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Ayer tuve un día libre, así que me dediqué a escribirles velozmente lo que a continuación leerán.
¿Recuerdan el capítulo 41 de Dragon Ball Z, cuando Goku estaba incapacitado en el hospital? A mí me divertía muchísimo el pleito de Milk contra su pobre marido. Sin embargo, a mi parecer, ella también era víctima de una discapacidad emocional… Bueno, estén de acuerdo o no, yo siempre defenderé a mi consentida, y ello les proporcionará muchas historias, así que… xD
¡Je l'apprécie!
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Cinco Minutos
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Nunca se le había hecho más imposible tejer un condenado suéter. Su mente experta en los más lindos y complejos bordados estaba demasiado distraída en incontables preocupaciones. Ello había resultado en enredaderas de estambre y pinchazos de aguja en sus dedos nerviosos.
Después de enredarse los dedos con el estambre por milésima vez, decidió que era momento de suspirar un poco y masajearse las sienes. Favorablemente, aquella mañana había leído un artículo interesantísimo de una revista en la sala de espera del hospital: "Mujer, si el estrés se niega a abandonarte, intenta respirar profundamente y tomar cinco minutos del momento para reflexionar tus agobios hasta sentirte mejor… ¡Recuerda que un rostro sin estrés, es un rostro sin arrugas!"
Por supuesto, una linda y joven esposa como Milk no debía tener arrugas, ¿verdad?
Minuto uno: Era normal estar así de estresada… ¿Cómo demonios no? ¡Su irresponsable esposo y su amado hijo habían desaparecido sin rastro durante un año! ¡Un maldito año! Goku muerto y Gohan secuestrado por esa horrorosa lagartija de Piccolo…
Minuto dos: Luego enterarse que tanto padre como hijo, muy quitados de la pena, estaban entrenando para combatir contra unos extraterrestres ¡¿En qué demonios pensaban?! ¿¡Cómo malditos diantres había permitido Goku eso?
Minuto tres: Pero bueno, finalmente la batalla se ganó (o eso esperaba). Ella jamás habría permitido que combatieran en primer lugar, muchísimo menos Gohan, pero al menos ambos estaban a salvo. Goku estaba totalmente incapacitado en el hospital, pero vivo, al igual que su Gohan; si bien se había vuelto un tanto rebelde —clara influencia de los amigos de Goku—, Milk sentía un negado orgullo por ver que su pequeño había pasado de ser un niño muy temeroso y (¿para qué negarlo?) mimado, a un valiente chiquillo que arriesgaba su vida para salvar al prójimo.
Minuto cuatro: Le costaba mucho haber permitido que Gohan se marchara a Namekusei con esos rebeldes, de veras que sí. Sin embargo, confiaba en su hijo y, a regañadientes, también confiaba en Bulma y Krillin. Además, estaba clarísimo que todos los involucrados habían decidido ser indiferentes ante su lógica preocupación de madre, así que ¿De qué le servía pelear más? Ya lo único que le preocupaba era que Gohan estudiara un poco, en compensación del año perdido. Eso y que Goku se recuperara pronto ¿A qué mujer le era grato ver a su esposo totalmente malherido? Era un idiota, claro que sí, pero eso no era razón suficiente para que el destino lo martirizara sin pizca de piedad.
Minuto cinco: Buen momento para retomar el bordado. ¡No todo era tan malo! Con un poco de relajación, los detallitos positivos del diario se volvían menos borrosos. Muy pronto esa pesadilla acabaría y su familia regresaría con al acogedor hogar. El comedor nuevamente prestaría sus sillas a la virtuosa esposa, el prodigio hijo y al trabajador (¡ojalá!) esposo, para que convivieran en armonía muy pronto.
Listo. Milk estaba relajada. Así, ni sus dedos ni el suetercito amarillo en proceso pagaban las consecuencias de sus nervios. Mientras ella tejía con destreza, Gohan seguramente estaba estudiando en aquel tal planeta Namekusei y, por su parte, Goku dormía plácidamente en su camilla, aunque moviéndose un poco entre sueños, cabe mencionar…
—¡AHHHHHHH!
De pronto, un fuerte grito de guerra espartana o, peor aún, saiyajin, había salido de la boca del dormido Goku, acompañado de un puñetazo al aire que seguramente intentaba noquear a un enemigo que no existía dentro del hospital.
