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Hace apenas dos horas que vi el capítulo 61 de Dragon Ball Super, y para aplacarme tantito las lágrimas, me vi en la necesidad de desahogarme en las siguientes letras.
¡Je l'apprécie!
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Cuitas Funestas
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—¡Mamá, mamá!
Milk asomó el rostro por la ventana, con el cucharón que revolvía el estofado en una mano y un bote de sal en la otra. La alarma en los gritos de Goten y la suma velocidad con que se avecinaba su vuelo hacia la casa, reaccionaron en ella la inmediata salida al patio.
—¿Qué pasa, Goten?
—¡Mi papá, es mi papá!
El cucharón y la sal se encontraron de pronto en el suelo. No necesitó más advertencia que el espanto en los ojitos de su hijo y la pista de algún peligro hacia su Goku. Ella misma saltó para ser automáticamente atrapada por los brazos de Goten y elevar nuevamente el vuelo.
—¡Mi papá se puso verde de pronto! ¡Se parece a Piccolo, pero con aretes y un peinado muy raro! —resoplaba Goten.
—¿Como Piccolo? ¡Ve más rápido, Goten!
Una peligrosa agonía en el pecho y un sudor frío le consumaron la calma del cuerpo. No tenía relación al aspecto que su hijo describía, sino a cierto nerviosismo situado a mitad de su pecho, tantito a la izquierda, que le susurraba algo más preocupante de por sí.
—¡Mira, mamá!
—Go… ¿Goku? —llamó ella a la extraña visión verdosa de su esposo.
—¿Qué es lo que está sucediendo, mamá? —preguntaba Goten con espanto, cuando su madre ya se había soltado a metros del suelo, apurada para aterrizar frente al supuesto Goku de mutante aspecto.
—¿Qué es lo que está pasando? ¿De verdad tú eres mi Goku?
—¡Claro que sí! ¡De verdad, de verdad soy Goku! —se señaló a sí mismo, con una voz nada familiar y, no obstante, convincente en que su mirada piadosa daría crédito a sus palabras tartamudas.
Milk inspeccionó aquél frío iris gris, sintiendo la impetuosa mirada de su innegable Goku, aun en colores tan diferentes. Y de pronto vio también cómo el sentimiento preocupado se tornó sorpresivo, reflejándose en el propio brillo de la mirada a alguien detrás de Milk.
—Así es. Su corazón sigue siendo el de Son Goku.
Esa voz tras ellos era la misma del amado padre y esposo, pero con un tono rebosante en cínica vileza, que jamás su dueño original entonaría maliciosamente.
—¡Goku!
—¡Papá!
—Tú… Mi cara… —pronunció Goku, no menos asaltado en el temible suspenso que los demás abrazaban.
Un arma radiante nació desde el brazo a órdenes del vil enemigo frente a ellos. Avanzó con funesta decisión hacia los tres, alentando el tiempo, acelerando latidos, incitando temblores en las piernas. De pronto, con trágica velocidad, aquél de despiadadas intenciones ya acorralaba al par más débil entre los indefensos.
—¡Milk, Goten, cuidado! —bramó Goku, habiéndolos empujado con la misma velocidad que el peligro acechaba.
Pero el cuerpo no produjo transformación alguna para defenderlos, pues las pobres habilidades no estaban a merced del propietario en juego. Fue entonces que los purpúreos destellos se fruncieron en el abdomen hasta atravesarlo, con tan mortífera rapidez y agudeza, que incluso el último aliento de vida de Goku fue cercenado en dos.
Cayó el amado padre y esposo como caen los árboles: precipitada y ruidosamente; como se deslavan las montañas: a montones escabrosos y ensordecedores; como se marchitaría una flor a velocidad luz: exhalando la derrota y los colores hasta convulsionar de inmediato el alma agonizante. Cayó con la misma tortura con que las lágrimas de su hijo y su esposa se desbordaron. Tan saladas esas mareas desde los ojos, tan agudos los gemidos de la garganta.
El sonriente semblante del ruin asesino persiguió las lágrimas de Milk, provocándole un chillido más. Goten había petrificado su mirada, su cuerpo y su corazón, sin reparo ni reacción cuando su madre se apresuró a tomarlo en brazos para emprender la imposible huida.
