Amores, intenté enviarles el fan-art que mencioné en el shot anterior, pero no lo hallé :'( Aunque puedo asegurarles que estaba muy bonito xD

¿Qué creen? De nuevo algo me distrajo del fic que originalmente quería compartirles xD Ocurre que la siguiente idea la tenía contemplada de hace mucho, pero no le hallaba una circunstancia de desarrollo. Afortunadamente, el cap. 27 de DBS me brindó el ambiente ideal para escribir.

Ahora sí, la próxima semana espero publicar el cap. tan pospuesto que les he comentado. De momento espero que lo siguiente les agrade.

¡Je l'apprécie!


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Ingrediente Secreto

Estaba comprobado que lo único más implacable que el poder destructivo del dios Bills era su apetito, y en esa tarde la suerte favorecía, ya que el espontáneo banquete en la residencia Corporación Capsula cumplía con todas las expectativas de su deseo voraz.

Para todos los reunidos la tarde era festejo de la victoria contra Golden Freezer, pero ni Wiss, ni mucho menos Bills, se interesaban por algo más que degustar todo lo que estuviera a su alcance. Bulma había contratado a los mejores chefs para satisfacer tanto a Wiss y a Bills como a sus amigos, pero también había necesitado de la especial ayuda de alguien que, si bien no era una chef profesional, podía humillar al mejor de los cocineros con su inigualable sazón: Milk.

Sin pensarlo había solicitado la eficiente ayuda de la esposa de su mejor amigo (quien también resultaba ser su mejor amiga… cuando ambas estaban de humor y no competían por saber quién era la más bonita o la mejor madre o esposa), pues si alguien sabía de cocina, era ella. Así que cuando Milk había recibido una llamada urgente de Bulma para llevar algún platillo especial a su casa, había puesto manos a la obra con sus mejores recetas. Bulma también había mencionado algo sobre atender perfectamente al Dios Destructor o perecer ante su furia, pero esas cosas tenían sin cuidado a Milk, ya que su ímpetu se concentraba en dar gusto a su familia sin necesidad de la aprobación por parte de alguno de los rebeldes amigos de Goku.

Mientras había estado cocinando, escuchó cómo la puerta había sido estrepitosamente abierta, llenándola de sorpresa cuando a través de ella entraron Goku y Goten agitadamente.

—¡Goku! ¡No tenía idea que vendrías! —clamó con emoción, ya que, desde haberse escapado a entrenar hacía meses con Wiss, no lo había visto ni imaginaba verlo pronto. Abandonó su cocina para correr hasta los brazos de su esposo, empujándolo con semejante fuerza al abrazarlo.

—¡Mamá, estás a salvo! —y su hijo se metió entre ambos para abrazar a su madre. Goku carcajeó un poco, aliviado.

—Qué gusto que estés bien, Milk. Parece que todo volvió por completo a la normalidad.

—¿Pero qué ocurre? ¿Qué podría hacerme estar mal?

—¡La Tierra fue destruida por Freezer, mamá! Pero Wiss regresó el tiempo y nos salvó a todos…

—¿Wiss? ¿Freezer? No entiendo qué locuras dicen. Bulma también me habló de cosas muy extrañas…

—Verás, sucede que Freezer y sus aliados tramaban… espera… —Goku se detuvo cuando su nariz fue agudamente asaltada por un aroma familiar— ¿Estás cocinando?

Realmente no fue posible escuchar el resto de la historia. Milk tuvo que controlar el apetito acumulado por meses de Goku, reteniéndolo hasta la comida en la Corporación Capsula.

Ya estaba próxima la puesta de sol cuando el banquete se dispuso para todos en la residencia. Estando allí Bulma le había explicado mejor la situación a Milk, así que ella sólo acomodó elegantemente sus platillos procurando no toparse con el tal Dios Bills y su acompañante; le desagradaban mucho desde haberle dado una paliza a Goku y luego llevárselo a entrenar. Pero, pese a la incomodidad que le provocaban esos extraños sujetos, decidió dedicarse a consentir a su familia y recibir los acertados halagos por sus habilidades culinarias.

Especialmente Milk estaba dedicada a atender a Goku. Desde hacía buen tiempo él había estado privado de las comidas de su esposa y ella del placer de saciarle sus antojos. Así que, mientras él devoraba cuanto le cupiera en ambas manos, ella le sostenía alegremente una gran bandeja de arroz. ¿Qué mejor combinación que casar a un glotón con una amante de la cocina?

En otro extremo de la terraza, Wiss y Bills habían probado ya toda suerte de platillos de los chefs, así que se pasearon por donde Milk limpiaba el desorden de su esposo.

—Esa mesa huele bien ¿Qué será?

—Parece que es la comida de la esposa de Son Goku, señor Bills. Pero no había visto platillos así antes —respondió Wiss, aproximándose ambos hasta Milk—. Disculpe, señora ¿cuál es el nombre de estos platillos tan apetitosos?

Milk se volvió con sigilo hacia ambos. Vaya. Había intentado evitarlos toda la tarde y, sin prepararse, la peste había llegado sola hasta ella. No había más remedio que ser amable o quizá nuevamente aquél gato parlante propiciaría berrinches destructivos.