Indiscutiblemente el escándalo creó caos en la habitación. Muchos pacientes dormidos despertaron de golpe, otros se cayeron de sus camas, e incluso, tal como una enfermera juraría después, hasta un paciente en coma del cuarto vecino había dado un brinco. Y, por infortunio, estar al lado de la camilla de Goku había provocado que Milk fuera la primera en caerse de espaldas con todo y silla, con todo y el suetercito de lana, con todo y sus cinco minutos de paz siendo aplastados por el salvajismo de Goku y su trasero.
Ya despierto, Goku miró consternado hacia Milk en el suelo. Ella incluso tembló de enojo, levantándose al instante para darle a Goku su merecido golpe en la cabeza, gritando:
—¡Oye! ¡¿Por qué haces eso sin avisar?!
—Oye… me dolió —Goku se sobó la cabeza.
—¡Si estás en el hospital debes comportarte apropiadamente! ¿Por qué no sólo te duermes sin hacer escándalo?
—¡Este lugar es muy pero muy aburrido! ¡Ya quiero salir a correr y hacer muchas cosas! —respondió Goku enseguida, claramente a la defensiva.
—¡No digas esa clase de tonterías, Goku! —Milk volvió a sentarse—. Debes relajarte hasta que te recuperes completamente de tus lesiones… ¡Y no grites!
Goku no atendió sus palabras. En lugar de eso, observó sonriente el lindo y minúsculo suetercito que ella tenía entre las manos.
—Oye… ¿Eso es para mí? —preguntó con emoción.
—¿Este suéter? ¡Pues si te queda te lo puedes poner! —respondió con agresivo sarcasmo.
—Hmm. Ya me lo esperaba —dijo Goku, un tanto más decepcionado que ofendido.
La tensión en el ambiente se tornó pesadísima. Los pacientes en el piso no se inmutaron en regresar a la cama, y los que habían sido despertados, se fingieron nuevamente dormidos. Las enfermeras, estáticas en el marco de la puerta, tenían miedo de entrar o irse, así que sólo permanecieron mirando.
—¡¿Y ustedes qué malditos demonios me ven?! ¡Entrometidos!
Para Goku era normal presenciar esos repentinos estallidos de Milk, además de divertirle y provocarle un curioso cosquilleo. No sería hasta muchos estallidos coléricos y años más tarde que, gracias a Vegeta, entendería que su ADN saiyajin lo obligaba a amar ese brutal carácter de Milk. El problema era que nadie más en ese hospital tenía pizca alguna de saiyajin, por lo que el grito de Milk, lejos de enamorarlos, los ahuyentó a todos. Y si era cierto que un paciente en estado de coma había brincado con un grito de Goku, el bramido de Milk seguramente lo despertó por completo.
Una vez desierta la habitación, Milk se esforzó por continuar ese deshilachado intento de suetercito amarillo, aun cuando ella misma sabía que terminaría deshaciendo tremendo desastre para volver a comenzar. Goku, por su parte, había puesto todos sus sentidos alerta con ese majestuoso grito, por lo que el sueño se le esfumó como para no recuperarlo por una semana. No tuvo más ocupación que mirar por la ventana, pensando en Gohan y en lo mucho que éste se estaría divirtiendo; ver sus vendajes y lamentar el martirio de ser un debilucho con toda la estructura ósea hecha cachitos; y ver el movimiento de los ganchos con los que Milk tejía. No, no la miraba a ella. Sabía que aún estaba enojada y no era tan valiente como para sostenerle así la mirada. Una cosa era que su carácter le gustara y otra distintísima era que lo pudiera enfrentar. Quizás era como un león: lindo verlo, pero terrorífico acariciarlo.
Mientras Goku se distraía en su improvisada ocupación de comparar a su esposa con animales salvajes, un chico con una melena ciertamente parecida al león que Goku imaginaba, se hizo presente en el umbral.
—¿Hay alguien en esta habitación? —una voz chillona llamó—. ¿Goku?
—¿Yajirobe? ¡Aquí estoy, amigo! —se emocionó Goku.
El gordo hombrecito se acercó hasta la camilla de Goku. Al verlo, a Milk le pareció desagradablemente familiar, y ese irritante dogi naranja lo sentenciaba como otro de aquellos vergonzosos rebeldes. De por sí las sienes de Milk se habían tensado nuevamente, por lo que no se le antojaba en absoluto convivir con otro de los vándalos amigos de su esposo.
