escarcha en su lado izquierdo se hizo añicos bajo la fuerza implacable.

—¡Doscientos golpes! ¡Trescientos! —All Might gritaba con cada impacto, empujando su propio cuerpo más allá de cualquier límite racional, sintiendo el dolor ardiente en su vieja herida, pero ignorándolo—. ¡Si puedes absorber mis golpes, entonces simplemente te golpearé más fuerte y más rápido de lo que puedas manejar!

El Nomu fue levantado del suelo por la pura fuerza cinética de la andanada, incapaz de montar ninguna defensa.

Finalmente, All Might reunió todo lo que le quedaba, el poder de One For All ardiendo brillantemente dentro de él. Retrocedió un instante, su puño derecho cargado de una energía visible.

—¡Adiós! ¡UNITED STATES OF... SMAAAASH!

El golpe final fue como la detonación de una bomba. Conectó de lleno con el Nomu, y esta vez, no hubo absorción que pudiera contenerlo. La fuerza fue tan inmensa que el Nomu salió disparado hacia arriba como un cohete oscuro, atravesando la cúpula de cristal de la USJ en una explosión de fragmentos y desapareciendo en el cielo azul exterior.

All Might se quedó allí, jadeando pesadamente, el vapor saliendo de él como una locomotora. Su forma musculosa parpadeó peligrosamente, amenazando con revertirse a su estado debilitado en cualquier momento. Pero había ganado. El arma anti-Símbolo de la Paz había sido derrotada.

—¿¡No...!? ¿¡Imposible!? —chilló Shigaraki, retrocediendo, su rostro (o la mano que lo cubría) reflejando pura incredulidad y pánico—. ¡Derrotó a Nomu! ¡Se suponía que era tan fuerte como tú! ¡Estaba mintiendo!

—Tomura Shigaraki, debemos irnos. Ahora —urgió Kurogiri, su forma de niebla arremolinándose con ansiedad al sentir las vibraciones de sirenas acercándose en la distancia.

Pero antes de que pudieran moverse, ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

Sonaron disparos precisos. Balas impactaron en las extremidades de Shigaraki, haciéndolo gritar de dolor y sorpresa.

—¡Lo siento, chicos, pero parece que se acabó el juego! —sonó una voz desde la entrada ahora llena de figuras. Eran los otros profesores de la U.A. Lida lo había logrado. Snipe, con sus armas humeantes, Cementoss, Ectoplasm, Midnight... la ayuda profesional había llegado en masa.

—¡Maldición! ¡Maldición! ¡Kurogiri, sácanos de aquí! ¡AHORA! —gritó Shigaraki, agarrando sus heridas sangrantes.

Kurogiri actuó rápido, envolviendo a Shigaraki y a sí mismo en su niebla oscura justo cuando los héroes profesionales comenzaban a avanzar. Con un último destello de ojos amarillos llenos de frustración, desaparecieron.

El silencio que cayó después fue denso, lleno de alivio, dolor y la cruda realidad de lo sucedido. Los profesores recién llegados comenzaron a asegurar el área, buscando a cualquier villano rezagado y evaluando la situación.

La atención se centró rápidamente en los heridos. Recovery Girl llegó poco después, su pequeña figura moviéndose con una eficiencia urgente.

Aizawa fue estabilizado primero, Trece también recibió atención urgente, su espalda gravemente dañada por su propio Quirk. Midoriya fue atendido por sus huesos rotos, resultado de sus propios Smashes.

Y luego estaba Spider-Man. Seguía inconsciente o apenas consciente cerca de la fuente, donde All Might lo había dejado. All Might, ahora visiblemente luchando por mantener su forma musculosa, se acercó a él, su rostro una máscara de profunda preocupación. Midoriya, a pesar de sus propias heridas, también se acercó cojeando.

—¿Cómo está? —preguntó Midoriya en voz baja, mirando la figura inmóvil.

All Might se arrodilló con cuidado. El traje de Peter estaba destrozado, revelando múltiples contusiones y probables fracturas de costillas. La máscara estaba rota, aunque aún ocultaba su identidad. Respiraba superficialmente.

—Está vivo —dijo All Might, su voz grave—. Pero recibió un castigo terrible. Más del que cualquier estudiante debería soportar jamás.

Recovery Girl se acercó, evaluando a Peter con su mirada experta. —Resistencia increíble... pero estas heridas internas... necesitará tratamiento inmediato y cuidadoso. Llevémoslo a la enfermería principal.

Mientras preparaban una camilla improvisada, los otros estudiantes de la Clase 1-A observaban desde una distancia segura, sus rostros una mezcla de alivio por haber sobrevivido, horror por las heridas de sus profesores y compañeros, y una profunda curiosidad y asombro dirigidos hacia el vigilante caído. Había aparecido de la nada, luchado como un demonio, salvado vidas y ahora yacía inconsciente. ¿Quién era él? ¿Y qué pasaría ahora?

All Might miró la figura inmóvil de Peter siendo cuidadosamente colocada en la camilla. La promesa de Nezu resonó en su mente: Tolerancia cero. Peter había roto todas las reglas, pero también había encarnado el espíritu mismo de Plus Ultra, yendo más allá para proteger a otros. El camino por delante para el joven Parker acababa de volverse infinitamente más complicado.

El mundo regresó a Peter Parker en fragmentos dolorosos. Primero fue el sonido: un pitido agudo y constante cerca de su oído, el zumbido bajo de un motor y el traqueteo rítmico de las ruedas sobre el asfalto. Luego la sensación: una superficie dura bajo él, el olor penetrante a antiséptico y algo metálico, y sobre todo, un dolor profundo y abrasador que emanaba de sus costillas, su espalda, su pierna... prácticamente de todas partes.

Abrió los ojos con un esfuerzo titánico, o al menos el ojo izquierdo, ya que la visión del derecho estaba casi completamente oscurecida por la red de fracturas en el lente de su máscara. Vio el techo blanco y vibrante de lo que reconoció vagamente como el interior de una ambulancia. Estaba inmovilizado en una camilla, el movimiento del vehículo sacudiendo cada una de sus heridas.

Oyó voces apagadas, profesionales pero tensas. «...múltiples fracturas costales, posible hemorragia interna...» «...traumatismo craneoencefálico probable por el impacto secundario...» «...presión arterial baja, pulso rápido y débil...» «...tenemos que asegurar la vía aérea, esa máscara está dificultando...»

¿Máscara? El pensamiento atravesó la niebla del dolor. ¡Mi máscara!

Con un terror helado que superó momentáneamente la agonía física, Peter enfocó su visión. Vio un guante azul acercándose a su rostro. Una mano enguantada estaba a punto de tirar del borde rasgado de su máscara rota.

«...vamos a quitarla con cuidado, revisar obstrucciones...»

—"¡NO!"— El grito fue silencioso, atrapado en su garganta por el dolor y la debilidad, pero la reacción fue física. Con una sacudida de pura adrenalina y pánico, Peter apartó la cabeza y levantó una mano temblorosa, golpeando débilmente el brazo del paramédico.

—¡Hey! ¡Está reaccionando! —exclamó una de las voces, sorprendida—. ¡Sujétalo! ¡Necesitamos quitarle esa máscara!

Otro par de manos intentaron sujetarlo, pero el instinto de supervivencia de Peter, perfeccionado por años de peligro constante, estaba ahora completamente despierto. Sabía que si le quitaban la máscara, todo terminaría. Su identidad quedaría expuesta, las preguntas serían imposibles de responder, la confianza de All Might y Nezu se haría añicos por completo (si es que no lo estaba ya). Tenía que salir. Ahora.

Ignorando el dolor cegador, tensó cada músculo que aún le respondía. Vio la puerta trasera de la ambulancia a través de su visión borrosa. ¿Estaba asegurada? La ambulancia redujo ligeramente la velocidad, quizás para tomar una curva o acercarse a un semáforo. Era su única oportunidad.

Con un gruñido ahogado que fue más animal que humano, Peter usó una fuerza desesperada. Rompió las correas que lo sujetaban a la camilla con un tirón violento. Los paramédicos gritaron sorprendidos y trataron de agarrarlo, pero él ya estaba rodando fuera de la camilla, golpeándose dolorosamente contra el suelo metálico de la ambulancia.

—¡Detengan la ambulancia! ¡Se está escapando!

Peter se arrastró hacia la puerta trasera, cada movimiento una agonía. Forzó la manija. Estaba cerrada, pero no con un cerrojo complejo. Con un último esfuerzo desesperado, golpeó el mecanismo con el hombro (el menos herido) y la puerta cedió, abriéndose de golpe.

La caída fue brutal. Rodó por el asfalto de una calle lateral, el dolor explotando en cada nervio. Oyó los frenos chirriantes detrás, las voces alarmadas. Ignorándolas, se obligó a ponerse en pie de forma inestable y cojeó hacia la oscuridad protectora de un callejón cercano. Apoyado contra la pared fría, jadeando, sabía que necesitaba desaparecer. Miró hacia arriba: un edificio bajo de ladrillos. Con una determinación nacida de la desesperación, comenzó la escalada más dolorosa de su vida. Cada agarre era una agonía, dejando leves rastros de sangre en la pared. Finalmente, alcanzó el tejado plano y se derrumbó sobre la grava, la oscuridad reclamándolo mientras perdía la consciencia, oculto a la vista del mundo.

En la USJ.
El polvo comenzaba a asentarse en la USJ. All Might, aunque visiblemente agotado y humeante, se había encargado del Nomu. Los villanos principales habían huido, y los profesores de la U.A., junto con la policía que llegaba rápidamente, aseguraban el perímetro y atendían a los heridos.

El personal médico trabajaba con rapidez. Aizawa estaba sentado, con el brazo derecho inmovilizado en un cabestrillo improvisado y varias heridas menores siendo limpiadas; aunque dolorido y furioso por los eventos, sus lesiones no eran tan críticas como podrían haber sido gracias a la intervención de Spider-Man. Trece estaba siendo preparado para transporte urgente. Midoriya recibía atención para sus huesos rotos.

Y Spider-Man... había sido uno de los primeros en ser estabilizado y cargado en una de las ambulancias que partieron rápidamente de la escena, dada la gravedad de las heridas que había sufrido en sus enfrentamientos con el Nomu. Aizawa lo había visto irse, una mezcla de alivio porque recibiera ayuda y una profunda preocupación por las inevitables complicaciones futuras.

Mientras los estudiantes se reagrupaban, visiblemente conmocionados pero en su mayoría ilesos físicamente, un oficial de policía con una tableta comenzó a pasar lista para asegurarse de que todos estuvieran contabilizados.

—Yaoyorozu, Momo... —Presente. —Midoriya, Izuku... —Presente. —Bakugo, Katsuki... —¡Tch! Presente. —Uraraka, Ochako... —¡Aquí!

El oficial continuó, su voz monótona contrastando con la tensión residual. —Parker, Peter... —Hubo silencio. El oficial levantó la vista—. ¿Peter Parker?

Los estudiantes se miraron unos a otros. —¿Dónde está Parker? —preguntó Kirishima, mirando alrededor. —Estaba con nosotros en el autobús, ¿verdad? —confirmó Kaminari, frunciendo el ceño. —No lo he visto desde que llegamos y nos atacaron —dijo Uraraka, la preocupación tiñendo su voz.

Lida Tenya, sintiendo la responsabilidad como representante de clase, se acercó a Aizawa, quien observaba el procedimiento con ojos cansados.

—Profesor Aizawa —dijo Lida, su tono formal pero cargado de genuina preocupación—. La policía está pasando lista. Peter Parker no responde. No está entre los estudiantes reunidos.

Aizawa asintió lentamente. Parker... Su mente repasó los hechos. Sabía que Parker era Spider-Man. Sabía que Spider-Man acababa de irse en una ambulancia, gravemente herido. Por lo tanto, Peter Parker no podía estar físicamente aquí. La ausencia era lógica, pero el problema era la explicación. Nadie más sabía la verdad. ¿Cómo justificaría la desaparición de Parker ante la policía, ante los otros estudiantes, ante la escuela? Su principal preocupación en ese instante no era la seguridad física de Peter (creía que estaba en buenas manos médicas), sino el inminente dolor de cabeza burocrático y el riesgo de que el secreto saliera a la luz si empezaban a investigar demasiado a fondo la "desaparición" de Parker. Tendré que decir que Kurogiri lo dispersó a algún lugar remoto al principio... sí, eso es lo único que tiene sentido para ellos...

Estaba a punto de formular una respuesta controlada para Lida cuando la radio en el cinturón de un oficial de policía cercano cobró vida con estática, seguida de una voz urgente que Aizawa, con sus agudos sentidos, escuchó claramente:

«...repito, alerta a todas las unidades, la ambulancia [22] que transportaba al vigilante herido 'Spider-Man' desde la USJ informa que el sujeto ha escapado del vehículo en tránsito en la Ruta. Sujeto extremadamente herido, evadió al personal médico. Se desconoce su paradero actual. Considerado potencialmente peligroso o desorientado. Establezcan un perímetro de búsqueda en el área.»

Aizawa se quedó helado. Las palabras resonaron en su cabeza, anulando el dolor de su brazo. ¿¡Escapado!? ¿¡De la ambulancia!? La imagen mental de Peter a salvo en una camilla se hizo añicos. El idiota no estaba seguro; estaba suelto, gravemente herido, probablemente desangrándose, y activamente huyendo de la ayuda.

La preocupación por la logística se evaporó, reemplazada por una alarma fría y punzante por la vida de Peter y una furia exasperada ante la imprudencia suicida del chico. ¡Acababa de enfrentarse a un monstruo diseñado para matar a All Might, había sobrevivido por los pelos, y ahora se escapaba del tratamiento médico!

Se obligó a mantener la compostura frente a Lida, aunque sus ojos probablemente traicionaban la tormenta interna. —Entendido, Lida —dijo, su voz sonando más áspera—. Parker está desaparecido. Es... preocupante. —Forzó la coartada que había estado preparando, aunque ahora sonaba hueca en su propia mente—. Como dije... probablemente Kurogiri lo dispersó. Asegúrense de que la policía tenga su descripción para la búsqueda en la USJ. Revisen todo.

Mientras Lida asentía, aliviado por tener una explicación plausible, Aizawa desvió la mirada hacia la distancia, más allá de los límites de la USJ. Parker estaba ahí fuera, herido, solo. Y él era uno de los cuatro únicos que sabían la verdad, atrapado por el secreto mientras su problemático estudiante corría hacia un peligro aún mayor. Encontrar a Parker acababa de pasar de ser una complicación a una necesidad crítica y personal.