—Son recetas inventadas por mí misma. No las he bautizado de ningún modo—respondió con reserva, pero ellos continuaban allí parados, viendo todo con antojo y esperando ser convidados—. ¿Gustan que les sirva un poco?

—Eso sería maravilloso, señora. Esperamos no molestarla —agradeció Bills al instante, con voz amable y animosa.

—Todo luce maravilloso, nunca había visto platillos con semejante aspecto —festejó Wiss.

Esa cordial emoción ablandó un poco el desagrado de Milk. Si algo la mitigaba eran definitivamente los halagos. Procedió entonces a servirles todo cuánto había preparado, ya con una sonrisa. Ni Wiss ni Bills esperaron a que terminara de servir para probar el primer bocado, y al instante Wiss se sonrojó y Bills abrió los ojos de par en par.

Era un sabor tan diferente: tan dulce pese a ser comida salda, tan refrescante pese a estar tibio, y tan amable con sus papilas aun siendo picante; la comida era crujiente, pero sus bocas se sentían masticando nubes, y aunque deseaban llenarse por completo la boca con esas delicias, un pacífico sentimiento les obligaba a masticar despacio, degustando con entereza cada bocado. La explosión de sensaciones que estallaba contra sus sumisas lenguas era una imponente orquesta, que tocaba una delicada canción de cuna.

Milk tuvo el impulso de reír conmovida al verlos cerrar los ojos y suspirar mientras comían, pero se contuvo recordando la absurda sensibilidad del orgullo de esa catastrófica deidad. Sonrió, en cambio, con satisfacción triunfal. Era como ver sus hijos y a su propio esposo; tanto así, que Wiss se había manchado la mejilla derecha y Bills el mentón, igual que Goten y Gohan solían hacerlo. Instintivamente Milk tomó un paño y se acercó a limpiar sus rostros. Ambos se sobresaltaron, por supuesto, nada acostumbrados a ser tomados por sorpresa ni a recibir ese tipo de contacto no autorizado.

—¿Está rico? —los sosegó con una encantadora sonrisa. A ambos se les derritió el semblante y asintieron con las mejillas infladas de comida—. Les serviré más.

Milk les suministró vigorosamente lo mejor de su comida, halagada de causar tal reacción ante tales invitados. Viéndolos así no parecían tan temibles, con semejantes posturas mansas cualquiera habría creído que se trataba de dioses del amor y la paz.

—«Bien dicen que al corazón de los hombres se llega a través del estómago» —pensó Milk, burlona en su mente.

De pronto, toda la comida que Milk había preparado escaseó hasta que no quedaron más que migajas.

—¡Oh, señora! ¿Sería mucha molestia pedirle más? —preguntó Wiss, habiéndose lamido los dedos.

—Y algo para llevar sería maravilloso también —apoyó Bills.

—Les ruego me disculpen, pero ya se acabó todo.

—Ya veo —se entristeció Wiss—. ¿Puedo preguntarle, entonces, cuál es su receta?

—No es nada complicado, en realidad —dijo Milk—. Sólo cociné arroz, camarones, lagartijas de selva en salsa de soya, huevo, pescado y otros tantos ingredientes comunes y corrientes que seguramente ya han probado antes.

—Pude notar esos sabores —comentó Wiss—, pero desde que Bulma me ha instruido en la gastronomía humana, jamás había probado algo con una sazón como la de usted.

—Estoy de acuerdo, señora Son —intervino el Dios—. Wiss tampoco me ha compartido jamás esa clase de sabores, aun cuando sí he comido los ingredientes que usted menciona.

—¿Y qué clase de sabores percibió, entonces? —quiso saber ella, ya confundida.

—Es extraño, aún puedo sentirlo en la lengua… como si todos los sabores estuvieran perfectamente balanceados, en armonía… ¿qué dices, Wiss?

—Exactamente es lo mismo que pude apreciar, gran Bills —corroboró Wiss—. Algo en la comida parecía hipnótico ¿podrían ser hongos alucinógenos o algún tipo de droga?

—¿Qué? ¡Por supuesto que no! —espetó Milk, con una mano sobre su ofendido pecho.

—¿Quizás alguna magia ancestral? —indagó Bills, mirándola acusatoriamente.

—No, en absoluto.

—¿Entonces qué era toda esa paz y dulzura en la comida? —preguntó Wiss, mientras acercaba su cetro hacia algunas boronas en la mesa. La esfera de su cetro resplandeció, pero no halló nada.

—"Paz y dulzura" —repitió Milk, intentando recordar algún ingrediente innovador agregado esa tarde.

Nada. Ella había cocinado como siempre, con sus mismas recetas mentales y los condimentos más comunes de la humanidad. Sus recuerdos no exponían ni una sola diferencia en esos platillos. Ni mientras cantaba preparando los champiñones favoritos de Gohan y las verduras al vapor que tanto le gustaban a su nuera Videl; tampoco mientras bailaba al preparar el pescado a la plancha que Goten adoraba, ni mucho menos había hecho algo diferente cuando sonreía y lanzaba besos al arroz, preparado especialmente tras la llegada de Goku. Nada. Había cocinado como siempre: con una sonrisa en el rostro y las manos bañadas de cariño.