—Perfecto, qué bueno que llegas… Quien quiera que seas —exclamó Milk, levantándose para salir de la habitación—. Hazle compañía a Goku. Yo necesito aire o explotaré de nuevo. Volveré en diez mil años, si es que eso basta para tranquilizarme.
—¿Por tanto tiempo? —Goku se asustó, desatendiendo el sarcasmo.
Milk salió velozmente, determina a recuperar esos preciados cinco minutos de relajación en la azotea del hospital. Goku le sonrió a Yajirobe, evidentemente divertido por el estrés de Milk.
—Tu mujer está realmente loca —mencionó el recién llegado, provocando la risa de Goku.
Para fortuna de su comentario, Milk ya había subido a grandes zancadas hasta la terraza. Llegando se sentó en la sobra, inhalando y exhalando, más por recuperar serenidad que por ahogarse al subir tan apresuradamente los cuatro pisos hasta la azotea —no recordando que había un elevador disponible para su fúrica huida—.
Siguiendo nuevamente el consejo de la revista, inicio su conteo de rehabilitación mental:
Minuto 1: ¡Demonios! ¿Es que acaso Goku no pensaba en nada más que sus estupidísimos entrenamientos? ¡El hombre no se podía ni mover! Además, se supone que su hijo estaba merodeando en otro planeta, en una peligrosísima misión, arriesgando sus estudios ¡Y arriesgando la vida misma! ¿No podía considerar eso? ¡Parecería que le pagaban para hacer enojar a su esposa!… ¡Ojalá! Así podrían tener una vida decididamente lujosísima.
Minuto 2: Hacía tiempo que Goku ya no se comportaba de un modo tan reprochable. Desde hacer nacido Gohan, el hombre por fin había sentado cabeza, medianamente… Pero al menos había evolucionado a ser un hombre de familia, un desempleado y buen hombre de familia. En definitiva, la peor decisión de la vida de Milk fue dejarlos visitar al maestro Roshi. ¡Maldito sea ese día!
Minuto 3: Tranquilidad, había que tener tranquilidad… ¡Tranquilidad, maldita sea! Había que recordar que confiaba en su pequeño y en los amigos (¡Rebeldes!) que lo acompañaban y cuidaban. Había que recordar que esos eventos realmente no debían culpar a su esposo. Había que recordar que Milk se estaba prometiendo ser más paciente y tranquila. ¡Había que recordar que tanto estrés propiciaba arrugas! ¡Tranquilidad!
Minuto 4: Pobrecito Goku… Seguramente había estado pasándola muy mal. Tantos días sin poder moverse, tantos días sin poder independizarse para las necesidades más básicas: comer, asearse o hasta ir al baño… ¡Qué martirio! Él lamentaba no poder entrenar, pero a ello se unía no poder caminar, darse un relajante baño al aire libre o comer los agasajos de meriendas que Milk preparaba y que el hospital le prohibía durante su incapacidad. ¡El pobrecito hasta lucía más delgado! Si algo deprimía a Goku, además de no poder derrotar a un contrincante, era quedarse con hambre. Inmerso en tales frustraciones, los regaños de Milk seguramente sólo lo abatían más. ¡Pobre inválido, regañado y hambriento Goku!
Minuto 5: Y a pesar de padecer tantas complicaciones, el inocente de Goku no borraba su tierna e irritante sonrisa. Incluso le buscaba el lado romántico a las groserías de su mujer, como cuando prácticamente lo abofeteó con un ramo de rosas y él se lo agradeció; y en cada regaño y crisis de malhumor de Milk, él sonreía y le dedicaba un semblante lleno de ternura y gratificación. Diablos… ¡Había sido tan desconsiderada con su esposo! Goku no se sentía menos desdichado que ella, pero al menos hacía el esfuerzo por mantenerse siempre positivo ¡Estúpido Goku! ¡Estúpido positivo, perfecto y amado Goku!
Milk se levantó en un brinco, creando una improvisada receta mental que fuese deliciosa y acorde con la estricta dieta que el hospital le había dado a Goku. Después de cocinarle algo verdaderamente exquisito, lo llevaría en silla de ruedas hasta la azotea para que lo almorzara, allí ella intentaría compensar su rabia y disculparse tejiéndole un bonito suéter amarillo.
Esta vez sí uso el elevador, apurada a pedir permiso de usar la cocina del hospital, comprar los ingredientes de su receta y aprovechar comprar más estambre amarillo para tejer. Pero antes que nada, quería saber qué merienda se le antojaba a su esposo y marcharse al supermercado con la inspiración de un beso.