La conmoción en la USJ comenzó a disminuir, reemplazada por el zumbido organizado de la respuesta oficial. Mientras los estudiantes de la Clase 1-A, pálidos y en silencio, eran escoltados fuera de la cúpula dañada hacia los autobuses que los llevarían de vuelta a la relativa seguridad del campus principal, las conversaciones eran pocas y apagadas. El recuerdo del ataque, la visión de sus profesores heridos y la batalla titánica entre All Might y el Nomu, junto con la impactante intervención y posterior desaparición del vigilante Spider-Man pesaban mucho en sus jóvenes mentes. La pregunta "¿Dónde está Parker?" flotaba sin respuesta entre ellos, una nota discordante de preocupación en medio del alivio de haber sobrevivido.

Aizawa fue uno de los primeros en ser trasladado en una ambulancia especializada. Mientras los paramédicos trabajaban en su brazo destrozado y evaluaban sus otras lesiones (menos severas que en la línea de tiempo original, pero aún significativas), su mente no descansaba. El dolor era una constante sorda, pero la preocupación por Parker era una corriente subterránea aguda y persistente. Escapado... de la ambulancia... herido de gravedad. La estupidez del acto era asombrosa, solo igualada por la valentía que había mostrado momentos antes. Aizawa se encontró atrapado en una red de secretos y responsabilidades contradictorias. Tenía que proteger al chico, tenía que reprenderlo, tenía que asegurarse de que no muriera en una zanja, y tenía que hacerlo todo sin que nadie más supiera la verdad. Sacó un comunicador seguro con su mano buena, enviando un mensaje cifrado y breve a la única otra persona que compartía parte de esa carga: Nezu. Problema con Parker. Situación complicada. Necesitamos hablar.

El primer indicio de consciencia para Peter fue el dolor. No era el dolor agudo y explosivo de los impactos, sino un dolor profundo, punzante y omnipresente que parecía haber echado raíces en cada célula de su cuerpo. Abrió los ojos o el ojo que podía ver claramente a través del lente fracturado a la oscuridad moteada de un cielo nocturno contaminado por la luz de la ciudad. Estaba tumbado boca arriba sobre una superficie áspera y fría: grava. Un tejado.

Los recuerdos volvieron en oleadas confusas: la USJ, los villanos, Aizawa herido, el Nomu, los golpes brutales, la llegada de All Might, el escape de la ambulancia, la escalada agónica... Se obligó a sentarse, un movimiento que le arrancó un gemido ahogado y envió estrellas blancas a bailar tras sus párpados. Se llevó una mano temblorosa al costado, sintiendo el crujido inconfundible de costillas rotas bajo la tela rasgada del traje. Su pierna palpitaba dolorosamente donde el Nomu lo había agarrado. Cada respiración era superficial, limitada por el dolor en el pecho.

Estaba solo. Gravemente herido. Sin atención médica. Y, se dio cuenta con una nueva punzada de pánico, sin fluido de telaraña. Había gastado las últimas hebras en ese tirón desesperado para ayudar a All Might. Estaba varado, vulnerable.

La necesidad de esconderse seguía siendo primordial. La policía estaría buscando al "vigilante fugitivo". Los héroes estarían patrullando. Y la U.A. estaría buscando a "Peter Parker". Tenía que salir de este tejado, encontrar un lugar más seguro, y lo más importante, necesitaba quitarse el traje de Spider-Man. No podía permitirse ser encontrado así.

Con un esfuerzo hercúleo, se puso en pie, apoyándose pesadamente en una pequeña chimenea de ventilación. Miró alrededor. Estaba en un edificio bajo en lo que parecía una zona residencial o comercial tranquila, a cierta distancia de la USJ pero no lo suficientemente lejos como para sentirse seguro. Necesitaba moverse, encontrar ropa, encontrar un escondite real donde pudiera intentar recuperarse lo suficiente como para ejecutar la siguiente fase de su improvisado plan: reaparecer como Peter Parker, el estudiante perdido y ligeramente magullado.

Intentó dar un paso y casi se derrumba. Su tobillo protestó violentamente. Usar su habilidad de trepar muros era su única opción viable para bajar sin hacerse más daño. Se acercó al borde del tejado, mirando hacia el callejón oscuro de abajo.

Okay, Parker... despacio y con cuidado... como la primera vez... pensó con ironía amarga.

Apoyó las manos en el parapeto, sintiendo la familiar adherencia, aunque más débil por el agotamiento y el dolor. Comenzó el descenso, cada movimiento una agonía calculada. No era el descenso fluido y silencioso de Spider-Man; era el avance lento y doloroso de un herido grave que se aferraba a una pared por pura necesidad. Finalmente, sus pies tocaron el suelo del callejón. Se apoyó contra la pared de ladrillos, jadeando, el sudor frío perlado en su frente bajo la máscara.

Necesitaba ropa. Necesitaba un lugar donde esconder el traje. Necesitaba descansar. Y necesitaba hacerlo todo antes de que amaneciera o de que una patrulla lo encontrara. Miró a lo largo del callejón oscuro, preparándose para el siguiente y doloroso paso en su lucha por la supervivencia y el secreto en este nuevo y hostil mundo.

Apoyado contra la pared fría y húmeda del callejón, Peter luchaba por cada respiración. El breve alivio de estar oculto se evaporó rápidamente bajo la oleada implacable de dolor que recorría su cuerpo. Ya no eran solo punzadas agudas; era un dolor profundo, aplastante, que le dificultaba pensar con claridad.

Se deslizó por la pared hasta sentarse torpemente sobre el asfalto sucio, llevándose una mano temblorosa al costado. Incluso a través de la tela rasgada del traje, sintió el movimiento antinatural de sus costillas. Cada inhalación era como si le clavaran cuchillos en el pecho. Un sudor frío le perlaba la frente bajo la máscara rota, y la visión a través del lente fracturado seguía siendo borrosa y pulsante.

Okay… esto es... esto es malo—, pensó, la niebla del dolor luchando contra una creciente ola de pánico. —Muy, muy malo—.Intentó hacer un autoexamen rápido, palpando torpemente sus heridas. Sintió una humedad pegajosa en la espalda y el costado que no era solo sudor. Estaba sangrando más de lo que había supuesto. Su factor de curación, aunque normalmente eficiente, parecía abrumado, apenas capaz de mantener a raya el trauma masivo infligido por el Nomu.

El plan inicial de encontrar ropa, esconder el traje y esperar para reaparecer como Peter Parker de repente le pareció absurdamente optimista, casi suicida. El recuerdo del impacto, la fuerza inhumana del Nomu... no era algo de lo que pudiera simplemente "sacudirse".

Puedo... puedo morir aquí, la comprensión lo golpeó con una fuerza helada. Solo... en un callejón... en este lugar... La imagen de yacer allí hasta que la vida se le escapara, sin que nadie supiera quién era o de dónde venía, sin volver a ver a la tía May... El miedo a la muerte, crudo y real, superó al miedo a ser descubierto.

La necesidad de atención médica dejó de ser una opción para convertirse en un imperativo absoluto. La identidad secreta, las reglas de U.A., la reprimenda de Aizawa... todo eso perdía importancia frente a la posibilidad real de no sobrevivir a las próximas horas.

Con un gemido ahogado por el esfuerzo y el dolor, Peter se obligó a ponerse en pie una vez más, usando la pared como muleta. Cada músculo protestaba, cada hueso magullado gritaba. Ignoró el instinto de permanecer oculto en las sombras. Tenía que salir de allí, encontrar ayuda, cualquier ayuda.

Se tambaleó fuera del callejón oscuro y salió a una calle residencial relativamente tranquila, iluminada por el brillo intermitente de las farolas. Era tarde, pero todavía había algo de movimiento: un par de personas paseando a sus perros, un coche solitario pasando.

Su aparición fue instantánea y discordante. Un hombre en traje rojo y azul hecho jirones, con una máscara rota que dejaba ver parte de un rostro joven y ensangrentado, cojeando visiblemente, agarrándose el costado, dejando pequeñas gotas de sangre en la acera.

Las reacciones fueron inmediatas y variadas. Una mujer que paseaba un caniche ahogó un grito y tiró de su perro hacia el otro lado de la calle, apresurando el paso. Un hombre mayor que fumaba en un portal lo miró fijamente con los ojos muy abiertos, dejando caer su cigarrillo. Alguien desde una ventana gritó algo ininteligible.

—¿Es... es él? ¿Spider-Man? —oyó murmurar a alguien. —¡Está herido! ¡Mira! —¡Llamen a la policía! ¡O a una ambulancia!

Peter ignoró las miradas y los murmullos. Su visión de túnel se centraba únicamente en encontrar una señal, una luz, algo que indicara ayuda médica. Escaneó los edificios, las señales de las calles. ¿Un hospital? ¿Una clínica? Incluso una farmacia con una cruz verde brillante sería un comienzo.

Dio unos pasos más, cada uno una agonía. Sintió que las rodillas le fallaban y tuvo que apoyarse de nuevo en la pared de una tienda cerrada para no caer. Respiró hondo, luchando contra las náuseas. Vamos... tiene que haber algo cerca...

Entonces lo vio. A un par de manzanas de distancia, en una calle lateral, un pequeño letrero de neón parpadeaba débilmente en la noche: una simple cruz roja y las palabras "Clínica Uzuki".

No era un hospital grande, probablemente solo un pequeño centro de atención urgente, pero era una posibilidad. Era ayuda.

Reuniendo las últimas gotas de su determinación, Peter se separó de la pared y comenzó a moverse hacia la luz parpadeante. Era un avance lento, doloroso, cada paso una negociación con su cuerpo destrozado. Dejó atrás las miradas curiosas y asustadas, ignorando el hecho de que su identidad como el vigilante misterioso estaba ahora completamente expuesta a cualquiera que lo viera. En ese momento, solo importaba una cosa: llegar a esa clínica antes de que la oscuridad lo reclamara definitivamente. Su futuro en U.A. y su secreto pendían de un hilo, pero su vida misma dependía de alcanzar esa luz.

El último tramo hacia la "Clínica Uzuki" fue una tortura desenfocada. Peter se arrastraba más que caminaba, usando las frías paredes de los edificios como un tercer punto de apoyo inestable. Cada inspiración era una agonía que le contraía el pecho, y el aire nocturno, que debería haber sido refrescante, se sentía espeso y difícil de tragar. Las farolas distorsionaban su visión a través del lente izquierdo fracturado, creando halos y estelas de luz que bailaban con el pulso doloroso en sus sienes. Sentía la humedad pegajosa de su propia sangre enfriándose bajo los jirones de su traje. El letrero de neón de la clínica parpadeaba erráticamente, algunas letras muertas, dándole un aspecto casi fantasmal en la calle silenciosa. El edificio en sí parecía modesto, quizás un poco anticuado, y estaba completamente a oscuras, confirmando sus temores: estaba cerrada.

Llegó a la puerta de cristal esmerilado y madera oscura. Levantó el puño con una voluntad que provenía de algún rincón profundo y desconocido, logrando golpear la madera dos veces con un sonido hueco y desesperado antes de que sus piernas finalmente cedieran. Se deslizó por la puerta, el hombro golpeando el cristal con un ruido sordo, y quedó allí, medio sentado, medio desplomado contra el umbral, dejando una mancha carmesí en el cristal a la altura de su mano. Su cabeza colgaba, la respiración apenas un silbido irregular. Por favor... alguien...

El silencio que siguió fue casi absoluto, amplificando el sonido de su propio corazón martilleando erráticamente contra sus costillas rotas. Un minuto se arrastró como una hora. La calle estaba desierta. El frío de la noche comenzó a filtrarse más profundamente, haciendo que sus músculos temblaran involuntariamente. La esperanza, que lo había impulsado en esos últimos metros agónicos, comenzó a deshilacharse, reemplazada por una resignación helada. Así termina... solo... contra una puerta cerrada... La oscuridad en los bordes de su visión se hizo más espesa, amenazando con consumirlo por completo.

Fue entonces cuando un sonido rompió el silencio. Un ligero crujido desde el interior, seguido por el inconfundible sonido metálico de un cerrojo deslizándose. Luego otro. Y un tercero. Alguien estaba abriendo desde dentro, con la cautela de quien no espera visitas a estas horas. Una delgada línea de luz apareció bajo la puerta, seguida de pasos suaves y vacilantes.

Peter intentó levantar la cabeza, parpadeando para enfocar a través del lente dañado. La puerta se abrió una rendija, lo suficiente para revelar un ojo observando con cautela desde la oscuridad interior.

—¿Hola? —La voz era femenina, joven, cargada de sueño y una clara nota de aprensión—. ¿Hay alguien ahí? La clínica está...

La voz se cortó abruptamente cuando la rendija se abrió un poco más y la luz del interior iluminó parcialmente la figura acurrucada en su umbral. La joven doctora, cuyo rostro ahora era visible –con el pelo oscuro revuelto alrededor de la cara, unas gafas ligeramente torcidas y vestida con un pijama de franela bajo una bata blanca de médico que se estaba abrochando apresuradamente–, se quedó sin aliento.

Sus ojos se abrieron como platos, la somnolencia y la cautela reemplazadas por un shock puro e incrédulo. No era un vecino enfermo ni un borracho perdido. Era Spider-Man. El héroe o vigilante de las noticias. Pero estaba destrozado. La sangre empapaba grandes secciones de su traje rasgado, la máscara estaba rota revelando piel magullada y ensangrentada debajo, y la forma en que estaba desplomado contra la puerta gritaba heridas críticas.

El miedo la atenazó. Dio un paso instintivo hacia atrás, alejándose de la puerta. ¡Dios mío! ¡Es él! ¡El que escapó! ¿Qué hago? ¡Estoy sola! ¡La clínica está cerrada, no tengo equipo para esto! ¡Tengo que llamar a la policía! ¡Es ilegal ayudar a un vigilante fugitivo! Su mente era un torbellino de pánico y protocolos rotos. Su mano buscó a tientas el teléfono en el bolsillo de su bata.

Pero mientras su dedo rozaba el teléfono, las imágenes de las noticias de la tarde volvieron a inundar su mente. No solo los titulares sobre el ataque y la fuga, sino los rostros de los estudiantes de la U.A. entrevistados después. Recordó vívidamente a una chica de rostro redondo, con lágrimas de alivio y terror mezcladas, diciendo: «Apareció... y nos protegió... luchó contra ese monstruo...». Recordó los informes confusos pero insistentes sobre cómo el vigilante había intervenido para salvar a su profesor gravemente herido, recibiendo golpes terribles en el proceso. «Se puso en medio», había dicho un reportero citando a un testigo.

