—Mil años después—
¡Hola!
Lo siento criaturas, no hay disculpas suficientes por haber abandonado este apartado durante estos tres meses, y sin embargo les ruego perdón.
He estado muy ocupada, ya por trabajo, ya por escuela y ya todo lo que impide escribir desahogadamente, pero he aquí que esas dificultades me mostraron una lección que puede serles de utilidad:
Cuando se sientan artísticamente ofuscados, deshidratados de ideas y agobiados por falta de creatividad, aléjense un rato de la presión por la puntualidad de sus obras, para dedicarse a la inspiración antes de la creación.
Aprendiendo lo anterior, me aparté de un relato que me tenía estancada y me dediqué a ver Dragon Ball en medio de mis quehaceres, obteniendo mil ideas frescas, entre las cuales les traigo este sencillo aporte.
¡Je l'apprécie!
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De tal Palo, tal Colita
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Su cuerpo era un yacimiento de dolor y calambres, su rostro una fuente enrojecida de sudor, su respiración una erupción continua de jadeos y su corazón era la explosión atómica de más palpitante felicidad que existiese. Estaba exhausta y doliente, pero más feliz que nunca, pues no existía ningún dolor más divino que el de traer un hijo al mundo.
—Felicidades, señores: tenemos un niño muy sano frente a nosotros —anunció el doctor, para después darle la obligada nalgada que detonó sus primeros llantos—. ¿Ehh? ¿Pero qué…? —mientras secaba al bebé, el doctor pudo sentir y ver algo extraño dentro de la toalla, pero antes de poder decir nada, las enormes manos de un gigante le arrebataron al bebé de los brazos.
—¡Mi nieto, es mi primer nieto! —gritaba Ox-Satán, lagrimeando—. ¡Qué feliz estoy, hija! ¡Lo has hecho muy bien!
—Es cierto, Milk, estoy sorprendido —dijo Goku aliviado, ya que durante todo el parto había estado un tanto horrorizado por la macabra escena de gritos y sangre, y no obstante, maravillado por la fuerza que Milk había demostrado en el alumbramiento.
—Déjame abrazarlo —apenas pronunció ella, sin mucho aire y recibiendo a su bebé de inmediato.
El médico permaneció cual estatua en una esquina. Era la familia más extraña que había visto jamás en el hospital. Al ver a los hombres, no había dicho nada sobre la gigantez de uno ni del peculiar peinado del otro, ni sobre la alarmante fuerza que había demostrado la mujer al dar a luz —pues cerca estuvo de destruir la unidad de parto con su movimientos—, pero entonces, al haber visto lo que se asomaba detrás del recién nacido, tuvo que salir a tomar aire fresco por el bien de su salud mental.
—Es tan… —comenzó a decir Goku, acercándose lentamente— tan… pequeño.
—Es nuestro pequeño —susurró ella—. Acércate, Goku ¿quieres cargarlo?
—Pero yo… —ella le extendió al tranquilo bebé y Goku lo sostuvo con torpeza y miedo. Pequeño era una palabra pobre. Ese bebé, esa rosácea criaturita, era diminuta, y lucía tan frágil, que Goku casi temblaba por temor a hacerle daño. No lloraba ya, y su respiración era serena. Milk le había dicho que se parecía a alguno de los dos, pero su hinchada carita aún no le daba pistas sobre a quién; también le había explicado ya toda la ciencia de la concepción y la anatomía y biología, sobre cómo nacería y cómo vivirían a partir de eso, pero al verlo entre sus brazos, al sentir su calor, todas aquellas tediosas lecciones lo habían abandonado. ¿Cómo cuidarían algo tan pequeñito? Podría perderse en la montaña, o ser secuestrado por algún pterodáctilo hambriento, o él mismo podría romperlo en mil pedazos por algún descuido (si es que era tan frágil como lucía). Entonces el bebé abrió los ojos, sin que Goku pudiera evitar sobresaltarse. Esas órbitas chiquitas y llorosas se parecían a los ojos de Milk, y la criatura lo miraba tal como ella lo hacía cada mañana.
—¡Deberían verlo! ¡El bebé aquí dentro tiene una **la! —se escuchó la voz del médico afuera de la puerta.
—Quizás era su cordón umbilical, doctor…
—Claro que no. Mis ojos no mienten, el bebé de esta habitación tiene una **la sin duda…
—¿Qué tanto dicen afuera? —preguntó Milk—. Dijo que mi bebé tiene… ¿una bola?
—¿Acaso no dijo llora? —respondió Ox-Satán—¿o algo parecido a sola o mora?
Goku no opinó, por permanecer distraído en el recién nacido y por tampoco haber escuchado con claridad. Los hipnotizantes ojitos del pequeño seguían mirando a Goku fijamente, y éste tampoco apartaba la vista. En ello la toalla que envolvía al niño se movía sigilosamente, pero Goku no lo tomó en cuenta hasta que logró sentir que, bajo el brazo que sostenía la espalda del bebe, algo delgado y peludo comenzó a enredársele.
—Una cola… —musitó Goku, viendo cómo efectivamente una colita peluda enroscaba su brazo.
—¿Una cola? —repitió Milk, sin entender, por lo que Goku no hizo más que levantar al bebé en brazos, haciendo que la toalla cayera y la colita quedara al descubierto—. ¡Una cola! —gritó.
—¡Una cola! —imitó Ox-Satán.
—¡Lo sabía! —festejó el médico, habiéndose asomado repentinamente en el umbral de la habitación.