Todo el pasillo estaba tan silencioso como lo había dejado su grito, y llegando al umbral de la habitación de Goku no era distinto. No obstante, al adentrarse unos pasos, unos susurrillos alertaron los oídos de Milk.
—Deberías seguir el ejemplo de las enfermeras y huir antes de que regrese.
—Pero el doctor dijo que debo guardar reposo —respondió el familiar susurro de Goku, con inocencia—. Además, Milk se va a enojar mucho si…
—¡Lo ves! "Milk esto, Milk el otro" —respondió la desagradable vocecilla del enano—. ¡Hombre, pareces disco rayado!
Milk por fin había recordado quién demonios era ese venenoso tipejo:
—"¡Oye, ya déjate de dramas! ¿Quieres? —había dicho él, en el rescate de Krillin, Gohan y Goku, tras la batalla contra Vegeta—. Tú eres la esposa de Goku ¿O me equivoco? Deja de preocuparte por tu hijo y cuida a tu marido… ¡Qué mujer tan irresponsable eres!"
—"¡Qué falta de respeto! —contestó ella, mientras acariciaba a Gohan entre sus brazos—. Estoy molesta con él. Por su culpa Gohan está lastimado. ¡Mi hijo no tenía nada que ver en ese asunto!"
—"Estás equivocada, mamá. Mi papá sólo quería…"
—"¡A mí no me interesa lo que le pueda suceder a la Tierra, lo que más me preocupa es tu futuro, Gohan. ¿Entendido?"
—"¡Goku! ¿Me permites golpearla?" —había gruñido finalmente el desgraciado.
¡Ese tremendo insolente! En aquel momento había estado demasiado preocupada por ver a su hijo en medio de tal campo de batalla, por lo que ignoró al mundo entero. Y sí, también había ignorado a su Goku, pero ¿qué querían? Una madre primeriza vuelve a su primogénito el centro de su universo y aquel día no quedaba espacio en su preocupación para un marido herido, que al parecer, en vez de condolecerse, estaba muy contento con haber encontrado un enemigo tan poderoso.
Pero no era momento para revivir el enojo contra su esposo. Quizá la ocasión más bien ameritaba que Milk reviviera la fuerza de sus jactantes puños contra el regordete rostro de ese desvergonzado. Pero, para motivarse todavía más, decidió alimentar su ira otro tanto, escuchando la secreta conversación tras las cortinas de la camilla de Goku.
—¡Te lo repito, Goku! Deberías imponer tu autoridad con esa mujer ¡Que se vaya educando a tratarte como se debe!
—No creo entender nada de lo que está diciendo —respondió Goku, sin abandonar el inocente tono que barnizaba graciosamente su confusión.
—¡Claro que me entiendes! ¿No estás cansado de soportar sus gritos? ¿Su ingratitud? ¿Su horripilante carácter?
—No me molesta en absoluto su carácter —dijo Goku, sin evitar esbozar una sonrisita.
—Parece que las múltiples golpizas te han afectado el cerebro —exhaló Yajirobe, un tanto exhausto de lidiar con lo despistado que era Goku—. ¿Cómo no entiendes que esa mujer no te conviene? ¡Con esos músculos podrías tener a cualquier otra chica!
—¿Otra chica? ¿Para qué?
—¡Para que sea tu esposa!
—Pero si mi esposa es Milk…
—¡No entiendes, Goku! —se exasperó su amigo—. Me refiero a que mereces a una mujer mejor que Milk. De nada le sirve lo bonita estando tan amargada.
—Milk no está amargada —rio Goku—. Sólo está un poco alterada por lo ocurrido. Se preocupa mucho por Gohan y sus estudios, porque ella dice que el estudio es algo muy importante en la vida. Además, a Gohan le gusta mucho estudiar y…
—¡No estoy hablando de tu hijo, hombre! El pobrecito niño no tiene más opción que soportarla, pero tú deberías darte a respetar. Ella tenía un marido antes de tener un hijo, así que es justo que te procure también.
—Es que Gohan aún es muy pequeño.
—¿Estás seguro que es sólo por eso? —preguntó con cizaña—. ¿Qué te hace pensar que será diferente cuando tu hijo crezca?
—¿A qué te refieres? —Goku sintió curiosidad.
—Algo me dice que ya perdió el interés en ti. Es decir, ¿De qué modo de comportaba cuando aún no tenían hijos?