Miró de nuevo a la figura sangrante y temblorosa en su puerta. El traje hecho jirones no era el disfraz de un criminal; eran las cicatrices de batalla de alguien que se había enfrentado a un peligro inimaginable para proteger a otros, a esos mismos chicos que ella había visto en televisión. El juramento hipocrático y algo más profundo, una simple decencia humana, lucharon contra el miedo y la lógica de la autopreservación.

La lucha interna se reflejó en su rostro por un instante tenso. Luego, respiró hondo, y la médica que había dentro tomó el control. La expresión de pánico se suavizó, reemplazada por una mirada de intensa concentración profesional y una profunda empatía.

—Dios mío... —susurró de nuevo, pero esta vez no era de shock, sino de pura preocupación—. No puedes... no puedo dejarte ahí fuera así. —Tomó una decisión, empujando hacia atrás el miedo y las reglas—. Olvida que está cerrado. Tienes que entrar. Ya.

Abrió la puerta de par en par, exponiéndose al frío de la noche y al peligro potencial. Se agachó rápidamente al lado de Peter. —Vamos, arriba. Despacio. Apóyate en mí. Te ayudaré a entrar. Estás... estás muy mal. Pero estás a salvo ahora. Vamos.

Luchando bajo el peso inesperado y casi inerte de Peter, la joven doctora lo ayudó a ponerse en pie de forma inestable y lo guio, paso a paso, a través del umbral hacia el pequeño y oscuro vestíbulo de la clínica. Con un último vistazo a la calle vacía, cerró la puerta con firmeza y echó los cerrojos de nuevo, sellando el mundo exterior. Estaba sola, en su clínica cerrada, con el vigilante más buscado y herido de la ciudad confiando implícitamente en ella. La noche acababa de volverse infinitamente más complicada.

La puerta de la clínica se cerró con un clic suave pero definitivo, sumiendo a Peter y a la joven doctora en una penumbra silenciosa, interrumpida solo por el débil resplandor de las luces de la calle que se filtraban a través de las persianas cerradas. El aire olía débilmente a antiséptico y a limpio, el olor familiar de un lugar médico, pero ahora tenía un matiz de tensión y urgencia. Peter se apoyó pesadamente en la doctora, sintiendo que sus piernas amenazaban con ceder por completo. El mundo nadaba en su visión fracturada.

—Aquí... rápido... a la sala de examen —murmuró la doctora, su voz tensa pero recuperando un tono de mando profesional. Su nombre, según una pequeña placa apenas visible en su bata sobre el pijama, era Dra. Uzuki Chika, presumiblemente la hija o nieta del dueño original, o quizás ella misma era la dueña ahora.

Con un esfuerzo considerable, guio el peso casi inerte de Peter a través del pequeño vestíbulo y hacia una puerta contigua que daba a una sala de examen compacta pero ordenada. Lo ayudó a tumbarse en la camilla de exploración, un movimiento que arrancó un gemido ahogado a Peter a pesar de sus esfuerzos por contenerlo. Una vez que estuvo tumbado, aunque fuera precariamente, la Dra. Uzuki se movió con rapidez, encendiendo una lámpara de exploración brillante que iluminó crudamente la escena.

Su entrenamiento médico tomó el control por completo. Dejó de lado por un momento quién era él o cómo había llegado allí y se centró en la evaluación inmediata. Comprobó su pulso en el cuello –rápido y débil– y observó el movimiento errático y superficial de su pecho bajo el traje destrozado.

—De acuerdo... respira conmigo si puedes... —dijo en voz baja y tranquilizadora, aunque sus ojos delataban la profunda preocupación mientras evaluaba las lesiones visibles—. Necesito ver... necesito asegurarme de que no te estás ahogando...

Su mirada se posó de nuevo en la máscara roja y azul, ahora más de cerca. La fractura en el lente izquierdo era severa, y la tela alrededor de la mandíbula y la boca estaba rasgada y empapada de sangre. La máscara era una barrera directa para evaluar su vía aérea, posibles traumatismos faciales o craneales.

—Tengo que... tengo que quitarte esto —dijo, más para sí misma que para él, mientras buscaba unas tijeras de vendaje—. No puedo tratarte adecuadamente si no...

Pero incluso en su estado semiinconsciente, el instinto de Peter seguía activo. Cuando sintió el frío metal de las tijeras rozar la tela cerca de su barbilla, un espasmo recorrió su cuerpo y giró la cabeza débilmente, un murmullo ininteligible escapando de sus labios. Era una protesta clara, aunque casi sin fuerzas.

La Dra. Uzuki se detuvo, las tijeras suspendidas en el aire. Miró el rostro enmascarado, la desesperación silenciosa en ese débil gesto de negación. La decisión volvió a pesar sobre ella. Forzar la máscara podría agitarlo, empeorar una posible lesión en el cuello, y claramente violaba lo que este individuo, por alguna razón desesperada, intentaba proteger incluso al borde de la muerte. Por otro lado, no poder evaluar adecuadamente su vía aérea era un riesgo médico enorme.

Estabilizar primero, decidió internamente. Trabajaré alrededor de la máscara por ahora. Buscaré hemorragias obvias, trataré el shock.

Dejando las tijeras para la máscara por el momento, tomó unas diferentes y comenzó a cortar con cuidado la tela ya rasgada del traje de Spider-Man alrededor de las peores heridas visibles en su torso y pierna. La visión debajo era alarmante: hematomas masivos que se extendían con un color morado oscuro y violáceo, laceraciones profundas que aún supuraban sangre, y la clara deformidad donde sus costillas se habían roto.

—Dios mío... ¿qué te hizo esto? —murmuró en voz baja mientras aplicaba gasas estériles y presión sobre las heridas sangrantes, trabajando con rapidez y eficiencia a pesar de lo limitado de su equipo de emergencia nocturno.

Conectó un monitor de signos vitales básico que tenía en la sala, los pitidos confirmando el pulso rápido y la presión arterial peligrosamente baja. Preparó una vía intravenosa con manos expertas, administrando fluidos para combatir el shock inminente.

Mientras trabajaba, la magnitud total de las lesiones se hizo evidente. Esto no eran solo huesos rotos y cortes; la fuerza necesaria para causar este tipo de trauma contuso era aterradora. Sospechaba fuertemente de hemorragias internas graves. Este paciente necesitaba cirugía, necesitaba un banco de sangre, necesitaba un hospital completamente equipado, no una pequeña clínica cerrada atendida por una sola doctora con recursos limitados.

El dilema volvió con fuerza. Cada minuto que pasaba aquí aumentaba el riesgo de que muriera. Pero llamar a una ambulancia significaba llamar a la policía. Significaba exponerlo. Significaba enfrentar ella misma preguntas muy difíciles, posiblemente consecuencias legales o profesionales por albergar a un fugitivo, incluso si era un héroe aclamado por algunos.

Empujó esos pensamientos a un lado por el momento. Su prioridad inmediata era mantenerlo vivo, aquí y ahora. Limpió otra herida, aplicó más presión, ajustó la vía intravenosa. Los únicos sonidos en la pequeña sala de examen eran los pitidos del monitor, la respiración dificultosa y sibilante de Peter a través de la máscara, y el sonido suave de sus propios movimientos mientras trabajaba frenéticamente contra el tiempo, una joven doctora sola en la noche, con la vida de un héroe roto literalmente en sus manos.

La Dra. Uzuki Chika trabajaba con una concentración febril en la quietud de su pequeña clínica cerrada. Los fluidos intravenosos goteaban constantemente, intentando contrarrestar el shock que amenazaba con apagar la vida de su paciente enmascarado. Había aplicado vendajes de presión en las peores laceraciones visibles en su torso y pierna, pero sabía que eran soluciones temporales para problemas potencialmente masivos. El monitor de signos vitales seguía pitando con una urgencia preocupante: pulso rápido, presión baja, y ahora, notó con creciente alarma, la saturación de oxígeno comenzaba a descender lentamente.

La respiración de Spider-Man se volvía más superficial, más trabajosa. Un ligero gorgoteo acompañaba cada inhalación dificultosa. La Dra. Uzuki apretó los labios. Ya no podía ignorarlo. La máscara, esa barrera de identidad por la que él había luchado tan débilmente, ahora era una amenaza directa para su vida. Necesitaba acceso a su vía aérea, necesitaba ver si había sangre o algún otro bloqueo, necesitaba asegurarse de que el aire entraba y salía.

Miró de nuevo la máscara rota. El instinto médico gritaba que la quitara por completo. Pero la imagen del débil gesto de negación de Peter, su desesperación por mantenerla puesta incluso al borde de la inconsciencia, le pesaba. Recordó las noticias, el heroísmo reportado. Este no era un paciente ordinario.

De acuerdo... un compromiso, decidió. Necesito ver su boca y nariz. Pero quizás... quizás no necesite ver todo.

Se inclinó sobre Peter, cuya consciencia parecía fluctuar en los límites de la oscuridad. Colocó una mano tranquilizadora pero firme en su hombro.

—Escúchame —dijo en voz baja pero clara, esperando que algo de sus palabras penetrara la neblina del dolor y el shock—. Sé que no quieres que te quite la máscara. Lo entiendo. Pero tu respiración está empeorando. Necesito ayudarte.

Hizo una pausa, observando si había alguna reacción. Solo un leve estremecimiento recorrió el cuerpo de Peter.

—Voy a hacer esto: quitaré solo la parte inferior de tu máscara —continuó, su tono calmado pero decidido—. Solo desde la mandíbula hacia abajo. Así podré revisar tu boca, asegurarme de que no te ahogas y ayudarte a respirar mejor. ¿De acuerdo? Intentaré ser rápida y no mirar más de lo estrictamente necesario. Pero tengo que hacerlo.

No esperó una respuesta que probablemente no llegaría. Tomó las tijeras de vendaje con mano firme. Con cuidado y precisión, comenzó a cortar la tela roja y resistente de la máscara, siguiendo la línea de la mandíbula de Peter. Cortó a través de las áreas ya rasgadas y continuó con cuidado alrededor del mentón. La tela era sorprendentemente duradera en algunas partes. Finalmente, pudo levantar y apartar con delicadeza la sección inferior de la máscara, desde debajo de la nariz hasta el cuello.

El rostro inferior de Peter quedó expuesto bajo la dura luz de la lámpara de exploración. Era joven, dolorosamente joven, tal vez ni siquiera un adulto. Tenía un corte en el labio inferior que sangraba de nuevo, y había rastros de sangre seca alrededor de su boca y barbilla. Su piel estaba pálida, casi cerúlea por la falta de oxígeno.

La Dra. Uzuki ignoró la punzada de sorpresa por su juventud y se centró inmediatamente en la tarea médica. Limpió rápidamente la sangre de su boca, revisó que la lengua no obstruyera la vía aérea y escuchó atentamente su respiración, que seguía siendo peligrosamente superficial. La máscara superior, desde el puente de la nariz hacia arriba, incluyendo los ojos con sus lentes rotos, permanecía en su lugar, ocultando la mayor parte de su identidad.

Había logrado un equilibrio precario: acceso médico vital mientras preservaba una parte del desesperado anonimato de su paciente. Pero al ver la palidez de sus labios y la dificultad de su respiración, supo que el tiempo seguía corriendo en contra de ambos. Necesitaba hacer más, y rápido.

La Dra. Uzuki trabajó con una eficiencia nacida de la adrenalina y años de entrenamiento. Con la vía aérea de Peter parcialmente accesible, pudo evaluar mejor su respiración y administrar oxígeno a través de una cánula nasal que deslizó con cuidado bajo la máscara superior. Limpió la sangre y los residuos de alrededor de su boca y nariz, asegurándose de que nada obstruyera el flujo de aire, por superficial que fuera. Ajustó la velocidad del goteo intravenoso para reponer los fluidos perdidos y combatir el shock. Volvió a aplicar presión firme en las heridas del torso que aún supuraban lentamente.

Minuto a minuto, bajo sus cuidados expertos y la sorprendente resistencia inherente de Peter (aunque ella no lo supiera), la situación pareció estabilizarse ligeramente. Los pitidos erráticos del monitor de constantes vitales se volvieron un poco más rítmicos, aunque todavía demasiado rápidos. La peligrosa palidez azulada alrededor de los labios de Peter comenzó a retroceder, reemplazada por una palidez simple pero menos alarmante. Su respiración, aunque todavía claramente dolorosa y superficial, se volvió un poco más profunda, menos desesperada.

La doctora dio un paso atrás por un momento, permitiéndose un suspiro tembloroso de alivio provisional. La amenaza inmediata de muerte parecía haber retrocedido, al menos por ahora. Con la crisis inmediata ligeramente atenuada, tuvo un instante para observar realmente a su paciente más allá de las heridas críticas.

Había estado tan centrada en el trauma que no había procesado completamente la figura bajo el traje destrozado. Ahora, al verlo yacer más quieto en la camilla, notó la complexión general. A pesar de la musculatura evidente y tonificada que se adivinaba bajo la tela roja y azul –claramente resultado de un entrenamiento intenso o de sus habilidades–, la estructura ósea subyacente era delgada. La línea de su mandíbula expuesta, ahora limpia de la peor parte de la sangre, era definida pero innegablemente juvenil. La piel, aunque pálida y magullada, era tersa.

Dios mío, pensó, una nueva oleada de conmoción recorriéndola. Es solo un niño. No podía tener más de diecisiete años, quizás incluso dieciséis. La idea de que alguien tan joven hubiera estado en medio de una batalla tan brutal, recibiendo y aguantando esas heridas aterradoras... era profundamente perturbador. La imagen del héroe misterioso se superpuso con la de un adolescente gravemente herido.

Se acercó de nuevo a la camilla, su expresión suavizándose con una mezcla de profesionalismo y una nueva capa de preocupación casi maternal.

—De acuerdo... —dijo en voz baja, ajustando la manta improvisada que había encontrado para cubrirlo—. Has pasado lo peor por ahora, creo. Tus constantes están un poco mejor. Intenta descansar, ¿vale? No te muevas. Solo descansa.

Los ojos de Peter, visibles a través del lente roto, se enfocaron débilmente en ella. Había estado flotando en los bordes de la consciencia, pero las palabras tranquilizadoras y la ligera mejora en su estado le permitieron un momento de mayor lucidez. Su voz salió como un susurro áspero y débil.

—¿Por... qué...?

La Dra. Uzuki se inclinó ligeramente. —¿Por qué qué? No te entiendo bien.

Peter tragó saliva, un gesto doloroso. —Por qué... —intentó de nuevo, su voz apenas audible—. ...me ayuda?

La doctora se detuvo. La pregunta era simple, pero la respuesta era complicada. Podría dar la respuesta médica estándar. —Porque apareciste en mi puerta casi muerto —dijo, su tono práctico—. Soy médico. Es mi trabajo intentar ayudar.

