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Nuevamente algo muy pequeño y sencillísimo, pero publicado para no abandonar el año con un apartado desamparado.
Tengan paciencia, amores, que ya pronto les traeré material más sofisticado ;D
Sin más, ¡Je l'apprécie!
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Sabor a Felicidad
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Jamás su mandil había estado más manchado. Aunque en realidad las salpicaduras de comida traspasaban el mandil, haciendo que también en su vestido y pantalones quedaran manchas de todo tipo de salsas, aderezos y demás cosas que Milk ya no recordaba haber estado cocinando. Tampoco su cabello se había salvado: estaba hecho una maraña casi tan enredada como sus pobres nervios.
Su lucha había empezado desde la nevada mañana. De nada había servido madrugar para terminar puntualmente, ya que la noche estaba a punto de caer y ella apenas estaba dejando de cocinar. Hacía tanto tiempo que no preparaba tanta comida, y hacía tanto tiempo que no la interrumpían tanto al cocinar. Cuando su padre Ox-Satán y Gohan no se equivocaban al comprar los ingredientes que Milk les encargaba, Goten y Goku se las ingeniaban para comerse a escondidas lo poco ella lograba terminar por completo. Cada interrupción se había acumulado al retraso más grande de su vida culinaria.
Sin embargo, Milk contenía su estrés. No podía irritarse ni gritar regaños, por más que la sacaran de quicio. Ese ajetreado día era sumamente especial. No sólo se trataba del festivo Año Nuevo, sino que también sería el primer Año Nuevo que festejarían con el regreso de Goku a la vida, después de siete largos años.
Cada vez que Milk estaba a punto de ser sacada de quicio, intentaba equilibrar sus nervios pensando en lo mágico que resultaría ese día para todos. Por un lado, el delirio de alegría de Goku por probar nuevamente los banquetes decembrinos de Milk, por otro, la emoción de Ox-Satán y Gohan por revivir los festejos que solían tener cuando éste último era un pequeño; también estaba la inigualable ilusión de Goten, quizás el más eufórico de la casa, pues sería su primer cena de Año Nuevo al lado de su padre; y finalmente, el sueño vuelto realidad de Milk: tener a toda su hermosa familia reunida.
—Bien… parece que ya todo está listo —suspiró Milk al tiempo que con la mano se limpiaba el fino sudor de la frente. Después de admirar un par de veces más el inmenso banquete que rebosaba sobre la mesa, enfocó sus ojos al reloj de la sala, que apuntaba exactamente las diez de la noche—. ¡Santo Cielo! ¡Papá, Gohan, Goten, Goku! ¡Bajen ya mismo a cenar!
A la orden aparecieron sus cuatro hombres, aseados, elegantes, alegres y sumamente hambrientos.
—¡Vaya, Milk! No sabes cuánto he esperado para probar algo así de nuevo —exclamó Goku, con la boca hecha agua y con inspiración de abalanzarse sobre los manjares.
—¡Yo sé, yo sé! Esperaste siete años, ¿no es así, papá? —preguntó Goten con inocencia, detonando la risa de todos en la habitación.
Todos tomaron su respectivo lugar en la mesa, y antes de que el instinto voraz de alguno de los hombres en la mesa atacara, Milk ordenó que las manos de todos se entrelazaran para agradecer los alimentos:
—Quisiera dar las gracias a Kami-sama, a nuestros amigos y a todas las dificultades sufridas este año, pues de no ser por todo lo vivido en él, esta noche no sería tan perfecta con todos reunidos para celebrar. Gracias porque nuevamente Goku está a nuestro lado, después de siete años sin su presencia en esta mesa…
Los ojos de Milk no tuvieron la fuerza suficiente para contener las lágrimas. Apretó con cariño aún más la mano de su esposo, sentado junto a ella, y después dio el permiso para disfrutar la cena.
El deguste fue sucesivo de rechinidos de platos, el sonido de un masticar precipitado, suspiros por el placer del paladar y miles de halagos a la virtuosa cocinera. Aunque Milk no era una bestia al comer como su esposo e hijos, también poseía un buen apetito, y no obstante, su deguste más sabroso era contemplar la belleza de su familia reunida. Tras siete cenas anuales en las que el tema principal era conversar anécdotas sobre Goku, ese día por fin el héroe de las hazañas estaba presente.
A ratos Goku sonreía a su esposa, con los dientes llenos de comida y las mejillas salpicadas de salsa, haciéndola reír. En un momento a otro ella notó cómo Goten tampoco le quitaba la vista a su padre, admirado de su monstruosa manera de comer, y como todo niño, intentando imitarlo. Goku notó también eso y lo levantó de su asiento para sentarlo sobre sus rodillas, gesto que puso a Goten aún más hiperactivo. De pronto se escuchó el estallar de un corcho y el choque de las copas de Gohan con su abuelo, que quisieron iniciar con la emoción de los brindis. Milk no soltó queja alguna durante la cena. Nada de regañar a Goku por sus pocos modales al comer, nada de aplacar la euforia de Goten ni de amenazar a Gohan o a su padre si se ponían borrachos. Nada, sólo disfrutar.
Un mechón de pronto le obstaculizó la mirada a Milk, y al apartarlo, un trozo de lechuga cayó de su cabello. Sólo entonces se dio cuenta que el quehacer de la cena le había hecho olvidarse de arreglarse para la mesa.
—¡No puede ser! —exclamó saltando del comedor—. Olvidé cambiarme. Qué vergüenza… —pero la mano de Goku la sostuvo antes de que Milk se alejara.
—¿A dónde vas? —le preguntó.
—Debo cambiarme estas fachas…
—¡Pero si así luces hermosa, mamá! —repuso Gohan, ya algo borracho.
—¡No te vayas, hija! Estás bien así.
—Para mí siempre luces bonita, mamá —apoyó Goten.
—Es cierto, Milk —dijo Goku sin soltarla—. Ese mandil te sienta perfecto.
Milk sabía que sus halagos para retenerla eran los más ridículos que se podrían expresar, pero la mirada suplicante de todos también era la más tierna de todas. Si sus hombres la querían así, entonces así se quedaría. Además, ella sabía que su persona entera estaba vestida del atuendo más divino: la felicidad. Nuevamente se sentó al lado de su esposo y tomó su mano.
—Feliz año nuevo, mis amores —dijo ella a los demás.
—¡Feliz año nuevo! —respondieron todos, como música para los oídos de Milk.
—¡Todo sabe tan bien, Milk! —expresó Goku con la cara llena de aderezo.
Ella se acercó para besar la mejilla de Goku, y él le miró con detenimiento a los labios. De pronto el dedo de él acarició su labio inferior, limpiando unas gotitas de aderezo; después se llevó ese dedo a la boca para saborearlo. Milk soltó una risa tímida.
Hacía años que no cocinaba tanta comida. Hacía años que su mandil no estaba tan manchado. Hacía años que no reía tan plácidamente. Hacía años que cada asiento de su mesa no estaba tan completo. Hacía años que la felicidad no era tan profunda.
Goku tenía razón, todo sabía muy bien: sabía a felicidad.
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Fin.
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¡Muchísimas gracias por leer!
¡Feliz Año Nuevo! ¡Dios los bendiga muchísimo! Los adoro :'DD
PD: Sus reviews son el chupe de las borracheras de Gohan.
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