¿Paz y dulzura? Esos no eran ingredientes, sino sentimientos. No obstante, claro que ella mezclaba sentimientos como condimento mágico e indispensable en su comida, pero ¿por qué les parecía tan inusual a ese par de extravagantes sujetos? ¿Acaso nunca habían recibido algo impregnado de sentimientos sinceros? Quizá. Bueno, tampoco sería de sorprenderse, siendo que, según le habían contado, ambos dedicaban su poder a la implacable destrucción. Por lo tanto, quizá sería imposible hacerle entender a sus bélicos corazones —si es que tenían— que no había un método lógico para lograr esas sensaciones.

A pesar de suponer con negativas, Milk recapacitó, justamente, aquella apariencia calma de los dos al comer, y también la reacción de ambos cuando ella limpió sus rostros: una sorpresa defensiva, apaciguada con una simple sonrisa. Tal vez, quizás, podrían entender.

—¿Y bien, señora Son? —apresuró el Dios Bills— ¿Ya recordó lo que utilizó para su curiosa comida?

—Por supuesto. Es mi ingrediente secreto, quizás el más efectivo y especial que probarán jamás. No lo encontrarán en las sopas instantáneas, y seguramente tampoco en la comida rápida; es posible que ni siquiera en los restaurantes de alto prestigio puedan hallarlo.

—¿Entonces dónde? —preguntó Wiss con emoción.

—Yo me abastezco de él mientras cocino e incluso después de cocinar. Yo lo impregno al cantar mientras lavo los vegetales, al bailar cuando condimento la carne y al sonreír cuando por fin sirvo de comer a mi familia. Y mientras ellos degustan con placer, mi corazón absorbe más de esa sazón inigualable. Todo se almacena dentro de mi corazón de mujer, de madre y de esposa —tanto el Dios como su elegante acompañante miraban asombrados la pasión con la que cada palabra nacía de la boca de la mujer, como si recitara un hermoso poema o cantara una melódica canción. Ambos la miraban expectantes por conocer sus secretos—. Mi ingrediente secreto es el amor.

Bills y Wiss permanecieron estáticos ante la sonrisa de la mujer. Bien podrían haberse enfadado o burlado por esa respuesta, pero el destello en las profundas pupilas morenas de Milk no admitía contradicción alguna. Esa era la respuesta: Milk cocinaba con amor. Habían comido los mismos alimentos en otros lugares, con ingredientes más sofisticados y por manos más expertas, pero ninguno se figuraba tan magnifico, ninguno sabía tan delicioso y ninguno se sentía tan especial. La única respuesta que pudieron retribuirle fue una sonrisa sincera.

—Ha sido delicioso, señora Son —Bills extendió su mano. Milk no entendió si él esperaba que ella la besara, por lo que sólo la estrechó cariñosamente con ambas manos.

—Muy de acuerdo, estimada señora. Le agradecemos mucho —dijo Wiss, y ella también alcanzó su mano para estrecharla.

—No ha sido nada —respondió Milk, con las mejillas sonrosadas—. Si prometen cuidar bien de mi Goku, prometo reservarles siempre un platillo especial a ambos —aseguró guiñando el risueño ojo, contagiándoles la sonrisa.

Bills, Vegeta y Goku viajaban apoyados en la espalda de Wiss, todos agotados y con la presura de llegar a descansar un poco. Para desintegrar un poco el fastidioso silencio, Wiss comentó:

—El señor Bills y yo tuvimos la dicha de probar la comida de tu esposa, Goku.

—¿En serio? Es una de las cosas que más extraño de mi hogar ¡Deberían probar sus postres! Milk cocina de un modo muy especial. Nunca me canso de probar sus platillos —exclamó Goku, frotándose el estómago con un aire nostálgico.

Bills y Wiss sintieron un cosquilleo interno, sabiéndose ahora cómplices de los secretos de aquella terrícola. Definitivamente la Tierra y sus habitantes era un sinfín de sorpresas. Quizás un motivo extra para no destruirla por un buen tiempo.

Fin.

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¡Muchísimas gracias por leer!

Puejj, ¿qué les digo? Todos amamos la comida de mamá. Al escribir, le pregunté a la mía qué sentimiento nos regalaba con su comida, y su inmediata respuesta fue LOVE, beibi ;D En esos aspectos también se es especial y poderoso, también hay fuerza en lograr contagiar a los demás de tus sentimientos: ya en la comida, ya en la mirada y ya en las letras.

No me canso de escribirles, amores, así que no se cansen de escribirme de vuelta en sus reviews y mensajes, que con tanto enamoramiento leo y releo :'''DD

PD1: Qué bueno que les gusten mis posdatas. Pa' eso están, para arruinarles las lágrimas.

PD2: Sus reviews son la rumbera salvaje con las manos hacia arriba y las manos hacia abajo de mis Gorilas. ¡Uh,uh,uh,uh!.