Pero ambos sabían, en el silencio que siguió, que esa no era toda la verdad. Ella había dudado. Había habido miedo, reglas, riesgos. Miró de nuevo el rostro parcialmente enmascarado, la juventud evidente en la parte expuesta, y recordó las noticias.

—Además... —añadió, su voz volviéndose más suave, más personal—. Escuché de ti. Hoy. En las noticias. Sobre el ataque a esa escuela... la U.A. —Sus ojos encontraron los de Peter a través del cristal roto—. Escuché lo que dijeron algunos de los estudiantes. Que apareciste. Que los protegiste. Que luchaste contra... esa cosa monstruosa. Que salvaste a su profesor.

Peter la miró fijamente por un largo momento, procesando sus palabras a través de la neblina del dolor. Ella sabía. Sabía lo que había pasado, lo que él había hecho. No lo veía solo como un vigilante problemático, sino como alguien que había ayudado. Una sensación cálida, ajena al dolor físico, floreció débilmente en su pecho.

Una única palabra escapó de sus labios resecos, apenas un soplo de aire, pero cargada de un significado profundo.

—Gracias...

La Dra. Uzuki asintió levemente, un entendimiento silencioso pasando entre ellos. Volvió a revisar el monitor y la vía intravenosa, su toque ahora un poco más gentil. Había tomado un riesgo enorme, pero al mirar al chico –al héroe– en su camilla, una parte de ella sintió que, a pesar de todo, había hecho lo correcto. La noche aún era larga, y el peligro no había desaparecido, pero por ahora, en la quietud de la pequeña clínica cerrada, había un precario santuario.

La gratitud, aunque expresada en un susurro apenas audible, pareció ser la última señal que el cuerpo de Peter necesitaba para rendirse. Con la seguridad relativa de las cuatro paredes de la clínica, el cuidado atento de la Dra. Uzuki y la certeza de que All Might había llegado, la tensión que lo había mantenido en pie contra toda lógica finalmente se rompió. La adrenalina se retiró por completo, dejando al descubierto la profundidad de su agotamiento y el verdadero alcance de sus heridas. Sus párpados se cerraron involuntariamente, el mundo se disolvió en una oscuridad bienvenida y cayó en un sueño profundo y pesado, más un coma inducido por el trauma que un descanso reparador.

La Dra. Uzuki observó cómo la respiración de su paciente enmascarado se volvía más profunda, aunque todavía irregular. Continuó monitorizando sus constantes vitales, limpiando y vendando lo mejor que pudo las heridas accesibles, trabajando en silencio bajo la luz de la lámpara de exploración. Las horas de la madrugada se deslizaron una tras otra, marcadas solo por los pitidos constantes del monitor y el sonido ocasional de la ciudad despertando lentamente en la distancia. Mantuvo una vigilia solitaria, consciente del peligroso secreto que albergaba y de la frágil vida que tenía en sus manos.

La mañana siguiente al ataque a la USJ seguía en la boca de los notíciales, una ciudad y una academia en estado de shock. Las noticias dominaban todas las pantallas y conversaciones. Titulares estridentes proclamaban: "¡Villanos irrumpen en instalación de élite de U.A.!", "¡All Might repele ataque masivo!", "¡Profesores y estudiantes heridos en asalto sin precedentes!". Las imágenes mostraban la cúpula destrozada de la USJ, a los héroes profesionales llegando en masa, y especulaciones febriles sobre la identidad y motivos de la autoproclamada "Liga de Villanos".

En los dormitorios de la U.A. (o en las aulas temporales si aún no se habían mudado), el ambiente era sombrío. Los estudiantes de la Clase 1-A, reunidos después de ser interrogados brevemente por la policía y revisados por personal médico, hablaban en voz baja. El miedo persistía, pero ahora se mezclaba con la incredulidad y una creciente preocupación por sus compañeros ausentes. Sabían que Aizawa y Trece estaban hospitalizados con heridas graves. Sabían que Midoriya estaba en la enfermería de Recovery Girl con huesos rotos.

Y sabían que Peter Parker seguía desaparecido.

—¿Alguna noticia sobre Parker? —preguntó Uraraka a Lida, quien había estado tratando de obtener información de los profesores presentes. Lida negó con la cabeza, su expresión tensa. —Negativo. La policía y los equipos de búsqueda de héroes están revisando cada centímetro de la USJ. La teoría principal sigue siendo que fue dispersado por el villano del portal a un área aislada y posiblemente herido al inicio. Pero aún no lo han localizado.

La preocupación era palpable en el grupo. Parker, el chico nuevo y tranquilo con esas habilidades físicas sorprendentes, perdido en medio de ese caos... era un pensamiento aterrador.

En la enfermería principal de la U.A., Shota Aizawa yacía en una cama, su brazo derecho completamente inmovilizado y vendado, recibiendo tratamiento para sus otras lesiones. Estaba despierto, sus ojos oscuros fijos en el techo, ignorando el dolor con la estoica disciplina que lo caracterizaba. Su mente, sin embargo, era un torbellino. Recibía actualizaciones fragmentadas sobre la investigación, sobre el estado de Trece, pero su principal foco de ansiedad era Parker. Sabía que el chico probablemente no estaba perdido en la USJ; estaba ahí fuera, en la ciudad, gravemente herido y solo, después de haber escapado como Spider-Man. El silencio de radio sobre el vigilante fugitivo desde la alerta inicial era ensordecedor y preocupante. Había informado a Nezu. Ahora solo podían esperar y gestionar la crisis de la "desaparición" oficial de Peter Parker.

En la clinica

La luz del sol filtrándose por una persiana polvorienta fue lo que finalmente sacó a Peter de la inconsciencia. Parpadeó, desorientado. El dolor regresó de inmediato, un recordatorio brutal de la noche anterior. No era la agonía cegadora de antes, se había atenuado a un dolor profundo y punzante con cada respiración, pero seguía siendo abrumador.

Miró a su alrededor. Estaba en la misma sala de examen de la clínica, tumbado en la camilla. Una vía intravenosa seguía conectada a su brazo. Estaba cubierto con una manta fina. La luz del día llenaba la pequeña habitación. ¿Cuánto tiempo había dormido?

Los recuerdos volvieron: el Nomu, los golpes, Aizawa herido, All Might, la doctora, la máscara parcialmente quitada... ¡La máscara! Se llevó una mano temblorosa a la cara. La parte superior seguía allí, el lente izquierdo todavía fracturado, pero la parte inferior, que cubría su boca y nariz, seguía retirada. Podía sentir el aire fresco directamente en su piel.

¿La doctora...? ¿Dónde está? ¿Me vio? ¿Llamó a la policía? El pánico amenazó con volver. Tengo que salir de aquí. Tengo que volver a U.A.

Intentó incorporarse, pero un dolor agudo en las costillas lo hizo jadear y volver a caer sobre la camilla. Estaba débil, increíblemente débil. Sus músculos se sentían como gelatina magullada. Su factor de curación había estado trabajando, sin duda –probablemente era la única razón por la que seguía vivo y consciente–, pero el daño había sido demasiado severo. Necesitaría días, quizás semanas, para recuperarse por completo sin ayuda avanzada.

Justo en ese momento, la puerta de la sala de examen se abrió suavemente. La Dra. Uzuki entró, ahora vestida con ropa de civil debajo de su bata blanca, luciendo cansada pero alerta. Llevaba una pequeña bandeja con un vaso de agua y lo que parecían analgésicos suaves.

Se detuvo al ver que estaba despierto, sus ojos evaluando su estado rápidamente.

La Dra. Uzuki se detuvo en la puerta por un instante, evaluando a Peter. Él la miró con cautela a través del lente roto, su mano instintivamente cerca de la parte inferior expuesta de su rostro. El silencio se alargó un momento, cargado de preguntas no formuladas y la extrañeza de la situación.

—Veo que finalmente has despertado —dijo ella finalmente, su voz tranquila y profesional, aunque con un matiz de cansancio—. ¿Cómo te sientes? Pregunta estúpida, lo sé. Probablemente como si te hubiera atropellado un... bueno, algo muy grande.

Se acercó a la camilla, dejando la bandeja en una mesita cercana. —Traje agua y unos analgésicos. No son muy fuertes, pero es lo que tengo aquí y lo mejor que puedo darte sin un historial completo o saber exactamente qué te pasa además de... bueno, todo.

Peter observó cada uno de sus movimientos. —¿Cuánto... cuánto tiempo...? —logró preguntar, su voz ronca.

—Has estado inconsciente casi toda la noche y parte de la mañana —respondió ella, revisando la bolsa de suero—. Llegaste aquí... Dios, no sé, quizás a las 12-1 de la noche. Son casi las 11 de la mañana ahora. Logré estabilizarte un poco, detener la peor parte de la hemorragia que pude ver y mantenerte hidratado. Pero —su mirada se volvió seria—, no te equivoques. Estás muy lejos de estar bien. Tienes, como mínimo, varias costillas rotas, una contusión pulmonar probable por los impactos, un esguince o fractura grave en el tobillo y quién sabe qué daño interno. Necesitas un hospital de verdad. Rayos X, probablemente cirugía...

Peter intentó incorporarse de nuevo al oír la palabra "hospital", pero el dolor lo detuvo con un jadeo. —No... no hospital... —murmuró con urgencia—. No puedo...

La Dra. Uzuki suspiró, una mezcla de exasperación y comprensión en su rostro. —Mira... —dijo, sentándose con cautela en un taburete cercano, manteniendo una distancia respetuosa—. Sé que esto es... extraordinariamente complicado. Y créeme, mi noche tampoco ha sido precisamente normal. —Hizo un gesto hacia la máscara—. No voy a preguntar quién eres debajo de eso. Supongo que tienes tus razones para mantenerlo oculto, razones por las que te arriesgaste a escapar de una ambulancia y terminar aquí en lugar de en una sala de emergencias.

—Pero tienes que ser realista —continuó, su tono volviéndose más firme—. No puedes simplemente levantarte y salir caminando. Estás gravemente herido. Además... —dudó un instante— la policía te está buscando. A ti. Al 'vigilante Spider-Man'. Salir ahora, así como estás, con ese traje... sería increíblemente peligroso para ti. Te encontrarían en minutos.

Peter asimiló sus palabras. Tenía razón. Estaba atrapado. Demasiado herido para huir eficazmente, demasiado reconocible para moverse libremente, y con una necesidad desesperada de volver a U.A. para mantener su coartada como Peter Parker antes de que su ausencia se volviera demasiado sospechosa. La desesperación amenazó con abrumarlo de nuevo.

Viendo la angustia en la postura de Peter (incluso con media cara cubierta), la Dra. Uzuki pareció tomar una decisión. —Escucha, no puedo mantenerte aquí indefinidamente. No tengo los recursos para tratar heridas como las tuyas. Pero tampoco puedo echarte a la calle así. —Se pasó una mano por el rostro cansado—. Te daré unas horas más para descansar, si prometes quedarte quieto. Bebe agua, toma los analgésicos. Quizás pueda encontrar algo de ropa vieja de mi hermano o algo que puedas usar para... bueno, para no ser un faro rojo y azul andante. Y luego... tendremos que pensar en cómo vas a salir de aquí sin terminar arrestado o muerto.

Era una oferta precaria, un respiro temporal, pero era más de lo que Peter esperaba. Miró a la joven doctora, a su expresión cansada pero decidida. Había elegido ayudarlo, a pesar de los riesgos evidentes para ella misma.

Asintió débilmente, un gesto que le costó esfuerzo. Aceptó el vaso de agua que ella le ofrecía con manos temblorosas y se tomó los analgésicos, esperando que aliviaran aunque fuera un poco el dolor constante.

—Gracias... doctora... —murmuró de nuevo, la palabra sonando inadecuada para la situación.

—Chika está bien —dijo ella con una pequeña y cansada sonrisa—. Y por ahora, solo intenta dormir un poco más. Tu cuerpo lo necesita desesperadamente. Hablaremos de planes de escape más tarde.

Peter se recostó, cerrando los ojos. El dolor seguía allí, la incertidumbre también, pero por primera vez desde el ataque, sintió una minúscula chispa de algo parecido a la seguridad, gracias a la inesperada compasión de la Dra. Uzuki Chika en su pequeña clínica cerrada.

Peter intentó seguir el consejo de la Dra. Uzuki y descansar, pero el sueño profundo lo eludió. El dolor, aunque ligeramente mitigado por los analgésicos, seguía siendo una presencia constante y punzante. Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes de la USJ volvían a él: el rostro vacío del Nomu, el brazo destrozado de Aizawa, la mirada de terror en los ojos de Uraraka, el estruendo del puñetazo de All Might. Su mente era un torbellino de preocupaciones: ¿Cómo de graves eran realmente sus heridas? ¿Podría su factor curativo manejar esto solo? ¿Qué estaría pasando en U.A.? ¿Estarían buscándolo como Peter Parker? ¿Cuánto tardaría Aizawa en conectar los puntos si no lo había hecho ya (aunque Peter no podía saber que Aizawa ya estaba al tanto de su identidad y ahora de su escape)? ¿Y cómo demonios iba a volver sin su traje, sin fluido de telaraña y apenas capaz de caminar?

Mientras Peter luchaba con sus pensamientos y el dolor, la Dra. Uzuki Chika se movía silenciosamente por la clínica. Limpió la pequeña cantidad de sangre que había quedado en el suelo cerca de la entrada. Consultó discretamente una tableta, leyendo con el ceño fruncido las actualizaciones de noticias sobre el ataque a la USJ y la búsqueda en curso del "vigilante fugitivo" herido. Las descripciones eran vagas, pero la alerta policial era real. Cada titular parecía aumentar la tensión en sus hombros. Rebuscó en un armario trasero y finalmente encontró lo que buscaba: un conjunto de ropa doblada: unos pantalones deportivos grises algo desgastados, una sudadera con capucha oscura y ancha, y un par de zapatillas viejas pero limpias. Pertenecían a su hermano menor, que ya no vivía allí, pero servirían.

Pasaron un par de horas más. El sol ya estaba alto en el cielo, y los sonidos del tráfico y la vida diurna de la ciudad se filtraban débilmente a través de las paredes de la clínica. Peter logró dormitar intermitentemente, despertándose con un sobresalto cada vez que un dolor más agudo lo atravesaba o un ruido exterior le parecía demasiado cercano.

Finalmente, sintiéndose marginalmente menos al borde del colapso (quizás gracias a los fluidos, los analgésicos o el inicio lento de su curación), Peter intentó sentarse de nuevo. Esta vez lo logró, aunque con un gruñido de dolor y apoyándose pesadamente en sus brazos. El mundo todavía daba vueltas si se movía demasiado rápido, pero al menos podía mantenerse erguido.