—Pues era muy cariñosa —analizó Goku—. Todo el día estaba abrazada de mí y eso dificultaba mucho el poder caminar. Aunque, cuando se enojaba, su carácter siempre fue exactamente…
—Está más que claro —el hombrecillo se cruzó de brazos, indispuesto a cambiar su mala perspectiva sobre Milk—. Mi diagnóstico es que ya no tiene interés en ti. En otras palabras: Tu esposa ya no te quiere.
—¿Milk ya no me quiere? —la voz de Goku competía entre la sorpresa y la congoja.
—Efectivamente —Yajirobe se hinchó de orgullo, al por fin haber picado el entendimiento de su amigo—. Algunas mujeres buscan dinero, otras buscan la fama. Quizá tu mujer sólo quería tener hijos y, como ya se salió con la suya, ya no le sirves de gran cosa. ¡Qué malagradecida es! Por cómo te trata, es obvio que ya no siente nada por ti.
—¿No? —Goku sonaba decepcionado.
Yajirobe podría haber continuado soltando las mil razones que había improvisado para mancillar a Milk, intuido por la mala impresión del primer encuentro con esa mujer y, en grandísima parte, por su nula experiencia con el sexo femenino, producto claro de vivir con un gato parlante en una torre ubicada el cielo. Se plasmaba muchos y peores cartuchos para desprestigiar a la mujer de su amigo, pero su voz se fue apagando al tiempo que, tenuemente, sus oídos escuchaban un estrangulado inhalar y exhalar tras la cortina. Al escuchar el sorber de una nariz, extendió la mano para abrir el telón.
Quién sabe a quién se le erizó más la piel al mirar a Milk tras la cortina, si a Goku por la sorpresa, a Yajirobe por el terror o a Milk por la cólera. El incendiado rostro de Milk contrarrestaba su fuego fúrico con lágrimas tan abundantes y frías, que la combinación casi producía vapor. Inmediatamente, Goku consideró que se había equivocado al comparar a su esposa con un león, ya que creyó ver fuego salir de su boca cuando empezó a gritar, haciendo que se pareciera muchísimo a un Shen Long muy, muy furibundo.
—¡LARGO DE AQUÍ! ¡LARGO, LARGO, MALDITA SEA! ¡MALDITO ENANO HABLADOR! ¡FUERA!
Hasta que el pobre Yajirobe logró huir, Milk lo había perseguido por toda la habitación, tan veloz y peligrosa como un guepardo. ¿León, dragón, guepardo?… En fin, se podía concluir que Milk se transformó en todo el reino animal ese día. Y por su parte, Goku se pareció mucho a un escuálido ratoncillo cuando Milk dirigió sus ojos de halcón hacia él.
—¡Yo no hice nada, Milk, por favor! —rogó Goku, cubriéndose el rostro con los temblorosos y enyesados brazos—. No… No… ¿No se supone que regresarías en diez mil años?...
—¡TÚ! —se acercó furiosa hasta la camilla—. ¡Tú, Goku, tú!
—¿Yo qué? —preguntó Goku, con una voz que competía en ser tan temblorosa como sus brazos.
Lejos de acercarse para darle la golpiza de su vida —que fácilmente habría dejado a los ataques de Vegeta como a un pésimo chiste—, la mujer se derrumbó al pie de la camilla, para berrear todas las lágrimas que pudo producir el agua bebida ese día. Los gritos habían sido de terror, pero los sollozos eran tan fuertes e inquietantes, que los administradores del hospital decidieron definitivamente dejarle a Goku esa habitación para su uso exclusivo.
—Tú… —repitió Milk, luchando por controlar su gimoteo para poder hablar—. ¿Tú creíste todo lo que ese infeliz te dijo?
La imagen de Milk hincada al lado de la camilla, con el rostro bañado en lágrimas y la voz totalmente desgarrada, había hecho que el temor de Goku mutara a preocupación. La mujer estaba al punto del desmayo.
—Milk, tranquilízate…
—¡Un año, Goku! —alzó ella la voz—. ¡Un maldito año sin mi hijo a mi lado! ¡Un maldito año sin ti a mi lado! ¡Sin ti en la Tierra! Sin ti en esta vida… ¡Estuviste muerto, Goku! ¡Muerto! —Milk alcanzó la mano de Goku—. ¿Qué querías que sintiera? ¡Juro que estuve a punto de alcanzarte en el cielo, de no ser por Gohan! Lo único que yo deseé al recuperarte a ti y a Gohan fue regresar a casa juntos, que todo volviera a la normalidad… Pero Gohan se marchó de inmediato y tú que estás aquí te quieres ir también… ¿No entiendes que los necesito a los dos conmigo siempre? ¿No entiendes que te necesito?