Y Milk trotó abrazando a su pequeño ángel, protegiéndole las alas. Lo abrazó con miedo, con agonía, con ardor y tragedia. Lo abrazó protectoramente, con todo el amor que el enemigo jamás asesinaría. Lo abrazó con poder vacilante y gimoteos desventurados. Lo abrazó con letal sacrificio, con un último grito que el pequeño también le estrechó.
Se abrazaron con eternidad, tal como la muerte los abrazó a ellos.
(…)
(…)
—¡Maldito, maldito! ¡No te perdonaré! —gruñía Goku, sintiendo la toxicidad de una rabia tan dolorosa que, cautiva en su cuerpo, terminaría matándolo más presurosamente que la tristeza misma—.Tú… tú… te robaste mi cuerpo y con él mataste a Milk y a Goten… Estoy muy molesto… ahora estoy realmente molesto —sus ojos se contraían al ritmo de su titánica ira, de su creciente poder, como sus dientes y las sienes palpitantes; como su corazón vuelto trizas—. ¡NUNCA TE PERDONARÉ!
Y los aullidos enloquecidos, los furibundos ataques y el monstruoso poder, agrietaron los edificios, el cielo y la tierra, a semejanza de las mismísimas grietas que desangraban su interior.
Y tras haber exhalado muy poco y atacado bastante, logró contemplar el noqueo de su enemigo, con su viva imagen y el imperdonable pecado de su causar un dolor que no auguraba redimirse ni siquiera matándolo. Pero lo haría, sin el gozo de la concentrada lentitud, sin la merecida tortura o la pretensión victoriosa. Sólo lo mataría y ya, sin más, mientras la temblante vida de sus puños le facilitara un movimiento final.
Pero antes fue atacado él, entre risas malditas y el filo de la diamantina espada, entre dolores que le hacían competencia a la herida de su tristeza.
Y como antes, cayó el viudo esposo y luto padre, en el tic tac de un tiempo diferente, pero con el mismo duelo con que como caen los árboles: precipitada y ruidosamente; tal como se deslavan las montañas: a montones escabrosos y ensordecedores; como se marchitaría una flor a velocidad luz: exhalando la derrota y los colores hasta convulsionar de inmediato el alma agonizante. Cayó con la misma tortura con que las lágrimas de su hijo y su esposa se desbordaron al ser asesinados. Tan salada fue aquella única lágrima que el viento le secó al estrellarse entre los escombros, como tan ronco fue el gemido de la garganta.
Se dio permiso de no abrir los ojos, de fingirse muerto. Se dio permiso de ilusionar el reencuentro con su esposa e hijo, en el paraíso o donde fuere que el destino le diera oportunidad de estrecharlos nuevamente. Acurrucó bien el rostro entre los escombros, a remembranza de cómo solía hacerlo contra las mejillas de Milk y de Goten… Pero no murió. Ni siquiera logró dormir un instante, para despertar con Milk abrazada a su cuello y Goten acurrucado entre sus piernas; y si lo hizo, las circunstancias se burlaban de él, escenificando la peor pesadilla para la que jamás se mentalizó soportar.
Tal como Milk y Goten se había abrazado a la última exhalación de vida, Goku se abrazó a los escombros de su agonía.
Mas, de pronto, una potente luz de dorada esperanza le obligó abrir los ojos. Rogó, entonces, que la venganza, el milagro, la resurrección, estuviera pronta a salvarlo a él y a ellos. Que lo rescatara de no condenarse a vivir sin ese par de seres indispensables, invaluables y amados.
—Milk… Goten…
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Fin.
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¡Muchísimas gracias por leer!
Amar tanto a los personajes es tan maravilloso como oscuro. Lo que les suceda, tenga arreglo o no, lo sientes tú. Mueren ellos y tú pierdes también la vida.
No hay más que decir… Me pegó este capítulo. Hermoso y devastador.
Dedicado a Mical Karina, Son Pau, Schala S, Sophy Brief y a todos cuantos se quieran unir al llanto colectivo.
¡Mucho cariño!
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PD: Disculpen si es pobre esta aportación, pero ha sido tan apresurada como mis sentimientos impulsivos.
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PD2: Sus reviews son el pañuelo de mis mocos.
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