La Dra. Uzuki entró al oír el movimiento, llevando la ropa que había encontrado. —Veo que te sientes un poco mejor —observó, aunque su tono era cauteloso—. O al menos, lo suficientemente terco como para intentar moverte. Dejó la ropa sobre el extremo de la camilla. —Encontré esto. No es mucho, y probablemente no te quede perfecta, pero te cubrirá mejor que... bueno, que eso. —Hizo un gesto hacia el traje de Spider-Man hecho jirones.

Peter miró la ropa sencilla. Era una tabla de salvación. —Gracias... de verdad, doctora. No sé cómo... —No tienes que agradecérmelo todavía —lo interrumpió ella, su expresión seria—. Esto no cambia nada fundamental. Sigues estando gravemente herido y necesitas ir a un hospital. Y la policía sigue buscándote ahí fuera. Salir es un riesgo enorme. —Lo sé —admitió Peter, su voz aún áspera—. Pero no puedo quedarme aquí. Tengo que... tengo que volver. Tengo que arreglar esto.

Ella suspiró, comprendiendo su determinación aunque no la aprobara del todo desde un punto de vista médico o legal. —De acuerdo. Pero tienes que ser increíblemente cuidadoso. Evita las calles principales. Muévete despacio. Si sientes que vas a desmayarte, busca un lugar seguro para detenerte. Y por el amor de Dios, en cuanto puedas, busca atención médica adecuada, aunque sea de forma discreta. Tus heridas internas podrían ser peores de lo que parecen.

Peter asintió, absorbiendo las advertencias. —Lo haré. Tendré cuidado. —Primero, tienes que cambiarte. Y... ¿qué vas a hacer con... eso? —preguntó, señalando de nuevo el traje de Spider-Man.

Peter miró su traje, su símbolo, ahora una prueba incriminatoria. No podía simplemente dejarlo allí. Tampoco podía llevarlo consigo fácilmente. La doctora pareció leer su dilema. Fue a un armario y sacó una vieja mochila deportiva con cordones. —Toma. Quizás puedas doblarlo y meterlo aquí. No es ideal, pero es mejor que nada.

El proceso de quitarse el traje y ponerse la ropa de civil fue una agonía lenta y meticulosa. Cada movimiento tiraba de sus costillas rotas, de sus músculos magullados. Tuvo que pedir ayuda a la doctora para quitarse con cuidado la parte superior del traje sin desgarrar más su piel o agravar sus heridas. Finalmente, vestido con la sudadera ancha (la capucha sería útil), los pantalones deportivos y las zapatillas, se sintió extrañamente vulnerable sin el traje, pero también un poco menos como un objetivo andante. Dobló con cuidado el traje dañado de Spider-Man lo mejor que pudo y lo metió en la mochila.

La Dra. Uzuki lo acompañó hasta una puerta trasera que daba a un pequeño patio o callejón de servicio, menos visible que la entrada principal. —Bien, escucha —dijo ella en voz baja y urgente—. Sal por aquí. Evita la calle principal durante varias manzanas. Dirígete hacia el oeste, creo que la presencia policial será menor en esa dirección por ahora. Muévete entre las sombras. Y por favor... cuídate. Lo que hiciste ayer... fue increíblemente estúpido y peligrosamente valiente. Intenta no morir por ello hoy.

Peter la miró, viendo la genuina preocupación en sus ojos cansados. Esta desconocida había arriesgado mucho por él. —Doctora Uzuki... Chika... de verdad... gracias por todo —dijo, sintiendo que las palabras se quedaban cortas.

Ella solo asintió, con una pequeña sonrisa triste. —Ahora vete. Y no vuelvas a mi puerta sangrando así, ¿entendido? Mi corazón no lo soportaría otra vez.

Abrió la puerta trasera. Peter respiró hondo el aire exterior, que ahora parecía lleno de peligros potenciales. Se echó la mochila al hombro con cuidado, se subió la capucha para ocultar su rostro tanto como fuera posible y salió al mundo exterior, dejando atrás el único santuario que había encontrado. Estaba disfrazado, herido, solo y con un largo y doloroso camino por delante para volver a la U.A. y enfrentar las consecuencias de sus actos, rezando para que la "Suerte Parker" le diera un respiro, aunque fuera pequeño.

Peter se deslizó fuera del callejón trasero de la clínica, el corazón latiéndole con fuerza contra sus costillas magulladas. La luz del día, ahora más avanzada la mañana, se sentía hostil y reveladora. Llevaba la capucha de la sudadera prestada calada sobre la cabeza, ocultando la parte superior de su máscara rota, pero sabía que no era suficiente. Cada persona que pasaba por la acera al otro lado de la calle parecía una amenaza potencial, cada coche que doblaba la esquina un posible coche de policía.

Se movió con una lentitud agónica, pegado a las paredes de los edificios, usando las sombras como un manto precario. El dolor era una constante que nublaba sus sentidos, pero el miedo a ser descubierto era un acicate aún más afilado. Necesitaba quitarse la máscara por completo, borrar el último vestigio visible de Spider-Man antes de intentar siquiera acercarse a la U.A.

Tras varios minutos de avance doloroso y paradas frecuentes para recuperar el aliento y asegurarse de que nadie lo seguía, encontró lo que buscaba: un estrecho pasaje de servicio entre dos edificios comerciales más antiguos, lleno de contenedores de basura desbordados y el olor rancio de la basura acumulada. Se deslizó dentro, asegurándose de que la entrada quedara oculta por los propios contenedores. Estaba razonablemente seguro de que nadie podía verlo allí.

Apoyado contra la pared de ladrillo fría y sucia, finalmente se permitió abordar la tarea que tanto temía. Con manos temblorosas por el dolor y el nerviosismo, se bajó la capucha y levantó las manos hacia la máscara. Con cuidado, despegó los bordes de la tela de su piel sudorosa y magullada. La parte superior de la máscara, con su icónico diseño y el lente izquierdo ahora estrellado, salió con un último tirón suave.

Respiró hondo el aire viciado del callejón, el primer respiro completamente libre desde que comenzó la pesadilla en la USJ. La sensación fue extraña, liberadora y aterradoramente vulnerable a partes iguales. Sostuvo la máscara dañada en sus manos por un momento, mirando el símbolo de su otra vida, ahora una prueba de sus acciones y sus heridas. Era un recordatorio tangible de la línea que había cruzado. Con un suspiro tembloroso, dobló la máscara con cuidado y la guardó en lo más profundo de la mochila deportiva, junto al resto del traje hecho jirones.

Ahora era solo Peter Parker. Un Peter Parker muy golpeado, vestido con ropa holgada y ajena, y con la necesidad desesperada de volver a un lugar donde probablemente le esperaba una reprimenda monumental, si no algo peor.

Okay, Aizawa va a despellejarme vivo, pensó mientras se obligaba a salir del refugio temporal de los contenedores. Nezu probablemente ya ha calculado catorce formas diferentes de expulsarme y deportarme a una dimensión de pesadilla. Y todo porque no pude quedarme quieto. Pero incluso mientras el miedo a las consecuencias lo invadía, una parte de él recordaba los ojos de Aizawa cuando el Nomu estaba a punto de golpearlo, el alivio en el rostro de Uraraka, la determinación de Midoriya... Pero salvé a Aizawa. Ayudé. ¿Contará eso de algo?

Se sacudió esos pensamientos. Ahora no era el momento. Necesitaba concentrarse en el presente: volver a U.A. sin ser detectado. Comenzó a caminar de nuevo, usando las calles secundarias y los callejones siempre que era posible. Su cojera era pronunciada, y tenía que detenerse cada pocos minutos para apoyarse en una pared y respirar profundamente contra el dolor punzante en su costado.

La historia... tengo que tener clara la historia, se recordó a sí mismo, tratando de enfocar su mente. Kurogiri. Me dispersó. Aterricé mal... golpe en la cabeza... en algún lugar remoto de la USJ. ¿Zona de deslizamientos? ¿Un túnel? Sí, un túnel oscuro. Desperté mucho después, todo había terminado. Tuve que encontrar la salida... por eso tardé tanto... por eso estoy así... Repitió los detalles en su cabeza, esperando que sonaran convincentes.

Estaba descansando en la sombra de un voladizo cuando oyó el sonido inconfundible de una sirena de policía acercándose. Su corazón dio un vuelco. Se encogió más en las sombras, conteniendo la respiración mientras un coche patrulla pasaba lentamente por la calle principal al final del callejón. Los oficiales en el interior miraban a su alrededor, claramente buscando algo... o a alguien. A él. Al vigilante fugitivo.

Una vez que el coche desapareció, Peter exhaló lentamente. El peligro era real y omnipresente. Miró en la dirección general de la U.A., todavía a una distancia considerable. El sol estaba alto ahora, haciendo que el calor fuera incómodo sobre su ropa oscura y su cuerpo febril. El camino por delante era largo y lleno de riesgos. Pero tenía que seguir. Impulsado por el dolor, el miedo y una determinación obstinada, Peter Parker continuó su lento y doloroso viaje de regreso, sin saber exactamente qué le esperaba al final, pero sabiendo que no tenía más opción que enfrentarlo.

El resto del trayecto fue una prueba de resistencia borrosa y dolorosa. Peter se movía como un fantasma herido a través de la bulliciosa ciudad diurna, una contradicción andante con la normalidad que lo rodeaba. Mientras la gente iba de compras, charlaba en las esquinas o se apresuraba a sus citas, él se aferraba a las sombras de los callejones, usando rutas indirectas, cada paso una negociación con el dolor punzante en sus costillas y el latido sordo en su tobillo.

La sudadera con capucha ocultaba su rostro, pero no podía ocultar la cojera pronunciada ni la forma en que se encorvaba, protegiéndose el costado. Tuvo que detenerse varias veces, escondido detrás de contenedores de basura o en los huecos de las puertas, esperando a que pasaran oleadas de náuseas o a que el mundo dejara de dar vueltas. En una ocasión, al doblar una esquina demasiado rápido para evitar a un grupo ruidoso de adolescentes, casi choca con una señora mayor que le resultó vagamente familiar; quizás una clienta habitual de la cafetería de Kenji. Se apartó bruscamente, murmurando una disculpa ahogada, y se escabulló por otra calle antes de que ella pudiera verlo bien, el corazón martilleándole por el susto.

Vio más coches de policía que de costumbre, sus luces silenciosas barriendo las intersecciones. Sabía que parte de esa presencia era por él, por Spider-Man, el vigilante fugitivo. Pero otra parte, sospechaba, era por Peter Parker, el estudiante desaparecido de la U.A. Era una búsqueda doble, y él era el objetivo de ambas, sin que nadie supiera que eran la misma persona. La ironía era tan amarga que casi le hizo reír, pero el movimiento le envió una nueva oleada de dolor al pecho.

Su factor de curación trabajaba horas extras, sin duda. El sangrado parecía haberse detenido en su mayor parte, y el dolor más agudo había remitido a un nivel constante y horrible en lugar de picos cegadores. Pero estaba lejos, muy lejos, de estar curado. La energía que consumía la curación lo dejaba profundamente agotado, y cada esfuerzo físico parecía robarle fuerza directamente de los huesos.

Finalmente, después de lo que parecieron horas de avance lento y clandestino, los imponentes muros exteriores de la Academia U.A. aparecieron a la vista. El campus era una fortaleza moderna, diseñada para mantener alejados a los intrusos y seguros a los estudiantes. Para Peter, ahora mismo, esos muros representaban tanto la seguridad como la jaula donde tendría que enfrentar su juicio.

Llegar a los muros era una cosa; entrar era otra. La entrada principal estaba descartada; habría guardias, cámaras, y él parecía un vagabundo que acababa de perder una pelea con un camión. Necesitaba una forma de entrar sin ser detectado inmediatamente en su estado actual.

Rodeó una sección del perímetro, buscando un punto débil, un área menos vigilada. Encontró una sección del muro alta, pero con algunos árboles cercanos que ofrecían cobertura visual parcial y quizás un punto ciego en las cámaras si calculaba bien el momento. Era arriesgado, increíblemente arriesgado en su condición.

Esperó, oculto entre los arbustos, observando. Vio a un guardia de seguridad hacer su ronda y desaparecer de la vista. Oyó el zumbido distante de un dron de vigilancia pasando por encima. Ahora o nunca.

Ignorando las protestas de su cuerpo, se acercó al muro. Apoyó las manos en la superficie lisa y fría. La adherencia estaba allí, pero débil, intermitente. Tuvo que concentrarse intensamente, usando no solo la habilidad física sino también la mental para mantener el agarre. Comenzó a escalar, lento, doloroso, cada movimiento una agonía. Sus costillas gritaban, su tobillo palpitaba, sus músculos temblaban por el esfuerzo. A mitad de camino, casi resbala, un pie perdiendo adherencia, pero logró recuperarse con un jadeo, aferrándose desesperadamente.

Finalmente, con un último esfuerzo que lo dejó sin aliento y al borde del desmayo, superó el borde del muro y se dejó caer torpemente en los terrenos del campus, aterrizando con un golpe sordo sobre el césped bien cuidado del otro lado, afortunadamente fuera de la vista inmediata de cualquier camino o ventana.

Se quedó allí por un momento, boca abajo sobre la hierba fresca, simplemente respirando, el corazón latiendo con fuerza por el esfuerzo y el miedo. Estaba dentro. Había superado el último obstáculo físico. Ahora solo quedaba el más difícil: navegar por el propio campus hasta su dormitorio o, quizás más sensato, directamente a la enfermería, y enfrentar las consecuencias inevitables de sus acciones. Se obligó a ponerse en pie una vez más, preparándose para la última etapa de su regreso y para la tormenta que sabía que le esperaba.

Peter se apoyó contra el muro interior del campus, el alivio de haber entrado mezclado con un miedo punzante. El silencio en los terrenos de la U.A. era antinatural. Incluso para un sábado por la mañana después de un incidente grave, la quietud era casi total. Vio un aviso digital confirmando la suspensión de clases y actividades. Bien, pensó con amargura, menos testigos. Pero también significaba que cualquier persona que viera sería probablemente personal de seguridad o profesores... o equipos de búsqueda.

Sabía que lo estarían buscando. Aizawa habría tenido que dar una explicación por su ausencia en el recuento. La historia más lógica sería que Kurogiri lo había dispersado y que estaba perdido o herido en algún rincón de la USJ. Así que ahora mismo, había equipos peinando esas instalaciones buscándolo a él, a Peter Parker. Y fuera de estos muros, la policía probablemente seguía buscando al "vigilante Spider-Man" que había escapado de la custodia médica. Estaba atrapado entre dos búsquedas, siendo el objetivo de ambas sin que nadie (excepto Aizawa, Nezu y All Might) supiera que eran la misma persona.