La mano de Goku había sido bañada en lágrimas. Al parecer Milk había tomado demasiada agua ese día, porque la situación prometía no agotar el llanto hasta que la noche cayera.
—Milk, por favor, tranquilízate. Respira hondo —Goku no era muy bueno en el arte del consuelo, y ya que su otra mano estaba inmóvil por el yeso y no la podía prestar para empaparla también, lo mejor era evitar que siguiera llorando.
—Goku, ¿Tú dudas de mi amor?
—Yo no dije eso, yo…
Sus palabras se interrumpieron por el repentino beso de Milk, que le baño a Goku las mejillas con las lágrimas de ella. El espontaneo estampe había sido un tanto rudo, casi agresivo, como vaciando su enojo a través de una boca que ni siquiera se abrió para profundizar, sino que sólo procuró la unión discreta de los labios. Incluso la boca de Goku ardió un poco por el impacto. Cuando ella se separó, él hasta se relamió los labios para asegurarse de no habérselos herido por la intensidad.
—Siempre te he amado y así será eternamente, Goku —dijo mirándolo a los ojos, chocando su frente contra la de él.
—Ya lo sé —respondió Goku, con una espontánea risa, internamente agradecido de la extinción de su llanto.
—¿Ya lo sabes? Pero entonces, ¿Qué pasó con ese tipo?
—¿Qué pasó de qué?
—¿Lo que ese sujeto te dijo no te hizo dudar?
—¿Dudar de qué?
—¡De mi amor, tarado! —Goku sí que sabía colmarle la paciencia a Milk.
—Ah, pues no. En realidad yo sólo le había preguntado por las Semillas del Ermitaño, pero luego se puso a decir muchas cosas muy extrañas. Se me hace que no le caes bien... —respondió Goku, recordando con un semblante confundido—. ¿Por qué preguntas? ¿Debería creerle?
—¡Por supuesto que no! Ese enano jamás tendrá una relación seria con nadie, te lo puedo asegurar —Milk lo abrazó, sentada en la camilla y recargado totalmente su torso sobre Goku—. Te amo, Goku.
—Milk, yo… —susurró Goku—. Me estás aplastando…
Ella se levantó al instante, ya destruido el romance por las delicadas fracturas de su esposo. Ambos rieron levemente. Con un ambiente tan reconfortante, se antojaban cinco minutos de complicidad matrimonial… ¡Todo fuera por evitar la aparición de arrugas!
Minuto 1: Milk se las ingenió para que la camilla acogiera otro cuerpo bajo las sábanas, procurando no quebrarle ni un hueso más a Goku.
Minuto 2: Incontables besos de Milk, bien repartidos y estampados.
Minuto 3: Abrazos tan fuertes, que los huesos de Goku se sentían en peligro de volver a fracturarse, pero que gustaban más de lo que dolían.
Minuto 4: Muchas disculpas y muchas promesas también; entre las tantas, estaba el traer de vuelta al hijo sano y salvo, además de conseguir un trabajo cuando todo regresara a la normalidad; por otro lado, se prometió también un lindo y cálido suéter amarillo y un gran banquete que prometía no respetar en absoluto la dieta del hospital. Todo ello se selló con el estrechar de las manos.
Minuto 5: Mucha vergüenza y un incomodísimo rubor, pues los doctores y enfermeras habían regresado corriendo hasta la habitación de Goku, pensando que el silencio era señal de que la loca de los gritos de bestia seguramente ya había matado a alguien.
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Fin.
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¡Muchísimas gracias por leer!
Si de mí dependiera, escribiría día y noche para ustedes, pero la vida real me acosa… Se me hace que está enamorada de mí y que tendré que ponerle una orden de restricción estas vacaciones (si es que el trabajo no ataca primero) ¿)
¡Nos estamos leyendo, amores míos! Aquí y en muchas otras historias que planean subirse.
¡Muchísimo cariño, caricias indecorosas y bendiciones!
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PD1: ¿A qué animal salvaje se parece más nuestra amada Milk?
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PD2: Sus reviews son el tamal de mi atole de guayaba (mexicanswillunderstand).
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