—¡Largo de aquí! —exclamó Milk y así el médico desapareció tan rápido como había aparecido.
—Hija, tranquilízate, por favor: no debes exaltarte tan pronto —intentó sosegarla su padre.
—Pero… pero… ¿por qué tiene una cola?
—¿Cómo que por qué, Milk? —preguntó Goku, confundido— ¿No habías dicho que este bebé se parecería a ti y a mí?
—Pero no entiendo por…
—¡Vaya, mira esto! —interrumpió Goku riendo—. Su cola es muy fuerte, aun siendo tan pequeña… ¡Mira cómo me sujeta, Milk! —Goku no cabía de la emoción; la inseguridad de momentos atrás se había metamorfoseado en éxtasis. Sentir la pequeña cola del bebé enroscar su brazo y sus manos, le hizo exhalar la peculiar alegría de saberse padre; ahora el bebé ya no parecía tan frágil y vulnerable, ya no sentía miedo de romperlo nada más tocándolo, pues esa colita era prueba de que había heredado grandiosamente algo de sí mismo—. ¡Imagina la fuerza que tendrá al entrenarlo! Será muy divertido enseñarle a dominar su cola, será…
Goku no pudo seguir hablando, ya que de pronto se escucharon unos sollozos en la habitación. Tanto él como Ox-Satán se tensaron al notar que Milk se había cubierto el rostro para llorar, y aún entre lágrimas, extendió sus brazos en señal de que Goku le devolviera al niño. Goku se lo extendió, un tanto turbado por verla llorar así. El bebé había estado sorprendentemente tranquilo y muy receptivo a su entorno, moviendo su cola tanto como podía. En un movimiento la colita tocó el rostro de Milk —que aún lloraba—, como si estuviera acariciándola y el acto sólo hizo que llorara más intensamente. Milk tomó delicadamente la cola y también estrechó al bebé contra su pecho.
—Mi bebé tiene una cola… —soltó de pronto entre sollozos—. Es… es perfecto… —y enseguida de haber derramado unas lágrimas más al decir eso, procedió a tomar cariñosamente a su hijo para darle el pecho.
—Caramba, hija… por un momento pensé que estabas muy disgustada por eso…
—También yo —apoyó Goku, con la mano tras la nuca.
—¿Cómo podría estarlo? Es igual a Goku cuando nos conocimos, ¿recuerdas, padre? —ella cerró sus ojos con ternura mientras hablaba—. Yo recuerdo cada detalle. Cuando vivíamos entre las ruinas de aquel reino invadido por el fuego, sólo nosotros dos: tú ahuyentando a los intrusos y yo vagando en busca del Maestro Roshi… hasta que un día llegó Goku en nuestro rescate, con su Nube Voladora, su cola de mono y su promesa de volver a mí para hacerme infinitamente feliz, justo como ahora… Todo surgió a partir de esa promesa, y ahora mi propio hijo porta el recuerdo de aquél inicio en nuestras vidas, en sí mismo, en esta colita…
El padre de Milk se conmovió al punto de acompañar las lágrimas de su hija y Goku sonreía satisfecho. La felicidad había nacido: sonrosada, serena y con una colita de mono, e invadía la habitación con su tierna respiración desde el seno de su madre.
—Es muy tranquilo —mencionó acercándose el ahora abuelo—. Aunque, si heredó la cola de Goku, no me sorprendería que al crecer heredase también su energía.
El bebé se despegó del seno para dedicar una mirada inocente a todos, y Goku aprovechó para aproximarse más.
—¡Mira, Milk! Heredó tu mirada —pero la efusividad hizo que la criatura quebrara en agudos llantos—. Vaya… parece que también heredó tus gritos…
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—¿Lograste verlo? ¿Viste la cola del bebé? La madre parecía tan asustada como yo —decía el doctor a una enfermera.
—Pues yo sólo logro escuchar risas allí dentro…
—¿Risas? ¿Cómo pueden reír sabiendo que su hijo nació con una cola de mono? ¡Qué gentes tan extrañas!
—¡Demonios, doctor, cállese ya! —se exasperó la enfermera—. Actúa como si fuera el fin del mundo ¿Se le olvida acaso que nuestro gobernante mundial, El Rey Furry, es un perro humanoide? ¡Supérelo! —la señorita entonces se acercó para espiar por el cristal de la puerta, contagiándose la sonrisa que irradiaban aquellas personas—. Son un poco extraños, pero me parece una familia hermosa…
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Fin.
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¡Muchísimas gracias por leer!
Algo muy cortito y sencillo, pero que destruye mi racha de impuntualidad xD Espero les haya agradado uwu
Los amo mucho, con cada review me surgen ánimos titánicos para escribirles lo mejor de mis ensoñaciones de Dragon Ball, y eso es divino, ya que disfrutando de escribir puedo darles a ustedes un saludable entretenimiento *w* Por favor disculpen mi inconstancia, que ya estaré un tanto menos ocupada y escribiré hasta por los codos u.u
No sé ustedes, pero con Dragon Ball Super, reviviendo Dragon Ball Z y Dragon Ball, siento que amo cada vez más a sus personajes, sobre todo a nuestra consentida Milk *3* Adoro a esa furia de mujer *3*
¡Muchísimos relatos están en camino, así que acompáñenme!
¡Abrazos asfixiantes y besos llenísimos de baba!
PD1: Sí recuerdan al Rey Furry ¿verdad?
PD2: Sus reviews son el "Aserejé ja de je" de mi "de jebe tu de jebereseibiunouva".
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