La idea de ir a su dormitorio era absurda. Demasiado lejos, demasiado riesgo de ser visto en su estado lamentable. Necesitaba ayuda médica real, y la necesitaba ya. Solo había un lugar en el campus que ofrecía una remota posibilidad de tratamiento discreto: la enfermería de Recovery Girl. Ella lo conocía de antes, sabía que su situación era... especial. Era una apuesta, pero era la única que tenía.

Comenzó la travesía hacia la enfermería, un viaje que debería haber sido corto pero que se convirtió en una odisea de dolor y sigilo. Se movía pegado a los edificios, usando cada sombra, cada arbusto como cobertura. Cada figura que veía a lo lejos –un jardinero, un miembro del personal de mantenimiento, una patrulla de seguridad haciendo su ronda– lo obligaba a detenerse, a esconderse, el corazón latiéndole con fuerza contra sus costillas rotas. El dolor era un compañero constante, pero el miedo a ser descubierto –ya fuera como el estudiante desaparecido o, peor aún, como el vigilante herido con ropa prestada– era una motivación aún más fuerte para mantenerse oculto.

Finalmente, tras un tiempo que le pareció interminable, llegó a la puerta de la enfermería. Estaba temblando de agotamiento y dolor. Respiró hondo, intentando prepararse para la inevitable confrontación y la reprimenda, y empujó la puerta.

La sala estaba tranquila, iluminada por la luz de la mañana. Recovery Girl estaba junto a una de las camas, revisando unos papeles, probablemente informes sobre los heridos del día anterior. Levantó la vista al oír la puerta, quizás esperando a Midoriya para un chequeo.

Su mirada se posó en Peter, y sus ojos se abrieron como platos. No hubo confusión sobre su identidad, solo reconocimiento instantáneo seguido de una expresión que cruzó rápidamente del shock a una severa exasperación y una profunda preocupación.

—¡Parker! —exclamó, su voz aguda y cortante, dejando caer los papeles sobre la cama—. ¡Por fin apareces! ¡Santo cielo, muchacho! ¡La policía, los profesores, incluso algunos de tus compañeros más insistentes llevan buscándote por toda la USJ desde anoche! ¡Se supone que estabas desaparecido, perdido desde la dispersión inicial! ¿¡Se puede saber dónde te habías metido!?

Dio unos pasos rápidos hacia él, su pequeña figura irradiando autoridad. Su mirada experta recorrió el estado lamentable de Peter: la ropa ajena y sucia, la forma en que se sostenía apenas, el rostro pálido y magullado (con la parte inferior aún expuesta desde el tratamiento improvisado de Chika, un detalle que Recovery Girl notaría sin duda), la manera en que cada respiración parecía una tortura. La conexión fue instantánea y furiosa en su mente.

—Y... ¡mira cómo vienes! —continuó, su tono volviéndose más agudo por la preocupación y la indignación—. ¡No me digas que estas heridas son de haber estado "perdido en un túnel"! ¡Esto es...! ¡Esto es lo del Nomu, verdad! ¡Lo que le pasó a Spider-Man! ¡No te escapaste de la ambulancia como pensaba Aizawa, te escapaste antes de que pudieran llevarte y has estado escondiéndote así! ¡Jovencito irresponsable! ¿¡Tienes idea del peligro...!?

Peter intentó hablar, quizás para ofrecer su ensayada coartada o una disculpa, pero las palabras se atascaron en su garganta. La combinación del dolor físico, el agotamiento mental, la precisión con la que Recovery Girl había deducido parte de la verdad (aunque confundiendo el momento exacto del escape) y la simple confrontación con una figura de autoridad que sabía parte de su secreto fue demasiado. El mundo se inclinó violentamente.

—Lo... siento... —susurró, antes de que sus ojos se pusieran en blanco y sus piernas finalmente cedieran.

Se habría estrellado contra el suelo si Recovery Girl no se hubiera lanzado hacia adelante, usando su cuerpo y una fuerza sorprendente para amortiguar su caída y empezar a guiarlo hacia la cama más cercana.

—¡Idiota testarudo! ¡Poniendo en peligro tu vida y volviéndonos locos a todos! —refunfuñó, aunque ahora su voz estaba teñida principalmente por la urgencia médica—. ¡Ya habrá tiempo para reprimendas! ¡Ahora quédate quieto y déjame ver cuánto daño te has hecho por tu estupidez!

Recovery Girl resopló con exasperación mientras ayudaba al cuerpo casi inerte de Peter a subir a la cama de examen más cercana. —¡Siempre tienes que hacer las cosas de la forma más difícil y peligrosa posible, verdad, jovencito! —murmuró, aunque su tono era más de preocupación exasperada que de verdadera ira.

Una vez que Peter estuvo tumbado, ella comenzó a trabajar con una eficiencia implacable. Sacó su estetoscopio, escuchando atentamente la respiración dificultosa de Peter y los latidos erráticos de su corazón. Tomó sus constantes vitales de nuevo, anotando mentalmente los números preocupantes. Luego, con unas tijeras médicas afiladas, comenzó a cortar con cuidado la ropa prestada –la sudadera ancha, la camiseta debajo– para exponer completamente el torso y las extremidades heridas de Peter.

Mientras retiraba las capas de ropa y los restos del traje de Spider-Man que aún se adherían en algunos puntos, sus cejas se fruncieron. Notó la limpieza alrededor de la boca y nariz de Peter, donde la parte inferior de la máscara había sido claramente retirada con un corte preciso, no desgarrada en la batalla. Vio también que algunas de las laceraciones menores, aunque aún feas, parecían haber sido limpiadas superficialmente y cubiertas con gasas básicas pero aplicadas con cuidado, diferentes a los vendajes de campo apresurados que habría esperado de la escena caótica de la USJ.

Se detuvo por un momento, mirando fijamente a Peter, cuyos ojos parpadeaban, luchando por mantenerse abiertos. —Parker —dijo, su voz aguda y penetrante—. Alguien te encontró después de que... te las arreglaste para desaparecer de la USJ, ¿no es así? —Su mirada señaló la línea de corte de la máscara y las gasas—. Esta atención médica, aunque básica, no la recibiste en medio de esa batalla ni de los primeros auxilios allí. Alguien te ayudó mientras estabas desaparecido. ¿Quién fue?

Peter la miró, la vulnerabilidad clara en su mirada parcialmente visible. Sabía que mentirle directamente a ella sería inútil y probablemente contraproducente. Asintió levemente, un movimiento que le costó un visible esfuerzo. —Sí... —susurró, su voz apenas un hilo.

—¿Quién, Parker? ¿Dónde estabas? Necesito saberlo. ¿Era alguien de confianza? ¿Estás seguro de que no te...? —Recovery Girl comenzó a presionar, la preocupación por posibles complicaciones o trampas evidente en su tono.

Pero Peter negó débilmente con la cabeza. —Alguien... amable —logró decir—. Me... encontró. Me ayudó. Por favor... ella... no importa.

La forma en que dijo "ella" y la súplica en su voz, incluso en su estado debilitado, le dijeron a Recovery Girl que no obtendría más información sobre la misteriosa benefactora de Peter. Soltó un suspiro frustrado. Secretos sobre secretos. Este chico era una caja de problemas.

—Siempre protegiendo a los demás, incluso cuando apenas puedes protegerte a ti mismo... —murmuró con una mezcla de exasperación y un respeto a regañadientes—. De acuerdo, Parker. Por ahora, lo dejaremos así. Pero tenemos que estabilizarte de verdad.

Se inclinó sobre él, su rostro arrugado muy cerca. —Esto va a consumir mucha de tu energía restante, pero necesitamos cerrar lo peor de esto ahora. Prepárate.

Y entonces, le dio su característico beso curativo en la frente. Peter sintió una oleada inmediata de calor intenso, casi abrumador, que se extendió desde el punto de contacto por todo su cuerpo. Fue como si sus células gritaran y luego comenzaran a trabajar a una velocidad vertiginosa. El dolor agudo de sus costillas rotas comenzó a disminuir, reemplazado por un dolor sordo y profundo. Pudo respirar un poco más hondo, aunque todavía le dolía. La niebla en su cabeza pareció aclararse ligeramente. No estaba curado, ni mucho menos, pero la amenaza inmediata, el filo de la navaja sobre el que había estado balanceándose, pareció retroceder un poco.

—Ugh... —jadeó, sintiendo el agotamiento profundo que siguió a la oleada de curación. —Te lo advertí —dijo Recovery Girl, observando atentamente sus constantes en el monitor, que ahora eran notablemente más estables—. Mi Quirk usa tu propia energía vital para acelerar la curación. Has gastado casi todo lo que te quedaba. Necesitas descansar de verdad ahora, sin más escapadas estúpidas.

Una vez que se aseguró de que Peter estaba respirando con más regularidad y no parecía estar a punto de expirar en su enfermería, Recovery Girl se dirigió a su escritorio con expresión sombría. Este asunto iba mucho más allá de un simple estudiante herido. Cogió el teléfono seguro de su escritorio. Marcó una extensión interna.

—Director Nezu, habla Chiyo —dijo, su voz profesional pero tensa—. Lo he encontrado. A Parker. Sí, está aquí, en la enfermería. —Hizo una pausa, escuchando—. Está vivo, pero gravemente herido. Parece que mis sospechas... y probablemente las suyas y las de Aizawa... sobre sus actividades durante el incidente eran correctas. Y hay... complicaciones adicionales sobre dónde estuvo después. —Otra pausa—. Sí, señor. Creo que es imperativo que usted, Aizawa y Toshinori vengan aquí en cuanto les sea posible. Necesitamos discutir esto a fondo y decidir cómo proceder. Es... una situación extremadamente delicada.

Colgó el teléfono, su pequeña figura casi vibrando por la tensión contenida. Miró al joven ahora dormido (o al menos descansando más tranquilamente) en la cama de examen. El héroe secreto, el estudiante problemático, el chico de otro mundo. Su llegada a la U.A. no había traído más que complicaciones extraordinarias. Y Recovery Girl tenía la sensación de que esto era solo el principio.

El silencio en la enfermería de la U.A. era pesado, cargado de tensión tácita. Peter yacía en la cama de examen, sumido en un sueño profundo inducido por el agotamiento y el Quirk de Recovery Girl. Su respiración era más regular ahora, pero los moretones oscuros que florecían bajo su piel pálida y las vendas que cubrían parte de su torso eran testimonios silenciosos de la brutalidad que había soportado. La parte superior de su máscara aún cubría sus ojos y frente, una extraña mezcla de identidad oculta y vulnerabilidad expuesta.

Recovery Girl, Chiyo Shuzenji, observaba a su paciente con una mirada compleja. Había terminado de hacer lo que podía por él con los recursos de la enfermería; había limpiado y vendado sus heridas lo mejor posible, y su Quirk había comenzado a reparar el peor daño interno, pero a costa de la propia energía vital del chico. Ahora, solo el tiempo y un descanso profundo podrían hacer el resto, o eso esperaba. Terminó de organizar unos suministros, sus movimientos precisos y eficientes, pero su mente estaba claramente en otra parte, anticipando la conversación que estaba por venir.

La puerta de la enfermería se abrió sin previo aviso, y entraron las tres figuras que había convocado. El Director Nezu entró primero, su pequeña figura impecablemente vestida, sus ojos negros y brillantes escaneando la habitación y deteniéndose en Peter con una intensidad analítica. Detrás de él venía Shota Aizawa, con el brazo derecho inmovilizado y vendado contra el pecho, su rostro cansado marcado por una profunda fatiga y una furia apenas contenida mientras su mirada se clavaba en el estudiante inconsciente. Finalmente, entró Toshinori Yagi, en su forma demacrada, luciendo aún más frágil de lo habitual, la preocupación grabada en cada línea de su rostro mientras sus ojos azules se posaban en Peter con una mezcla de alivio y angustia.

Nadie habló de inmediato. Los tres se acercaron a la cama, observando en silencio al chico. Vieron la juventud evidente en la mandíbula y los labios ahora visibles, contrastando dolorosamente con la violencia implícita en sus heridas. Vieron la máscara rota, símbolo de la identidad que había asumido y de las reglas que había destrozado.

—¿Cómo está, Chiyo? —preguntó finalmente Nezu, su voz tranquila rompiendo el silencio.

Recovery Girl se giró hacia ellos. —Estabilizado, por ahora —informó, su tono profesional pero con un borde de severidad—. Llegó aquí por su propio pie hace unas horas, al borde del colapso total. Múltiples fracturas costales, contusiones severas, sospecha de hemorragia interna que mi Quirk ha ayudado a controlar, agotamiento extremo... Las heridas son consistentes con los impactos que sufrió del Nomu, tal como describieron los testigos y como probablemente vieron en las grabaciones.

Hizo una pausa, mirando directamente a Aizawa y luego a Nezu. —También presentaba signos de atención médica básica reciente, no realizada en la USJ. Y confirmó, antes de perder el conocimiento de nuevo, que alguien lo ayudó después de... desaparecer. Se negó a decir quién.

La mandíbula de Aizawa se tensó visiblemente. Así que no solo escapó de los médicos iniciales, sino que recibió ayuda externa y aún así terminó aquí en este estado... La imprudencia del chico era exasperante.

—Lo importante es que está vivo y relativamente estable gracias a ti, Chiyo —intervino Toshinori, su voz suave—. Hiciste lo correcto al llamarnos.

—Hice lo que tenía que hacer como médico —replicó Recovery Girl—. Pero ahora ustedes tienen que decidir qué hacer con él como escuela. Este chico... —miró de nuevo a Peter— es una fuente de problemas sin precedentes. Valiente hasta la estupidez, increíblemente poderoso y con una tendencia alarmante a ignorar cualquier regla si cree que tiene una buena razón.

—Una evaluación acertada —convino Nezu, sus bigotes crispándose ligeramente—. Lo cual nos lleva al meollo de la cuestión. Joven Parker ha sido encontrado. La búsqueda oficial de "Peter Parker, estudiante desaparecido" puede cancelarse discretamente dentro de la U.A., citando que fue localizado herido en una zona remota y traído aquí. Eso maneja la logística inmediata. —Su mirada se volvió más aguda—. Pero la cuestión fundamental permanece: ¿Qué hacemos ahora?

Se volvió hacia Aizawa. —Shota, él ignoró tus órdenes directas. Ignoró las condiciones explícitas de su admisión condicional. Actuó como vigilante, se expuso y puso en riesgo no solo a sí mismo, sino potencialmente la reputación y la seguridad de esta institución. La expulsión sería la respuesta lógica y reglamentaria.

Aizawa no respondió de inmediato. Miró a Peter, a las vendas, al rostro pálido y joven parcialmente visible. Recordó el puño del Nomu descendiendo hacia él, el grito de advertencia de Parker, el tirón de la telaraña que lo sacó del camino, el cuerpo del chico interponiéndose para recibir el segundo golpe... Recordó la furia fría y la habilidad desesperada con la que Parker luchó contra esa monstruosidad cuando él ya estaba fuera de combate.

—Ignoró las reglas —dijo finalmente Aizawa, su voz baja y ronca, cada palabra medida—. Fue imprudente. Irracional. Desobediente. —Hizo una pausa, y su mirada se endureció, pero había un matiz diferente ahora—. También me salvó la vida. Dos veces. Y luchó contra esa cosa con todo lo que tenía para proteger a los demás cuando yo ya no podía. No puedo ignorar eso tampoco. Expulsarlo... se sentiría... ilógico, dadas las circunstancias extraordinarias y el resultado final.

Nezu asintió lentamente, como si hubiera anticipado esa respuesta. All Might suspiró aliviado, aunque la preocupación no abandonó su rostro.

—Estoy de acuerdo en que la expulsión simple no parece la solución más... productiva —dijo Nezu—. Pero la confianza ha sido rota. Las reglas fueron ignoradas flagrantemente. No podemos simplemente pasar esto por alto. Necesita entender la gravedad de sus acciones y las implicaciones dentro de nuestra sociedad. Y necesitamos asegurarnos de que esto no vuelva a ocurrir. Su tendencia al vigilantismo es un riesgo inaceptable mientras esté bajo nuestra tutela.

—Necesita supervisión constante —afirmó Aizawa, su tono sin dejar lugar a dudas—. Más estricta que antes. Y necesita entender que la próxima vez no habrá excepciones. Si vuelve a ponerse ese traje sin autorización, si vuelve a actuar por su cuenta, se acabó. Sin importar las circunstancias.

—Quizás... quizás este incidente, por terrible que haya sido, pueda ser una lección —sugirió Toshinori con cautela—. Ha visto las consecuencias de actuar solo, sin apoyo, sin seguir un plan. Ha sentido el límite de sus propias fuerzas contra un enemigo diseñado para mí. Tal vez ahora entienda por qué existe el sistema de héroes profesionales, por qué trabajamos en equipo, por qué seguimos reglas.

Nezu tamborileó con sus pequeñas garras en el borde de la cama. —Optimista, Toshinori. Pero quizás no del todo incorrecto. La pregunta es: ¿cómo canalizamos ese potencial innegable y ese instinto heroico dentro de nuestros parámetros? ¿Cómo convertimos a Spider-Man en un estudiante de la U.A. que respete las normas?

Se quedaron en silencio de nuevo, mirando al chico dormido que representaba un enigma tan grande. Tenía el corazón de un héroe, el poder para respaldarlo, pero la mentalidad de un lobo solitario forjado en un mundo diferente. La U.A. se enfrentaba a su desafío educativo más extraño hasta la fecha.

—Por ahora —dijo Nezu finalmente—, dejémoslo descansar y recuperarse bajo el cuidado de Chiyo. Cuando despierte y esté en condiciones de hablar, tendremos otra conversación. Una muy seria. Mientras tanto, Aizawa, coordina la versión oficial de su reaparición. Toshinori, mantente discreto. Nadie más puede saber la verdad completa de lo que ocurrió con Parker y Spider-Man en la USJ. El secreto es ahora más vital que nunca.

Los tres hombres asintieron, unidos por la gravedad de la situación y el secreto compartido. El futuro de Peter Parker en la U.A. pendía de un hilo muy fino, y dependería de si podía aprender a ser un héroe a la manera de este nuevo mundo, o si sus viejos instintos lo llevarían inevitablemente a romper las reglas una vez más.

Peter durmió durante varias horas más, un sueño pesado y sin sueños, mientras su cuerpo luchaba por recuperarse del trauma con la ayuda del Quirk de Recovery Girl. La doctora Chiyo lo monitorizó de cerca, cambiando vendajes, ajustando la vía intravenosa y asegurándose de que sus signos vitales permanecieran estables, aunque preocupantemente bajos. Mantuvo la puerta de la enfermería cerrada con llave, informando a cualquier personal curioso que el estudiante Parker, encontrado herido, necesitaba descanso absoluto y sin interrupciones por orden del director.

Fue bien entrada la tarde cuando Peter comenzó a despertar de nuevo. El dolor seguía allí, un compañero sordo y constante, pero la agudeza cegadora había desaparecido. Se sentía débil, como si cada miembro pesara una tonelada, pero su mente estaba más clara. Recordó todo con una claridad incómoda: la USJ, la lucha, su escape, la clínica, la doctora Uzuki, su colapso aquí, y la conversación que sabía que era inevitable.

Se incorporó lentamente en la cama, apoyándose en las almohadas. Estaba vestido con una simple bata de paciente ahora; Recovery Girl debió haberle quitado la ropa prestada y sucia mientras dormía. Miró a su alrededor en la enfermería silenciosa. Estaba solo.

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera. Entraron el Director Nezu, Aizawa (con el brazo todavía inmovilizado, pero caminando con su determinación habitual) y Toshinori Yagi. Cerraron la puerta detrás de ellos, y el ambiente en la pequeña habitación se volvió instantáneamente tenso.

Se acercaron a su cama, sus expresiones serias. Nezu con su calma analítica, Toshinori con su preocupación paternal, y Aizawa... Aizawa era el más difícil de leer. Había agotamiento en sus ojos, sí, pero también una dureza que hizo que Peter se encogiera interiormente.

—Joven Parker —comenzó Nezu, su voz suave pero sin dejar lugar a dudas sobre la gravedad de la situación—. Me alegra ver que está consciente y, según el informe de Recovery Girl, más estable.

Peter asintió débilmente. —Sí, señor. Gracias a ella.

—Hemos estado discutiendo los eventos de ayer —continuó Nezu, yendo directo al grano—. Hemos revisado las grabaciones de seguridad disponibles de la USJ, hemos hablado con los otros estudiantes y con el profesor Aizawa. Conocemos la secuencia de los hechos. Sabemos de tu... intervención como Spider-Man. Y sabemos que ignoraste las advertencias explícitas y las condiciones estrictas que te impusimos.

Peter bajó la mirada. No había nada que negar.

—Sin embargo —dijo Nezu, y Peter levantó la vista, sorprendido por el giro—, antes de tomar una decisión final sobre tu futuro aquí, creemos que es... racional, escuchar tu perspectiva. Necesitamos entender por qué, con pleno conocimiento de las reglas y las consecuencias, elegiste actuar como lo hiciste. No buscamos excusas, Parker, buscamos comprensión. Explícate.

Le estaban dando la oportunidad de hablar. Peter respiró hondo, un proceso todavía doloroso. Miró a los tres hombres que tenían su futuro en sus manos.

—Yo... entendí las reglas, señor director —comenzó, su voz un poco ronca pero firme—. Entendí las advertencias del profesor Aizawa, del detective Tsukauchi. Sabía que no debía actuar, que no debía ponerme el traje. Sabía la confianza que habían depositado en mí.

»Cuando llegamos a la USJ y... aparecieron los villanos, mi primer instinto fue quedarme quieto, dejar que los profesionales se encargaran, como me dijeron. Pero entonces... —su mirada se desvió hacia Aizawa por un instante— vi cómo atacaban al profesor. Vi cómo Trece caía. Vi a ese villano de niebla, Kurogiri, bloqueando la salida y a punto de atrapar a Lida. Alguien tenía que crear una distracción para que Lida pudiera escapar y pedir ayuda. Yo... yo sabía que podía moverme rápido, que podía llamar su atención. Así que... lo hice. Me puse el traje y lo distraje.

»Sé que eso ya rompía las reglas —continuó rápidamente, antes de que pudieran interrumpirlo—. Pero después, cuando vi al profesor Aizawa luchando solo contra todos esos villanos, y luego apareció esa cosa... el Nomu... supe que estaba en problemas. Muy graves. Y cuando el Nomu lo hirió... cuando estaba a punto de... de matarlo... —Su voz se quebró ligeramente—. No pude. Simplemente no pude quedarme allí mirando.

Levantó la mirada, encontrando los ojos de Aizawa directamente. —Sé que fue imprudente. Sé que probablemente empeoré las cosas para mí mismo. Pero en ese momento, todo lo que podía pensar era que usted iba a morir si yo no hacía algo. Cualquier cosa. Así que intervine de nuevo. Luché contra el Nomu lo mejor que pude para protegerlo, para ganar tiempo hasta que llegara All Might.

»Rompí las reglas. Rompí su confianza. Lo entiendo y lo siento de verdad —concluyó, su voz bajando de nuevo, llena de una mezcla de convicción y arrepentimiento—. Pero cuando veo a alguien a punto de morir, y siento en mis huesos que tengo el poder de intentar evitarlo... no sé cómo mirar hacia otro lado. Siento... siento que es mi responsabilidad intentarlo, sin importar las reglas.

Terminó de hablar, el silencio llenando la enfermería una vez más. Había expuesto su razonamiento, su motivación fundamental, la esencia de por qué era Spider-Man. Ahora, solo podía esperar su juicio. Nezu lo observaba con su habitual intensidad calculadora. Toshinori tenía una expresión de profunda empatía y conflicto. Y Aizawa... Aizawa simplemente lo miraba fijamente, su rostro aún una máscara estoica, pero quizás, solo quizás, había una nueva profundidad en su mirada mientras procesaba las palabras del chico que le había salvado la vida mientras desafiaba todo lo que representaba.

El silencio que siguió a la explicación de Peter fue denso y pesado. Él esperó, con el corazón latiéndole dolorosamente contra las costillas vendadas, sintiendo las miradas evaluadoras de los tres hombres más influyentes de la U.A. sobre él. Había puesto sus cartas sobre la mesa, había explicado el 'por qué' detrás de sus acciones que rompían las reglas. Ahora, su futuro pendía de su juicio.

Nezu fue el primero en romper el silencio, sus pequeñas patas tamborileando suavemente sobre el borde de la cama. —Una defensa impulsada por un sentido de responsabilidad intrínseco y la percepción de una necesidad inmediata... —murmuró, más para sí mismo que para los demás, su mente analítica procesando la información—. Ciertamente consistente con el perfil psicológico de un individuo con tendencias heroicas pronunciadas, aunque lamentablemente desalineado con nuestros protocolos operativos estándar.

Toshinori Yagi habló a continuación, su voz suave pero llena de una emoción contenida. —Director, Aizawa... entiendo la gravedad de la insubordinación del joven Parker. Entiendo los riesgos que tomó y las reglas que rompió. Pero no podemos ignorar el resultado. —Miró a Aizawa significativamente—. Salvaste la vida de Shota. Ayudaste a crear la apertura que me permitió vencer al Nomu. Tus acciones, aunque no autorizadas, fueron... heroicas en su intención y, en última instancia, cruciales. Hay que reconocer eso. Actuaste cuando otros no podían, un impulso que, aunque necesita ser guiado y controlado, es la chispa misma de un héroe.

Todas las miradas se volvieron hacia Aizawa. Él era el tutor legal de Peter, el supervisor directo, el que tenía más motivos para sentirse traicionado por la desobediencia, pero también el que más directamente se había beneficiado de ella. Su rostro permaneció impasible durante un largo momento mientras miraba al chico en la cama.

Finalmente, Aizawa exhaló lentamente, un sonido casi imperceptible de cansancio y conflicto resuelto. —La lógica dicta que debería ser expulsado —dijo, su voz plana, pero quizás con un matiz menos gélido que antes—. Rompió una condición fundamental de su presencia aquí. Ignoró órdenes directas en una situación de crisis. Operó ilegalmente como vigilante. Cualquier otro estudiante enfrentaría la expulsión sin dudarlo.

Peter sintió que se le encogía el estómago. Ahí estaba.

—Sin embargo... —continuó Aizawa, y esa palabra hizo que Peter contuviera la respiración— la lógica también dicta que estoy vivo porque él ignoró esas órdenes. La lógica dicta que Lida pudo escapar porque él intervino. La lógica dicta que All Might tuvo su oportunidad porque Parker debilitó o distrajo al Nomu lo suficiente después de que yo cayera. —Cerró los ojos brevemente—. Expulsarlo ahora, después de esos resultados, sería... una contradicción ilógica. No podemos castigar una acción que, aunque errónea en su método, fue fundamental para nuestra supervivencia y la de los estudiantes.

Abrió los ojos y miró directamente a Peter, su mirada dura e inflexible. —Pero que quede absolutamente claro, Parker. Esto no es una absolución. Esto es una anomalía. Una desviación única debido a circunstancias extremas e irrepetibles.

Nezu asintió, retomando el control. —Estoy de acuerdo con la evaluación de Aizawa. Joven Parker, no serás expulsado. —Peter sintió una oleada de alivio tan intensa que casi lo mareó, pero Nezu levantó una pata para detener cualquier reacción—. Esta vez.

»Consideramos tus acciones como una prueba de campo no autorizada y extremadamente peligrosa, una que 'aprobaste' en términos de salvar vidas, pero 'reprobaste' estrepitosamente en términos de juicio, disciplina y seguimiento de protocolos. Por lo tanto, tu admisión a U.A. se mantiene, pero las condiciones bajo las cuales te permitimos quedarte serán aún más estrictas que antes.

»La tolerancia cero al vigilantismo es ahora absoluta y literal —dijo Nezu, su tono volviéndose cortante—. La próxima vez que actúes como Spider-Man sin autorización explícita y directa de Aizawa o mía en una situación sancionada por la escuela, serás expulsado permanentemente y entregado a las autoridades legales sin dudarlo. No habrá más explicaciones ni excepciones. ¿Entendido?

Peter asintió rápidamente, tragando saliva. —Sí, señor. Entendido.

—Tu supervisión por parte del profesor Aizawa será total —continuó Nezu—. Tendrás restricciones de movimiento dentro y fuera del campus que él determinará. Reportarás tus actividades. Cualquier desviación de las rutinas o reglas establecidas será tratada con la máxima seriedad. Tu trabajo en la cafetería queda suspendido hasta nuevo aviso, pendiente de una reevaluación de los riesgos.

»Y lo más importante —añadió Nezu, inclinándose ligeramente hacia adelante—, te sumergirás en la educación de U.A. Aprenderás por qué existen nuestras reglas, cómo operan los héroes profesionales, la importancia crítica del trabajo en equipo y la comunicación. Tienes que adaptar tu mentalidad, Parker. Tienes que aprender a confiar en el sistema y en tus futuros compañeros, no solo en tus instintos. Tienes que convertirte en un héroe que pueda operar dentro de nuestra sociedad, no al margen de ella. Tu supervivencia aquí, y tu potencial para ser un verdadero héroe, dependen de ello.

Nezu lo miró fijamente. —¿Aceptas estas condiciones reforzadas, joven Parker? ¿Entiendes que esta es, inequívocamente, tu última oportunidad?

Peter miró a los tres hombres. La severidad en el rostro de Aizawa, la preocupación esperanzada en el de Toshinori, la inteligencia calculadora en el de Nezu. Le estaban dando una segunda oportunidad, una que no merecía según sus propias reglas, pero venía con cadenas. Aún así, era una oportunidad.

—Sí, señor director. Acepto —dijo, su voz firme a pesar de su debilidad—. Entiendo. No volverá a pasar. Haré todo lo posible.

—Esperamos que sí —dijo Nezu simplemente—. Ahora, descansa y recupérate bajo el cuidado de Recovery Girl. Tendrás mucho que aprender y mucho que demostrar cuando empiecen las clases de verdad.

La reunión había terminado. Peter se recostó en las almohadas, sintiendo una mezcla agotadora de alivio y una nueva y pesada carga. No lo habían expulsado. Seguía en U.A. Pero el camino por delante sería una cuerda floja aún más tensa, bajo una vigilancia constante y con la amenaza de consecuencias irrevocables si volvía a fallar. Había sobrevivido a la USJ, pero la prueba real apenas comenzaba.

Pasaron tres días tensos en la Academia U.A. Tres días de reparaciones apresuradas en la USJ, investigaciones policiales intensivas, comunicados de prensa cuidadosamente redactados por Nezu y, para la Clase 1-A, una suspensión de clases que les dio demasiado tiempo para revivir los horrores del ataque. Peter pasó esos tres días confinado estrictamente en la enfermería, bajo la atenta y severa mirada de Recovery Girl. Su cuerpo se curaba a un ritmo acelerado gracias a su fisiología única y al impulso inicial del Quirk de Chiyo, pero las costillas rotas, las contusiones profundas y el agotamiento general requerían tiempo. Recovery Girl se aseguró de que descansara, comiera y no intentara ninguna estupidez, mientras probablemente informaba detalladamente a Aizawa y Nezu de cada uno de sus progresos y comentarios.

Finalmente, el lunes por la mañana, con Aizawa de vuelta (aunque con el brazo todavía en cabestrillo y aspecto agotado) y una atmósfera general de determinación forzada por volver a la normalidad, las clases se reanudaron.

Peter recibió el visto bueno a regañadientes de Recovery Girl para asistir, con la estricta advertencia de no realizar ninguna actividad física extenuante. Vestido con su uniforme regular de U.A., entró en el aula 1-A justo antes de que comenzara la primera clase. Todavía se movía con cierta rigidez y tenía moretones visibles en la parte inferior de la cara que no había podido cubrir del todo, pero estaba mucho mejor que el desastre herido que había regresado de la USJ.

Su entrada provocó una oleada inmediata de alivio y atención por parte de sus compañeros. —¡Parker! —exclamó Uraraka, levantándose de un salto de su asiento—. ¡Estás bien! ¡Estábamos tan preocupados! —¡Amigo, nos tenías con el alma en un hilo! —añadió Kirishima, acercándose con una sonrisa aliviada—. ¿Dónde te habías metido? ¡Te buscamos por todas partes después! —Ciertamente, Parker, tu ausencia fue motivo de gran consternación —dijo Lida, ajustándose las gafas pero con genuina preocupación en su voz—. ¿Te encuentras bien? ¿Qué ocurrió?

Peter sintió cómo todas las miradas se clavaban en él. Se había preparado para esto. Respiró hondo, tratando de parecer un poco conmocionado y confundido, lo cual no era del todo difícil dado todo lo que había pasado.

—Uh, sí... hola a todos. Lo siento mucho si los preocupé —comenzó, rascándose la nuca—. Fue... fue una locura. Justo cuando empezó todo, ese villano de la niebla, Kurogiri... apareció de la nada y me envolvió. Sentí que me lanzaba por los aires y... bueno, lo siguiente que supe es que me desperté solo, en una zona llena de rocas y escombros, creo que era la de deslizamientos o derrumbes. Debí golpearme la cabeza al caer, porque estaba muy desorientado y todo me daba vueltas.

»Cuando finalmente logré ponerme en pie y orientarme un poco, todo el ruido de la pelea parecía haber terminado. Estaba todo... silencioso. Me costó bastante encontrar la salida de esa zona y luego el camino de regreso a la entrada principal. Cuando llegué, ya se estaban llevando a los heridos y... bueno, terminé en la enfermería. Supongo que tuve suerte de no encontrarme con más villanos mientras estaba perdido.

Contó la historia con la mayor sinceridad posible, omitiendo convenientemente cualquier mención a un traje rojo y azul, a una batalla contra un monstruo o a una joven doctora en una clínica cerrada. Los moretones y su aspecto general de haber pasado por una mala experiencia ayudaban a vender la historia de una caída y un golpe en la cabeza.

La mayoría de sus compañeros parecieron aceptar la explicación con alivio. —¡Wow, qué miedo! ¡Estar solo y herido allí...! —dijo Mina Ashido. —¡Pero lo importante es que estás bien ahora, Parker! —concluyó Uraraka con una sonrisa. —¡Una experiencia terrible, sin duda! ¡Debes informar de cualquier síntoma persistente! —aconsejó Lida. Midoriya lo miraba con intensidad, probablemente ya analizando los detalles de su historia y las posibles implicaciones, pero asintió con preocupación. Solo Bakugo pareció desinteresado, soltando un "Tch" y mirando hacia otro lado.

Peter sintió una punzada de culpa por mentirles, pero el alivio de que aceptaran su historia superó todo lo demás. Había superado el primer obstáculo. Ahora solo tenía que sobrevivir al resto del día... y a la supervisión constante de Aizawa.

Esa misma tarde, en la oficina del director Nezu, la atmósfera era considerablemente menos tensa que en su reunión anterior, pero no menos seria. Nezu servía té mientras Aizawa (con su brazo ahora en un cabestrillo más profesional), Toshinori Yagi y Recovery Girl tomaban asiento.

—El informe médico final de Parker indica que, aunque su recuperación es notablemente rápida, las lesiones fueron de extrema gravedad —informó Recovery Girl, tomando un sorbo de té—. Fracturas múltiples, contusiones internas significativas... Tuvo suerte de sobrevivir, francamente. Y más suerte aún de no haberse causado un daño irreparable al escaparse y moverse en ese estado.

—Su resistencia física es un factor tan anómalo como sus otras habilidades —comentó Nezu—. Lo cual nos lleva de nuevo a la cuestión principal. Ha vuelto a clase, ha dado una explicación plausible (aunque seguramente fabricada) a sus compañeros. Ahora empieza el verdadero desafío: la integración y el control.

—He establecido protocolos de supervisión estrictos —dijo Aizawa, su voz plana—. Informes diarios, restricciones de movimiento fuera de las clases y los dormitorios sin mi permiso explícito, nada de trabajos externos por ahora. Estará bajo observación constante.

—¿Y crees que será suficiente, Shota? —La pregunta vino de Recovery Girl, su mirada aguda fija en Aizawa—. Le han dado una última oportunidad. Le han puesto reglas de hierro. Pero todos vimos lo que pasó en la USJ. Vimos ese instinto en acción. Cuando las cosas se pusieron feas de verdad, cuando la vida de otros estaba en juego... ¿creen honestamente que un toque de queda y unos informes diarios detendrán a ese chico la próxima vez que su sentido de la 'responsabilidad' se active? ¿Creen que, con todo y las restricciones, Peter Parker seguirá las reglas si se enfrenta a una situación similar?

Hubo un silencio mientras los tres hombres consideraban la pregunta. Conocían a Peter desde hacía poco tiempo, pero ya habían vislumbrado la fuerza de sus convicciones y la naturaleza de sus impulsos.

Aizawa fue el primero en responder, tan directo como siempre. —Probablemente no.

Toshinori suspiró, la esperanza luchando contra el realismo en su rostro. —Esperaría que la lección de la USJ, la gravedad de sus heridas, el hecho de que casi muere... le hicieran reconsiderar. Pero... el instinto de proteger es fuerte en él. Quizás demasiado fuerte.

Nezu juntó las yemas de sus patas. —Siendo objetivos, la probabilidad de que reprima completamente sus instintos en una situación de crisis extrema es... baja —admitió con calma—. Nuestra apuesta no se basa en que se vuelva perfectamente obediente de la noche a la mañana. Se basa en que, a través de la educación, la estructura, la supervisión y, quizás lo más importante, la formación de lazos con sus compañeros y la comprensión de nuestro sistema, aprenda a canalizar ese instinto de una manera más racional y menos autodestructiva. Es un experimento de alto riesgo, sin duda.

—Entonces —concluyó Recovery Girl, con un tono que mezclaba preocupación y resignación—, estamos todos de acuerdo en que, a pesar de las reglas y las amenazas, es muy probable que vuelva a actuar por su cuenta si se siente obligado. Solo podemos esperar que, cuando ocurra, esté mejor preparado, o que nosotros estemos lo suficientemente cerca para intervenir antes de que sea demasiado tarde... para él o para otros.

Los cuatro permanecieron en silencio por un momento, conscientes del delicado y peligroso camino que tenían por delante con su estudiante más reciente y, sin duda, el más complicado. La segunda oportunidad de Peter Parker en la U.A. había comenzado, pero todos en esa sala sabían que la verdadera prueba de su capacidad para adaptarse aún estaba por llegar.

Esa noche, mucho después de que las luces de los dormitorios de Heights Alliance se apagaran y el silencio se asentara en los pasillos de la U.A., una única lámpara de escritorio proyectaba un círculo de luz tenue en la habitación de Peter Parker. El resto del cuarto estaba en penumbra, la luna filtrándose débilmente por la ventana. Peter estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la cama, ignorando la protesta sorda de sus músculos y costillas magulladas.

Frente a él, extendido sobre una toalla para proteger la alfombra barata, yacía el traje de Spider-Man. Estaba limpio, al menos; había logrado lavarlo a mano discretamente en el baño de su habitación, quitando la peor parte de la sangre y la suciedad de la USJ. Pero el daño era inconfundible. Desgarrones irregulares marcaban el torso y las piernas donde los golpes del Nomu habían impactado o donde se había estrellado contra los escombros. La tela, normalmente resistente, estaba debilitada en varios puntos.

Con una concentración intensa que lo ayudaba a bloquear parte del dolor persistente, Peter trabajaba. En su mano sostenía una aguja de coser simple y un carrete de hilo rojo sorprendentemente fuerte que había logrado "tomar prestado" discretamente del club de economía doméstica (se sintió mal por ello, pero la necesidad era primordial). Meticulosamente, puntada tras puntada, unía los bordes de un desgarro particularmente feo en el costado del traje. Sus movimientos eran lentos, un poco torpes debido a la rigidez de sus músculos, y cada cierto tiempo tenía que detenerse y respirar hondo cuando un movimiento en falso le enviaba una punzada de dolor.

Era un trabajo arduo y frustrante. Sabía que estas reparaciones improvisadas no restaurarían la integridad completa del traje, pero era lo único que podía hacer. Era una necesidad casi visceral repararlo, cuidarlo, mantener intacto el símbolo, aunque le hubieran prohibido estrictamente usarlo.

Tras terminar de remendar una sección, dejó la aguja a un lado y sus ojos se posaron en la máscara, que descansaba junto al traje. La recogió con cuidado. La tela era suave y familiar en sus manos, pero la gran fractura en forma de telaraña que recorría el lente izquierdo era un recordatorio crudo y permanente de la batalla, del poder del Nomu y del precio que casi pagó. Pasó un dedo suavemente sobre las grietas del plástico blanco.

Casi por instinto, sin pensarlo demasiado, levantó la máscara y, con un movimiento lento y deliberado, se la deslizó sobre la cabeza. La sensación fue instantánea y poderosa. Era como volver a casa, a pesar del dolor, a pesar de las circunstancias. El mundo se veía diferente a través de los lentes, incluso con uno roto. Se sentía... correcto. Completo.

Se quedó quieto por un momento, respirando el aire filtrado por la tela. Miró su reflejo oscuro en la ventana apagada. Vio la silueta enmascarada, la figura que había aterrorizado a criminales en otro universo y que ahora era un enigma y un problema en este. Pensó en las advertencias de Nezu, en la mirada severa de Aizawa, en la preocupación de All Might. Pensó en las reglas, en las restricciones, en la promesa que había hecho.

Pero al sentir el peso familiar de la máscara, al recordar los gritos de la madre en el incendio, la mirada de terror de Lida ante Kurogiri, la imagen de Aizawa a punto de ser aplastado por el Nomu... supo que había una verdad más profunda que cualquier regla o condición.

Pueden intentar ponerme una correa, pensó, la determinación endureciendo su mandíbula bajo la tela. Pueden vigilarme, pueden amenazarme con la expulsión. Pero esto... esto es lo que soy. La convicción resonó en su interior, silenciosa pero inquebrantable.

Se quedó allí sentado en el suelo de su habitación, en el corazón de la academia de héroes más prestigiosa de Japón, vestido con la máscara de un vigilante prohibido, remendando su identidad secreta puntada a puntada, un héroe solitario atrapado entre dos mundos y una promesa imposible de cumplir.

Este traje, estas heridas, las mentiras... son el precio que pago. Pero la responsabilidad nunca desaparece. Mientras alguien me necesite, mientras tenga este poder…Tengo la responsabilidad y es por eso que…Yo soy Spider-Man.

Fin del Capitulo 5 y Final de la Primera Temporada. Y asi termina este capitulo. ¿Que les pareció? ¿Les gusto esta temporada? ¿Quieren que la continue?

Esta historia me costo mucho hacerla, mas que nada esta primera temporada que tenia planeada desde hace mas de 3 meses, ya tengo planeada la segunda temporada, pero como ven son capítulos largos y me cuesta mucho hacerlos, y ya depende del tiempo que tenga mas a futuro para hacer la segunda temporada.

Ojalá esta historia reciba mas apoyo ya que eso me inspira a continuarla y también los comentarios de ustedes que me ayudan a motivarme.

Por cierto, algunos quieren que los villanos de Spider-Man aparezcan en esta historia, desde ahora les doy el Spoiler de que si van a aparecer pero en eventos a futuro. Ya que ahi les crearía un arco a los villanos de Spider-Man y se necesita planeacion.

Muy bien! Gracias por leer! Y Hasta la próxima!